Hola, pues he aquí el cap 7, ya ando trabajando el 10, en fin, espero les guste y gracias por los reviews de verdad y bueno, nos leemos en la siguiente actualización. Espero sus opiniones sobre el cap y que tengan un lindo fin de semana

Habían pasado ya algunas semanas desde aquel angustioso momento de Marceline, pasados los dos días de reposo de Simon, la chica de la cabellera azabache no se había despegado de él, durmiendo en el hospital y visitándolo ya no sólo una vez a la semana, sino prácticamente diario, por su parte, Bonnibel había seguido en el asilo como voluntaria, le gustaba hacer bien a los demás y le autosatisfacía mucho ese acto, se excusaba para sí misma. Sin embargo, esa era la última vez que ambas chicas se habían visto y hablado. La prioridad por Marceline era su enfermo abuelo, la persona viva que más amaba en éste mundo, la última huella de su madre en su pérdida alma, sin embargo, Bonnibel no se había apartado de su mente, aunque la había visto rondando el asilo, la evitaba, el hecho de que la viera en un momento tan emocionalmente frágil la intimidaba, solamente aquél infeliz del pasado la había visto así y acabó completamente herida, ni Finn ni Jacke, siendo sus más cercanos y únicos amigos la habían visto así, con los años había logrado construir un escudo entre vicios, prepotencia, insolencia y música, aquél escudo era bastante vulnerable pero funcional, Bonnibel lo había traspasado por completo en un momento de casualidad.

Ahora se encontraba en casa, mañana visitaría de nuevo a Simon y esperaba no ver a Bonnibel, menos aún flirteando con el imbécil de recepción. Tomó otro trago a su whisky de la recién abierta botella. Con un sobresalto, el timbre de la imponente casa de los Abadeer rompió el silencio de ésta, Marceline contestó el teléfono antes de que éste sonara preguntando a uno de los guardias de seguridad de la entrada de quién se trataba, eran Finn y Jacke, no le extrañaba, igual echó un vistazo a la pantalla que tenía la imagen del exterior, temiendo que Bonnibel viniera con ellos, por una parte le desilusionó que sólo vinieran los chicos, pero su lado solitario agradeció que así fuera, entonces por la bocina, comunicó al guardia que los dejara pasar. Ambos chicos atravesaron el gran jardín hasta llegar a la entrada dónde Marceline ya los esperaba.

— ¿Qué hay chicos? — Los recibió Marceline con copa en mano.
— Es lo que queremos saber Mar, ¿Qué hay contigo? No te hemos visto en varios días y además… — Decía Jacke en su "tono paternal" como le gustaba llamarlo a Marceline, una mezcla entre regaño y preocupación, siendo interrumpido por Finn.
— ¿Qué te ha pasado? Por lo general no me sorprende verte ebria, pero, se ve que la estás pasando mal.

Mientras hablaban, Marceline los pasó a la sala, sentía una emoción positiva de que al menos dos personas en todo el mundo se preocuparan por ella, pero hermética como siempre, no dijo más que unas pocas palabras.

— Perdón por abandonarlos, se trata de Simon, pero ya se encuentra bien. —Dijo la pelinegra en un tono más natural
—Oh ya… tranquila Mar, verás que seguirá mejor —Consoló Finn.
—No… ¿No les ha dicho nada su amiga Bonnibel? — Preguntó de una forma casual Marceline, esperando con todas sus fuerzas que no fuera así.
— ¿Algo de qué?... —Pregunto Jacke con una mirada no muy común.
— Oh nada, es sólo que la he visto un par de veces en el asilo, es todo.
— Debe ser en el asilo que está de voluntaria, me lo comentó hace poco, por lo general Bonnibel suele hacer esas cosas, es muy noble.
— ¡Aaagh! Amigo, cada que hablas de ella vomitas arcoíris… ¡Ah si! Arcoíris te manda saludos.
— Jajaja también mándale los míos.

Marceline agradeció al cosmos por la visita de aquellos dos, por eso los amaba, necesitaba un rato de risas y diversión, aunque sea sólo un rato para distraerla de ese tren de malos acontecimientos que llevaba cargando desde hace años, sabía que ese tren seguiría su curso, pero esas pequeñas escalas hacían que por un efímero momento, su vida no se sintiera vacía. Habían ya destapado otra botella de whisky cuando de nuevo el timbre volvió a llamar.

— Debe ser Bonnibel… —Dijo Finn en un tono normal, pero aún con un brillo incontrolable en los ojos.
— ¡¿Qué?! —Preguntó Marceline con sorpresa y un casi imperceptible pero presente pánico — ¿Cómo ha sabido dónde vivo? — El teléfono sonó, era el guardia anunciando la inesperada visita, la pelinegra dudó por un momento en autorizar el encuentro.
— Oh, mira Mar, sé que no se llevan nada bien, pero le he dicho que vendríamos y le di tu dirección, espero no te moleste… — Se excusó Finn con su amiga.
— Hazla pasar — Contestó al guardia y tras esto colgó mientras avanzaba hacía la entrada para recibirla, Finn fue tras la rockera y Jacke se quedó resguardando tan vital licor.

Marceline abrió la puerta principal y encontró aquella esbelta pero bien formada figura atravesando su jardín, se veía hermosa, sin embargo el corazón empezó a latirle como hace mucho no lo hacía, recordándole que aún estaba viva. Por su parte Bonnibel aún no sabía por qué estaba ahí, Finn le había dicho que irían a visitarla, no la había visto en semanas, aquella voz del asilo le gritaba más fuerte que nunca, por eso estaba ahí, mientras cruzaba el casi eterno jardín vio como aquella pelinegra se posaba en la puerta, se veía mal, justo con la misma mirada que en el asilo, una mirada que destapaba su alma, destapaba lo mal que se sentía y eso, la hizo sentir mal a ella, desde aquélla vez en que su abuelo tuvo que ser hospitalizado, pudo ver más allá de la imagen insolente y despreocupada, vio algo que la había enganchado, vio quién era de verdad y no pudo evitar la empatía con aquella chica antes desagradable.

— Hola, lamento llegar tan tarde, pero, debía dejar hechos los deberes…
— Siempre responsable… Pasa, espero que tres ebrios no te hagan perder la paciencia — Le advertía Finn sin mirarla a los ojos.
— Creo que, ya me estoy acostumbrando — Saludo Bonnibel a su amigo, mientras Marceline ya estaba en la sala.

Bonnibel no había cruzado palabra alguna con Marceline, sabía que de alguna manera la evitaba y eso hizo sentir mal a la chica del cabello rosa, aunque estaban todos pasando un gran momento, bailando, cantando inclusive Marceline se sentía feliz, tocaba algunas canciones y así pasaba la noche, entre amena música, compañía, chistes y risas. Bonnibel no recordaba divertirse así, en realidad nunca antes había pasado noches tan divertidas como las que pasaba con ese loco trío. Ya desinhibida por el alcohol y un poco de hierba, Marceline por fin entabló conversación con Bonnibel.

— ¿Jamás has bebido en tu vida? — Dijo sentándose a su lado en el sillón.
— Sólo alguna copa en año nuevo y navidad. No me parece algo muy correcto
— Bueno, si lo haces como yo no lo es, pero creo que no tiene nada de malo una que otra borrachera de vez en cuando… Y NO te estoy pervirtiendo, sólo que, no sé de qué más hablar.
— Podemos hablar de cualquier cosa…
— Cierto…

Y un silencio circunstancial se hacía presente en la breve conversación, ninguna de las dos sabía qué platicar o hablar, de hecho Marceline apenas podía concentrarse, sentía la misma sensación en sus deseos de besarla, como se había atrevido aquélla vez en su auto. Sin embargo su autocontrol aún no flaqueaba.

— No es que los corra, pero mañana tendrán clases ¿No?
— Marcy, es viernes — La ubico Bonnibel mientras reían, Marceline hizo caso omiso a la burla su cerebro sólo pudo centrarse en como sonaba aquél "Marcy" de los apetecibles labios que tanto quería tocar.
— Bueno, entonces significa que se quedarán…
— ¡Por supuesto! — Contestaron los dos chicos al unísono. Sin embargo Bonnibel no dijo nada.
— Cuando te quieras ir me avisas, podemos irte a dejar o para que tengas más confianza, alguno de los guardias puede hacerlo — Ofreció Marceline a Bonnibel y dicho eso decidió apartarse y cantar con el bajo para que su debilidad no triunfara y cometiera alguna otra estupidez como robarle otro beso. Empezó a entonar una de las canciones favoritas de Finn y Jacke. Aquellos chicos reconocieron la canción y empezaron a corearla, para su sorpresa, Bonnibel también la cantaba…

I gave my heart to rock'n'roll
To rock'n'roll
Rock'n'roll
Rock'n'roll
Oh, oh...

Entonces el déjà vu de la vez que se conocieron las invadió a ambas, Marceline siguió tocando y cantando mirándola justamente igual que la vez en Ooo y Bonnibel de nuevo volvía a ser hipnotizada por aquella voz…

So you can call the police
I'm sorry 'bout my manners, but you see,
I'm a bit drunk as you can see
I bet you would like to undress me

Tras terminar la canción regresaron al mundo en donde Finn y Jacke se encontraban, la velada seguía pasando, las botellas vacías se acumulaban y el tiempo pasaba rápido. Eran ya poco más de las tres de la mañana, Bonnibel regresó del baño y encontró a Jacke y Finn completamente dormidos en el sillón, Marceline no estaba… Gracias a la pequeña fiesta, no había puesto atención al lugar, la sala decorada de forma clásica contaba con varias fotos personales, pero destacaba una más grande que las demás y centrada, una mujer de unos cuarenta años cuando más, suponía era la madre de Marceline pues ambas se parecían demasiado, también en otras fotos de tamaño normal pudo ver a una infanta Marceline, sonriente y… ¿De verdad?, una pequeña Marceline disfrazada de hada siendo cargada por su padre, suponía. Sin darse cuenta Bonnibel sonreía.

— Aunque no lo creas, antes me gustaban los cuentos de hadas. Hasta que… crecí.
— Te veías linda, no sé que te pasó después… —Dijo Bonnibel a tono de broma, pero para Marceline esa frase era demasiado literal.
— Bueno, no todos tenemos una vida perfecta — Dijo con una mirada nostálgica, Bonnibel no entendió el por qué esa interpretación a una pequeña broma — Supongo que la fiesta terminó, éstos dos no van a despertar hasta mañana y creo que mi compañía no es algo que te encante…
— Oye, si eres bastante odiosa y ahora que te he estado conociendo puedo decir que puedes ser más odiosa aún, pero no me molesta tu compañía — Marceline se sonrojo con lo que la pelirrosa acababa de decir.
—Bueh… gracias. Igual estoy demasiado indispuesta para llevarte, será mejor que le diga a alguno de los guardias.
— Yo… preferiría quedarme, es viernes… bueno, madrugada de sábado y es arriesgado, aunque claro si lo prefieres no tengo problema en irme.
— Oh, bueno, siendo así, prepararé la habitación de invitados.
— ¿Y qué hay de ellos? — Preguntó señalando a los chicos completamente dormidos.
— ¿Ellos?... Ellos ya se pusieron cómodos — Ambas rieron y subieron al segundo piso. Una tambaleante Marceline abrió una de las puertas. Y de un clóset empezó a sacar un juego de sabanas, cobijas y almohadas. Bonnibel se dispuso a ayudar a Marceline con la cama.

— Y… ¿Cómo está tu abuelo?
—Mejor, gracias. Se repone poco a poco.
— Qué bueno, he estado yendo algunos días al asilo y no te había visto, sólo quería saber cómo estabas… estaban, ambos.
— Si él está bien, yo estoy mejor… — Dijo mientras ambas colocaban la sabana — Yo te he visto algunas veces, pero no te saludé porque te vi ocupada con el de recepción…
—Si, le gustó, cada que voy no se me despega
— Si eso he notado, ¿Estás saliendo con él? — Marceline se sintió estúpida preguntándole eso a Bonnibel, pero definitivamente el alcohol y la hierba ya habían nublado su buen juicio.
— ¿Qué? NO, estoy demasiado ocupada con la escuela como para salir con alguien. — Muy en el fono, Marceline se alegró por eso — ¿Siempre estás sola en casa?

Marceline la miró, su mente encendió focos rojos, para que desviara la conversación, pero la sinceridad acompañada del alcohol, incomunicaban esa señal a su boca que empezaba a hablar y bueno, el alcohol contribuía bastante.

—Si, mi papá siempre anda viajando y trabajando… — Se apresuró con la cama sin verla a los ojos, ¡Vaya que era curiosa!
— ¿Y tú mamá? — Preguntó Bonnibel viendo a aquella pelinegra, entonces la chica se quedó estática, con la mirada ausente, Bonnibel se sonrojó al ver que había hecho una pregunta inoportuna.
—Ella… —Hizo una pausa debido al nudo que se formaba en su garganta — Ella murió hace más de 10 años — El silencio aplastó a la habitación y a ambas chicas.
— Lo lamento mucho, no quise ser inoportuna… —Bonnibel detuvo su disculpa, ahora era ella quien estaba congelada, empezó a escuchar sollozos. Cruzó la habitación para abrazarla, sin embargo, al hacerlo la pelinegra, huraña, esquivó aquél gesto — De verdad lo siento Marcy.
—No te preocupes, no es como que tú la hayas matado —Dijo dándole la espalda y limpiando las lágrimas — Cualquier cosa que necesites, en el teléfono hay un botón azul, te comunicas con el ama de llaves y te lo traerá. Buenas noches — Se despidió cerrando la puerta tras ella. Curiosamente, quien ahora había arruinado la velada fue la indiscreta Bonnibel.