Desenrollando el hilo de Ariadna*:
Y pensar que creí que casi había colapsado, que tonta fui al imaginar que tendría la suerte de mantenerme de pie y no desmayarme por un simple aroma. Pero la realidad era que me había desvanecido y que estaba amaneciendo en una cama de hospital con un suero sujeto a mi brazo, por lo que mientras esperaba que se aclararan mis pensamientos me pregunté cuánto tiempo había estado inconsciente.
De repente desde el costado izquierdo de mi cama escuché el débil sonido de una voz conocida:
—Anaís ¿ya despertaste?
—Eh —dije tratando de que mis ojos se acostumbren a lo que había a mí alrededor—, si Lucy ya desperté pero no entiendo porqué tienes esa voz tan apagada.
—Y como no vamos a tener la voz apagada si nos preocupaste bastante, amiga —intervino Marina con tono serio.
—Pero si simplemente fue una descompensación pasajera —atiné a decir no muy convencida de ello.
—No seré doctor pero eso no fue una descompensación pasajera Anaís —señaló Ascot mirándome con sus ojos verdes bien grandes y acercándose a Marina —: En verdad nos preocupaste a todos, estuviste casi tres días inconsciente.
Pasé casi tres días inconsciente… ¿puede ser eso cierto?, para mí solo habían pasado unos minutos. Algo no está bien, mi cuerpo no sentía que hubiese pasado tanto es más consideraba que debería volver a sumirse en el sueño pues algo importante se había quedado allí. Mas mis pensamientos fueron interrumpidos por una puerta que se abrió y que dejó ver a un chico de casi dos metros de altura, pelo corto negro y ojos de color azul profundo.
«No puede ser también estaba Latis aquí, ¿a tantos preocupé?» pensé mientras vi como él se acercó, besó suavemente en los labios a Lucy y luego dijo:
— Si despertó es mejor que busque al doctor —Me echó una rápida mirada y agregó—: Hay que asegurarnos de que se encuentre bien —Al terminar de decir eso volvió a salir presuroso por la puerta.
—Lucy no debiste preocupar a Latis, ¿no decías que estaba ocupado corrigiendo unas cuentas de la empresa a la que asesora como contador? —Le reproché suavemente a Lucy.
—Anaís yo no quise apartarlo de sus responsabilidades —Se apresuró a decir Lucy y luego añadió—: Pero bien sabes que nunca le oculto nada, por lo que al decirle de tu estado inmediatamente vino a hacerme compañía.
Iba a objetarle lo que había dicho pero la puerta volvió a abrirse apareciendo en escena nuevamente Latis acompañado en esta ocasión por un hombre de aspecto peculiar. Éste tenía el pelo algo largo atado con una coleta, de color verde; ojos de color miel y una estatura de aproximadamente 1,70 cm. Aunque lo que más llamaba la atención eran dos cicatrices, una en forma de equis que se encontraba en la mejilla izquierda y la otra que se hallaba en su nariz como si fuera una línea horizontal.
Inmediatamente este singular sujeto se acercó a mí y comenzó a tomarme el pulso y controlar mis reflejos, fue ahí que me di cuenta que llevaba una bata blanca y un estetoscopio colgado en el cuello. Imposible de creer, pero este extraño personaje era un doctor y sospecho que mi rostro no pudo ocultar mi incertidumbre porque rápidamente, regalándome la sonrisa más radiante y despreocupada que había visto en mi vida, me habló.
—Oh, que grosería de mi parte no presentarme. Mi nombre es Paris Marchand y soy el doctor que ha estado siguiendo su desenvolvimiento desde que ingreso a urgencias, señorita Hououji.
—Ah, un gusto —comenté tratando de esbozar mi mejor sonrisa pero no pudiendo conseguirlo, es que había algo en él que me incomodaba aunque no podía precisar lo qué era.
En cuanto terminó de revisarme vi como Lucy con el semblante serio, que no es propio de ella a menos que este muy preocupada, se acercó al doctor Marchand y le preguntó:
—Díganos doctor, ¿qué le ha pasado? —Volteó a verme un segundo y luego volvió a inquirir—: ¿Por qué colapsó tan de repente?.
—No hay de qué preocuparse —Comenzó a decir este extraño doctor—, su colapso seguramente se debió al cansancio y al estrés. Si bien vamos a realizarle unas tomografías para asegurarnos de que todo este verdaderamente bien considero que el asunto se soluciona respetando las horas de sueño, más un poco de terapia para aliviar el estrés y una buena alimentación —Finalizó su explicación regalando, otra vez, una sonrisa despreocupada y radiante.
—¿Está seguro que solo fue el cansancio y el estrés , doctor Marchand? —cuestionó preocupada Marina y agregó—: ¿No cree que es extraño que haya estado inconsciente casi tres días?.
—Señoritas Shidou y Ryuuzaki, de verdad les digo que no tienen de que preocuparse. Es normal que de tanto trabajo y sobreexigencia colapses. He atendido varios casos similares y siempre les he recomendado lo mismo, y aquel paciente que ha seguido mis indicaciones no ha tenido mayores problemas —explicó el doctor Marchand y separándose de mis amigas añadió—: Señorita Hououji en breve vendrán los enfermeros para llevarla a hacerle una tomografía computada y si los resultados dan bien podremos darle el alta, entonces sus amigos y su…su novio podrán estar más tranquilos.
¿Novio?, ¿de qué estaba hablando? y peor aún ¿por qué sonó molesto cuando dijo esa palabra?, de verdad me estaba perdiendo de algo y no sabía qué. Sin embargo todo tuvo un poco más de sentido cuando oí la puerta abrirse y vi que entraba a la habitación Facundo, mi colega, con un gran ramo de flores. Quise decirle al doctor que había un error, que García solo era un amigo pero Marchand se había dirigido rápidamente a la puerta y casi estaba del lado de afuera de la habitación. Mas antes de quedar definitivamente del otro lado giró sobre sus pasos y alegó:
—Me parece que hay muchas personas dentro de esta habitación y eso no es bueno para la paciente —Mirando… ¿con recelo?... a Facundo agregó—: Sería recomendable que algunos esperasen afuera.
Luego de esa recomendación que sonó a reproche el doctor desapareció de nuestra vista y ahí me quedé reflexionando sobre todo lo que había sucedido. Mi desmayo, el aroma, el sueño que sé que tuve pero no recuerdo, el doctor extraño que me estaba atendiendo, sus raros comentarios y mis locas ganas de contarle y aclararle todo.
Pero lo que más me sorprendía o lo que menos entendía era el comportamiento que parecía mostrar respecto a la presencia de Facundo. ¿Podían ser celos?, pero si eran celos ¿celos de qué o por quién?. Ay, mi cabeza era una madeja de ideas confusas que se golpeaban unas a otras como polillas contra una bombilla de luz. Y aunque quise tratar de encontrar un sentido a mis pensamientos no pude hallarlo y menos viendo como de pronto a la habitación entraban dos enfermeros con una silla de ruedas para transportarme a la sala de tomografías.
Apenas terminaron de hacerme los estudios me condujeron de nuevo a mi habitación en la que solo encontré a Lucy, Marina y Facundo. Este último me acomodó la almohada en cuanto los enfermeros me depositaron en la cama.
Ahora solo restaba que me dieran los resultados de los estudios y saber si podía volver a casa, que en estos momentos era lo que más deseaba.
—Me asustaste mucho Anaís —Rompió el silencio Facundo —, cuando te vi desmayada creí que me iba a dar algo a mí también, pero pude calmarme y llamar a la ambulancia al tiempo que le avisa a Lucy de tu estado —reveló él tomando mi mano con suavidad.
«Perfecto, no tuvo mejor idea que hablarle y preocupar a Lucy, por qué no llamó a Marina» pensé para mis adentros pero le devolví una sonrisa cálida. Después de todo no tenía la culpa de nada, es más él había hecho lo que estaba en sus manos y de alguna manera me había salvado la vida.
—Lo siento mucho Facundo —Le dije suavemente aferrándome un poco a su mano —, prometo que tendré más cuidado con mis comidas y mis horas de descanso para evitar que vuelva a pasar —Y mirándolo con ojos casi de cachorro agregué—. Además quiero agradecerte el que hayas cuidado de mí en ese momento.
—Este…de nada Anaís —murmuró tímidamente Facundo y mirándome con un leve sonrojo en sus mejillas añadió—: Espero que cuando te repongas del todo aceptes tomar un café conmigo.
—Claro que sí, aceptare ese café —afirmé e iba a agregar algo pero fui interrumpida por un anuncio del doctor Marchand.
—Cof,cof —Se aclaró la garganta y luego continuó—. Traigo los resultados de la tomografía realizada a la paciente Hououji. Por suerte, y como ya lo había diagnosticado anteriormente, el colapso solo se debió al estrés por lo que le recomiendo que descanse y se alimente apropiadamente —Le entregó los papeles con mis resultados a Lucy y antes de salir de la habitación comunicó—: Y para mejores resultados le aconsejo que haga terapia. En esta tarjeta que le entrego a su amiga, le dejo los datos de uno de los mejores terapeutas internacionales que por estos días se encuentra dando clases y atendiendo pacientes en este país; por si desea seguir mi consejo.
Los días que siguieron a mi alta me la pasé siendo cuidada por Lucy y Marina que se encargaban de que me alimentara y descansara como correspondía. Con sus cuidados ni tuve tiempo de pensar en el misterio alrededor de las frases y rosas, que por cierto ya no recibía pero ahora mi pensamiento volaba al extraño doctor que conocí en el hospital.
Ciertamente no soy de equivocarme en mis percepciones pues de nosotras tres siempre he sido la más capacitada para observar, analizar y captar qué es lo que pasa a mí alrededor y cómo debo manejar la situación que me tocara vivir. Pero no estoy segura de que en esta ocasión tuviese razón, pues como podría ser que el doctor Marchand tuviera celos de Facundo por estar cerca de mí o se preocupara de sobremanera de lo que me sucediese. Era evidente que el desmayo había afectado mi capacidad de percepción por lo que creí conveniente seguir el consejo que me había dado el galeno Marchand y comenzar a hacer terapia, quizás eso me ayudaría con mis problemas.
Comuniqué mi decisión a mis amigas y arreglé con ellas quien me llevaría dado que ninguna quería que condujese hasta no estar del todo recuperada. Y yo con las ganas que tenía de estrenar mi auto nuevo que ya me habían entregado, pues ni modo cuando Marina y Lucy se proponen algo y trabajan juntas nadie puede con ellas. Así fue como la encargada de llevarme al consultorio del terapeuta terminó siendo Lucy por lo menos en aquella sesión pues al parecer si había una siguiente, que estoy segura que habrá, la que me iba a llevar sería Marina. Todo esto me daba la sensación de ser un balón de futbol que se iban pasando la una a la otra.
Mas volviendo a la cuestión del terapeuta; vaya sorpresa me di al ver que el doctor en cuestión, que se encargaría de mi terapia y que supuestamente era de mucho renombre, no era otro que el doctor Marchand quien nos recibía con la mejor sonrisa.
—Pasen por aquí, por favor —Nos indicó con un suave gesto de su mano—: Veo que ha decidido seguir mi consejo señorita Hououji —comentó apenas pasamos el umbral de su consultorio.
—Sí, es que siento que necesito algunas sesiones de terapia y no solo por el estrés sino por otras cosas que me han sucedido —Me aventuré a decir al tiempo que agregaba—: Aunque debo decir que me sorprende verle aquí, creí que solo era medico clínico.
— Oh, ya veo. Perdóneme que en ese momento no le haya explicado que el médico que le estaba recomendando era yo mi mismo —Hizo una pausa para arreglarse la cola de caballo—, pero me pareció un poco divertido presentarme como en tercera persona.
—Bien supongo que en sí, lo que aquí ha pasado no es muy importante —repuso Lucy y añadió—: Lo relevante es saber cuántas sesiones necesita Anaís y en qué días usted la atenderá.
—Sí, usted señorita Shidou tiene toda la razón —Al decirlo le dedicó una mueca despreocupa pero atenta—, hay que centrarse en el tratamiento de la paciente Hououji. Y con respecto a éste déjeme decirle que no puedo de momento precisar cuántas sesiones necesitará o cuán seguido debo verla, tengo primero que hacer una exploración para ver que tan grave es el problema —Y mirándola a los ojos concluyó—. Por eso le pido amablemente que aguarde en la sala de espera en lo que trato a Hououji Anaís.
Lucy se volteó hacia a mí, me dio ánimos y salió del consultorio dejándome a solas con el extraño doctor Paris Marchand.
—Por favor siéntese en el diván, Hououji-san. —Me señaló tomándome por sorpresa pues el estar en Argentina me hizo olvidar un poco el trato formal que es costumbre en mi amado y añorado Tokio natal.
Saliendo un poco de mi asombro me encaminé al diván y me senté. De verdad cada minuto que pasaba cerca de este singular sujeto más extraña me sentía pero a la vez era como si de alguna manera su presencia me hiciese sentir como… ¿en casa?... ¿esa era la palabra?
—Bien antes dijo que no solo quería tratar lo del estrés sino también otras cosas que le han sucedido —acotó tomando asiento en una gran silla reclinable de oficina—, me gustaría por tanto que comenzará contándome sobre esas cosas que le han sucedido y luego iremos avanzando hasta llegar al tema del estrés y el desmayo ¿le parece bien? —preguntó tomando en sus manos un cuaderno de notas y una bolígrafo fuente.
—Estoy de acuerdo, aunque siento que cuando le cuente las otras cosas terminará riendo. —advertí como queriendo tantear el terreno en el que me encontraba.
—Recuerde Hououji-san que ante todo soy un profesional, por lo que no voy a ir riéndome de los problemas y confidencias que me hagan mis pacientes. —formuló con seriedad volviendo a decir ese sufijo que tanto extrañaba escuchar.
—Sí, tiene razón. Discúlpeme olvide en qué contexto nos encontrábamos —Me excusé y viendo el gesto afirmativo del doctor reuní el valor y comencé a hablar del asunto de las rosas blancas y las posteriores cartas—. Todo mi agobio comenzó con la aparición de unas rosas blancas que me fueron llegando todas las mañanas desde hace ya un mes y medio; y que encontraba sobre mi almohada. Al principio no le di mucha importancia y fui guardándolas en un florero de mi habitación, pero luego fueron llegando más y entonces surgió la pregunta de quién podía ser que las estuviera enviando y más aún como hacía para dejarlas en mi alcoba —Me detuve aquí porque quería ver su reacción ante lo comentado por mí y lo vi serio y compenetrado como si no quisiese perder ningún detalle de lo que le relataba, supongo que eso es ser un buen profesional.
—Interesante lo que usted está contando—mencionó al ver que había hecho una pausa y después interrogó—. ¿Y dígame qué sensación, a parte de la extrañeza ante ese suceso o las preguntas que de aquello surgieron, le daba el encontrar esas rosas en su alcoba?
—Bueno… este… siendo franca me emocioné, pues a que mujer no le gusta recibir ese tipo de regalos y más si logran dar con su flor favorita como ha sido en este caso —articulé sonriendo por el nerviosismo y el visible sonrojo que iba apareciendo en mis mejillas.
—mmm… aunque el tiempo ha pasado tu sonrisa no ha cambiado. —susurró como reflexionando para sí y dejando un poco de lado el cuaderno de notas.
—Eh... ¿qué quiere decir con eso? —inquirí extrañada.
—Etto... nada, no me haga caso Hououji-san y continuemos con su terapia —respondió un poco nervioso mientras tomaba nuevamente en sus manos el cuaderno de notas.
Sinceramente este doctor era especial, sus expresiones parecían guardar más de un secreto y su forma de expresarse me hacía sentir tan extrañamente en casa que ya no sabía cómo comportarme delante de él.
Pero tenía que seguir con la terapia, quien sabe pueda ser la única formar de desenrollar el ovillo de Ariadna y llegar al fondo del misterio de las rosas y las cartas.
Mas… no puede ser… otra vez ese aroma que me sabía tan conocido pero no logró descifrar qué era… por favor no me digan que otra vez iba a desmayarme…
A/N:
Hola a todos perdón por la tardanza de actualizar es que entre problemas personales y los preparativos de las fiestas no tuve tiempo de terminar y retocar este capitulo. Pero por suerte ya esta terminado y listo para esta nueva entrega que es un poquito más larga que las anteriores por ser un capitulo en el que el misterioso caballero hace su increíble aparición. Iremos viendo a partir de ahora que va pasando con él y nuestra dulce Anaís. Espero les guste y ya les adelantó que el quinto capitulo ya esta siendo escrito por lo que antes de fin de año o los primeros días de Enero habrá nueva actualización.
1)Los personajes ,en cuanto a nombres y rasgos físicos, (no así en sus personalidades), le pertenecen al Grupo Clamp.
2) A pesar de que la historia toma ciertos hechos de la serie no pretende ser una continuación de la misma.
3) Los nombres que se utilizaran en esta historia son tomados de la versión latinoamericana dado la localización a la que han sido trasladados los personajes, un país de Sudamérica.
4)Los capítulos estarán escritos en primera persona siendo Anais, (Fuu), las que los relate en su mayoría salvo ciertas excepciones en las que relatará París (Ferio).
5) El titulo de este capitulo hace alusión al hilo que le provee Ariadna a Teseo para no perderse en el laberinto, en el mito del Minotauro.
PD: Si ves esta historia en otro lado que no sea mi cuenta de FF o mi facebook comunicamelo. Juntos detengamos el plagio y apostemos al original. Gracias.
