Acabo de descubrir que han doblado la cuarta temporada de Metalocalypse al español (en español de España, claro), la que antes quedó exenta de doblaje por alguna razón. Ahora se encuentra en HBO Max, así que a los interesados, aprovechen de verlo antes que la plataforma desaparezca XD.
Diría que esto sería una esperanza para finalizar por fin la franquicia, pero por desgracia, pertenece a
Adult Swim, subsidiaria de Warner Discovery. Si grandes proyectos animados se cancelaron por la fusión, con menor razón Metalocalypse tendría la atención de los grandes ejecutivos. Qué tristeza ilusionarme de ese modo.

EDIT: Antes de cualquier cosa, les informo que los diálogos referentes a la comunidad progre están adaptados al sentimiento de la serie misma y no representan necesariamente mis pensamientos. Lo digo en caso de que planeen alguna funa o algo en mi contra, además de que mantendré ese tipo de humor a lo largo del fic. Quedan advertidos :D

A lo que nos compete: Traigo nuevo capítulo para el ya casi inexistente fandom. Espero lo disfruten.


Madagascar

En un escenario armado, Dethklok realizaba su más grande concierto al aire libre desde hace mucho tiempo, dentro de la frondosa y exótica selva africana. Fueron invitados por la compañía Pentagon, reconocida por su área de experimentación genética y por algunos escándalos de corrupción, relacionados a secuestros y maltrato animal.

Abigail aceptó la oferta del gerente en persona, nombrado Ken Shawn-Rock Pentagon, con el supuesto motivo de crear conciencia del daño provocado a la naturaleza, daño que su propia empresa realizaba.

—¿Tenemos que tocar música para unos animales y unos hippies de mierda? —se quejó Murderface.

—Es típica estrategia empresarial —respondió Abigail—. La empresa Pentagon no puede ser más corrupta de lo que ya es. Así que trata de limpiar su imagen con campañas políticas y publicidad. Solo hacemos este concierto porque nos ofrecen una buena paga.

—Buen punto —dijo Pickles, mientras todos se mostraban conformes con la respuesta.

La manager omitió, además, que el concierto era una fachada para liberar unos animales genéticamente modificados a la isla, para deshacerse de ellos una vez finalizado y limpiar evidencias en contra de Pentagon.

Dentro del interludio del concierto, el empresario que auspició la realización del concierto se presentó medio del escenario:

—Es un honor tener a Dethklok con nosotros, porque saben que están apoyando una causa justa y no sólo porque la prensa nos catalogue como una empresa corrupta, que quiere lavar su imagen o porque estemos contra las leyes de la naturaleza. Eso no es verdad, señores…

El discurso fue innecesariamente extenso, tanto así que los fanáticos y animales que merodeaban cerca comenzaron a abuchear, lanzar objetos al escenario y exigir a Dethklok de regreso. El presidente de Pentagon se vio obligado a dejar inconcluso su discurso y permitir la entrada a la banda que todos esperaban.

Ya acerca de terminar el concierto, se presentó una mujer dentro del reducido público y la enormidad de animales. Se trataba de una mujer flacucha, pelirroja por tintarse el cabello y con vestimenta que alternaba entre lo hippie y lo militar.

—¡Malditos mentirosos! ¡Sólo están utilizando a Dethklok como pantalla para encubrir sus crímenes y salir limpios de todo!

Parecía que sus protestas quedarían en el aire. Pero, sin que nadie lo esperase, uno de los miembros de la banda prestaba mucha atención a sus palabras combativas, no era otro que Skwisgaar. Eso contribuyó a que la moral del guitarrista líder decayese cuando la activista pronunció:

—¡A ustedes lo admiraba y terminaron sirviendo a los poderosos! ¡Vendidos!

Detrás del escenario, Abigail vio lo que ocurría y les dijo a sus Klokateers:

—Desháganse de la fastidiosa. Mátenla, si es necesario.

Los Klokateers fueron tras la activista. Se metieron entre el público para alcanzarla, pero no contaron que esa mujer se escaparía de sus manos con mucha agilidad, saltando e infiltrándose entre la multitud. Su práctica de pankour le dio la habilidad de evadir a las fuerzas del orden en más de una ocasión.

—Esa perra es ágil —dijo Nathan con el micrófono, mientras tocaban otra canción.

La mujer logró huir tras el escenario y entrar a una tienda cerrada entre enormes mantos grises, donde descubrió una enormidad de jaulas, la cuales encerraban las más crudas abominaciones que la empresa Pentagon había creado. La mujer mostró un rostro horrorizado ante tales bestias y se exaltó mucho más al escuchar los pasos de sus perseguidores. De forma inesperada, con su brazo pasó a llevar el cerrojo en una de las jaulas, lo cual logró que los animales al interior, unas orcas color rojo con 6 patas de caballo, se soltaran y se abalanzaran hacia su liberadora.

Entre todo el alboroto, las orcas golpearon más jaulas, de donde salieron toda clase de animales mutados que contribuyeron a abrir el total de las jaulas. Cuando estas criaturas llegaron al escenario, los animales nativos lograron huir a tiempo, más no la fanaticada. Leones con plumas mordían a las personas, gorilas de 4 brazos despedazaban lo que encontraban a su paso, halcones con ojos de araña picoteaban a otros… Era una masacre que, como siempre, ignoraba Dethklok y su personal, que seguían tocando sus éxitos. Ni hablar de la activista, que terminó convertida en huesos.

—¡Salieron antes de tiempo! —dijo Pentagon, despavorido.

El presidente subió al escenario y vio que se cruzó, de improviso, con una oveja con cara de humano.

—¡Proteeeeegemeeeee, paaaadreeeee! —dijo la criatura, emulando la voz de una oveja.

Por el enorme susto el dueño, pidió una escopeta y le disparó a sangre fría. Mientras escapaban, los miembros miraban indiferentes:

—Parece que terminamos antes de tiempo —dijo Toki.

—Da igual, nos pagarán por el concierto completo —dijo Murderface.

Todos estaban relajados luego del concierto, excepto una persona. Skwisgaar se mantuvo pensativo por la mujer mutilada y los animales modificados, se preguntaba si la banda era vendida, si acaso había forma de contribuir a la sociedad.

ΜΛΦΛΜ—

Mordhaus—

4 de los 5 miembros de la banda preparaban material para su próximo disco, con el objetivo final de competir contra sus rivales Hexagram. Tenían algo avanzado, pero aún se preguntaban qué pasaba con Skwisgaar.

—Vamos a cumplir una hora de ensayo y aún no aparece —dijo Toki.

—Si no está, ¿quién grabará mis líneas de bajo? —se quejó Murderface.

—Tienes absoluta razón —dijo Nathan—, si lo hicieses tú, el sonido quedaría horrible.

No obstante, vieron a alguien acercarse a ellos. La banda quedó con una expresión de extrañeza al ver aparecer al escandinavo, con traje de militar y boina roja.

—¿Qué demonios haces vestido así? —le dijo Pickles.

—Estoy harto de crear música sin contenido —respondió Skwisgaar—. Quiero hacer algo con mi talento, quiero ayudar a la gente a cambiar su pensamiento, a iniciar la revolución contra el capitalismo.

—¿Revolución, dices? —preguntó Toki.

—¿Y qué tiene eso que ver con el traje? —agregó Nathan.

—Un tipo de un país pobre lo usaba porque ya no quería ser pobre. ¡Muerte al capitalismo y al sistema opresor heteropatriarcal!

—No entiendo ni mierdas —dijo Murderface.

El escandinavo revolucionario sacó un puro e intentó encenderlo mientras hablaba, sin conseguirlo:

—Me di cuenta que estamos haciendo mal. No estamos concientizando a la gente.

—Oye, no somos samaritanos —respondió Nathan—. Ni nos importan nuestros fans, solo nos importan que nos traigan dinero. Que hagan lo que quieran con sus vidas.

—¡El pueblo debe recuperar el poder y dinero de los poderosos!

—Yo estoy repleto de dinero —se quejó Pickles— y no voy a regalárselo a unos pobres vagabundos. Si quieren dinero, que trabajen.

—Típico pensamiento retrógrado, me río de ti. Estuve hablando con una organización que fomenta la revolución y me dijeron que ustedes entrarían en estado de negación a nuestras ideas.

—No me imagino lo estúpidas que son esas ideas —dijo Murderface—, por algo es que las ignoran.

—Bueno —siguió el escandinavo, mientras lanzaba el puro a lo lejos—, les diré que, como muestra de generosidad, decidí agendar un concierto con nuestros camaradas.

En ese momento, los miembros de Dethklok mostraron expresión de sorpresa por el movimiento tan radical de Skwisgaar.

—¿Agendar? —dijo Toki, incrédulo.

—¿Le contaste siquiera a Abigail de ese concierto? —preguntó Nathan—. Sabes que no le gusta que negociemos sin su consentimiento.

—¿O siquiera cobraste bien por la presentación? —agregó Pickles.

—Nada de eso importa —respondió Skwisgaar—. Lo importante es que estemos ahí para el momento de la gran batalla final: la libertad del pueblo contra el poder.

Los demás llevaron sus palmas a la frente. No querían aparecerse en un concierto para gente conocida por quejarse de todo y querer las cosas de a gratis.

ΜΛΦΛΜ—

Recinto de organización Revolución Para Todes

Dethklok llegó a un recinto metálico en completo descuido. Su piso estaba cementado a la rápida, lo cual se notaba por el desnivelado y algunos agujeros en el piso; su techo era de acero y zinc y sus muros de lata oxidada tenían rayones por montón, aludiendo a la revolución del pueblo. Ninguno de los músicos estaba contento con la precaria infraestructura, solo Skwisgaar sonreía.

Mientras preparaban sus cosas en el improvisado escenario, se les acercó el organizador:

—Compañere Skwisgaar —dijo un tipo delgado, vestido con buzo deportivo celeste para mujer, con su cabello azul y notorios rasgos masculinos.

—Compañero Pamelo —devolvió el saludo el escandinavo.

—Es un gusto que viniesen en el mejor momento posible. Nos estamos reponiendo de algunas bajas, nos dolió que las motoristas del METLA se disolvieran, pero nos mantendremos firmes.

No obstante, el líder del recinto no evitó esquivar la penetrante mirada de Murderface, quien le miraba con ojos entrecerrados y una enorme curiosidad. Tanto fue así que el bajista no evitó preguntarle:

—Disculpa, flaco, ¿eres hombre o mujer?

—Señor —respondió Pamelo—, a mí no me definen conceptos binarios.

—Lo digo porque como tienes cabello y pestañas teñidas, pero tu bigote resalta mucho.

—Verdad —agregó Toki—. Si vas al gimnasio, se te notaría mucho más la musculatura.

—Chicos, chicos —interrumpió Skwisgaar—, no importa que Pamelo sea un fenómeno de la naturaleza, lo importante es que nos queda poco para preparar el equipo y tocar.

Haciendo caso al guitarrista, los demás continuaron los preparativos.

—Esto es un asco —dijo Nathan.

—¿Quién? —dijo Pickles—, ¿el tipo de pelo azul?

—Aparte. Me refiero al recinto, no pensé que volveríamos a tocar en un lado propenso a derrumbarse por el sonido.

—Eso es la revolución, Nathan —dijo Skwisgaar—: ser pobres, pero iguales.

—Si ser igual significa estar pobre —dijo Toki—, entonces prefiero estar donde estoy.

—Por eso le meteremos algo de más costo —dijo Nathan—. Menos mal tenemos trajes ideales para la ocasión.

Cuando Dethklok fue a buscar los trajes, el líder Pamelo subió al escenario para dar la presentación:

—Gracias a todos los miembros, por asistir de nuevo a nuestra reunión por una revolución justa. Y créanme que es una reunión muy especial, porque tenemos el agrado… o mejor dicho: «el honor», de contar con un nuevo compañere que se une a nuestra causa, para luchar contra el sistema agresor y los derechos del pueblo.

El público aplaudió con un enorme fervor.

»Él es miembro de la banda más famosa del mundo, quien supo que luego de cantar letras vacías, abrió los ojos y ahora luchará contra el sistema. ¡Denle la bienvenida a Skwisgaar y a la banda Dethklok!

Los aplausos y los gritos resonaron dentro del recinto, los mismos que disminuyeron de forma abrupta al ver que sus invitados de fama mundial aparecían en costosos trajes de seda.

—Pero… ¿Por qué visten así? —preguntó Pamelo, con espasmo.

—Porque tenemos dinero para comprar más —contestó Murderface.

El público gimió por la respuesta del bajista. Aquello provocó un odio generalizado hacia la banda, los abucheos y los gritos de odio no se hicieron esperar.

El escandinavo buscaba una explicación convincente para calmar al público, pero no pudo decir nada debido a la sorpresiva entrada de los Klokateers, que se metieron entre el público a frenar el alboroto y separar lo más posible al público del escenario. Entre estos, Abigail apareció con una mirada airada, que hizo paralizar a Dethklok. Luego de subir a la tarima, la mánager les preguntó:

—¿De quién fue la idea?

Todos apuntaron a Skwisgaar como respuesta, quien levantó una ceja en señal de descontento.

»¿Y siquiera cobraste?

Ante la negativa del noruego, la mánager usó los dedos de su mano para frotarse las sienes. Acto seguido, fue hasta el micrófono en un atril y lo encendió.

»Escuchen bien, porque dejaremos las cosas bien en claro: Dethklok no trabaja por limosnas, trabaja por dinero… y mucho dinero. Comen las mejores comidas, reciben a las mejores prostitutas, lujos, comodidades. Y todo porque lo consiguieron con esfuerzo, cosa que ustedes, gente llorona que busca que les regalen todo porque son unos fracasados en la vida, no comprenderían, porque no hacen el mínimo esfuerzo por lograr nada.

Las palabras de Abigail no hicieron más que elevar la ya alta exacerbación del público presente, tanto así que Pamelo les respondió:

—¡No dejaremos que una mujer heteropatriarcal nos diga que hacer!

—No tengo que decir nada —respondió Abigail— para que ustedes hagan lo que yo quiero.

Ante tal provocación, Pamelo levantó su mano derecha para ordenar a los miembros de su organización a sacar armas. Dicho y hecho, los presentes sacaron pistolas de procedencia militar obtenidas de forma ilegal, todos intentando apuntar a la manager. Sin embargo, ésta sabía del fanatismo casi religioso de grupos como estos, por lo que se limitó a sonreír:

—Predecibles.

Con un gesto de su mano, Abigail pidió a los klokateers sacar sus propias armas e iniciar una batalla campal. Todo el caos fue una distracción para sacar a los miembros de Dethklok del recinto y llevarlos sanos y salvos al Dethcopter, para finalmente escapar de la zona de guerra.

Pasado algunos minutos y estando segura que estaban en completa calma, Abigail se les acercó y le dijo a Skwisgaar:

—¿Tienes algo que decir?

Y el escandinavo respondió con total seguridad:

—Eh... ¡Ups!