¡Otra vez yo! ¿Felicidad? ¿no? Bueno :c
Alerta: Capítulo lleno de mimos en su máxima expresión.
Emma no se había dado cuenta de lo cansada que se sentía hasta que Hook acabó por deshacer cada nudo de su espalda, dejándola en un estado de adormecimiento del cual jamás había sido víctima en el pasado. Se levantó, casi por inercia, y sin pensarlo demasiado empezó a quitarse el resto de la ropa que pretendía hacer una imitación de cómo se vestía Hook y buscó su pijama. Al darse la vuelta, Killian se encontraba dándole la espalda.
—¿Acaso nunca has visto a una mujer semi-desnuda?— Preguntó, sin pensar realmente de dónde había salido aquél comentario.
—Sabes bien la respuesta a eso.— Simplemente la respetaba demasiado como para quedarse mirándola mientras se cambiaba de forma obscena.
Emma negó con la cabeza, se cambió de ropa y se dejó caer nuevamente sobre su cama, junto a un Killian que realmente no sabía que tenía que hacer. Era bastante tarde, así que suponía que era momento de irse yendo de allí. Eso hasta que Emma le sorprendió con un: —Puedes quedarte si quieres.— Que incluso la sorprendió a ella misma.
Hook no se atrevió a negarse, después de todo, muy rara vez la veía bajando esos muros de concreto que tan firmemente tenía puestos a su alrededor como para desaprovechar la oportunidad. No sabía qué era lo que estaba ocurriendo, pero aparentemente pasar tanto tiempo de calidad haciendo el ridículo había hecho que Emma quisiera dormir con él en una misma cama.
Se desabrochó la camisa, agradeciendo siempre ser lo suficientemente decente como para tener una camiseta bajo esta, y se metió a la cama sin más. No estaba seguro de qué se suponía que tenía que hacer, por lo que simplemente se apoyó sobre uno de sus costados, acomodándose para dormir de lado como era usual, y para encontrarse con los ojos claros de la mujer que tantas veces le había quitado el sueño en el pasado.
No podía creerse que estuvieran allí, pero no se iba a detener a preguntar únicamente por que le aterraba que Emma llegara a la conclusión de que estaba cometiendo un error al dejarlo acercarse tanto y le pidiera que se marchara. Por lo que, ninguno discutió absolutamente nada, y al final el sueño los alcanzó a ambos.
Pestañeó un par de veces, preguntándose por qué se había olvidado de cerrar las cortinas antes de irse a dormir la noche anterior porque el sol la estaba cegando por completo en ese momento. Justo en ese momento, cayó en cuenta de los brazos que rodeaban su cuerpo con cierta firmeza, pero a la vez con una delicadeza que resultaba casi imposible… Odiaba dormir de esa forma con alguien porque al final acababa alguno de los dos con un brazo dormido, y el otro cargando con peso muerto… Pero en ese momento se sentía tan cómoda que no se atrevió a respirar demasiado fuerte por miedo a que su acompañante se despertara.
No era una de esas mujeres, tenía perfectamente claro a quién pertenecían los brazos que se encontraban rodeando su cintura, sus piernas entrelazadas con las de ella como una trampa en la cual ella había caído sin siquiera molestarse por preguntarle a sus instintos de supervivencia qué era lo que querían.
Usualmente su instinto de supervivencia era lo mejor que tenía, le había ahorrado muchos dolores en el pasado. Pero si se detenía a pensarlo, en ese momento su instinto le decía que lo mejor que podía pasar era quedarse allí… Con el hombre que por más que se lo negara, quería. Cerró los ojos, y tras una inhalación profunda dejó que su cuerpo se relajara nuevamente contra el de Killian.
No estaba muy seguro de la hora, pero una vez abrió los ojos, ni siquiera se molestó en preguntar o buscar el reloj digital que debía encontrarse justo detrás de él, en la mesa de noche junto a la cama de Emma. Emma. Seguía sin poder creer que se hubiese levantado aquella mañana abrazado a su cuerpo pero ahí estaba, aferrándose a ella como si se tratara del mismo oxígeno, como si fuera necesaria.
Cientos de ensoñaciones en escenarios similares había tenido antes, tantas que no admitiría jamás en voz alta porque ese tipo de sentimientos no eran propios de alguien que tantas veces se había regodeado de tener un corazón de piedra. Para él, al menos durante gran parte de su vida, las cosas se habían resumido en dos: el amor, y la venganza. Había perdido una vez al primero, y lo único que había quedado vivo y a flor de piel había sido la venganza. Jamás se imaginó que fuese a recuperar la primera característica de su manual de vida, pero ahí estaba.
Lo peor de aquello, o bueno, lo único malo de aquello, era saber que se terminaría en algún momento. A Killian no le molestaría para nada quedarse allí por el resto del día, pero de seguro que Emma no pensaba lo mismo… Y le aterraba lo que pudiera pasar cuando la rubia se despertara y se diera cuenta de que su cansancio le había nublado el juicio la noche anterior. Por lo que, decidió que lo mejor era aprovecharlo tanto tiempo como fuese a durarle, y se acercó para dejar un beso en la parte de atrás de su cabeza.
Escuchó un suspiro escaparse de los labios de su acompañante y quiso golpearse por apresurarse de esa forma. Sintió el cuerpo de Emma removerse a su lado, y él deshizo el nudo de extremidades en el que se encontraban en ese momento para dejarla acomodarse a gusto, o tal vez empujarlo de su cama a gusto. No lo sabía.
Sin embargo, aquella rubia había pasado los últimos días sorprendiendolo. Se dio la vuelta, mirándolo fijamente a los ojos por un par de segundos, pero los suficientes como para hacer que sintiera una tibieza extraña extenderse por su pecho.
—Buenos días.— Saludó con una sonrisa, mirándolo fijamente y alternando entre sus ojos y sus labios. Killian no tenía idea de que sentir, pero una brillante sonrisa se desprendió de sus labios.
¡Fin!
¿Algo que decir? Gracias por llegar hasta aquí.
