- ¿Pero qué coño estás haciendo?- Wilson entró gritando en el despacho de House, abriendo de golpe la puerta y haciendo que las bisagras cedieran. Se situó frente a él, con las manos en la cintura y mirándole incrédulo.
- ¿Sí, Dr. Wilson?- contestó House con la boca llena de comida.
- Qué. Estás. Haciendo.- levantó el dedo índice para señalarle mientras le preguntaba de nuevo y se acercaba andando a su escritorio.
- Tampoco es para ponerse así. Pensaba dejarte un trozo para tu comida.- contestó House bromeando y dejando el sandwich de nuevo sobre la servilleta, en la mesa.
Wilson volvió a restregarse la nuca. Estaba realmente enfadado con su amigo, estaba ahí, sentado, oyendo música y comiendo mientras Cameron aguantaba su comportamiento y se enfrentaba a los momentos más duros de su vida. Miró a House sin saber por dónde empezar ¿Cómo se le dice a alguien que es un cabrón sin escrúpulos¿Cómo se le dice a alguien que está tirando su vida por la ventana?
- Eres idiota.- comenzó Wilson. House levantó la vista y lo miró con asombro. Pocas veces su amigo le decía las cosas tan a la cara, con frecuencia Wilson le decía lo que pensaba con calma y él lo meditaba después, así funcionaban, así llevaban entendiéndose años. House se levantó de la silla y caminó hasta su amigo, dando la vuelta a la mesa y encarándole, preparado para lo que tuviera que decirle.
- Sé que soy idiota. Supongo que no has venido a decirme eso.
- House... yo... Cameron.- evitó su mirada, sabía que House era más fuerte que él en aquellos momentos, que siempre acababa por converncerle y que él siempre le perdonaría sus acciones.
- Cameron, Cameron...- fingió intentar recordar el nombre mientras se pellizcaba el labio superior.
- ¡Cameron!- gritó Wilson de repente- Está embarazada, House. Está embarazada de ti. ¿Cómo puedes... no sentir nada?- le preguntó a su amigo, impasible ante sus palabras.
- Ni siquiera sé si es mío. Vamos, Wilson. Se lo hizo con Chase una vez¿por qué no repetir?
Wilson suspiró profundamente y se frotó la cara con las manos. No podía creer lo que estaba oyendo, House estaba dudando de Cameron, la persona más sincera que ambos habían conocido.
- Ella te quiere, House, desde el momento en que te conoció. Es, posiblemente, algo inexplicable por la ciencia moderna, pero lo hace. Y tú estás estropeándole uno de los momentos más bonitos de su vida. Eres un egoísta, House. Acabarás solo. Tienes delante de ti la felicidad y no sabes aprovecharla. Ella es perfecta para ti.- levantó los brazos en el aire al terminar de hablar. Se sentía incapaz de convercerle de otra manera que no fuera esa. También sabía que no tenía nada que hacer si House no cedía, normalmente estaba cerrado en banda y no había forma de hacerle cambiar de opinión a no ser que él mostrara algún punto débil por el que comenzar el ataque.
House se quedó callado unos momentos. Miró a su amigo a los ojos y después al suelo. Hizo dibujos sobre la moqueta con su bastón, sin saber qué contestar. Quizá Wilson tenía razón, quizá estaba dejando escapar la oportunidad de su vida.
- A ella no parece importarle, esta mañana ha quedado con un medicucho, lo he visto. - se defendió House.
Wilson aguardó unos segundos antes de contestar. No podía entender por qué House se mostraba de esa manera hacia ella, la rechazaba sin ni siquiera plantearse nada más, sólo por el hecho de hacerlo. Por si fuera poco, estaba en pleno ataque de celos, creyendo que ella cambiaba de hombre cada día y que cualquiera de los médicos del hospital podía ser el padre del bebé.
- Ella... es Cameron. ¿Cómo puedes pensar eso¡Es... la persona más sincera que conozco, es casi como una santa, como una virgen, House! Es la mejor persona que he conocido que este jodido hospital.- Wilson se llevó llas manos a la cabeza y pasó los dedos por su pelo. Comenzó a andar de un lado a otro del despacho, como anteriormente lo había hecho al hablar con Cameron.
- No había pensado en ti.- dijo House con suspicacia- Tú eres también un buen candidato. Guapo, amable, reputado oncólogo...- House giró la cabeza hacia la sala de diagnósticos al decirle aquello a su amigo. Sabía que no iba a poder aguantar la mirada de Wilson.
- Estás enfermo.- contestó Wilson tras unos segundos, girándose y caminando hacia la puerta. Una vez que hubo llegado a ella se detuvo para pensar si aquella táctica funcionaría con su amigo. Mostrarse enfadado no solía dar buenos resultados normalmente, pero este no era un caso normal, su amigo estaba destrozando su vida y perdiendo su, seguramente, única oportunidad de ser feliz.
- Ella no esperará para siempre. Si no la quieres por lo menos déjala en paz.- le dijo mientras salía por la puerta y se alejaba por el pasillo.
House lo maldijo y, cojeando, llegó a su silla y se sentó. Sacó el bote de vicodina de su chaqueta, le quitó el tapón. Miró el plástico naranja, intentando liberar su mente, ponerla en blanco para no pensar en lo que Wilson acababa de decirle. Repasó una por una las cosas sobre su mesa para mantener la cabeza entretenida. Sus ojos se detuvieron en una historia abierta en la encimera. Cameron había escrito en ella el nombre del paciente, Gustav, reconoció su letra por la forma que le había dado a la "g". Acercó la mano a la hoja y pasó la yema del dedo por encima de la marca de escritura, acariciando cada rastro de ella, como si lo hiciera con la propia Cameron. Creyó enloquecer al recordar lo que había ocurrido en aquel mismo despacho hacía algo más de dos meses, él, sentado en la misma silla, había acariciado su piel, besado su tripa y sentido su calidez. Ella le había consolado y se había dado a él completamente, esperando recibir algo después que él era incapaz de darle. Volcó el bote de vicodina y tomó dos pastillas, dejando que pasaran su garganta bruscamente, sin líquido. Siempre sentía que el medicamento hacía más efecto si notaba cómo su cuerpo lo absorbía.
No podía dejar de pensar en las palabras de Wilson. Como siempre, su amigo tenía razón. Estaba siendo terriblemente cruel con Cameron, estaba siendo un cabrón. Quizá realmente no quisiera hacerlo, pero lo cierto era que cada vez que la veía aparecer sentía una necesidad imperiosa de dañarla, como si con cada golpe él fuera a sanarse un poco. Se llevó las manos a la cabeza y se revolvió el pelo. Pensar le dolía, no sabía cómo enfrentarse a aquello. Enfrentarse a enfermedades era fácil, no era más que teoría, pero no había teoría para la vida diaria, ni para las mujeres, ni para una mujer embarazada y enamorada. Él no podía darle lo que ella quería, antes o después iba a hacerle daño, era lo que sucedía siempre¿para qué intentarlo? Recordó las últimas palabras que Wilson le había dicho: "Si no la quieres por lo menos déjala en paz". Era lo mejor que podía hacer, se sentía culpable por dañarla, pero tampoco era capaz de quererla. Dejaría el tiempo pasar, las heridas sanarían en ella y tras unos meses todo volvería a la normalidad.
Cameron estaba sentada en el sillón de su casa, mirando a todo y a nada. Ella sabía que Wilson hablaría con House, siempre lo hacía. Confiaba en que supiera convencerle de algo, de que no se comportara así, de que la quisiera, de que se creyera padre. No sabía de qué podría convencerle, pero deseaba que aquello terminara cuando antes, llevaba noches sin dormir, pensando en el futuro, viéndose como una madre soltera, rechazada por el hombre al que ella quería. Se sobresaltó al oir sonar el teléfono y anduvo hasta la encimera para cogerlo. Levantó el auricular sin contestar, no se atrevía a hablar con nadie desde hacía días, le faltaba valor para encarar la situación ante cualquier desconocido.
- ¿ All.. Cameron?- ella reconoció la voz de Wilson en cuanto habló.
- Mmmmmm
- He hablado con él, Cameron. Es muy testarudo, no razona. No puedo prometerte nada, no creo que cambie su manera de actuar.- suspiró a través del teléfono, sin saber qué decir para excusarse ante el comportameinto de House.- Yo... me siento culpable. Es un cabrón, no debería...
Los dos se mantuvieron en silencio unos segundos, oyendo cómo respiraba el otro a través del aparato.
- Me gustaría ayudarte, me siento responsable. Llevo cuidando de él tantos años que soy como su padre. Supongo que debería hacer de padrino, ocupar su puesto para lo más básico. No estarás sola, yo te ayudaré en lo que necesites. Él... él no estará, Cameron.
Un escalofrío recorrió la espalda de ella al oir aquellas palabras. Él no estará. Se imaginó que aquello nunca tendría solución. Sin querer convencerse ella había mantenido la esperanza de que House por fin diera su brazo a torcer, de que aceptara la realidad y, por lo menos, actuara como padre. No le pedía que fuera su novio, su marido, su compañero, sólo pedía un padre para el bebé, que se responsabilizara. Oyendo las palabras de Wilson sus esperanzas se desmoronaron, si ni siquiera él era capaz de hacerle cambiar de idea nada podría, sintió que el poco brillo que quedaba en sus ojos se apagaba al pensar que lo había perdido para siempre.
Cameron se sentó en una silla mientras esperaba a que Wilson terminara la conversación. Cuando el hombre no dijo nada más ella tomó la iniciativa.
- Gracias, Wilson. Te lo agradezco mucho. De veras.
Cuando los dos estaban a punto de bajar el auricular para colgar él habló.
- Cameron. Igual cambia de opinión. Seguiremos intentándolo.
Unos segundos después los dos colgaban el teléfono.
Cameron se levantó de la silla en la que estaba sentada. Puso el teléfono en su base y caminó por todo su piso, pensando. No sabía qué hacer, su vida había cambiado por completo en unas semanas, quizá debería llamar a su madre, o a su hermana. Se sentía realmente sola, sin saber qué hacer. No sólo tenía el problema de House, sino que estaba embarazada, en unos meses tendría a alguien más a quién cuidar, a un bebé a cuyo padre tendría que ver todos y cada uno de los días. Se sintió incapaz de lidiar con aquello; ella siempre había pensado en que sería una buena madre, iba con su carácter, pero no de aquella manera. Pensó en lo que Wilson le había dicho por teléfono, él estaría allí para ayudarla, como si tuviera que hacer el trabajo de House. Pero ella no quería a Wilson, quería a House y eso no iba a cambiar por muchas palabras bonitas que le dedicara. House era el padre de su bebé, ella le había escogido a él, para lo bueno y para lo malo, no deseaba estar al lado de ninguna otra persona.
Con reticencia volvió a coger el teléfono y lo descolgó. Oyó la señal de la línea y con mucha calma, pulsando tecla tras tecla, marcó el número de teléfono de su madre. Esperaba, por lo menos, recibir el apoyo de sus padres en aquellos momentos. No se sentía con fuerzas de recibir ni un rechazo más.
