Antes que nada, gracias a Gatita Yaoi, a JKFRAANCHI y a Rikka Armstrong por su apoyo incondicional en esto... ! MAGGIE LAS HAMA!
Muchas gracias por su apoyo a todos y todas los que han leído esto, sus reviews tanto en este como en otros fics míos pidiéndome la conti, en facebook, y bueno, gracias por todo. Jamás pensé que esto seria tan bien aceptado en el fandom, de verdad, pese que me odiarían... pero sinceramente les agradezco de corazaun todoo! y bueno, dejando atrás el minuto gay de la semana... les dejo este hermoso fic.
Disculpen que o haya hecho tan cortito, pero con o de mi universidad estoy un poco seca... "INTENTEN ESCRIBIR SHAOI MIENTRAS ESTUDIAN INGENIERA CIVIL QUÍMICA" ... TT-TT les juro que quedaran "hezpesiales" como yo.
Inglaperra capitulo 3:La historia de un pasado.
El francés estaba sentado en aquella mesa en el club de striptease, Alfred le había dicho que iría al baño, pero en realidad, era más que obvio que iría tras aquel muchacho de delgada cintura y largas piernas. Francis se dio cuenta de que Alfred no regresaría. No le importaba, ya había notado la química inmediata que había surgido entre Alfred y Arthur. Se alegraba de aquello. Recordó cuando recién llegó de Francia a los Estados Unidos. Era más joven, como de la edad de Alfred. A diferencia de él, Francis era consciente del monopolio y sabía manejar fluidamente los negocios y la gerencia. Aun así, era un chico nuevo en el lugar. Por las cosas y la vueltas de la vida, conoció a Scott y su candente hermano menor, Arthur. A pesar de no sentir nada por él, su instinto el presionaba a tener relaciones con este chico.
La primera vez que lo solicitó y lo llevó a su pent-house, pudo ver en sus ojos el dolor y sufrimiento que este chico traía consigo. En ese entonces, Arthur era un adolescente. Francis sintió compasión por él, por lo que cada vez que se sentía necesitado de sexo, pedía a Arthur, de esa manera podía asegurarse que otros clientes no le hicieran sufrir, y que tendría una muy jugosa paga, para que pudiese aprovechar su porcentaje del dinero que le quedaba. Arthur, en un principio, se sintió atraído hacia el francés. Ya que era el primero que lo trataba como a una persona, con dignidad. Francis se preocupaba de sus sentimientos, de hacerle saber que merece respeto, a pesar de su denigrante trabajo.
Francis sabía que esa no era vida para él. Arthur era demasiado puro y delicado como para vivir de la prostitución, pero lamentablemente, el joven Kirkland no conocía otra vida. No podía negar que era un chico muy culto, podían estar horas platicando de cultura, arte, música, literatura o ciencia. Aun así, lo hacían durante el sexo.
Muchos clientes del inglés concordaban con Francis, en que dejase ese empleo y optara por una vida mejor, no obstante, Scott tenía la gallina de los huevos de oro con el sensual y exquisito cuerpo de su hermano. Podía cobrar sobre los seiscientos dólares por coger una hora con ese conejo, de los cuales, Arthur solo tocaba 60, quedándose Scott con los 540 dólares restantes. Incluso fue Francis quien le consiguió el empleo en el bar de striptease, ya que además de tener contactos ahí, en ese trabajo Arthur podía quedarse con todo el dinero recaudado, no era mucho, pero no tenía que compartirlo, o dárselo todo, a su hermano. Fue una gran decepción para el inglés cuando se le declaró a Francis y este amablemente y con dulzura le rechazó. Aun así, siguió solicitando los servicios sexuales de Arthur, quien con el tiempo, tan solo sentía cariño hacia este. Desde esa vez que Arthur aprendió una valiosa lección… Nunca te enamores de algún cliente. Aunque, a decir verdad, tenía que luchar contra esta fuerte atracción que comenzaba a sentir hacia el americano, y que comenzaba a nacer entre los dos, si, era reciproco.
Francis se pasaba la vida protegiendo a Arthur, sin que este se diera cuenta, es por eso que jamás se lo agradecía y siempre le insultaba al verlo. Pero ahora el francés estaba distante, y es que había conocido al hermano de Alfred, de quien se estaba comenzando a enamorar. Y sin notarlo, había comenzado a descuidar a Arthur. Una vez que Alfred y su hermano Matthew se mudaron a Brooklyn, la vida de Francis cambió un poco, ya que tuvo que dejar de lado todas sus distracciones, incluyendo a Arthur. A un así, el menor pudo de poco aprender a sobrellevar aquella vida tan horrible, solo.
Alfred estaba sentado en el sofá de su casa, viendo a Arthur ahí, al otro lado del sofá, bebiendo su refresco de cola mientras apreciaba la enorme y elegante residencia de Jones. Arthur no dejaba de mirar de reojo al chico. A pesar de vivir en estados Unidos, jamás había visto a un chico rubio, de ese tono de cabello, con ojos azules tan hermosos, piel ligeramente bronceada, músculos visiblemente trabajados, estatura alta y oriundo de dicho país.
El americano se jaló el cuello de la camisa. Estaba nervios. Por un lado, quería tirárselo, pagarle y disfrutar un buen rato, pero… sus sentimientos le traicionaban. No había podido quitarse a ese chico de la cabeza desde la primera vez que lo vio, por ende, complicaba aún más el hecho de que estuviese en su casa, con ropas tan provocadoras en ese hermoso y pequeño cuerpo suyo. No, no podía caer. Recién le conocía, y de algún extraño modo, sintió que tenía que ser diferente.
El americano se acercó sutilmente, quedando juntos, lo que incrementó los nervios del inglés, quien se aferró fuertemente a la chaqueta que el menor había colocado sobre sus hombros antes de llegar a la residencia de Alfred. Ya no daba más de los nervios, era extraño, ya que jamás le había pasado antes, ni siquiera con Francis. En momento decisivo, tomó la palabra para preguntarle de una vez que sucedía en su cabeza:
-Y…b…bueno… ¿V…vas a querer a…algún servicio?
-Me basta con mirarte a los ojos toda la noche.
Si, sus ojos eran hermosos, en aquellos redondos y brillantes ojos de un verde muy peculiar, se había perdido Alfred, sin notar que estaba tomando la mano del inglés y estaba entrelazando sus dedos con los de este. Arthur supuso aún más rojo que el tapiz de la sala, aun así, aprovechó para perderse, de igual modo, en la mirada penetrante y azul de aquel joven empresario, No necesitaban nada más, solo quedarse así, viéndose ellos dos. Era extraño, como si se complementaran. Literalmente ellos estaban destinados el uno para el otro, y finalmente se encontraban.
Me siento mal... lo hice muy corto, pero bueno... espero que el otro lo compense.
Seguramente el hero se decepcionaría de su Maggie :'c
