Título: Él no cambia

Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

Ranking: K+

Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

Cantidad de palabras: 2,605

Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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Diferencias entre el amor y el cariño

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Era tarde.

Tarde, muy tarde, tarde, tarde…

Su mente no podía dejar de repetir frenéticamente cada minuto que había sucedido mientras su cuerpo menudo daba vuelas por la cabaña. Si tan solo fuera un poco menos resistente la madera ya tendría un hueco enorme en ella, dónde seguiría incluso si encontraba el centro de la Tierra. La palabra más importante en su mente seguía siendo: tarde.

¡¿A qué maldita hora pensaba regresar InuYasha!?

Suspiró profundo, intentando aplacar la emergente necesidad de salir corriendo, tomar al mejor amigo del ambarino por el cuello y obligarlo a que le diga dónde se encontraba ahora. Su aura asesina estaba en disidía con aquella manera de ser que le provocaba ser amable con los demás.

Lamentablemente si esa extrañavocecita amarraba a los demonios internos terminaría perdiendo.

Inhaló fuerte y profundo, después la emoción de tranquilidad en el pecho la inundó. Vino la calma, por suerte para la pelinegra. Pero el crónico sonrojo del que sufrió le siguió a esa desesperación. ¿Cómo iba ella a actuar de forma tan impulsivamente estúpida? Normalmente quien lo hacía era él… Y de nuevo el color en sus mejillas aumentó.

Sango, quien se confundía entre los destellos del atardecer en aquél rincón donde permanecía, observaba con una enorme sonrisa –casi maligna- a su amiga.

¿Quién lo diría? Tal vez esos dos eran más parecidos de lo que creían: orgullosos, tercos e impulsivos.

Desde anoche que InuYasha le susurrara algo al oído ella estaba demasiado nerviosa, histérica y paranoica. Incluso estuvo a punto de romper en llanto por la ansiedad que le carcomía, ¿y quién no con semejante hombre? Personalmente creía que ese tonto por fin había huido. —Maldito cobarde…—Masculló entre dientes, cuidando que su mejor amiga no la escuchara. Estaba segura que podría lanzársele al ataque.

—InuYasha… tarde… —La exterminadora bufó fastidiada. A Kagome el cúmulo de emociones cada vez era mayor y sentía que, de un momento a otro, explotaría. Es qué él le había dicho algo ¿dulce? Bueno, -suponiendo que era algo así- estaba confundida por su actitud. No había regresado desde aquél encuentro y la tenía realmente desesperanzada. — ¿Habrá huido?

— ¡Ya basta, Kagome! —Espetó furiosa la castaña, harta de oírle decir lo mismo una y otra vez. — ¿Qué no confiabas en él?

—Tienes razón…—Contestó con pesar. Pero sencillamente no podía dejar de lado esa situación, creyó por un momento que estaban logrando un avance en su relación: por eso necesitaba verlo.

¿Quién mejor que él, para romperle las esperanzas?

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Lo miró de nuevo, conteniendo su puño con más fuerza que antes hasta clavarse las garras. Dolía, pero era necesario para prevenir el ser impulsivo con ese supuesto mejor amigo que no paraba de reír a carcajadas.

Aunque, intentando convencerse a sí mismo, él tenía la culpa de todo. En primer lugar, ¿Quién le mandaba ir a dónde el monje, sabiendo que pasaría? Gruñó por lo bajo, por lo menos si el odio se dividía entre él y Miroku sería más fácil no actuar. —Vamos InuYasha, anímate y vuelve…

— ¡Feh! —Bufó. E inmediatamente su rostro se cubrió de un leve tono carmesí. — ¿Crees que estaría bien volver?

—Me sorprende tu repentino ataque de timidez. —Inquirió, serio. Al híbrido lo extrañó que tomara este asunto de una forma madura y agradeció por ello. —Sin embargo, tu posterior huida me resulta…—Palmeó a su amigo en el hombro. — ¡De lo más vergonzoso! —De nuevo rompió en carcajadas, avergonzando al semi-demonio de sobremanera.

—Lo supuse —Dio media vuelta. No estaba dispuesto a ser burlado por más tiempo, prefería ir y averiguar que le haría Kagome en cuento lo viera. Miroku, dándose cuenta del intento de huida lo tomó de la manga para frenarlo.

—Perdón amigo, ya en serio, creo que deberías verla.

No lo reprimió más, una suave sonrisa se formó en los labios masculinos, la respuesta más amable que daría por un buen consejo. Igualmente el pelinegro correspondió, agradecido de haber tomado la compostura a tiempo y evitar un desastre.

Y… Ahora que lo pensaba, ¿Por qué no lo golpeó por reírse? Realmente parecía haber madurado un poco su amigo. Sin duda, la señorita Kagome tenía sus respectivos créditos en la labor titánica de educarlo.

El ambarino se colocó de pie, dispuesto a permanecer un rato más en la plática. Entre más lo pensaba, prefería las burlas a ver el resultado de su regreso, y no es que fuera un cobarde, pero atesoraba su vida tranquila y sin complicaciones al lado de la azabache.

Antes, recién llegada de su época, la convivencia era sencilla y sin problemas sobre confesiones o sufrimientos de ambos. Ella lo llamaría cobarde, pero deseaba con toda su alma volver a aquellos días, dónde no esperaba decir nada importante y Kagome no aguardaba esas palabras. —InuYasha, sí tan sólo tuvieras el valor, o arrebato de aquella vez, podrías decirle que la amas…

— ¿Amar? —Uno, dos, tres. Tres segundos le tomó procesar un poco de la información que conocía sobre ese sentimiento de los humanos llamado "amor" Miroku lo observó, sintiendo su corazón acelerarse al máximo con el nuevo descubrimiento del siglo. O sobre su amigo, mejor dicho. — ¿Qué el amor no es eso que tienen los humanos en parejas?

—InuYasha…—Expresó el monje con voz trémula y escalofriante. Las sombras de la noche naciente parecían acompañarlo en su escabroso rostro, causando algo de intimidación en el semi-demonio. Claro, nunca la suficiente como para evitar que él se colocara en guardia. —Dime algo… ¿Qué es lo que vas a decirle a la señorita Kagome?

—Q-qu-que y-y-yo…—Con un ademán de mano le incitaba a seguir, pero él estaba tartamudeando tanto que no soportó mucho. Avanzó unos pasos para darle en la cabeza con su bastón. — ¡La quiero! —Soltó de golpe, adolorido. El oji-azul tomó su pose seria, calmando su temperamento o causaría que ese terco se largara.

—Ahora entiendo cuál ha sido la raíz del problema todo este tiempo. —Recostó su cuerpo en la cerca del prado y prosiguió. — ¿A qué te refieres, al decir que la quieres? —Se acercó, inspeccionando su mirada que pronto fue turbia y confusa.

¿Qué clase de pregunta era esa? Sólo consiguió sonrojarse más y proferir sonidos lastimeros que deseaban ser palabras.

No sabía que decir, si había respuesta correcta o era la nueva manera de molestarlo porque estaba aburrido. Por Kagome tenía sentimientos que nunca antes experimentó, así como la repetición de algunos vividos con Kikyou.

Le alegraba saber que él era capaz de ver cuan distintas eran en verdad más allá de la apariencia física o demás. Y si por Kikyou sintió el cariño humano, los lazos de unión más allá de cualquier obstáculo, por Kagome debía ser lo mismo ¿no? Le encantaba cuando ella sonreía y sólo era dedicado a él. Cuando peleaban para después reconciliarse, muy a su modo por cierto. Cada instante con ella era lleno de algo indescriptible que le llamaba a verla en cada faceta, admirar su silueta cuando descansaba, dormía o estaba frente a él.

Esa cosa que nunca reconoció ni supo nombrar le incitaba a pegarla a su cuerpo, creando una prisión con sus brazos y nunca más dejarla ir. Lo mismo y a la vez diferente que con su primera persona especial.

Su único y mejor amigo seguía de pie, sin atreverse a llamarlo de ese viaje astral por el cuál parecía andar. —Kagome es alguien muy especial para mí. —No fue necesaria su intervención, el semi-demonio estaba por dar su respuesta. Atento a sus exactas palabras guardó silencio, si todo era tal y como lo pensaba el problema de una confesión resultaba mínimo. —Me gusta que esté conmigo, cuando la abrazo, me molesta verla con alguien más. Creo que eso es a lo que llaman "amor" ustedes, ¿Cierto? —Completó abochornado, ¿Qué le pasaba, que sentía que al momento de decirlo todo con sinceridad ése pervertido lo ayudaría?

Gracias al cielo, él no lo sabía pero así era.

Miroku ya sabía el verdadero, mayor e increíble problema que tenía InuYasha con respecto a Kagome: no sabía exactamente de que estaba hablando. Ese idiota estaba enterado de que debía sentir, más o menos que era lo que sucedía pero su infantil y retorcida mente no llegaba a captarlo del todo. Estaba jodido.

Dios, sentía ganas de salir corriendo o gritárselo en la cara pero por prudencia lo haría esperar lo necesario. Quizás con unas mínimas pistas lograra entenderlo: tenía una nueva misión esa tarde.

Porque su amigo al estar tan aislado de la humanidad sólo sabía lo que le habían comentado, quizás nunca supo que estaba enamorado de Kikyou en aquél entonces, quizás ahora no concebía que lo estaba de Kagome. Lo entendía, pero a veces le parecía difícil de creer que su amigo fuera tan inocentemente estúpido.

Confundía el cariño con el amor, sin saber que son exactamente ambas cosas. Porque InuYasha necesitaba saber que cariño hacia una persona especial era una cosa y amor era otra… —InuYasha, verás…

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Sonrió al ver la Luna tan esplendida en el cielo, amaba la noche, y los hados de plata y azul que brillaban sobre su pecho tan magistralmente. La marca parecía reaccionar con esos rayos de luz, haciendo endebles sus recuerdos de consternación al atardecer.

Paz embargaba su interior sin saber la razón. Sango se había retirado desde que comenzó a nacer la Luna el amplio cielo, repentinamente su temperamento se había calmado por lo que su amiga decidió dejarla sola al fin. Más que nada, Kagome ya sabía por qué estuvo ahí: evitaba que por envite fuera tras su marido.

Y una risa suave se escapó de sus labio sonrosados, pensar que estuvo a punto de dejarla viuda y provocar un escándalo mayor sólo por no saber dominarse. Aunque quería verlo llegar, a su InuYasha, esas ansias estaban neutralizadas.

Pero el tatuaje entre sus monturas destellaba más y más. La insulsa e insignificante línea blanca ahora era una preciosa fracción de la fase lunar, suficientemente amplia para asemejar en escala a la actual. La misma frente a ella. ¿Crecerían al mismo ritmo, o era por otra cuestión?

Prontamente, por lógica en mitad de la noche, sintió el frío calarle los huesos y decidió regresar adentro de su cabaña. Aún no cenaba, incluso escuchó el movimiento de su tracto reclamando por el descuido de su dueña. —Kagome…—la voz, la misma voz grave y adorada de él la llamaba. Inmediatamente se puso de pie y miró al frente, intentando comprobar que no era otra de sus fantasías.

—InuYasha —Ahí estaba, sus lágrimas cayeron como cascadas danzando en las mejillas mientras el viento cambiaba el rumbo a su nuca. Por inercia, el chocar del aire contra su rostro al correr a abrazarlo lo haría. —Te extrañé tanto, por favor no me vuelvas a dejar sola.

Sollozó un poco más, empapando sus ropas de líquido salino. Sin embargo él parecía reaccionar de manera muy diferente a la esperada, su piel cambiaba de tonalidad con prisa a un carmín intenso, ni siquiera tuvo el valor de corresponder al abrazo.

El cuerpo de Kagome se sentía demasiado biencomo si encajara ese menudo cuerpo con perfecta sincronía al suyo. Su aroma era tan llamativo, el perfume de ambrosia que llenaba sus sentidos hasta el éxtasis. Entre los límites del pensamiento y la locura decidió tomarla por las caderas y elevarla hasta rozar algo más que jamás le vino a su mente.

Estaba teniendo contacto íntimo con Kagome.

¡Maldito Miroku, ya debió haber sabido que no era buena idea!

Inmediatamente la soltó, aun con delicadeza. Siguiendo el consejo la había cargado, y sin proponérselo había logrado quizás el odio eterno de la azabache. ¿No era suficiente? Por seguir al maldito hombre acababa de cometer suicidio, aunado a saber algo que prefería nunca haber visto…

"Sí te pierdes en sus ojos…"

Sus ojos de tonos mieles y canela lo observaban con ese infinito cariño que él también quería profesar. Se perdía en su mirada, intensamente expresiva. Sus manos pasaron alrededor de su cuerpo hasta llegar a la espalda femenina y entrelazarse.

"…Si deseas ser solamente tú quien la proteja…"

Deseó protegerla de él, no quería hacerla llorar más. Si fue tan insensible de no verlo antes, no la merecía. Sus garras pasaron de nuevo, regresando a los costados de su cuerpo, liberándola.

Kagome estaba completamente roja, pero su actitud le desconcertaba demasiado. ¿Qué sucedía? En un momento parecía no indultarla de sus brazos, al siguiente la liberaba y en su mirada creía ver la frase

"Vete, no te me vuelvas a acercar"

Centelleó la luz de Luna y el tatuaje en su pecho parecía crecer. Cada uno estaba absorto en su mundo, como cada noche que pasaban separados desde hace tiempo. Tenía frío, pero no lo soportaba más, le dedicó una última mirada antes de dar media vuelta.

Con los peores problemas, ese se volvía su mundo y cárcel antes de verla marchar. No, no, tenía que decidir sino ella se iría otra vez, otra noche, ¿acaso para siempre? La tomó de la mano sin pensar, recordando la conversación con Miroku en la tarde. Verla, sonriendo de pronto para él, le producía el enorme deseo de no soltarla jamás.

"…Y su sola presencia te libera de los problemas… Eso se llama amor."

¡¿Quién rayos estaba enamorado! Le discutía a la voz de su amigo en su cabeza. Él no lo estaba, sólo quería a Kagome de una manera muy posesiva, especial e incluso hasta obsesiva. Pero nada más.

¡No, no entendía para nada la situación!

Negándolo estaba cuando la azabache se abrazó a su pecho con ahínco. Sonreía, sonreía sólo para él y se veía tan feliz como en realidad lo estaban ambos. Tal vez no entendía aún del todo, a lo mejor las cosas necesitaban tiempo para aclararse en su mente. No obstante algo ya lo tenía claro: quería a Kagome.

Diablos, estaba realmente jodido.

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N/Kou: Inu es tan inocentemente estúpido Bien, bien… ¿cuál es la excusa ahora? Se me perdió mi usb. Después de días de lloriquear por los rincones (Es la única copia que tengo de las historias¬.¬U) y andar como un emo zombie toda deprimida mi hermana se apiadó de mi y me la regresó, ya que ella la tenía escondida ¬.¬ Amo sus reviews y amenazas de muerte, pero lamentablemente mañana tengo cuatro semestrales y no son bonitos ToT así que lo dejaré para el domingo en la noche, en mi perfil…

Y ahora… *Se escucha una voz* En sus marcas, listos… ¡Fuera! *Arranca Kourei con lágrimas mientras una horda furiosa la persigue* ¿La alcanzarán?