¿También aquí?
Logré controlar mis sentidos y evitar desmoronarme otra vez, pero ¿de dónde veía ese aroma? ¿Provenía del doctor Marchad?...
—Disculpe Hououji-san ¿se encuentra bien? —preguntó visiblemente angustiado.
—Sí, estoy bien. Solo fue un malestar pasajero, nada de lo que preocuparse. —manifesté con una leve sonrisa.
—¿Segura? —interrogó incrédulo y añadió—, si lo desea podemos parar acá y dejar el resto de su relato para la próxima sesión.
—¡No! —exclamé a viva voz y luego proseguí más calmada—. Me gustaría continuar, pero le aceptaría con gusto un vaso de agua si es que puede ser.
—Bien —Me miró de arriba abajo con detenimiento—, enseguida le traigo un poco de agua, aguarde aquí.
Dicho esto se retiró del consultorio y salió por una puerta que no daba a la sala de espera sino a otro sitio. ¿Puede ser que este consultorio tenga conexión con su casa? Qué cosas estoy pensado, porqué debería importarme que su consultorio estuviera conectado a su vivienda. No es que quisiera darle un vistazo a su hogar o algo parecido, creo que solo fue simple curiosidad después de todo siempre guste de investigar, analizar y llegar a conclusiones que muchas veces son ciertas.
Cuando hago aquellas cosas me siento un poco detective, formulando hipótesis y realizando deducciones. Sin embargo este no era el sitio ni el momento de ponerme a jugar de esa manera así que busqué con que distraerme en lo que esperaba que volviera el médico.
En mi tarea de buscar algo de distracción di con una pequeña biblioteca de roble que se hallaba cerca del escritorio del doctor. Me acerqué despacio y empecé a revisar qué libros había por allí. Qué sorpresa para mí descubrir que la mayoría de los libros hablaban de interpretación de sueños, reencarnación, mundos paralelos, vida en otros planetas y viajes inter-dimensionales. Para ser un hombre de ciencia tenía demasiados libros basados en creencias sin base científica, pero viendo que en él nada era convencional no era tan extraño.
—Si lo desea podría prestarle uno o dos de esos libros. —Me sorprendió de pronto Marchand.
—Ah, no hace falta que me los preste, solo los estaba mirando —mencioné saliendo como pude de la sorpresa y viendo el libro que tenía en mis manos agregué—: Además no creo que un libro sobre viajes inter-dimensionales tenga mucho que ver conmigo.
—Jejeje, sí puede que ese libro no tenga mucho que ver con usted Hououji-san —acotó divertido—, pero el otro que tenía antes, el de la interpretación de sueños creo que podría ser de utilidad para la terapia —Tomó el libro en cuestión y me lo dio con sumo cuidado—: Así que si lo desea se puede quedar con él e ir leyéndolo.
—Etto… si va a ayudarme con mi terapia entonces lo aceptaré. —dije tomando el libro y apartándome un poco de él, su cercanía me incomodaba un poco.
—Excelente, entonces ahora continuemos con la sesión —pronunció entusiasmado y como recordando algo agregó—. Ah, me olvidaba aquí le traje el vaso de agua que me pidió.
—Oh, gracias —repuse rápidamente aceptando el vaso y tomando un sorbo de agua.
Luego de eso me volví a sentar en el diván, mientras él tomaba su lugar en la silla de oficina, retomando así el relato que había dejado sin terminar. Cuando hube terminado de contarle todo el asunto de las cartas y las rosas el doctor Marchand me hizo una recomendación:
—Bien creo que por hoy es suficiente, por lo menos hemos establecido cuál es el foco que detonó su episodio de estrés —Me miró como si estuviera buscando algo en mí, algo que no sabría descifrar—: Mas le recomiendo que además de leer el libro que le di reflexione sobre cómo le hizo sentir esas pequeñas atenciones que recibió. Deje de lado todo el asunto de cómo pudieron aparecer las rosas y los pequeños mensajes y céntrese en lo que usted sintió ante esas misivas y regalos.
—Está bien, eso haré —afirmé sin muchos ánimos y antes de salir del consultorio añadí—: ¿Hay algo más que tenga que hacer para la próxima sesión?
—Etto…sí, quisiera si puede ser; que me traiga esos mensajes que le dejó su admirador secreto —respondió un poco dubitativo.
Asentí con la cabeza, me despedí de él y salí del consultorio. En la sala de espera se encontraba Lucy que apenas me vio con la mirada me interrogó sobre la primera sesión. Con un gesto de mis hombros le di a entender que por ahora no había mucho que contar y seguí el camino hacia el auto de mi amiga.
En el recorrido hasta mi casa me adormilé y por vez primera volví a tener ese sueño de cuando era adolescente pero algo cambiado.
Todo el fondo estaba en negro pero con una débil luz verde que parecía venir de todos y de ningún lugar. De repente algo se escuchó, (siempre sucedía así pero estaba vez el dialogo había cambiado un poco ¿o es que la que había cambiado era yo?)
—Mi señora Anaís —resonó a lo lejos.
—Eh, ¿quién está ahí? —pregunté con miedo.
—Ah, por lo visto se ha olvidado de su fiel guardián —Resopló una voz similar al sonido del viento.
—¿Guardián? ,¿De qué hablas? —Comencé a cuestionar a la nada con visibles nervios.
—Tu corazón está igual que la primera vez que nos vimos —recalcó la voz como alejándose—, guarda en sí mismo miedos, inquietudes y contradicciones. —La voz cada vez se oía más lejos—: Por eso no puedes verme todavía, antes de eso necesitas templar tu espíritu y mantener pura tu alma. Una vez que halles el valor de ser tu misma la gema volverá a brillar y entonces me reencontrarás.
—¿Reencontrarte? Pero si ni siquiera te conozco, ¿cómo podré dar contigo? —interrogué casi desesperada.
—Dar conmigo será fácil una vez que estés lista —anunció la voz refrescando todo el lugar—. Sé que no tardarás mucho en saber quién eres y recordar toda tu historia por eso te esperaré mi ama, con la misma paciencia que lo hace él —Terminó diciendo en un susurro fresco y aliciente.
De pronto todo se volvió completamente oscuro y comencé poco a poco a sentir mi cuerpo. Ahí me di cuenta de que las manos de Lucy me sacudían los hombros para… ¿despertarme?... al parecer me había dormido pero ¿cuándo había sido?. Y otra cosa, lo que me había sucedido… ¿solo había sido un sueño? Mas si así era, debía reconocer que se sintió demasiado real.
—Anaís ¿te encuentras bien? —preguntó suavemente Lucy—, no estarás salteándote las horas de sueño ¿no? —Me miró preocupada.
—No pasa nada, estoy bien —repuse con una sincera sonrisa y agregué—: Creo que solo me dormí por el vaivén del auto.
A medias convencí a mi mejor amiga Shidou y logré que siguiéramos al interior de la casa para poder preparar la cena. Es que aunque ella me interrogase qué respuesta podría darle, si yo misma no entiendo cómo un sueño pudo afectarme de esa forma. Esta fue la razón por la que cenamos en silencio y me fui a dormir temprano, mas apenas puede conciliar el sueño. Igualmente me levanté de excelente humor y preparé el desayuno tanto para mí como para Lucy.
—Buenos días Lucy —saludé apenas la vi pasar el umbral del comedor—, he preparado el desayuno ¿quieres café o té con tus tostadas?.
—Buenos días Anais —respondió mi saludo Lucy y agregó—: Mmm… todo se ve rico pero podrías prepararme mate cocido, por favor —Me miró con sus grandes ojos carmesí y no me pude negar a su pedido.
—Está bien ahora te lo preparó —Di media vuelta y me encaminé a la cocina—. Y puedo preguntarte ¿desde cuándo tomas mate cocido? Pues no es algo que hayamos probado en nuestra tierra natal. —indagué mientras buscaba en la alacena la caja con saquitos de mate cocido que guardaba para cuando venía de visita mi colega Facundo.
—Sí, sé que no lo tomábamos en Tokio sobre todo porque allá no existe—indicó encogiéndose de hombres como si quisiera restarle importancia al asunto—: Pero el otro día Latis me acompañó a una reunión con un patrocinador de arte y mientras esperábamos que éste terminara otros compromisos previos, nos fuimos a una confitería—Hizo una pausa para darle un mordida a su tostada que previamente había untado con queso crema y luego continuó—, allí me pedí un café pero Latis escogió tomar mate cocido. Cuando se lo trajeron me dio curiosidad y entonces lo probé.
—Ah, conque así fue la cosa —murmuré como para mí y añadí—: Veo que Latis se ha amoldado perfectamente a esta nación (ja, ja, ja). No necesito de mucho esfuerzo para ello.
—Sí es cierto que se amoldó perfectamente a las costumbres de aquí —Me dedicó una sonrisa burlona—, pero no es el único que ha encajado perfectamente en este lugar ¿o me equivoco? —repuso con toda la intensión de que me molestase un poco.
Mas no podía enojarme ya que era cierto. Sacando a Ascot y a Lucy la mayoría ya nos habíamos acostumbrado a modismos y tradiciones locales, aunque siempre combinándolos con nuestras tradiciones japonesas. Y el primero en hacer esa transición o combinación fue Latis Zylberg. Era como si en realidad hubiese nacido aquí y no en Suiza, pero era de esperarse de un hombre cosmopolita como lo es él. Había nacido en Zúrich, crecido en Japón y ejercido su profesión en Argentina; (primero en Buenos Aires y después de que conoció a Lucy en Córdoba). Parecería que no tuviera problemas para adaptarse aunque algo me dice que muchas cosas sólo las hace para complacer a su adorada novia, mi dulce amiga Lucy.
—Tienes un punto valido, así que esta vez ganas tú —proclamé y pude ver la sonrisa de satisfacción que surcaba el rostro de mi amiga—: Ahora cambiando de tema ¿conseguiste el patrocinador que deseabas o todavía sigues buscando?
—Por suerte lo encontré y el próximo mes tengo la primera exposición a gran escala —afirmó Lucy con mucho entusiasmo.
—¿Primera exposición?, pero sí anteriormente has tenido dos exposiciones —indiqué con expresión de extrañeza y entonces vi que con un gesto me recordaba que había dicho «exposición a gran escala»—: oh veo, dijiste a gran escala y… ¿eso qué significa?—interrogué más extrañada todavía.
—Etto…significa que expondré mi trabajo en una galería de arte prestigiosa y no en un taller comunitario como lo hacía siempre —expuso con serenidad en la voz y agregó—: Además si me va bien es probable que lleven mi trabajo como exposición temporal en el Museo de Artes Plásticas y luego de allí me saldría una gira internacional para promocionar mis cuadros.
—¡Eso es magnífico Lucy! —exclamé con euforia y luego añadí—, hay que festejar esta gran noticia.
—Me encanta tu entusiasmo Anaís, pero antes de festejar tenemos que esperar el anuncio oficial de parte de los organizadores de la exposición —explicó Lucy tranquila pero con un brillo intenso en sus ojos carmesí, que me decía lo feliz que se encontraba con todo esto—: Además ahora lo importante es que terminemos de desayunar y nos ocupemos de nuestras cosas. El festejo lo planeamos después de terminar con nuestras responsabilidades del día —Espetó luego de echarle una mirada al antiguo reloj de pie carrillón.
Efectivamente se nos estaba haciendo tarde sobre todo para ella que antes de seguir camino a ver a su patrocinador debía llevarme al instituto en el que daba clase. Era algo tonto las molestias que se tomaban Lucy y Marina con respecto a llevarme en sus autos a mis actividades. Yo me sentía perfectamente, si bien es cierto que el desmayo fue algo inusual y que tenía un tratamiento que seguir, era exagerado que no me dejasen conducir mi auto. Pero las circunstancias eran estas así que yo no podía más que aceptarlas y sobrellevarlas, por lo que me senté y desayuné a gusto.
Cuando hubimos terminado nos alistamos para salir. Lucy tomó su porfolio y demás materiales y los guardó en su bolso deportivo mientras que yo agarré mi material para la clase que había preparado el día anterior y lo guardé en mi maletín junto con mi portátil. Luego salimos de la casa y nos montamos en el auto dirigiéndonos sin escala hasta al instituto, a la cual llegamos en nada; dado que Shidou gusta de la velocidad.
—Listo, llegamos —anunció Lucy sonriente—, ¿te recojo a la salida para llevarte a la capital?. —preguntó antes de partir rumbo a Villa Carlos Paz a ver a su patrocinador.
—No, no hace falta —respondí rápidamente y agregué—: Me lleva Facundo es que quedé anteriormente con él para tomar un café y es hora de cumplir mi promesa (ja,ja,ja).
Vi que se reía también aunque con su mirada me decía «cuídate, eres importante para nosotras» al tiempo que con su mano se despedía de mí. Cuando se alejó de mi vista, me di la vuelta y me encaminé al salón de clase en donde encontré a mi alumnado ya sentado en sus lugares pero conversando bien alto. Razón por la cual al entrar tuve que golpear con el borrador en el pizarrón y pedir a viva voz que hiciesen silencio.
Después de lograr silenciar a la clase, los saludé cordial y adecuadamente para luego dar comienzo al tema del día. En esta ocasión trataríamos el mito del Minotauro y su relación con la vida. Pero no pude afirmar con seguridad que el minotauro representase a la muerte porque algo en mí me hacía ver ese mito con otros ojos.
—Bien parece que todos saben de qué trata el mito por lo que hondaremos ahora en su significado —expresé acomodando unos papeles en el escritorio y agregando—: Alguien se anima a opinar qué representa la presencia del minotauro y el laberinto o qué papel juegan Ariadna y Teseo.
Me dio risa ver cómo se miraban unos a otros esperando que alguno fuese el primero en arriesgar una respuesta. Estuvieron así un rato hasta que amagué con tomar la lista y nombrar a alguien, entonces un alumno tímidamente levantó la mano.
—Adelante, Walter todos te escuchamos —Lo animé a que hablará con una suave sonrisa.
—A mi parecer el laberinto representa la vida y el minotauro la muerte—expuso con expresión dubitativa—, y Teseo puede que juegue el papel de héroe de esta historia, de salvador de su ciudad y de vencedor sobre la muerte. —Completó con un poco más de confianza.
—Buena teoría, pero no me has dicho qué papel juega Ariadna ¿o crees que no tiene importancia su presencia? —indiqué con suavidad, es que antes de decir algo quería que expusieran una teoría o dos.
Walter no sabía que responder, su mirada estaba perdida y yo no quería molestarlo más pero siendo el único que hablaba debía insistir un poco. Pero justo cuando iba a decir algo más una alumna del fondo tomó la palabra.
—Creo que ella también es una heroína, pero de otro modo —replicó convencida y prosiguió con expresión confiada—: Ella no irá a hacerle frente al minotauro, porque esa es la misión de Teseo, pero sin su ayuda él no podría haber logrado su cometido. A mi entender Ariadna representa la voluntad, el esfuerzo, la fe y la confianza que se necesitan para enfrentar los obstáculos de la vida. Y justamente el ovillo de hilo que entrega guarda en sí mismo parte de todo lo que ella representa.
—Muy bien —dije una vez hubo terminado la alumna de hablar y luego añadí—, alguien tiene algo más que agregar o nos manejamos con lo que han expuesto sus dos compañeros.
Mis alumnos respondieron con sus miradas, ninguno quería hacer esfuerzos esa mañana para pensar sobre este mito. Me reí para adentro y proseguí con la clase. Les expliqué que no estaban errados con lo que el laberinto representa la vida, después de todo la vida tiene más recovecos y caminos de lo que podemos llegar a imaginar.
Elogié el lugar que le habían dado a Teseo pero les aclaré que no solo es un salvador o héroe tan cerca de un semidiós o similar a Jesús, (según los dichos de un alumno que se animó a agregar esto mientras yo iba explicando el mito). Sino que Teseo podríamos ser cualquiera de nosotros parado frente al gran laberinto que es nuestra vida, armados solo con un ovillo de hilo; (que vendría a ser algo así como una guía, o una estrella orientadora); y nuestro ingenio (representación que le di a la espada de Teseo).
Destaqué también la observación de Martina quien había dicho que Ariadna también jugaba un papel importante y que ella bien podría ser la personificación de la voluntad, el esfuerzo y la fe. Pero luego me detuve a explicar por qué el minotauro no puede ser categorizado sólo como la muerte.
—Chicos, en un sentido se puede tomar como valido la asociación del minotauro con la muerte —expuse pausadamente y agregué—, pero no podemos considerar esta opción como la única verdad. Debemos tener en cuenta que en muchas culturas y en la vida misma se considera que hay etapas que se mueren, cosas que quedan truncas y cosas que no podemos cambiar por más que queramos y hagamos nuestro mayor esfuerzo —Hice un alto y vi que comenzaban a entender a donde quería llegar—: Y justamente estas etapas o cosas que quedan en el camino o están determinas por el destino es lo que también puede representar el minotauro. Siendo así que el logro de Teseo no sólo significaría vencer la muerte sino superar todos los obstáculos que se presentan en la vida y aceptar las consecuencias de sus acciones y las circunstancias que le toca vivir.
—Entonces se puede decir que Teseo cambio su destino y junto a éste el de todos los demás a su alrededor ¿no? —cuestionó un alumno que casi nunca participaba de mis clases.
—Así es, Sebastián —Aprobé su hipótesis—, Teseo es un héroe por la misión que asumió y aceptó. El hecho de que superase los obstáculos y se mantuviese constante y fiel a sus convicciones le sirvió para cambiar su destino y el de los que lo rodeaban.
Al terminar mi explicación oímos que sonaba el timbre anunciando que la clase había terminado. Les dejé la tarea de recrear el mito del minotauro pero con una mirada actual, moderna y me dirigí luego a la sala de profesores para buscar a Facundo.
Llegando al lugar vi que García se encontraba esperando en la puerta de la sala, lo saludé con la mano y le indiqué que estaba lista para que nos fué acercó despacio con ese andar tan despreocupado propio de él y luego tomando lugar a mi lado fuimos saliendo del establecimiento y entrando al auto.
El recorrido a Córdoba capital lo hicimos sin hablar, solo escuchando música en el estéreo del auto cosa que propicio que me adormeciera y tuviera otro sueño extraño. Bueno tan extraños no era, después de todo ya lo había tenido en el pasado pero su variación era la que me desconcertaba.
En esta ocasión me encontraba en la Torre de Tokio y de repente un haz de luz nos envolvía a Lucy, a Marina y a mí y nos transportaba a un lugar de montañas, colinas, castillos flotantes y seres de ropajes extraños. Vagando por allí fuimos sintiéndonos inexplicablemente como en casa y de improvisto de nuevo fuimos transportadas por la luz, pero esta vez no hacia la Torre de Tokio sino hasta la cima del Cerro Uritorco. Una vez dejadas allí una voz serena, que parecía venir del cielo y que contenía en sí misma el conocimiento de todos los tiempos, nos anunció «su nueva aventura comenzará en este lugar, por eso les pido que no olviden ser fieles a lo que guardan en su corazón; queridas guerreras».
A penas terminé de oír esa frase sentí que alguien zarandeaba mi hombro y así fue como volví en sí.
—Perdón, la música clásica me relajó demasiado y no pude evitar quedarme dormida —Me excusé rápidamente al ver la cara de preocupación de Facundo.
—¿Seguro que solo fue eso? —cuestionó incrédulo y posando su mano sobre mi frente.
—Sí, Facundo solo fue eso —contesté con una sonrisa y agregué—, y ahora bajemos a tomar el café que se nos va a hacer tarde.
Nos bajamos rápidamente del vehículo y entramos en la confitería. Al sentarnos fuimos atendidos sin demoras por un simpático mesero que tenía una radiante sonrisa. Esa sonrisa me hacía acordar a mis estudiantes cuando los felicitaba por su trabajo y pintó una divertida mueca en mi rostro.
Salí de mi ensoñación cuando vi la cara divertida de Facundo quien siempre parece saber lo que pienso, así que me apresuré a pedir mi café con leche y a desviar la mirada. Es que el que me hayan pillado mirando así al mesero y perdiéndome en mis pensamientos hizo que me avergonzara y que mis mejillas se tiñeran de un visible color rojizo. Sentía que García se ría ahogadamente mientras pedía su infaltable mate cocido con leche y mi color pasó de rojizo a rojo tomate en una milésima de segundo, dándome ganas de lanzarle el maletín para que parara con su burla.
Todo se calmó cuando nos trajeron los pedidos y Facundo empezó a preguntarme sobre el día en el trabajo y otras tonterías. La charla fue amena y divertida pero giró luego a un camino un tanto inestable y lodoso, pues preguntó por mi vida amorosa; algo de lo que en verdad no me gusta hablar mucho.
—Dime Anaís, aún no tienes novio ¿verdad?
—Etto…sí aún estoy soltera —comenté algo dubitativa y molesta, al tiempo que agregué—: Pero ¿por qué lo preguntas?.
—Es… que… que quería saberlo antes de hacerte una pregunta… más bien una declaración importante —tartamudeó y jugó con sus manos al decir estas palabras, y esto me hizo poner algo nerviosa ¿qué era lo que él quería preguntar?.
—Me estas asustando Facundo —Acusé un poco nerviosa—, si tienes algo que preguntar hazlo de una vez y no des tantas vueltas, por favor.
—Sí, lo siento —Se disculpó con la mirada cabizbaja y añadió—: Lo que te quiero preguntar es… ¿quisieras salir conmigo?
Su pregunta/declaración me tomó por sorpresa y casi me caigo de la silla pero después me puse a pensar, hacía mucho tiempo que éramos amigos y no era tan descabellado lo que había preguntado.
Facundo había estado conmigo prácticamente desde que nos conocimos en el terciario en el que nos formamos como profesores, él como profesor de bilogía y yo como profesora de filosofía y letras. Pero de amigos a novios había un largo trecho o eso creo; aunque la idea no me desagradaba tanto ya que después de todo Facundo tenía su atractivo. Su cabello caoba y sus enormes ojos de color chocolate que miran tan profundamente haciendo que todo alrededor se estremezca, junto con su altura de un metro ochenta y cinco le proporcionaban un buen porte ágil y con prestancia que hacía imposible el no contemplarlo. Así que teniendo todo esto en mente esbocé una respuesta ¿diplomática?, ¿cobarde?, ¿fácil?...
—Etto… no sabría que responderte, tu declaración me tomó por sorpresa —expliqué mirándolo con los ojos un poco entrecerrados—: Pero si me das algo de tiempo podré darte una mejor respuesta. —agregué tomando su mano para transmitirle un poco de tranquilidad.
Pareció algo satisfecho con mi respuesta porque sonrió, acercó mí mano más a él y la besó. Supe allí que me había comprendido y que esperaría el tiempo necesario por mi repuesta y en ese instante una sensación de haber vivido algo parecido me embargó produciéndome angustia y vacío en la garganta y boca del estómago.
Pasé saliva por mi seca garganta y miré que el reloj marcaba la una y media de la tarde. Faltaba media hora para que comience el seminario de psicología en el que me había inscrito para reforzar mis clases semipresenciales de la carrera que estaba estudiando.
Facundo vio mi preocupación con respecto a la hora y me dijo que lo de la cafetería lo invitaba él y que me diera prisa para llegar a tiempo al seminario. Se lo agradecí con un beso en la mejilla y salí corriendo hacia la universidad.
Cuando llegué, vi que varias de mis compañeras ya estaban entrando en el Aula Magna; en la que se llevaría el seminario. Apresuré el paso pero lo hice sin mirar y terminé chocando contra algo, o más bien contra alguien que gruñó por el dolor del golpe.
No podía creer que me pasará eso a mí, la torpe del grupo no era yo, eso era algo de Lucy. Pero ahí estaban los hechos; mi cabeza había dado contra el pecho de alguien y mi maletín con mi portátil había terminado sobre el pie de ese alguien, aumentado el dolor de lo ya producido con anterioridad.
Sí que me hubiesen descubierto mirando al mesero me había avergonzado, este bochornoso suceso había terminado por hundirme en el encogimiento y pintado todo mi cuerpo de rojo. Sin contar que no había parte de mi ser que no ardiera a causa de aquella exposición vergonzosa.
Lentamente levanté la cabeza para descubrir a quién había golpeado de manera tan tonta y dolorosa. Tremenda sorpresa me llevé al ver que delante de mí, sobándose el pecho y sacudiendo su pie izquierdo, se hallaba el doctor Marchand. Y no pudiendo creer que estuviera en mi universidad o mejor dicho sin entender el por qué estaba aquí, en vez de disculparme de mi boca salió un reproche.
—¿Doctor Marchand? —llamé su atención con tono incrédulo y agregué en un tono de sorpresa y reprimenda—, ¿también aquí?
A/N:
Hola a todos perdón por la tardanza de actualizar pero se me borraron algunas paginas del capitulo y tuve que comenzar de nuevo. Espero gusten de esta nueva entrega en la cual no aparece mucho el caballero misterioso pero nos vamos enterando un poco más de el pasado de Anaís y de la historia de otros personajes. La próxima actualización tardará un poco porque quiero darles de regalo dos capítulos, así que espero sean pacientes y no me quieran matar.
1)Los personajes ,en cuanto a nombres y rasgos físicos, (no así en sus personalidades), le pertenecen al Grupo Clamp.
2) A pesar de que la historia toma ciertos hechos de la serie no pretende ser una continuación de la misma.
3) Los nombres que se utilizaran en esta historia son tomados de la versión latinoamericana dado la localización a la que han sido trasladados los personajes, un país de Sudamérica.
4)Los capítulos estarán escritos en primera persona siendo Anais, (Fuu), las que los relate en su mayoría salvo ciertas excepciones en las que relatará París (Ferio).
5) En este capitulo se explica un poco más el mito del Minotauro porque tendrá un significado especial para Anaís que se irá develando en con el correr de los capítulos.
6) Mate cocido: es una infusión típica de las gastronomías del Cono Sur (en Argentina sobre todo). Se prepara hirviendo yerba mate en agua, luego se cuela, y se sirve en tazas. Es una bebida de sabor amargo similar al mate pero más suave, con las mismas propiedades estimulantes y nutricionales de éste. También se comercializa yerba mate en saquitos, para poder preparar el mate cocido de la misma forma que el té. Puede endulzarse con azúcar u otro edulcorante y agregársele leche a la bebida obtenida.
PD: Si ves esta historia en otro lado que no sea mi cuenta de FF o mi facebook comunicamelo. Juntos detengamos el plagio y apostemos al original. Gracias.
