Ron Weasley maldijo cuando se derramó el café sobre la mano, pero no apartó la vista de la muchacha que caminaba unos tres metros por delante de él.
¿Sería ella?
Estaban a sólo unos cuantos metros del hospital, ¡Quizás había venido a verlo!
Aceleró el paso, persiguiendo aquella cabellera castaña que ondeaba al viento.
Tenía que ser ella.
Por favor, que sea ella…
Cuando la tuvo a un palmo de distancia, estiró el brazo y la tomó por el codo.
La castaña se volteó…Y unos enormes ojos azules lo fulminaron con la mirada.
Ron espiró, decepcionado.
"Lo siento. Pensé… Que eras alguien más." La chica lo escudriñó de arriba abajo, y luego le dedicó una sonrisa felina.
"No hay problema, guapo" Respondió, acercándose unos cuantos centímetros a él.
Ron se contuvo de rodar los ojos, y fingió una sonrisa.
"Lo siento, y, em… Adiós." Pasó al lado de Sonrisa Felina y siguió su camino al hospital.
Ya no se reconocía a sí mismo.
Antes de conocer a Hermione, habría flirteado con esa castaña, le habría pedido su número y se habría acostado con ella.
Y ahora… Ahora se había ido de allí, sin siquiera dedicarle una segunda mirada.
Y es que él no quería más ojos azules. No quería más sonrisas cargadas de interés sexual, ni más cuerpos voluptuosos.
Él quería esos enormes ojos chocolate, esa preciosa sonrisa tímida, y ese pequeñito cuerpecito perfecto.
Ese cuerpecito que no veía desde hacía tres semanas.
Suspiró mientras caminaba dentro del hospital.
Necesitaba volver a verla. Asegurarse de que estaba bien.
El recuerdo de Hermione, saliendo de su consultorio apresurada y con el rostro lleno de angustia lo hacía pensar si hubiera sido mejor no dejarla ir.
¿Por qué se había puesto tan nerviosa? ¿Qué andaba mal con ella?
Como todos los días, siguió martillándose la cabeza con preguntas hasta que entró en su consultorio.
"Tú debes ser Jeremy" El pequeñín de cabellera dorada le sonrió, revelando dos huecos en su sonrisa.
Ron adoraba a los niños. Adoraba trabajar con ellos.
Su inocencia, su humor, lo ayudaban a seguir manteniendo con vida al niño que algún día fue.
La mañana se le pasó especialmente lenta ese día, y cuando por fin llegó la hora del almuerzo, caminó fuera de su oficina con rapidez.
Cada día se sentaba en el bar junto al hospital, almorzando y mirando por la ventana con atención, tensándose cada vez que una cabellera castaña pasaba por allí, y desilusionándose cuando no reconocía el rostro de Hermione en ellas.
"Espere aquí, señorita Granger, y pronto la atenderemos" Ron frenó en seco cuando pasada frente al pasillo de emergencias, y se quedó mirando fijamente a la castaña que estaba sentada unos metros más allá.
¿Se habría vuelto loco y estaba alucinando?
Se aceró todavía más, sin apartar la vista de la muchacha cuyo rostro estaba completamente cubierto por una cortina de cabellos castaños.
"Hermione." La muchacha levantó la cabeza, y Ron sintió como si volviese a respirar luego de semanas.
Allí la tenía frente a él, sentada y… ¿Golpeada?
"Ron." Hermione sonrió tristemente, apenada de que Ron la viese en ese estado, y volvió a bajar la mirada.
No había querido venir al hospital justamente por eso, por él, pero Harry prácticamente la había echado de su casa con tal de que se presentara en el hospital.
Ron se acuclilló frente a ella, frunciendo el ceño al reparar en su herida.
"¿Quién te hizo esto?" Preguntó, controlando la furia que lo llenó por dentro, mientras levantaba una mano para acariciar la mejilla amoratada de Hermione.
"¿Quién? Oh, nadie. Me caí." Se encogió de hombros, y Ron frunció todavía más el ceño, siguiendo el hilillo de sangre que resbaló del labio se su castaña con la mirada.
Ron decidió discutir sobre qué había ocasionado la herida más tarde, y se puso de pie, estirando una mano hacia Hermione.
"Vamos."
"¿A dónde?" Hermione no sabía que haría Ron, pero aun así tomó su mano.
Se sorprendió de sí misma.
Ella no era así. Ella era desconfiada, distante con todo el mundo. ¿Por qué Ron la hacía querer confiar en él?
¿Por qué quería contarle todo, pedirle ayuda?
Pero a pesar de eso, sabía que era imposible hacerlo.
Sabía que Ron saldría corriendo si se lo contaba, así que decidió que lo mejor sería mantener la boca cerrada.
"Te voy a curar" Respondió el pelirrojo, muy seguro de sí mismo, y Hermione sonrió con tristeza.
Ojalá alguien pudiera hacerlo…
"Pensé que eras pediatra" Comentó mientras ingresaba en el consultorio de Ron.
"Sí, y al ser pediatra, también eres médico" Ron se inclinó sobre Hermione, besando la parte superior de su cabeza. La castaña se estremeció. "Volveré en un segundo. Avisaré en emergencias que te tomé prestada".
Hermione sonrió por primera vez en el día mientras lo veía marchar, y se mordió el labio.
Ouch. Se lo soltó inmediatamente. Había olvidado la lastimadura.
Se inclinó sobre un pequeño espejo que descansaba sobre el escritorio de Ron.
Su mejilla derecha y parte de su mandíbula estaban rojas, y moradas en algunas zonas, mientras que sus labios estaban hinchados y sangrantes.
En fin, estaba hecha un desastre.
Y Ron la había visto así. Qué horror.
La puerta volvió a abrirse, y Hermione se giró para ver entrar a Ron.
"A la camilla, señorita" Sonriendo e ignorando el escozor, la castaña obedeció.
Ron, intentando no prestar atención a la ira que lo recorría entero cada vez que fijaba su mirada en la herida, comenzó a desinfectar el corte.
Hermione hizo una mueca, adolorida.
"¿Cómo sucedió?" Ron no pudo alargarlo más, y soltó la tan esperada pregunta.
"Ya dije que me caí".
Ron rodó los ojos, sin dejar de trabajar sobre la lastimadura.
"Dime la verdad".
"Ron, esa es la verdad." Protestó Hermione. ¿Por qué no podía creerle y ya? ¿Por qué seguía preguntando?
"No hay ninguna forma en la que puedas caerte para lastimarte de esta manera, Hermione. Soy médico, sé reconocer un puñetazo cuando lo veo". Hermione se puso tensa, desviando la mirada, pero Ron no dejó de desinfectar la herida. "Hermione…"
"No quiero hablar de ello." Sentenció la castaña, y Ron la miró fijamente durante unos segundos, antes de asentir con la cabeza.
Cuando hubo cubierto el lado derecho de sus labios con unas pequeñas banditas, se alejó unos pasos.
"Lista. Tendrás que ponerte… esta pomada" Ron hurgó dentro de un cajón hasta extraer un pequeño bote blanco, y se lo entregó a Hermione. "Dentro de una semana el cardenal debería volverse amarillo, y luego desaparecerá".
Hermione asintió, fijando la mirada en el bote que sostenía entre sus manos.
"Gracias, Ron." Susurró, y el pelirrojo pensó que el corazón se le rompería en mil pedazos.
Una horrible sensación de impotencia lo invadió por dentro, y no pudo resistirse de rodear a Hermione por la cintura con sus brazos, estrechándola contra él.
La castaña, sintiéndose mucho más relajada, apoyó la cabeza sobre el pecho del pelirrojo, respirando hondo.
"Quiero ayudarte".
"No puedes". Ron frunció el ceño, pero no la soltó, y bajó la cabeza para besar su coronilla.
"Déjame intentarlo".
"Ron… no".
El pelirrojo no dejó que la frustración lo dominara, y se limitó a bufar.
"¿Cómo llegaste hasta aquí?"
Hermione, desorientada por el cambio de tema, se alejó para mirarlo unos segundos.
"Caminando."
"¿Vives cerca?" Hermione negó con la cabeza. "¿Y aun así viniste caminando?"
La castaña se encogió de hombros, avergonzada.
"No tenía dinero…" Susurró, y Ron se mordió el labio para no exigirle que le explicara todo.
"Te llevaré a tu casa." Sentenció, mientras se giraba para tomar unas llaves que descansaban dentro de un cajón.
"¿Qué? No." Hermione sacudió la cabeza negativamente. Ni loca lo llevaría hasta su casa. "Vine sola y puedo irme sola. Muchas gracias por todo, Ron" Se giró, completamente decidida a salir de allí, pero no contó con que Ron sería todavía más cabezotas que ella.
"Deja de llevarme la contra por una vez en tu vida, y ven conmigo" Tomó su mano, caminando con ella entre los pasillos del hospital.
"Ron, no puedes llevarme."
"¿Por qué no?" Otra vez la volvía a poner entre la espada y la pared. Hermione balbuceó, intentando encontrar alguna excusa decente. Ron sacudió la cabeza. "Te llevaré. Resígnate".
Hermione frunció el ceño, pero no volvió a discutir hasta que llegaron junto a un enorme auto plateado.
"Wow." Hermione frenó en seco, abriendo los ojos como platos. "¿Este es tu coche?"
"Sí. Vamos, sube" Ordenó, abriendo la puerta del copiloto, y Hermione obedeció con un suspiro de resignación, ignorando la sonrisa de Ron. "¿Dónde vives?" Preguntó el pelirrojo en cuando puso en marcha el coche con un suave ronroneo.
Hermione vaciló, y cuando Ron le dirigió una mirada de censura, rodó los ojos y citó su dirección.
Ron frunció el ceño, pero no hizo ningún comentario y se encaminó hacia allí.
Era un vecindario feo. Muy feo. Y pobre. No quería ofenderla, así que se guardó sus opiniones para sí mismo.
"¿Qué tipo de música escuchas?" Preguntó la castaña, intentando descubrir más sobre su salvador.
"Tengo gustos variados" Ron estiró el brazo derecho hasta la guantera frente a Hermione, y la abrió. Estaba repleto de CD's.
Inmediatamente, Hermione comenzó a hurgar entre las pilas y pilas de discos, haciendo comentarios sobre cada uno de ellos. Ron se reía, feliz de verla tan entretenida.
Suspiró cuando llegó la hora de dejarla ir.
"Llegamos." Le comunicó cuando estacionó frente a la pequeña casa de ladrillos viejos en la que vivía la castaña.
Hermione le echó una mirada al edificio, inquieta y luego volvió a mirar a Ron.
No quería irse. No quería alejarse de la seguridad que sentía cuando estaba junto al pelirrojo.
"Adiós." Susurró, sintiendo como si dejara una parte de ella allí.
"Si necesitas algo, lo que sea, llámame, ¿Sí?" Hermione tomó la tarjeta que Ron le alcanzó, asintiendo con la cabeza. "Cuídate, por favor". La castaña asintió con la cabeza, no muy segura de sí podría cumplirlo.
"Gracias." La castaña se estremeció cuando Ron posó una mano sobre su nuca y se inclinó sobre ella. Cerró los ojos, nerviosa, y suspiró cuando los labios de Ron se posaron en la comisura sana de los suyos. Un cosquilleo la recorrió entera, y una desesperada sensación de anhelo de apoderó de ella.
"Adiós, Hermione." Susurró en pelirrojo, sintiendo su corazón estrujarse dentro de su pecho al tener que dejarla allí, sola, desprotegida.
La castaña bajó del coche, sintiendo como si una parte de ella se quedara allí adentro, al resguardo de Ron Weasley.
No podía arrastrarlo a su horrible mundo. Pero sí podía disfrutar imaginando el poder tenerlo cerca.
Disfrutar del recuerdo de lo que nunca será.
¡Hola a todas! Espero que les haya gustado el segundo capítulo.
Un beso enorme para todas. Emma.
¡Gracias por leer!
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Old Brown Shoe :P
