Metalocalypse destaca por el humor basado en la exageración de la vida de los rockstars (por si no hubiese sido obvio): Excesos, situaciones estúpidas, problemas con fans y con gente que trabaja con ellos y, sobre todo, excelente música. Pero ahora, he querido dejar eso de lado y probar con un «romance»… si lo puedo llamar así. Espero no hacer enojar a algún «trve» o alguien del fandom por esto (aunque creo más que se reirán).

Espero no sea tarde, pero saludaré al comentario del capítulo anterior:

ValAR: Me alegra que te gustase. Espero tener más constancia con este fic para terminarlo por fin.

Si nada pendiente, espero lo disfruten.


Búnker de la Segunda Guerra Mundial, Alemania—

El grupo Hexagram estaba dentro de unas enormes instalaciones subterráneas abandonadas, las cuales invirtieron un enorme capital para transformarlas en un estrafalario estudio de grabación. Los miembros se habían confinado a sí mismos a trabajar en su nuevo material de estudio. Ello significaba que los 6 estuviesen por un par de meses sin contacto con el exterior, a parte del personal de sonido, separados por muros y ventanales anti ruido construidos por ellos.

Ya llevaban 5 días y se notaban efectos del encierro. Pero ya habían pasado un par de veces por el mismo proceso, sabían cómo sustentar sus necesidades más básicas. Comida y agua nunca faltaban, tenían salones con distintos tipos de entretención, como deportes, videojuegos, internet e instrumentos musicales, entre otros. En lo referente al placer sexual, también tenían un salón repleto de juguetes, muñecas inflables e implementos de sadomasoquismo, por nombrar algunos. Sin embargo, no eran usados, porque entre ellos se satisfacían mutuamente.

Lena Krashnivolk, la tecladista del grupo, era una reconocida ninfómana. Tenía cabello blanco, piel igual de blanca y de un armonioso rostro. Era alta, flaca, de musculatura marcada por su bajo nivel de grasa y era heterocroma (de un ojo color celeste y otro, blanco). Por lo general usaba botas negras, un pantalón jeans apretado, con el cinturón tan abajo que se notaban mucho sus marcados oblicuos, una polera delgada color blanco que marcaban sus diminutos pechos, no usaba sostén para los mismos y en sus muñecas era común verlas adornadas con brazaletes de cuero negro. Pero para el momento, se puso un sensual traje de enfermera, muy diminuto, complementado con tacones blancos y una tiara con la clásica cruz roja sobre su cabeza.

Cuando terminaron de grabar su reciente canción, fueron todos a una habitación de juego, con sillones rojos para celebrar, una mesa de pool y una rocola clásica con vinilos de bandas progresivas. Lena fue de inmediato a ponerse el traje de enfermera y caminó con toda sensualidad hacia los miembros que siempre estaban dispuestos a tener sexo con ella: Akin, el guitarrista principal; Alfred, el vocalista; y «The Cristal Moth», el baterista. La rusa sabía que tenía diversión con ellos 3 y la tendría en ese nuevo sillón color rojo. Pero, desde que formaron Hexagram, jamás tuvo contacto íntimo ni con el bajista japonés Genosuke, ni con el chileno «Criminal», el primero porque siempre la evitaba sin razón aparente, por lo que se sospechaba tenía gustos «homogéneos»; y el segundo, porque era de mente tan obsesiva, que solo se concentraba en componer la próxima canción. De él no podía sospechar lo mismo, porque, en ocasiones muy contadas, se metía con algunas prostitutas o con alguna celebridad femenina que quisiese pasar una noche con él, siempre que no lo encontrasen en su hipnótico estado de concentración, lo cual sucedía casi siempre.

Lena se subió en frente de Akin, juntando su cintura con la del él.

—Ahora te toca estar en frente mío, Akin —dijo Lena, con acento inglés por el tiempo que vivió allá, para luego mirar a Alfred y a Moth—. Ahora, ¿quién de los 2 me llenará detrás y quién me llenará la boca?

Mientras Lena llevaba su lengua a la de Akin para luego llevársela a la de Alfred, en un sillón alejado de ellos, Genosuke miraba nervioso la escena, esperando que la rusa no lo mirara para obligarlo a meterse en la orgía. Efectivamente sus gustos no estaban en las mujeres, pero no lo hacía público a pesar de la creciente aceptación de las minorías sexuales —ni siquiera se lo había contado a sus compañeros. En cuanto al compositor Criminal, sentado en otro sillón más cerca de los otros 4, no se percató de lo que hacían sus compañeros porque solo miraba el piso flotante, pensando en los últimos acontecimientos entre ellos y Dethklok.

Sin que nadie lo esperara, el líder de la banda se levantó con celeridad de su asiento:

—Debemos trabajar.

Todos los demás miembros miraron a su líder, no muy alegres de su acato.

—Pero Criminal —dijo Akin, siendo él el miembro que más confianza tenía con el barbón—, tenemos 2 meses para grabar nuevo material en este búnker. Aprovechemos algo de tiempo libre para divertirnos.

—No dejaremos que Dethklok tome la delantera. Grabaremos nuestro disco en 18 días.

—¿18 días? —dijo Genosuke—. No hablas en serio, ¿o sí?

—No esperes que hagamos material de calidad en poco tiempo —dijo Alfred.

—¿Creen acaso que no podremos? —dijo Criminal—. Recuerden que bandas más patéticas que nosotros han grabado durante menos tiempo.

—No estarás sugiriendo —dijo Lena, mientras abría el cierre del pantalón a Akin— que nos mantengamos en abstinencia durante ese tiempo, ¿verdad?

—Nos enfocaremos 100% en nuestro material —respondió Criminal—, terminaremos en 18 días y luego de terminar su postproducción, iremos directo a ganar terreno en conciertos. Así, por fin acabaremos con la hegemonía de Dethklok.

Todos miraron al compositor en completa decepción. Solo Genosuke estaba relajado por haber «escapado» de la orgía de nuevo.

—Ya oyeron a nuestro líder—dijo Akin, mientras observaba, con decepción, a Lena bajarse de sus piernas.

ΜΛΦΛΜ—

Dethcrucero—

¡Bienvenidos todos al Dethcrucero! —dijo Facebones, la mascota de Dethklok, el cual era proyectado en la enorme pantalla detrás del escenario.

Facebones era un personaje por computadora, un cráneo con ojos realistas y algunos trozos de piel rojiza, con varios cuernos color gris oscuro, destacando 2 enormes cuernos curvos hacia abajo.

»Ustedes, los fans que compraron la entrada para este momento, han iniciado 2 semanas de viaje brutal por el océano atlántico, desde Portugal hasta Canadá. Prepárense para momentos tan épicos como gaviotas y pelícanos cagando el piso —la pantalla mostró el piso de un crucero cubierto de manchas blancas, como si fuese nieve—, el crucero rompiendo bloques de hielo y partiendo por la mitad a algunos animales —apareció un video en donde la forma del Dethcrucero cortaba a la mitad a una ballena azul, de manera sangrienta y gráfica— y lo más importante: death metal al más puro estilo Dethklok, cada 2 días. 4 horas tocando toda su discografía y algunas canciones inéditas. ¡Así que disfruten el viaje más brutal de sus vidas!

Todos los fans aplaudieron y gritaron cuando la pantalla se apagó. El Dethcrucero era una fragata con la forma de una gigantesca espada vikinga, incluso la proa era tan filosa que la gente se podía rebanar los dedos con solo rozar la punta

En los días donde tocaban, Dethklok ponía todo su empeño en sus instrumentos con todo el volumen de sus amplificadores, haciendo que la gente quedara sorda al final de cada presentación y, de paso, asustando a los animales marinos cercanos al crucero. En los días intermedios, donde no tocaban, hacían sus actividades normales, como alcoholizarse, drogarse y tener sexo con algunas groupies(*) en el crucero, antes de practicar para el día siguiente.

En uno de esos días, Abigail miraba el mar desde el babor del crucero, con serenidad. Momentos después, Nathan apareció al lado derecho de la mánager.

—¿Ya no te sientes preocupada? —dijo el vocalista, en un tono tan bajo que su voz gutural se sentía más potente—. ¿Ahora confías que Dethklok se pasará por el culo a esas bandas que dicen ser superiores a nosotros?

—Siempre confié, Nathan —dijo Abigail—. Quería asegurarme que lo hicieran ustedes.

Se miraron durante un largo instante. En un parpadeo, ambos se abrazaron y se dieron un apasionado beso. El vocalista se apoyó de espaldas contra las barandillas para recibir a su mujer. Mientras él llevó sus manos desde la cintura a las nalgas de Abigail, ésta llevó su mano hasta el endurecido «salchichón» de Nathan.

Cuando se conocieron, Nathan y Abigail fueron mostrando deseo sexual mutuo con el tiempo y tuvieron encuentros «ligeros» una que otra vez. Pero su relación formal se concretó luego del rescate de la actual manager y Toki, protagonizado por el resto de la banda.

—¡Vamos a tu habitación! —dijo Abigail, con evidente deseo.

Nathan, mostrando un par de gotas de sudor en su frente, asintió y dejó que la mánager la llevase a la habitación reservada para él. Era una lujosa habitación, con cama de 2 plazas, sabanas de seda color rojo oscuro y almohadas con formas de la mascota Facebones. Nathan se sentó en la cama y Abigail, sobre él. Mientras la mánager estaba a punto de sacarse la blusa, notaron que alguien estaba sentado en la silla, mirando con tal mutismo a la pareja que se dieron cuenta luego de varios minutos.

—¡Ah! ¡¿Qué haces aquí, Knubble?! —gritó Abigail, bajando su blusa, demostrando pudor.

—Eeeeh… algo.

Dick Knubble era un ingeniero sonidista, un rubio de edad con unos implantes electrónicos que reemplazaban sus ojos, luego que les hubiese explotado por una sesión de grabación de la banda. Trabajó durante mucho tiempo en los álbumes de Dethklok. Y aunque hubo un momento en que Abigail le reemplazó en el puesto, cuando ésta se volvió la nueva mánager, retornó a su puesto entusiasmado.

—¿Qué cosa? —preguntó Nathan.

—Eeeeh… buscando… ¡esto! —Knubble tomo un dethphone con sus dedos pulgar e índice.

—Ese es mi dethphone.

—¿De veras? Bueno… ya lo encontré, así que no tengo más que hacer. Hagan lo suyo, ignórenme.

—No podemos —dijo Abigail—, no mientras nos estés mirando como un sicópata sexual. Tus ojos electrónicos me incomodan.

—Pero no tiene nada de malo que los mire.

—Ah, quédate aquí… —dijo Nathan—. Vamos a otra parte.

ΜΛΦΛΜ—

Buscando un lugar privado, la pareja se arriesgó por ir la sala de ensayo de la banda, la cual estaba vacía la mayor parte del tiempo.

—Este lugar es apropiado —dijo el de la voz gutural.

Fueron a una orilla de la sala. Estaban a punto de quitarse la ropa, cuando unos rasgueos de guitarra sonaron a través de los parlantes.

—¿Pero qué…?

Sin haberse dado cuenta, los demás miembros de Dethklok estaban sosteniendo sus instrumentos, preparados para ensayar.

—¿Nathan? —dijo Pickles.

—Y Abigail —dijo Toki.

—Oigan —dijo Nathan, encima de Abigail—, ¿Se puede saber que hacen acá?

—¿No es obvio? —dijo Murderface—. Estamos ensayando.

—Pero ¿por qué van a ensayar sin haberme avisado?

—Te buscamos por todas partes —dijo Skwisgaar—, pero no apareciste. Ni siquiera contestaste tu Dethphone.

—Knubble me lo pidió prestado —dijo Nathan—, más o menos.

—Ya no importa —dijo Pickles—, porque vemos que estás en un negocio importante…

Nathan y Abigail se miraron.

—Nathan… —dijo la mánager.

—No se preocupen por nosotros —dijo Murderface—. Sigan con lo suyo, haremos como que no están, nos mantendremos tocando a volumen bajo.

—Lo siento, chicos —dijo Nathan—. A Abigail le molesta ver… muchos ojos mirándola.

—¡Ja ja! —rio Toki—. ¿Es una especie de santita?

—¡Toki! — Se quejó Abigail.

El guitarrista de bigote extendido mostró susto a través de las manos sobre su boca.

—Eh… chicos —dijo Nathan—, es complicado, no podemos estar aquí. Vamos, Abigail.

La pareja se levantó y salió de la sala. Los miembros se miraron.

—Desconozco a Nathan —dijo Skwisgaar.

—¿Desconocerlo? —dijo Pickles—. Pero si Nathan siempre se arrastra como perro a los pies de sus jefas. ¿No se acuerdan todas las veces que las trajo a nuestros ensayos?

Los demás le dieron la razón a Pickles. Hablaron un largo tiempo de las relaciones del vocalista, para luego pasar a otras anécdotas. Estuvieron horas hablando y cuando se acordaron que debían ensayar, ya era tarde.

ΜΛΦΛΜ—

La noche asomó en el cielo y la luna estaba en su fase creciente. Nathan y Abigail recorrieron todo el crucero en busca de esa intimidad que tanto querían, pero jamás la encontraron. Resignados, llegaron hasta la proa, cuya presencia de luz era leve, lo suficiente para apreciar el cielo estrellado en abundancia, adornado por el sonido del mar fluyendo y los animales, como delfines, orcas y lobos marinos, siendo rebanados por el filo del crucero. La mánager sintió sus piernas cansadas y su cuerpo, falto de energía.

—Perdí las ganas, Nathan.

—¿Que perdiste qué? —respondió el vocalista de Dethklok, asustado por suponer la respuesta que recibiría —No creo que te refieras a las ganas de… ya sabes qué.

—Ya no estoy de ánimos para tener sexo.

—¿Pero cómo? Pe-pero… Estábamos a punto…

Sabiendo que Nathan intentaba a toda costa mantener la idea de «congeniar», Abigail respondió:

—No es posible encontrar la intimidad acá. Pero mejor concéntrate en la banda, que deben desbancar a Hexagram.

Resignado, Nathan posó sus hombros en Abigail y apoyó su pecho en su espalda.

—De acuerdo. Ya podremos tener un mejor momento.

Y así, la pareja se mantuvo contemplando en tranquilidad el mar iluminado por la luna.

De repente, Abigail sintió unos dedos meterse entre su cinturón y los costados de su cintura. De inmediato, sintió una repentina brisa en su entrepierna y su cinturón apretándoles los muslos.

—¡¿Qué haces, Nathan?!

Y algo tibio se posó entre medio de sus piernas, antes de ingresar a la «caverna».

—¡Nathan, hay gente cerca! ¡No hagas…! Oh, Nathan… Oh, Nathan… ¡Oh, Nathan!

El vocalista posó sus manos en la cintura de Abigail y ésta llevó su brazo hasta la nuca de Nathan para acomodarse en esa posición. El movimiento de caderas no se hizo esperar. Ambos esperaban ese momento, pero más Nathan, que hace mucho que no «remojaba la nutria». Ya nada les importaba.

Por eso no se contuvieron cuando el personal que grababa un programa en vivo por televisión estaba cerca de ellos.

—Por acá está el escenario donde Dethklok toca —dijo la periodista de vestimenta juvenil a su camarógrafo—… Estamos cerca de la proa del Dethcrucero, donde ahora vemos al vocalista Nathan Explosion poniéndosela a una groupie… esperen, ¡no es una groupie, es al manager Abigail Remeltindrinc!

Ese momento fue televisado por los canales de todo el mundo, no solo en el Minuto Dethklok. Y si bien, Abigail perdió reputación al quedar como una puta, las ventas de discos y mercancía de la banda subieron como la espuma desde ese día.


NOTAS

*Las groupies son fans acérrimos de una celebridad o banda musical, que asisten a todo evento posible con tal de tener oportunidad de verlos en persona. El término se volvió peyorativo, asociándolo a las chicas que tienen sexo con sus ídolos.