SYNESTHESIA
Echa el chisme.
Miré ceñuda la nota que me había mandado Sue, Estábamos en plena clase de cálculo –una pesadilla, si me preguntan-. Aunque podíamos estar hablando a gritos, y el profesor ni lo notaría, pero con la mala suerte que yo me traía siempre, era mejor no tentar al destino. Intenté concentrarme en las derivadas, aunque siendo honesta, ni tenía ni idea de que diablos hablaba ese sujeto.
Alguien me tiró un papel, me di la vuelta y vi a Sue que gesticulaba y señalaba el papel. Lo recogí.
No soy tu amiga acaso? Por Dios! Echa el chisme! Es verdad que te fuiste con un tipo mayor que tu? Mucha gente en la fiesta lo dijo, pero no se a quien creerle.
Había dibujado torpemente una cara enojada al final del papel. Suspiré, tomé el bolígrafo y garabateé.
No entiendo cual es tu problema.
Le tiré el papel, y ella lo cogió con avidez, como si de ese papel dependiera su vida; me limité a sacudir la cabeza. No quería compartir con nadie mi experiencia con Friedrich, quería mantenerlo para mí, pero estaba segura que Sue no me dejaría en paz hasta que le contara todo. Repasé con mi lengua la magulladura que había dejado Friedrich en mi labio, no había curado, parecía como si me hubieran abofeteado. Me había convencido de que solo había sido un sueño, o algo así; pero tenía tantas pruebas de que él había sido real: los testimonios de la gente que me vio con él al salir de la fiesta, el morado en mi cara y la manilla que había tomado en ese bar.
Corrí la manga de mi suéter para ver la manilla, no me la había quitado desde que me la había puesto aquel día. Sonaba distante, pero apenas si habían pasado un par de días. Recorrí ansiosamente las letras con mi dedo.
Tiraron un papel doblado sobre mi escritorio, lo desenvolví.
Por el amor a Brad Pitt! Por qué no me dices? He estado muriéndome por saber todo el fin de semana, y para colmo no contestas el maldito teléfono sabes cuanta gente me ha dicho que te vio con un tipo raro, mayor y creo que hasta dijeron que era muy lindo? Es porque te lo quieres quedar para ti sola no? definitivamente la que menos corre vuela.
Rompí en pedacitos el papel, solté una maldición en voz baja ¿Qué yo no tenía derecho a que alguien se interesara en mí? Sue tenía un montón de novios y pretendientes, y nunca me hablaba de ellos, además a mi tampoco me interesaba de a mucho. Me calmé un poco, era la naturaleza de Sue saber de todo el mundo, le desesperaba que alguien tuviera un secreto que ella desconocía. Si Sue tenía un talento –a parte de llevarse la pierna detrás de la cabeza- era sacarle la información a la gente, seguro que debía ser exasperante para ella enterarse que había un rumor que ella misma no podía confirmar. Y más si era de su amiga inadaptada-social.
No deberías estar tan desesperada por saber, pero pues por otro lado eres mi amiga así que te contaré en el receso, no me siento cómoda hablando de él en un papel.
Mi mensaje la tranquilizó un poco, me guiñó un ojo y volvió a poner la mirada en el tablero. Yo hice lo mismo, pero el terror me invadió, iba a ver un examen sobre ese tema, y estaba segura que sacaría cero. Pero me relajé de inmediato, me daba un comino si perdía el examen o no, tenía fama de ser buena estudiante así que era deber del profesor ayudarme –por algo dicen cría fama y échate a dormir-. En la misma hoja en la que estaba tomando apuntes, garabateé un murciélago y colmillos, la absurda sensación de perdida se me había ido, ahora solo podía sentirme genial ¡yo le había parecido atractiva a un hombre de veintiún años! ¡Y lo mejor de todo: me había besado! Aparte había descubierto que no era fea después de todo, ¡no después de la forma en que me miraban los hombres del bar gótico! Tenía que volver a ese lugar tendría altas posibilidades de encontrar allí a mi vampiro Friedrich y si no estaba allí, bueno, podía tener una cita con algún gótico súper-atractivo. ¡Yo teniendo citas!
Vaya, el mundo se había desquiciado.
A la hora del receso, me escapé de Sue con la excusa de ir a comprar algo de comer; ella sabía tan bien como yo que no iba a comer nada –odiaba la comida de la cafetería- pero lo hice sólo para molestarla. Al volver, Sue me miraba como si yo fuera Santa Claus.
-¡Ahora cuéntame de una buena vez!- exclamó ella mientras tiraba de mi falda para que me sentara.
Empecé a narrarle con todo lujo de detalle mi encuentro con Friedrich, le dije lo guapo que era –una especie de satisfacción morbosa me hizo sonreír al notar lo celosa que se ponía, ella tenía el delirio de que toda la gente bella se sentía atraída hacia ella-, la manera en que me coqueteaba, y lo del bar. Omití ciertos detalles, no le dije lo del beso, tampoco le dije los de los continuos comentarios de "soy un vampiro", ni mucho menos esas cosas de leer mentes y oler estados de ánimo.
-Genial- exclamó ella- ¿no le pediste el celular o el correo?
-No, pero él dijo que vivía cerca.
-¿Y él sabe donde vives no?
-Pues si –admití.
Ella frunció el ceño.
-¿y que tal que sea un loco pervertido?- inquirió ella, muy seria.
-no creo, si quería hacerme algo hubiera podido, pero no lo hizo.
-¡tenemos que ir a ese bar!- anunció ella- tenemos que investigar si allí saben algo sobre él ¡seremos como investigadoras privadas!
Arqueé las cejas y me llevé a la boca una gomita.
-No creo que te guste ir allá -señalé-, yo puedo ir sola.
-no, de ninguna manera- negó con vehemencia- esta puede ser la súper-aventura del año, además pueden hacerte algo si vas sola.
-¿Qué te hace pensar que contigo a mi lado no me pasará nada?- objeté.
- ¡yo se ninjutsu!- se había vuelto completamente loca, o sólo quería hacer algo más divertido que decir chismes y comer comida basura.
Metí otra goma de ositos en mi boca y la destrocé mientras pensaba.
-Podemos ir- ella sonrió- pero no estoy muy segura si nos dejaran entrar así como así, somos menores de edad, a parte de eso, sólo se entra con invitación o algo parecido.
-El guardia tal vez te reconozca a ti, y si tal vez dices que vienes de parte de… Fred como se llame, tal vez entremos.
-Está bien- acepté a regañadientes, no quería llevar a Sue pero no me quedaba de otra- no le digas a nadie, se que eso es pedirte algo imposible pero si abres la boca te dejo fuera de esto ¿entendido?
Ella levantó su mano derecha y me miró de manera solemne.
-lo prometo, no más bien lo juro por el señor Pinky y por mi afiche de Bratt Pitt, que tu sabes que es mi tesoro más preciado.
Me forcé a mi misma a no reírme de ella, ¡por Dios santo ella amaba a Brad Pitt tanto como yo amaba a Jerry Only! Pero no había punto de comparación, uno era una estrella de cine y el otro era el vocalista de la banda más grande e incomprendida del mundo.
-Pero tendremos que conseguirte algo para que te pongas- murmuré, ella no podía ir con su acostumbrada ropa de colores cálidos y bonitos zapatos con moñitos rosa.
-Eso es buena idea- apuntó ella- así me camuflaré.
Me quedé pensando en que podría ponerse. Pero no podía prestarle mi ropa, yo era más alta que ella.
-Compraremos algo, mañana después del colegio- dije al fin- consigue dinero o algo, dile a tu mamá que te adelante la mesada.
Ella torció el gesto.
-ah, ¿gastar mi dinero en algo que no me voy a poner sino una sola vez?
-Es eso, o no ir, además puedes guardar la ropa para Halloween del año que viene y así tendrás un disfraz.
Nos pareció más prudente conseguir la ropa primero, después de tenerla podríamos sacar una fecha para ir al bar.
Era chistoso ver a Sue en las tiendas que yo solía frecuentar, había tantas cosas que a ella le parecían curiosas. Collares, pulseras, calaveras, negro y purpura por todos lados. Era graciosísimo.
-Creo que deberías llevar una falda- comenté mientras buscaba una blusa para Sue, había una bonita con la foto de Rimbaud en blanco y negro, estaba rasgada. La cogí y la puse en el montón, tal vez yo podría cómpramela.
-Esto no me cuadra- exclamó mientras se miraba en el espejo- ¿tienen que ponerse los pantalones así?
Tenía puestos unos pantalones muy entubados, a rayas blancas y negras. La señora que atendía, era una persona que vestía normal, no tenía perforaciones y no usaba sombra de ojos negra. Supuse que también pensaba lo mismo que Sue.
-Insisto, deberías llevar una falda.
-no me gustan las faldas- se quejó-. Vaya, esto está resultando más difícil de lo que pensé.
-nadie dijo que iba a ser fácil- me encogí de hombros.
Saqué de los percheros algunas faldas para que se las probara, eran bonitas, con tul y encaje. Descubrí una maravillosa, con cruces por todo el ruedo, la cogí porque de ninguna manera la dejaría, tenía que ser mía. Le pasé otras faldas a Sue, y camisas, para que se midiera.
-Que horror, así será todo él día- se quejó mientras iba de nuevo al cambiador.
-No pasa nada- dije a través de la cortina que me separaba de ella- después será fácil, yo te prestaré zapatos y demás cosas.
Siguió refunfuñando, pero dejó de quejarse, ella sabía que era esto o perderse de la aventura. Yo sólo quería ir, hubiera aventura o no. Pagué la falda y la camisa de Arthur Rimbaud, compré algunas pulseras con taches, y un bonito collar también con taches. Seguro que a mi padre le daría un desmayo, sonreí al pensar en eso.
Sue salió bajándose la falda, me reí de su expresión.
-Faldas, no- exclamó indignada.
-¡pero si te ves bonita!
-para nada- sacudió la cabeza- además ya se que me harás ponerme medias de malla con esta falda, ¡que vergonzoso!
Levanté las palmas de las manos, en señal de rendición.
-no lo haré, tampoco te obligaré a ponerte una.
-Tampoco eso pantalones ¡Dios, se necesita mantequilla para ponerse eso!
No pude sino reírme, Sue y yo éramos tan distintas.
Al fin decidimos por unos pantalones cortos, y una camisa que tenía un montón de cremalleras, salimos tarde de allí pero por lo menos Sue ya estaba de mejor ánimo, ahora que teníamos la ropa, ya podíamos poner en marcha la segunda parte del plan.
Sacar tiempo para ir al bar fue lo más difícil, no podíamos ir entre semana. Sue había dado varias ideas, pero ninguna era útil, teníamos que ir al bar ya muy entrada la noche, por eso de góticos-noche-vampiros. Si les decíamos a nuestros padres, no nos dejarían ir, y era crucial que no se enteraran de nada -¿Qué dirían mis padres si les contara que iba a buscar a un tipo que medio conocía, que era mayor que yo y que me había besado?-
-tengo una idea- dijo Sue de repente.
Aparté el libro de cálculo, estábamos intentando hacer la tarea, en vano por supuesto, ninguna de las dos sabía lo que estaba haciendo.
-¿Qué cosa?
-Iremos este sábado- sonrió ampliamente- le dirás que te invité a quedarte en mi casa, y le diremos a mi mamá que vamos a ver una película.
-¿crees que funcione?
-No seas aguafiestas- me lanzó una almohada- va a funcionar.
Y por increíble que parezca, funcionó.
Le dijimos a la mamá de Sue que íbamos a ver una película de terror –por eso la forma de vestir-. Ambas estábamos realmente emocionadas, ambas nos habíamos maquillado para parecer mayores. Yo me sentí genial, ¿podría ver de nuevo a Friedrich? ¿Nos besaríamos…?
Me detuve de inmediato. ¿Cómo diablos no me había acordado? Friedrich había dicho que se iba de la ciudad.
-¿Es ahí?- Sue me haló del brazo y señaló una fila larguísima.
Habíamos llegado. Nos fuimos hasta el final de la cola.
-Que horrible- Sue masculló- entraremos cuando sea media noche.
Suspiré con fastidio, me quedé mirando a la calle; no había nadie, ni carros; se escuchaba el ruido y las risas de la gente que estaba en la fila.
-Muero por entrar, mi novia me dijo que el lugar es increíble- dijo un tipo de pelo negro, tenía atuendo oscuro sencillo, sin ninguna indumentaria.
-Me han dicho que a veces te dejan haciendo fila aquí toda la noche-le respondió el otro, tenía el pelo castaño y era más bajo que el otro-, y si tienes suerte, pasas.
-¿Nunca han entrado?- preguntó Sue, los sujetos que estaban hablando se volvieron hacia nosotras.
-Hola- dijo el de pelo negro con un remedo de sonrisa seductora en los labios ¿no que tenía novia?- la verdad poca gente entra haciendo fila, creo que te invitan o algo; te dan una manilla o algo así.
Sue me miró, sonrió con complicidad. Yo me quedé callada, aquellos sujetos me miraban de vez en cuando mientras hablaban con Sue.
-¿Es la primera vez que hacen fila?- preguntó Sue, con esa voz melosa.
-No- dijo el muchacho de pelo castaño- ya vamos como diez veces que intentamos pero al llegar a la puerta nos dicen: lo siento, ustedes no entran.
-Que bar tan raro- se quejó Sue- ¿Cómo van a ganar dinero si no dejan entrar a nadie?
-Dicen que al dueño no le gusta el tumulto, solo entran un numero limitado de personas.
-Lo que daría por entrar a ese lugar- dijo el de pelo oscuro.
Me dio risa, hablaban tan cómodamente y ni siquiera sabían el nombre de la persona con quien hablaban.
-¿Por qué no le dijiste a tu novia?- exclamé yo, ellos me miraron sorprendidos- ¿no que ella ya había entrado?
El de pelo oscuro se pasó la mano por el cabello.
-Pues verás- dijo incómodo- a ella se lo dijo un conocido, que conocía a otro que había entrado aquí.
Me reí un rato, pero no dije más.
-Ella entró- dijo Sue, sonriendo, feliz de presumir- Agatha, mi amiga, fue a la fiesta de Halloween.
Ambos jóvenes me miraron boquiabiertos, yo me limité a mirar mis botas.
-Genial ¿cómo entraste?
Levanté la mirada y me puse roja, no se me daba bien hablar siendo yo el centro de atención.
-Ehh… yo…
-Vino con alguien-habló Sue, feliz por hablar-, un tal Fred no se que.
-Friedrich- le corregí, no me gustaba que ella hablara por mí.
-Genial ¿por qué no lo llamas y le dices que nos permita entrar a todos?
-No puedo- sacudí la cabeza- él… yo…- cogí un mechón de cabello y lo enredé entre mis dedos.
-me han dado una idea- dijo Sue, cogió mi brazo y me sacó de la fila- adiós chicos, buena suerte.
Caminamos hacía la gran puerta de roble del bar, vi al sujeto calvo y lo reconocí de inmediato.
-Buenas noches- le dije, mi voz sonó temblorosa- deseo entrar.
-Todos los de la fila también- dijo él con voz neutra, simplemente señalando un hecho.
-Entré en Halloween- murmuré.
-Muchos me han dicho lo mismo, señorita ¿por qué no hace la fila? Tal vez tenga más oportunidad en vez de estarme diciendo mentiras para que la deje entrar.
-¡Puede probarlo!- exclamó Sue, me bajó la manga de la chaqueta con un movimiento brusco y le puso mi muñeca debajo de la nariz al sujeto.
Él miró la manilla, y dijo a regañadientes:
-Pueden pasar.
Sue entró primero, demasiado emocionada como para poder disimularlo.
Olía a incienso, como lo recordaba; pero esta vez me pude fijar en todos los detalles, el papel de colgadura tenía un estampado de apariencia victoriana. El lugar me pareció más grande que la última vez, no había música en vivo, pero de unos parlantes llenos de telaraña salía música de The Smiths. Sue se había detenido al final del pasillo, no sabía que hacer o simplemente miraba a los jóvenes que bebían alegremente y tarareaban la música.
-ven- la cogí del brazo y antes de darme cuenta, la llevaba al reservado donde había estado con Friedrich.
Se sentó y se quedó mirando el centro de mesa, esta vez había un cráneo de plástico con una vela derretida sobre él.
-La gente de aquí está loca- dijo ella, en voz baja- me dan miedo.
-¿Qué fue de la misión de investigación?- le pregunté.
Ella no me dijo nada, pero parecía que estaba muerta del susto.
-No te preocupes- le dije mientras me quitaba la chaqueta y la dejaba sobre el asiento- voy a echar un vistazo, tu quédate, seguro que con esa cara de miedo que tienes nadie se te acerca.
Me miró de manera suplicante, pero no podía quedarme con ella, quería averiguar si alguien en el bar conocía a Friedrich, tal vez me pudieran dar información de cuando volvería o algo así. Pasé al frente de la tarima, los instrumentos estaban allí, y en el bombo de la batería se leía en letras rojas y chorreantes: pecado sagrado.
Que nombre tan extraño para una banda.
El mesón del bar era largo, y bonito, de madera pulida con un vidrio para protegerla de la humedad. Había mucha gente sentada en las butacas, bebían en copas que estaban adornadas con calaveras y huesos.
El que servía los tragos tenía puesto un traje negro victoriano -bastante preciso si me preguntan-, tenía varias perforaciones en la cara, era apuesto, pero tenía aspecto de no haber dormido en muchos años.
-Hola- dije tímidamente- disculpa es que quiero saber si has visto por aquí a un hombre de un metro ochenta más o menos con el cabello color plata y muy pálido.
El de los tragos frunció el ceño, mientras mezclaba licor y jugo de tomate –Eh… bloody mary-.
-La verdad no se- admitió él- mucha gente viene por aquí, ¿sabes como se llama o algo?
-Friedrich.
Él levantó la mirada, sorprendido.
-No deberías andar buscando problemas- dijo él, en un extraño tono.
-¿le conoces?- pregunté ansiosa, si asociaba problemas con el nombre, seguro que le conocía para decir eso.
-No exactamente, pero he oído hablar de él, es como todos ellos- su voz se fue apagando hasta que se convirtió en un susurro- no deberías buscarles, solo dejan muerte a su paso.
Muerte ¿Qué quería decir él con eso?
Iba a preguntarle algo más pero alguien nos interrumpió.
-No debes hablar con los clientes- dijo alguien, censurando el comportamiento del cantinero- no te pagan por chismosear.
El cantinero tragó saliva y se alejó de mí.
-No le hagas caso- dijo el muchacho que había reprendido al cantinero- son rumores estúpidos.
Entorné los ojos, ese muchacho se me hacía familiar.
-¿Alexandre?- inquirí.
Él sonrió ampliamente –al parecer no había dejado de ser Halloween para él-.
-No puedo creer que tenga el placer de verte de nuevo- exclamó él, tenía esa rotunda y maravillosa voz.
Le sonreí.
-No pensé que te encontraría por aquí- admití.
-Es casualidad- comentó él- suelo estar por aquí cerca, sólo que de vez en cuando vengo al bar.
-Debes tener suerte para que te dejen entrar siempre.
Él soltó una risotada.
-¿tan difícil es entrar?- preguntó él al recobrar la compostura.
-pues si- dije mientras me encogía de hombros.
Él rebuscó algo dentro del bolsillo de su pantalón de vinilo, sacó una tira negra. Cogió mi muñeca y ató la tira. Tenía los dedos fríos, pero como un grado o dos más debajo de mi temperatura. Terminó y sonrió.
Miré mi muñeca, era una pulsera de vinilo, pero tenía unas letras bordadas en hilo blanco, negro y rojo: Synesthesia.
-El bar se llama así, si la muestras a la entrada no habrá problema.
-No tenías porqué molestarte- me quejé.
-No lo hice por ser altruista- dijo él con voz seductora- Deseo que vengas a verme cantar.
-¿De verdad?- una sonrisa fue tirando de las comisuras de mis labios.
-Claro ¿por qué no?- sonrió- hasta puede que un día te componga una canción.
Me reí, era agradable estar con él, o eso me parecía.
-¿Quieres algo de beber?- preguntó Alexandre, ensanchando la sonrisa.
-Ehh… no, sólo quería averiguar algo sobre…-dudé un momento, Friedrich se había mostrado enojado cuando Alexandre le había hablado, seguro que no se llevaban bien-. Eh como entrar más fácil, y pues ya me has regalado esto… gracias de todos modos.
Me di media vuelta, y me encaminé al reservado donde había dejado a la pobre Sue –huh acabo de recordar su existencia-. Pero una mano fresca se posó en mi antebrazo, apretó suavemente hasta me pareció que me acariciaba con el pulgar.
Me volví hacia él, él me sonrió disculpándose.
-¿vienes con alguien?- preguntó.
-Si- admití, su expresión se apagó un poco- con una amiga.
-Llévale algo de beber, yo invito- ofreció con una sonrisa tentadora.
Por Dios, él era tan apuesto.
-Está bien, pero que no tenga mucho alcohol, a ella le hace daño.
-Oki doki- dijo mientras me guiñaba un ojo.
Tuve que tomarme mi tiempo para volver a recuperar la compostura, él era tan encantador; cualquier persona caería a sus pies. Hasta su manera de caminar era maravillosa, como si fuera el dueño del mundo. Me fijé en la contextura de su cuerpo –lo siento, no pude evitarlo-, era delgado, la camisa que traía puesta no tenía mangas, así que se notaban los músculos de sus brazos, no parecía del tipo "tomo-esteroides-y-me-la paso-metido-en-un-gimnasio". Era esbelto y orgulloso, con amplios hombros a pesar de parecer tan joven.
Bien, no podía quedarme ahí toda la vida mirándolo; me di la vuelta y me encaminé al reservado, él seguro me vería. Al llegar vi a Sue con la frente apoyada contra la mesa.
La sacudí.
-¡no me maten!- exclamó ella asustada.
Retiré la mano de inmediato.
-Santo Dios Sue, soy yo.
Ella me observó y luego sacudió la cabeza.
-lo siento, es que pensé que era el tipo de antes.
Fruncí el ceño mientras me sentaba.
-¿tipo de antes?
Ella asintió con la cabeza.
-Hizo lo mismo, y me preguntó si me sentía bien. ¡Lo hubieras visto! Tenía los ojos hundidos y el cabello largo, hasta tenía barba en forma de candado -ella se llevó los dedos a la parte debajo de su labio inferior- parecía maléfico.
Sólo le sonreí, tampoco la iba a regañar, le habían enseñado a recelar de las personas así. Pobre sujeto que solo quería ayudar.
-En fin- suspiró- ¿averiguaste algo sobre…?
Llegó Alexandre, con un par de copas.
-Aquí estás- me sonrió, dejó las copas sobre la mesa y se enderezó- ¿ella es tu amiga?
Sue se quedó alucinada, a pesar de que él tuviera una camiseta de una calavera formada por salpicaduras de pintura blanca.
-Ella es Sue- él le dedicó una amplia sonrisa- Sue, él es Alexandre.
-Encantado de conocerte- dijo él dedicándole una breve reverencia a Sue.
-Igualmente- Sue contestó en voz baja.
-Bien, las dejo señoritas, fue agradable verte de nuevo Agatha.
-¿Vas a cantar?- le pregunté entes de que se fuera.
Él me miró como si yo le hubiera dicho: te has ganado la lotería.
-¿Quieres que cante?- inquirió él, la forma en que lo dijo me hizo pensar que para él sería la cosa más magnifica del mundo si le decía si.
No podía mentir, así que asentí con la cabeza. Y él sonrió como si le hubieran dicho lo más maravilloso del mundo.
-Hoy no puedo- contestó, su sonrisa se apagó un poco- pero mañana… ¿quien sabe?
Se dio la vuelta y se perdió de mi vista. Bien, ahora necesitaba una pipa de oxigeno.
-¿Dónde conociste a ese muchacho?- preguntó, no, más bien demandó Sue.
-El día de Halloween, me invitó a bailar y luego lo vi en el escenario, él canta.
-¿por qué diablos no me habías contado sobre él?- inquirió ella- es… realmente guapo
Me encogí de hombros.
-Creo que lo olvidé.
Tomé la copa y bebí un trago, era doncella de hierro.
-¿viste que tenía colmillos?- su voz se volvió un susurro.
-sip- respondí- él también los usaba en Halloween.
-pero ese día no parecían fuera de lugar- comentó ella.
Es que no se los puede quitar, pensé.
-es gótico, supongo que le gusta usar esa prótesis.
-¿cómo será besar a alguien con colmillos?- se preguntó.
Yo podía responderle: Se siente genial, hasta que él te los clava en el labio. Me guardé mis comentarios y me terminé de beber el trago.
Mas tarde, esa noche, me la pasé revolcándome en la cama; no podía dormir. Las palabras del cantinero se repetía en mi cabeza no deberías buscar problemas… él es como todos ellos, sólo deja muerte a su paso…
¿Qué quería decir con eso? ¿Qué eran asesinos o algo? ¿O eran vampiros de verdad?
Si supieras lo que la mayoría de hombres de este lugar piensan de ti, creo que cambiarias de opinión.
Soy un vampiro por si no te has dado cuenta…
Algo extraño pasaba en ese bar, Friedrich y Alexandre tenían algo que ver. Toqué la pulsera que me había dado Alexandre ¿por qué Friedrich me había llevado allí en primer lugar? ¿Por qué Alexandre estaba interesado en mí? ¿Por qué precisamente yo?
En ese momento Sue dijo algo entre sueños, algo como: Brad deja a tu esposa y cásate conmigo. Tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reírme. Me acomodé una vez más, pero no pude conciliar el sueño; seguía pensando que aquel bar tenía algo raro, y yo iba averiguar que.
