Come on, come on
Jump a little higher
Come on, come on
If you feel a little lighter
Come on, come on
We were once
Upon a time in love
We're accidentally in love
Wright despertó la mañana del veinticuatro de Diciembre, con el ceño fruncido. Por supuesto, le gustaba la Navidad. Pero no estaba con su familia, y tenía que pasarlo con el idiota de turno.
-Eh, Spensaurus.
-Deja los motes. -Soltó el castaño agarrando su cabeza, apenas recordaba el día anterior. Hasta que la imagen del beso se hizo presente en su cerebro. -¡AAAAAH!
-¿QUÉ? ¿QUÉ PASA? -Billy se subió a la cama, asustado mientras Spencer no dejaba de gritar.
-TÚ Y YO. NOS HEMOS BESADO.
-... ¿Eres tonto? -Cobra suspiró volviéndose a sentar, y pasando la mano por sus cabellos azabache. -Me has asustado.
El pequeño se quedó mirando un punto fijo, reflexionando... Su primer beso había sido con "ese". Cuando sus hijas le preguntasen...
"¡Papá! ¡Papá! ¿Cómo fue tu primer beso?"
Él tendría que responderles;
"Oh... Fue con el matón que me amargó la existencia en el instituto."
Y entonces, saldría Billy de la cocina con un delantal para llamar a sus hijas a almorzar. Y le diría algo como;
"¿Qué tal el trabajo cielo?"
-¡AAAAAAAAAAH! -El moreno volvió a asustarse y a gritar.
-¿QUÉ?
-¡NO QUIERO TENER TUS HIJAS!
-¿QUÉ DICES?
La mañana transcurrió más o menos igual, entre gritos y peleas. Hasta que sobre las doce, Paula entró a la habitación con una sonrisa.
-¡Feliz nochebuena, chicos! -Esquivó un par de cojines que Spencer le lanzó a Cobra, y se sentó en el sofá. -¿Qué tal la cita de ayer?
-¡MAL!
-¡Genial~!
-¡Hehe! Me alegro. Gracias a vosotros ahora tengo fotos para la exclusiva. -La castaña encendió la tele.
-¿CÓMO? -Billy no pareció alterarse, pero Wright estaba hecho una furia. -¿FOTOS?
-Oh, seguro que no tienes la foto de cuando nos besamos.
Paula entrecerró los ojos, un poco incrédula. Si no hubiese sido porque Spencer se puso del color de una señal de Stop, jamás lo habría creído. ¡Se habían besado! ¡Y NO LO TENÍA! ¿Qué clase de reportera era? ¡El hecho más importante del Saint Grimm en todo el año y no lo tenía!
-B-bueno... Cambiando de tema... -La castaña no quería seguir siendo humillada por su incompetencia periodística. -¿Ya tenéis regalo para Navidad?
-Por supuesto. -Sonrió el moreno.
-¿Regalo..? -Spencer se relajó un poco, y los miró confuso. -¿Vais a hacerme un regalo?
-Claro... ¿Tú no pensabas hacernos ninguno a nosotros? -Paula hizo un pucherito, y el pequeño comenzó a sentir una gran culpabilidad en su barriga.
-Oh... ¡C-claro que si! ¡Hahaha! ¡Me habéis chafado la sorpresa! -Se puso una camiseta por encima del pijamas, y se cambió los pantalones. Luego se acercó a la puerta. -Tengo que ir a... hacer unas gestiones. -Y se marchó.
Paula y Cobra se miraron con una sonrisa divertida.
¡Mierda! ¡Mierda! No tenía ni idea de qué comprarles. Y para colmo apenas tenía dinero para un regalo. Se sentó en la fuente que había en medio del jardín del campus y comenzó a pensar.
El año pasado su madre le enseñó a tejer una bufanda, y le hizo una bastante decente a su padre. Podía comprarle un collar barato a Paula y hacerle la bufanda cutre a Cobra. Estaba segurísimo de que la muchacha no iba a llevar algo de lana, y menos con errores, así que ya tenía regalo para ambos.
Salió corriendo hasta una pequeña tienda que había al lado de el cine del campus. Compró un par de ovillos de lana, agujas grandes, y un bonito collar blanco de perlas, que casi se llevó todos sus ahorros.
Se sentó en un banco, rodeado de árboles donde solían ir las parejas a enrollarse. Pero claro, esos días no había nadie. Comenzó a tejer, un poco nervioso, ya que casi no recordaba como hacerlo. Tuvo que revisar varios tutoriales en su móvil, hasta que su batería murió, y se las acabó apañando solo.
Pasó lo que le quedó de mañana tejiendo la estúpida bufanda. Cuando le entró hambre pidió un menú para llevar en el Burguer King.
"Tanta comida basura no es buena..." Pensó mientras le daba un bocado a su hamburguesa, y seguía trabajando.
Cuando quiso darse cuenta, el sol se había puesto. Toda la tarde haciendo algo para el imbécil de turno... Seguro que después ni siquiera le hacía un regalo decente... Vaya mierda.
-Señor Wright. Es hora de volver a las habitaciones.
-¡Ah! ¡Si!
¡Aún no había acabado! ¿Qué hora era? ¿Ya era la medianoche? Maldita sea... Tendría que acabar a escondidas del moreno.
-¡Spencer, oye! ¡Pensé que te habían secuestrado! -Cobra fue a tirarse encima, pero el pequeño lo esquivó, y entró al baño cargado con una bolsa grande. -¿A dónde vas?
-Es un secreto. -Soltó frunciendo el ceño. Billy se sonrojó un poco, por la linda expresión de Wright, y asintió lentamente. Luego cerró con llave.
Pasó algunas horas ahí metido, y de vez en cuando soltaba gritos como: "¡MIERDA!" o "¡DUELE JODER!". Pero cuando el moreno corría hasta la puerta y le preguntaba que qué le pasaba, el pequeño lo mandaba a la mierda. En fin... Tendría que esperar.
Acabó por dormirse sobre las tres de la mañana, y a la media hora Spencer salió con un par de regalos. Sonrió un poco y los guardó bajo su cama.
A pesar de haberse hecho bastantes heridas en las manos, la bufanda había quedado bastante chula. Estaba orgulloso de su creación. Y pensar que se la tendría que dar a Cobra...
Se echó en su cama y cerró lentamente los ojos, con un peso menos. Tenía que admitir que estaba un poco emocionado, por saber que le iban a regalar, y ver la cara de Paula. (Y por qué no admitirlo, la de Billy también.) Se agarró las manos llenas de tiritas mal colocadas, y las puso bajo la almohada, cayendo dormido con un suspiró.
-¡SPENCER! ¡SPENCER! -Alguien comenzó a zarandear al pequeño, con fuerza.
-Ugh... ¿Qué hora es...?
-¡LAS NUEVE! ¡HORA DE LOS REGALOS! -Los ojos chocolates de Wright reflejaban odio y cansancio, pero se levantó con lentitud.
-Maldita sea, Cobra... Es muy temprano... -Susurró.
-¡El tuyo primero, vamos!
-Vale... -Suspiró y se levantó del todo, contagiándose un poco de la emoción del moreno.
Se agachó con una sonrisa y sacó un regalo mal envuelto con papel celeste, que tenía escrito en una tarjeta "Cobra".
-Feliz navidad, idiota.
El mayor agarró el regalo sonriendo, y comenzó a desenvolverlo sin ningún cuidado, mientras Spencer le miraba un poco ilusionado. Los ojos esmeralda de Cobra reflejaban emoción cuando agarró la bufanda roja y azul, con sus iniciales grabadas en una punta. Tenía algunos errores, pero se veía calentita. Además, la había hecho Spencer, ¡Con sus propias manos!
Hablando de manos... Posó su mirada en las del pequeño, que estaban ocultas tras su espalda.
-¿Te gusta? -Sonrió un poco.
-¡Sí! -Cobra le devolvió la sonrisa, poniéndose su regalo alrededor del cuello. -¡Ahora el tuyo!
Se acercó al armario, y sacó un paquete perfectamente envuelto, con un lazo rojo. Se lo ofreció a Spencer, el cual estiró los brazos para recogerlo, pero Cobra tiró el regalo a la cama y agarró al pequeño de las manos.
-¡AJA! ¿Y esto? -El castaño se sonrojó, bastante avergonzado.
-¡N-no! ¡Suelta! -Soltó frunciendo el ceño.
-Tienes las manos llenas de heridas, dude. -Le miró con preocupación. -¿Te las hiciste anoche, verdad?
-Cállate. Tu no sabes nada. -Spencer le dio un golpe, y se soltó. -¡Esto me lo hice hace tiempo ya!
-Ya claro... Te las hiciste haciendo mi regalo. -Cobra no pudo evitar sentirse algo bien. -¿Acaso te gusto, Wright?
-¿CÓMO?
-¿Por qué si no ibas a esforzarte tanto en un regalo para mi? -El moreno comenzó a reír.
-Por supuesto que no me gustas, maldito narcisista de mierda.
-¿Ah? Demuéstralo.
-¿Cómo quieres que te lo demuestre?
El rostro de Billy se acercó un poco al suyo, con una sonrisa maliciosa.
-Bésame y dime que no te gusto. -Spencer se sonrojó hasta las orejas, y entrecerró los ojos.
-¿Perdón?
-Dame un beso, y si de verdad no te gusta estaré equivocado. Pero si te gus-
No pudo acabar la oración, porque el pequeño castaño le agarró de la nuca y tumbó hasta su altura para chocar sus labios con fuerza. Al principio pilló desprevenido a Cobra, pero en cuestión de segundos tomó el control del beso. Sacó un gemido a Spencer, que le hizo sonrojarse bastante. ¿Cómo podía ser alguien TAN atrayente?
No pudo disfrutar mucho más, porque tan rápido como se había acercado, se separó limpiándose la boca con la manga.
-Nada. -Soltó con un adorable rubor.
-Ah... Entonces, ¿por qué no te has negado a besarme en primer lugar?
-...
-¡FELIZ NAVIDAD, CHICOS! -Paula entró, vestida de Papá Noel para la ocasión. Una vez más encontró la típica escena de golpes e insultos por parte de Wright, y de sonrisas y frases sarcásticas por la de Cobra. Sólo que este último llevaba una bufanda sin camiseta. -¿Y esa bufanda?
Ambos se le quedaron mirando un rato, como si no se hubieran percatado de su presencia, y Spencer entrecerró los ojos.
-¡Te des-regalo la bufanda!
-Ah, no. Ahora es mía~
-¡NO QUIERO!
-¿Qué te ha regalado a ti, Spence? -Los dos le miraron de nuevo, y el moreno sonrió ampliamente, como si fuese un niño al que le acabasen de dar caramelos.
-¡ABRE MI REGALO! ¡ABRE MI REGALO!
El castaño pareció relajarse un poco y se estiró hasta la cama, para agarrar el paquete envuelto. A diferencia de Cobra, lo desenvolvió con cuidado intentando no romper el papel, y abrió la caja con lentitud.
-¡Vamos!
Cuando por fin acabó de abrir su regalo, se sonrojó levemente. Metió las manos en la caja con una pequeña sonrisa, y sacó un peluche rojo de un fantasma grande, y bastante lindo. Miró con emoción a Cobra, y puso la expresión más adorable que había visto el mayor en toda su vida.
-Gracias, Billy.
-¡Ah! ¿T-te gusta? -¿Por qué demonios se ponía nervioso ahora?
-¡Me gusta mucho!
El flash de una cámara los hizo apartar la mirada el uno del otro, para centrarla en Paula.
-¡Ah, no! Seguid. -Sonrió con inocencia.
-Tenemos que darte tu regalo, ¿no? -Rió Spencer un poco. Agarró un paquete alargado y blanco de debajo de su cama y se lo dio a la chica. -Aquí tienes.
-¡Oh!
Ella abrió el papel con cuidado también, mientras sonreía emocionada. Dentro, había una cajita bastante bonita con una cerradura dorada. La levantó un poco, y se encontró con un collar de perlas precioso.
-¡Spencer! ¡Es genial! -Soltó un grito, abrazando al chico.
-Me alegro de que te guste. -Rió el chico. Una mano los separó, y Billy le ofreció una mirada envenenada a la "parejita".
-Me toca. Toma. Feliz Navidad. -Soltó dándole un paquete a la chica, que se apartó con otra mirada de ilusión.
-¡Más regalos! ¡Bieen!
Este era un poco más grande, así que lo abrió con más velocidad. Dentro, había una caja de una cámara de marca lujosa. Spencer pudo ver como su mirada se iluminaba.
-¡OH DIOS MIO! ¡ES PERFECTA! ¡ESTABA AHORRANDO PARA COMPRARLA! -Billy sonrió.
-De nada.
-¡Sois los mejores! -Gritó dándoles un abrazo con fuerza. Los dos chicos se miraron con una sonrisa. -¡Ahora toca mi regalo!
La castaña salió afuera de la habitación dando saltitos. Spencer y Billy se miraron interrogantes, hasta que ella volvió a entrar con un paquete lleno de agujeros. Le dio la caja al castaño, que se sonrojó un poco al escuchar ruido desde dentro.
-Es para los dos. -Sonrió la chica. -He hablado con el director, y dice que mientras que no ensucie las zonas comunes, en las reglas se admite una mascota por alumno.
-¿N-nos has comprado un perro?
-Ah... ¡Sí! Es hembra.
Los chicos abrieron la caja, emocionados y sacaron una cría de labrador de color chocolate con unos hermosos ojos azules. Movía la cola de un lado a otro, mientras olisqueaba a sus nuevos dueños que parecían tan emocionados como ella.
-Pero.. Los labradores se hacen enormes... -Dijo preocupado, Spencer.
-El director dice que está seguro de que sus dos alumnos más brillantes sabrán apañárselas. -Dijo la chica, usando su dedo índice como bigote, y imitando la voz del hombre. -¿Cómo la llamaréis?
-No lo se... -Miró a Billy, que había empezado a jugar con el cachorro. -¿Galleta?
-¿Galleta? -Preguntaron los dos, mirando al castaño con curiosidad.
-Es que... Es marrón como una galleta de chocolate... Me gusta. -Sonrió él.
-¡Entonces decidido! A partir de ahora te llamarás Galleta. -Billy abrazó a la perrita sin dejar de sonreír.
-Vaya nombre... -Suspiró con una sonrisa Paula.
Con suerte, la responsabilidad de otro ser vivo harían que Cobra y Wright se uniesen más... O eso pensó ella...
