CAPÍTULO 8

Wilson caminaba pesadamente por el pasillo del hospital con un sobre entre las manos. Hacía horas que habían llamado a House a casa y no había aparecido aún por allí, ni siquiera contestaba al teléfono en su casa. Wilson había pasado por su despacho al llegar al hospital y lo había esperado unos minuots, pero nunca llegó. Tras eso fue a ver a Cameron. Andaba con nerviosismo de un extremo a otro del pasillo, sin saber qué hacer. Con decisión se dirigió hacia el despacho de su amigo, no serviría de nada esperarle allí, no iba a hacer que él apareciera, pero Wilson sentía que, por lo menos, lo había intentado. Apretó fuertemente el sobre que llevaba en la mano y miró hacia el pasillo donde estaba Diagnósticos, la luz del despacho de House iluminaba el oscuro pasillo y, con seguridad, alguien estaba dentro de la sala. Wilson se acercó pausadamente hasta la puerta de cristal y la empujó para entrar. Vio a su amigo recostado en la butaca de descanso que tanto usaba, con los ojos cerrados y los puños apretados. Wilson tosió ligeramente para hacerle saber que alguien le acompañaba. House no abrió los ojos ni hizo ningún gesto.

La forma de contestar y actuar enervó a Wilson, quien extrajo de su bolsillo el sobre que había estado guardando celosamente y se lo tiró a su amigo de mala manera.

- Puede que esto te interese.-dijo con voz fuerte- Es la prueba de paternidad, da gracias a la amniocentesis. Ella está en coma, con hipertensión, tiene peligro de preclampsia. Creo que todos sabemos la causa de que la tensión le haya subido tanto. -continuó Wilson mientras se frotaba la nuca y no dejaba de mirar fijamente a su amigo.

House continuó sin contestar, estaba como muerto, sin reflejos y sin respuestas. Wilson se dio por vencido y tras esperar unos momentos salió de su despacho suspirando profundamente. Cuando se hubo ido House abrió lentamente los ojos. Había escuchado todo lo que su amigo le había dicho, siempre le escuchaba. También había notado cómo él tiraba el sobre sobre su pecho y le decía lo que contenía. Cogió el sobre y lo movió frente a su cara hasta situarlo de canto sobre su boca y su nariz. Respiró profundamente y cerró los ojos. Sabía lo que decía aquel sobre, ni siquiera le hacía falta su contenido.

Se levantó despacio y caminó hasta su escritorio, sentándose en la silla. Volvió a mirar al sobre que Wilson le había entregado. Miró hacia el lado y llevando la mano hasta el borde de la mesa dejó caer el documento, sin abrir, a la papelera. Él no lo necesitaba, sabía quién era el padre y, a pesar de todo lo dicho y hecho, a él no le habría importado que fuera otra persona. Pensó en lo difícil que se le hacía decirles a los demás todo aquello, que le daba igual quién fuera el padre si su madre era Cameron, pensó en que en algún momento debería decirlo, pensó en que no sabía cómo hacerlo.

Durante días los médicos se afanaron en que Cameron saliera del coma sin problemas. Durante el día, para decepción de todos, House seguía mostrándose cerrado y frío. Con frecuencia sus compañeros se preguntaban por qué no preguntaba por ella ni iba a verla, ni siquiera se había interesado por su estado o por el del bebé. Actuaba como si nada sucediese, como si no echara en falta a nadie en su equipo y en su oficina. La pila de cartas pronto llegó a una altura que llamaba la atención, como la cantidad de emails que se acumularon en su bandeja de entrada. Pero él no parecía inmutarse frente a nada ni nadie. En más de una ocasión alguien mencionó a Cameron para intentar despertar alguna clase de gesto en él, pero su estoico rostro desmontaba a las personas a su alrededor. Nadie entendía qué pasaba con él.

Todas las noches desde que Cameron ingresó, cuando el hospital se vaciaba y todo el mundo estaba ya en casa, House caminaba hasta su habitación y la miraba desde fuera. Pasaba minutos observando cómo dormía y respiraba, mirando su cara y su pelo, su vientre. Todas las noches se acercaba al mostrador de enfermeras y pedía su historia, la revisaba durante minutos, la estudiaba. Tras ello amenazaba a la enfermera para que no dijera nada y se iba a casa.

En casa se esforzaba por dormir, las noches se hacían muy duras entre el dolor y la pierna y el sentimiento de culpa. Cuando conseguía conciliar el sueño las pesadillas se sucedían en su cabeza y se despertaba sobresaltado y sudando, angustiado. Muchos sentimientos pasaban por su cabeza, la preocupación era uno de ellos. Cada cierto tiempo cada noche temía que ella nunca saliera del coma y que la perdiera. Ya no estaba en sus manos, él ya había hecho suficiente por la causa, ahora sólo podía esperar que se todo estuviera bien y salvaran la vida. Por una vez él no podía hacer nada, lo que aumentaba su sentimiento de culpa. Ella estaba así por él, por su estupidez, por ser tan testarudo y cerrado y ahora nada podía hacer, se sentía la peor persona del mundo. Cameron no se merecía aquello, ella había hecho todo lo posible por mantener la situación y su relación dentro de lo correcto y lo esperable, él era el único que lo había estropeado todo. Y eso le mataba por dentro.

Por las mañanas, al llegar a la oficina, todo le recordaba a ella, no había café, no había orden en su mesa, ni siquiera había calidez en aquel despacho. Se maldijo una y otra vez por ser el causante de todo aquello, por destrozar sus vidas de aquella manera, no podía evitar culparse por todo lo que estaba sucediendo a su alrededor. ¿Cómo iba ella a querer a alguien así?

La última noche que Cameron pasó en coma recibió, como otras veces, la visita de House. Era ya cerca de media noche cuando él se acercó a su habitación. Como las anteriores veces, la miró desde fuera, revisó todo una y otra vez, con miedo a que se le pasara algo; estaba siendo realmente obsesivo con todo aquello, cada noche la miraba de arriba a abajo, miraba sus constantes y estudiaba la tabla de las enfermeras y la evolución. Aquella noche se atrevió a entrar en su habitación y a andar hasta su cama. Parecía totalmente dormida, no tenía respiradores ni tubos, únicamente reposaba sobre el colchón, relajada, inmersa en un profundo sueño. Sus brazos estaban fuera de las sábanas y descansaban a ambos lados de su cuerpo. House la miró fijamente, repasando cada rasgo de su cara. No podía dejar de pensar en lo mucho que la había echado de menos desde aquella noche en que estuvieron juntos, deseaba que ella se despertara para ver sus ojos una vez más y deseaba pedirle perdón por todo lo que le había hecho. Con su cuerpo bajo las sábanas no se apreciaba el bulto en su vientre, aún habían pasado sólo tres meses, pero él sabía que estaba allí; por primera vez, tuvo deseos de acercar su mano a su tripa, pero se contuvo, aún no quería involucrarse demasiado ¿Y si aquello no tenía solución?. Suspiró profundamente y con temblor en las piernas se acercó a su lado. Casi imperceptiblemente rozó sus dedos con los de ella, entrelazándolos, mientras que con la otra mano agarraba fuertemente su bastón. Sólo un roce le bastó para comprobar lo fría que estaba. Recordó el calor que su piel desprendía la noche que compartieron, el sudor, la suavidad, el fuego. Recordó su cálido aliento contra sus mejillas y le costó entender que aquella fuera la misma persona que en ese momento estaba sobre la cama.

Mantuvo sus dedos entre los de ella por unos momentos mientras la miraba. Se dejó llevar, con seguridad nadie pasaría por allí ni podría verle, únicamente la enfermera lo sabía y él se había asegurado de que no dijera nada de aquello. Mirándola por última vez soltó sus dedos y caminó hasta la puerta. Sin darse la vuelta salió de la habitación y anduvo hasta el mostrador. La enfermera alargó el brazo para entregarle la carpeta donde estaba la historia. En el momento en que él la cogió recriminó a la enfermera.

- ¿Tan justos andamos de pasta para no tener ni mantas? Está jodidamente fría. - dijo él con voz firme.

La enfermera lo miró desde abajo y con un ligero temblor de mandíbula se levantó de su silla y corrío hasta el cuarto de lencería que estaba a un lado.

- Enseguida, Dr. House.- se defendió la joven al salir con una manta en los brazos.

Para cuando volvió de la habitación de Cameron House ya no estaba allí.

Fue al día siguiente cuando House, automarginándose en su despacho con los cascos puestos, oyó entrar a Foreman gritando la buena noticia: Cameron había salido del coma. Nadie vio la cara de House en aquel momento, pero con seguridad mostraba la alegría que sentía en su interior por la noticia. En pocos minutos aparecieron también Wilson y Cuddy y todos ellos se felicitaron y, por una vez, dejaron que sus cuerpos se acercaran un poco más que de costumbre a causa de la alegría. Nadie entró en el despacho de House para informarle de ello, pero House observó cómo Chase hacía un gesto con la cabeza hacia donde estaba su despacho y cómo Foreman y Wilson le explicaban algo al joven médico. Unos minutos después todos ellos salían de Diagnósticos, dejando a House solo.

Pasaron casi dos horas hasta que House se decidió a levantarse de su silla. No podía aguantar más, tenía curiosidad por cómo se había solucionado todo quería saber si Cameron y el bebé estaban bien. Anduvo, como tantas veces lo había hecho en los pasados días, hasta su habitación. Mirando desde fuera se encontraba Wilson y sonreía a algo que ocurría en el interior. House se acercó a él y miró hacia dentro, situó la vista en el frente y no miró ni saludó a su amigo. Vio a Cuddy hablando relajadamente con Cameron, reía mientras la paciente le contaba algo entre sonrisa y sonrisa. La habitación estaba llena de flores -"de Chase, seguro", pensó para sí- y de regalos; todo el mundo parecía querer mucho a Cameron y sabían cómo demostrarlo.

- ¿Cómo está?- preguntó de repente en voz alta, haciendo que Wilson se sorprendiera

- ¿Por qué no se lo preguntas a ella?

House comenzó a dar golpes en el suelo con la goma de su bastón, sin apartar la mirada del frente.

- ¿Y la niña? -volvió a preguntar

- ¿Cómo sabes que...? - Wilson giró la cabeza para mirarle. House levantó los hombros ligeramente e hizo vibrar los labios en señal de que aquello no tenía importancia. Wilson bajó la mirada al suelo y pensó cómo su amigo era capaz de ser tan brillante con algunas cosas y tan poco diestro en otras. Ninguna de las pruebas que le habían hecho a Cameron revelaban el sexo del bebé, ni siquiera la amniocentesis. ¿Cómo podía saberlo? Para cuando quiso darse cuenta House había desaparecido de su vista, no había entrado en la habitación ni se había despedido.

Wilson supo dónde buscarlo. Subió hasta el tejado del hospital y abrió las puertas que daban a la calle. En el fondo de la inmensa terraza, al borde de ella, junto al murete, se encontraba House. Miraba fijamente al horizonte, su silueta revelaba que estaba cansado, apoyado en su bastón, ligeramente escorado hacia la derecha.

- ¡House! -le gritó Wilson desde lejos.

Su amigo no contestó. Se acercó a él lentamente, no quería perturbarle, había notado cuando lo vio acercarse a la habitación unos minutos antes que estaba cansado, con seguridad no había dormido aquellos días y su pierna estaba resentida por ello, además de su propio ser.

- Está... bien, House. Están bien. - comenzó Wilson para tranquilizarlo- Todo hasalido perfecto. La tensión ha bajado y está controlada. Tendremos que vigilarla a menudo. Se han salvado, House.

House miró a su amigo ladeando la cabeza y una leve sonrisa de dibujó en su boca. Estaba contento.

- ¿Qué vas a hacer ahora? -preguntó Wilson al ver que su amigo estaba receptivo

- No... no lo sé. Tengo... miedo. No sé cómo enfrentarme a esto.

- Podrías empezar por hablar con ella, no creo que le importe.- House asintió al oir sus palabras, dándole la razón.

- Yo... -miró al suelo al comenzar a hablar- yo no sería buen padre. No tengo nada bueno que darles... hasta ahora sólo he cuidado a Steve, una rata es fácil de cuidar, es la mascota perfecta.

Wilson sonrió abiertamente al oir a su amigo.

- Tienes mucho más para dar de lo que crees, House. Solo tienes que buscarlo y sacarlo afuera. No eres tan mala persona. -Wilson parecía muy seguro de lo que decía, tenía las manos en los bolsillos de la bata. Los días pasados habían hecho mella en él, se le veía cansado pero lúcido, ya no estaba enfadado, había cruzado la línea, se había sobrepuesto del enfado y ahora sólo deseaba ayudar a su amigo. Había entendido que lo que House hacía lo hacía porque no sabía hacerlo de otra manera.

- Ni siquiera sé si la quiero.

Wilson no contestó a la frase de su amigo. Únicamente sonrió mirando al suelo y apoyó una mano en el hombro de House, apretando ligeramente sus dedos contra la tela de su americana. Apretó varias veces, hasta que vio que su amigo había entendido el mensaje y todo lo que quería decirle con el gesto. Lo dejó solo en el tejado para que pensara.

Aquella noche House esperó en su despacho hasta que todos se hubieron ido. Cuando el hospital se quedó desierto se levantó y enfiló hacia la habitación de Cameron. Las piernas le temblaban y el corazón le latía rápidamente, era casi la única vez que iban a hablar cara a cara desde que se enteraron del embarazo. Tenía miedo, deseó salir corriendo de allí y refugiarse en su casa y en su bote de vicodina. Antes de llegar a su destino abrió el bote y tragó dos pastillas. Suspiró aliviado al comprobar que ella estaba dormida, no tenía fuerzas para entrar en la habitación estando ella despierta, le resultaba demasiado violento. Anduvo hasta el sillón al lado de su cama y se sentó lentamente, con miedo de hacer algún ruido que pudiera despertarla. Esperó varios minutos, a él le parecieron horas, con su bastón en la mano, haciéndolo girar en vertical, casi haciendo un surco en el suelo, donde rozaba la goma. No pasó mucho tiempo hasta que ella se despertó y lo vio allí sentado; se frotó los ojos con suavidad y lo miró fijamente, casi no podía creer que por fin hubiera ido a verla. Llevaba esperando todo el día aquella visita, cada vez que alguien entraba en la habitación o se acercaba a ella por el pasillo había deseado que fuera él. Se miraron durante minutos, sin decirse nada. Ella se recostó de lado en la cama para poder verle mejor. Unos minutos después, cuando los dos habían repasado la anatomía completa del otro el habló con un hilo de voz.

- ¿Qué te parece... Elizabeth? -preguntó sin mirarle a los ojos. Aquella confesión era demasiado importante para él, aún no estaba preparado para juntar sus ojos con los de ella. Ella le miró extrañada y él, repentinamente, se sintió violento. Había temido ese momento, el momento en el que él tenía que dar el paso al frente y responsabilizarse.

- ¿Cómo sabes...? -preguntó ella extrañada. House hizo el mismo gesto que había hecho aquella mañana cuando hablaba con Wilson frente a su habitación. Ella dejó de mirarle y se arregló las sábanas.

Pasaron unos minutos sin moverse ni hablarse. Cada unos de ellos con seguridad pensaba en lo mismo, pero no estaban preparados para contárselo aún. En el momento en que ella sintió sueño necesitó preguntarle algo antes de no verle más hasta el día siguiente.

- ¿Elizabeth... -comenzó con un hilo de voz- ...House?

- Duérmete, Cameron -contestó House mirándola a los ojos y sonriendo ligeramente. Ella no supo si era ya parte del sueño o de la realidad, pero le pareció verle asentir de forma casi imperceptible.