Nota de la autora:Lo se, lo se, dije que lo subiría sólo los martes y jueves, pero este capitulo es cortito y quería subirlo XD. De todas maneras mañana subo el 2, que es donde comienza la acción. Espero que les guste.
Una cosa más que no puse en las advertencias, puede tener contenido de spoilers del sexto libro (y obviamente de todos los anteriores), pero nada sumamente explícito, ya que es básicamente un AU. También tendrá (en algún momento) sexo explícito, aunque la historia no se basa únicamente en eso. Ligero OoC (Out of Character: fuera del personaje) pero es necesario, aunque la esencia del personaje quedará, no me gusta mucho cambiar la personalidad de alguno, asique intentaré que mayormente sea la original. También hay un poco de fanon.
Gracias por sus comentarios en mis otras historias, ya los iré respondiendo, y pronto—espero— terminaré Sabor a mar, asique no se preocupen los que la siguen, que escribiré la tercera y última parte.
Capítulo 1
Dioses y monstruos
Cojeaba.
Draco Malfoy nunca antes había cojeado.
Su pierna dolía como los infiernos, pero su cuello era lo peor (su tía Bella se había lucido), quemaba y ardía, como si estuviera en llamas, le costaba respirar, sus pulmones se oprimían de forma dolorosa, y jadeaba, porque el aire no circulaba bien dentro de él. Mientras caminaba, o mejor dicho, se arrastraba, dejaba un rastro de sangre sobre el piso. Dios, que vergonzoso, arrastrándose, como un cualquiera.
Es en lo que se había convertido.
¿No?
El estatus, el honor, ser un sangre pura, presumir de ello, la riqueza, ¿dónde había quedado todo eso? ¿En qué lo ayudaría ahora?
Era lo que lo estaba matando.
Porque si no llegaba, moriría. Eso de seguro.
Las risas eran lo peor.
Si no fuera porque su ojo estaba tan morado e hinchado, podría ver las cara burlonas a su alrededor, pero sabía que estaban ahí, Draco lo sabía.
Con sus brazos intentaba llegar hasta los pies de Severus, porque era su última esperanza, si bien ser la burla de los mortífagos no estaba ayudando, sus escupitajos, y las patadas que le lanzaban cuando pasaba por su lado, dolían, pero más que eso, lo humillaba, se sentía sucio, aborrecible.
Era todo un espectáculo, por supuesto. El niño mimado, el hijo de papi, estaba arrastrándose, ahogándose en su propia sangre, mientras se desangraba, y pasaba por el camino rodeado de mortífagos, que lo golpeaban mientras pasaba, hasta llegar a Severus, que se mantenía impasible; claro, si lograba llegar.
Sus ancestros deben estar revolcándose en sus tumbas.
Su cuerpo temblaba, y el color de la sangre hacía contraste con su color de piel, con su cabello. La sangre nunca le había gustado. El rojo le quedaba fatal.
Quería llorar, quería gritar, pero se abstenía, a aguantar los gruñidos y gemidos dolorosos, mientras oía las risas a su alrededor.
Y aunque no podía concentrarse en casi nada más que el dolor de su cuello, y en lo entumecidas que se sentían sus piernas, mientras intentaba no abrir la boca, la mandíbula estaba lo suficientemente dislocada como para aumentar la fractura, pero si no la abría aunque sea un poco, se iba a ahogar en su propia sangre, en el sabor metálico, sin mencionar que casi no podía respirar. Pero incluso, cuando todo eso estaba presente, la rabia y la impotencia no faltaban.
Se sentía humillado, y ahora as lágrimas bañaban su rostro sin pudor, mientras oía las risas crueles, malvadas.
¿En serio se merecía eso? ¿Ser golpeado y maltratado hasta la inconsciencia? ¿Mientras se burlaban de él? ¿Había sido él tan cruel?
Una última bocanada de aire. Estaba cerca, podía verlo. Estiraba el brazo, intentando que no se le salga del hombro, sintió como se quedaba sin aire, y la sangre que emanaba de su boca se hacía más abundante.
Un poco más…
Un último grito, mientras rozaba la yema de sus dedos con el zapato negro de Severus. Pero no pudo permanecer consiente para comprobarlo. Mientras sentía como la oscuridad inundaba sus ojos.
Sus pestañas dolían.
Abrir los ojos parecía ser la actividad más complicada de lo que había pensado. En cuanto los abrió, se equivocó. Al instante, todo el cuerpo, como un sutil click, se rodeó de dolor instantáneo.
Un escalofrío lo recorrió, cuando todas las partes de su cuerpo se despertaron, para aniquilarlo.
Y destruirlo todo por completo.
No pudo evitar gemir ruidosamente del dolor. Su cuerpo se convulsionó, y fue como si sus huesos fueran arrollados contra un barranco.
— Señor Malfoy— escuchó vagamente, pero la voz se oía lejana, como cuando lo intentan despertar de un sueño, se escuchaba extrañamente familiar-. No se mueva por favor, beba esto. — Bajo sus labios se deslizó un agrio y amargo líquido, lo tragó, porque literalmente no le quedaba opción, intentó no escupirla, mientras fruncía el ceño, esa cosa sabía asquerosa.
Sus ojos rodaron, y no se volvieron abrir hasta la mañana siguiente.
Abrir los ojos ya no resultaba tan doloroso.
Fue como una liberación.
Se sentía calmado, y los rayos del sol de la madrugada, fueron la cosa más bonita que vio en mucho tiempo.
Aunque sólo habían pasado un par de meses. O eso suponía, en ese estado límbico no podía pensar con mucha claridad.
Intentaba no pensar por sobre todas las cosas.
Miró sus manos, ahora vendadas. Incluso las yemas de sus dedos tenían cortes diminutos. Movió sus piernas un poco, sólo para comprobar, porque en el momento, había pensado que ya no las podría volver a usar.
La presión de la venda alrededor de su cuello era el único lugar en donde le dolía. Tenía el presentimiento de que le dolería por siempre.
Y eso que en su cabeza también sentía levemente cómo otra venda lo rodeaba. Pero no dolía. En su pecho también había, pero los cortes ya eran casi inexistentes.
Su cuello era otra cosa.
Se convertiría en un dolor crónico, lo sabía. El recuerdo estaba marcado a fuego en su memoria, aún podía sentir el frío del cuchillo avanzar y trazar sobre él, el escalofrío que lo recorrió, los gritos que dio por horas.
Desechó en lo profundo de su mente esos pensamientos. Ahora no los necesitaba.
Por ahora.
Se quedó mirando al vacío, no levantó la vista incluso cuando esa voz lo sacó se su ensoñamiento.
—Veo que ya despertaste—no tenía fuerzas para responder algo sarcástico, asique guardó silencio— ¿Cómo te encuentras?
Draco se encogió de hombros. Hasta podía visualizar su mueca reprobatoria.
Pues que se metiera los modales por el culo.
Ambos guardaron silencio.
A Draco no le molestaba el silencio. No ahora, que había gritado tanto.
Severus no se iba a disculpar, Draco sabía que lo sentía, si no, no estaría ahí, con él, Draco lo entendía, de una forma retorcida, pero lo entendía. Nunca necesitaron disculpas entre ellos.
Severus siempre fue una de las pocas personas con las que siempre pudo contar. Aunque ya no lo supiera con tanta certeza.
—Tienes que hacerlo.
—Y una mierda— habló con los ojos encendidos, sin molestarse en levantar la mirada.
—Pero lo vas a hacer. No tienes opción.
—¿Y si yo quiero una? ¿Y si se meten la guerra por el culo?
—Draco…
—Draco las pelotas, Severus— lo miró con enfado—. Dame una razón, una sola razón para hacerlo.
—De lo contrario ellos morirán.
Esta vez, el pánico lo inundó de verdad. Porque por una vez no lo había pensado.
Estaba encerrado.
Era cierto.
Las cosas se pondrían más feas de lo ya estaban si no cumplía las órdenes.
Aparó la mirada bruscamente, con furia, frunció el ceño mientras miraba sus manos.
Sus ojos estaban secos, pero él quería llorar.
Era un fracaso. Él era un caso perdido.
Pero no podía abandonar, de lo contrario el verdadero caos se desataría, y se quedaría solo.
Pensó en las veces que había estado con su madre, cuando él salía al jardín a verla, mientras se ocupaba de las rosas, si bien tenían más de ocho jardineros distintos, ella se esmeraba en cuidar de sus preciadas rosas, Draco estaba fascinado. La pálida piel de su madre contrastaba de una manera sobrenatural con las flores, y sus manos, frágiles y delicadas siempre cuidaban de ellas con la misma suavidad que lo trataba a él.
Draco había heredado su dulzura, y la suavidad de sus manos, pero ahora viéndolas, vendadas, con callos, y rastros de sangre, ya no estaba tan seguro.
Pensar en su padre era tan doloroso como las quemaduras y cicatrices de su cuello, asique no lo hizo.
—Ella te manda esto— le tendió un osito de peluche marrón, con un moño pequeño en el cuello.
Sabía lo que trataba de decirle.
Se mordió el labio despacio, no vaya ser que se le caiga, de lo débil que estaba.
Cuando lo tomó casi como si esperara que explotara bien tocara sus dedos, Severus se fue.
La suavidad era la misma. Se sentía como la primera vez que lo sostuvo.
Cuando era un niño y no sabía nada. Cuando todo le era indiferente, y la mayor preocupación era enorgullecer a su padre, o dibujar a escondidas.
Quiso tirarlo, romperlo en mil pedazos. Porque después de todo era su culpa, él estaba así por su culpa.
Sin embargo, en vez de arrojarlo lejos como debería ser, lo abrazó.
¿Qué les preció? En el próximo cap entra Harry...
Sé que al principio no se entiende todo lo que pasa (esa es, maso menos la idea), pero a medida que pasa la historia, todo se une.
Besos,
-Vulnera
