"Y tú debes ser Hermione…" La castaña le sonrió tímidamente a la mujer, de unos cuarenta y tantos años, cabellos color rojo y unos preciosos ojos azules, iguales a los de su hijo.

"Sí, lo soy."

"¡Y estoy segura de que tú eres Harry!" El niño sonrió, dejando al descubierto un hueco negro en su blanca dentadura, y Hermione observó con deleite como su hermano besaba la mejilla de Molly, que se había inclinado a saludarlo con alegría. "Es un placer tenerlos aquí."

"El placer es nuestro. Muchas gracias por recibirnos."

"Sí, gracias." La vocecita de Harry hizo que los tres, Hermione, Ron y Molly, soltaran una risita.

"Vengan, vamos a saludar al resto." Molly levantó un brazo hacia la puerta de madera que daba paso a la sala, y Ron rodeó la cintura de Hermione con un brazo, guiándola hacia donde se encontraba el resto de la familia.

En cuanto cruzaron la puerta doble, Hermione sintió que una extraña sensación la invadía.

Había cuatro personas más allí. Un hombre de unos cincuenta años, pelirrojo, esbelto y muy apuesto, sentado junto a una muchacha rubia e igual de hermosa. Hermione pensó que deberían de ser los genes Weasley. Junto a ella se encontraba sentado Bill, su abogado, mejor amigo de Ron, y novio de Fleur, la hermana de Ron, según le había contado el pelirrojo en el camino. Frente a ellos estaba Ginny, la hermana menor de Ron, la más pequeña, e inesperada, hija de Arthur y Bill.

Todos se giraron hacia ellos, Fleur la miró con curiosidad, y Ginny echó a correr hacia su hermano, que la cargó en brazos con facilidad y besó sus mejillas sonoramente.

Hermione sintió su corazón se estrujaba dentro de su pecho, mientras observaba el amor que el pelirrojo profesaba por aquella pequeñita duende que los miraba con curiosidad.

"Hola, soy Fleur." Hermione se vio obligada a mirar al frente, hacia la rubia hermana de Ron, que le sonrió amigablemente mientras le tendía su mano derecha.

Hermione la tomó entre las suyas, y se quedó dura cuando la muchacha se acercó a ella y la abrazo rápidamente.

Las muestras de cariño no eran algo común para ella. Sólo podía permitir que Harry se le acercara, y recientemente, Ron, pero la castaña se sorprendió al notar que el abrazo de Fleur no la incomodó, ni mucho menos.

"Hola." Le sonrió en cuanto la muchacha se apartó, y Fleur le sonrió de vuelta, decidiendo en ese momento que la futura novia de su hermano le caía muy bien.

"Buenos días, Mione." La castaña se giró hacia Bill, que la rodeó con sus brazos en un apretado abrazo de oso. "¿Cómo estás?"

"Muy bien, gracias, Bill." Respondió Hermione entrecortadamente, intentando respirar en medio de aquel enorme abrazo.

"Hermione, soy Arthur, bienvenida." La voz del padre de Ron era calmada y suave, y a Hermione le pareció un hombre increíble.

"Buenas noches, y gracias." Susurró Hermione en respuesta, observando divertida cuando Ginny se revolvía en los brazos de Ron para bajar.

En cuanto estuvo con ambos pies sobre el suelo, la niña se acercó hacia Harry con rapidez y se paró firmemente frente al niño, que le llevaba cerca de media cabeza de altura.

"Tú serás mi nuevo mejor amigo." Declaró con su voz de campanillas, y Harry levantó la cabeza para mirar a Hermione sorprendido.

La castaña se encogió de hombros, divertida, y el niño volvió a mirar al duendecillo que esperaba una respuesta con paciencia.

Harry pareció pensarlo un segundo.

"Bien." Finalizó, y todos en la sala soltaron una risita ante la ternura del encuentro.

Las próximas dos horas se pasaron demasiado rápido para Hermione, mientras ayudaba a preparar la cena y poner la mesa, mientras cenaba sentada entre Harry y Ron, quien bromeaba con ella y la hacía reír constantemente, y mientras compartía tiempo con aquella hermosa y algo desastrosa familia, que se reían de absolutamente todo y adoraban abrazar a todo el mundo.

"Las chicas cocinamos y servimos la cena, los chicos lavarán los platos." Molly hizo oídos sordos a las protestas, y caminó cargando una pila de platos sucios hacia la cocina, seguida por todo el resto de los adultos de la familia, las chicas cargando más vajilla, y los chicos arrastrando los pies.

Unos minutos más tarde, Ron y Bill fregaban los platos mientras Arthur los secaba, y las chicas se quedaron cotilleando en el salón, a la vez que veían a los dos niños jugar frente a ellas.

"Así que… ¿Tú y Ron están juntos?" Hermione abrió los ojos como platos mientras miraba a Fleur, que sonreía esperanzada.

"Oh, no, no. No." La castaña sacudió la cabeza, todavía incrédula, ¿Cómo podría un hombre como Ron estar interesado en una mujer como ella? Ni en un millón de años. "Él solo está ayudándome, como… Amigos."

"Oh. Pero viven juntos, ¿Verdad?"

"Sí, pero es temporal, estaré mudándome dentro de poco."

Hermione sintió un pequeño nudo en el estómago al recordar que mañana debía regresar al trabajo, y realmente, realmente, no quería hacerlo.

Malditos fueran los lunes.

"Yo creo que le gustas."

"Fleur, no seas molesta." La rubia se quedó callada ante a reprimenda de su madre, pero le sonrió a Hermione son complicidad y Hermione no pudo hacer más que enrojecer y sonreír levemente.

¿Ron? ¿Gustar de ella? Le dieron ganas de carcajearse.

Sí, claro que sí. Pensó la castaña irónicamente.

"Bien, ya hemos terminado con la tarea que nos han encomendado, señoritas." Bill apareció por la puerta haciendo una graciosa reverencia y todos soltaron una carcajada, mientras que Fleur rodaba los ojos y se mordía el labio para no sonreír como una estúpida.

Qué enamorada que estaba de ese hombre.

Su hombre.

Ron se dejó caer en el sillón junto a Hermione, y estiró un brazo por detrás del cuello de la castaña, sobre el respaldo del sillón, haciendo que a Hermione se le parara el corazón durante unos segundos.

"¿Estás bien?" Preguntó en un murmullo, inclinándose hacia Hermione, y sintiendo el aroma a vainilla inundar sus sentidos.

Cuánto adoraba ese aroma.

"Claro que sí." Respondió Hermione con una sonrisita, levantando el rostro para mirarlo, y quedando peligrosamente cerca de Ron.

El pelirrojo paseó sus ojos sobre el rostro de la muchacha, y tragó con dificultad antes de volverse hacia el resto de las personas en la sala.

No recordaba haber deseado nunca a nadie como deseaba a Hermione, nunca.

Desde el otro sillón, Molly observó a su hijo y a Hermione sentados juntos.

Él estaba muy cerca de ella, casi rodeándola con su gran cuerpo y haciéndola parecer demasiada pequeña sentada a su lado. Molly sabía que algo le pasaba a su hijo con esa muchacha. La forma en la que la miraba era demasiado afectuosa como para ser una simple amistad. Sonriendo, retomó la conversación con naturalidad, sintiéndose aliviada al saber que su hijo finalmente podría llegar a volver a enamorarse luego de Lavender.

Veinte minutos más tarde, luego de que Hermione bostezara con delicadeza, Ron bajó la cabeza hacia ella, divertido.

"¿Estás cansada?"

"Algo. Debo trabajar mañana." Susurró ella, intentando que nadie más que él la escuchara.

"¿Trabajar?" Preguntó el pelirrojo, frunciendo levemente el ceño.

"Sí, trabajo en un café."

"¿En dónde?"

"Cerca de mi… Antigua casa."

"Oh." Ron frunció todavía más el ceño, recordando los horribles lugares de paso que había allí, pero no comentó nada para no ofenderla. "Te llevaré, ¿A qué hora entras?"

"Puedo tomar el bus, Ron."

"¿A qué hora entras?" Hermione levantó la cabeza, contrariada, para echarle un vistazo al hermoso y terco hombre que tenía al lado.

Finalmente, y sabiendo que no tendría otra opción que hacerle caso, le rodó los ojos y respondió.

"A las ocho. Sólo trabajo medio turno, hasta el mediodía."

"Perfecto." Susurró Ron antes de ponerse de pie. "Bien nosotros debemos irnos, familia." Anunció mientras estiraba una mano hacia la castaña, que la tomó sin dejar de sentir mariposas, o más bien murciélagos dando vueltas por su estómago.

Cerca de media hora más tarde, mientras lo veía acostar a Harry con delicadeza, Hermione tomó conciencia de cuánto le gustaba Ron Weasley.

Le gustaba tanto que no quería ni imaginarse el estar alejada de él, y todavía no sabía si eso era algo malo o algo bueno.

"Buenos días, dormilona." Hermione rodó sobre su costado, frunciendo el ceño ante la indeseada luz que se colaba en sus ojos.

"Hola." Susurró, mientras se acomodaba de lado, lista para seguir durmiendo.

"Arriba, señorita." La voz volvió a molestar, y a pesar de ser una hermosa voz, Hermione solo deseaba que se callara. "Son las siete y media, Granger, levanta tu perezoso trasero de la cama."

Finalmente, la castaña abrió los ojos para encontrarse a Ron cruzado de brazos y apoyado en el marco de la puerta.

Notó que ya llevaba puesta la bata blanca, y le pareció la cosa más caliente que había visto en toda su vida.

"¿Harry?"

"Desayunando. Lo llevaremos a él a la escuela y luego iremos a tu trabajo, vamos, arriba."

Hermione se puso de pie con un resoplido y caminó arrastrando los pies hacia la puerta del baño, girándose hacia Ron cuando lo escuchó reírse suavemente.

"¿Qué?"

"Nada." Respondió inmediatamente, conteniendo otra risa y apretando los labios.

Hermione entrecerró los ojos.

"¿Qué tengo?" Hermione le frunció aún más el ceño mientras lo veía acercarse, y Ron se inclinó sobre ella para besar la parte superior de su cabeza con extremada dulzura mientras susurraba.

"Tu cabello es muy adorable por las mañanas." Luego, se giró sobre sus talones y salió de la habitación, mientras Hermione casi corría hacia el baño para ver de qué rayos hablaba Ron.

Obviamente, sintió deseos de tirarse de un cuarto piso cuando se vio en el reflejo, y rodó los ojos.

Adorable.

"Adorable como un león." Masculló, enfurruñada frente al espejo.

...

"Aquí es." Hermione se quitó el cinturón de seguridad en cuando el pelirrojo estacionó frente al oscuro bar.

Ron no paraba de mirar el lugar con desconfianza, incrédulo al ver que alguien tan precioso como Hermione pudiese trabajar en un lugar así.

"Te recogeré a la una." Murmuró, antes de inclinarse hacia Hermione y besar su mejilla una vez.

La castaña le sonrió y bajó del coche, antes de caminar rápidamente hacia el interior del bar.

Ron frunció el ceño mientras la veía pararse frente a una mujer rubia que no paraba de gritar como una loca, y supo que no permitiría que su pequeña castaña se viera obligada a trabajar en un lugar como ese nunca más.


Oh, y hola. JAJA espero que les haya gustado el capítulo.

¡Un beso enorme!

Emma.


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