A/N:

1)Los personajes ,en cuanto a nombres y rasgos físicos, (no así en sus personalidades), le pertenecen al Grupo Clamp.

2) A pesar de que la historia toma ciertos hechos de la serie no pretende ser una continuación de la misma.

3) Los nombres que se utilizaran en esta historia son tomados de la versión latinoamericana dado la localización a la que han sido trasladados los personajes, un país de Sudamérica.

4)Los capítulos estarán escritos en primera persona siendo Anais, (Fuu), las que los relate en su mayoría salvo ciertas excepciones en las que relatará París (Ferio).


Celebración interrupida:

—Auch! —Masajeándose el pecho y sacudiendo su pie atinó a reprochar—: No hubiera sido mejor que dijeras «Disculpe, ¿está usted bien?».

—Supongo que esa hubiese sido una mejor respuesta pero es que me tomo por sorpresa el verlo aquí, doctor Marchand —repuse rápidamente mientras levantaba mi maletín del suelo —: Por cierto aún no me explico su presencia aquí en la universidad —Lo miré a los ojos apenas terminé de hablar.

—No crea que la estoy siguiendo, Hououji-san —comentó con una media sonrisa y agregó con tono despreocupado—: Fui invitado a hablar en el seminario «sobre miedo y ansiedad» que se da hoy en esta facultad, por eso estoy aquí.

«Perfecto» me dije a mi misma pensando en que no solo había chocado de manera vergonzosa con él sino que debía también soportar su presencia durante todo el seminario. ¿Y por qué sentía esto?, simplemente porque algo en mí me decía que el doctor Marchand se las ingeniaría para hacer alusiones a mi persona en su ponencia como venganza por el golpe y mi forma nada educada de referirme a mi encuentro con él.

Y mi intuición, como tantas veces antes, no se equivocó en lo más mínimo ya que durante todo el seminario Marchand trató que cada palabra me llegara a los oídos y siempre me pedía opinión de lo que estaba hablando. Las miradas de mis compañeras y de mi profesora caían pesadas sobre mí y me interrogaban en silencio si conocía a la eminencia que estaba exponiendo en el seminario. Me encogí de hombros y se los dejé a su imaginación preocupándome solo de contestar lo que Marchand me preguntaba.

—Como bien saben los miedos están muchas veces camuflados, es decir no podemos identificarlos y al formar parte de nuestro subconsciente pueden asaltarnos en nuestros sueños —explico señalándonos una región del cerebro en una fotografía del power point que estaba pasando—: ¿Alguno de ustedes recuerda algún sueño raro que hubiesen tenido y no hayan podido explicar? —Al decir esto dirigió su mira hacia mí, hipnotizándome con sus ojos color miel.

Y como si de esos ojos saliera una orden comencé a contarle mi sueño, no el de la a aparición de mi guardián, pero si el del viaje a esa extraña tierra y mi regreso al cerro Uritorco. Al terminar de hablar vi que su expresión se volvía triste como si le hubiese gustado que contara el otro sueño. Pero es imposible que supiera que había tenido otro sueño, a menos que leyera la mente y eso no era probable bajo ningún punto de vista.

—Bien, ese sí que ha sido un sueño bastante extraño —expresó apartando su mirada de mí—: Mas esas experiencias oníricas en muchas ocasiones quieren darnos un mensaje, contarnos algo que hemos pasado de largo u olvidado —Siguió explicando a la vez que comenzaba a analizar mi sueño—: Creo señorita que su sueño le habla de un sentimiento de familiaridad, de hogar y le mostraba algo que la hacía sentirse segura. Sin dudas su sueño fue un mecanismo de defensa de su organismo para decirle que algo está faltándole a su vida y que no esta tan cómoda con lo que hace.

—Eso podría ser cierto respecto al lugar que vi en mis sueños —repliqué tranquilamente al tiempo que refutaba su teoría con el seño fruncido—; pero no creo que el que me haya encomendado una misión o dicho que mi próxima aventura comenzaba en el cerro tuviese algo que ver con la búsqueda de estabilidad, recupero de confianza o sentimiento de seguridad.

—Yo solo le hablé de seguridad —dijo con brillo especial en sus ojos y agregó con una media sonrisa—; pero si usted ha sacado el tema de la estabilidad y la confianza entonces el problema está en su miedo y hasta podría asegurar que quizás esta en la puerta un episodio de ansiedad.

—Y según su teoría, doctor Marchand ¿a qué le tendría miedo? —hablé con un tono irónico no propio de mí y añadí—: O bien cuál sería el motivo por el que recaería en un episodio de ansiedad.

—Tome lo que le digo como una hipótesis y no se enoje, ¿vale? —advirtió con tono despreocupado antes de explicar—: Pero creo que no se siente segura de lo que está haciendo, comenzó a dudar del lugar en el que esta y de lo que eligió para su vida. Quizás hasta tiene miedo de defraudar a sus allegados y el sueño le trae un gran consejo y es que si sigue siendo fiel a lo que tiene guardado en su ser, entendido como sus principios, encontrará el camino indicado que la hará feliz.

Me quede sin palabras ante esa explicación y sentí que él podía leerme como si yo fuera un libro. Y en mi intento porque no supiera que lo que dijo me afectaba le dediqué una sonrisa, pero Marchand me miró como si no creyera en mi gesto y suspirando concluyó su explicación.

—Por eso es importante que tengamos en claro que los sueños, aunque nos parezcan una cosa sin importancia, a veces nos pueden advertir que algo en nuestro interior no se encuentra bien—Miró a la audiencia para no incomodarme—: Y por tal motivo los invito a que cuando sueñen, si pueden recordar lo soñado, analicen lo que vieron y se pregunté ¿qué es lo que se esconde detrás de esas imágenes oníricas?. En ocasiones solo son producto de lo último que vimos, leímos u oímos pero en otras llegan a tener relación con nuestros miedos, inseguridades y podemos encontrar como evitar la ansiedad si nos detenemos a expresar en términos racionales lo que en ellos hemos vivido.

Sinceramente necesitaba retirarme del recinto porque aunque no me estuviera mirando sentía la presión de su presencia sobre mí, ejerciendo un poder que no auguraba nada bueno para mi carácter y tranquilad. Cómo es que alteraba mi racionalidad y objetividad, era lo que me preguntaba una y otra vez. Aunque por suerte la hora de finalizar el seminario llegó y me escabullí lo más raudo que pude.


Al salir del aula magna me encontré en el Hall de entrada a Marina con Ascot, seguro habían sido llamados por Lucy para que me vinieran a recoger. Sonriendo para mis adentros y calmando mi interior alterado me acerqué a saludarlos.

—Hola Marina, Ascot ¿cómo están?

—Perfectamente bien —Me contestaron a coro, como si fueran un solo ente.

—Me alegro —comenté sinceramente mientras añadía—; qué tal si nos vamos yendo así podemos dar con Lucy en el camino y arreglar con ella la celebración por la exposición a gran escala que va a tener.

—Me parece una perfecta idea —expresó Marina al tiempo que pedía—: Ascot porque no llevas el maletín de Anaís al auto —Pero viendo que éste no se movía trato de llamar su atención—, ¿Ascot, me estás escuchando?

Pero Ascot parecía perdido en sus pensamientos y con la mirada fija en algo más allá de mis hombros se movió casi corriendo a encarar a la persona que recién salía del reciento; que no era otro que el doctor Marchand. Ambos se fueron para un costado, alejándose de las personas curiosas y se pusieron a hablar, mas por los gestos que cada uno hacía era evidente que estaban discutiendo aunque no pude saber la razón de esa discusión.

Lo único que pude oír fue que Ascot le decía «no te atrevas a romper el equilibrio, deja las cosas así que están bien», mientras el doctor lo fulminaba con la mirada. Luego Johnson volvía a donde estábamos Marina y yo; y tomando mi maletín nos empujaba a las dos al auto el cual puso en marcha ejerciendo más fuerza de la que debía. Ante este panorama Marina intento calmarlo.

—Amor, ¿estás bien? —preguntó Marina visiblemente preocupada y agregó—: ¿Pasó algo con el doctor Marchand?.

—Perdón cariño, pero ahora no quiero hablar de eso —expresó Ascot algo molesto pero bajando la velocidad del auto.

—Entiendo, Ascot —repuso Marina apoyando su mano sobre la que Ascot tenía en la palanca de cambio y añadió suavemente —: Pero cuando lleguemos a casa quiero que me cuentes qué pasó, porque bien sé que si no lo hablas te va a hacer daño.

Johnson le sonrió de costado y asintió suavemente para luego poner su atención en el tráfico. Esa complicidad entre ellos dos me recordó que también tuve algo así en un tiempo ya lejano; y como guiada por el instinto me llevé la mano al pecho y susurré «mi valiente caballero».

De repente tenía ganas de llorar, era como que me faltaba algo. ¿Pero qué podría ser lo que me faltaba?, ¿Y por qué sentía envidia de la situación de Marina con Ascot?, eran las preguntas que se me agolpaban en la mente y que se hicieron más dolorosas e insistentes cuando al llegar a mi casa, en la puerta, divisé a Lucy tomada del brazo de Latis.


Saliendo del auto me pegué mentalmente para desaparecer esos pensamientos envidiosos y poder esbozar una sonrisa lo más sincera posible.

—Hola Lucy, Latís, que alegría verlos —saludé al tiempo que abría la puerta de la casa.

—Hola Anaís, ¿cómo fue tu día? —Devolvió el saludo Lucy mientras dejaba a en un perchero su saco y le indicaba a Latís que se sentase.

—Todo bien, gracias por preguntar —respondí dejando entrar a Marina y a Ascot—: Sabes Lucy ya que todos estamos aquí porque no salimos a festejar tus buenas nuevas —Propuse una vez se saludaron todos con un beso en la mejilla.

—Creo es una excelente idea —Me secundo Latís y agregó—; hace bastante que no salimos los cincos juntos.

—Bueno si todos están de acuerdo podríamos ir a «Ciervo Rojo»* —Recomendó Marina sentándose en uno de los sillones.

—¡Me encanta ese lugar! —exclamó un más relajado Ascot.

—No me dejan más opción que aceptar ir —bromeó Lucy mientras se dirigía a su cuarto a cambiarse de ropa.

—Como si no quisieras ir —repliqué en tono de burla mientras me dirigía a mi cuarto a cambiarme de ropa también.

Cuando nos hubimos terminado de cambiar Lucy y yo nos reunimos con el resto y nos fuimos a comer al lugar escogido.


Comenzamos pidiendo una picada con una ronda de cerveza, eso nos hizo dar cuenta que no nos estábamos comportando como japoneses sino más bien como argentinos. Reímos ante esto pero es que la cerveza que en este lugar servían es riquísima y los ojos de Ascot te convencen de cualquier hacer cualquier cosa.

Luego cuando cada uno pidió su comida y el chef nos preparó un poco de ramen para que no olvidáramos nuestras tradiciones; nos pusimos a charlar un poco.

—Dime Lucy, ¿ya sabes cuándo será la exposición? —preguntó Marina después de limpiarse los labios con una servilleta.

—Sí, la fecha ya está decidida —repuso rápidamente Lucy y agregó con una amplia sonrisa—: Será el próximo mes.

—¡Fantástico! —exclamé emocionada y luego inquirí—: ¿Tendrá alguna temática en especial la exposición?

—Pues hablando un poco con el patrocinador, se nos ocurrió hacerla en base a los cuatro elementos de la naturaleza —expresó Latís antes de tomar un sorbo de su copa de vino.

—¿Elementos de la naturaleza? —interrogó extrañado Ascot.

—Sí, se pedirá a los que vayan a la exposición que elijan prendas acorde a los colores que representan a los elementos de la naturaleza —respondió Lucy con un brillo singular en los ojos como si estuviese fascinada con la idea.

—Entonces hablamos de colores como el rojo, el azul, el amarillo o terracota y el verde ¿verdad? —indagué algo entusiasmada.

—Sí, así es —afirmó Latís agregando después—: Dado que los elementos son fuego, agua, tierra y viento los colores serán el rojo, el azul, el terracota y el verde.

—Va a ser épica la exposición entonces —señaló Marina sumamente contenta y añadiendo luego—: Opto por el azul que hace resaltar mis ojos; además siempre me gustó la idea de manejar el agua.

—Siguiendo esa línea creo que elijo el verde —comenté y con una sonrisa indiqué—; ese color no solo entona con el de mis ojos sino que además representar el elemento viento que me encantaría saber manejar.

—(jajaja) perfecto, entonces yo me inclino por el rojo —comunicó feliz Lucy y agregó—: Después de todo ese color combina con mis ojos y representa el fuego que es un elemento que siempre me llamó la atención.

Reímos por las razones dadas en el elección de color y continuamos hablando de que los varones se alearían a nuestros elementos pero dándole su toque. Siendo que Latís vestiría de negro, como si fuera fuego oscuro, y Ascot de blanco cual si fuera la espuma del mar. Otra vez nos siguieron las risas por un momento más, pero todo cambio cuando al restaurante entró el doctor Marchad.


El doctor Marchand entró con andar altivo y portando en su mano derecha un anillo cuadrado de oro negro, con un ave parecida a un fénix en oro en el centro y a los costados unas pequeñas esmeraldas. De repente el aire se volvió más denso y la visión de un gran lago cubierto de nieve se formó ante nuestros ojos junto con una batalla un tanto rara contra un niño muy parecido a Ascot.

Marina se sintió casi al borde de un colapso pero fue detenida por la mano férrea de Ascot justo antes de que se golpeara contra el piso.

—¡Ceres, ayúdanos! —exclamó Marina mientras la sentábamos en una silla y mirando a Ascot con ¿odio? Agregó—: Libéranos del invocador.

Ascot se hizo a un lado y vio con asombro como una gema de color azul oscuro se formaba en un guante que cubrió de un momento a otro a Marina y la cubría con una especie de armadura con capa y todo. Enojado ante esa visión Johnson no dudó en irse contra Marchand.

—¡Desagraciado! —gritó con el puño en alto—: Te toleré en el hospital porque eras quien atendía a Anaís, pero te lo advertí en la universidad si intentabas alterar las cosas te las verías conmigo —Desafío Ascot llegándose hasta el doctor aún con la clara intención de pegarle.

Pero el golpe jamás llegó a destino, una pared de viento lo detuvo a centímetros del rostro de Marchand.

—Sabes que no puedes hacerme nada mientras tenga el anillo de Céfiro ¿verdad? —pronunció el doctor con un dejo de arrogancia en la voz.

—Lo sé —Reconoció Ascot pero pronto encontró las palabras con las que arremeter—; pero en cuanto tenga el mío las cosas no te serán tan sencillas forastero.

—Sinceramente no sé de qué te quejas —repuso haciendo caso omiso a la amenaza de Johnson y agregó con semblante más relajado—: Después de todo Marina se encuentra bien, solo ha recobrado su verdadera identidad.

—Me has hecho perderla —masculló Ascot entre dientes y añadió con dolor en la voz y la mirada—: Ahora se irá con Guru Clef, emprenderá misiones para él y adiós al amor que me tenía.

Al parecer Marchand empezaba a entender el dolor de Ascot, aunque todos los presentes no pudiéramos comprender nada de lo que estaba sucediendo, y planeaba decirle algo pero una voz nos sorprendió a todos.

—Ascot, amor —llamó dulcemente Marina—: Es cierto que lo recuerdo todo, pero eso no cambia nada entre nosotros—Incorporándose de la silla lo buscó con la mirada—: En este tiempo fortalecimos nuestro lazo y puedo asegurarte que como te amo a ti, no he amado a nadie. Así que por favor no te pongas mal ni envenenes tu alma —Tendiendo su mano hacia Johnson, agregó—: Aún necesitaré de mi guardián, ¿estás dispuesto a serlo una vez más, pero esta vez tomado de mi mano?.

—Por supuesto, que sí querida —respondió un Ascot más alegre, que acercándose hacia su novia agregó—: Siempre juntos a donde las aguas nos quieran llevar.

Y dicho esto un halo de color azul los envolvió a los dos y formó en la mano derecha de Ascot un anillo redondo de oro negro con un dragón de agua en el centro y pequeños zafiros delineando el contorno del anillo. Entre tanto, sin poder entender todavía lo que estaba pasando, vi como Latís se llevaba a Lucy del restaurante y al pasar al lado de Marchand le advertía.

—Pudiste engatusarlos a ellos, pero no cuentes conmigo príncipe —Mirándolo con desprecio agregó—: No vuelvo a pasar por el mismo dolor para beneficio de gente ingrata y mucho menos dejaré que otra vez Lucy ponga su vida y corazón en riesgo por los habitantes de tu planeta.

—Puedes correr lo que quieras Latís —anunció rápidamente Marchand y sosteniendo la mirada añadió—; pero nadie escapa de su destino y sabes bien que Céfiro es el lugar al que todos pertenecemos.

Latís bufó desapareciendo del lugar, con Lucy casi a cuestas y dejando al resto atrás.


Miré a la gente del lugar y nadie parecía haberse dado cuenta de todos estos locos acontecimientos, luego observe a Marina y Ascot quienes parecían haber hecho las paces y se acercaban a hablarle con familiaridad al doctor.

—Cuánto tiempo sin verte, Paris —decía una sonriente Marina que luego agregaba—: Espero que no hayas hecho muchas travesuras en nuestra ausencia príncipe.

—No he hecho nada malo, solo puesto orden —repuso con una sonrisa radiante Marchand y añadió en el mismo tono jocoso—: Pero no saben cuánto se los extraña a ustedes, por eso vine a buscarlos.

—Creo que viniste por tu pequeña rosa, forastero —replicó Ascot golpeándolo en el brazo—: No nos mientas que ya no somos chiquitos.

—(jajaja), es cierto hace tiempo que dejaron de tener catorce años —bromeó Marchand—: Sin embargo aunque sea cierto que busco a alguien en particular eso no cambia el que también los extrañe a ustedes y los quiera conmigo.

—Pues puedes contar con nosotros —aseguró Marina pero mirando hacia la puerta agregó—; aunque no creo que te sea tan sencillo convencer a los demás.

—Me di cuenta de eso—murmuró Marchand—;además también tengo en contra que algunos no recuerdan nada de lo qué paso tiempo atrás —Me miró con tristeza y yo sentí un nudo en la garganta.

—A veces solo se necesita tiempo y dedicación —dijo Ascot poniéndole una mano en el hombro a Marchand.

Marchand sonrió levemente mirándome fijo, yo no sabía qué decir ni qué hacer. Mas no pude evitar sentir miedo por todo lo sucedido y las ganas de correr del lugar se apoderaron instintivamente de mí. Por lo que tomando impulso e importándome poco que Marina y Ascot estuvieran gritando mi nombre salí a toda velocidad del restaurante.


Mientras corría el viento golpeaba mi cara y me mostraba imágenes sueltas de algo que no sabía si había pasado o no, si se trataba de una jugarreta de mi mente o de episodios reales. Pero no me iba a detener a reflexionar ahora sobre esas representaciones que danzaban ante mis ojos, solo quería llegar a mi casa y encerrarme en mi cuarto.

Por aquella noche no iba a usar ni la lógica ni mi instinto, solo quería que el mundo dejara de girar. Deseaba que la celebración no hubiese sido interrumpida y que no me hubiese sentido tan tentada de decirle a Marchand que yo era esa «pequeña rosa» que él buscaba. Mas las cosas se habían dado así y ahora solo restaba esperar, para ver qué traía el nuevo día…


N/A:

5. Ciervo Rojo: Restaurante tipo alemán que se encuentra en Villa General Belgrano y que es muy visitado por turistas de todo el mundo.

PD: Me disculpo por el retraso en las actualizaciones, es que me había bloqueado totalmente y tuve que retomar otras historias para relajarme y luego venir con nuevas ideas para ésta. Espero les guste este nuevo capitulo y me hagan llegar sus criticas y sugerencias por medio de un PM o un review. Desde ya les agradezco por esperar y también por comentar.

PD2: Si ves esta historia en otro lado que no sea mi cuenta de FF o mi facebook comunicamelo. Juntos detengamos el plagio y apostemos al original. Gracias.