Era martes a la mañana, y Hermione se levantó estirándose lentamente.

Abrió los ojos como platos cuando sintió algo en su espalda.

O más bien, alguien.

Un brazo rozaba su cintura, a la vez que una gran mano se encontraba totalmente abierta sobre su estómago.

Giró la cabeza lentamente y se encontró con una mata de cabellos rojos.

Ron estaba rodeándola por detrás completamente, mientras enterraba el rostro entre su hombro y su cuello. Hermione se estremeció al sentir las constantes respiraciones de Ron contra su piel, y sonrió levemente.

Anoche se había ido a dormir temprano, pero la culpa de hacer que Ron durmiera en un sillón minimalista que parecía sumamente incómodo mientras ella estaba desparramada en una enorme cama King size la carcomía.

"Ron, Ron." Había susurrado en la oscuridad, parada frente al sillón en donde el pelirrojo intentaba dormir.

"¿Estás bien, Mione?" Ron se había sentado rápidamente.

"Ven a dormir conmigo."

Se habían observado en la oscuridad durante unos segundos, y luego él se había puesto de pie, tomando la mano de la castaña y caminando con ella hacia la habitación.

Él sabía lo que ella secretamente necesitaba, y no se animaba a decir, por eso fue que simplemente la abrazó toda la noche, ofreciéndole toda la contención y el cariño que podía darle.

Ahora, observándolo dormir tranquilamente, Hermione no pudo evitar sentir como su corazón se hinchaba de felicidad.

Nunca había conocido a nadie como Ron, y estaba segura que figuraba en la lista de las personas más maravillosas que se habían cruzado por su camino.

"Buenos días, nena." La voz de Ron contra su cuello la hizo temblar, y el apodo, sonreír.

"Buenos días, Ron." Susurró, mientras se apretaba más contra su pecho, sorprendida consigo misma por su soltura.

"¿Qué hora es?"

"Las siete y media. Debo entrar a trabajar en media hora." Masculló, decaída ante la idea.

"No, entras a trabajar a las nueve."

"A las ocho, Ron."

El pelirrojo suspiró y se apartó de ella, mientras Hermione se sentaba en la cama.

"Puedes renunciar a ese horrible lugar, Hermione."

"No, no puedo."

La castaña soltó una risita mientras caminaba hacia el baño. La idea de renunciar al bar de Pansy era hermosa, pero imposible.

Comenzó a cepillarse los dientes concienzudamente, y le sonrió a Ron atreves del espejo con la boca llena de pasta dental cuando él se apoyó tranquilamente en el marco de la pared del baño.

"Podrías tener un nuevo trabajo."

"Nadie me contrataría."

"En realidad, ya lo han hecho."

Hermione abrió los ojos como platos y se giró hacia él.

"¿¡Qué!?"

Ron sonrió mientras tomaba su cepillo y comenzaba a cepillarse también.

Hermione rápidamente se enjuagó la pasta y volvió a mirarlo.

"Ron, ¿Qué dijiste?"

El pelirrojo se tomó su tiempo, y cuando por fin hubo terminado, se giró hacia Hermione con una sonrisita.

"Te conseguí un nuevo trabajo."

Hermione frunció el ceño.

"No, no lo hiciste."

"Sí, lo hice, Mione. Hablé con la gente del hospital ayer y no les molestaría que trabajaras en la cafetería, necesitan a alguien." Ron se encogió de hombros. "Preferiría que no lo hicieras, pero si insistes en trabajar, creo que puedo ayudar a que no lo hagas en un lugar tan horrible como ese."

"¿Sabías que las tartas que sirven tienen semanas?" Susurró Hermione arrugando la nariz, y Ron río dulcemente antes de acercarse a ella y acariciar su mejilla.

"¿Aceptarás?"

Hermione se mordió el labio, mientras lo miraba fijamente con sus enormes ojos castaños.

"¿De dónde saliste, Weasley?" Susurró, mientras inclinaba el rostro hacia la palma de su mano, adorando la forma en la que la hacía sentir su contacto. "Sí, aceptaré."

Ron sonrió y bajó la cabeza para besar su mejilla, peligrosamente cerca de sus rosados labios.

"Perfecto. Vamos a desayunar."

...

"¡Nunca me había sentido tan bien!" Exclamó Hermione mientras se dejaba caer en el asiento del acompañante del auto plateado.

Luego de dejar a Harry en la escuela, Ron la había acompañado a su ahora antiguo trabajo, a renunciar.

Acababa de salir de aquel lugar por última vez en su vida, y se sentía de maravilla.

El pelirrojo soltó una carcajada a su lado mientras ponía en marcha el coche.

"¿Tu jefa está enfadada?"

"Mucho, y no me importa." Hermione no borraba la sonrisa del rostro, y Ron creyó que nunca la había visto tan feliz y preciosa como ese día.

"Eso está bien…" Ron condujo por las atestadas calles de la ciudad con una mano en el volante y otra sobre la pierna de Hermione.

Era como si necesitase mantener algún tipo de contacto con ella, saber que estaba allí y que era real.

"Llegamos." Susurró estacionando el coche en uno de los laterales del parque, frente al Volvo.

El mismo lugar en el que había estado estacionado la noche que encontró a Hermione allí con su hermano.

La castaña le echó una mirada a la dichosa banca, y contuvo el aliento. Cuánto habían cambiado las cosas desde ese día, y todo gracias al pelirrojo que ahora cruzaba la calle llevándola de la mano junto a él.

Un par de horas más tarde, Hermione ya estaba del todo acostumbrada a su nuevo lugar de trabajo.

Era la cafetería del hospital, pequeña, sencilla y limpia.

A Hermione le encantaba.

Nunca había sido una gran fanática de los hospitales, más bien, los odiaba, y ver a gente llorosa que deambulaba de un lado para el otro era sobrecogedor, pero prefería mil veces ese lugar antes que al lugar sucio en el que trabajaba antes, en donde su jefa era una perra gritona y los clientes aprovechaban cualquier oportunidad para tocarle el trasero.

Y aparte, estaba cerca de Ron.

El pelirrojo le había señalado cómo llegar a su consultorio desde allí, y le dijo que fuera a buscarlo si cualquier cosa sucedía.

Su nuevo compañero de trabajo, Damien, era un joven rubio, gay, simpático y charlatán. A Hermione le cayó bien desde el primer momento.

"Así que andas con el Doctor Weasley, ¿Eh?" Preguntó en cierto momento antes del almuerzo, mientras ella preparaba un café para una señora mayor que parecía a punto de quedarse dormida. "Chica con suerte."

Hermione se sonrojó furiosamente, y soltó una risita.

"Somos amigos, no salimos." Aclaró, y no supo muy bien porqué se sintió mal al hacerlo.

Damien alzó una ceja rubia, mirándola escéptico.

"Bueno, pues, evidentemente, ambos quieren hacerlo."

"Él es un muy buen amigo, Damien, eso es todo."

El rubio rodó los ojos, mientras tomaba una bandeja con dos Cocas Lights y se alejaba de ella.

"Detesto cuando la gente no se hace cargo de sus sentimientos." Farfulló en el camino, y Hermione abrió los ojos como platos.

Ella sí que se hacía cargo de sus sentimientos.

Bueno, algo así.

Sacudiendo la cabeza, decidió no pensar en ello y se concentró en lo que tenía entre manos.

La llamada llegó cinco días más tarde.

Era un domingo, y Hermione estaba ojeando departamentos en un diario, mientras Ron fruncía el ceño, cuando el teléfono sonó.

El pelirrojo contesto, y luego le pasó el tubo a Hermione.

Era del juzgado, y le informaban que el juicio sería dentro de dos semanas, un miércoles a las ocho de la mañana.

Hermione cortó la llamada con un profundo suspiro, sintiendo como la adrenalina y el miedo corría por sus venas.

Ron se acercó hacia ella y la giró entre sus brazos para preguntarle qué habían dicho.

"Será dentro de dos semanas, el miércoles. Debo ir con Harry, Bill y mi testigo."

"Yo."

Hermione asintió, y dejó caer la cabeza sobre el pecho de Ron, mientras él acariciaba su espalda de arriba abajo intentando tranquilizarla.

"Todo irá bien, lo sabes, ¿Verdad?"

Hermione asintió imperceptiblemente, y se pegó más a Ron, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos.

El pelirrojo inspiró hondo, tenía su rostro tan cerca, tan malditamente cerca.

Quiso apartarse. Hermione estaba nerviosa, lo último que necesitaba era eso justo ahora, pero el deseo fue más grande que él, y jurando internamente, acercó su rostro al de la castaña para besarla.


No me odien por dejarlo ahí, en el próximo capítulo las llenaré de detalles, lo prometo. ¿Les ha gustado? Realmente espero que sí.

Un beso enorme a todas.

Emma.


¿Quieren el próximo capítulo?

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