ABRA CADABRA

A las cuatro de la mañana estaba inclinada sobre el computador de mi habitación.

¡Había nacido en el 1400!

No había podido dormir en toda la noche, pensando en Alexander. Que extraño como había resultado todo, me había visto involucrada entre vampiros. Repasé de nuevo mi cita con Alexandre, me puse de pie de un golpe, al recordar el cuaderno que aún estaba en mi maleta. Alexandre había escrito algo en él.

Vacié el contenido de mi maleta en el piso y cogí el cuaderno. Pasé hojas frenéticamente buscando algo, al llegar a la mitad, una imagen mía me devolvió la mirada. Me quedé estupefacta contemplando el dibujo, allí estaba yo, sonriendo con un lirio en el cabello; ¡Que copia tan exacta! Era como si me hubieran tomado una fotografía. Al final había escrito con una hermosa caligrafía: La mia bella ragazza. Y había firmado con su nombre.

Me fui a la cama con el dibujo debajo de la almohada.

Al día siguiente me la pasé en las nubes.

¿Cómo podía contestar correctamente en clase si estaba pensando en Alexandre? Me la pasé mirando el dibujo que me había hecho. Que perfecto era todo, él era maravilloso. ¿Y si me hubiera quedado con él esa noche? Tal vez…

-¡te viste con él!- exclamó Sue de repente. Había sonado la campana que anunciaba el receso.

Me sonrojé.

-si- mascullé.

-¿Te quedaste hasta tarde con él? ¿Te ha besado?

Me puse aún más roja, y solo asentí con la cabeza.

-¡Por Dios! ¡Cuéntamelo todo ya!

-Él es maravilloso- confesé, sintiéndome embobada- es tan lindo y talentoso, me invitó a bailar y no supe como pero terminamos besándonos.

Sue esbozó una sonrisa pícara.

-No puedo creerlo ¡tu que bailas como un calado!- soltó una risotada- hubiera dado cualquier cosa por verlo.

-Con él fue distinto- me defendí- además bailamos algo más parecido a un vals.

-En todo caso, góticos- dijo sacudiendo la cabeza- ¿y que ha dicho?, ¿se te ha declarado?

-Ehr- no supe que responderle-. No se me ha declarado, pero no hizo falta; ya estamos juntos.

-¡que alucinante! Estás saliendo con el tipo más guapo del mundo, no sabes cuanto te envidio.

Esta vez fue mi oportunidad de sonreír.

-Creo que ya no me voy a quedar sola, con un montón de gatos como decías tú.

Ella hizo un puchero y se cruzó de brazos.

En ese preciso momento vibró mi teléfono móvil.

-¿Aló?- inquirí.

-Amor, no vayas a verme por la tarde.

Una corriente de felicidad me embargó al oír a Alexandre, pero se desvaneció en el aire cuando entendí lo que me decía.

-¿Por qué?

-Solo no lo hagas, quédate en tu casa; te avisaré cuando puedas volver, pero de lo contrario, no vengas.

-Ah… bueno- murmuré con desencanto.

-Ti amo, adiós.

Y colgó.

Estuve ausente todo el día, porque sabía que no iba a ver a Alexandre. ¿Por qué me había dicho que no lo fuera a ver? ¿Era porque se había cansado de mí?

Sue intentó hacerme hablar, pero no pudo.

Son cosas que pasan, me dije a mi misma, de todas maneras él debe estar ocupado es un vampiro y administra un bar.

Logré dejar de pensar en eso al final de clases, pero no pude evitar sentirme miserable.

-¿Esta vez no te escaparas y aparecerás a la media noche?- dijo mi mamá mientras me servía el almuerzo.

-Creo que no- murmuré.

-¿Qué es lo que te pasa? Ya no te pareces a mi hija, eres como otra Agatha rebelde y sin causa.

-No es eso mamá- me quejé- es que… estoy viendo a alguien.

Mamá no parecía tan sorprendida, me sirvió algo de soda de naranja y se sentó a mi lado.

-Lo sabía, sólo estaba esperando a que me lo contaras.

Miré mi plato de espagueti.

-¿Dónde lo conociste?

-Fue en la fiesta de Halloween, suele frecuentar un lugar todas las noches y allí me veo con él.

Mamá estaba muy tranquila, después de tomar un par de bocados de pasta me dijo:

-Deberías presentarme a ese muchacho y dejar de llegar tarde o te prohibiré que lo vuelvas a ver.

-Lo siento mamá, debí de haberte hablado de él antes.

-¿Cómo crees que estuve todos estos días? Te apareces después de la escuela y luego dices que te vas a hacer tareas, desapareces y vuelves a la media noche. Es un poco tarde para volverte así Agatha, ya eres una mujer pronto saldrás de la escuela.

No le dije nada porque no tenía alguna excusa valida.

-él se llama Alexandre- murmuré- tiene 19 años y es el vocalista de una banda de rock gótico. Deberías verlo mamá, es maravilloso.

-Ya sabía yo que terminarías con alguien así- dijo ella a modo de reproche.

Suspiré. Levanté la mirada y allí estaba mi mamá sonriendo.

-Has crecido- exclamó, sus ojos de llenaron de lagrimas.

-Ah no mamá no te pongas así- me quejé mientras me ponía de pie- solo es un enamoramiento, no me voy a casar.

-¡pero es tu primer novio!

Hice un puchero y sacudí la cabeza.

-Déjame emocionarme, soy tu mamá, me lo debes. Ahora cuéntame, ¿te ha besado?

Me puse roja.

-Si, fue… mágico.

-¿Mágico?- a mi mamá se le agrandaron los ojos, ella adoraba las historias cursis, más aún si su hija estaba involucrada.

-Puso la sonata de claro de luna, y me sacó a bailar…- sonreí estúpidamente- mamá, él es tan caballeroso, es como si fuera de otra época.

Claro está que eso si era cierto.

Le conté a mi madre hasta donde pude, omitiendo los detalles escabrosos. Mi mamá estaba realmente entusiasmada con él, pero yo no estaba muy segura si él accedería a conocer a mi madre. Terminamos de comer y le ayudé a lavar los platos.

-¿Por qué Sue lo conoció primero que yo?- se quejó- por el amor a Dios ¡Yo soy tu madre!

-Ehh es que ella me acompañó la vez que fui a verlo tocar- era media verdad, media mentira pero al fin al cabo era algo.

-Vaya espero que sea tal y como me lo describes.

Me fui a mi habitación después de haber contentado a mi mamá. Me puse a hacer tareas mientras escuchaba música clásica, justo la música que había bailado con Alexandre. ¿Sería divertido ser un vampiro? No tendría que estudiar, tampoco tendría que preocuparme por comprar comida y podía acostarme hasta tarde. Seguro que se reunían en cementerios y tenían sus propias reglas. ¡Que divertido sería!

La tarea de cálculo se me antojaba algo trivial al lado de lo que estaba pasando en mi vida ¿si me convertía en vampiro podría dejar la escuela? Seguro, no podría salir en el día.

Me pasé toda la tarde fantaseando, al final, mi tarea estaba llena de murciélagos y ataúdes. Me rendí, bajé a comer un poco de cereal con leche y fui al taller de mamá a decirle las buenas noches. Como esta noche no podía ir a ver a Alexandre, podría aprovechar para dormir un poco; porque ya me parecía a un cadáver andante con las ojeras moradas que me habían salido.

Antes de irme a la cama me quedé mirando por la ventana, la luna no se veía, porque unas nubes grises la tapaban. Miré el antejardín de mi casa, los arboles de hojas perennes proyectaban extrañas sombras sobre el césped, una parecía una telaraña, la otra parecía la silueta de una persona. Mi corazón dio un salto, pero cuando volví la mirada al lugar donde la había visto; ya no había nada.

Seguro era mi imaginación.

El frío me despertó en la madrugada. El viento que se filtraba por mi ventana –que estaba completamente abierta- hacía mover las cortinas. No recordaba claramente si la había abierto yo, aunque podría haberlo hecho mientras dormía; solía ser sonámbula. No le di mucha trascendencia al hecho, cerré la ventana y me volví a meter en la cama.

Me acurruqué hacia el lado izquierdo, porque el derecho estaba ocupado.

-Humm ¿podrías correrte?- mascullé adormilada, tratando de ganar espacio en mi cama.

En vez de eso, se pegó más a mí; un brazo me rodeó la cintura.

-¿mamá?- pregunté.

Nadie contesto. Seguro era ella, a veces le daba tanto frío que venía y dormía en mi cama.

Cerré los ojos. Mamá empezó a besarme el cuello, deslizó su mano debajo de la camisa de mi pijama. ¿Eh? Mi mamá no estaba a mi lado.

-Humm- masculló una voz masculina.

La mano fría de mi acompañante me acariciaba con delicadeza. Me estremecí cuando tocó mi piel más sensible.

-¿Qué diablos pasa?- murmuré-. ¿Estoy soñando?

-Si, estás soñando- dijo la voz, suave y viril en mi oído- es un sueño, tu misma estás imaginándote esto.

-¿Ah si?

-Si- besó de nuevo mi cuello.

-En mis sueños siempre muero- dije en voz baja.

-este en particular es diferente. ¿Cómo me llamo?

-Yo que voy a saber- me quejé, intenté apartarme, pero él seguía apretándome.

-Es tu sueño- susurró él.

-Ehh… entonces… te llamas Fred.

-¿Fred?- su voz era maravillosa, oscura y seductora- si, no está mal. ¿Y que se te ocurre que podamos hacer nosotros dos en esta cama?

-Podrías irte y dejarme dormir- mascullé.

-¿Por qué haría yo eso?-inquirió.

-Porque eres producto de mi imaginación, hazme un favor y déjame dormir.

-No quiero- murmuró en mi oído, con voz ruda.

Me volví hacia él, y entreabrí los ojos. Un muchacho de cabello plata y tez pálida me sonrió.

Fruncí el ceño.

-¿Friedrich?

-No puedo creer que tardaras tanto en acordarte de mí-. Dijo, sonando casi herido.

-¿Ah pero que puedo hacer yo si apareces y luego te desapareces?

-Podrías haber pensado en mí por lo menos. Yo no he dejado de pensar en ti.

-Pero solo fue un beso- me encogí de hombros.

-no fue solo eso- contradijo- he tenido tu sangre, eso me da cierto poder sobre ti.

Arqueé las cejas.

-No digas tonterías, más bien vete y déjame dormir.

-¡No seas así conmigo!- exclamó, zarandeándome un poco para darle más fuerza a sus palabras-. Más bien quítate la ropa, procederé a reclamar tu doncellez.

-¡¿Qué?!- exclamé horrorizada elevando la voz.

-Lo que escuchaste- insistió muy serio.

-No me vengas con esas estupideces, mi doncellez es muy mía y no te la daré a ti, eres un aparecido que apenas si conozco.

Eso pareció molestarlo, torció el gesto y dijo:

-Pero si no lo hago yo entonces perderé la oportunidad de hacerlo. Anda, en Halloween parecías muy interesada.

-Pero ahora ya no- me incorporé y me crucé de brazos- estoy saliendo con alguien.

Él se acomodó en mi cama, me miró de manera apreciativa y dijo:

-¿me ha de sonar su nombre?

Abrí la boca para responderle, pero no pude articular palabra. No quería meter a Alexandre en problemas viendo que él y Friedrich eran enemigos.

Simplemente me encogí de hombros.

-No se, no tengo ni idea que tipo de gente frecuentas tú.

Puso los ojos en blanco.

-Ah vamos, yo soy mejor para ti que ese fulano con el que sales.

Me reí en su cara.

-No seas tonto- exclamé- ¿Quién dijo que tu eras mejor compañía?

-Yo lo digo, la naturaleza lo dice y punto.

-Deja de decir sandeces y salte de mi cama; más bien vete de mi casa.

-No -gruñó- Agatha, tu estabas interesada en mí ¿te gustó mi beso, verdad? Entonces ¿por qué te niegas a mí? ¿No ves que he vuelto a por ti?

-Discutámoslo más tarde ¿si? Ahora quiero dormir.

-No mi querida, ven para acá.

Se acercó y me besó.

Bien, el beso resultó igual de explosivo que la primera vez. Él puso su mano en mi cadera y empezó a bajarme el pantalón. Quise detenerlo, pero no me quedaban fuerzas; mi cuerpo y mi mente decían: si, está todo bien.

Se acostó en la cama y me arrastró con él.

-vez que no pasa nada- susurró al soltarme.

-¡Estás loco!- Exclamé. Mi reacción lo tomó por sorpresa, aproveché para salirme de su abrazo.

-Pero…- él pareció desolado.

-Nada de eso, o te comportas o te vas de aquí.

Hizo algo parecido a un puchero, más bien la versión vampírica de un puchero.

-Ah está bien- murmuró, a regañadientes-, todo con tal de que no me eches de tu cama.

-Er lo que tu digas- hice un gesto vago con la mano.

-Bien- soltó un largo suspiro- seré solo tu amigo entonces, ¿Fuck friend?

Cogí la almohada y se la tiré en la cara.

-¡¿No puedes dejar las guarradas?!-Exclamé.

Levantó las manos a modo de rendición y trató de contener la risa

-Si pudieras entender en que dilema me encuentro, yo creo que no te pondrías así con mis comentarios.

-Ah si tienes una explicación entonces quiero oírla- exigí.

-No lo entenderías, después de todo, solo eres humana.

-¿Eh?-sacudí la cabeza- haré de cuenta que no oí eso.

Él sonrió disculpándose, luego se sentó al borde de la cama.

-Me conformo con estar aquí ¿Cómo estuviste estos días?

-Bien, creo-. Me encogí de hombros.

El silencio se hizo entre nosotros. Él se quedó mirando mi habitación, miró las cosas que había en mi tocador; y terminó en mi armario. Lo miré con atención mientras él empezaba a sacar la ropa de mi cajón, eventualmente llegó al cajón de mi ropa interior ¿por qué no me sorprende?

-estuve pensado todo el tiempo en ti- dijo mientras cogía uno de mis sostenes- solo pensaba en volver.

Me hubiera conmovido si no hubiera sido porque olfateaba mi ropa como si estuviera drogándose.

-No me culpes a mí, yo pensé que no volvería a verte. ¡Estuve convenciéndome de que no eras producto de mi imaginación!

-perdóname mi amor, yo… tenía que irme, tenía trabajo… No sabes- cerró los ojos, luego los abrió, mirándome; genuinamente arrepentido.

Suspiré.

-Me iré a la cama- murmuré.

Me metí bajo las cobijas, él se quedó quieto mirándome.

-¿Puedo por lo menos contemplarte mientras duermes?

-Has lo que quieras.

Al día siguiente no había rastro de Friedrich. No estaba segura si lo había soñado todo, aunque una pequeña parte de mí se sentía muy triste ante la perspectiva de que él fuera un mero sueño. Pero lo más desconcertante es que no había tenido noticias de Alexandre, no me había llamado y no me contestaba el teléfono.

Las siguientes noches vi a Friedrich, se aparecía en la ventana de mi habitación; de alguna manera fue un alivio saber que no me lo había imaginado todo. Se había puesto más decente, seguramente se había resignado. Me contaba muchas cosas: que en toda su existencia había viajado por todo el mundo, que prefería los climas fríos… pero nunca me daba información de las cosas que hacía, tampoco me contó que estaba haciendo cuando desapareció de repente.

De todas maneras no lo iba a dejar entrar tan fácilmente en mi vida, a pesar de que mis vellos se erizaran cada vez que escuchaba su voz. Él ejercía un extraño efecto sobre mí; algo que solo empeoraba entre más nos viéramos. ¿Era un talento de los vampiros tener aquel encanto que te hacía quererlos aunque a penas los conocías?

Friedrich no era como Alexandre, no tenía dolor en su mirada; era más bien alguien muy pagado de si mismo. Era brutalmente honesto y a veces parecía carecer de tacto; pero era encantador de todas maneras. Por lo menos mientras no me insinuara que deseaba acostarse conmigo.

No le comenté a Sue nada sobre el asunto, de todas maneras no lo entendería. Le había dicho que había peleado con Alexandre. Me sentí un poco mal por ocultarle la verdad pero era mejor así. Lo más gracioso de todo era que mientras mi vida personal se ponía mucho más interesante mis notas estaban por el suelo ¿pero como estudiar si tienes en tu habitación a un vampiro de quien sabe cuántos años?

La verdad me encantaba. Mis héroes de la infancia siempre habían sido las criaturas fantásticas y mi primer amor había sido Bela Lugosi ¡y qué mejor que conocer un par de vampiros de verdad!

Tuvieron que pasar tres semanas para que Alexandre me volviera a llamar.

Yo estaba en la cama, Friedrich estaba a mi lado leyendo en voz baja uno de mis libros favoritos. Me estaba quedando dormida, cuando el teléfono móvil empezó a sonar.

-¿Quieres que conteste?-murmuró él, que se había portado tan bien conmigo últimamente.

Casi le digo que si, pero recordé que podría ser Alexandre.

-Yo lo haré- mascullé- pásame el teléfono.

-¿aló?-contesté.

-pequeña mía- contestó Alexandre.

-Hola- dije, mirando a Friedrich, él estaba evitando mirarme- ¿Al fin puedo pasarme por allí?

No me gustaba hablarle así, quería decirle lo mucho que lo extrañaba; pero no quería herir a Friedrich.

-Si, me agradaría- pareció sorprendido por la forma en que el hablé; seguro esperaba más efusividad- las cosas parecen marchar bien Fried…

Lo interrumpí de inmediato.

-Oh que maravilla, iré mañana por la noche.

-Quiero verte- respondió- me haces falta.

Eso era invitación para seguir hablando, o eso me parecía. Me mordí el labio y dije:

-Debo ir a dormir, nos vemos mañana.

Colgué. Suspiré y dejé el celular en el piso al lado de la cama.

-¿Era mi sustituto, verdad?- Inquirió Friedrich en voz baja. Así solía llamar a mi novio, su sustituto.

-Si- admití-. Pero no entiendo tu problema ¿solo soy humana, lo recuerdas?

Él se quedó pensando, y dijo en un tono bastante peculiar:

-Sí, sólo eres humana.