Capítulo 4

¿Y la Reina?

«Tal vez sí éramos nosotros, pero no era el momento ». *

Harry había estado teniendo pesadillas.

Tableros de ajedrez rotos a la mitad, un rey caído junto con piezas quebradas, luego se despierta con una sensación amarga en el pecho.

Con Draco las cosas van bien. Tan bien como se puede ir con Draco Malfoy…es complicado. Meterse dentro de los sentimientos de Malfoy es más difícil de lo que parece, sin embargo, Draco se había metido más dentro de él, de lo que alguna vez había llegado a imaginar.

Malfoy era paranoico, cada vez que escuchaba un ruido sus músculos se tensaban, y miraba paradójicamente para todos lados, e incluso, a veces, su cuerpo temblaba sutilmente, como una reacción instantánea. Nunca se relajaba completamente, y eso producía una sensación tan triste en Harry, que nunca había sentido antes.

Harry intentaba, realmente intentaba entenderlo. Saber, algo, lo que sea, pero Malfoy era como una ostra, cada vez que se acercaba más, se cerraba por completo. Le frustraba muchísimo.

Aunque el mismo Harry no tenía ni idea qué mierda estaba haciendo. Él (El Niño que Vivió, El héroe, El salvador, pero sobretodo, el chico que alguna vez había odiado a Draco Malfoy) haciendo de niñera. Ridículo.

No es como si se sintiera así, forzado a cuidar a Malfoy, es que necesitaba hacerlo, era un instinto, como el de Draco de cerrar las ventanas con magia y cerciorarse de que todo estaba en orden antes de dormir. Las cosas eran así, punto.

Nunca se había detenido a pensar, qué era lo que más le dolía a Draco.

Estar encerrado en la enfermería con el chico que odió durante años, el mismo que encerró a su padre en la cárcel, haber sido torturado (porque era obvio—en todo sentido de la palabra—que había sido torturado, por lo menos un par de horas con el maleficio cruciatus), no saber dónde se encontraba su madre, o el daño que le provocó todo. La marca que dejó.

Malfoy la tenía difícil, incluso, había veces en las que se sentía un poco culpable por lamentarse por algunas ñoñerías, luego recordaba a Sirius, y la manera en que había sentido, en cómo lo dejaba atrás, en cómo se iba lo único que tenía, en la esperanza, y ya no sentía sus tripas revolverse.

Sin embargo observar a Malfoy algunas veces, le producía escalofríos a Harry.

Las veces en las que parecía, de la nada, volver a tener un ataque, como la primera vez que lo vio. Tan vacío. Le producía estragos. Mientras que otras, solo parecía perdido, sus ojos miraban el suelo, mientras fruncía el ceño ligeramente y sus hombros se hundían. Verlo de aquella manera, tan vulnerable y perdido, hacía que Harry tuviera que clavar las uñas en la palma de su mano para no abrazarle.

— ¡Hey, Draco! —. Lo llamó mientras miraba la ventana, distraído.

—Mmmh—. Fue su vaga respuesta, mientras sentía a sus espaldas, las hojas de la revista que debía de estar ojeando por décima vez en ese día.

Nunca podría aburrirse realmente con él, Malfoy era casi literalmente una caja de sorpresas, pero había algunas veces (en las que Harry se las aguantaba a duras penas), en las que Malfoy parecía tan ido, que no se molestaba en hablarle demasiado.

Pero hoy Harry estaba especialmente irritado.

Draco, desde que se levantó ayer por la mañana, no dejaba la maldita revista.

Y eso producía un enorme problema.

Lo habían cambiado por una revista.

Él era muchísimo más entretenido que ese par de malditas hojas (aunque no supiera qué contenido tenía), no le gustaba ser ignorado—incluso aunque no fuera con esa intensión—. Y se estaba aburriendo.

Tal vez, ese, era el mayor problema.

— ¡Hey, Draco! —. Lo llamó, con un tinte de impaciencia teñida en la voz.

Hace media hora que miraba por la ventana, hacía un día estupendo, y él estaba ahí, como un tronco, cuando podría hacer cosas muchísimo más entretenidas.

No es que no las hiciera por temor a Draco, o lo que Draco pudiera hacer estando solo…no, nada de eso. Ni mucho menos que anhelara (o incluso deseara) su compañía. Pfff, por supuesto que no. Harry solo quería un poco de diversión y no quería dejar a Draco atrás, por más que no fuera su obligación.

Y si no salía de esas cuatro paredes se volvería loco.

Estúpidos aurores.

—Mmmh—fue su vaga respuesta, mientras que por más que Harry estuviera de espaldas, sabía perfectamente que estaba empotrado en su cama mirando la revista, aunque realmente no había mucho que seguramente no haya visto, porque la miró tantas veces que Harry estaba seguro de que de haber sido una persona, se ojearía.

— ¿Quieres dar un paseo?

Harry no supo en qué momento había llegado a conocer tanto a Draco Malfoy, sabía que le faltaba un largo camino para llegar a comprenderlo, pero se había pasado tanto tiempo mirándolo, observándolo, sus reacciones, sus emociones, sus sonrisas…

Que sabía exactamente que sus hombros se habían tensado.

—No lo sé—también sabía lo mucho que le había costado decir esa frase sin balbucear, Harry no tenía ni idea qué pasó realmente en ese ataque, en cómo lo torturaron, para marcarlo de esa manera—. La verdad es que estoy bien así…la revist…

— ¡Oh, a la mierda la revista! —explotó Harry— Parece que te entretiene más que yo. Desde que la abriste ayer, no me volviste a prestar atención.

Que su labio inferior esté un poco más afuera de lo común, no significaba que estuviera haciendo puchero.

No, para nada.

Aunque se alegró un poco de la media sonrisa de Draco al verlo.

Se ve que hacer el ridículo seguía siendo tan gratificante como para este Draco, como para el de antes.

— ¿Siempre tienes que ser tan patético, Potter? —inquirió, pero la oración carecía de frialdad, y aunque eso lo alegraba un poco, se dio cuenta de que pronunciarla le producía un enorme esfuerzo.

Harry frunció el ceño.

Pero no era el momento, pero, ¿cuándo lo era?

Con Draco Malfoy nunca parecía haber un momento indicado, Harry tenía miedo de herirlo, pero tenía tantas preguntas…

—Desgraciadamente va en mi naturaleza—le sonrió, por más que no tenía ganas de hacerlo.

—Lo voy a pensar—y su cabeza se escondió detrás de la revista; Harry entrecerró los ojos.

—No, no vas a pensar un cuerno—Draco lo miró extrañado, y un poco sorprendido.

— ¿Qué quieres decir con eso, Potter? —Malfoy no había levantado la voz desde que llegó, estaba casi afónico (y parecía empeorar), sin embargo, parecía como si hubiera querido hacerlo en esta ocasión.

—Eso mismo—trepó por la cama de Draco, mientras este se alejaba, con los ojos abiertos, intentando ocultar su rostro en la revista, pero Harry ya estaba encima de él.

Sonrió presuntuoso.

—No seas aguafiestas, Malfoy—sus rostros estaban alarmantemente cerca, sus narices chocaban y Harry sentía como su corazón se aceleraba, rápido y profundo—. Ven conmigo.


Draco cerró tan fuerte sus puños, que los nudillos debían de estar poniéndoseles blanco como el papel, como su piel antes, pero ahora sólo estaba sucia.

Sentía la respiración atorarse en sus pulmones mientras un remolino arrasaba con todo, como en la boca del estómago, que no paraba de producirle una sensación muy curiosa.

La garganta se le había secado, aunque no era mucha novedad, sin embargo, Draco presentía que era por una razón completamente distinta a la cicatriz de su cuello y el dolor de sus cuerdas vocales.

Y su corazón…su corazón retumbaba tan fuerte, que temía que Harry lo escuchara.

Y mientras miraba a Harry, con esa sonrisa de niño travieso y esos ojos tan malditamente verdes, supo que haría lo que fuera.

Que si Harry le pedía que saltara desnudo con él al lago congelado, Draco lo haría. Sin importar las consecuencias.

Era casi como el Imperius, sentía como sus defensas se escurrían de inmediato, mientras entraba en una especie de trance, y el control sobre sí mismo desaparecía, dejándolo en manos de una desconocido, de una idiota, que parecía saber exactamente qué hacer para movilizarlo.

Estaba bien, estaban bien.

Cuando Draco recordó cómo debía respirar (inhalar, exhalar), se sentía incapaz de pronunciar palabra, porque dijera lo que dijera le saldría como si un hipogrifo intentara hablar.

Patético.

Eso era lo que era.

Ya lo sabía, y se había resignado, pero esta era una forma completamente nueva de patetismo.

Era el descontrol en todas las maneras distintas y en todos los idiomas diferentes.

Nunca había experimentado tal cosa, ni siquiera cuando lo marcaron para siempre, cuando jugaron con él como un títere, ni siquiera en ese entonces había tenido esa necesidad, esa ansiedad.

De alguna extraña manera, le picaban los labios.

Se los relamió como acto instintivo, pero Harry observó el gesto con detenimiento, y algo en su mirada se incendió, pero como pasó tan rápido, Draco seguramente se lo habría imaginado.

— ¿Y? —la voz de Potter había salido algo rasposa, y aún se podía ver los pequeños rastros de esa mirada oscurecida.

—Ehh, s-sí, claro—sus miradas conectaron por un instante, en el que Draco sintió algo repararse dentro suyo…o romperse, a esta altura, parecía exactamente lo mismo—. Voy a cambiarme.

—Claro—Harry parecía hipnotizado, como medio embelesado, y no paraba de mirarlo.

Draco sintió que se sonrojaba.

— ¿Puedes correrte?

— ¿Qué? — Ahora había sido Harry quien había enrojecido.

Y Draco movió su cabeza intentando alejar pensamientos irracionales de su cabeza.

— Si te podrías apartar, ¿o te hago un dibujito? — le sonrió, aunque pareció más una mueca que otra cosa, sin embargo Harry pareció un poco alegrado.

— Eh…sí, lo siento— dijo con las mejillas sonrojadas.

Se fue al baño a cambiarse, por más que podría haberlo hecho allí. Aún se sentía inestable.

Esa sensación siempre pareció acompañarlo desde principios de año, pero…esta era una inestabilidad aún más extraña.

Todavía podía sentir los escalofríos recorriendo su cuerpo al sentir el aliento de Harry tan próximo del suyo.


Observó las piezas detenidamente.

Lanzó un suspiro.

Desde el fondo de su alma lo lamentaba, pero había un parte, una parte medio egoísta, que se aliviaba de no tener que vivir en carne propia la catástrofe que se desataría.

Pero ahora, ahora es en donde él debía actuar. Con precisión, no podía admitirse un solo error, porque si no, todo acabaría.

Acabaría mal. Peor de lo que se avecinaba.

Y en este momento, en donde estaba más débil, es en donde no debía permitirse fallar.

Las cosas habían resultado más complicadas de lo que nunca había imaginado.

Y valla que imaginó cosas, futuro, paz, libertad, tranquilidad, aun sabiendo que nunca lo tendría, esperaba que para el resto de las personas sí funcionara. Pero ahora…ahora las cosas eran diferentes.

La esperanza era lo último que debía perder, aunque le costara, y eso ya era mucho decir, con un hombre como él, soñador. Pero estaba tan estresado, y le dolía tanto la cabeza que lo único que ansiaba era dormir.

— ¿Estás seguro de esto, Albus?

Con ojos cansados, la miró.

—Completamente. A fin de cuentas, las bolas de cristales nunca fallan.

—Pero…es horrible.

Albus tragó saliva.

—Lo es, lo es—tomó un gran suspiro—. Pero parece que no queda otra. Sabes que no estaré para contarlo…

—Eso no se sabe con exactitud—dijo casi severamente.

—Lo sé, simplemente lo sé, y estoy seguro de que también lo sabes, Minerva—le sonrió amablemente, como a una vieja amiga.

Como una sutil despedida.

Levantó la cabeza, intentando recuperar la compostura, mientras, nerviosa, se debatía internamente.

—Es que me parece casi imposible. Nunca lo hubiera siquiera sospechado. Pensé…pensé que era una pieza más.

—El destino tiene un retorcido sentido del humor.

—Las cosas se invirtieron de una manera impensable.

—Incluso para mí—saboreaba el caramelo de miel, mientras elegía con suavidad las palabras siguientes—. Sabes lo que tienes que hacer.

—Pero, Albus…

Él la miró significativamente.

—Lo sé, Minerva, lo sé. Al ser humano le duele, siempre, aceptar la despedida de un ser amado. Pero tienes que pensar, que si eso te sucede conmigo, imagínate cómo lo pasarán ellos—se quedó sumido en sus pensamientos unos momentos, hasta que volvió a hablar: —Aún no lo sabemos, pero lo sabremos pronto—tomó un segundo respiro, como si le costase digerir, hasta a él mismo, las palabras por completo—. Averiguaremos quién de los dos es la reina.


*Si no me equivoco, esa frase es de Y por eso rompimos, lo leí hace tiempo y se me quedó grabada, como suelo leer los libros al mismo tiempo, se me suelen mezclar. Pero estoy casi segura de que viene de ahí.