La muchacha castaña rodeó a su hermano pequeño con ambos brazos, y el niño rubio escondió la cabeza en el pecho de su hermana.
Estaba sucediendo otra vez.
Estaba borracho otra vez.
La castaña se estremeció, pero no dejó que su rostro reflejara emoción alguna. Tenía que ser fuerte por él. Por su Harry.
El niño gimoteó, y Hermione lo estrechó más fuerte entre sus brazos.
"Todo está bien, colega. Estaremos bien." Su voz se ahogó entre los fuertes sonidos que resonaban fuera de la habitación.
Platos cayendo al suelo, madera rota, gruñidos, insultos.
Hoy estaba enfadado. Muy enfadado.
Inspiró hondo.
"Vámonos, Hermione". La castaña, sorprendida, bajó la cabeza hacia el pequeño de cabellos azabache que sostenía entre sus brazos.
¿Irse?
"¿A dónde?"
"A donde sea. Por favor."
Hermione inspiró hondo, sin apartar los ojos de aquellos dos faroles verdes de su hermano.
¿Y si se iban? ¿Los seguiría su padre? ¿Se lo quitaría?
Como siempre que Harry le pedía algo, Hermione no pudo hacer otra cosa que darle con el gusto, y se puso de pie de un salto.
Era una locura. Era estúpido, pero quería hacerlo.
Lo necesitaba.
Su mente funcionaba a gran velocidad mientras consideraba sus opciones, y finalmente, tomó una vieja mochila del placard.
"Toma algo de ropa" Le ordenó a Harry, y el pequeño obedeció en el instante.
"¿Puedo llevar mi remera de spiderman?" Hermione, a pesar del pánico, no pudo evitar sonreír.
"Claro que sí, Harry. Rápido".
Otro estremecimiento se apoderó de su cuerpo cuando los pesados pasos de su padre resonaron en el pasillo.
Se acercaba. Venía a descargarse con ella, otra vez…
"¡Hermione!" La castaña tomó a su hermano en brazos acercándose a la ventana con rapidez.
Dejó caer la mochila en el césped, midiendo la altura que había hasta el suelo.
Ella había escapado millones de veces por aquella ventana anteriormente, pero ahora no estaba sola.
"Es solo un metro, campeón. Ven aquí." Lo levantó en el aire, sentándolo en el alfeizar de la ventana.
Harry, su pequeño angelito, inspiró hondo antes de saltar. Cayó sobre sus pies y Hermione le sonrió en forma de felicitación.
Pasó una pierna por la ventada, y cuando estaba a punto de saltar, una mano gorda y callosa apresó su tobillo.
Hermione chilló, no pudo evitarlo.
"¿A dónde diablos piensas que vas, pequeña zorra?" La voz de Wendell sonaba patosa, torpe.
"¡Suéltame!" Hermione no despegó la vista de su hermano, quien la miraba horrorizado desde el patio trasero.
"¡No irás a ningún lado, perra! ¡Tú y ese mocoso me pertenecen!" Hermione contuvo un sollozo, y con la poca fuerza que le quedaba, pateó el abultado estómago de su padre con fuerza.
Wendell soltó su tobillo, trastabillando hacia atrás, gruñendo e insultándola.
Hermione saltó fuera de la casa y cerró la ventana por fuera en menos de un segundo, antes de colgarse la mochila a los hombros y tomar la pequeña mano de su hermano entre las suyas.
"¿Hermione, estás-
"Luego preguntas, colega, ahora corre". Murmuró, mientras lo ayudaba a saltar la valla del vecino.
Lograron cruzar el patio trasero de su vecino narcotraficante sin ser detectados, gracias al cielo, y salieron a la calle, ambos respirando agitadamente.
Hermione no dejaba de mirar por sobre su hombro, mientras caminaba por entre aquellas calles que ya se conocía de memoria.
"Estoy bien, Harry."
"¿Te lastimó esta vez?" Hermione sacudió la cabeza de forma negativa. No sabía si la voz le fallaría o no.
El miedo comenzó a evaporarse, pero se apoderó de ella la incertidumbre.
¿Y ahora qué?
Había logrado guardar una muda de ropa para cada uno, y alcanzar los únicos cuarenta dólares que poseía, pero no podía hacer nada con eso.
Pasaron caminando frente al mugroso bar en el que trabajaba de día.
¿Podría ir a casa de Pansy, su jefa? No, de seguro que la correría.
¿Tonks, esa chica que trabajaba junto a ella? No. No tenían la suficiente confianza. De casualidad que cruzaban un par de palabras por día.
¿A dónde iría?
Inspiró hondo.
No volvería a pasar otra noche en el parque. No podía hacerlo con Harry.
Tampoco llevaría a su hermano a uno de esos asilos para gente sin hogar.
Las lágrimas inundaron sus ojos, pero haciendo acopio de toda su fuerza, las contuvo.
No podía llorar con Harry allí. No podía espantarlo todavía más.
Caminaron durante lo que parecieron horas.
Hermione tragó en seco cuando preguntó la hora a otro transeúnte y descubrió que eran las once de la noche.
¡Once de la noche!
Sostuvo a Harry en sus brazos cuando él se mostró agotado, a pesar de sus protestas.
Y siguió caminando.
No supo cómo, ni porqué, pero cuando por fin echó una ojeada a su alrededor, estaba parada en uno de los laterales del parque que solía frecuentar. En donde había conocido a Ron.
A sólo una calle de distancia, las luces del hospital le dieron la bienvenida.
Ron.
¿Estaría su ángel guardián allí?
No, seguramente no.
Seguramente estaría en su hogar, durmiendo plácidamente en su cama.
"¿Harry?" Murmuró, pero lo único que recibió a modo de respuesta fue un pequeñísimo ronquido. Sonrió. Estaba dormido.
Resignada, se dejó caer sobre una de las bancas del parque, acomodando a Harry en su regazo.
El sueño se apoderaba de ella, y todavía no tenía idea de a dónde iría, qué haría.
Su hermano se removió sobre ella, apoyando su pequeña cabeza en el hueco de su cuello, haciéndole cosquillas con sus largos cabellos rubios.
Necesita un corte de pelo.
Hermione cerró los ojos, descansando la vista sólo por unos segundos.
Al volver a abrirlos, se quedó de piedra.
¿Se había quedado dormida? Mierda, seguramente se había quedado dormida.
No podía ser verdad.
Siguió con la mirada el cuerpo de aquel pelirrojo, que salía caminando del hospital con rapidez antes de comenzar a cruzar la calle.
Iba hacia ella. ¿La habría visto?
No. Espantada, Hermione reconoció el coche que se encontraba aparcado justo frente a ella.
Era un auto plateado.
¿Cómo diablos no se había dado cuenta?
"Harry. Harry." Intentó despertar a su hermano, nerviosa. El niño se limitó a moverse entre sus brazos y soltar otro ronquido.
La castaña lo acomodó en sus brazos otra vez, dispuesta a levantarse y marcharse de allí.
"¿Hermione?" Ay, no. No, por favor. "¡Hermione!"
Su respiración se volvió agitada e intentó levantarse, pero una mano ya conocida se cernió sobre su hombro.
"¿Qué haces aquí a estas horas?" Envalentonada, la castaña levantó la vista.
Ron lucía cansado. Traía la bata arrugada, los cabellos más revueltos de lo normal y unas casi imperceptibles ojeras rodeaban sus bellos ojos.
"Ya me iba."
"¿A tu casa?" Ron estaba tan confundido.
¿Qué hacía ella ahí? ¿Quién era ese niño? ¿Por qué lucía tan endemoniadamente triste?
Hermione vaciló.
"No."
"¿A dónde entonces?" Ron frunció el ceño, examinando las diferentes gamas de amarillos violáceos que todavía marcaban su precioso rostro.
Hermione inspiró hondo, haciendo otro enorme esfuerzo para no llorar.
"No lo sé". Susurró con la voz ahogada.
Ron sintió su corazón estrujarse dentro de su pecho, mientras seguía estudiando las reacciones de la castaña.
"¿Qué sucedió?" Hermione negó con la cabeza. No se lo contaría. Al menos, no ahora. "¿Tienes en dónde pasar la noche?" Hermione vaciló, pero volvió a negar con la cabeza. Ron frunció el ceño. "Vendrás conmigo." Terminó por sentenciar.
La castaña abrió los ojos como platos, mientras lo miraba asombrada.
"N… No" Logró decir finalmente.
"Claro que sí." Ron, decidido, se irguió y extendió una mano hacia ella.
"Ron, no puedo. No."
"Si no lo haces por ti, aunque sea hazlo por el niño." Ouch. Ron había tocado su fibra más débil. "Necesita un lugar donde dormir."
Hermione derrotada, bajó la vista hacia las angelicales facciones de su hermano menor.
Ron tenía razón.
Tendría que dejar de lado su orgullo y hacer lo mejor para su hermano.
Suspiró, y Ron supo que había ganado. Levantó la llave del coche, presionó un botón, y las luces del Auto brillaron cuando la alarma se desactivó.
Hermione se puso de pie con Harry todavía en brazos, y Ron se apresuró a abrir la puerta trasera del coche antes de estirar las manos hacia ella.
Hermione vaciló, pero cuando vio la expresión escéptica del pelirrojo, le entregó a su hermano, y Ron lo acomodó en el asiento trasero del coche.
"Sube." Abrió la puerta del acompañante y Hermione, con un suspiro, se subió.
Ron sabía que no le gustaba nada aceptar su ayuda, pero no tenía otra opción. El pelirrojo había decidido no hacer más preguntas por ahora, pero eso no quería decir que no fuera a interrogarla en cuanto pudiera.
El viaje transcurrió en silencio, sólo roto por tres simples palabras.
"¿Estás bien?" Ron no pudo evitar preguntar.
"No". Hermione había decidido ser honesta, y Ron la admiró por ello.
Inspiró hondo, y su mano derecha pareció cobrar vida propia cuando viajó desde la palanca de cambios hasta la pierna de la castaña.
La muchacha se tensó ante el contacto, pero una ola de calor reconfortante la inundó al instante, y se relajó bajo su mano. Se sentía…bien.
Nadie dijo nada más hasta que se encontraron dentro del departamento de Ron.
Era un lugar grande, aunque no ostentoso.
A Hermione le fascinó.
La castaña permitió que él cargara a su hermano.
Las horas de caminada ya estaban haciendo mella sobre su cuerpo, pues le dolían tanto las piernas y los pies que apenas podía sostenerse de pie.
"¿Tiene nombre?" Hermione salió de su ensoñación mientras veía a Ron depositar a su hermano sobre la mullida cama del cuarto de invitados.
"Harry. Es mi hermano." Dijo cuándo se acercó a su pequeño angelito y comenzó a desatarle las zapatillas. Estaban viejas y gastadas, pero Harry las adorabas.
Lo acomodó cuidadosamente bajo las mantas antes de girarse hacia Ron.
"Dormirás en mi habitación. Ven." Ron tomó su mano y comenzó a caminar con ella fuera de la habitación.
"Dormiré con Harry, Ron, estoy bien." Ron decidió ignorarla, y Hermione finalmente desistió, sin antes contenerse de rodarle los ojos.
"Allí está el baño, este es mi estudio y esta… es mi habitación" Ron abrió la pesada puerta de roble, haciendo entrar a Hermione en un gran cuarto de paredes color arena, preciosamente decorada.
"Es linda."
"Lo sé." Comentó muy ufano, y Hermione lo observó divertida. Él se encogió de hombros con una sonrisa. "Puedes dejar aquí la mochila" Señaló hacia un sillón negro mientras caminaba hasta la cama. "Y dormir aquí. Las sábanas son nuevas". Hermione casi suelta una risita. Cómo si realmente le importara qué tan nuevas eran las sábanas…
"Muchas gracias, Ron. Esto que has hecho por mí es… impagable"
"No es nada".
Hermione le frunció el ceño.
"Claro que lo es. Es mucho. Muchísimo. Me has… Nos has salvado. Gracias."
"De nada." Susurró el pelirrojo, mirándola con una expresión indescifrable.
Hermione se mordió el labio con nerviosismo cuando el pelirrojo se volvió a acercar a ella, y se estremeció cuando él acarició sus cabellos cariñosamente.
"¿Quieres tomar algo?"
"¿Tienes té?"
Ron le sonrió antes de inclinarse y besar su frente con un imperceptible roce.
"Ya regreso con tu té" Susurró antes de desaparecer por la puerta.
Hermione espiró, relajada por primera vez en el día, acercándose lentamente a la cama.
Lucía tan cómoda. Ella nunca había tenido una cama cómoda.
Nostálgica, acarició las almohadas con suavidad. Allí dormía Ron. Y allí dormiría ella.
Todo parecía un sueño.
Un cuento de hadas en donde su caballero de brillante armadura venía a salvar a la atormentada princesa y a su indefenso hermano.
Pero en la historia real, su príncipe no usaba armadura, sino bata. Y ella no era ninguna princesa. Nada más lejos de la realidad.
Se dejó caer sobre la cama, disfrutando de la suavidad de las sábanas.
Se quitó los zapatos y la chaqueta, dejándolos sobre el sofá junto a su mochila antes de sentarse en la cama, apoyando la espalda contra el respaldo y cubriéndose con las mantas.
Estaba calentito. Acogedor.
Se le cerró el pecho y estuvo a punto de llorar por séptima vez en el día.
Se sentía tan bien allí, como un hogar.
¿Sería lindo tener un hogar? Apostaría a que sí.
"Permiso…" Levantó la cabeza sorprendida, antes de sonreírle a Ron, que caminó hacia ella con una taza humeante en la mano. "Ten".
Le entregó el té, y Hermione lo tomó con manos temblorosas.
"Gracias." Susurró.
"¿Quién es?" Ron no podía contener más su curiosidad. Necesitaba saber qué diablos sucedía con Hermione.
"Mi padre." Respondió, sin despegar la mirada del té. Ron pensó que no volvería a hablar, pero de repente el torrente de palabras escapó de su boca, sin filtros. "Es alcohólico. Cuando mamá vivía, estaba un poco más controlado, pero ella murió al dar a luz a Harry. Ahora se pasa la mayor parte del tiempo borracho. Gasta todo el dinero que gano en el bar en alcohol. Trabajo durante el día, y Harry está en la escuela, así que casi no lo veo. Las noches son la peor parte. Siempre llega a casa enfadado. Siempre necesita descargarse…" Hermione tragó saliva, y Ron cerró las manos en dos puños.
"Te golpea." Hermione asintió. "Fue él." Ron señaló con la cabeza hacia el mentón de la castaña y ella asintió, resignada. "¿Golpea a Harry?"
Hermione negó.
"Lo intentó, pero siempre me interpuse entre ellos. Nunca permitiría que le hiciera algo".
"Hermione... ¿Cuántos años tienes?" Hermione lo miró sorprendida.
"Veintidós".
"¿Entonces por qué no te vas de allí?"
"No podría dejar a Harry".
"Llévalo contigo."
Hermione sonrió tristemente.
"Wendell tiene la custodia sobre él. Y no tengo el dinero suficiente para pagar un abogado".
Ron la miró, dubitativo. Ya había decidido que sería él quien la ayudara a salir de aquel pozo negro, le gustara a ella, o no. Le importaba un comino. No le permitiría volver ahí.
"Yo te ayudaré".
"Ron, no. Ya me ayudaste demasiado. No."
Ron se encogió de hombros.
"Estás cansada, puedo verlo. Descansa, y hablaremos mañana".
"No hay nada que hablar" Sentenció la castaña, depositando la taza de café sobre la mesilla de noche.
Ron rodó los ojos. "Mujer tozuda". Susurró, mientras la veía acostarse en su cama.
Decidió que le gustaba tenerla allí. Le encantaba.
Se inclinó hacia adelante, arropándola, y volvió a besar su frente.
"Dulces sueños."
Hermione lo miró, ceñuda, mientras iba hacia la puerta.
"¿Dónde dormirás tú?"
"En el salón. Y ni se te ocurra seguir protestando. Duerme, Hermione. Búscame si necesitas algo, lo que sea".
La castaña se enfurruñó, pero sólo abrió la boca para desearle las buenas noches.
"Que duermas bien".
Ron le sonrió una última vez antes de salir por la puerta, dejándola entreabierta.
Hermione sentía un deseo enorme de pedirle que se quede. Que duerma allí con ella, que no se vaya, pero decidió que lo mejor era contenerse.
No sería sano para ella pasar la noche junto a él.
No lo sería cuando tuviera que irse a la mañana siguiente, y el recuerdo de él durmiendo junto a ella la persiguiera como un fantasma.
Se hizo un ovillo, mientras cerraba los ojos y se dejaba ir, sintiéndose segura por primera vez en años.
Pobre Mione. Odio a Wendell, lo odio. Y Ron, es tan precioso*.*
Espero que les haya gustado el capítulo. Esta historia ms gusta bastante, la verdad. ¡Un saludo a todas!
Emma.
¡Gracias por leer!
¿No odian a Wendell?
Como siempre:
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Con amor,
Old Brown Shoe :P
