Título: Él no cambia

Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

Ranking: K+

Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

Cantidad de palabras: 2,605

Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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La táctica de Miroku

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Kagome tuvo el coraje de enfrentar su inquisitiva mirada, más no pasó el término de cinco segundos cuando ladeó la cabeza, avergonzada; había un extraño tinte en esa mirada, desconcertante. Como si de la nada el problema quedara olvidado y dentro de él existía un inconveniente de mayor relevancia.

Ciertamente desconocía varias de las actitudes del ambarino pero no a tal grado como lo había hecho sonar y mucho menos como para decir eso, estaba sumamente avergonzada por su comportamiento tan infantil. Al instante quiso decir algo para retractarse pero la frase correcta no parecía venir a su cerebro.

Se sentía la más estúpida por ser capaz de decir algo así de grave sólo por herirlo, cosa que por su esquiva expresión parecía haber funcionado.

Se le veía sumamente lastimado y deseó abrazarlo para consolarlo, susurrarle que todo era una absurda mentira y que la perdonara. Su mano se guió sola hasta su hombro pero él rápidamente la retiró de un extraño movimiento, pero el resto de su cuerpo permanecía inmóvil.

A pesar del daño InuYasha no consideraba querer retirarse.

Kagome imaginaba la razón por la que eso le causaba tal impresión, sin embargo no la acertaba. Su mente se hacía a la idea de que a ese medio-demonio el ser llamado "desconocido" le ocasionaba el daño, pero en realidad lo que él pensaba distaba de cierto modo de aquella conclusión.

Su compañero quedó con un sabor amargo de derrota, esa mujer nunca comprendería la verdadera naturaleza de lo que sentía si no lo expresaba; justo donde radicaba el problema de no poder hablarlo.

Ese era el verdadero punto que le hería al híbrido, no ser capaz de ser sincero con la mujer que estaba al frente. Tanto era su enclaustro en sí mismo que a su alrededor esa joven empezaba a llamarlo "desconocido"

Apretó el puño hasta enterrar el filo de las uñas a medio centímetro de su piel. Ni el dolor ni la sangre emergente conseguían sacarlo de ese estado de depresión profunda del que necesitaba escapar, requería ayuda…

Aunque su cuerpo se movía por sí solo para evitar el contacto de aquella a la que hirió no era su intención, esperaba la ayuda, que ella reconociera el error en sus palabras y le tendiera la mano.

Una mano que nunca llegó.

Ambos seguían perdidos en el reconocimiento de sus propios males, exhortos de la realidad conjunta que dejaba entre ellos el peor malentendido que habían tenido hasta el momento. Ninguno era capaz de detener la situación que poco a poco se guiaba a un punto crítico, cada día crecía entre ellos el abismo de un absurdo que sólo se aclararía con diálogos. Con palabras que hasta ese instante los dos seguirían sin proferir. —Tengo sueño, iré a dormir…

—Adiós…

Con esa simple y sencilla palabra acabó la pequeña discusión silenciosa entre ellos. Así quedó esa conversación, sin aclarar ningún asunto. InuYasha sintió que necesitaba aire puro para aclarar sus emociones y prefirió salir que intentar hablar de algo que pronto se agravaría.

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No estaba muy al pendiente de su situación hasta que escuchó el correr de la puerta, dejándola solitaria en la habitación de la cabaña que se supone compartían. Fue ahí que entendió la falta de palabras que hubo hace instantes entre ellos. Ni siquiera había hecho el intento de disculparse con él por haberlo llamado desconocido.

En el pecho un agudo dolor le hizo saber que a veces lo veía así, esperaba que él le siguiera gritando, reclamando y demás pero nada sucedió. Ni siquiera la miró. Le hería que fuera tan cruel y despiadado…

No… ¿En qué pensaba?

InuYasha seguía siendo el mismo que conoció, algo indiferente, egoísta, torpe… Adorable, fuerte, solidario… Imbécil, idiota, arrogante… Protector, sorprendente, admirable… — ¡No soporto este caos en mi cerebro!

Todo lo que sentía era tan contradictorio que no podría sola, ella era la única que perfectamente sabía lo difícil que eran las emociones humanas para ese terco semi-demonio. Kagome lo entendía, no sería sencillo aceptar si la quería o la odiaba, no era capaz de decirlo abiertamente. Al igual que no fue capaz de decir cuán herido se sentía.

Lo conocía como a la palma de su mano, jamás pensó estar con un extraño y eso sólo salió por lastimarlo, pero InuYasha el único que no lo sabría. Necesitaba aclarárselo. ¿Por qué si ella lo conocía tan bien él no era capaz de entenderla? Definitivamente un diálogo era lo faltante en su relación para poder seguir adelante y conseguir lo que siempre deseó: una vida a su lado, una familia con él.

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No soportaba el ambiente tan pesado que había ahí dentro, porque se sentía el causante de toda esa situación. Si tan sólo fuera capaz de confesar sus sentimientos tan abiertamente como lo hacía aquel lobo sarnoso y apestoso…

Apretó los puños y gruñó por instinto, pensar en ese idiota le hervía la sangre de celos y furia; a cómo eran las cosas si ese imbécil pasaba por ahí sabiendo terminado a Naraku y Kagome tan molesta ¿Sería ella capaz de abandonarlo por ése? —Primero se va jodido a su cueva… Maldito lobo…

—No deberías usar ese lenguaje tan vulgar, hermanito InuYasha…—De entre los arbustos apareció de sorpresa la pelinegra, tomada de la mano de una mujer castaña que le frunció el ceño y reconoció al instante como la esposa del pervertido del pueblo. —Tu hermana mayor está muy molesta contigo…

—Oh claro, discúlpame hermana. —Contestó sarcástico y Sango se burló de ambos, era bueno que ese malcriado aprendiera modales, sólo le preocupaba que si no cambiaba él le cambiara a la niña a un modelo parecido. Su expresión fue inmediata de pensar a una niña tan dulce y bondadosa como Rin y la misma actitud del salvaje ése…

—Sango, ¿En qué rayos estás pensando? —Preguntó molesto y con una vena resaltante en la sien, ella sonrió nerviosamente.

—Nada, nada.

—Entonces… ¿Qué hacen espiando por aquí? —Interrogó con su mejor cara de intimidación, ella tenía suerte de ser mujer o ya estaría pescada por el cuello y siendo azotada con una piedra. Su mal genio iba en aumento, ¿Dónde estaba el monje cuando necesitaba desquitarse?

—Monje Miroku, ¿No piensa salir? —Del mismo arbusto donde ellas estaban la figura de un hombre que trataba de escabullirse por las ramas fue detectada e inmovilizada por el semi-demonio, con una tétrica sonrisa en el rostro.

—Muchas gracias Rin. —Y la pequeña sonrió gustosa. Los esposos comenzaron a intuir porque era que esa niña se llevaba tan bien con su amigo, comprendía su modo de pensar y siempre le ayudaba hasta en sus más oscuras intenciones, como la de torturar al monje en nombre de todos los usurpadores al jardín de su cabaña.

— ¿De qué lado estás? —La mujer de de cabellos castaños se cruzó de brazos algo molesta, pero la deslumbrante sonrisa de la menor del grupo la abochornó y le obligó a darle algo de razón. Empezaba a creer que esa sonrisa tenía algo porque sólo era cuestión de ponerla para que cualquiera en la aldea se le olvidara lo demás. —Bueno, tortúralo un poco InuYasha…

—Pero, mi Sango…

—Nada, las niñas han tomado varias de tus malas costumbres y tienes que aprender a no decirles que pueden venderles a sus amigos sus juguetes por un alto precio. —Tanto el híbrido como la menor vieron a la mujer seriamente, para después voltear a ver al padre malvado que pervertía a sus hijas.

—Ya me hartaron, díganme a que han venido todos…—Apretando un poco más el cuello de su atuendo InuYasha presionó a las mujeres para que hablaran.

—Tranquilo y no mates a mi marido o te juro que te mato a ti. —Agresivamente caminó hasta un costado de él y le instó a soltarlo, el híbrido aceptó de mala gana y prosiguió. —No te molestes pero Rin nos contó lo que sucedía y vinimos a ver.

—La verdad es que deben tener cuidado amigo, se han convertido en el entretenimiento de una mujer embarazada. —Recibió un golpe en la cabeza con una rama del bosque. —Cielos, estos cambios de humor terminaran matándome…

— ¿A qué te refieres con que les contó Rin? —Nervioso, empezó a retorcer sus manos en una de las cuales se encontraba la sangre seca de su herida anterior y la piel reestructurada de su resistencia sobrenatural. Estaba completamente rojo como un jitomate, la vergüenza le impedía amenazarlos con la simple mirada.

—Nos dijo que habían peleado y tenían constantes malentendidos…—Declaró Sango.

—Veo que aún no te has podido declarar. —Consintió Miroku.

—Creí que…—Repuso nervioso. No soportaba la idea de que esos entrometidos supieran de la ayuda que Rin le estaba brindando, sería demasiada humillación. Instintivamente rodó los ojos dorados hasta la pequeña joven que seguía sonriente, por lo que no se atrevía a preguntar.

— ¿Me crees capaz de traicionarte, hermano? —Cómplices se sonrieron gratamente mientras los esposos seguían sin comprender. ¿Cómo pensó que ella lo delataría? Sencillamente quería ayudarlo y por eso llamó a los metiches que siempre querían resolver los problemas de los demás. Aliviado de que el secreto de las clases estuviera a salvo prosiguió con su intimidación característica, aunque sonriendo internamente por las tonterías de sus amigos.

—Claro que no, hermanita. —Ella hizo un mohín, sorprendiéndolo por el reproche. Sin embargo pronto recordó que ella decía ser su hermana mayor por las actitudes que ambos tenían. —Perdón, hermana mayor. —Esta vez sí consintió el llamado y le volvió a sonreír, la facilidad que tenía para cambiar constantemente de humor le recordaba mucho a Kagome.

—Bueno, aunque no entendemos absolutamente nada hemos venido a ayudarte. —Habló Miroku, escapando de los hostigamientos pequeños de su esposa embarazada. —Ya antes Kagome me había pedido hablar conmigo y creo que este es el momento adecuado.

— ¿De verdad? —Cuestionó incrédula la castaña. Miroku le guiñó un ojo y pareció comprender que era lo que pretendía.

—Así es, así que permítanme entrar por favor y observen desde aquellos arbustos. —Señaló los que quedaban frente a la habitación de Kagome, donde una puerta lateral residía por cualquier emergencia.

Los tres asintieron y prosiguieron a cumplir la orden, InuYasha no entendía que era lo que quería hacer ese monje pervertido ni de lo que iban a hablar pero no se confiaba demasiado, después de todo ese hombre siempre estuvo detrás de todas y cada una de las mujeres hermosas que se le cruzaran en el camino.

Después de algunos momentos él se acercó a abrir la puerta, justo para que todos vieran la escena, en especial InuYasha. Seguía con la mirada cada movimiento, cada reacción de la pelinegra que pasaba entre angustia y penumbra a sencillas sonrisas que le despertaban la sensación de querer abrazarla.

Peligrosamente el acercamiento del hombre a la mujer que lloraba le alborotaba la sangre, estaba ridículamente celoso de que él la fuera a consolar, debía entenderlo porque eran amigos. Debía pero no quería, porque no evitaba ese sentimiento de posesión casi obsesivo que le ordenaba ir a arrebatar lo que le pertenecía de los brazos de ese hombre que empezaba a arrullarla… a estar más cerca…

A darle un beso…

Un beso que, lamentablemente, desde el ángulo de visión del ambarino parecía ser en los labios.

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La extraña marca en su pecho seguía igual, o al menos a la vista de su ojo humano. No recordaba haber escuchado sobre ninguna brujería, conjuro o algo similar que causara la aparición de una seña con parecido a una Luna Nueva, e inclusive la lenta metamorfosis de ésta a una casi completa con una delgada línea de plata que brilla incesante.

No se había percatado de aquella hasta que decidió cambiar sus atuendos para intentar dormir, el descanso necesario que ocupaba luego de una discusión tan fuerte como la anterior con InuYasha.

No había palabras en ella pero eso era lo menos importante, la cuestión en sí era la falta de ella, el abismo inamovible en el que perecían las más mínimas señales de querer arreglar su situación. Entre más gritaba, más retrocedían sus palabras en las paredes del abismo oscuro y ni siquiera lograban regresar; bien podía asegurar que no existía diferencia entre gritar al vacío y a esa persona con quien intentaba comunicarse.

InuYasha ni con su sentido tan desarrollado por sobre el humano parecía entender las señas de sus manos al otro borde del precipicio, las lágrimas que rozaban su piel de tanto descender por sus hinchadas mejillas y sus ojos enrojecidos que suplicaban ser comprendidos. Al final todo era un vano esfuerzo de su cuerpo, algo que siempre terminaba pagando ella sola, sin ninguna recompensa o mérito por lograr algún avance.

Sus sentidos le indicaban que estaba de nuevo sola en su cabaña, la de ambos, lo que incrementaba la depresión. Se hundía cada vez que intentaba salir a flote, era como mantenerse a flote muy trabajando muy arduamente por liberarse de la pesada cadena que la internaba al fondo del océano. Decir no es lo mismo que hacer, pero querer es poder y esas lágrimas sólo eran una manera de desahogarse, mientras la verdadera fuerza emergía del centro de su ser para finalmente dejar atrás el dolor. —Quería prometer no volver a ser infeliz, pero…

—…InuYasha no hace el trabajo fácil…—La puerta de su habitación fue corrida para dejar entrar a la conocida silueta de su amigo de viajes, compañero pervertido y casado. Quizás en otro sentido era como un hermano para ella, aunque a veces se pasara de listo con sus bromas e intromisiones. —Lo siento Kagome, no pretendía molestarte.

—No te preocupes, quizás así no me sienta sola. —Rápidamente se secó las gotas saladas y sonrió lo más dulce que consiguió, de verdad le vendría bien algo de compañía no obstante costaba su esfuerzo sonreír en el exterior tanto como en el interior. Cuerpo y mente no coincidían en particular sobre esa opción.

—Estar aquí sólo la hará llorar más. —Avanzó a los laterales del cuarto con una pícara sonrisa, desconociendo sus verdaderas intenciones ella le cedió el paso libremente por la habitación. Ni la más remota idea pasaba por su mente del plan de esa noche que se delataba en la sonrisa de un amigo dispuesto a ser asesinado por conseguir la felicidad de dos de sus seres queridos de la especia más terca e ingenua que hubiera en la época. —Permítame…—La puerta trasera que se anexó por cualquier situación de emergencia fue abierta de par en par, la pelinegra juraría haber visto algo extraño en los arbustos más próximos pero inmediatamente Miroku interrumpió su vista sonriendo algo más nervioso.

— ¿Qué le sucede, monje Miroku? —Cuestionó algo más calmada la sacerdotisa por derecho, a quien el hombre sólo volvió a sonreír y pidió con un ademán que guardara silencio por el momento.

Él se acercó a su lado y tomó asiento, abrazándola de una manera cariñosa y efusiva que logró incomodarla un poco sin embargo no rechazó el consuelo. Su cuerpo suavemente se fue acurrucando contra el pecho masculino del de su casi familia para encontrar alivio y esperar a que él se decidiera a dar la respuesta que buscaba de su estancia ahí, precisamente en la noche.

Cuando Kagome hubo tomado confianza Miroku se encargó rápidamente de cubrir su cuerpo y su rostro con la posición de sus brazos para mantenerla lejos de la vista de InuYasha, bien podría estar firmando su sentencia de muerte con estas actitudes pero era por el bien de sus amigos. Con ese híbrido tan terco necesitaba tomar medidas drásticas.

Inició por un abrazo, ahora estaba arrullándola en sus brazos mientras ella sonreía como una niña pequeña, se veía tan inocente y tierna que le pareció por un instante estar viendo a la hermana que nunca tuvo, el mismo sentimiento de paternidad y necesidad de brindar protección por sus hijas. Que Sango lo perdonara por lo que iba a hacer, pero era lo definitivo para consolidar en algo la relación de esos dos. —Señorita…—Proclamó suave para evitar ser escuchado por el semi-demonio. —Confíe en mí.

Mansamente se aproximó hasta la mejilla derecha de la chica, ante su fuerte sonrojo por tal acción tan repentina, por instantes ella iba a reaccionar con un fuerte embiste para alejarlo, pero recordó lo dicho anteriormente y lo dejó ser. Miroku depositó un delicado beso en su mejilla cuidando el ángulo de visión de los de atrás para que aparentara algo más. Cuando se retiró le sonrió y cerró los ojos en una expresión fúnebre. —Miroku, ¿Qué le sucede? —Inocentemente lo tomó de la mejilla para tratar de que la viera a los ojos pero en ese preciso instante, sin saber cómo ni cuándo, el hombre le fue arrebatado de las manos.

— ¡InuYasha, déjalo! —Gritó una mujer que reconoció al instante, su amiga y esposa del mismo involucrado venía a toda velocidad con la pequeña Rin detrás, realmente su rostro denotaba preocupación por la seguridad del pelinegro. Ella seguía sin comprender hasta que sus ojos se sintieron fuertemente atraídos por una furiosa mirada de ámbar.

— ¿Inu… Yasha? —Ante la pronunciación de su nombre soltó un bufido y no se digno a mirarla más. No sabía contra quien estaba más rencoroso, contra el maldito seudo amigo que la había besado o contra ella que se dejo tocar por otro hombre que no fuera él. Por no rechazarlo a tiempo y permitir que un humano que no era su dueño tocara sus labios, algo que ni él que sí era su dueño había hecho.

—Humana…—Soltó tan crudo como le fue posible. Quizás conseguía herirla de la misma manera en que ella lo estaba logrando. —Maldito miserable, ¡¿Cómo te atreves a tocar algo que me pertenece?! —El filo de sus garras comenzó a pasearse provocando el sudor frío de todos, estaba fuera de sí y la violencia pronto no se haría esperar, el monje estaba en problemas.

— ¿De verdad te pertenece? —Incrédulas ladearon el rostro para buscar la justificación a una alucinación que creían tener, pero era cierto. Miroku desafiaba con la mirada al híbrido por una respuesta. Sango llevó las manos a su rostro para sollozar en silencio, su marido estaba llegando demasiado lejos con su plan, incluso estaba en peligro de muerte. —Amigo, ella ni siquiera tiene idea de que te pertenecía, no eres capaz de decírselo en la cara…

— ¡Cállate bastardo! —Gritó acercando más sus garras al cuello. Decir que no tenía miedo era falso pues su tono de piel era cada vez más enfermizo, pero por nada del mundo se echaría para tras, ya estaba al filo de la muerte, seguir adelante no ocasionaba más que traspasar ese límite. Sólo esperaba que sí llegara a ocurrir Sango fuera capaz de perdonarlos a ambos, a él por desafiarlo y a InuYasha por no dominarse.

—InuYasha, ella es libre de escoger a quien quiera porque no tiene nada que la ate a ti. —El cuello de su traje fue estrujado con mayor fuerza restringiéndole la entrada de aire a sus pulmones. Poco a poco se comenzaba a asfixiar, pero su sonrisa autoritaria de una figura sagrada no se marchaba. Él permanecía en silencio con el ceño fruncido y sus ojos inyectados en sangre, es verdad que nada los unía y eso lo enfurecía, no ser capaz de decir nada. Ni un simple "te quiero" —Mátame si no quieres seguirme escuchando.

— ¡No te atrevas, InuYasha! —Gritó la castaña completamente horrorizada, instintivamente llevó las manos a su vientre donde el nuevo integrante de su familia se gestaba, sin su esposo no sabría que hacer. Igual pedía perdón a Kagome porque ella estaba dispuesta a asesinarlo si algo le pasaba a su marido. —Miroku, deja de provocarlo… Por favor…

—Hermanito InuYasha, no le escuches… Estás muy molesto. —Replicaba Rin a punto de romper en llanto, entendía que ese señor se había pasado de la línea pero el ambarino también debía controlarse.

Dio un vistazo a su alrededor, Sango no sabía cómo mirarlo, si molesta con él o con ambos pues sabía que Miroku tenía gran parte de la culpa.

Lo que no llegaba a comprender es que se molestara más por provocarlo que por ese beso que le dio a su mejor amiga ¿Acaso no le afectaba? A él en cambio lo llenaba de rabia contra sí mismo y contra Miroku.

Rin lloraba ya prácticamente, no le gustaba verla triste pero era incapaz de detenerse. Por su mente pasó la idea de saber la reacción de ella, hasta el momento era la única que no había dicho nada.

¿Estaría molesta? ¿O quizás ahora lo odiaba?

No, eso no lo soportaría, que por una ocurrencia estúpida del monje le hubiera robado todas las oportunidades que le quedaban con la sacerdotisa.

Sus ojos de ámbar la enfocaron inclinada sobre el suelo, en la misma posición. Sus orbes de chocolate no dejaban de desbordar miles de lágrimas que le hirieron, saberse el causante una vez más sólo resultaba peligroso para el hombre sostenido entre sus garras por ser su único medio de desquite. Repentinamente ella se alzó de su lugar y caminó hasta su lado, sin expresión alguna en su rostro o en sus ojos.

Indescifrables los destellos de sus ojos de canela y chocolate que estaban absortos en su propio mundo, sumidos en la desesperación. Una profunda opresión se mezcló en su pecho con el sentimiento de amargura ¿de verdad lo creía capaz de seguir adelante con lo que amenazaba? Recordó entonces ser llamado extraño y la herida creció, cada paso dado disminuía los centímetros de separación entre una catástrofe o la salvación de sus intentos, los de ambos, por construir una relación.

No tardó demasiado en llegar hasta su costado y sin esperar una palabra lo abrazó firmemente convirtiendo el brazo masculino en el único soporte de todo su peso. El agarre de Miroku se fue desvaneciendo y éste cayó al suelo tosiendo por la asfixia, inmediatamente pasó a segundo plano, pero para su buena suerte su esposa y la niña acompañante lo socorrieron. —Kagome…

—InuYasha…—Sus ojos se conectaron por milésimas antes de volver a iniciar con su llanto, parecía como si esta situación le afectara de sobre manera, tenía deseos de consolarla y decirle que no era capaz… sin embargo su cuerpo parecía completamente petrificado. —Perdóname. —Receloso intentó volver a ver sus ojos al sentirse incapaz de creer lo que escuchaba; no obstante ella no se lo permitía, seguía aferrada a su brazo sin permitirse verlo.

— ¿Querías detenerme?

—No, yo sé que tú no lo harías… —Inclinó un poco más su cabeza para apegarla lo más posible a la cálida piel masculina que se empapaba en lágrimas. —No era verdad que desconfiaba, estaba herida y quise herirte a ti… perdón. Sé que eres incapaz de hacerle daño al monje Miroku porque te conozco, pero me duele que ni siquiera seas capaz de preguntarme que pasó antes de intervenir así…

—Maldita sea, Kagome…—No tenía el corazón de dejar tirada así de sencillo, pero tampoco soportaba más sus palabras tan acertadas. Intervino sin saber más de lo que vio, cuando ella confiaba en él a pesar de las circunstancias; la tomó suavemente de las manos y la colocó en el suelo.

Sus ojos infinitamente tristes le fueron incapaces de soportar y salió del lugar, a buscar algo más que una simple ayuda.

Fue seguido por la persona que precisamente necesitaba, la nueva hermana "mayor" que le aconsejaba como una completa adulta. Se había quedado sin palabras ante la ocasión pero acababa de comprender algo más: si el corazón sigue sin querer hablar no importaba nada, no hay manera de saber la verdad…

Las palabras que se habían dicho aquella vez seguían lastimando y quizás unas horas de separación eran muy pocas…

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N/Kou: Ewww… Volví a unir dos capítulos, y actualicé antes así que espero que me recompensen con reviews xD No, ya hablando en serio no quiero ser una chantajista pero al parecer si no pido nadie lo deja por su voluntad .U Bueno, por lo mismo que ya me eché dos capítulos de reserva dependerá de los reviews si actualizo antes o puedo tardarme hasta el otro viernes… Cambiando de tema, ¿qué les pareció? No quise dejarlas en la mejor parte, lo primero mal redactado (xD) era el capítulo original que infartó a miles (nah, ya quisiera) de lectoras ewe…

Próxima actua Lunes o Viernes, de ustedes depende… Nah, siendo sincera yo creo que si será el Luneso a más tardar el martes. Les mando un enorme abrazo y besos de galleta ;D Volveré… Pero con armas (?)

Taishita StarkTaisho: ¡Si, chantaje! Ejem, quiero decir… No, ¿cómo crees que yo…? Me sorprende que piensen eso de mi xD Oh, tal vez debas matar al estúpido de InuYasha, aunque si lo haces menos va a hablar xD Técnicamente Miroku fue quién lo arregló y terminó de mandar a la mierda. Dios, ¡la banana no, la banana no! Ten tu actua del jueves pero… ¡Aleja esa banana de mi vista! ¡Ahhhhhh!

Desirena: Es como dice Taishita, hay que matar al estúpido InuYasha, ya veo que todas estamos de acuerdo xD Jajaja, si, se siente víctima y a la vez quiere pedirle perdón, como lees por acá. Espero que te haya gustado la actua, nos leemos luego. ¡Besos de galleta!

Elena 79: Lo sé, es que estos dos son del tipo que hablan antes de pensar, justo como la poli de México, primero golpean y luego averiguan xD Y luego Miroku que viene a calentarlo todo… Oh, esa Luna sí que trae problemas, pero eso es un spoiler que no revelaré jeje. Nos leemos luego y besos de galleta ;D

Paulii Taisho: Gracias, gracias. Me alegro de que estés tan contenta con la historia, espero que este cap también te haya gustado ;D Y actua pronta, por ustedes que tanto la ansían, al fin este fic estaba casi terminado antes de resubir xD Nos leemos pronto y besos de galleta ;D

Elianamz-bv: Jajaja, muchas gracias. Claro que seguiré, espero que el capítulo te haya gustado ;D Saludos y besos de galleta ewe

Kamui Dizy: Jaja, gracias, me halagas. Hoy hubo actualización pronta por ustedes, muchas gracias por tus ánimos ;D Saludos y besos de galleta ewe

AdrianaSnd: Claro, capítulo nuevo a la orden ;D Saludos y besos de galleta ewe