Sólo les diré que se va poner mejor esto, no desesperen :) Pero bueno, traté de aprovechar lo más posible el día de asueto y ya ando por el 15. En fin, espero les guste el cap, no me cansaré de agradecer sus reviews y de que lean la historia, muchos saludos y no se olviden de dejar sus opiniones, sugerencias o aventarme piedras del capitulo, nos leemos en la siguiente actualización, que esperemos sea pronto. :)
Bonnibel despertó de un reparador sueño hasta casi medio día, cosa normalmente inconcebible para ella, pasando por alto la hora, se levantó, al terminar la rutina matutina, fue hacía la cocina y la que se encontraba ahí era Lumpy, comiendo el último pedazo de pizza, se veía notoriamente trasnochada y con bastantes ojeras. Terminó de preparar el desayuno mientras Lumpy platicaba su genial fin de semana en Ooo, la pelirrosa no prestó atención a ninguna palabra, mientras Lumpy seguía hablando, el ruido interno en la mente de Bonnibel no cesaba, sin apetito alguno, aquella pensativa chica sólo se dedicó a picar su desayuno.
– ¿Te vas a comer eso linda? –Preguntó cuando de hecho ya había movido el plato a su lugar y continuó con su monólogo. En una de las pausas que usó Lumpy para masticar, Bonnibel por fin habló.
– ¿Marceline sigue dormida? –Preguntó a su amiga que aún con medio bocado le dijo que ésta no se encontraba, que había salido desde temprano. No era raro que la única vez en estos dos meses viviendo juntas y que Marceline estuviera activa desde temprano fuera para evadir una incómoda situación, no es de las que enfrentan o solucionan las cosas. Así pues, un poco más decepcionada, se levantó de la silla y fue hacía la sala a continuar aquél proyecto que por culpa de la pelinegra, ya se había atrasado bastante. Con medio cerebro en cada tema, la tarde se volvió un verdadero suplicio. Su mente estaba completamente dispersa, que ni siquiera sabía por dónde ordenar todo y aunque se acordaba de lo esencial, aún quedaban algunas partes sin memoria. ¿En qué momento había decidido darle aquél beso? ¿Sería algún tipo de efecto de aquella droga?... Porque aparte ese tema también debía discutirlo… Pero fuera del panorama, lo que aún tenía en la cabeza fue la forma en que Marceline respondió a aquél beso… ese efímero momento de control por parte de la pelinegra que se desplomó en segundos, dónde la pasión fue subiendo de tono hasta que súbitamente interrumpió todo contacto. A parte de la confusión, se sentía mal, no sabía si fue por el desaire o por haber actuado de semejante manera, en el momento supo que lo que la pelinegra hacía le estaba gustando y no sólo eso, su cuerpo reaccionaba a cada contacto con Marceline, sin embargo era obvio que aquella mujer no tenía ojos más que para verla, si bien le iba, como a una amiga, la voz racional le recordó su primer encuentro en Ooo… dónde primero se había besado con una pelirroja un tanto más madura que ella y como después estaba en los brazos de la vulgar rubia con quien inclusive se fue y podría asegurar que pasó la noche, así que probablemente sólo había despertado algún momentáneo instinto carnal en su compañera que ella misma aplacó de manera desinteresada. La voz irracional le intentaba decir algo, pero al parecer ahora estaba afónica… Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando la puerta del apartamento se abrió, tras una breve mirada y una tímida sonrisa a modo de saludo, Marceline cerró la puerta y fue directo a su habitación. Bonnibel sólo pudo resoplar y continuar con aquello que iba a terminar hace una hora, siendo que ya llevaba casi tres.
Por fin había terminado aquélla tarea, ni siquiera había notado que ya era prácticamente de noche, había pasado más del doble de horas que le llevaría aquél tipo de trabajo, pero debido a su poca concentración, no reparo ni en que no había comido… Pero si sabía que Marceline seguía en su cuarto y no había salido para absolutamente nada. Tras preparar la comida, su afónica voz irracional, al parecer se armo de fuerzas para hacerla ir al cuarto de la pelinegra.
–Marceline… –Dijo mientras tocaba a su puerta, balanceando perfectamente sobre su mano derecha una charola con un plato servido – Marceline, no finjas que estás dormida se nota la sombra de tus pies sobre la puerta… –Marceline no tuvo más remedio que abrir, con un aire fingidamente natural y despreocupado.
–No estaba fingiendo, es sólo que andaba con los audífonos. –Dijo, pero Bonnibel supo que mentía.
–No has salido en todo el día… ni a comer, te traje algo… Cuando el hambre te ataca eres otra y entonces…
–Gracias, dijo tomando la charola… ¿Necesitas algo más? –Preguntó de una forma fría. Por lo cual Bonnibel perdió la paciencia, no podía fingir que nada había pasado, tenían que hablar al respecto y aquella chica del cabello negro volvía a sus aires fríos… definitivamente Marceline era la peor persona que había tratado. La rockera pudo percibir el enojo de la pelirrosa, un vacio empezó a sentirse en su blanco y pálido pecho. Antes de siquiera poder aminorar un poco el daño, Bonnibel cerró la puerta de aquél cuarto con tal fuerza y sorpresa para Marceline que la universitaria pudo escuchar como el plato se quebraba al impactar el piso. Bonnibel decidió entrar en el juego de Marceline, si quería ser fría y distante como cuando se habían conocido, eso tendría entonces.
Tras lo acontecido, el ambiente se tornó demasiado denso entre las chicas, ambiente que inclusive Lumpy notó, pero no cuestionaba nada por miedo a ser atacada, incluida en ese ambiente y porque tampoco le interesaba, lo más importante era su fiesta de cumpleaños. Marceline se mantenía distante, procuraba irse todo el día aunque había veces en que también se encontraba con ella en el asilo, pero ninguna de las dos rompía el hielo. Marshall se dio cuenta de esa situación, le agradaba que Bonnibel no estuviera con la malhumorada pelinegra. Obviamente aprovechaba ese hecho a su favor. Marceline pudo verlos en dos ocasiones platicando en el tercer jardín… EN SU JARDÍN, cosa que aprovecho para una pequeña venganza y metió una queja en contra del recepcionista. Era obvio que Bonnibel era heterosexual, ese chico la atraía y lo del departamento no había sido nada, sólo consecuencia de una drogada épica, como lo había supuesto desde un inicio. El escudo de Marceline volvió a su normalidad, definitivamente no pensaba jugar con fuego, pues siempre era ella quien salía totalmente incendiada terminando en cenizas.
–Gunny, ¿Qué pasa? No has puesto ni la mitad de atención en mi heroica historia de la guerra de los champiñones… Esa te gusta mucho.
–Lo siento, me quedé en que te habías perdido del pelotón…
–Eso lo dije hace… Te salvaste, no recuerdo en dónde me quedé –Dijo con una sonrisa – Pero sabes que puedes decirle todo a éste viejo no tan sabio, pero de algo serviré… No por nada conquisté a tu madre…
–Aún me pregunto cómo… –Dijo intentando no responder a los cuestionamientos del anciano.
–Bueno, soy todo oídos… –Obviamente Marceline no podía contarle todo a aquél hombre, lo confundiría, así que decidió sólo darle algunas ideas a su confidente.
–Estoy enamorándome de alguien que en definitiva no le intereso…
– ¿Enamorándote? ¿Cómo lo sabes? ¿Qué es lo que te atrae de él?... –Marceline iba a responder, pero curiosamente, no encontró palabra alguna… en realidad no sabía exactamente por qué le gustaba o quería a Bonnibel, pero no era de extrañarse… nunca sabía nada.
–Yo… no lo sé, –Dijo aún pensativa… –De hecho somos muy diferentes, demasiado.
–Entonces princesa mía, no te estás enamorando…
– ¿De verdad? –Pregunto un poco esperanzada.
–Sí, de verdad. No te estás enamorando, porque ya lo estás hermosa… –Dijo señalando el lugar que sobraba a su lado para que Marceline lo ocupara y pudiera abrazar a su princesa – Cuando no logras saber el porqué de algún sentimiento es que es sincero… no es el físico o la personalidad… entonces queda sólo la esencia de esa persona, su alma es lo que amas… por eso no puedes materializar una razón… –Tal vez estuviera senil y con Alz Heimer, pero la respuesta de Simon fue más sabia que cualquier mierda motivacional y ante tal sinceridad Marceline se sintió decepcionada de sí misma.
–Eso quiere decir que estoy en problemas…
– ¿Por qué?... Aaagh, no me digas que es de ese tal Huntson, ese muchacho no me gusta… –Marceline rió un poco.
–No, no es él, tendré problemas porque esa persona no me quiere como yo…
– ¿Cómo sabes eso? ¿Te ha dicho que no te quiere?
–No… pero…
– Entonces no sabes, no puedes adivinar los sentimientos de los demás Gunny, deberías decirle que lo quieres, tal vez piensen lo mismo…
– ¡Obvio no! Simon, no puedo decirle, además quiere estar con alguien más y sólo quedaría humillada y lastimada… –Simón abrazó a su nieta, la plática quedó pendiente pues la visita había terminado, tras salir tuvo que correr para alcanzar el autobús, afortunadamente el apiadado chofer se detuvo, para su molestia, notó fácilmente la cabellera rosa mexicano y que estaba sentada al lado del pelinegro, así que decidió tomar un banco solitario y bajarse unas paradas después, tras comprar algunas cervezas, pasó al departamento de los chicos.
–Heey, ¿Qué hay Marcy? –Saludó Jake a la pelinegra.
–Y nada… Visitando a los dos mejores tontos de todo Londres… ¿Dónde está Finn?
–Con su flamita…
– ¿Va serio esto eh?
–Creo que sí, no sabes lo que es aguantar a Finn cantando I was born to love you todos los días. ¿Y tú qué tal? ¿Lita para la presentación de mañana? –Preguntó abriendo una cerveza.
–No, no quiero ir… Pero necesito el dinero Grumosa para poder sacar el Maverick del taller… Ya estoy harta de usar el maldito transporte –Y de ver a Bonnibel con aquél en las paradas, pensó.
–Jajajaja grumosa… amo ese apodo, le queda… ¿Y por qué no quieres ir?
–Ya sabes, todo muy chic y fresa para mí…
–Sigues peleada con Bonnie…
–No estamos peleadas –Respondió con un aire de extrañeza, fingido.
–Bueno Arcoíris me dijo que Grumosa le dijo que Bonnie le dijo que está muy enojada contigo… ¿De verdad la drogaste?
–No la drogué… se comió los muffins que me habías dado sin preguntarme. Así que fue su culpa.
–Oh… aún así, es algo exagerado el enojo de Bonnibel… a menos que le hayas hecho algo –Y tras pronunciar lo último puso una cara más sería.
–Ya sé en qué estás pensando, pero ésta vez yo no hice nada…
–Igual deberías arreglar las cosas con ella.
–De hecho estoy buscando piso, desde el inicio sabía que no era buena idea…
–Bueno si eso piensas y ya que te vas a mudar, al menos deberías decirle a Bonnie que te gusta… –Aconsejo a su amiga quien al escucharlo, no pudo evitar escupir la cerveza.
– ¿De qué demonios hablas? ¿Estás drogado a caso? Bonnibel en primera es hetero y en segunda no me gusta…
–Un poco, pero eso no quita el hecho de que Bonnibel te trae cacheteando la banqueta… Marcy se te nota demasiado, hasta Finn lo sabe y eso que no es muy perceptivo. Además no sabes si ella es hetero, bisexual, lesbiana, pansexual, marcelinesexual, escuelasexual… Yo digo que si tienes chance con ella.
–Mira, está muy alborotada con el vecino idiota ese… al parecer es marshallsexual...
–Sólo los has visto platicando y ya haces un drama… Mira sister, en el fondo tienes miedo de que vea tu verdadera personalidad y no esa mascara de rockstar, así que ves mil pretextos tontos para no hacer bien las cosas con ella, pero bueno, sé que como siempre harás lo que se te de la regalada gana, pero no quiero decir "te lo dije" cuando andes ebria y arrepentida por no haberle dicho nada... Ok bueno, arrepentida, borracha siempre estás jeje.
En ese momento sonó el timbre, Marceline atendió la puerta y era Arcoiris, quien al parecer llegaba de sorpresa y pudo ver como se iluminaban los ojos de Jake, aquella pareja era el ideal de cualquier relación, ambos se amaban demasiado y ya llevaban más de tres años juntos. A veces Marceline extrañaba ese sentimiento, las sensaciones que producían el estar enamorada, el sentir como eres el mundo para una persona, sentirte seguro, a salvo… feliz.
–Bueno tortolitos, será mejor que me vaya… –Y tras despedirse, la pareja la acompaño al sitio de taxis.
–Piensa bien las cosas Marcy –Dijo Jake desde fuera del auto al despedirse.
El timbre sonó, seguramente de nuevo Marceline había olvidado las llaves, una de las muchas cosas que desesperaban a la pelirrosa. Abrió y para su sorpresa, había un elegante hombre.
–Buenas noches, tengo entendido que mi hija vive aquí. Soy Hunson Abadeer.
–Buenas noches señor Abadeer, Bonnibel Bubblegum –Se presentó estrechando la mano del refinado hombre, era alto, bien parecido aunque en su rostro podía notarse cierto aire malévolo, la pelinegra no se parecía en nada a su padre, excepto en la mirada, aunque los ojos de Marceline eran verdes y los de aquél hombre grises – Marceline no está, adelante pase, intentaré localizarla.
–Gracias –Dijo el hombre aceptando la invitación de Bonnibel y tomando lugar en la sala –No te molestes, yo la llamaré. En realidad no me sorprende que ande de vaga por ahí –El hombre habló pocas líneas con su hija y colgó –Han pasado casi tres meses desde que Marceline se mudó, sinceramente pensé que viviría en algún tipo de comuna hippie, pero me agrada que al menos consiguiera un departamento decente.
–Bueno, Marceline es una rebelde, pero ha sobrevivido bastante bien estos meses –Dijo Bonnibel un tanto incómoda, esperaba que Marceline llegara pronto.
–Porque aún no ha tenido que enfrentarse a la realidad del todo, Mar vive en un apartamento dónde ni siquiera le cobran algún tipo de renta, supongo que tú o su otra roommie cocina y apenas "trabaja" por no decir que sólo juega a la estrella para apenas cubrir la necesidad de sus vicios… Eso no es madurar exactamente, pero tengo la esperanza de que algún día lo haga…
–Es cierto, Marceline puede ser todo menos una mujer madura, pero la música es una de las pocas cosas que no son un juego para ella, de verdad tiene talento, está trabajando en un nuevo álbum con la banda… Creo que debería apoyarla.
–Apoyo su gusto por la música y el hecho de que la componga a modo de hobby, pero las empresas Abadeer cuentan con más de 3 generaciones al mando… Marceline no puede eludir su responsabilidad con el apellido Abadeer –En ese momento se escucharon unas llaves y la puerta abierta mostró a una Marceline confundida con la escena de su padre tomando té con Bonnibel.
–Un gusto señor Abadeer, los dejo solos –Dijo sin mirar a la pelinegra y fue hacía su habitación.
Marceline dejo sus cosas en la mesa y su padre seguía bebiendo el té mirándola.
– ¿Y bien? –Preguntó la pelinegra a su padre – ¿A qué se debe que hayas descendido del Olimpo con los simples mortales?
– ¿Qué un padre no puede visitar a su hija? –Tras tomar otro corto trago al té agrego – Me agrada tu amiga, tiene la educación que se supone deberías tener tú, aunque por lo visto no está muy contenta de tenerte viviendo aquí.
–Es una lástima que entre tantos compromisos, negocios y trabajo nunca te acordaste de educarme... Y bueno, entre tus herencias genéticas está la de no caerle bien a la gente, supongo es por eso… ¿Vienes a anexarme a algún centro de rehabilitación?
–No, ahora eres independiente, tú decides sobre tu vida en todos los aspectos. Sólo vine a verte, aunque no lo creas, he estado al pendiente de ti durante este tiempo, sé que la chica del cabello rosa tiene las mejores notas de su generación, los padres de la chica Space tienen un negocio de bienes raíces, lo bastante funcional para que la chica pueda estudiar diseño de modas…
–Y a parte de stalkearlas, vienes a vigilarme de que no haga alguna estupidez que ponga en vergüenza a nuestra disfuncional familia.
–No vine a vigilar, sólo a… echarte un pequeño vistazo y comprobar que estás bien. Sé que soy un pésimo padre, por eso tras la muerte de tu madre fue Simon quien fungió el papel que me correspondía… Pero sabes que te amo Marcy, a mi manera, pero lo hago… y bueno, será mejor retirarme, salgo a Berlín en la mañana. Espero que sigas bien y que al menos madures un poco con esto –Como era costumbre entre padre e hija no hubo más contacto físico que un beso en la mejilla y tras despedirse, Marceline acompañó a su padre a la puerta para ver como se iba en su auto deportivo. El elegante hombre con tan sólo unos segundos pudo darse cuenta de la tensión en aquél apartamento y no una tensión común como cuando algunos amigos se enojan, se sentía más pasional, lo cual confirmo en las miradas de aquellas chicas... ¿Qué a caso Marceline no podía simplemente ser una persona normal? Esperaba equivocarse, pero para Hunson Abadeer no existen los errores.
