Título:Él no cambia
Sumary:Al término del manga. Después de tres años de no verse por fin se reencuentran. Pero las cosas no son como las imaginaba Kagome, todo por un estúpidamente tímido semi-demonio. To seguía como antes, porque él no cambia…
Ranking:K+
Género:Romance/Humor/Comedia/Drama
Advertencia/Recomendación:Quizás un poco de OoC en Kikyou, pero era necesario.
Cantidad de palabras:4,032 (¿Largo?)
Disclamer:InuYasha sí es mío. Solo que los derechos de autor, legales y demás son de su amada creadora Rumiko Takahashi… sólo es cuestión de esperar 50 años para que él pase al dominio público y lo haré completamente mío (O.o?)
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Heridas dulces
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Amigo. Palabra más triste y preciada a la vez que se agotaba. Pronunciada en sus labios parecía algo tan eterno y profundo como el significado de la vida misma, ganando la mar de significados concretos y simples rumores de la gente que la decía interpretar. Letras que se desgastaban con la velocidad de una galaxia al cumplir su año en el universo...
—Te quiero, pero no te amo. No tengas miedo de lastimarme...
Odiaba tanto esas letras que sentía el rencor bullendo dentro de hasta de sus huesos. Si por él fuera estaría dispuesto a eliminar la conjunción de aquellas letras sólo por temor a escucharlas juntas de nuevo, pronunciando la inevitable sentencia de un final indigno a la historia que creía debía tener en su vida.
Algo finalmente feliz...
—InuYasha...—Murmuró suave, mientras él dejaba de sentir el mundo a su alrededor por solo saber que ella lo musitaba todo con una sonrisa. —...creo que está lloviendo...
—Sí, está lloviendo. —Y él, contra toda razón o circunstancia en su mente la apegó más a su cuerpo, dejando caer silenciosas lágrimas que se confundieron con la repentina lluvia que azotó a ambos cuerpos. Kagome hizo un amago de removerse pero el ambarino no la dejó ir un solo momento, no tenía ganas de hacerlo. Con dicha confesión sobre su relación sentía que, desde que la soltara, ya no habría vuelta atrás y la vida se volvería un vacío interminable a su lado.
¿Porque ella le habría dicho tal cosa? Desde que hablara con Miroku se suponía que entendía perfectamente que, fuera lo que fuera, Kagome sentía algo por él. Poco después fue el tatuaje y su significado, temía lastimarla preguntando tal cosa y de cierto modo era una excusa para evitar confesar la verdad de lo que sentía.
Y ahí estaba uno de los embrollos más difíciles de su asunto.
Exactamente, ¿Que sentía InuYasha por Kagome? Cuando ella lo llamó "amigo" la palabra no agradó mucho, pero por alguna razón era incapaz de desmentirla. Si se supone que había empezado a comprender los sentimientos humanos como cariño y amor...
¿Porque había pensado en amor al examinarla a ella?
Las emociones eran fuertes, pero quizás y debido a su inexperiencia no había pensado que esos sentimientos no eran tan fuertes para llamarse amor, tal y como Miroku lo había dicho.
Los músculos de su cuerpo se tensaron al sentir una delicada mano sobre su mejilla derecha. La belleza de un rostro suavemente perfilado con piel pulcramente brillante bajo la luz de luna y exquisitos ojos color chocolate se aproximó a su rostro, encendiéndole las mejillas con tonos que superaban al carmín. Y es que ¿cómo no estar tan nervioso si ella le miraba con esa expresión de agobio y ternura? Como si lo intentara consolar, aún cuando ella también llevaba sus mejillas de tonos exorbitantemente rojos. —InuYasha, ¿Nos vamos?
Los labios de color rosa se le antojaron por un momento estar escupiendo veneno en su más puro estado, y su lengua transformarse en la espada filosa que se adentraba profundo en las heridas más hirientes del alma.
Casi tan doloroso como era respirar el agua que le estaba atragantando debido a su descuido.
InuYasha tosió con fuerza, intentando adaptar su garganta a recuperar el aire impedido por el flujo del agua continua a través de sus orificios nasales. Suspiró profundo, recuperando el aliento y sin ganas de reprocharse, así había estado de distraído desde hace un buen tiempo. — ¿Estás bien? —Comentó con autentica preocupación la sombra a su lado que distinguió como el pervertido pelinegro que lo acompañó al río desde la mañana. —InuYasha, sabes que no es mi gusto ser metiche pero...
—Pero el instinto de vieja chismosa te domina...—Masculló furioso. Extraño el gesto que se impregnó en su rostro en esta ocasión, punzando la curiosidad y angustia de su amigo al verlo en tal estado.
—Tú no enojo no es como el de siempre...—Empezó con tono serio. —Es algo más agresivo, real. Y estás tan distraído que ni te diste cuenta de cuando empezabas a hundirte en esa extraña forma tuya de bañarte...
— ¡Cállate Miroku! —Grito con una sombra en su voz de rencor y dolor. El pelinegro le miró con algo en sus ojos que iba más allá de la seriedad o la burla, algo indescifrable que habitaba en cada uno de los seres humanos desde que comenzaban a conocer las malditas emociones.
Meditó un segundo si debía marcharse o quedarse y dejar proseguir a aquello que presentía aproximarse en esas jodidas expresiones de su amigo. Si, detestaba ser el blanco de ese estado extraño de los humanos que tanto fastidio le traía. Era insoportable conocer que aquél brillo, signo o lo que sea que fuera que detectaba en ocasiones era el saber la emoción que se manifestaba en ese momento: confusión.
Una mezcla entre el miedo, temor, soledad, amor, cariño, odio y cualquier cosa que se le quisiera unir en perfecto balance evocando a un simple y único estado del sujeto. Lo aborrecía, esa misma cosa que últimamente veía en Kagome al acercarse él, incapaz de visualizar una mínima pista en sus ojos de caramelo. —InuYasha, ¿me estas escuchando?
— ¿Eh?
—Lo sabía —Resopló con fastidio Miroku. — ¿Lo ves? —Sus ojos se oscurecieron un poco, denotando la pose de convalecencia que adquirió el ambarino aún tendido a flote sobre la superficie del agua en que lo encontró. —Si no te conociera juraría que deseabas morir hace unos momentos...
—No digas tonterías. —Murmuró, tratando de convencerse que estaba diciendo la verdad. ¿Morir? No lo buscaba pero ciertamente la idea resultaba nada desagradable en esos instantes. Sonrió con desgana, intentando sinceramente mantener la cordura de su mente y corazón, acallar todo lo que quería gritar y contar pero guardaría por propio orgullo.
—Desde la noche en que llovió, no has parado de pensar y agobiarte...
Un mudo silencio fue la magnánima respuesta. Al menos, fue mejor que la ocasión en que le soltó un puñetazo en plena cara, pensó el monje... al menos eso creyó hasta ver ese ininteligible estado de trance en que parecían haber caído los ojos de su albino acompañante.
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Los ojos le sopesaban mucho más de lo normal mientras pequeños espasmos le cerraban los parpados. Esa noche no había logrado dormir, solo soñar. Soñar despierta en todos los días que ahora tendría que verlo con ese caótico sentimiento de inconformidad, ser simplemente una joven que lo había dejado todo en su cómodo y pacifico mundo del futuro a cambio de arriesgar su vida y nunca volver a tener la oportunidad de ser correspondida. ¿Acaso se le olvidaba algo?
Y sin quererlo o pedirlo nuevas gotas salinas brotaron de sus enrojecidos ojos, dándole el aspecto fatal que daba término al pésimo momento de su vida. Ya hace horas que a sus pies llevaba un mar de lágrimas desde que tuvo que apartarse de él esa noche.
Y como lo recordaba.
Por orgullo, por amor, propio, por un sinfín de pretextos y excusas más aguantó las ganas de derramar su tristeza hasta que ambos estuvieron de pie, unidos en un abrazo amargo que se deshizo en cuanto entraron a la casa. No a su hogar. Simplemente ridículo.
Poco a poco el escozor y los pálpitos profundos le obligaron a cerrar sus ojos, permitiéndole después de tantas horas soñar con un blanco profundo e inmenso, donde una sombra de cabellos negros le tendió la mano y llamó por su nombre. —Kagome…—Murmuró con verdadera dulzura.
— ¿Kikyou?
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Es un idilio el pensar que los sentimientos no existieran en este mundo. Sin ellos, definitivamente las cosas marcharían con todo orgullo, sin tropiezos.
Las personas no sentirían rencores, así que no habría despiadados enemigos que quisieran conquistar al mundo, robarte a la persona que amas o envidiaría e intentaría destruir tus lazos afectivos. Los hombres no robarían por sentimentalismos ante quedarse sin dinero o comida, no se enfadarían tan fácilmente o proclamarían las cosas como de su propiedad. Y las mujeres…
Por el Dios que estuviera escuchándolo allá en los cielos, no serían tan complicadas.
No tendría que sentir ese hueco en su estómago cada vez que ella le regalaba una sonrisa, ni la sangre bullendo cuando Miroku se propasaba, según él en broma con sus mal intencionadas palabras y mucho menos se acumularían tantos amargos nudos en su garganta al verla y no saber ni que pensar.
¿Qué sentía exactamente por Kagome?
No quiso ni intentar contestar esa pregunta en su mente. Traería tantos cambios desconocidos que prefería quedarse tal y como estaba. Prefería ignorar a la débil vocecita que musitaba cobarde en su mente, una y otra vez.
Soltó un suspiro, meneando la cabeza para intentar disipar la realidad que en esos precisos instantes no quería ni ver. Escapar. Esa era la solución que tenía años dándole a los problemas de esa índole. Sentimentalismos, emociones y cualquier cosa que tuviera que ver con ello en su momento los había considerado una debilidad; y en el presente seguía viéndolos de esa manera.
Dio un respingo, soltando la furia. La situación lo tenía tan tenso como si pudiera ser en realidad algo concreto y de piedra, cargando todo su peso en la espalda. Con completa alevosía y ventaja.
Su mente estaba hecha un caos. Entre saber y no saber que era realmente lo que sentía por su auto nombrada amiga su, al parecer peor enemigo, le había dicho una frase de lo más inesperada y que lo había puesto peor. Algo que le caló los oídos, negando el creer que pudiera ser verdad.
—Tú no la quieres, InuYasha…
Eso había dicho Miroku, justo después de que cerrara los ojos. El muy malditamente cobarde huyó antes de que a la velocidad del rayo abriera los ojos. Técnica secreta, fase de escape del monje completada. Bufó inminentemente con un mayor volumen del acostumbrado, volviendo a cerrar los ojos al acto antes de sentir un aura demoniaca emanar de los mismos.
¡Lo detestaba! ¡Lo odiaba todo y a todos! ¡Le gritaría en la cara a Kagome que la quería lejos de su vista por siempre si eso le quitaba el malestar que tenía!
Esas palabras… Habían dado en el punto, pero aún no se enteraba de que rayos. Primero tuvo el impulso de sermonearle que sus mentiras lo fastidiaban pero pensándolo bien ni siquiera tenía las ganas de replicarle porque a ciencia cierta no lo sentía tan seguro.
No, no quería pensar que no la quería porque lo que jodidamente había desarrollado por la pelinegra en su pecho era bueno, pero…
¿Por qué no se sentía capaz de gritarlo en su cara?
—Debe ser porque tu no la quieres… —Murmuró una suave voz de mujer, alertándolo por ese tan conocido tono de burla. La última vez que lo había escuchado fue hace un muy, muy lejano tiempo y no había sido agradable en ese instante.
Con recelo abrió sus ojos, arrepintiéndose en el acto porque ya creía estar viendo alucinaciones. Definitivamente el pensar en exceso no era lo suyo, porque el cansancio mental traía jugarretas pesadas. Esa voz suavemente cargada de cinismo y cruda sinceridad, acompasando los ojos de color miel que le veían con alguna ilusión en el fondo. Aquella frente a sí le miró con dulzura, aunque no pudo reprimir la sonrisa de autosuficiencia y burla, característica de su temperamento.
—Tú…—Masculló sin palabras. Fue la única que logró salir en el tumulto de ellas que se atragantaban en su garganta.
— ¿Qué te pasa InuYasha? —Musitó ensanchando su sonrisa. —Parece que has visto un fantasma…
InuYasha frunció el ceño, dando espacio a que ella se sentara a su lado. La ironía le molestaba demasiado porque precisamente daba en el blanco. Estaba viendo un fantasma…
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Sus labios cayeron en un rictus demasiado rígido e incomodo para su gusto. Entreabiertos levemente dejaron traspasar un poco de aire que sintió punzante en su garganta, se obligó rápidamente a pensar, llegando rápidamente el sentimiento de que debía dejar de verse tan tonta e incrédula.
La hermosa mujer frente a sus ojos sonrió con algo de sorna, posando la mano derecha sobre sus labios en una extraña mueca. Parpadeó dos veces más antes de comprender que ese gesto se debía a estar soportando la risa de su actitud. Bueno, no era para tanto. Frunció el ceño mientras se dedicaba a fulminarla con la mirada, aunque no le pareció importar. —Kagome, de todas las reacciones que esperaba nunca imaginé esta.
—Es normal si estoy a punto de dormir y cuando abro los ojos…—Se detuvo un segundo. Estaba molesta, y mucho más que molesta. ¡Furiosa! Se mordió la lengua, acallando la sarta de insultos que se le venían a la mente pero ella no merecía simple y sencillamente porque no había hecho nada… aún. —Bueno, tú ya sabes a que me refiero Kikyou…
Carraspeó, sonriendo nerviosamente por sus actitudes infantiles después de todo. Ah, sí se ponía a pensarlo esa fue una de las más contrastantes características entre las dos. Seriedad contra impetuosidad, amabilidad fría contra heridas dulces; y a pesar de que las dos tenían en común tantos otros comportamientos no siempre actuaban de la misma manera bajo la misma situación.
Pero… Alzó la mirada para detallar que ella la veía con curiosidad, sin ápice de malos sentimientos.
No quiso reprimir la traviesa sonrisa que nació en sus labios, porque… Kikyou había ido a visitarla¿o no?
— ¡Kikyou! —Gritó a todo pulmón la pelinegra menor, expulsando en el viento todas sus afables emociones. Había tardado en darse cuenta demasiado.
Por eso la sacerdotisa del pasado no podía pelear ni maldecir el momento en que la primera gritó su nombre y se lanzó enardecida en una corta carrera hasta su cuerpo. Y menos podía quejarse de su cálido cuerpo apresando uno más desarrollado y que clamaba por un poco de espacio personal.
Sorprendida, conmocionada, pero sobre todo aplastada intentó apartarla delicadamente sin que se viera eso como un bruto rechazo hacia el afecto. —Creí que no te volvería a ver. ¿Qué haces aquí? —Ronroneó con un puchero, frotando su cabeza contra el pecho de la joven. La mayor sonrió, dejándose llevar por la situación y acarició su cabello de manera maternal. Era lo más extraño, raro e inusual que había pasado, pero recordó que Kagome solía darle la vuelta a sus expectativas.
—Pues verás…—Ensanchó su sonrisa. —Ahí estaba yo, muy tranquila en el descanso eterno mirando como transcurrían las cosas del mundo real…—Kagome le miró algo desconcertada al escuchar un poco de ironía en la dulce voz. Quizás mientras la conociera no era fácil escucharle expresarse así, pero era confortable ver que era muy feliz. Asintió, correspondiendo al contacto directo de miradas. —…Fue entonces cuando vi a dos personas muy, pero muy problemáticas. —Algo sonrosada por entender esas "dos personas" desvió la mirada.
—Es que…
—Tranquila. —Silenció. —No he venido a reclamar, sino a ayudarlos.
— ¿Cuál es tu razón? —Cuestionó curiosa.
—La esencia de mi alma fue purificada, pero aún así algunas de las almas que tienes dentro me pertenecen, teóricamente. —Kagome nuevamente asintió, esperando oír su hipótesis. —Así que si tu interior es un caos, esta parte de mí reacciona y no me deja tranquila.
Y su mirada se ensombreció un poco. La verdad esperaba alguna razón más simple como la que había planteado al principio pero al fin y acabo resultaba mejor. Una delicada mano se posó sobre su barbilla, instándole a verla directamente con aquellos ojos profundamente bondadosos. Maravillas debía hacer el descanso eterno porque ella se miraba tan radiante, libre. Como le hubiera gustado a ella ser libre también.
—Sé cómo te has sentido, ya que lo vivo contigo. —Susurró, llamando toda la atención de la chica. —Pero debo decirte que hay algo que te ha ocultado InuYasha y que provoca estos conflictos.
— ¿Cuáles? —Respondió herida, con sorna. Olvidándose un momento que no debía desquitar su furia contenida con quien venía a apoyarle. —Yo ya entendí que soy su amiga. —Masculló con ira. Kikyou le observó incrédula unos segundos antes de darse cuenta quela persona estúpidamente más ingenua del mundo no era solo uno, sino dos. Vaya líos en los que se metía.
—Él no te quiere…—Y fue el turno de Kagome de contemplarla incrédula. —Él te ama. —Y sonrió, mostrando cada musculo del rostro en un perfecto trabajo al recrear la bella sonrisa que siempre imaginó, tendría al estar con vida. —No me mires así, que yo lo conozco…
—P-Pero…—Intentó replicar, pero con un dedo sobre sus labios Kikyou la silenció. E inmediatamente señaló un lugar, un espacio en blanco donde una especie de ventana al exterior donde se veía claramente a una persona enfurruñada, junto a un árbol.
— ¿InuYasha?
Kikyou sonrió, posando un dedo sobre sus labios antes de exclamar: —Piensa en esto como pago por permitirme volver…—La pelinegra más joven solo le miró confundida, antes de caer en un profundo sueño. —Yo me encargaré de todo.
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Los tensos segundos en los que ella se había colocado a su lado no cesaban, haciéndose cada vez más inminente el paso del tiempo en el ambarino. ¿No existía el modo de manejar el flujo del tiempo? Porque, aun si implicaba un arduo y complicado entrenamiento de muchos años, al borde la muerte él aceptaría con gusto. Todo con tal de no aguantar esos tediosos segundos que se le figuraban en horas. Kikyou había aparecido frente a él hace un rato y le había ordenado, sí, ordenado sin darle tiempo a replicar, que fuera a la cabaña que compartía con Kagome. —InuYasha… —Le escuchó decir, con voz calma.
—Nunca imaginé verte otra vez, y menos de este modo Kikyou. —Soltó algo rudo, pero culminando con una sonrisa. ¡Feh! Para su desgracia ella no era culpable de su mal humor y no podía desquitarse tan a gusto como lo haría con el pequeño y enano zorro Shippou o el peor enemigo de su vida, Miroku. —Pero me alegra. —Creyó escuchar un suspiro resignado de parte de ella, pero lo ignoró.
—En verdad que no ocupas un empujón, sino que te tiren al acantilado…—Susurró, acallándose discretamente al momento.
— ¿Qué has dicho?
— ¿Qué es lo que le escondes a Kagome? —Respondió directa, sonriendo al ver atragantarse en su sitio al orgulloso y engreído de su antiguo amor. Y de paso evadiendo la respuesta, no fuera que lo arruinara todo.
—No sabes nada, no puedes hablar… —Contestó a la defensiva, sintiendo el calor de sus mejillas elevarse al ver ese bello rostro que adoró por tanto tiempo acercarse. Sigilosa, cuidando y calculando cada movimiento hasta quedar a milímetros de sus labios. Tragó en seco al percibir ese brillo malicioso al fondo de sus pupilas, anticipando algo malo. Claro, para él. —Kikyou…
—InuYasha—Susurró, acercándose aún más y jactándose por dentro de ponerlo tan nervioso. No estaba ahí precisamente por eso, pero vaya que era divertido burlarse un poco del siempre ingenuo ambarino. Aunque cuando él hizo ademán de querer alejarse se dijo que era tiempo de actuar. —Tengo la cura. —Sonrió.
— ¿¡De verdad!? —Exclamó, sin ponerse a medir sus movimientos. No había notado que ella bajaba la mirada a sus labios y se obligó a controlarse. ¿Qué sería lo que quería ella al tenerlo así?
—Sí. Confía en mí. —Y entonces, ella cerró los ojos, acortando la distancia hasta quedar sus alientos rozando. Un simple movimiento más y estarían dándose un beso… ¿¡Pero qué rayos pasaba!? —Tranquilo, no voy a besarte. —Acotó ella la verlo tan tenso, pero enseguida una sonrisa de burla se extendió y nada lo preparó para lo siguiente que vino. —Pero ella sí…
Y sin mayor aviso la silueta de Kikyou se borró frente a sus ojos, dejando a la vista el cuerpo de su reencarnación que cayó al frente, justo sobre sus labios y dejándole totalmente anonadado.
—Me he llevado el sello que la lástima, eres libre de decirle lo que quieras…—Escuchó una dulce y armoniosa risa, al tiempo que enrojecía súbitamente. —InuYasha, sé feliz…
La dejó irse, sin mayores resentimientos. Después de todo aún tenía sobre sus labios esa dulce e indescriptible textura de los labios de Kagome que sabían a pura miel. Con curiosidad empezó a mover los suyos sobre estos, maravillado del millar de mariposas revoloteando en su estómago y la sensación de no querer separarse nunca.
Se sentía muy, pero muy bien. Tal vez, demasiado… Solo faltaba que Kagome recuperara la consciencia para probar cuando ella también moviera los labios.
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El color era como un rojo brillante… ¿Cómo el de un tomate? No, más bien era rojo oscuro muy intenso y cada vez se ponía peor. ¿Carmín tal vez? Era la tonalidad que más se asemejaba, aunque con la poca luz de Luna que quedaba en instantes parecía ser guindo.
Bueno, se dijo la chica, ya bastaba de estar adivinando el color del rostro frente al suyo.
Con todo el pesar de su corazón debía abandonar el calor de esos labios tan dulces y volver a la realidad de la vida, una donde Kikyou acababa de decirle algo con lo que debería estar furiosa con la misma persona que le miraba como si estuviera dándole alguna clase de infarto o similar y con la que soñaba ahora mismo en un beso. —Bien es hora de terminar el sueño, Kagome… —Y sin ningún cuidado o delicadeza lanzó a la persona que mantuvo el contacto con ella por más de quince minutos. —Fue un bonito sueño…
Bostezó un poco, entrecerrando la mirada. En verdad, cuanto le hubiera gustado que ese despertar tan abrupto, con InuYasha besando sus labios con ternura, hubiera sido real. Aunque no recordaba que en sus sueños ese medio-demonio se le quedara mirando como si no entendiera la situación ni su actitud.
Acto seguido se pellizco el brazo izquierdo con una sonrisa. Sus hermosos ojos cafés seguían mirando a la figura de rojo que parecía de piedra por la nulidad de síntomas o movimientos de alguien con vida, esperando a que desapareciera como cada mañana. —K-Ka-gome—Escuchó un susurro ahogado, tampoco recordaba a InuYasha tímido, congelado como piedra y tan rojo como antes quiso adivinar. Hasta pareció decir con mucha dificultad aquella palabra.
Loa ojos de ella se abrieron de manera inhumana. ¿Por qué no despertaba del sueño? Es decir, estaba dormida soñando un beso con el ambarino como siempre y al despertarse él desparecía…
¿Verdad?
Entonces… ¿Por qué la ilusión no se iba?
Quizás esta vez el sueño había sido demasiado profundo, o pudiera ser que se había enfermado de fiebre y aún deliraba en su cabaña, mientras sus amigos cuidaban de ella. Sí, algo así debía ser.
Pero ese hombre de rojo la veía con ensoñación y un enorme rubor en su rostro. Parecía tan real que empezó por darle escalofríos. No era que le pareciera malo ni al contrario, pero ella lo había lanzado a un lado como un estorbo y…— ¡InuYasha! —Gritó con desesperación. El aludido pareció moverse un poco, aunque seguía sin dar señales de vida. — ¿¡Estoy despierta!? —Nuevamente gritó, con la vergüenza subiendo por cada poro de su piel, más en específico de su rostro compitiendo con el de él.
No, eso no era cierto. Tenía que comprobarlo.
Con paso inconsistente, pero muy veloz, se aproximó a él quien volvía encender su rostro con ese escandaloso rojo, boqueando como un pez pero sin emitir sonido alguno (Al menos de los coherentes) —InuYasha, si quiero saber si es un sueño tengo que hacerlo…—Mencionó, pidiendo permiso. Con seriedad inusitada tomó el rostro varonil entre sus manos, hasta que por fin el ser inerte se dignó a hablar.
—Kagome, ¿Qué vas…?
Y antes de terminar la oración ella le besó.
Fue un contacto suave, tierno y casto pero que removió demasiados sentimientos. InuYasha casi explotaba de la sangre que se le fue a la cabeza ante lo imposible del escenario, Kagome se separó mirándolo con terror y vergüenza en su estado más puro. Lo pellizco de la mejilla, aún incrédula y luego dio un paso atrás.
¡Estaba despierta! ¡Y peor, lo acababa de besar! En cuestión de segundos la chica se desmayó.
Y como si se hubieran puesto de acuerdo, el ambarino la secundó.
OoOoOoOoOoO
N/Kou: ¡Ta da! Super actualización de tres capítulos en uno. Ya solo falta uno o dos más el epilogo. Como lamento mucho la tardanza (me quedé sin compu ToT) El próximo también será más extenso, ya lo tengo casi terminado pero depende de ustedes si quieren que lo deje rápido o en una semana para aguantar al epilogo, del que solo tengo la idea xD
De antemano, muchas gracias por aguantar la espera, espero que les guste esta actua. Lamento no responder reviews pero no cuento con tiempo además de que seguramente nadie recuerda que ha puesto en ellos. ¡Las/Los amo a todos! Pronto volverán a saber de mi con otro –por supuesto- InuYashaxKagome… Mmm, deberíamos bautizar a la pareja :3 ¿InuKa? xDDDDD
Si alguien lee mis otros fanfics, sigo viva, pero no he tenido chance de actualizar debido a la escuela, trabajo, etc. Haré todo lo que pueda para avanzar a los que casi terminan, serían el one SasuSaku, el NaruHina y Skip Beat!
