Título: Él no cambia

Sumary: Post-Manga. Aunque había abandonado su época y a su familia por estar con él, las cosas no son como Kagome las imaginaba. Todo por culpa de un estúpidamente tímido semi-demonio. Todo seguía como antes, porque él no cambia…

Ranking: K+

Género: Romance/Humor/Comedia/Drama

Advertencia/Recomendación: Quizás un poco de OoC.

Cantidad de palabras: 2,204

Disclamer: InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… Tan sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)

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Conversaciones secretas

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La habitación quedó sumida en silencio, causando un mal presentimiento entre los presentes. El único sonido audible en ese cuarto era el de la madera crujiendo, tras ser pisoteada con fuerza bruta por unos sensibles y delicados pies de embarazada.

Ella iba, de un lado a otro sin importarle que tanto su esposo como su mejor amiga le seguían con la mirada, aún bajo el peligro de saber que aquello los mareaba. El pelinegro se preocupaba sinceramente por cuanto afectaría esos a sus bebés, ella simplemente se cuestionaba si el camino marcado en el suelo por la mujer no era ya un hueco en la madera.

Y ajena a cualquier clase de consideración hacia el piso de su cabaña o su condición, merodeaba la habitación como una fiera, furiosa mientras acechaba a su presa. Quizás ninguno estaba en condiciones de culparla, primero porque en su estado era capaz de arrancarles la cabeza si le contradecían y segundo porque ellos sentían la misma emoción.

Estaba bien molestarse por lo idiota que era InuYasha con respecto a los temas del amor, pero… ¿Era necesario que Sango estuviera tan furiosa? Quien realmente quien debiera estar en ese estado era Kagome, que era la afectada, la mártir en todo ese embrollo y la única que sería beneficiada si las cosas se arreglaban, no Sango.

Sin embargo la inocente víctima –bautizada recientemente- permanecía impasible, con su sonrisa sincera y sentada al frente de la castaña. No se atrevía a enfrentar a su mejor amiga y menos después de que hace pocos minutos, bajo un arranque de ira, se declarara oficialmente su madre sustituta y protectora oficial. La sacerdotisa simplemente había asentido, incapaz de creer que viviría de esa manera por nueve meses…

Pobre Miroku. Ella tan sólo se limitaría a verla ir de aquí, para allá, imaginando el horrible futuro que les esperaba a los pretendientes de sus hijos…—Sango… ¿Podrías, por favor, controlarte? — Se atrevió a pedir su marido, sonriendo nerviosamente, tratando de mantener la compostura ante la inestabilidad de su esposa. La pelinegra lo miró como si quisiera cometer suicidio, bien, lo recordaría como un amable pervertido que cuidó de ella en los peores momentos…

— ¡¿Quieres que me calme!? — La embarazada lo tomó desesperadamente de los hombros y la tironeó hasta que el necesitado pelinegro balbuceó un "sí" como única respuesta después de tal conmoción. Y es que si los cambios de humor de las embarazadas eran problemáticos, en su amiga resultaba peligroso.

—Realmente amor, sólo quiero que mantengas a nuestros hijos dentro de tu cuerpo sin escupirlos por la boca…—La mirada de Sango se volvió demencial, pero muy a tiempo esta fue sujeta por su nueva "hija" para evitar una tragedia. —Cariño, ya hablando en serio debes cuidarte por nuestros quintillizos.

—Quin… ¿Quintillizos? —Balbuceó Kagome incrédula. ¿Cómo era posible que quejándose de tener poco dinero apara alimentar a tres hijos, quisiera cinco más? Ladeó el rostro buscando la expresión aterradora de la castaña pero lo siguiente que vio la dejó helada: ahora ella lloraba.

— ¿Cómo quieres que tenga quintillizos en mi cuerpo? —Sus manos se encargaron de cubrirle el rostro. Miroku, nervioso de esta nueva reacción se acercó a tratar de calmarla.

—Sango, tan sólo era…

— ¡Dices eso porque tu no tienes que parirlos! —Gritó con todas sus fuerzas, derribando con el puro aliento al monje hasta hacerlo caer de sentón. Inmediatamente su amiga corrió hasta ella, para hacerla entrar en razón.

—Cálmate por favor Sango, ¿no decías que estabas muy molesta por lo de InuYasha?

Eso pareció revivirla.

La exterminadora se colocó en pie, dispuesta a darle guerra al medio-demonio que atormentaba los sentimientos de su mejor amiga e "hija". Las palabras de su esposo fueron desechadas como si nunca las hubiera escuchado y de nuevo comenzó a dar vueltas por la habitación, mareando a ambos presentes que volvieron a su sonrisa nerviosa, no sin antes pronunciar: "Ahí va de nuevo"

Era la sexta vez que pasaba eso en el día.

La ex colegiala cogió un poco de aire y suspiró el mismo. Era algo asfixiante, pero a veces resultaba divertido; con sinceridad compadecía al padre por soportar tal calvario, día y noche, durante nueve meses.

Y aunque en un principio, el ir a hablar con Sango fuera una idea para despejarse, realmente no parecía nada efectivo. Desde que entró la castaña la había asaltado de preguntas, maldiciones y luego empezó la rutina que había repetido toda la tarde. Ahora, gracias a eso, no podía apartar de su mente los sucesos recientes entre ella y el peli-plateado.

Su rostro se coloreó de carmesí sin proponérselo. A pesar de que no hubo nada más allá de un simple abrazo… (Y la huida, que ya se volvía característica del hibrido, por desgracia…) Estaba feliz de que su amado fuera un paso más adelante en el difícil camino que le era confesarse. Las palabras de Miroku le habían dado esperanzas acerca del futuro, se permitía pensar que InuYasha en verdad tenía esa clase de sentimientos por ella…— ¿Kagome? —Llamó su amiga, preocupada.

Estaba tan feliz, por fin sentía que valía la pena regresar. Quizás, el futuro en el que él correspondiera sus sentimientos no estaba tan lejano, pero…— ¿Se siente bien, señorita Kagome?

¿Por qué el pecho le seguía doliendo tan fuerte? ¿Por qué la sensación de tristeza transmutaba a una densa niebla sólida que apretujaba su corazón hasta torcerlo? —Duele…

Su visión empezó a tornarse borrosa, quizás la emoción la estaba haciendo debilitar. Su pecho se sintió angustiado, sentía el corazón golpeándole fuertemente contra sus huesos y los oídos le zumbaban. Lentamente, empezó a costarle respirar…

Estaba feliz. Tan feliz, y sin saber porque lágrimas la abordaban violentamente.

— ¡Kagome! —Escuchó en la lejanía, el murmullo de su voz… No sabía porque esa voz parecía taladrarle los oídos.

—InuYasha, ¿de donde has salido tú? —Pareció pelear alguien. Los movimientos que percibía eran completamente borrosos, simples figuras que no podía distinguir; vagamente sintió calidez, su cuerpo se presionaba contra algo muy tibio, seguro. El aroma que respiró la llenó de paz y seguridad, su cuerpo parecía que flotaba en las nubes a pesar del dolor. La voz no salía y sus parpados caían pesadamente hasta el punto de no poder sostenerlos.

Le pareció escuchar palabras de aliento, pero no podía entenderlas. Sus párpados pesaban demasiado y no pudo evitar cerrarlos. Tal vez, si dormía un poco…

OoOoOoOoOoOoOoOoO

InuYasha estaba molesto. Había pasado la maldita noche en vela, pensando una y otra vez en que podría decirle a Kagome para explicar su comportamiento. Había inventando miles de excusas, cada una más inverosímil que la anterior y al final sólo podía gritar desesperado.

Nada serviría, de eso estaba seguro. Así que simplemente había ido a buscar a la chica a su cabaña para decirle lo primero que se le viniera a la mente para echarlo a perder otra vez, eso siempre servía aunque no lo deseara. Nunca imaginó que detectaría el olor de Kagome en la cabaña de sus amigos en plena pérdida de conocimiento.

Estresado, colocó sus garras sobre el cabello platinado, revolviéndolo con desespero y dedicación. No soportaba más la maldita espera, en el cuarto contiguo al de la pelinegra, mientras era atendida por la anciana Kaede. —InuYasha…

Estaba completamente sumergido en sus pensamientos que no escuchó el llamado de la mujer, por lo que ella se vio obligada a golpearle en la cabeza. — ¡Maldita sea, Kaede! —Bramó furioso. Ella lo acalló con la mirada, pidiéndole comprensión.

—He dicho que pasaras dentro, y trataras de tranquilizarte, InuYasha. —Acatando la orden de inmediato, fue cuestión de segundos para verla durmiendo en la cama de pacientes.

Su menudo cuerpo sudaba frío, el color blanco de su piel empezaba a volverse de un desagradable amarillo y los constantes jadeos que tenía, por la dificultad para respirar, no alentaban un buen diagnostico.

La anciana colocó un trapo húmedo sobre su frente, suspirando largamente. El ambarino desvió un poco su mirada para ver a la mujer mayor, intentando descifrar que significado ocultaban sus acciones. No parecía muy alarmada, pero igual estaba profundamente preocupada por la chica. —InuYasha, ¿podrías dejar de mirarme de ese modo?

— ¿A que te refieres?

—Date cuenta. —contestó, con una gota de nervios bajando por su sien. Tan enajenado estaba en estudiarla a fondo que la distancia vital de una persona, en este caso la de Kaede, estaba siendo violada de una manera poco ortodoxa. Esos ojos fijos en su rostro y escrutando cada gesto incomodaban.

—Feh, tonterías. —Retrocedió a su sitio algo apenado.

—Sé que quieres saber que sucede, pero es necesario que te calmes si de verdad quieres entender que ocurre. —Habló con calma, el ambarino se levantó de su lugar exaltado.

— ¡Estoy calmado! Sólo dímelo de una vez si no quieres que…

—Hierba de Luna...—Interrumpió la anciana. Debería haber previsto esa clase de comportamiento hostil, con ese medio demonio la tranquilidad no serviría de nada. Sumergió un poco el trapo de tela y lo colocó nuevamente en la joven. Él, confundido por ser detenido abruptamente apenas reaccionó para volver a su lugar. —Hace años que no escuchaba sobre esa terrible maldición.

— ¿Maldición?

—Desde la antigüedad han existido muchas formas de castigo y tortura, la hierba de Luna era una de ellas. Las brujas solía usarla como ingrediente principal de una poderosa maldición. —Una expresión de duda en el rostro del ambarino le hizo preguntarse si realmente había entendido, pero Kaede decidió continuar. —Kagome me había dicho de un pequeño corte que se hizo, creo que fue con ella. Pero me sorprende que aún exista la hierba, se supone que fue quemada junto con las brujas…

— ¿Y eso que significa? —Cuestionó intrigado. La mujer le observó con un frío semblante de indiferencia, pero pronto suspiró y prosiguió.

—En resumen, Kagome sufre de una maldición de tortura.

— ¿Y entonces…? —Inepto. InuYasha era tan inepto. Kaede deseó gritar, entendía que él nunca fue alguien de mucho entendimiento, pero sus tontas preguntas la estaban haciendo rabiar. Y sobretodo, la desconcentraban de su labor: la frente de Kagome ya estaba escurriendo agua. Se dispuso a limpiarla y continuar con sus intentos por bajarle la fiebre.

—InuYasha...—Molesta, la sacerdotisa mayor le tomó los cachetes, halándoselos como a un crio pequeño.

— ¡Vieja bruja, eso duele!

— ¿Seguirás interrumpiendo cada vez para hacer una pregunta tonta?

—No —Su semblante se volvió serio. —. Aunque solo preguntaré: ¿Que consecuencias tiene?

—Ella estará bien. —Antes de ese idiota le saltara al cuello por sus palabras contradictorias procedió a aclararse. —Sólo se cortó con la planta, para sufrir la maldición completa se requiere de un ritual y mucho más… Por ahora, ella simplemente no debe ser feliz.

— ¡No me jodas! — Gritó con furia. Sus ojos dorados se mostraron enardecidos frente a los serios y templados de la mujer. ¿Cómo rayos podía decirlo tan tranquilamente? —Es una maldita tontería, ¿no debe ser feliz? ¿¡Como rayos es eso una solución, estúpida anciana!?

—Tranquilízate InuYasha. —Pidió ella. Obligándose a sí mismo, se sentó. —La maldición actúa de forma perversa, transformando los sentimientos genuinos en dolor físico. Mientras más felicidad sienta, más dolor le causará…

—Feh, no tiene ningún sentido.

—Todo acabará cuando la Luna en su pecho se complete, mientras tanto sería recomendable que controlara sus sentimientos para no sufrir. Pero te advierto, se volverá inestable y las cosas más inesperadas pueden hacer reír o sufrir…

¿Como era posible semejante estupidez? Algo que gobernara lo que sientes debió de perecer completamente en ese incendio. ¿Porque tenía que encontrarla Kagome? ¿¡Porque justo cuando él se sentía casi preparado para hablar!?

Y lo más importante... ¿Cuanto tenía él que ver en todo?

Era verdad que últimamente la notaba más susceptible, más desanimada y aunque sus actitudes no fueran del todo distintas, le dolía pensar cuando tenía que pasar ella.

Kagome no podía estar pasando por una tortura de algo que no le correspondía. Sin embargo, no conseguía evadir ese pequeño dejo de alegría al saber que no era absolutamente culpable de hacerla sufrir tanto. Era la maldita cosa que transformaba sus emociones y la hacía inestable. Si ella era herida cada instante por algo que no se le relacionaba...

No era tan culpable. ¿Cierto? —Lo entiendo. —Guardó silencio por segundos. Lo entendía, si, era cierto, pero... no era sencillo ni siquiera pensarlo. —Mientras que encuentras la forma de solucionarlo debo ser cruel. ¿Cierto?

—En realidad, sólo sé tu mismo. Pero trata de no herirla…

—Sólo asegúrate de que Miroku y Sango no sepan sobre esto o podrían decirle. Quiero que esta conversación quede como un secreto.

—De acuerdo.

Sentía ganas de llorar. De rabia, de impotencia. Pero lo mas importante era que necesitaba desahogarse con algo lo más pronto posible. Apretó el puño hasta enterrar sus garras en el mismo sitio donde antes lo hubiera hecho. Leves marcas estaban quedando de las ya múltiples veces que sucedía.

La mujer recostada sobre el futón pareció moverse un poco. La pelinegra estaba por despertar y él no deseaba ni mirarle a la cara por lo que tenía que hacer. —Inu-InuYasha...—Oh, pero resultaba tan tarde cuando ella lo cogió por la tela de su haori, mirándole con una media sonrisa.

— ¿Has despertado? —Preguntó con la voz más fría que pudo. —Fuiste una verdadera molestia...´

OoOoOoOoOoOoOoOoO

N/Kou: Ámenme :3 Subí el lunes, edité -y me quedó bonito (?)- contesté reviews y uní dos capítulos. Wow, originalmente quedan seis capítulos, pero debido a lo cortos que eran y que he tardado bastante, lo más probable es que los una, lo que nos da un aproximado de tres o cuatro capítulos restantes :D ¡Muy pronto será el final! De verdad las amó, por estar conmigo en esta reedición de una historia más sobre el inocentemente estúpido de Inu e.e Aunque sólo hubo dos reviews, sé que me lo merezco. El capítulo anterior de verdad está del asco, pero ya me daré otro tiempo para volverlo a reeditar xD Aún así las amo para soportar leer mis tonterías :3 ¡Galletas con caramelo para todas ustedes, son las mejores!

Kira sakurai: Lo sé, pero así es Inu y así lo amamos… Aunque te den ganas de arrojarle al precipicio :3 Un abrazote ;D

Tammy Souza: Muchísimas gracias a ti, sé que no lo merezco. El anterior estaba del asco, pero en este me esforcé much más. Espero que te guste :3 Besos y abrazos ;D