Hetalia no me pertenece, y Leverpool es una ciudad en Inglaterra, mucho menos me pertenece, esta historia no es para fines lucros, es sólo para entretener.
Capítulo I – Síndromes de locura.
01 de Febrero de 1887
-Madre, por favor, déjame salir- rogó Arthur- No es justo, dame un motivo.
-¡Tú no necesitas que yo te de motivos!
-Pero, yo no puedo estar todo el tiempo encerrado en las cuatro paredes de mi habitación.
-Podrás salir al jardín y pasear por nuestros campos.
-¿Y al pueblo? ¿Podré ir al pueblo?- trató de mirar la cara de su madre quien se alejaba de la sala de estar.
-No Arthur, y no insistas más- se marcho dando por terminada la discusión.
15 de Marzo de 1887
-¡Que alegría que hayan venido!-exclamó el joven de cabellera rubia- Desde que me prohibieron salir de la mansión no he podido practicar- confesó amargamente abriendo la ventana de su habitación.
-No hay que preocuparse- sonrió la pequeña criatura entrando por la ventana- Te hemos traído lo necesario para que practiques.
-¿Enserio?- preguntó ilusionado Arthur- ¡Vamos entonces, rápido!- agregó corriendo las cortinas con una amplia sonrisa.
26 de Marzo de 1887
-¡Arthur deja de fantasear!- regaño la Sra. Kirkland arrebatándole de las manos a su hijo un trozo de pergamino, que, según él pobre muchacho, las hadas se lo habían dado.
-¡No estoy fantaseando madre!, no lo estoy – protesto esté- Así que, se lo ruego, devuélvame el pergamino, fue un regalo.
-Niño insolente, ¡¿cómo te atreves a hablarle así a tu madre?!- chilló la mujer- ¡¿Es esto lo que quieres?! Pues aquí lo tienes-Pronuncio agriamente rasgando el trozo de papel que sujetaba en sus manos.
-N-no…-balbuceo el joven llenando sus ojos de lagrimas mientras trataba de recoger los trozos de pergamino.
27 de Abril de 1887
-Alseider no se qué hacer- sollozo hecho un ovillo-Por favor, por favor ayúdame no me dejan salir, no dejan que Antonio me visite- gimoteó- M-me llegó una carta con el sello de la familia de de Antonio, era la letra de su padre, me pidió que cortáramos nuestra amistad, q-que era malo para él y su familia- murmuró arrugando dicha carta en su mano.
-Arthur, yo…yo no puedo hacer nada.
-¡Te lo ruego!- pidió derramando sus lágrimas- De alguna manera, por favor, ¡quiero verlo!
-Hare lo que pueda- respondió la pequeña hada abrazando la mejilla del muchacho.
30 de Abril de 1887
-Arthur…-llamó un chico de cabellera marón y de tez morena desde el balcón del anterior.
-¿A-antonio?- tartamudeó- ¡Antonio!- exclamó en joven llenándose de alegría a abrir las ventanas- ¡Que alegría verte!, que feliz soy- pronuncio abrazando al moreno.
-Yo también te extrañe Arthur- respondió correspondiendo el abrazo.
-¿Por qué no quieren que seamos amigo?- pregunto preocupado empezando a sollozar.
-No estoy seguro, mi padre me dijo que estabas loco y que por eso eras una mala influencia para mí y que sería victima de los rumores y eso arruinaría mi estatus- pronuncio amargamente.
-P-pero yo no…
-Se que no lo estas- aclaró Antonio- Y tampoco quiero dejar de ser tu amigo, pero mis padres me enviaran de regreso a España en diez días- Oh Arthur, como lo siento- se disculpó quebrándose la voz al castaño- Juro que cuando tenga la mas mínima oportunidad me escapare y vendré a verte, ¡no me importa lo que diga ni lo que pueda hacer mi padre!
10 de Mayo de 1887
-S-señorito Arthur, se lo ruego, tranquilícese- Pidió la Sra. Krewell, quien era la ama de llaves y encargada del joven.
-¡No!- Grito el joven furioso- ¡Vete! ¡Vete, sal de aquí y no vuelvan!- estallo sacando a empujones a la mujer.
-P-pero la Señora Kirkland requiere de su presencia- trato de convencer a Arthur.
-¡Si tan tanto me necesita dile que la veré si me deja ir al muelle a despedir a Antonio!
-No creo que la señora se lo p-permita.
-¡Entonces no me necesita!- grito este golpeando la puerta dando por entender que era hora de que se retirara.
-S-sí señor.
12 de Mayo de 1887
-¡Arthur Kirkland, sal de allí ahora mismo!- Llamo el Señor Kirkland tocando la puerta- ¡Obedece!
-Señorito Arthur, se lo rogamos, salga de su habitación- pidieron las criadas.
-¿Arthur que vas a hacer?- preguntaron las dulces hadas volando alrededor de este.
-Yo…yo no sé.
39 de Mayo de 1887
-¿Escuchaste?, al parecer el loco Kirkland se encerró en su habitación y no ha salido en días- habló uno de los hombres del mercado.
-Y también dicen que la madre se ha vuelto loca, más e incluso pero que el hijo.
-Sí, incluso parece que si te acercas a la mansión quedaras maldito- comento una de las mujeres que compraban.
-¿Enserio?
-Enserio, por eso la mujer del carnicero se lanzo al mar, al parecer ese día pasaba por el camino que queda frente a la mansión- agregó la mujer.
-Pobre señora Kirkland, no tuvo suficiente con sus otros hijos.
-¡Shh!, silencio, allí viene esa mujer.
7 de Julio de 1887
-¿¡Cómo te atreves a renunciar?!-exclamó la mujer.
-Discúlpeme señora Kirkland, pero no puedo seguir trabajando aquí- rogó la muchacha agarrando su maleta.
-Te subo la paga a 30 monedas de plata mensuales- sugirió la mujer mayor tratando de convencer a la menor.
-No insista señora, por favor.
¡40 monedas de plata semanales!, es lo más que puedo ofrecerte.
-Dije que no.
-Eres mi dama de compañía, ¡no puedes dejarme! ¿Por qué no deseas quedarte? ¿Hemos hecho para ofenderla?- trato de averigua que es lo que pasaba.
-No…no es nada de eso mi señora.
-¡¿Entonces porque se desea ir?!-
-¡No quiero que él joven Arthur me maldiga!-grito la criada- Ya no aguanto los que dicen de mí por trabajar aquí, ¡no puedo!, me está volviendo loca- dijo mientras emprendía su carrera hacia la puerta principal dejando a la señora Kirkland muy confundida.
-¿L-los rumores?-balbució la mujer volteando a ver a sus otras criadas- ¡¿Qué están viendo?! ¡Vayan a hacer su trabajo!
27 de Junio de 1887
-Sra. Kirkland, ya se lo he dicho, su hijo no le ocurre nada, está en perfecto estado- explico el doctor.
-E-eso no puede ser, el no está bien, ¡no lo está!- protesto ella- El habla solo, ¡se ríe solo!, piensa que puede ver cosas, las luces, ¡el habla con las luces!-grito la madre de Arthur parándose bruscamente.
-Mi estimada señora, cálmese, si usted desea, puede hacerse el exámen también, no le costaría nada de dinero extra- pidió el especialista levantándose lentamente.
-¡¿Está diciendo que estoy loca?! ¡¿Qué he inventado todo?!
-No, por supuesto que no, yo nunca dije eso, sólo sugerí que sería bueno que tomara el exámen para estar seguros.
-¡Yo no estoy loca!, no lo estoy, es Arthur quien lo está, mi pobre hijo, por culpa de ellos, ¡por culpa de ellos mi pobre hijo habla con las luces!- grito la mujer saliendo del instituto psiquiatra, ya era el tercero que visitaba en la semana y todos le decían lo mismo "Arthur se encuentra perfectamente bien", "¿Usted está bien?", "¿Ha estado usted frecuentemente bajo presión?", "¿No le importaría tomar el exámen usted?", ¡Tonterías, puras tonterías!, su pobre hijo estaba hundiéndose en la locura y ¡ellos no hacían nada! Oh, Arthur, debe estar asustado, ¡está asustado!, el no sabe qué hacer, por los rumores, por los chismes, eso pueblerinos, ¡malditos sean los pueblerinos y sus sucias bocas!, pronunciando el nombre de su bebé, ¡diciendo cosas malas! Hay que callarlos, ¡Arthur no puede escuchar más!
-"Sólo tengo que hacer que mi pobre hijo no sienta"- se dijo a sí misma – "¡Que no escuche! Que no vea, así, ¡así no podrá ver las luces! Y si no las siente, no las verá ¡y si no las ve no les hablara! , Si no siente no escuchara las risas, no escuchara a los mugrientos plebeyos del pueblo, ¡ya no estaría loco!, no sufrirá más, ¡seremos felices!, no desesperes mi amor, hare que no te duela, ¡no sufrirás más!, no habrá dolor, ¡nunca más habrá dolor!".
27 de Junio de 1887
-M-madre, no, ¡aléjate! Mamá, p-por favor, d-detente, ma…-
-Te amo Arthur, te amo mucho.
Bien, espero que les haya gustado este capítulo, espero algún mensajito para ver si subo el otro, no sé, ustedes me dicen, hasta la próxima.
