CAPÍTULO 10
No fue hasta el día siguiente que House devolvió la hoja al cajón de donde la había cogido. Esperó hasta que sus subordinados salieron para hacer unas pruebas al paciente para colarse en la sala de diagnósticos y andar cautelosamente hasta el escritorio. Una vez sentado en la silla abrió el cajón de nuevo y posó la hoja sobre el resto de documentos que Cameron guardaba. No iba a dejarlo encima de la mesa, cualquier persona podría verlo, además, le gustaba la idea de dejarlo donde estaba, así, cuando ella lo viera, sería por dos posibles razones: que estuviera preparada para rellenarlo o que volviera a sacarlo porque se lo planteaba de nuevo. Al fin y al cabo, las dos opciones le convenían e interesaban.
El día pasó rápidamente entre prueba y prueba. El paciente había mejorado con el tratamiento, por lo que House decidió que todos podrían marcharse a casa temprano aquel día. Despidió a Chase y a Foreman de malas maneras y, sentado aún en la silla en su despacho, se fijó en que Cameron aún seguía en la sala de diagnósticos. La vio pensativa, sentada en la mesa, con el ordenador portátil encendido pero sin trabajar. Las gafas situadas en el borde de la nariz y su mirada perdida en el infinito le hicieron creer que estaba pensando. Sonrió para sí al desear que estuviera pensando en lo mismo que él la noche anterior, que estuviera componiendo una imagen de futuro y que él estuviera en ella. Decidió que lo mejor era dejarla sola para que se arreglara con lo que fuera que pasara por su mente. Él nunca había sido bueno entendiendo a los demás ni ayudando en los momentos difíciles. Con Cameron no era una excepción. Se despidió de ella desde la puerta que comunicaba los dos cuartos con un simple gesto. Ella ya estaba acostumbrada a que no utilizara palabras, había aprendido a entender cada uno de sus gestos y expresiones, la mayor parte de las veces no necesitaba que él dijera nada para entenderlo todo.
Cuando House se hubo ido y el departamente quedó en silencio Cameron se levantó de la mesa y se dirigió hacia el escritorio. Se sentó perezosa en la silla, realmente no tenía ganas de hacer todo aquello, pero se sentía con prisa de terminar lo empezado. Sucediera lo que sucediera más tarde ella necesitaba hacerlo, aunque no estuviera aún preparada para hablar con él abiertamente. Alargó el brazo derecho y abrió el cajón lentamente. La idea le aterraba, por primera vez iba decidir algo trascendental respecto a su embarazo; estaba asustada, era la primera decisión que iba a tomar y lo iba a hacer sola, sin nadie a quien consultar. Sin ni siquiera mirar abajo sacó el papel del cajón y lo puso sobre la mesa. Se quitó las gafas para poder frotarse los ojos cansadamente, había sido un día duro y ahora estaba a punto de enfrentarse a la parte más complicada. Cogió un bolígrafo, dispuesta a rellenar los campos unos a uno sin vacilar, no podía permitirse ningún atisbo de duda, había decidido hacerlo y de ningún modo se iba a permitir flaquear. Sus ojos se abrieron como platos de un plumazo cuando comprobó que la ficha estaba rellena. Reconoció la letra de House desde el primer momento. Solo él escribía de manera tan brusca pero tan ordenada. Las letras eran todas de la misma altura y limpias, pero también secas y afiladas. Sonrió al recordar quién había escrito todo aquello y no pudo evitar que se le hiciera un nudo en la garganta. Comenzó a leer con calma, quería estudiar cada palabra que él había escrito; aquello la había cogido totalmente de improviso, no imaginó que él se enterara de lo que estaba haciendo. No pudo evitar sentirse culpable por no habérselo contado, él también debería decidir, era su hija y en los últimos meses se había encargado de demostrarlo.
Sonrió al leer los nombres en la hoja. El suyo se mantenía con su letra, lo había dejado escrito el día anterior. Descubrió que él se llamaba Gregory Daniel House y que, casi sin consultarle, había decidido que la niña se llamaría Elizabeth Mary House. Repasó los nombres una y otra vez, repitiéndolos en su cabeza como quien leer un libro de familia. Sintió la emoción de crear algo con él, ya sabía su segundo nombre y ya tenían nombre completo para su hija, incluido, ahora sí, el apellido. Continuó leyendo la inscripción, se sorprendió al ver escrita la dirección de casa de House en el campo que pedía la dirección de la familia. Aún se sorprendió más cuando leyó qué opción estaba marcada en la pregunta por la que le surgieron todas las dudas. "Relación de los padres"; de todas las opciones que había disponibles él había marcado "pareja". Cameron se llevó una mano a la boca sorprendida, nunca habría pensado que él iba a declararse de aquella manera, sabía que era un hombre de pocas palabras, pero hacerlo a través del papel de inscripción de su hija en una guardería le pareció absurdo y tierno al mismo tiempo. Casi sin darse cuenta las lágrimas caían de sus ojos y resbalaban por sus mejillas, estaba embargada por la emoción, sin saber qué hacer. Deseó que él estuviera allí en aquel momento, aunque no sabía qué habría hecho en el caso de tenerlo delante. Tras un par de minutos llorando y mirando el papel se serenó. Se limpió las lágrimas de la cara, dobló el papel y lo metió en su bolso, casi sin querer separar los dedos de él. Era demasiado importante lo que contenía aquella hoja, era una declaración de amor.
House se encontraba en su casa, sentado en su sofá, desaliñado y en pijama, viendo a Steve correr en su pequeña rueda. Él siempre había pensado que era una rata grande y fea, como casi todas las ratas, pero le gustaba como mascota. Era fácil de cuidar y nunca se quejaba por la suciedad en su jaula; en cierta forma, se veía reflejado en el pequeño roedor, eran los dos más parecidos de lo que la gente podría creer. Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. Cogió su bastón y se levantó perezosamente de su sitio, llegó cojeando hasta la puerta y abrió sin ni siquiera usar la mirilla. Al abrir la puerta solo pudo ver a Cameron de pie, vestida aún con la ropa que había llevado a trabajar y, con el brazo levantado a la altura de su cara, sujetando la hoja que él cautelosamente había guardado en el cajón aquella mañana. Sonrió al pensar en que ella no había tardado ni veinticuatro horas en ceder, en aclarar sus ideas. Se echó a un lado para dejarla entrar en su casa y vio cómo ella doblaba el papel y lo metía en el bolsillo de su pantalón.
Los dos juntos caminaron hasta la parte central del salón sin decirse nada. No dejaba de ser una situación embarazosa, ninguno de los dos se había declarado abiertamente pero los dos sabían lo que sucedía.
- Yo... no seré buen padre, Cameron. -comenzó a decir él mientras ella le daba la espalda- Dependo de la vicodina todos los días y soy cojo.
Cameron se había acercado a la jaula de Steve y dejaba que la rata oliera sus dedos a través de los barrotes. Ella dejó que posara las patitas sobre la yema de su dedo índice y que chupara la punta con su pequeña lengua caliente.
- También eres brillante y honesto, Greg. -contestó ella sin mirale, sólo atendiendo al pequeño animal- No quiero que prometas lo que no puedes cumplir. -terminó.
House resopló y suspiró profundamente. Realmente, él no pensaba todo lo que estaba diciendo, él sabía que ella ya no iba a darse por vencida y que él no creía todas aquellas cosas, pero aún sentía que debía defenderse ante cualquier insinuación directa de compromiso.
- No puedo darte lo que quieres. -continuó
Ella se giró de repente, sacando el dedo de entre los barrotes de la jaula de Steve y mirándole a House directamente a los ojos.
- ¿Cómo puedes saber qué es lo que yo quiero? Quiero seguridad, quiero un padre para mi hija, te quiero a ti.
House se pasó la mano por la cara, frotándose la barba y marcando el hueso de su mandíbula. Realmente, no estaba preparado para que Cameron arremetiera con tanta fuerza, se la veía decidida, con las ideas claras. Él también las había tenido desde la noche anterior, pero al verla entrar en su casa sus pensamientos flaquearon y el miedo se apoderó de su cuerpo. Repitió una y otra vez las palabras de Cameron en su cabeza mientras la miraba, "te quiero a ti", ella esperaba una respuesta, había clavado sus ojos en los de él, obligándole a solucionar todo aquello de una vez.
Él no supo de qué manera actuar y bajó la vista al suelo. Sintió que ella era más fuerte que él, mas tajante. Anduvo hasta el sillón y se volvió a sentar, dejando a un lado el bastón. Ella lo siguió y se sentó a su lado, levantando las piernas y doblándolas bajo su propio cuerpo. Levantó un brazo y apoyó el codo sobre el respaldo del sofá, dejando luego caer su cabeza sobre la palma de su mano. De lado podía contemplar mejor el semblante de él, podía estudiarle y observar casi cada cosa que pasaba por su mente. Pasaron así varios minutos, sin hablarse. House miraba al frente o hacía abajo, a la moqueta. Ella no le había quitado ojo de encima desde que se habían sentado, esperando a que él dijera algo. Tras casi diez minutos él fue el primero en hablar.
- Soñé contigo. -ella le miró extrañada por la revelación. Él le contó pausadamente cómo, después de recibir el disparo, su mente se fue a negro y soñó despertarse en el hospital junto a ella. Le explicó todo lo ocurrido en el pasillo, cómo era ella la que siempre le despertaba cuando estaba dormido y le contó lo que sintió al acariciarla con manos metálicas, deseando poder hacerlo con las propias.
- ¿Y qué crees que significa? -preguntó ella intrigada, a pesar de saber la respuesta.
- ¿No lo sabe tu amigo Freud? -contestó él con sarcasmo, recordando aquel psicoanálisis que ella le hizo en su cita.
Ella rodó los ojos y suspiró sonriendo.
- Quiero que me digas qué significa para ti que yo estuviera en tus sueños.
Él se levantó súbitamente del sitio, le tenía contra las cuerdas, no podía alargar aquello por mucho más tiempo. Él mismo se había delatado al rellenar aquel papel, pero en aquel momento estaba abrumado por los acontecimientos. Nunca se arrepentiría de lo que habia hecho, cuando rellenó la inscripción lo hizo sinceramente, era lo que quería escribir, era su deseo, su anhelo plasmado en una hoja, sólo que ahora le parecía demasiado para él.
- No lo sé. -dijo con voz temblorosa. Ella sonrió ligeramente, estaba consiguiendo lo que quería. No es que con el papel no tuviera suficiente, sino que quería recuperar la sensación que había tenido una hora antes cuando estaba sola en el hospital y había leido por primera vez lo que él había escrito.- Supongo que te... - continuó él tartamudeando mientras miraba a todas partes del cuarto menos a ella. No podía mantener los ojos quietos y el bastón no podía clavarse más en la moqueta del suelo. Mientras apretaba fuertemente la empuñadura sintió la necesidad de rogarle, se sentía preso, le faltaba aire.- ¡No me hagas decirlo!
Ella sonrió abiertamente cuando él levantó la vista al techo y vio cómo tragaba con dificultad. Su nuez se marcó en su cuello cuando intentó tragar saliva con fuerza. Se levantó del sillón y caminó hasta donde él estaba, aún sin mirarla. Se acercó lentamente mientras veía cómo él evitaba su mirada. Cuando ella ya se encontraba prácticamente pegada a él House bajó la vista para juntar sus ojos en los de ella. Le relajaba pensar que ella llevaba tan bien aquello, ella le había dicho que él le daba seguridad, pero lo cierto era que ella también se la daba a él. Cameron levantó ligeramente la camisa de House e introdujo los dedos en las presillas de sus pantalones a cada lado de la cintura, estirando de ellas y trayéndole pasa sí hasta que él sintió su tripa contra su abdomen. Un escalofrío recorrió el cuerpo de House al notar algo redondo y duro contra sí y el calor de la respiración de Cameron contra su cara, sin poder decidir qué sensación le resultaba más placentera. Ella levantó su brazo hasta que su mano se situó a la altura de la cara de él; acercó la palma a su piel y acarició suavemente su barba, que tanto le gustaba. Él respiraba de forma superficial y rápida, ella lentamente, estaba más tranquila, sin duda había ido con el plan preparado de antemano, dispuesta a ofrecerle algo que él no pudiera rechazar. Con tiento y calma ella continuó acariciando su cara, sin dejar de mirarle un solo segundo, compartiendo el aire que respiraban, sintiendo el calor que desprendían. Casi sin darse cuenta él bajó su cabeza lentamente y posó su labios en los de ella, quería sentirla, había soñado cientos de veces con volver a hacerlo desde aquella primera y única vez; no podía creer que en aquel momento estuviera fundiéndose con ella, recordaba la calidez y suavidad de sus labios, la ternura con la que besaba, la delicadeza. Ella levantó el otro brazo para llevar su mano hasta su cara y coparla entre sus dos plamas. Él continuó besándola firmemente pero con delicadeza, llevaba tanto tiempo deseando aquello que prácticamente olvidó lo que estaba haciendo. Se sentía tan bien besando a Cameron y sintiendo a su hija contra su abdomen que los minutos pasaron sin que ninguno de los dos se diera cuenta.
Casi sin respiración y con los labios enrojecidos ella se separó de él y dejó caer la cabeza sobre su pecho, bajando los brazos y agarrándose a su cintura. En algún momento que ninguno de los dos recordaba él había dejado caer su bastón para rodearla con los dos brazos, apretándola aún más contra él. Así, los dos abrazados en medio del salón de casa de él, totalmente ajenos a lo que pudiera suceder a su alrededor, se mantuvieron durante unos momentos. Ninguno de los dos dijo nada durante mucho tiempo, disfrutaron cada segundo de aquel abrazo como si fuera el último; tenían tanto que recuperar y que sentir que no querían separarse el uno del otro. Cuando ella vio que él no decía nada se decidió a hablar.
- Así que me... -no terminó la frase a propósito, imitando lo que él había dicho antes.
Él rió ligeramente sin emitir ningún ruido, pero ella pudo sentir la vibración de su pecho. También notó cómo él besaba la parte superior de su cabeza y reposaba en ella su barbilla.
- Aún recuerdo aquella noche, Cameron. -ella se estremeció al oirle decir aquellas palabras. En todos los meses que habían pasado nunca habían hablado de la noche en su despacho, tras la fiesta. Era un tema que los dos evitaban tratar, era peligroso sacarlo, guardaba demasiados momentos y demasiados sentimientos.
Ella suspiró al recordar todo aquello. Ella tampoco había podido olvidar aquella noche, aquella noche no solo significaba el haber conocido el amor con él, aquella noche ella se había quedado embarazada. Sin dudarlo un instante tiró de él de nuevo mientras le miraba a los ojos. Lentamente caminó hacia atrás por todo el pasillo de casa de House. No era una casa grande y ella supuso cual era su dormitorio, las puertas estaban abiertas. Tirando de su camisa y sin ver dónde se metía continuó mirándole a los ojos. House no podía sino mostrar asombro ante lo que estaba viendo, la decisión con la que ella le llevaba hasta su dormitorio le sorprendió y le excitó al mismo tiempo. Ella era la Cameron que él quería.
Tumbados en la cama, con los cuerpos entrelazados recordaron todo lo que sucedió aquella noche en el despacho de House. Repitieron los besos y las caricias, mezclaron sus respiraciones acompasadas, sintieron bajo las yemas de los dedos la suavidad de la piel del otro. House besó, una vez más, cada centímetro de su cuello, sin dejar un solo palmo de piel sin recorrer, no quería perder su olor, llevaba meses recordándolo. La abrazó como llevaba tiempo deseando hacerlo, rodeándola, sintiendo su cuerpo entre sus brazos, no deseaba a nadie más en aquel momento, en sus brazos tenía todo lo que había querido desde hacía meses, algo que había añorado durante años. Sus manos se entrelazaron una y otra vez, sin querer soltarse, habían pasado tanto tiempo el uno sin el otro que no querían perder ni un momento más, aquella era la única manera en la que, por el momento, se entendían, sin palabras, con caricias, con besos.
Cameron se sintió incapaz de separar el placer y el amor en el momento en el que sintió las manos temblorosas de House posarse sobre su vientre. Un escalofrío recorrió toda su espalda al sentir su piel acariciar su abultada tripa; él movía los dedos delicadamente pero con dudas, como si fuera a romper algo o no se atreviera a tocar demasiado. Recorrió cada centímetro de piel, desde su pubis hasta su pecho, sintiendo el calor que desprendía. Ella cerró lo ojos para dejarse llevar por las sensaciones, él nunca había acariciado su tripa, únicamente había accedido a darle la crema, pero en ningún momento la había recorrido con la suavidad y ternura que lo hacía en aquellos momentos. Abrió súbitamente los ojos cuando sintió sus labios sobre su piel, miró hacia abajo y vio a House besando delicadamente el bulto en su vientre mientras seguía acariciándola. Él miró hacia arriba cuando notó que Cameron tensaba los músculos. Sus ojos se encontraron una vez más. Él apartó sus labios de su piel y de forma algo torpe debido a su pierna subió hasta donde ella estaba y, mirándola desde arriba, se fijó en sus ojos.
- No lloras esta vez. -le dijo mientras acariciaba su mejilla con el pulgar, como lo hiciera meses atrás.
Ella negó con la cabeza mientras sonreía. Los dos recordaban cómo sus lágrimas cayeron incesantes cuando él comenzó a besarla y a acariciarla bajo el vestido. También recordaron los dos el brillo que vieron en los ojos del otro.
Él bajó la cabeza para besarla una vez más, rozando sus labios con los de ella, acariciando su piel desnuda incansablemente.
Tres horas después a House le despertaba el dolor de su pierna. Abrió el cajón de la mesilla, donde inteligentemente guardaba siempre unas pastillas de vicodina y las tragó de golpe. Cuando se hubo espabilado recordó lo sucedido, sonrió. Alargó el brazo en la oscuridad para rodear a Cameron, pero ella no estaba. Movió el brazo por todas las sábanas sin éxito, ella no se encontraba a su lado y la tela estaba fría. Cerró los ojos y recordó lo solo que se sintió aquella noche al despertarse en su sillón. Ella le había abandonado, sin explicaciones, sin despedidas. Se echó las manos a la cara y suspiró profundamente, deseó que aquello no se hubiera repetido, en aquel momento no sería capaz de aguantar un abandono más, no después de lo que había sentido.
Recorrío el cuarto con la mirada, empezando por la puerta y siguiendo por el armario frente a la cama. Cuando llegó a la ventana vio una silueta mirando a través de ella. No le costó reconocer que era Cameron, estaba de pie, desnuda, mirando al frente, pensativa. Pesadamente por el dolor de su pierna se levantó de la cama y cojeó hasta la ventana. Se puso tras ella y carraspeó antes de hablar.
- Allison. -ella sintió su cuerpo estremecerse, él nunca la llamaba por su nombre, solo lo había hecho una vez, aquella noche. Le parecía que su nombre sonaba extraño de sus labios, pero también tierno, con un sentimiento que nunca había conocido en él.
Un escalofrío recorrió su cuerpo cuando sintió que sus manos se posaban en su cintura desnuda y se movían acariciando su piel hasta rodear su tripa. Podía sentir el cuerpo de él tras ella y el calor de sus manos en su vientre, sus pulgares trazando delicados círculos en su piel. Ella respiró profundamente, llevaba tanto tiempo deseando aquello que le pareció irreal. Levantó los brazos ligeramente para situar sus manos sobre las de él, compartiendo el calor que ambos emanaban.
Notó los labios de él depositar en su hombro pequeños besos y subir hasta su cuello, donde él respiró lentamente y continuó besándola como había hecho tantas veces las dos noches que habían pasado juntos. Subió hasta su oído, situando la boca junto al lóbulo de su oreja.
- Vuelve a la cama. Os echo de menos. -susurró con suavidad.
