HOLY SIN
-Pensé que no vendrías- dijo él sonriendo- me alegra verte.
Había tenido que escaparme de la casa, treparme por el tejado, a pesar de todo eso, la maravillosa sonrisa de Alexandre lo valía.
Me sonrojé, torcí los labios reprimiendo la sonrisa.
-¿No viniste con tu amiga?- preguntó él, no parecía muy interesado, solo preguntaba por preguntar.
Negué con la cabeza. Si Sue hubiera ido allí otra vez, seguro que tendría pesadillas toda la vida.
-Ella tiene miedo, tú sabes, colmillos y góticos.
-Colmillos ¿eh?- casi parecía preocupado, o tal vez sólo lo fingía.
-¿Dónde consigo unos como los tuyos?- le pregunté- quiero asustarla.
Él torció el gesto.
Oh claro que no, tienes que convertirte para tenerlos.
-No deberías asustar a tu amiga- su boca se volvió una línea de desaprobación-. Deja eso, vamos, quiero que estés cerca del escenario.
Me tomó de la mano –la tenía fría-, y me condujo al lugar donde estaba la pequeña tarima. Algunas personas se quedaron mirándonos, hasta parecía que se les salían los ojos de sus órbitas. ¿Era extraño que él anduviera tomado de la mano con alguien?
-Quédate aquí- dijo él- ya vengo.
Desapareció detrás de la tarima, al parecer allí había algo detrás de las pesadas cortinas negras que lo adornaban.
La gente empezaba a acumularse al frente del escenario, todos hablaban muy emocionados. A mi lado había una chica de cabello largo, peinado con una raya a la mitad un lado era negro y el otro era rubio platino. Tenía un rostro bonito, pero parecía realmente nerviosa, estrujaba entre sus manos algo que parecía un bonito gatito de piel de vinilo. Vestía igual que todos, de negro, con un vestido de tafetán con ligeros destellos de burdeos; medias de malla y botas –unas muy bonitas por cierto-.
-¿Estás bien?- le pregunté al escuchar que su respiración ya se acercaba a la hiperventilación.
Ella me observó con sus ojos castaños, enmarcados por lápiz y sombra negra.
-Estoy bien -¿eso era una pregunta o una respuesta?- sólo… estoy realmente emocionada, rara vez se presentan en vivo, y en Halloween me los perdí –sonó como si se odiara a si misma profundamente por habérselos perdido-, es realmente increíble que vuelvan a tocar así tan seguido… oh lo siento -seguro que notó mi ceño fruncido-, soy realmente fanática de ellos.
-Eso es evidente.
Ella me sonrió, al parecer no se sintió herida por mi sarcasmo –mi segunda lengua-.
-Mucho gusto, me dicen Circe- ella sonrió, noté que tenía el labio inferior perforado.
-Yo me llamo Agatha- sonreí abiertamente- ¿Circe es un mote o algo así? Espero que no me conviertas en cerdo.
Soltó una risotada.
-¡Como si no hubiera escuchado eso antes! Sólo es de cariño, me gustan las brujas –sonrió y tomó entre sus dedos el dije de pentagrama que colgaba de su collar-. Muy poca gente en este lugar usa su verdadero nombre.
-Ah debí de haberlo sabido- comenté- debe ser confuso.
-No realmente- dijo ella encogiéndose ligeramente de hombros- fuera de este bar volvemos a ser lo que se supone que somos, para ser aceptados socialmente; para algunos de nosotros –nótese que se incluía en el grupo- es un alivio encajar y ser como realmente eres – zanjó el tema - ¿vienes muy seguido? No te había visto por aquí antes.
-Es verdad que soy nueva por acá- admití- hace poco que me dieron la membrecía –levanté la manilla de vinilo que Alexandre me había regalado.
-Que guay- exclamó ella- a mi no me han dado una de esas, a muy poca gente se la dan- ella se agachó y sacó un papel de su bota- a la mayoría le dan esto- me mostró el papel, era como un Flyer con varios espacios para sellos, cada espacio tenía un sello de tinta roja con el logo del bar (la palabra Synesthesia) también tenía una fecha. Quedaban dos espacios vacíos-. Después de que se te acaban, debes entrar a una lista, para ver si te dan otro.
Fruncí el ceño ¿por qué tendrían que tener tal precaución? No parecía coherente, los bares sólo funcionaban como negocio, más gente entra, más ganas ¿Qué razón tendría el propietario del bar para restringir de esa manera la entrada?
-En lo que a mi respecta- prosiguió Circe- tu eres una suertuda de los mil infiernos. ¿Quién te dio esa manilla?
-A decir verdad, se la robé a mi hermano -mentí, no estaba segura porqué, pero no quería decirle la verdad seguro me odiaría, ella levaba más tiempo acudiendo al bar y todavía tenía que depender de ese estúpido sistema de sellos.
Ella se rió.
-Ah bueno, tendrás problemas cuanto tu hermano se de cuenta.
-No es que me importe de a mucho- me encogí de hombros- es un imbécil.
-¿Has escuchado a pecado sagrado?- me preguntó ella en tono atento.
-Ehh… -tenía que tener una excusa para estar allí en primera fila ¿no?- si, vine en Halloween, tocan muy bien.
-¿bromeas?- frunció el ceño- ¡es genial! Dios ¿has visto al vocalista? Lo amo desde que lo vi, canta como los ángeles, y es tan guapo. Quiero que me de su autógrafo –miró el muñequito que tenía en las manos- será mi tesoro más preciado.
Guapo era quedarse corto.
En ese momento salió él, de entre las cortinas; los de la banda ya estaban allí. Alexandre tomó el micrófono, se veía muy genial con sus pantalones entubados negros y su camisa a rayas rojas y negras. Circe, a mi lado, se puso muy roja y miraba fijamente a Alexandre.
-Gracias por estar aquí esta noche- Alexandre pronunció con su voz magnifica y profunda, Dios, algo dentro de mi se estremeció- se que a vosotros les gusta mi música –se detuvo porque todos en el bar lanzaron vítores y gritos de admiración, inclusive Circe aunque estaba tan nerviosa que su grito casi no se escuchó- procuraré presentarme más seguido, para hacer la noche –sentí sus ojos verdes clavados en mí, como si tuviera visión de rayos x y pudiera ver mis tripas- mucho más interesante.
¿Eso era para mí? Me pregunté confusa, Alexandre me guiñó un ojo; gracias al cielo que Circe pensó que iba para ella; algo dentro de mí me decía que ella era capaz de lanzarse sobre mí –o inclusive convertirme en cerdo- si supiera que él me conocía. Ella parecía de las fans muy obsesionadas, pero bueno, no era para menos; Alexandre tenía una belleza tan arrolladora que era seguro que podría tener a todas las mujeres de ese bar.
«Inclusive soy tan viril que puedo acostarme con todas ellas»
¿Él…?
Todos estallaron en gritos cuando se apagaron las luces del bar, una luz blanca salía por debajo de la tarima, le daba un aspecto extraño a Alexandre, afilaba más sus rasgos y lo hacía ver más pálido. Soltó un estruendoso lamento, sonó como si estuviera herido de muerte –ah, se me olvidaba, sonó como si el cantante de ópera más genial del mundo estuviera herido de muerte-.
Las cosas no son lo que parecen
El mundo es más cruel de lo que piensas
Aunque creas que soy tuyo
Y Que mi corazón late
¡Falsas blasfemias!
Cierra los ojos
Y deja que te lleve
¿Aún confías en mí?
¿A pesar de que soy un ser sin rostro?
¿A pesar de que me desvanezco en la nada?
Deja que la mentira dure más
Que la noche sea eterna
Que el agua sea como la sangre
Que la tinta surja de mis venas
Solos en el corazón del mismo mundo
Los hilos del destino se han roto
Deja que la mentira dure más
Que la noche sea eterna
Que el agua sea como la sangre
Que la tinta surja de mis venas
La canción acabó con otro fuerte grito de Alexandre, y la multitud se deshizo en aplausos. Yo me sentí extraña, no paraba de temblar; era como si algo frío saliera de mi corazón. Reprimí las ganas de llorar ¿por qué diablos me sentí así? Era su tristeza, su alma solitaria que clamaba auxilio, su música era conmovedora, dulce y melancólica. Un extraño sopor me invadió, como si hubiera tomado una droga muy fuerte.
La misma desesperación me asfixió, tenía que abrazar a Alexandre, confortarlo. ¡Estaba sufriendo! ¡¿Es que no se daban cuenta?! ¿Circe no notaba lo frío que se ponía el ambiente?, ¿la forma en que la tristeza de Alexandre, que venía desde su alma, se chupaba toda la calidez del lugar?, ¡hacia tanto frío allí!
Quería irme, taparme los oídos; pero su voz era tan hermosa, sería un crimen hacer tal cosa. Tenía que ignorar el dolor y la aflicción que me invadían, tenía que estar allí.
-¡Oh por Dios es tan sexy!- le escuché gritar a mi lado a Circe.
Él era hermoso, a pesar de cargar con todo su dolor y su pena. Tenía que hacer algo por él, tenía que ayudarlo.
Pero era estúpido, no lo conocía.
La fuerza de las emociones que me transmitía él con su música hizo que todo mi mundo se volviera oscuro.
-Agatha.
Alguien me sacudía.
-Por Dios Agatha, reacciona.
¿Mi madre? Ah, maldición tenía, que ir a estudiar. ¿Había hecho las tareas? No, me la había pasado vagando, tendría un maravilloso y ovalado cero en mis calificaciones. ¡Maldición tenía examen de cálculo! Bien lo perdería también, igual de todas maneras lo iba a perder. Sue también lo haría, de eso estaba segura, así que íbamos a ir las dos a rogar clemencia del profesor, tal vez con algo de lágrimas.
Pero algo no encajaba, en mi casa no había tanto ruido, era como si un montón de personas hablaran e intercambiaran susurros de preocupación.
- No se que pasó, de repente se cayó y…
-Denle un poco de aire, ya está volviendo en sí.
Que voz tan bonita, llena de autoridad, y tan seductora.
Entreabrí los ojos, la luz era muy intensa, así que los cerré de inmediato. Aunque después de todo, no había tanta luz. Algo frío y suave rozó mi mejilla.
-¿Estás bien?- abrí los ojos y enfoqué la mirada, allí estaba el ángel de cabello castaño rojizo.
Asentí con la cabeza. Intenté pararme pero Alexandre no me lo permitió, me acarició la espalda confortándome. Él no parecía sorprendido de verme en ese estado, aunque estaba contento al verme despierta.
-Era de esperarse- susurró para mí- de todas maneras, eres la única con la sensibilidad suficiente como para reaccionar de esta manera.
-¿Sensibilidad?
Él sonrió un poco, pero no me dijo nada. Me ayudó a levantarme, pero no me soltó. Circe, que era la que había estado a mi lado cuando me había desmayado, parecía estar al borde de las lágrimas.
-¡Ves lo que te decía!- exclamó Circe, me hablaba a mí, pero de vez en cuando fijaba una mirada anhelante en Alexandre.
-¿La conoces?- me preguntó él a mi lado, tenía su brazo alrededor de mi cintura, su mano firme descansaba sobre mi cadera.
Circe me miró suplicante, aunque no tenía ni idea de la naturaleza de la pregunta de Alexandre, ella pensaba que yo no lo conocía. Aunque debió de haberse sorprendido por la forma en que me cogía –yo estaba sorprendida, ¿por qué sentía su agarre protector y posesivo?, seguro que era impresión mía-.
-Es Circe- dije, ella esbozó una sonrisa tensa- es admiradora tuya.
-Ah, ¿si?- no parecía muy interesado, me acercó más a él.
-Compraría todos tus discos si los tuvieras- apuntó Circe, acercándose más-. ¡No puedo creer que esté hablando contigo! Siempre desapareces y no vuelves en toda la noche, no entiendo porqué haces eso.
Vaya, se le notaba la desesperación.
-Yo… no voy con eso de los fans- admitió, por primera vez sonaba apenado- me gusta cantar, eso es todo.
-¡pero aquí todos admiran tu música!- exclamó Circe, retorciendo el muñequito entre sus manos.
Él se encogió de hombros.
-No pretendo ser famoso.
Fruncí el ceño, con Circe era modesto, me dio la impresión de que le valía un pepino si ella lo admiraba o no. Había algo cruel en su forma de hablar, era sospechoso. ¿Y por qué conmigo era tan… distinto?
-¿Podrías darme un… autógrafo? Digo, si no te molesta.
-Bueno- accedió.
Cogió el muñeco que Circe tenía en las manos y lo garabateó con el marcador plateado. Le dedicó una sonrisa hueca –a pesar de eso, la dejó sin aliento-.
-¿te importa si me robo a tu amiga?- preguntó él, está vez sonrió de manera más genuina.
Ella me mandó una mirada que decía: ¿por qué no me roba a mí?
-No vine con ella- dijo con tono amargo.
Ella se dio la vuelta, y se alejó. La miré hasta que se perdió entre la gente, lástima, parecía tan buena persona.
Alexandre empezó a caminar, no tuve más remedio que seguirlo –su brazo no se había movido de mi cintura-. Me guió hacia detrás de la cortina del escenario, él no me dijo nada, se limitaba a sonreír. Caray, que lindo era.
Las cortinas no ocultaban nada interesante, sólo había un pequeño espacio entre las cortinas y la pared.
-¿Por qué…?
Él me soltó, levantó una mano y me indicó que guardara silencio. Se agachó y hundió el dedo en una pequeña ranura que había en el piso de madera, un cuadrado de medio metro de ancho se perfiló sobre el piso. ¿Una trampilla?, ¿en un bar?
-Quiero mostrarte algo maravilloso- dijo mientras intentaba levantar esa cosa.
Miré el reloj de mi muñeca, quería calcular cuánto tiempo había estado inconsciente.
-Mierda- mascullé era media noche-. Lo siento Alexandre, debo irme.
-Todavía es temprano -se quejó- quédate un poco más, no hemos podido hablar con calma.
-Lo siento, pero debo irme; mañana tengo que ir al colegio, y no hice tareas- me reprendí mentalmente, tendría que copiarle la tarea a Sue mañana - hoy- temprano.
-Quédate esta noche, puedes dormir conmigo- fruncí el ceño, pero él no pareció estar bromeando.
-¡Estás loco!- exclamé, podría decirle que yo no lo conocía bien, pero tal vez, se sentiría herido, tenía esa mirada de nadie-se-niega-a-mí – mi mamá me castigaría de por vida si por la mañana no me encuentra.
-Pero no puedes irte así, no…
-Vendré otro día, procuraré no desmayarme, así podremos conocernos mejor.
Él se mordió el labio, y frunció el ceño.
-¿Cuál es tu flor favorita?- inquirió él, como si me estuviera preguntando si había matado a alguien.
-No es momento para esto- empecé a caminar, Alexandre se movió también, escrutándome con la mirada.
-Dilo- exigió él, con voz baja y autoritaria. Algo dentro de mí me decía que si él usaba ese tono para pedirme que me quedara, seguramente terminaría desnuda en su cama. Lo peor de todo, era que una parte –muy pequeñita- de mí, se preguntaba que tan maravilloso sería.
Entonces haciendo gala de mi habilidad de improvisar y decir lo primero que se me venía a la cabeza, contesté:
-Lirios.
Algo extraño pasó. Alexandre se quedó mirándome con la boca abierta y los ojos desorbitados. Se abrazó a sí mismo, como si de repente le doliera mucho el estómago. La sorpresa se borró de su rostro, y una emoción fugaz cruzó sus ojos: era dolor, palpable, tan intenso que te hacía querer morir.
Pero se recuperó de repente, sonrió de manera seductora pero en sus ojos quedaba algo de aquella inexplicable emoción.
-Promete que volverás -pidió, un tinte de amargo desconsuelo se filtró en su voz.
-Esto… claro, si quieres te dejo le número de mi móvil- dije, al no saber como calmar su ansiedad.
Asintió con la cabeza, su cabello siguió el movimiento. Sacó su móvil y anotó mi número, sus dedos eran muy ágiles, me sentí algo avergonzada, yo me demoraba media hora tratando de anotar un número en mi aparatejo.
-¿Puedo llamarte?- inquirió él.
Me encogí ligeramente de hombros.
-no veo porqué no.
-¿A cualquier hora?
-Supongo que si.
-¿Llevas a todos lados tu móvil?
-Ehh si, esto… tengo que irme.
Me di la vuelta y empecé a caminar.
-¿Agatha?
-¿si?- debería sonar impaciente, pero soné más bien ansiosa, no me di la vuelta porque si lo miraba; me quedaría allí otra hora más… o tal vez toda la noche.
-Ten cuidado, nunca se sabe que hay oculto en la noche.
No entendí el comentario, aunque parecía preocupado. Quise mirar su expresión para poder entender el mensaje oculto de lo que decía, pero seguí caminando. Las palabras de Alexandre sonaban en mi cabeza, estaba segura que él no hablaba de ladrones y de violadores.
Salí del bar, el calvo de dejó pasar. Todavía había fila, la gente tenía rostros ansiosos tal vez llevaban toda la noche allí.
-Que mierda tenemos que hacer para poder entrar- se quejó un hombre, seguramente de veinte años, su rostro era enjuto y su nariz aguileña aún así tenía cierto atractivo.
Nuestras miradas se encontraron, yo lo miraba con curiosidad y él… bueno, con más que curiosidad. Tragué saliva y salí corriendo hacia mi casa.
