Hola a todxs, la escuela aún es compasiva conmigo así que pude avanzar en la historia. Bueno, espero disfruten la nueva actualización. Muchas, muchas gracias por sus reviews, de verdad los leo y tomo en cuenta para futuros capítulos y más gracias por seguir la historia :)

En fin, no se olviden de dejar su opinión, queja, sugerencia, donativo o redondeo del nuevo capítulo. Muchos saludos, gracias y que tengan un gran fin de semana. \O/


Una guapa pelinegra se encontraba sentada completamente a disgusto en un rincón de Ooo, aún no se explicaba por qué debía estar ahí, la banda haría presentación en el antro debido al cumpleaños de Lumpy y Mike le dedicaría una de las canciones… Desafortunadamente Lumpy pagó bien los servicios de la banda lo que ataba a Marceline a estar en el fastidioso cumpleaños. Aún faltaba mucho tiempo para poder tocar, aunque Finn y Jake se encontraban con ella, ésta vez su presencia no hizo más que incomodar a la pelinegra pues ambos estaban con sus respectivas chicas, peor aún fue cuando vio llegar a un bien arreglado Marshall que desde su aparición no se despegaba para nada de Bonnibel. Así pues la desastrosa noche… Ante tal hastío Marceline decidió bajar de la zona VIP que fue completamente reservada y adornada por Lumpy, ni la energía de la gente divirtiéndose podían contagiar un poco de positivismo en la chica. Llegó a la barra y pidió un whisky en las rocas al barman. Decidió quedarse ahí hasta que la requirieran en el escenario.

– ¿Aburrida? –Preguntó una voz desconocida con un acento extranjero que se sentó a su lado.

–Algo –Contesto aún sin mirar a la femenina voz que pidió un trago, mientras bebía el licor.

–Salud –Dijo la chica levantando el vaso y bebiendo de éste – Espero no sea un mal momento para un autógrafo –Dijo la desconocida, sacando el álbum de The Dark Souls. Fue entonces que Marceline por fin la miró. Una atractiva chica un poco más alta que ella, delgada, de cabello largo, lacio y mechas californianas en castaño le sonreía. Marceline le devolvió la sonrisa y entonces con un plumón prestado por el barman firmo el disco –Supongo te lo han de decir siempre, pero me encantan sus canciones, su ritmo… Con tres de las canciones me identifico bastante.

–Bueno pues, muchas gracias… ¿Cuál es tú nombre? –Preguntó para identificar la pequeña dedicatoria.

–Alma –Contestó mirándola fijamente a los ojos.

–Pues, si quieres puedo llevarte con los demás, para que tengas los autógrafos completos…

– ¿De verdad? –Preguntó muy emocionada.

–Vamos –Dijo tomando de un trago el whisky y guiando a la chica.

Una vez arriba, los demás integrantes firmaron el disco, inclusive una playera que la pelinegra regaló a Alma. Cosa que no pasó inadvertida para Bonnibel quién no pudo evitar encelarse. Tras las firmas, Marceline y Alma bajaron de nuevo a la barra dónde estuvieron conversando un poco sobre la banda. Bonnibel, las observaba desde las alturas de la zona VIP, como ya lo había pensado, Marceline seguía siendo una rockera Don Juan, sin embargo, aquella loca voz, le gritaba con fuerza que fuera con ella, que no la dejara conquistar a nadie esa noche… Sin embargo, tomó la mano de Marshall. Cada que Bonnibel volteaba a ver a la castaña y a la pelinegra, ambas se veían platicando y riendo de forma amena. Su estomago se retorcía de celos, pero aún tenía ese coraje del rechazo. Tras casi dos horas, la pelinegra subió entonces por su bajo, para por fin tocar. Dentro del oscuro ambiente, pudo notar la fría mirada de Bonnibel, la cual prefirió ignorar, tras servirse un trago antes de bajar, la bajista pudo notar como aquél idiota la abrazaba por detrás y Bonnibel no puso restricción alguna, tomó el whisky de un solo trago sintiendo el calor del licor bajando por su cuerpo. Así pues, subieron al escenario. La gente comenzaba a contagiarse por el sonido de los instrumentos y cayeron completamente embelesados tras los primero versos de Marceline. Bonnibel cerró los ojos un momento y recordó como la intérprete la miraba desde aquél mismo escenario, de nuevo la voz de Marceline la hipnotizaba. Descubrió que en dos ocasiones la miró, sin embargo, no tenía la misma profundidad que la primera vez.

–Ésta última canción que les presentaremos pertenece a nuestro nuevo álbum. La canción se llama I can't say it, esperamos que les guste –Tras la introducción, Marceline dio la última calada a su cigarro y dio indicaciones a los integrantes para empezar dicha canción. Volteó a ver a la pelirrosa y tras el choque de miradas, volteó de nuevo al público y comenzó a mover las cuerdas del bajo.

Wake up, today everything it's fine
not to understand my mistake
to much blames under my skin
again, I have another one
and it's burning me

And I don't say to you a word
die for it or die with it...
and not say anything
die for love or with my love?

Los sentimientos transformados en voz, causaron un escalofrío en la piel de la chica en blusa rosa, en ese momento, los brazos de Marshall la asfixiaban, se soltó del joven y excusándose de ir al baño decidió bajar, tal vez fue la energía que proyectaba la pelinegra en el ambiente lo que le armó de valor para bajar y arreglar lo que Marceline no se atrevía.

Wake up, all come back to me
I have to escape from this ritual
even if it feels fine, but
I won't be hurt again

La gente estaba animada, contagiada por el rock y el licor. Se encontraba entre la gente y el solo de guitarra de Keila comenzaba a sonar, Marceline bebió cerveza y vio a Bonnibel abajo, en medio de la multitud de pie, pudo verla mirándola de la misma forma que aquélla noche de muffins. Pero el contacto visual fue interrumpido por Alma quién, en medio del solo, decidió subir al escenario y besar aparatosamente a la pelinegra, tras semejante escena, Bonnibel perdió todo control de sí misma, sintió el calor en su cuerpo, su impotencia y su corazón ardía. La chica fue bajada amablemente tras el beso por el staff, Marceline buscó de nuevo la cabellera rosa entre la gente pero Bonnibel ya no estaba ahí.

And I don't say to you a word
die for it or die with it...
and not say anything
die for love or with my love?
and your love, it's burning my mouth
your love, it's burning on my mouth

El DJ retomó el control de la música, se apagaron las luces y con ello los jóvenes en el lugar comenzaron a bailar, sin embargo Marceline estaba aún petrificada en el escenario, apretaba fuertemente el micrófono y cuando Lila la aterrizo a la realidad, pidiéndole el cable del bajo, dejo de ver la escena de Bonnibel besando otros labios que no eran suyos, besando los labios de aquél idiota que de poderse lo hubiera asesinado con la mirada, aventó el micrófono con fuerza y desconecto su bajo. Su trabajo estaba hecho, era hora de largarse de Ooo, de largarse del departamento, de largarse de la vida de Bonnibel. Sin embargo, Alma la interceptó en el camino.

– ¿Te vas? Creí que las estrellas de rock se embriagaban y divertían hasta el amanecer…

– ¿Por qué me besaste? –Cuestionó la pelinegra.

–Porque pude… – Le contesto con una sonrisa pícara – Te propongo algo… Quédate, bebemos, platicamos y después de darte mi número te vas. ¿Qué dices? – Alma sonrió coqueteándole y tomó la mano de Marceline y la pelinegra sin saber por qué, accedió a la propuesta.

–Vale, pero aquí no podemos platicar, hay demasiado ruido… vamos arriba.

Ambas chicas subieron al área VIP, todos se encontraban en parejas platicando, incluida Bonnibel quien agarró la mano de Marshall al ver pasar a Marceline con "su conquista", tras dejar el bajo con los demás instrumentos, la pelinegra tomó una de las botellas de la mesa junto con dos vasos.

–Sígueme –Le dijo a la castaña.

–Creí que estaríamos aquí arriba…

–No soporto estar aquí – Fue caminando entonces hacía las escaleras de emergencia, subieron por ellas hasta la azotea y Marceline sirvió whiskey en ambos vasos.

Bonnibel no dejaba de mirar la puerta esperando que Marceline saliera de ella, sin embargo pasaba el tiempo y la puerta seguía inmóvil, un ebrio Marshall intentó besarla de nuevo pero Bonnibel movió la cabeza para que el contacto sólo quedara en la mejilla y aquél acto sólo la enfureció más de lo que ya estaba por sólo imaginar a la rockera besando a aquélla mujer o algo peor… La irá la hizo levantarse del sillón lounge y empezó a caminar hacía aquella puerta, pero ésta se abrió primero y de ella salió Alma… Bonnibel se detuvo, sin embargo Marceline nunca salió de esa puerta y como si Jake adivinara la duda de la pelirrosa intercepto a la castaña.

–Hey chica, ¿Y Marceline?

–Se quedó arriba –Y sin más explicaciones salió de la zona VIP.

De nuevo la ya muy familiar voz le grito a Bonnibel que subiera y sin dudarlo salió por la puerta escabulléndose de Marshall y un tanto furibunda. Subió las escaleras, salió al exterior y tras sentir frio, toda la irá se convirtió en pánico y algo de vértigo al ver a Marceline sentada a la orilla del edificio mirando la ciudad y tomando un vaso de licor.

– ¿Tan rápido? –Preguntó la rockera de espaldas al escuchar pasos, suponiendo que había regresado su acompañante anterior.

– Soy yo, por favor baja de ahí estás borracha es peligroso –Exclamó preocupada y acercándose a ella.

– ¿Te parece que me asusta?

– Obviamente no pero a mi si, por favor baja… –Dijo tomándole cuidadosamente la mano libre.

– Relájate, ni siquiera me atrevo a saltar… –Dijo notoriamente afligida y terminando su trago –Sólo quiero estar sola e intentar disfrutar la vista, así que ya puedes regresar con el imbécil de tu novio.

– ¿Lo pensaste? –Preguntó completamente preocupada y aferrándose más a la mano de la rockera.

– ¿Saltar? –Sonrió de forma triste – No sería la primera vez… y aún estoy aquí ¿No?

– ¡Baja ya por favor! No seas inconsciente puedes… –Sin embargo fue interrumpida por una extraña voz.

–Sólo había cigarros mentolados… –Dijo Alma saliendo de las escaleras – ¿Interrumpo? –Dijo tras ver la escena.

–No, ella ya se iba –Respondió Marceline y su respuesta junto con la presencia de Alma, hicieron que regresara la furia de Bonnibel.

–Sí, estás interrumpiendo así que vete y déjanos solas… –La chica al ver el ambiente decidió irse.

–De acuerdo, tranquila princesa… Nos vemos Marceline, tienes mi número – Dejó la cajetilla de cigarros a lado del whisky y desapareció.

– ¿Qué ganas actuando así? ¡No seas estúpida! ¡Ah! Y perdón por arruinar tu conquista.

– ¡No seas estúpida Marceline! ¡No seas una alcohólica Marceline! ¡No seas inconsciente Marceline! ¡No seas irresponsable Marceline! ¡No seas una drogadicta Marceline!... No sabes lo cansada que estoy de que absolutamente todos estén tratándome como a una retrasada y juzgándome, cuando nunca nadie ha intentado si quiera entenderme antes de ello – El licor había brotado toda clase de sentimientos en la chica, detonados tras los actos de despecho de Bonnibel. La chica en la orilla, aventó el vaso con coraje y sin importarle el blanco de éste… –Además ¿Qué demonios fue esa escena con Alma?

– ¡¿Qué demonios es lo que tú estás haciendo?! –Dijo al mismo tiempo que la jalaba del brazo para bajarla de la orilla, cayendo ambas en el piso.

– ¡¿Qué carajo quieres Bonnibel?! – Dijo levantándose a la par de ella.

–Quiero que dejes de actuar así, quiero que dejes de estar por la vida como si nada te importara, que dejes de estar deprimida por tu propia voluntad ¡Maldita sea!

– ¡¿Por mi propia voluntad?! ¿Crees que yo maté a mi madre, hago que Simon ni siquiera me recuerde y que mi padre siempre me abandone por querer estar así? No digas pendejadas Bubblegum, la que está siempre triste e histérica por gusto eres tú, queriendo ser perfecta todo el tiempo, ¿Tus padres están al borde del divorcio? ¡Pues al menos están vivos! Por tu propia elección haces lo que no quieres y te reprimes, así que no vengas aquí a querer psicoanalizarme cuando sólo eres una cobarde –Bonnibel, con lágrimas en los ojos marcó la mejilla de Marceline de una certera cachetada.

– ¡Eres una idiota! No sé como pude ser tan tonta para enamorarme de ti, sólo me insultas, me rechazas y yo como imbécil queriéndote más cada día, mucho más de lo que te quieres a ti misma… –Grito llorando sin control alguno.

– ¿Cómo? –Preguntó atónita Marceline.

– ¡Nada Marceline! ¡NADA! – Caminó hacía las escaleras pero fue detenida por la pelinegra.

–No a ver, alto… ¿Cómo que enamorada? Si hace unos segundos no te despegabas de aquél imbécil…

–Sabes perfectamente que no hay nada entre Marshall y yo, me llamas cobarde cuando tú tampoco te atreves a confrontar tus miedos, porque sé que en el fondo tienes miedo de quererme… Pero desde aquél maldito rechazo del viernes sé que lo único que harás será destruirte lentamente y con un vacío sexo ocasional de alguien desconocido… –Repuso pudiendo al fin zafarse del brazo de Marceline quién estaba completamente atónita.

–Espera… ¡Estabas drogada! Además no leo la mente Bonnibel ¿Qué esperabas que creyera?

–No se necesita hacerlo… Pero ya no importa –Marceline cerró el paso de Bonnibel quién iba a triste andar hacía las escaleras. La cantante respiro profundamente.

–Yo… Yo te quiero Bonnibel, desde el primer día, aquí mismo, te vi y cambiaste muchas cosas en mi… –De verdad estaba luchando por contener las lágrimas

–Si es verdad… ¿Por qué no te atreves?

– Porque tú lo has dicho, tengo mucho miedo, el amor nunca es para siempre – Dijo sentándose en el suelo, pues la piernas cada vez le temblaban más – Además… ¿Qué puede ofrecerte alguien como yo?... –Agachándose, Bonnibel tomó sus manos tras limpiarse algunas lágrimas.

–Yo no quiero que me ofrezcas nada, sólo quiero que estés conmigo, que dejes de buscar excusas para no hacerlo y que me quieras como yo a ti… –Marceline dejó de mirar el suelo, levantó la vista para verla a los ojos. Bonnibel pudo ver las lágrimas contenidas en aquéllos ojos de color esmeralda, tomó su rostro en un dulce movimiento y beso sus labios –Yo nunca te haré daño… –Prometió recargando su frente en la de su acompañante, Marceline la tomó por la cintura y con un apasionado beso, decidió darle una oportunidad más al amor.

El departamento se abrió y de la mano, ambas chicas entraron al departamento, Bonnibel ayudo a Marceline a entrar a su habitación, unos momentos después la chica sobria regreso con la playera negra a modo de pijama.

– ¿La usas siempre? –Preguntó Marceline desde la cama.

–Sí, es como si me acompañaras cuando duermo.

–Yo no tengo nada para que me acompañes... Quédate conmigo.

Y con una sonrisa, ambas chicas compartieron lecho, Marceline cayó profundamente dormida, siendo la primera noche en mucho tiempo que aquella pesadilla no hacía aparición.