"¡Mione!" Una muchacha castaña abrió los ojos lentamente, intentando recordar en dónde estaba. "¡Hermione! ¿¡Hermione, dónde estás!?" El gimoteo de su hermano pequeño la terminó de sacar de su neblina post sueño, y se levantó de la cama lo más rápido que pudo.

"¡Harry!" Salió corriendo al pasillo, topándose con un pequeño cuerpito a su lado. Ambos cayeron al suelo, el pequeño rubio sobre ella.

Hermione comenzó a soltar carcajadas, pero Harry se limitó a mirarla con el ceño fruncido.

"¿Dónde estabas?"

"Durmiendo, enano. ¿Estás bien?" Harry se sentó en el suelo, y Hermione se incorporó a su lado.

"Me asusté." Susurró, haciendo un mohín.

La castaña lo rodeó con sus brazos, estrechándolo contra ella.

"No hay nada que temer, Harry. Estamos bien aquí". Susurró, acariciando los cabellos del pequeño con ternura.

"¿En dónde estamos?"

"En… la casa de un amigo mío" Murmuró Hermione, no muy convencida. ¿Serían amigos?

"Ah, hola." Ambos levantaron la mirada cuando una voz ronca y somnolienta sonó desde la otra punta del corredor.

Ron, despeinado y llevando no más que un pantalón celeste, los miraba, se tallaba los ojos y bostezaba al mismo tiempo.

Hermione se sintió invadida por la ternura, y se puso de pie.

"Lo siento si te despertamos." Susurró, y Ron le sonrió, con los ojos todavía algo entrecerrados después del sueño.

"No me despertaste." Hermione sabía que mentía, pero se limitó a sonreírle.

"¿Y tú quién eres?" La castaña bajó la vista hacia Harry, que miraba a Ron con los ojos muy grandes, pero con cierto recelo.

"Harry, no seas mal educado" Le regañó. "Él es Ron, mi amigo, nos ayudó." Hermione decidió ignorar la profunda mirada que le dirigió Ron antes de arrodillarse frente a Harry.

"Buenos días, campeón."

"¿Esta es tu casa?" Ron asintió y el pequeño lo estudió durante unos segundos más antes de decidir que el pelirrojo despeinado le caía bien. "¡Genial! ¿Tienes un tele?"

"Oh, no. Nosotros ya nos íbamos." Hermione le sostuvo la mirada a Ron cuando este la miró con el ceño fruncido.

"Claro que no. No son más de las diez de la mañana. Se quedarán."

"Ron, no quiero-

"¡Quedémonos!" Hermione dirigió una mirada asesina a su hermano pequeño. "¿Por favor…?" Harry hizo un mohín tan tierno que Hermione casi se derrite por dentro.

"Quédense…" La voz de Ron no fue más que un murmullo, y cuando Hermione lo miró, el muchacho imitó a Harry, poniendo morritos.

"Ustedes dos son incorregibles."

Ron sonrió al mismo tiempo que la castaña rodaba los ojos.

"Claro que tengo tele, Harry, ven, ¿Quieres verlo?"

Harry saltó en su sitio, tomando la mano de Ron con total desenvoltura.

Hermione los observó con atención mientras los seguía a través de los pasillos de la casa. Harry no era así, él no confiaba en la gente tan rápido. Igual que ella.

¿Qué tenía Ron que los volvía tan desenvueltos?

Se encogió de hombros, y se frenó frente a la puerta de la cocina.

"¿Ron? ¿Te molesta si preparo el desayuno mientras ustedes van hacia allí?" El pelirrojo se giró a mirarla.

Hermione lucía preciosa en las mañanas, pensó. Sus cabellos estaban alborotados, demasiado alborotados, y sus mejillas estaban sonrojadas. Le brillaban los ojos, y a Ron se le estremeció el corazón.

"Puedo hacerlo yo." Antes de que pudiera seguir hablando, Hermione ya había comenzado a negar con la cabeza, tozuda, y Ron suspiró, todavía sin perder la sonrisa del rostro. "Como quieras, Hermione, avísame si no encuentras algo". Ron bajó la vista hacia el pequeñín rubio y tironeaba de su mano, y le sonrió, antes de echarle una última mirada a la castaña y caminar con el niño hacia la sala.

Hermione suspiró, sintiéndose cómoda. Por primera vez se sentía… en casa.

Le costó un buen rato descubrir en dónde guardaba Ron los tazones y los huevos, pero cuando se hubo acostumbrado a la espaciosa cocina, comenzó a canturrear una cancioncilla que había tenido en la cabeza por semanas mientras preparaba los waffles.

"¡Waffles!" La castaña sonrió cuando escuchó la vocecita de Harry a sus espaldas, y se giró para verlos entrar en la cocina.

Ron le sonrió desde el marco de la puerta, y decidió que de ahora en más, quería tenerla allí todas las mañanas.

Desayunaron en silencio por parte de ambos adultos, pero distraídos por la incesante cháchara de Harry, que se entretuvo contándole a Hermione la cantidad de canales que tenía la tele de Ron.

Hermione y Ron estaban perdidos en sus pensamientos, echándose miradas nerviosas de vez en cuando, y desviando la mirada inmediatamente.

Ambos se preguntaban lo mismo. ¿Qué pasaría ahora?

La noche ya había pasado, Hermione debería regresar a su casa… ¿No es así?

Ninguno de los dos quería que fuera así. Ron quería protegerla, cuidarla, tenerla junto a él.

Y Hermione… La cabeza de Hermione era un mar de contradicciones y dudas. Deseaba tanto quedarse junto a Ron, pero necesitaba recordar las razones por las cuales nunca había podido huir de aquel horrible pozo negro en el que vivía.

Nunca podría dejar a Harry junto a aquel monstruo. Nunca.

"Bueno, creo que ya… Es hora de irse." Susurró, diciendo las palabras y deseando no decirlas.

Harry la miró, con sus enormes ojos verdes llenos de tristeza.

"Pero Hermione-

"Harry, no." Susurró, negando con la cabeza. Sabía que si ambos se ponían de acuerdo, la convencerían, y no podía dejar que eso suceda.

"Mione… Quédate." Ron supo que Hermione no desistiría cuando la miró a los ojos.

Hermione tenía miedo. Tenía tanto miedo. Y Ron sintió que daría su vida con tal de no ver tal dolor en sus ojos.

"No puedo. No podemos." Respondió, poniéndose de pie y recogiendo los platos de la mesa.

"Déjalo, lo haré yo." Ron bufó, y tomó ambas manos de Hermione, dejándola quieta. "Déjalo."

Hermione lo miró a los ojos durante unos largos segundos, y supo que irse de allí le costaría más de lo que había imaginado.

"Bien… Ron, yo… "Tragando saliva, se giró sobre sus talones, apartando las manos de Ron, y caminó fuera de la cocina. "Ya regreso".

Ron le sonrió forzadamente al pequeño rubio que lo miraba expectante.

"Convéncela de quedarse."

"No quiere hacerlo, enano." Murmuró, tomándolo de la mano y caminando fuera de la habitación con Hermione.

"¿Podré venir aquí de nuevo? Esa cama era cómoda." Susurró el niño, y Ron inspiró hondo, ante de sonreírle con ternura.

"Podrás venir todas las veces que quieras, Harry".

"Vamos…" Hermione apareció cargando la mochila en su espalda, y le revolvió el cabello a Harry con cariño.

"No tienes que hacerlo, Hermione…"

"Te lo dije ayer, Ron. Se quedará con él si intento algo, no puedo-"Hermione intentó despejas el nudo que repentinamente ocupó su garganta. "No puedo permitirlo".

"Podemos lograrlo. Necesitamos un abogado, y-"

"Ron, de veras agradezco tu ayuda, no sabes cuánto. Pero no tengo dinero para un abogado, y no permitiré que pagues uno" Se apresuró a decir cuando Ron abrió la boca para protestar. El pelirrojo la cerró, tozudo.

"No dejaré esto así."

"No puedes hacer nada, Ron."

"Ya lo veremos." Susurró, mientras abría la puerta para ellos.

Hermione lo fulminó con la mirada.

"Ron, no-

"Hermione, no puedes impedírmelo." Hermione bufó, consternada. Era el hombre más cabeza dura del universo.

"Como sea. Adiós. Y gracias." Murmuró, todavía con el ceño fruncido, mientras salía por la puerta.

Ron los despidió, y en cuando hubo vuelto a su departamento, tomó el teléfono celular.

"¿Bill? Necesito tu ayuda".


Ronnie la ayudará*.* So sweet.

Espero que les haya gustado el capítulo. Ambos tienen un importante problema de cabezonería, lo sé. Los adoro con la vida. Jajaja

Besos.

Emma


¡Gracias por leer!

¿Les gustó el capítulo? ¡A mí me encantó!

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Con amor,

Old Brown Shoe :P