Hola Bubblelines espero tenga una gran semana y les dejo la actualización, de verdad les agradezco que sigan la historia y pues ya saben, espero sus opiniones de éste nuevo capítulo, les mando muchos saludos y nos leemos en la siguiente actualización. :3

Marceline dormía profundamente mientras el mundo seguía su curso, de pronto un estridente sonido hizo despertar a aquella pequeña de su sueño, al abrir los ojos sólo pudo divisar movimientos bruscos de inercia, luces y caos. Había dos personas en el exterior del auto, quienes le hacían señas y la sacaban del mismo, confundida y asustada, la pequeña Marceline no dejaba de llorar. La Marceline actual contemplaba la escena, la niña estaba a salvo, ambulancias, o eso esperaba, ya se escuchaban a lo lejos… Y entonces la hermosa mujer en el asiento del copiloto grito su nombre… lo gritaba cada vez con más intensidad.

— ¡Marceline! ¡MARCELINE! Despierta… —Marceline abrió los ojos confundida —Oí que gritabas, fue una pesadilla ¿Estás bien?— Preguntaba Bonnibel a la aún exaltada chica.

—Sí, sólo fe un mal sueño, buenas noches —balbuceo Marceline intentando que Bonnibel retomara el sueño interrumpido con poco éxito. Todo se movía, ya no por la confusión, al parecer seguía ebria — De verdad ya puedes ir a dormir

—Pero… estás llorando — Bonnibel intentó abrazarla, pero Marceline no se lo permitió.

—No es tu maldito problema, déjame en paz.

— ¿Sabes qué? Igual no es mi problema pero por alguna extraña razón me importa que estés así, aunque has sido una patana conmigo en repetidas ocasiones, pero creo que haces eso para "protegerte" y lo único que haces es hundirte más... No te conozco, te caigo mal y a veces tú también a mí, pero puedo ver que eres más que sólo una rebelde sin causa apática de la vida… Y quiero ayudarte — Dijo Bonnibel ante el rechazo de la pelinegra, mirándola a los ojos.

—A menos que la señorita cerebrito construya una máquina del tiempo no puedes ayudarme.

—Y tú no puedes seguir destruyéndote…

—Es mi vida y puedo arruinarla como quiera, tú no sabes nada de mí o de cómo me siento ni mi pasado como para que me quieras ayudar, no lo sabes, eres la típica niña perfecta con una familia perfecta, sacando el mejor promedio de la universidad, todo es rosa en tu vida, ¡HASTA TU MALDITO CABELLO! — Bonnibel perdió la paciencia, Marceline dio en el punto exacto para ello, como ya era su costumbre.

— ¡¿PERFECTA?! ¿Crees que matarme estudiando sin divertirme, ni vivir una vida normal porque soy la única razón por la que mis padres siguen juntos es perfecto? Vivo lejos de mi hogar, mis padres tienen problemas de dinero, podemos perder la casa… estudio una carrera que no quiero porque es importante para mi familia, para sacarlos adelante… — Hizo una pausa para domar el nudo en su garganta, pero sin éxito se echó a llorar — Yo también tuve un pasado triste, no me etiquetes en algo tan estúpido… En cambio tú tienes la vida resuelta, te la pasas de libertina hiriendo a los demás y desaprovechas el ser una afortunada… —Su llanto era intenso, tanto que no la dejó seguir, Bonnibel desahogó con una mujer que apenas conocía coas que ni ella misma había sacado para si. Marceline sintió un vació en el corazón, su maldito don había aparecido, había hecho llorar a quién solamente quería ayudarla y ella en su escudo, había penetrado el de Bonnibel, ahora era Marceline quién abrazaba a una lastimada pelirrosa — Creo que mejor me voy, llamaré algún taxi —Dijo Bonnibel separándose de aquél abrazo.

— Ok, ok, espera —La pelinegra incorporándose, tomó el brazo de Bonnibel — La cagué, te hice sentir mal… Qué igual no me gusta que quieras meterte en mis asuntos pero… pero no debí hacerte esto, perdóname… Por milésima vez y quédate…

— ¿Y por qué quieres que me quede? Para que me sigas ofendiendo — Dijo secándose una lágrima y recuperando el autocontrol que había perdido

—No, quiero que te quedes porque — *Porque me gustas * — Porque es muy peligroso, aún si te lleva un guardia, a estas horas hay mucho irresponsable manejando…

—Como tú…

—Si, como yo… Y podrías tener un accidente… — Marceline bajo la mirada — Mira, me… caes bien, al menos podríamos intentar ser amigas… — Bonnibel se calmó aunque aún había algunas lágrimas saliendo de sus ojos.

—Creo que… en realidad desfogue mi estrés contigo… —Dijo a penas —Aunque eso no quita que eres una majadera.

— Lo sé, pero ¿Sabes? Los problemas que tengan tus padres no deben ser tuyos… No deberías cargar con todo ese compromiso.

—No es que lo quiera, es que debo hacerlo… es muy complicado. Creo que será mejor dormir antes de que tengamos que disculparnos por algo de nuevo —Tras esto, levantó la vista y entonces aquellas chicas se quedaron mirando, la piel de Bonnibel se erizó un poco y Marceline de nuevo echaba mano de su autocontrol para no besar aquellos rosas y dulces labios — Buenas noches — se despidió Bonnibel de la pelinegra dando fin a aquellas miradas.

La noche pasó y Bonnibel despertó, se cambio, ordeno la habitación y bajó a ver si ya habían despertado Finn y Jake, el cuarto de Marceline estaba cerrado, supuso que seguía dormida. Al bajar noto que los chicos estaban en la misma posición y profundamente dormidos en los sillones, pensó en subir por sus cosas e irse cuando un ruido la distrajo.

— ¡MIERDA MIERDA MIERDA MIERDA!

— ¿Marceline? — Caminó hacía donde provenía el ruido, efectivamente era la pelinegra y lo que al parecer era la cocina — ¿Qué haces? O intentas hacer mejor dicho…

— El maldito desayuno… Esto se incendio — Dijo la anfitriona poniendo el trasto con algo negro en el fregadero.

—Creí que tenías ama de llaves…

—Sí pero… pero quería hacerlo a modo de disculpa… por lo de anoche — Ambas chicas se quedaron en silencio hasta que algo en la estufa empezó a echar humo negro — ¡CARAJO!

— Mejor te ayudo, ¿Qué hacías?

—Tortilla de huevo y carne. Y sopa también… pero se quemó la carne, la sopa y también el huevo — Dijo mientras le mostraba el trasto con huevos a medio carbonizarse.

— ¿Hiciste todo éste desastre por un simple omelette? — Observó la divertida pelirrosa — Yo lo hago…

— ¡No! Se supone que yo debía hacerlo…

—Y ya estabas incendiando tu casa, sólo dame los ingredientes.

Mientras Bonnibel enseñaba a Marceline lo básico en la cocina, la pelinegra no ponía atención alguna, simplemente no podía dejar de observar a Bonnibel y es que al parecer no estaba tan errada en la discusión nocturna, en realidad parecía ser perfecta. Los chicos despertaron por fin.

— ¡En la cocina! —Grito Marceline haciendo que a los chicos les retumbara la cabeza.

— ¿Jugando a la cocinita? ¿Tú eres el papá Marceline? —Bromeó Jacke al entrar, haciendo que Marceline se pusiera roja sin saberlo. Cosa que Jacke notó. Tras desayunar, Marceline sacó su auto para dejar a sus amigos sanos y salvos. Después de dejar a Finn y Jake, tomo la ya reconocida ruta hacía el departamento de Bonnibel. De nuevo no hablaban mucho, al llegar había un chico en la entrada. Marceline sin motivo alguno se molestó, era el de recepción del asilo.

—Puedes estacionar el auto y pasar al departamento — Le ofreció Bonnibel mientras bajaba del auto.

—No, gracias. No me gusta hacer mal tercio. Adiós —Tras esas breves y molestas palabras, la chica arrancó el auto.

Bonnibel se desconcertó un poco con la actitud de Marceline, se escuchó molesta y sobre todo ¿A qué se refería con mal tercio?, Caminó entonces a la entrada y aquél chico alto la saludo, haciendo que se disipara la pregunta.

—Hola Bonnibel, qué sorpresa.

—Hola Marshall, ¿Qué haces aquí?

—Vi el anuncio en el periódico que había un departamento libre, dos amigos y yo decidimos vivir solos y vine a verlo, sólo que aún no llega el agente de ventas… Tú, ¿Vives aquí ?—Preguntó aquél chico con entusiasmo.

—Sí, con una amiga… —Afortunadamente para Bonnibel, llegó la cita de Marshall y ya no tuvo que invitarlo a pasar, subieron las escaleras y ella entro a su departamento, o bueno, de Lumpy mejor dicho… Y Marshall tuvo la seguridad de aprenderse el número.

Una vez terminada la entrevista, Marshall decidió visitar a la pelirrosa que tanto le gustaba, tocó en el departamento 512, dónde anteriormente había entrado Bonnibel. Al abrirse la puerta notó a una chica un tanto subida de peso que lo miraba de arriba abajo.

— ¿Y tú qué?

—Aam, hola… ¿Vive aquí Bonnibel? — Preguntó temiendo haberse equivocado.

— ¿Y tú quién eres? —Preguntó Lumpy con un dejo de sorpresa.

— Marshall, soy amigo de ella.

— ¡Vaya! No anda perdiendo el tiempo… ¡BONNIBEL TE HABLAN EN LA PUERTA! ¡UN TAL MARSHALL!— Y tras gritar cerró la puerta.

Bonnibel escuchó el mensaje de su amiga desde la cocina, a la cual Lumpy entró.

—Que te hablan… Y no está nada mal si me permites decirlo…

—Aam si lo sé… pero, ¿Podrías salir y decirle que estoy dormida? Por favor.

— ¡Pero porque SI ES UN CUERO EL HOMBRE!

— ¡No grites!... Solo hazlo, por favor.

—Ok, vale. —Dijo Lumpy saliendo de la cocina y fue hacía a la puerta — Está dormida, se fue de parranda ayer y pues… está dormida.

— Me pareció que hablabas con alguien…

—Estoy en video llamada con el papa… Ya te dije que está dormida, ahora que si quieres volver y platicar conmigo ya sabes dónde vivo bebé — Y tras guiñarle el ojo cerró la puerta y regresó a la cocina — ¡Está muy guapo! ¿Por qué no te gusta?

—No lo sé, ya sabes que no me interesan las relaciones, ahorita sólo tengo tiempo para estudiar y ya…

—Ajaaa… lo dice la que se fue de farra anoche y no regresó… Y peor, NO ME INVITÓ.

—Es… diferente, no me fui de novia sólo con mis amigos y no te dije nada porque fue algo de improviso.

— Si como digas… La verdad es que te estás enamorando de Finn…

— ¡Ay por favor LUMPY!... Sabes perfectamente que no.

— ¡No finjas! Desde que fuimos con él a Ooo te llama y haces lo posible por ir con él.

—No se trata de él… él y yo sólo somos amigos…

— ¿Entonces de quién se trata, tremenda pilla?

— De… nadie, no sé… Sólo, la paso muy bien con Finn, Jake y… Marceline

— Creí que no soportabas a la vampiresa esa…

— Yo también, pero… la he llegado a conocer mejor y me cae bien.

— Pues no sé pero últimamente te noto algo extraña… Ya averiguaré que es —Sentenció Lumpy.

Mientras tanto Marceline regresaba a su casa molesta, la había pasado tan bien en la noche, pero aquél imbécil tenía que arruinarlo… aún por el espejo retrovisor pudo notar como hablaban… O más bien coqueteaban. "¿Pero por qué te importa?" Se preguntaba aquella chica, manejando a toda velocidad, como solía hacerlo. "Debería darte igual" Se repetía mentalmente, cambió a cuarta velocidad moviendo la palanca, sintió el auto acelerar aún más y entonces el pánico remplazo el enfado, "Porque te estás enamorando" se dijo… Al darse cuenta de aquél pensamiento, frenó en seco, haciendo las llantas rechinar en la avenida y que un auto sin el suficiente tiempo de frenar o esquivarla se estampara con ella por detrás… Cosa que ella ignoró, pues entonces se dio cuenta que era cierto y su cerebro no podía concentrarse en algo más que en el hecho de que se estaba enamorando de Bonnibel.

— ¡Hey chica! ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás loca?! ¡No puedes andar frenando así! — Gritaba un hombre al otro lado de la ventana — ¡Hey! ¡Estoy hablándote! — Marceline salió de su shock tras los golpeteos en la ventana de aquél hombre que en cuanto la rockera se volteo a mirarlo dejó de hacerlos, ahora ambos estaban impactados.

—Ash… —Fue lo único que pudo musitar Marceline antes de arrancar a toda velocidad su auto.