Muchas gracias por los reviews, de verdad me alegra que les esté gustando la historia, al fin terminé el cap ocho y estoy trabajando con el nueve, en cuanto lo termine subo el 7… LOL.

No se olviden de dejarme sus opiniones respecto al cap, espero les guste y muchos saludos.

Marceline despertó tras haber apagado siete veces la alarma del despertador, por tanto ya iba dos horas tarde, cosa habitual. Mientras terminaba de despertar, se debatía entre ir a clases o quedarse en casa, si ya no faltaba aún podría rescatar el semestre, pero como siempre el pequeño diablillo en el hombro de la pelinegra gana la batalla y decide no levantarse. Extendió sus brazos para tomar su ordenador y comenzó a navegar en sus redes sociales, en realidad nunca contenían nada nuevo debido a su poca habilidad de socializar, las usaba por lo general para asuntos de la banda, en su fanpage si había cosas nuevas, entre ellas las fotos de su última tocada en Ooo, entre fotos en el escenario y del público, una de esas fotos decidió guardarla en su ordenador e imprimirla, era una foto dónde salía ella a lado de Bonnibel con su rara amiga y Finn. Aún no entendía por qué le gustaba aquella chica, es muy hermosa y tenía un cuerpo digno de una escultura de Miguel Ángel, pero Marceline había "salido" inclusive con modelos, además era bastante obvio que aquella chica la odiaba, como lo hacía la mayoría de la gente al conocerla, desde hace cuatro años sólo se ha dedicado a llenar el vació sentimental con sexo de ocasión, en realidad nunca recordaba ni el nombre de con quién pasara la noche, pero ahora Bonnibel la atraía fuertemente, desde ese primer choque de miradas. Seguramente no era más que un capricho, a Marceline le gustaban ciertos retos, lo prohibido, lo socialmente no aceptado, aquello que escandalizara y rompiera el orden, aquella preciosa pelirrosa era todo eso sumándole su hermosura, Marceline sólo quería aquél antojo, o con eso intentaba convencerse de que no significaba nada más.

Vio el reloj, faltar a la escuela ya estaba decidido, Finn y Jacke aún debían estar en sus respectivas ocupaciones, así que decidió visitar a Simon, así pues, se levantó de la cama, tomó una ducha, vistió unos jeans ajustados negros, blusa blanca, botas negras y su chaqueta de cuero pues ya estaban finalizando el otoño y Londres cada vez era más frio, antes pasaría por un café y la tarta favorita de Simon, entonces arrancó su Maverick para continuar con su improvisada rutina del día.

Bonnibel, por primera vez desde que entro a la universidad no había participado en ninguna clase, si su mente ya andaba fuera de ella, tras aquél raro sueño se encontraba ya en otro planeta, sabía que sólo era un sueño, que su inconsciente se había quedado con la curiosidad tras lo sucedido en el asilo, eso era todo, los sueños nunca tienden a ser lógicos y es normal tener sueños eróticos, a cualquiera le pasa… Entonces ¿Por qué se sentía así? No podía explicar ese sentimiento, era un desconcierto pero también… había algo más, algo que no reconocía, que no había sentido antes, ¿Lujuria? No, no era tan simple. Las clases terminaron y era hora de la comida, tal vez ese sentimiento seguía siendo curiosidad sólo que a un nivel mayor, algo dentro de ella le decía que fuera de nuevo al asilo, ella sabía que era mejor ir a casa y terminar los deberes, pero finalmente esa pequeña pero contundente voz ganó, así que caminó hacía el metro de la ciudad rumbo al asilo, no sabía por qué, ni siquiera averiguaría nada, terminaría perdiendo el tiempo y dinero de los pasajes, pero ninguna de estas razones podían con aquella vocecilla.

Llego al asilo y entonces se sintió como una tonta, la vocecilla se había callado y ahora su lado racional hablaba más fuerte, se quedó unos minutos en la entrada, dudando de su palpable pésimo plan, decidió que si ya estaba ahí al menos debía entrar, dio unos pocos pasos pero de nuevo su lado racional la detenía, entonces aquella voz interior consiente se callo de la nada y ahora la voz irracional y sin sentido gritaba, esto tras ver que el auto de Marceline se encontraba en una de las filas de estacionamiento, sin darse cuenta sus piernas caminaron con voluntad propia a la recepción, el chico del mostrador levanto la vista y afortunadamente para Bonnibel, no tuvo que pensar alguna excusa.

— ¿Viene a visitar a alguien, como voluntaria o desea alguna información? —Dijo aquél apuesto chico de cabello negro.
—Este… voluntaria
—Qué dulce, necesito tus datos y hora de entrada, ¿Cuál es tu nombre? —Preguntó el recepcionista mientras tomaba un gafete, Bonnibel pudo notar la acentuación en a palabra dulce, al parecer aquél chico estaba flirteando con ella.
—Bonnibel… Williams —Decidió no dar su apellido verdadero, finalmente no quería que Marceline la descubriera, aunque pensó eso demasiado tarde cuando ya había dicho Bonnibel.
—Ok, toma el gafete, como voluntaria puedes "adoptar" un abuelo o ayudar en algunas tareas como los medicamentos, por ejemplo. Al final del pasillo está la oficina de dirección ahí te dirán más exacto todo. Y por cierto, me llamo Marshall —Se presentó aquel apuesto chico, extendiéndole la mano.
—Ok, gracias Marshall — Y tras el tradicional apretón de manos, Bonnibel fue hacía el pasillo, aunque cuando estuvo segura que aquél chico ya no la miraba, cambio de dirección a los jardines en busca del misterio de la pelinegra y para ver si así dejaba de tener la mente ocupada en ella.

Caminó por los jardines, gracias al gafete de voluntaria no había problema en poder entrar a las áreas de recreación, en el jardín delantero había yoga y ejercicios, sin embargo no se encontraba ahí, en el interior de los talleres tampoco estaba… Pasaba el tiempo y no lograba verla, tal vez sólo iba de voluntaria y estaba haciendo todo un espionaje a lo James Bond, pero vaya, Marceline no se veía de aquellas que fueran voluntarias en asilos, no era su tipo la caridad. Ya sólo quedaba el tercer jardín, tal vez ya se había ido y había perdido el tiempo, pero entonces al salir al tercer jardín, la vio, estaba ahí con un anciano de blancos bigotes y larga barba, ella estaba sentada en el piso con una guitarra y aquél longevo hombre sentado en una banca, comiendo una tarta, al parecer platicaban… o cantaban, lo más probable es que fuera algún familiar, pero le pareció algo extraño ver a Marceline en un ambiente familiar, era la primer sorpresa positiva que tenía acerca de ella.

El hombre comía su tarta favorita, pero vio que una guapa chica los observaba, Marceline al ver que Simon desviaba la vista, también volteó y le dio un mini infarto al ver quién estaba ahí… ¡¿Qué demonios hacía ahí?!. Bonnibel intento ser no divisada y se encaminó a la salida, entonces sintió unas manos frías tomar su brazo, irremediablemente ese acto evocó un poco aquél raro sueño.

— ¿Bonnibel?, ¿Qué haces aquí?
—E-este… yo sólo… este, soy voluntaria — Explicó señalando tu gafete.
—Nunca te había visto aquí.
—Si, es que, no vengo tan seguido, por la escuela y no tiene mucho que decidí venir.
— Justamente aquí… ¿Habiendo tantos asilos y más cerca de tu escuela o departamento? ¿Acaso me estás siguiendo?

Marceline no era tonta, Simon estaba ahí desde que tenía 13 y conocía a todo el personal, incluyendo voluntarios. Notó que Bonnibel se sonrojó y tras esto el corazón de Marceline latió con más fuerza. Aunque la voz de la celosa soledad le decía que no se ilusionara, tal vez si, era simplemente voluntaria y por simple casualidad fue a parar ahí, suena a la clase de cosas que la perfecta pelirrosa haría.

—Es que, aquí está la abuela de Lumpy, Leonor Space y me convenció de estar acá, como voluntaria, además… ¿Sabes? no tengo que darte ningún tipo de excusa o explicación, no te creas Joan Jett el mundo no gira en torno a ti ¿Vale? — Dijo para disimular su sonrojo, sentía la cara caliente, un bochorno bastante insoportable con todo y lo fresco del día — Y por otra parte quisiera aprovechar para hablar acerca de aquél beso…
— ¿Qué? ¿Quieres otro? Tranquila rosadita — Dijo la pelinegra con una sonrisa sarcástica.
— ¡Contigo es imposible tener un momento de seriedad!, Sólo quiero que por favor no digas nada y yo no diré nada.
— ¿Por qué? ¿Tan mal estuvo?
— ¡No! Digo, no sé, este… eso, ¡Eso no es relevante! —Marceline tenía el don de sacarla de sus casillas y por otro lado los nervios la estaban traicionando.
— Así que… si te gustó. — Marceline estaba disfrutando ver a Bonnibel nerviosa y no con su perfecta educación y aplomo que conocía.
— ¿Qué? Mira simplemente no digas nada.
— Relájate Bonnie, estaba ebria y drogada, no es como que ya tenga el nombre de nuestros hijos. — Tras la risa de Marceline se escuchó la voz de aquél hombre llamando a una tal Gunny — ¡Voy en un momento! — Respondió con un buen grito la pelinegra.
— ¿Gunny?
—Eso es algo que no te importa mi querida princesa, te dejo con tu voluntariado, por si no te lo dijeron, ésta área es privada así que no puede pasar nadie a menos que yo lo permita, por tanto es mejor que te vayas a cambiar cómodos… —Dicho esto Marceline se dio media vuelta y camino hacía el por lo menos octogenario hombre — Aah y no te preocupes, no diré nada de nuestro "amor secreto" — Dijo mientras hacía un además de comillas con las manos.

Bonnibel sintió como su mano quería conocer la mejilla de Marceline con una cachetada, la dejó muy molesta y peor aún, su maldita curiosidad había aumentado, ya sabía que hacía ahí, visitaba a su abuelo, o al menos un familiar o un amigo, pero por alguna extraña razón quería saber más acerca de eso, acerca de ella. Decidió ir a su casa, estaba encaminándose por el pasillo cuando escucho cierto alboroto detrás, se dio la vuelta y entonces vio a la pelinegra bastante alterada.

—Bonnibel, ¡Llama a las enfermeras rápido! —Gritó con desesperación desde el otro extremo del pasillo.
— ¡Marceline! ¡¿Qué pasa?!
— ¡Rápido tonta! ¡LLÁMALOS!

Pero tras aquellos gritos no hubo necesidad de ir por ellos, un doctor y su séquito de enfermeras ya iban a mitad del pasillo, todo fue muy rápido, Bonnibel fue detrás de todos y cuando salió al jardín pudo ver al hombre desvanecido en el pasto y a Marceline desesperada hablando con una enfermera, unos camilleros la rebasaron y empezaron a subir al anciano a la camilla portátil. Ella se dirigió hacía Marceline.

— ¿Está bien? Oh Glob, Simon… ¡¿Qué tiene?! ¿A dónde lo llevan? — Preguntaba una ya histérica Marceline que no había reparado en la presencia de Bonnibel.
—Parece que sólo es una descompensación, lo llevaremos al ala del hospital para estabilizarlo y ver si no hay nada más señorita Abadeer—Informó el médico, los camilleros ya se habían llevado al anciano y Marceline estaba temblando — Si gusta puede ir, pero necesito que se tranquilice, si estabilizamos al señor Petrikov podría verlo sólo un momento.

Bonnibel abrazo a Marceline y fue hasta ese momento en el que la pelinegra reparo en que ella estaba ahí, como siempre, se quedó estática, no estaba acostumbrada al contacto físico, mucho menos en esa situación dónde se sentía vulnerable, aunque, de manera sorpresiva se sentía mejor por aquél abrazo. Ambas chicas, sin decir una palabra se encaminaron apresuradamente al Hospital del asilo. Marceline se calmó en el corto trayecto, las lágrimas que amenazaban con exhibirla no brotaron de aquellos hermosos ojos verdes, el poco autocontrol que podría tener había actuado lo suficiente para mantenerse emocionalmente funcional, Bonnibel no la soltó en todo el camino, pero no le incomodaba.

— Señorita Abadeer ¿Cierto? — Preguntó la recepcionista del hospital dándole unas formas que tenía que llenar — El señor Petrikov está siendo atendido por los mejores médicos, en cuanto tengan el diagnostico saldrán a hablar con usted. Por favor llene las formas, es protocolo y le corresponde la sala de espera 4-B — Indicó dándole también dos gafetes. Ya estando en la sala de espera Marceline empezó a llenar las formas, Bonnibel optó por sólo sentarse a un lado de la pelinegra. Marceline fue la primera en romper el silencio entre ambas chicas.

—Lamento haberte llamado tonta. Entré en pánico. — Se disculpo sin despegar la vista de las formas, ya era suficiente para ella el estar pidiendo disculpas y el que la notara presa de un terrible pánico como para verla a los ojos.
— No te preocupes, lo entiendo… Él estará bien —No sabía qué más decir o hacer, el silencio volvió a reinar en la pequeña sala, arriesgándose un poco, decidió hablar nuevamente — ¿Es… amigo tuyo? — La reacción que esperaba Bonnibel era un desaire inclusive alguna grosería por parte de aquella mujer con la cabellera más negra que la noche, pero sorpresivamente no fue así.
— Es mi abuelo materno… — Dijo de nuevo sin mirarla — ¿Tienes un bolígrafo? — Bonnibel había dejado sus cosas en recepción, pero al parecer en aquél hospital eran bastante precavidos, había bolígrafos con el nombre del asilo en el buró de la esquina, entregó el bolígrafo a Marceline quien empezó a llenar aquellas formas. Marceline G. Abadeer escribió primero. ¿Qué significará la G? "Gunny" recordó. Aunque por ésta vez decidió no asegurarse. Un médico entró a la sala, con una tabla y su estetoscopio en el cuello.

— ¿Señorita Abadeer?
— Si, ¿Cómo está Simon? — El autocontrol de nuevo se había ido y Bonnibel pudo ver es sus ojos una profunda angustia.
— Ya está estable, tuvo una descompensación, se pondrá bien pero no podrá verlo hasta pasado mañana, necesita reposo para recuperar fuerzas.
— ¡Pero si no es como que lo rete a un partido de tenis! Sólo quiero verlo.
— Es por el bien del Sr. Simon, entienda señorita Abadeer, las descompensaciones son cada vez más fuertes, necesita tener descanso absoluto al menos por dos días, tenga por seguro que lo cuidaremos muy bien, por el momento puede ir a casa, tiene nuestro teléfono y puede llamar cuando sea necesario, le informaremos acerca de su estado — Con mucha impotencia Marceline tuvo que aceptar la condiciones impuestas.
— De acuerdo, pero por favor, cuídenlo bien — Dijo más en un tono de amenaza que de imploro, dicho esto tomó su chaqueta y ambas salieron de la sala — Vamos Bonnibel, te llevo a tu casa, ya es algo tarde.
— No te molestes, es buena hora para irme por mi cuenta. Además supongo que quieres estar sola.
— Tranquila, prometo que mi lengua se quedará en su lugar. De hecho no quiero llegar a casa tan temprano así que por ahora no me molestaría llevarte — Bonnibel le sonrió a modo de respuesta y entonces ambas salieron al estacionamiento y subieron al Maverick negro.

—Así que te llamas Gunny… Y te burlabas de mi nombre.

— ¿A caso eres detective? ¿Mi padre te manda a vigilarme? O sólo eres una metiche… —Al parecer la Marceline de siempre ya había recuperado s lugar una vez fuera del hospital.

—Sólo quería hacer plática… No tienes que ponerte así cada que alguien está contigo — ambas chicas callaron un momento mientras Amy Winehouse rompía el silencio en aquél clásico auto.

—Mi segundo nombre no es Gunny, es Gloria — Dijo cuando habían llegado al edificio dónde vivía la pelirrosa —Nos vemos Sherlock —Y tras despedirse, un sonido potente indicó que la pelinegra arranco el Maverick para irse.