La banda es The dark souls al final me equivoqué, perdón, pero mis momentos de inspiración son en la madrugada y soy igual de funcional que un zombie ebrio.
Y si, tengo una obsesión con Alma, almas, soul…

¡Gracias por los reviews! No creí tenerlos, sinceramente y gracias por leer mi historia. Espero les siga gustando, muchos saludos y espero sus opiniones de éste nuevo cap.

Los personajes le pertenecen a Pendleton Ward y sólo tomé los nombres en la historia que hice, bla bla bla.

Marceline recogió su ropa del suelo mientras la resaca comenzaba a hacerse presente, vistió sus pantalones negros en tubo, su blusa gris, sus botas, tomó su chaqueta y al salir con el debido cuidado de no despertar a la rubia, el sol matutino cegaba sus ojos y unas pequeñas punzadas en la cabeza hicieron acto de presencia, se puso sus Ray-Ban de aviador y arrancó su Maverick hacía su casa. La noche había sido como todas, la banda tocó, siguieron la fiesta, pasó la noche con algún fan del cual no recordaría ni el nombre y ahora, a casa. Sólo había una variante en la rutina de la pelinegra: Bonnibel. La chica del cabello rosa de alguna forma, atrajo mucho a Marceline, quien recordando sus actitudes de la madrugada, sintió algo de vergüenza. Pero finalmente aquella chica estaba fuera de su alcance por dos razones, la primera por ser heterosexual (cosa que igual no era problema grave para la rockera) y segunda, pero no menos importante, Finn estaba saliendo con ella, obviamente no iba a tirar por la borda una amistad de tantos años por un simple antojo lascivo.

Abrió el portón automático y estaciono su Maverick en el garaje, en dónde, para su sorpresa, estaba el Porsche de su padre. El padre de Marceline era un hombre frio, quién rara vez se sorprendía o demostraba algún sentimiento, la única vez que Marceline pudo ver alguna emoción en su rostro fue cuando murió su madre y de eso ya van varios años, después del trágico suceso, la personalidad de él empeoro aún más… Y la de ella también. Aunado a su personalidad, Hunson Abadeer era un hombre completamente ausente en casa y más grave aún, en la vida de Marceline, un importante hombre de negocios que parecía no llenar su autosatisfacción y siempre tenía algún negocio en mente, eso lo hace un hombre lo suficientemente ocupado como para estar 350 de los 365 días del año en su gran oficina.

Marceline entro a casa tratando de pasar desapercibida, pues de los pocos encuentros que tenía con su padre, estos siempre se tornaban conflictivos. Pero el motor del Maverick, que en completo silencio podría escucharse hasta Australia, la había ya delatado. El ama de llaves le llevó el mensaje de su padre "que la esperaba en el despacho principal", tras una mueca de fastidio, Marceline fue a dónde su padre. En el lujoso y enterrado en papeles escritorio de su padre, reposaba una foto familiar del primer viaje a la playa que había hecho la entonces pequeña pelinegra, en los brazos de su madre.

—Tienes un talento natural para parecer vagabunda. — Se quejó el imponente hombre levantando la vista hacía su hija. —Bebiste mucho.
—Sólo fueron unas cervezas. —Intentaba aclarar mientras se sentaba enfrente del atareado hombre. —La banda se presentó ayer en Ooo y decidí…
—No te estaba preguntando, lo estaba afirmando — Interrumpió y tras un suspiro, dejó sus papeles en la mesa y volteó severamente hacía su hija — Piensas pasarte toda tu vida jugando a "la rockera" tocando la guitarra, la universidad no te interesa…
Interrumpiendo a su padre Marceline objetó— No es un juego, además yo toco el bajo no la guitarra y en cuanto a la universidad…
— Nuevamente, no te estaba preguntando. Marceline, no puedes seguir así, tienes veintidós años y no hay rastro de madurez en ti. A tú madre no le hubiera gustado verte así. Matándote lentamente cada día. —Sentencio Hunson señalando la fotografía a su izquierda.
Marceline sintió sus ojos humedecerse cada vez más. — ¿Y qué más da?, Ella no está aquí para regañarme, cuidarme o quererme… —La pelinegra se limpio una traicionera lagrima y continuó, —Y en los mismos veintidós años, no hay rastro de ti nunca. ¿Sabes? Una parte de mi se murió con ella, pero no importa, nunca importa y creo que será mejor que te deje trabajar, así al menos me dejas dormir. —Levantóse de la silla y fue directamente a su cuarto sin ninguna otra objeción de su padre.

Probablemente su padre estaba más ocupado de lo normal pues ahora la dejó ir fácil, generalmente sus discusiones siempre acababan con gritos, sólo por parte de ella pues su padre siempre mantenía la calma, apartado de cualquier emoción. Odiaba que mencionara a su madre a modo de manipulación, aunque para molestia de la chica, ésta vez su padre tenía algo de razón, a su madre no le gustaría verla convertida en una colección de vicios andante. Marceline era la reencarnación de su Madre, piel blanca, cabello largo y negro azulado, delgada y con una sonrisa que impactaba a cualquiera. Su madre murió junto con el que hubiera sido su hermano en un accidente automovilístico, hace trece años, Marceline apenas tenía casi 9 años cuando ocurrió aquél siniestro automovilístico. Miro la cicatriz en su plano abdomen y las lágrimas comenzaron a salir.

Una pequeña lloraba en medio de la calle y una asustada ama de casa salía apresuradamente al jardín preocupada por su pequeña. — ¡Marcy! ¿Estás bien? —reparo la hermosa mujer mientras levantaba a Marceline. —Tranquila cariño, sólo es un raspón, ¿Te duele algo más?
—No, me caí del columpio—Explicó sollozante la pequeña de apenas 5 años —Quería volar como las hadas de la historia.
Tras esto, su enternecida madre la cargó y ya dentro del hogar, atendió la herida dándole un gran abrazo y un beso en el área afectada. —Listo amor, no siempre podré cuidarte, pero cuando tengas un dolor, yo lo curaré — Y la pequeña Marcy abrazó a su madre.

Marceline se recostó en su cama y tras llorar, aunado a la desvelada de esa noche, se quedó profundamente dormida.

Eran ya las tres de la tarde y Bonnibel se encontraba trabajando en sus deberes, Lumpy apenas daba señales de vida interrumpiendo la concentración de la chica. La resaca de su amiga era evidente y peor aún le cuestionaba todo lo que había pasado debido a las lagunas mentales de la indispuesta amiga.
—Ese desgraciado de Mike, ¡Quería abusar de mí!, No dejaba de servirme y acosarme, es un degenerado.
—Lum, tú eras quién intentaba hacerlo. —Corrigió mientras seguía trabajando.
—No te pongas de su lado, mala amiga… ¿Y esta camiseta? —Cuestionó mientras la ponía a un lado de los libros. — Me la regaló Mike ¿Verdad? —Suponía.
— ¡Hey no! Esa es mía. —Exclamó mientras la aseguraba con sus manos. —Fue un regalo de… la banda. — Bacilo.
— ¡¿Y por qué a mí no me dieron?!
—Tal vez porque le rompiste la suya a Mike intentando besarlo. —Dijo recordando la escena y riéndose con un discreto carcajeo.
—Regálamela ¿Si? Además a ti ni te gusta el negro, ni el rock. Quiero un recuerdo de Mike. —Rogó Lumpy con ojos brillantes.
—No, me la regalaron a mí. Además me gustó mucho la banda y quiero conser…
— ¡ISENSIBLE! Es más, ni la usarás, pero igual quédatela, está horrible. —Y tras gritarle a la pelirrosa se fue ofendida a la cocina. Sinceramente Lumpy tenía razón, era un tanto desagradable la playera con las figuras raras y una serpiente en medio de ellas, pero por alguna extraña razón no quiso darle el regalo de Marceline a Lumpy. El lapsus con su amiga la hizo recordar la noche y sobre todo la voz de aquella mujer, su mirada, estaba segura que la miraba cuando cantó la última canción, aunque también recordó la desagradable actitud con aquella rubia. Prefirió entonces seguir concentrada en sus deberes, pero al volver a abrir el ordenador, una chispa de curiosidad la invadió, minimizo sus reportes y abrió el explorador dónde Googleo "Marceline - the dark souls" , para su sorpresa no aparecieron muchas direcciones, hizo clic en la primera y pudo ver lo siguiente:

"The dark souls, una nueva banda londinense que juega con los géneros punk y new wave logrando una mezcla de sonidos verdaderamente contagiosa, liderada por Marceline Abadeer como vocal y al mando del bajo, Keyla Simpson en la guitarra, Mike Ivarsson en el teclado y Lila Torres en la batería, éstos chicos fueron mencionados apenas en la edición 30 de éste año en la revista Roling Stones como una de las grandes promesas musicales británicas, por el momento apenas cuentan con un primer sencillo y se presentan en exclusivos bares del país. No se sabe si preparan algún nuevo álbum, pero con Dying to say this to you al menos han logrado salir un poco del anonimato y exponer su brillante talento musical con la esperanza de seguir creciendo."

Seguido del texto venía una imagen del álbum y de la banda, donde Marceline salía fumando y con una cerveza en la mano apuntando a la cámara. Sin dudarlo descargo el álbum mencionado y lo reprodujo mientras terminaba sus demás deberes. De verdad le gustaba mucho esa voz, tal vez le pediría a Finn que la llevara de nuevo a alguna de sus presentaciones, porque en vivo se sentían mucho mejor aquellas melodías.

Sonó su celular como si hubiera invocado al chico con la mente, Finn era un gran chico, era guapo y de buen corazón, pero no era lo que ella buscaba, en realidad no buscaba nada, su prioridad siempre han sido las responsabilidades de la escuela, por tanto no tenía el tiempo para buscar el amor, no un amor de pareja, el último semestre de la universidad él había estado enamorado en "secreto" y hace dos días, armado (por fin) de valor, pidió una cita con la pelirrosa quién en principio negándose, le explicó que en sus sentimientos hacía él únicamente había amistad, sin embargo el chico pidió al menos una cita, una oportunidad que pretendía aprovechar al máximo y que, por consejo de Lumpy, ella termino dándosela.

—Hola Bonnibel, ¿Cómo estás? — Decía tras el celular un emocionado y muy feliz Finn.
—Algo ocupada con los deberes, pero bien. Dice Lumpy que te debe una ida al autolavado. —Contestó algo divertida.
—Gajes de ir de fiesta, no es necesario Bon… y bueno, llamaba para ver cómo estabas y saber también qué tal te la pasaste ayer —Y más que eso, necesitaba darse una idea de si podría repetir la experiencia o su oportunidad se había esfumado con la noche misma.
—Fue una experiencia… nueva, sabes que no suelo ser una chica de fiestas y desveladas pero, fue muy agradable, el lugar es muy lindo, hay ambiente y la banda toca muy bien, de hecho acabo de descargar el álbum, me divertí bailando con Lumpy y el Dj puso varias de mis canciones favoritas… gracias por invitarme Finn. —Contestó un tanto emocionada.
—De nada… ¿Sabes? — Su voz perdió el tono optimista del comienzo. —Creí que me mencionarías entre las cosas positivas de tu noche… —Y suspirando añadió —Creo que no debí insistirte.
—Finn, no es que la haya pasado mal contigo, sabes que te quiero mucho, me has ayudado en muchas cosas, inclusive cuando estaba… mal, estoy agradecida por el amor que me tienes sin embargo, ayer me di cuenta que no puedo ofrecerte algo más, por más que lo intentara de mi no nace un amor diferente al de…
—Un amigo —Completo Finn con una notable tristeza. — Igual se esperar — Y ante el intento de objeción por parte de su interlocutora añadió —No pienso volver a pedirte nada, seguiré como tu amigo y aunque con la esperanza de que un día tu me ames como yo a ti, te pido que no cambies conmigo, que sigamos como si la noche anterior no hubiera existido… Nos vemos el lunes. —Y sin dar tiempo a la respuesta de aquella quien constreñía sus sentimientos, terminó la desesperanzadora llamada.