CAPÍTULO 6
Tras hablar por teléfono con su madre Cameron se sintió aliviada, era extraño cómo podía cambiar la percepción de las cosas con sólo contárselas a alguien. Su madre la había consolado, le había contado cómo es ser madre, la alegría que se siente cuando se ve la cara del bebé por primera vez. Le había hablado de que ella también se sintió sola, a pesar de contar con el apoyo de su padre y que era inevitable que se sintiera así en aquellos momentos. Con el tiempo se le pasaría y aprendería a valorar lo que le había pasado. Sería feliz, su madre no tenía ninguna duda. Cuando colgó el teléfono se sintió mucho mejor, con ganas de enfrentarse al mundo y a la gente. Caminó hasta su dormitorio y cogió de una estantería un pequeño álbum de fotos. Estaba viejo y sucio, pero aún guardaba en él cuidadosamente las fotografías de cuando era una niña. Se preguntó si su bebé tendría la misma cara que ella o, por el contrario, se parecería más a su padre. Repasó una por una todas las fotografías, recostada en la cama, apoyada en un montón de cojines. Cuando hubo terminado cerró el álbum y lo dejó en su regazo. Lentamente cerró los ojos, el sueño acumulado durante días estaba pasando factura; ahora, más tranquila, era capaz de dormir profundamente, sólo pensando en las imágenes que acababa de ver. Quizá no había sido un castigo tan duro, después de todo.
Cuando se levantó al día siguiente se encontraba descansada y alegre. A pesar de que todas las mañanas desde hacía un mes había vomitado varias veces en casa y en el hospital, no le importaba y aquel día pensaba afrontar el día con calma y con serenidad. Llegó al hospital un poco antes de lo habitual, ordenó sus papeles y puso en marcha la cafetera. Ella no podía tomar café, pero no por ello iba a dejar de hacérselo a sus compañeros. Foreman y Chase aún no sabían nada de su estado, como no lo sabía nadie excepto House, Wilson y su ginecólogo. Ni siquiera Cuddy estaba enterada. Foreman y Chase llegaron poco después, ambos la miraron extrañados ante su alegría, habían notado que llevaba semanas apagada, sin ganas de nada. No es que Cameron fuera la alegría personificada, pero sí estaba más triste de lo habitual. Ella les sirvió el café y se sentó con ellos a la mesa para esperar a que House hiciera acto de presencia.
No tuvieron que esperar mucho tiempo, media hora después una sombra aparecía por la sala de diagnósticos y le daba los buenos días con algo parecido a un ladrido. House dejó sus cosas en su oficina y caminó hasta la sala. Les repartió una historia a cada uno para que comenzaran a leer. Cameron se levantó de la silla dispuesta a servirle a su jefe su taza de café de todas las mañanas. No había dejado de hacerlo a pesar de sus roces con él, para ella era la rutina y parte del trabajo, si conseguía que su jefe estuviera más tratable dándole café, lo haría. Él se percató de lo que ella iba a hacer y andando rápidamente se acercó a su silla y dijo en voz muy baja:
- Yo lo haré. Siéntate.
Tanto Cameron como sus compañeros se miraron con curiosidad. House nunca tenía esos detalles con nadie, siempre esperaba que los demás hicieran algo por él y él nunca esperaba hacer algo por los demás. Era realmente extraño que quisiera ayudar a alguien que no estuviera muriendo.
Mientras andaba hacia la cafetera comenzó su batería de preguntas.
- ¿Síntomas?- preguntó dándoles la espalda.
- Úlcera en una pierna con posible caso de gangrena...-dijo Chase- antecedentes de varices, la operaron hace cinco años.
- Además presenta fiebre y delirios, vómitos y sangrado vaginal.- continuó Cameron.
- ¡Vaya! Parece que nos ha tocado el premio gordo- chilló House, emocionado por el caso, mientras metía una taza de agua en el microondas y apretaba los botones para que empezara a calentar- ¿Y qué dice el morenito?
Foreman rodó los ojos ante el aparente insulto de su jefe. Sabía que no lo hacía por meterse con él y, en el fondo, le hacía gracia que lo hiciera.
- Hemos pedido una citología y una ecografía abdominal. La pierna tiene mal aspecto, quizá haya que cortarla. La fiebre puede venir de la infección de la pierna, pero no explica los delirios ni los vómitos.- al terminar tiró la carpeta encima de la mesa y suspiró.
La campana del microondas sonó, House sacó de una caja una bolsita de té y la introdujo en el agua, subiéndola y bajándola hasta que empapase. Mientras hacía el movimiento siguió preguntando.
- Así que no tenemos nada aún... ni siquiera sabemos por dónde tirar. ¿Qué bichos son los sospechosos habituales?
- Puede ser casi cualquier cosa- dijo Cameron quitándose las gafas y frotándose los ojos. La falta de café por las mañanas se hacía notar.- Si no encontramos la causa de la úlcera no sabremos qué está atacando el sistema reproductor y qué causa los delirios.
House anduvo hacia la mesa con dos tazas en la mano. Chase lo miró sorprendido a lo lejos, sin saber muy bien qué hacía exactamente su jefe con dos tazas. Aún detrás de todo su equipo, sorbió un poco de café de una de ellas y sintió el cálido líquido resbalar por su garganta. Cojeó hacia ellos y al pasar por al lado de Cameron dejó la otra taza a su lado. Ella miró curiosa, quería saber qué contenía, y vio la bolsita de té flotando en el agua caliente. No pudo evitar sonreir ligeramente, era la primera vez que él le preparaba algo, ni siquiera preparaba nunca el café. Acarició la taza con los dedos y tomó un sorbo de la bebida. Era una de las bolsas del té que más le gustaba.
- Empezaremos con un cóctel de antibióticos. Sea cual se el bicho, acabaremos con él.- dijo House mientras entraba de nuevo en su oficina y se sentaba en la silla.
Pasaron toda la mañana haciendo pruebas a la paciente. La pierna mejoró ligeramente con los antibióticos y gracias a ello la fiebre también remitió. Aún quedaba por esclarecer por qué la paciente deliraba, vomitaba y sangraba, pero la pierna se salvaría y la gangrena estaba detenida.
House observaba desde la mesa de su despacho cómo Cameron hablaba con Cuddy en el pasillo. Las persianas con frecuencia dejaban entrever mucho de lo que ocurría en el pasillo y House solía observar más de lo que sus compañeros intuían. Vio cómo Cameron hablaba pausadamente con su jefa y le explicaba con calma algo que él no acertaba a descifrar. Unos momentos después ella dejó de hablar y Cuddy se llevó las manos a la boca, tapándosela, posiblemente, para no gritar. House levantó las cejas al observar la cara de enfado de su jefa, tenía los ojos inyectados en sangre y la piel se le enrojecía por momentos, desde el cuello hasta la frente. Acarició ligeramente el brazo de Cameron y le dijo algo suavemente que él no fue capaz de adivinar. Cuddy comenzó a andar por el pasillo y giró la cabeza para mirar al despacho de House, donde sabía que iba a encontrar su mirada. Quizá ella buscaba una respuesta al comportamiento de él. Vio a su jefa pasar andando por el pasillo a través del cristal de la pared de su despacho, ella lo miró con rabia y él apartó la vista de ella.
Cameron hablaba ahora con una enfermera. Estaba entregándole unos papeles y explicándole algo que ponía en la historia que llevaba en las manos. Pensó que posiblemente eran órdenes sobre el tratamiento de la paciente o sobre las horas de curas. Giró la cabeza y oyó a Foreman recriminando algo a Chase. Se levantó curioso y se acercó hasta la puerta abierta de la sala.
- ¡Tío, eres un cerdo!- gritó Foreman disgustado.
- ¿Me pierdo algo?- preguntó House.
- Él nos lo dirá, es el más observador. Dr. House, ¿no te parece que Cameron está un poco cambiada?- preguntó Chase riendo entre dientes.
- Ohhh, vamos, tío. - Foreman levantó los brazos en el aire y anduvo hasta la parte trasera de la sala, no quería tomar parte en aquello.
House miró a Chase esperando que el médico se explicara, disimulando, fingiendo desconocer de qué hablaba.
- Te has fijado en que...- Chase hizo un gesto con las manos para simular que el pecho de Cameron había crecido.- ¿Cuándo lo ha hecho? No ha cogido ni un día de baja.
Foreman gruñó y sacudió la cabeza.
- Dr. Foreman,-comenzó House- haz un repaso completo a la anatomía de la Dra. Cameron para que nuestro joven doctor australiano compruebe lo imbécil que es.
Foreman lo miró extrañado sin saber por dónde empezar. Los tres miraron a Cameron como si estuviera en un escaparate o fuera un mono de feria, un paciente a quien todos los estudiantes miraban y se sentía observado. Comenzó describiendo la extraña forma de su pecho, cómo había crecido en las últimas semanas y cómo la piel de su escote lucía ahora más tirante y con marcas.
- Sigue.- continuó House
Detuvo sus ojos en su tripa, ahora sobresalía ligeramente y no por causa de la ropa que llevaba puesta. El abdomen de Cameron siempre había sido plano, no sobraba un gramo de grasa en su cuerpo. Los tres hombres observaron que no era grasa lo que sobresalía, sino que tenía forma redondeada y apariencia dura.
- ¿Y alrededor?- preguntó House tirando un poco más del hilo.
Foreman describió cómo sus caderas parecían más anchas que antes. La espalda tenía una ligera curvatura hacia adelante a la altura lumbar y las piernas mantenían una forma extraña.
- ¿No vas a decir nada del brillo de sus ojos?- preguntó House curioso.- Yo diría que nuestra Cameron no tenía esos ojos antes.
Chase miró a Cameron con detenimiento y juntó todos los rasgos que Foreman había nombrado. Antes de cinco segundos se había llevado la mano a la boca para ocultar su asombro, como había hecho Foreman.
- Dr. Foreman, Dr. Chase,-levantó las cejas al nombrar al último- ya tenéis vuestro diagnóstico.
Y cojeando se dirigió hacia su despacho de nuevo, contento por lo que había hecho. Se sentía como un padre que reparte puros cuando se entera del embarazo, contándolo a toda persona con la que se cruza. Sólo que él no era de regalar puros ni de contar a todo el mundo lo que pasaba en su vida.
