Gracias por los reviews y por seguir leyendo los capítulos, de verdad no creí que les gustara. Perdón si ahora me tardo más en actualizar, pero últimamente he estado feliz y eso hace que tenga bloqueo de escritor (Lo sé es algo raro). En fin les dejo el nuevo cap, espero que les guste y espero sus opiniones, Y por cierto, que tengan un EXCELENTE 2014
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Bonnibel se duchaba después de su rutina matutina de ejercicio, tenía el domingo libre y Lumpy había insistido en ir al cine a ver la nueva película de un tal Johnny Depp que traía desquiciada a su amiga y la última vez que había pasado tiempo de calidad con su mejor amiga fue la de la cita con Finn hace más de un mes. Puntual como siempre, estaba lista a la hora en que Lumpy llegaría de su curso de francés, últimamente se había estado obsesionando con París, pop francés y por supuesto la lengua misma. Aunque, como siempre Lumpy llegó un poco más tarde de lo acordado.
— ¡AMIGA LO SIENTO MUCHÍSIMO! El idiota de Kevin alargó la revisión del examen, ya no sabe cómo llamar la atención desde que la fácil de Jennifer lo dejó, o sea digo, se entiende que esté triste pero que no arruine el tiempo de los demás, además Jennifer ni siquiera es rubia natural como presume — Tras esto empezó a devorar unas papas fritas que había en la cocina y comenzó a hablar con la boca llena —Querida, creo que el deguste de mi hermoso bebe de luz Johnny tendrá que esperar a que visite a mi abuela en el asilo, ¿Puedes creer que los idiotas de mis padres no podrán ir? ¡Siempre arruinan mis planes! Los odio, por eso me largué, pero aaah, yo sé que lo hacen a propósito, tienen envidia de mi juventud e independencia.
Después del prácticamente monólogo de Lumpy, Bonnibel al fin tuvo oportunidad de hablar — Lumpy, tus papás te siguen manteniendo, de ellos es éste departamento… —
— Siempre debes ponerte de su lado, pero claro, como tus padres están a kilómetros y kilómetros de aquí no me entiendes, bueno, como dije, iré a ver a mi abuela… ¡ACOMPAÑAME POR FAVOR! preferiría no ir sola, sería de gran ayuda y así no estar solamente con una anciana gruñona que huele a cigarro y siempre me regaña por no entender el póker.
A ella tampoco le parecía una muy buena idea, principalmente porque preferiría hacer algunas cosas pendientes como ordenar la cocina y el aseo a la sala, pero Lumpy la miraba con aquellos ojos de orden más que de sugerencia y no quería que enojada ante su negación terminara cancelando la ida al cine, así que, no con muchos ánimos accedió. Salieron juntas del departamento y subieron al auto de Lumpy un beatle morado que cualquier chica quisiera, pero que su amiga manejaba con vergüenza pues sus "crueles padres" no quisieron renovárselo. Encendió dicho auto y piso el acelerador a fondo, todo ateo dejaría de serlo al subir a un auto manejado por Lumpy, quien ni siquiera tenía las básicas precauciones al dar la vuela o frenar, además tenía la manía de maquillarse, verse en el espejo o desviar la vista a la radio. La música a un volumen alto aminoraba los reclamos y el ruido de los cláxones de parte de otros conductores hacía a la cafre amiga.
Milagrosamente llegaron al lugar, "El mejor hogar", leyó Bonnibel a la entrada y al parecer el asilo hacía justicia a la frase pues éste era enorme, había alberca, mesas de jardín, grupos haciendo yoga, una no muy aprovechada cancha de tenis y diferentes talleres de esparcimiento. Obviamente el lugar no debe ser nada barato y en ese mismo momento envidiaba un poco a los ancianos que despreocupados de escuela o un trabajo, se divertían como ella no lo hacía. Tras registrarse y que les dieran los pases de visita, las dirigieron al jardín, dónde se encontraba la abuela de Lumpy, jugando con otras tres señoras a las cartas.
—Hola abuela, ¿Cómo estás? —Saludo Lumpy — Ella es mi amiga Bonnibel, mi roomie.
—Mucho gusto señora — Dijo educadamente Bonnibel dándole la mano a la anciana.
— ¿La robot obsesiva de trabajo? —Pregunto la anciana quien no dejo de ver el juego de póker y dio una última calada a su cigarrillo que increíblemente aún cupo en el cenicero repleto de colillas. —Lo siento, pero así me ha hablado de ti.
— ¡Lumpy!
— ¡Ay! Es de cariño boba — Dijo excusándose ante el reclamo de su amiga.
—En fin, mucho gusto, es un placer conocer a alguien que aguante a mi nieta más de un día. Vienen solas ¿Cierto? Como siempre el mal agradecido de tu padre no ha querido ver a la mujer que lo tuvo que aguantar hasta que se caso con tu madre. Lumpy, puedes traerme un jugo, es hora de mis pastillas.
— Yo voy por el jugo Lumpy, no te preocupes — Se ofreció Bonnibel, unos pocos minutos fuera de aquellas mujeres no le vendría mal, camino hacia la recepción dónde había visto una maquina de bebidas y dulces, inesperadamente la maquina se tragó sus monedas sin darle el jugo a cambio — ¡Demonios! — Decidió no arriesgarse de nuevo con la estafadora máquina y camino a la cafetería del lugar, tras comprar el jugo, se dio la vuelta y sin querer tiró el néctar de naranja tras ver a Marceline en recepción, afortunadamente el contenedor no era de vidrio, pero ¿Qué hacía ahí Marceline? Definitivamente no era un lugar dónde esperaba encontrarla, siendo que en aquél asilo no había fiestas y mucho menos alcohol. La pelinegra se colocó el gafete y siguió a una de las enfermeras, para fortuna de Bonnibel, la pelinegra no la había visto. Tras asegurarse de no ver cerca a Marceline, la chica fue de nuevo a entregar el jugo, pero una inentendible curiosidad ya se había apoderado de la pelirrosa.
— Gracias niña… ¿Ves? No es tan difícil ser amable, a ver si viviendo con la del pelo rosa se te pegan algunos modales… Tu turno Rose igualas o te retiras...
— ¡TARDASTE AÑOS! ¿Qué hacías? — Le recrimino su ya fastidiada amiga.
—Nada es sólo que había fila en la cafetería, además… — Pensaba mencionarle lo de Marceline, pero al final no le pareció buena idea — La maquina se trago mis monedas, por eso tardé.
—En fin, en un rato nos vamos, no desesperes.
La abuela de Lumpy se fumó al menos una cajetilla en el tiempo que estuvieron ahí, no fue para nada algo agradable, con Lumpy discutiendo con su abuela que se quejaba de que ya nada era como en sus tiempos, aunque la mayoría del tiempo su atención estuvo enfocada intentando ver si encontraba a Marceline y descubrir que hacía allí. Caminaron hacía el estacionamiento, subieron al auto y mientras salían logró ver que el auto de la pelinegra seguía ahí. Lumpy quemó llanta y continuaron el camino al cine.
La verdad el tal Johnny Depp era un buen actor, vieron el cuento de Alicia en el país de las maravillas, sin embargo ante los excelentes efectos especiales y buenas actuaciones, no salió muy convencida, ella siempre ha sido fiel a las versiones literarias que las cinematográficas, por el contrario Lumpy quería verla de nuevo, afortunadamente ya no había boletos para otra función.
—Tengo hambre, ya casi es hora de la cena y ni siquiera he comido — Se quejo Lumpy quién con un involuntario rugido de estómago confirmo sus palabras.
—Y eso que te has comido los postres de tu abuela y el combo grande de palomitas y refresco.
—No puedo creer que no tengas hambre, no has comido nada, un día vas a desaparecer… en fin a dos cuadras hay un restaurante de comida mexicana excelente, quiero unos tacos.
Terminaron de cenar, o en el caso de Lumpy, devorar. Bonnibel no tenía tanta hambre, así que sólo pidió una sopa de lima típica. Lumpy, como siempre, se pasó la cena en sus pláticas en dónde la única participación de Bonnibel era escuchar, aunque esta vez, Bonnibel no puso atención alguna a su amiga, la curiosidad de haber vito a Marceline acaparó por completo su mente, por un momento se arrepintió de no hablarle, era una buena oportunidad para hablar con la rockera y así pedirle que no dijera nada del beso, no quería malinterpretaciones ni con ella ni con Finn. Aunque en realidad quién le había robado el beso era aquella pelinegra. La llegada de la cuenta interrumpió sus cuestionamientos mentales y ambas chicas pagaron lo correspondiente.
Llegaron al departamento y Lumpy llego a engullir otra bolsa de papas fritas, Bonnibel sin embargo estaba exhausta, comenzó con la rutina nocturna para dormir, su pijama ya se había secado, pero decidió seguir usando la playera negra con la excusa de que era mucho más cómoda. Estaba dormida cuando unos golpes a su puerta la despertaron, Lumpy tenía un sueño lo suficientemente profundo que podría pasar una locomotora a su lado y ni así despertaría, no teniendo más remedio se levantó de la cama, ¿Quién podría ser a ésta hora?, Miro por el ojillo de la puerta y se sorprendió de ver a Marceline detrás de ésta, no muy segura decidió abrir. La pelinegra no dio oportunidad a preguntas o un saludo, se abalanzó sobre la esbelta pelirrosa, al principio Bonnibel intentó apartarla, pero cuando sintió la tibia lengua y las frías manos de aquélla chica, tuvo el mismo respingo que aquella noche en el auto, sin darse cuenta estaba correspondiendo a aquellos besos y caricias, sintió como el placer se iba apoderando de ella y con ello, sus manos empezaron a recorrer el sublime cuerpo de la pelinegra, el deseo se hacía más grande entre las dos, Marceline prácticamente arrancaba la ropa de Bonnibel y continuó con la suya después, pudo admirar el hermoso cuerpo de Marceline completamente desnudo, su cabello largo cubriéndole parte de sus senos, sus piernas perfectas y una cintura que cualquier modelo envidiaría, los firmes pechos de Bonnibel conocieron los labios de la rockera, poco a poco, entre besos y mucha pasión, Marceline fue bajando a la zona más erógena de Bonnibel, la pelirrosa comenzó a sentir espasmos de placer, las piernas le temblaban cada vez más, sus pezones endurecidos clamaban la lengua ocupada de Marceline, comenzaba a gemir, olvidándose de su compañera de departamento, de la hora, de descansar para la escuela, de todo… en su cuerpo sólo se alojaba placer, cada acción de Marceline la ponía más cerca de un clímax enérgico, estaba a punto de llegar al punto máximo de placer y entonces una sirena empezó a sonar, se estaba yendo la sensación, quería concentrarse, pero de nuevo la maldita sirena la distraía de aquél maravilloso acto, entonces una agitada Bonnibel despertó empapada de sudor y el despertador seguía sonando anunciando que era hora de empezar la rutina de cada semana.
