holaz! Siguiendo con este fic, les doy el mini-spoiler que no habrá hard hasta el capítulo cuatro. muahahahah! emm y eso poh, les dejo el fic para que lo lean. Y respecto a la marca de la cadena de comida rápida si, la idea fue de J.K Fraanchi, la chica que escribe el cardverse. Ella si que es una genio creando marcas graciosas... y bien , a lo que vienen, el fic.
Inglaperra capítulo 2: un reencuentro casual.
Alfred llegó cansado a su departamento. La primera semana de trabajo en su nuevo puesto, y ya está que muere. Es mucho más difícil de lo que parecía. Se tiró bruscamente a la cama, se quitó los zapatos elegantes, y sacó su celular del bolsillo, para llamar a un socio, que le había prometido darle un recorrido por los mejores lugares nocturnos de nueva york. Estaba exhausto, y quería llamarle para cancelar. Lamentablemente fue tarde, ya que cuando llamó al empresario francés, este estaba a la vuelta de su departamento. Alfred se colocó zapatillas cómodas, y salió a abrirle la puerta al empresario. Ambos se irían, literalmente, de putas esa noche, como una bienvenida para Jones al mundo de los empresarios multimillonarios jóvenes de nueva york.
De camino al bar más exclusivo y lujoso de la ciudad, Francis le contaba a Alfred que todo el monopolio de los bares nocturnos, club de striptease, prostíbulos y locales de juegos de apuestas estaban en manos de una banda de narcotráfico internacional, la cual era protegida por la asociación de empresas este, la cual incluía la cadena de comida rápida de los Jones, la jefatura de policías, el banco East Brooklyn, la cadena de gasolineras y combustibles y la cadena de restaurantes Franceses Bonnefoy. Todo era corrupción en esta ciudad, incluso a los jueces les convenía dejar libres a los criminales, de esta manera, pronto volverían a caer y los volverían a liberar, y así los de la corte tendrían más trabajo, y por ende, más dinero.
Una vez que llegaron al bar, tomaron algunas copas, y Francis le confesó a Alfred que le gustaba su hermano Matthew. Después de varias copas, y algunos insultos a la sexy camarera por parte del americano, los amigos empresarios salieron del lugar, hasta un club de striptease que quedaba saliendo de la ciudad, camino a Queens. En el camino un policía los hizo parar, para controlar su estado de ebriedad, pero al ver en la identificación que se trataba del señor Bonnefoy, le dejó pasar, diciendo que le perdone por haberle quitado su tiempo. Alfred quedó impresionado. Una vez que llegaron, estacionaron mal el vehículo y se bajaron abrazados, caminaron hasta la puerta del local, el cual tenía luces LCD, carteles de chicas semidesnudas en un tubo, y dos guardias parados en la puerta. Uno de ellos, con el cabello rubio, peinado completamente hacia atrás, el otro de ellos era un albino, que parecía menos rudo que el de ojos celestes. Francis pasó junto a ellos, seguido de Alfred.
-Bonjour Ludwig… Gilbert.
Ambos asintieron con la cabeza, y les abrieron las puertas de par en par para que pudiesen entrar. Una vez que pasaron caminando a los guardias, Francis agregó.
-Felicia, la novia del rubio baila aquí.
Alfred rio bajo y avanzó. Una vez que atravesaron el pasillo oscuro, solo iluminado luces en el piso, corrieron la cortina que daba a un gran salón, el cual estaba iluminado con luces rojas y rosadas. A un lado estaba la barra de tragos, frente a esta estaban algunos bancos. A la derecha de la barra, había un pasillo el cual a la mitad de este tenía tres escalones para bajar a la gran pista, donde había algunas mesas, estaba el escenario con el tubo donde bailaban las chicas. Y al final del pasillo, había una cortina, la que estaba custodiada por un guardia serio que llevaba gafas, el cabello rubio peinado hacia adelante. Detrás de este guardia se podía leer la palabra "private", y es que era donde estaban los salones para bailes privados. A un costado de la pista, frente al pasillo, estaba el salón vip, el cual estaba custodiado por un guardia de cabello gris y una gran nariz. Alfred y Francis tomaron asiento en una mesa frente al escenario.
-Cuando gustes vamos al salón Vip.
-Estoy bien aquí, Francis.
-Bien, pero las estrellas de todo nueva york bailan en el vip.
Vieron bailar algunas chicas, pero Alfred se aburrió con facilidad. Francis sonrió, y pidió que lleven los tragos de la mesa hasta la zona vip. Una vez que entraron a ese lugar, era notable el cambio de ambiente. Los asientos eran acolchados y cubiertos en suave cuero, el escenario tenía mejor iluminación, por lo que se podía apreciar mejor a la chica que estaba bailando. Ahí tendían sensuales damas a cada mesa, no como en el ambiente normal, que cada uno llevaba su trago desde la barra hasta las mesas, y cada mesa tenía un tubo, y una cortina para cerrar en caso de que quieran un baile más íntimo. También el acceso vip daba la autorización para tocar a las chicas, cosa que no se podía en el privado del salón normal.
Alfred reclinó su cabeza hasta atrás en el asiento, y pudo ver a lo lejos, a alguien que le parecía familiar. Como si ya se hubiese topado con ese hermoso y delicado rostro antes. Le hizo una seña para que se acerque a la mesa. A lo lejos se notaba que era chico, pero no era chocante como los travestis que salían en televisión, incluso era mucho más fino y atractivo que las chicas que estaban bailando y sirviendo tragos. El chico estaba con el pecho reclinado sobre la mesa que atendía, y con el trasero parado. Volteó la cabeza bruscamente, y al ver que le llamaban, se enderezó sensualmente y caminó quebrando las caderas hasta la mesa en que le llamaban. Al ver que se trataba del chico que le había preguntado cómo llegar a Brooklyn la semana pasada, sintió un extraño nerviosismo, lo que le hizo perder el equilibrio y caer sobre el muchacho de anteojos y rizo anti gravedad. Francis rio animosamente, lo que hizo que Alfred y Arthur se quedasen mirando fijamente. Ambos sonrojados a más no poder. Cuando el stripper se incorporó, y vio que el acompañante de este chico era el multimillonario Bonnefoy, uno de sus clientes que más le dejaba cansado, a pesar que era quien mejor le trataba, se sonrojó aún más, e intentó voltear la mirada.
-Q…que quieren… ¿un privado?
-No, no… solo quería… es que me pareces familiar, creo que te he visto antes.
Arthur suspiró pesadamente y rodeó los ojos.
-Sí, la semana pasada. Me pediste como salir de Queens.
-Espera… ¿Eras el chico que estaba en la calle con lencería a medio vestir?
-SI. ¿Algo más?
-Ah sí… Me llamo Alfred Jones y yo…
-Mira, no sé qué te creas, pero estoy Trabajando. Y si no le meneo mi trasero a un cliente cada tres minutos, tendré serios problemas con la jefa. No me causes más problemas, de nuevo.
-¿Huh? ¿Te cause problemas aquella vez?
-Mira, no sigas con eso, que estoy cansado y quiero ir a casa. ¿Vas a querer un privado o no?
-Claro que si mon ami! –gritó el Francés, dejando una pila de billetes sobre la mesa.
Arthur recogió los billetes, se subió sobre la mesa, y comenzó con su espectáculo. Alfred solamente miraba el rostro y la habilidad que tenía el chico. Se sentía extraño, desde los quince años que habitaba ese tipo de ambientes, y era primera vez en su vida que no veía el morbo en algún bailarín o bailarina. Estaba completamente hipnotizado con los suaves y sensuales movimientos, acompañados por esa cara de ángel que era dominada por su lado demonio. Un destello de las luces giratorias de la pista principal del salón vip le permitió a Alfred apreciar mejor el color de ojos del stripper, un verde esmeralda resplandeciente y sus mejillas que estaban levemente sonrojadas, hacían juego perfecto con su tono de ojos. Una vez que Arthur dejó de bailar y abandonó la mesa, Alfred le siguió con la mirada, hasta que lo perdió. El americano mintió al francés, diciéndole que iría al baño a "bajarle la ansiedad a Alfie Junior" cuando en realidad, siguió sigilosamente al chico que había hecho el breve espectáculo en su mesa.
Cautelosamente, entró por la puerta que vio pasar al chico, atravesó los camarines y vestidores de las chicas y llegó hasta una puerta donde decía "administración" Vio salir de este lugar al chico, quien en lugar de regresar a los camarínes, dobló a la izquerda y salió por la puerta Trasera. Alfred hizo lo mismo, y luego corrió hasta alcanzarlo, tomarle bruscamente de uno de sus brazos, y voltearlo para mirarle frente a frente.
-Ahá… te he alcanzado.
-¿Qué haces aquí?...¿Me estás psicopateando?
-¿Qué?... ¡claro que no!... solo me preocupé por ti.
-Es extraño… nadie se preocupa por mí.
-Bueno… aquí tienes un amigo.
-¿Quién en su sano juicio hace amigos de esta manera, en un club de striptease con un bailarín que había visto previamente en un callejón de mala fama vendiendo su cuerpo?
-¿Y quién te dijo que mi juicio es de fiar?
-Touche. Pero enserio. ¿O es que quieres mi otro sericio?
-No estaría mal… pero ahora solo quiero hablar contigo. Te veías preocupado mientras trabajabas.
-Mis problemas no son de tu incumbencia.
-Huhh… ¡ya se! ¿y si pido un taxi y vamos a mi penthouse a conversar?
-Sabía que buscabas sexo. Todos buscan sexo.
-¡que!... ¡NO!... piensa lo que quieras.
-En todo caso, ese es mi trabajo.
-Bien… llamaré un taxi. Por mientras ten, cúbrete con mi chaqueta.
-¿Estas… seguro?
-¡Siempre seguro!, ¡Precios bajos!, ¡Carne de calidad!
-Ese es el lema del Jonesdonalds
-Lo siento… es que como soy el gerente, he firmado muchos papeles con ese lema esta semana.
-Wow… algo nuevo. No tenía idea que eras uno de los mandamases del rubro.
Alfred recordó la plática que tuvo en el auto con Francis respecto al monopolio del estado de Nueva York. Después de todo, Alfred era de respetar en dicho lugar, aunque no lo supiera con anterioridad.
Una vez que llegaron al pent-house de Alfred, este se quitó los zapatos y fue a la nevera por dos refrescos de cola. Uno para él, y otro para su "invitado" . Ambos se sentaron sobre el sofá, y el chico de anteojos se colocó verdaderamente nervioso. No sabía qué hacer, ni cómo actuar. Se había llevado a ese hermoso chico a casa, y para más, este chico era un prosti-stripper. Desde la secundaria que no lo hacía con nadie, y tenía miedo de poder dañarle. Estaba consiente que este era el trabajo de ese chico, pero tampoco podía negar que se sentía levemente atraído por él.
Corto, pero bueno. Mi pobre cerebro está seco como pasa gracias a los benditos estudios universitarios..
ele eme ele ... Parese q imglateda me hama.
Nos olemos luego...
-Maggie c:
