Capítulo 3

Luke aun intentaba zafarse, sin comprender del todo la situación, con sorpresa. Su Profesor...Negó con fuerza. Daba igual cuantas veces intentara convencerlo. Aquel ya no era su Profesor, ni él su aprendiz. Otra razón por la cual no iba a dejarse llevar por él. Ese hombre, el señor Layton, le había confesado que no había podido seguir su vida sin él, que en todo momento le había faltado su compañía, pero no pensaba perdonarle. Sobretodo porque aquel ya no era el amable y agradable Hershel Layton.

Aun continuaba forcejeando mientras cruzaban el pasillo, Layton con indiferencia y su sonrisa satisfecha de siempre, pero su agarre era más firme y fuerte de lo que Luke pensó en un principio. Su antiguo Profesor no usaba la fuerza, más bien era más dado a utilizar su mente o su espada si la situación lo requería. Por eso le resultó sorprendente el hecho de que tuviera tanta fuerza, o tal vez su repentino cambio tendría que ver.

Cuando se encontraban frente a la puerta, Layton listo para abrirla con su mano libre y que sostenía su bastón de adorno, un sonido como el que hacía un rifle al cargar, sonó tras ellos. Despacio, Layton volteó, su sonrisa altanera sin desaparecer, y Luke, al estar agarrado por él, también volteó sorprendiéndose ante lo que vio.

-Vaya, señora Rose...-comenzó Monocle-...es usted muy perspicaz.

La anciana señora Rose, se encontraba cargando en sus ya débiles manos un rifle que por poco hizo desmayar a Luke. ¡Jamás se hubiera esperado eso!

-Se podía escuchar al pobre Luke desde medio kilómetro...-murmuró a duras penas Rose. Era bastante mayor ya y el rifle le pesaría bastante-...Deja al muchacho, Layton. Le ha hecho suficiente daño ya...

Un nuevo silencio se formó en la sala y la suave risa de Layton se escuchó.

-Luke es mi aprendiz y estará donde debe estar...Conmigo. -finalizó con firmeza la frase. Layton había dicho con tanta seguridad y decisión aquello, que casi parecía querer decirle a Luke que ese sería por y para siempre su destino, y que no habría forma de discutir aquello- Además...-continuó con una sonrisa algo burlona-...todos sabemos, señora Rose, que el arma en realidad no está cargada. Ni siquiera sabe como portar una debidamente...

Al principio, Luke se sorprendió ante la acusación de su antiguo Profesor, pero al observar a Rose, descubrió que era cierto. Nada más terminar su acusación, las manos de Rose temblaron con suavidad y su mirada se volvió dudosa...Layton sonrió, pues fue ahí cuando descubrió que tenía razón. Rose había sido su ayudante en antiguos tiempos y una simple limpiadora de su Universidad.

-Ahora...si es tan amable de apartar esa arma de sus manos, nos haría un gran favor. Antes de que salga lesionada, Rose.

Luke se sorprendió ante la osadía de Layton. Prácticamente, se había burlado de la pobre señora Rose.

Con la mano que sostenía el bastón, Monocle la acercó hasta posarla despacio en el rifle, bajándolo con lentitud. Observó el rostro resignado de la pobre mujer y que miró, casi en una disculpa silenciosa, a Luke. Este vio con tristeza a Rose, antes de que Layton lo obligara a caminar de nuevo por las calles londinenses.

OoOoOoOo

-¡B-Basta! ¡Suélteme! ¡N-No iré con usted!-siguió quejándose por el camino Luke, intentando soltarse.

-Harás lo que se te diga, muchacho. -Monocle la lanzó una mirada gélida al niño- Soy tu Profesor.

Luke le vio con el ceño fruncido.

-¡Tu no eres mi Profesor! ¡Además, por lo que tengo entendido, hace bastante tiempo que dejaste el cargo! -con ira, y no supo como, consiguió zafarse y volteó para huir, pero antes de poder hacerlo algo se lo impidió y es que Layton, había cogido su largo bastón y lo había encallado en la pared con fuerza, sosteniéndola con su mano, a la altura del niño. No solo impidiéndole proseguir, sino también, dejándole anonado y algo intimidado. Aquello solo había resuelto su duda de que, efectivamente, no era simplemente de adorno y que Layton tenía más fuerza de la que recordaba.

Levemente volteó su rostro al de su antiguo Profesor, que lo observaba con una sonrisa satisfecha.

-¿A dónde ibas, my boy? Creo no haberte dado permiso para marcharte. -aclaró y, esta vez, le tomó del brazo con fuerza, cogiendo su bastón y prosiguiendo el camino.

Pero no llegaron muy lejos. Un flash hizo cegar a Monocle por un momento, tapando sus ojos con el brazo que sostenía su bastón. Un momento que alguien aprovechó para sujetar a Luke y alejarlo de Layton, echándose a correr.

-¡Oye! ¡¿Quién te crees que...eres...-Luke no pudo continuar. En cuanto el blanco del flash cesó, pues a él también lo había cegado un poco, vio a alguien que no esperó- ¡¿Flora?!

La joven chica le dio una cálida sonrisa a Luke, sin dejar de correr.

-Te lo explicaré todo después. No te preocupes.

-¡P-Pero, pero...!

-Vamos, deja de ser tan hablador.

Luke se sorprendió ante aquella tercera voz a su otro lado.

-¡¿Emmy?!

La chica guiñó un ojo a Luke, la cámara de fotos en sus manos.

-La misma, aprendiz nº 2. -comenzó a reír. Luke, por inercia, frunció el ceño.

-¡Claro que no! ¡Ya te dije que soy el aprendiz nº 1...del Profesor...Layton...-despacio, la frase quedó ahogada en el interior de muchacho, sintiéndose algo mal. Emmy le sonrió comprensiva.

-No te preocupes, Luke. Hablaremos después.

Dicho esto, los tres se perdieron por las grandes calles transitadas.

OoOoOoOo

Monocle Layton solo pudo agitar su bastón enfurecido, pero en cuanto les vio los perdió cuando doblaron una esquina. ¡Esas muchachas! Debió haberlo pensado antes. Claro que no entraba en sus posibilidades. Flora fue la primera en enterarse de sus cambios y planes, y por prevención se alejó de Layton. Buena decisión, aunque tampoco es como si la hubiera necesitado. Más bien, su máxima impresión fue la de Emmy. Ella era lo último que hubiera esperado.

¡Maldición! Ahora su aprendiz se encontraría lejos de él, a saber donde. Por un momento frunció el ceño, pero finalmente sonrió. Él era dueño de Londres, el amo de los Puzzles y genio de la arqueología. Sus presentimientos nunca fallaban. Con una sonrisa algo más segura, pensando en nuevos planes de futuro, ajustó su sombrero de copa y caminó por las calles londinenses. Esperaría. Sabía esperar. Para cuando llegara el momento, su máquina del tiempo estaría lista.