¡Sorpresa otra vez!

El reto del día es... ¡Películas!


—Emma Swan, tienes que dejar de esconderte.— Fue lo único que escuchó, y se cubrió la cabeza con las sábanas. La verdad es que no tenía muchas ganas de toparse con Elsa en ese momento, porque sabía bien que tendría que seguir con aquellos retos que les había impuesto los cuales Emma todavía no entendía como había aceptado. Después de la tarde mañana anterior, se encontraba tan confundida que una vez Killian salió de su departamento, puso la llave y se quedó allí. Y no se había movido para algo diferente a comer e ir a cumplir con sus necesidades básicas.

Escuchó uno, dos, tres golpes en la puerta y acabó por negar, levantándose con un bufido sonoro y abriendo la puerta de golpe. —¿Qué?

—¡Te estás comportando como una niña pequeña! ¿qué diablos te pasa?— Elsa no solía decir ningún tipo de insinuación a una mala palabra, y ese fue indicativo suficiente para darse cuenta de que estaba comportándose como si tuviera muchos años menos a su verdadera edad.

—Simplemente estoy cansada, ¿vale?— Aceptar que se estaba comportando como una niña pequeña no significaba que tuviera que vociferarlo.

—Pues entonces tienes que moverte, tendrás toda la tarde para descansar porque Killian ya viene para aquí y tengo el siguiente reto guardado en mi maleta.— Emma hizo amago de abrir la boca para quejarse, pero Elsa negó. —¿Qué quieres que le diga? ¿qué no quieres ver su cara?

Tampoco quería que sus acciones fuesen malinterpretadas de esa forma, por lo que simplemente giró sobre sus talones y se metió en la ducha. Diez minutos después salió con una toalla alrededor de su cuerpo y escuchó un golpe en la puerta.

—¡Yo abro!— Le dijo su mejor amiga, y Emma agradeció infinitamente no tener que ir a abrir la puerta en semejantes fachas.

Una vez estuvo completamente vestida, con lo más cómodo que encontró porque su cuerpo aún se encontraba resentido por el peso de la absurda chaqueta que Killian parecía tener intención de llevar a todas partes, bajó a la primera planta para encontrarse con un hombre que no estaba utilizando la ropa de siempre. —¿Killian?

—Swan.— Se dio la vuelta para saludarlo, con esa sonrisa ladeada tan característica de él que hace que, de una u otra forma, te tiemblen las rodillas.

—¿A qué se debe tu cambio de look?— Le respondió, bromeando con él. Sin olvidarse de absolutamente nada de lo que había ocurrido la tarde anterior, pero completamente insegura de si debía aceptarlo o no. Sabía bien que él lo tenía presente, pero no se había quejado por un solo segundo cuando Emma le dijo que era hora de marcharse, y aparentemente tampoco tenía nada que recriminarle en ese momento y ella se lo agradeció con la mirada.

—Creo que después de la tortura que te impusieron, me di cuenta de que puedo ser más amable en cuanto a mi forma particular de vestir.— Seguramente el asunto iba mucho más allá, pero Emma no quería cuestionar absolutamente ninguna de sus palabras porque cualquier cuestionamiento podría llevar a un punto el cual no le apetecía tocar mucho, y era el hecho de que llevaban un par de días tomándose muy en serio el asunto de estar en pareja.

—Bueno, tortolitos. Tienen una película en la mesa, y las palomitas están en el horno esperando a que las saquen de allí.— Comentó, tomando su mochila del sofá frente al televisor y colgándola en su hombro. —No hagan nada que yo no haría.— Dijo a modo de despedida, sin siquiera molestarse para darse la vuelta y ver las expresiones en sus rostros.

Emma se acercó a la mesa, tomando el DVD que se encontraba reposando sobre la misma entre sus manos, negando con la cabeza al ver el título de la película.

—¿Qué?— Preguntó Killian.

—Enredados.— Respondió ella.


No entendía qué de romántico tenía ver una película de Disney.

Aunque si se ponía a pensarlo, nada de lo que habían hecho anteriormente tenía algo muy romántico... Al menos en cuanto a los retos. Si, había tenido que utilizar su ropa y verse como un niño durante un día entero. Si, se habían disfrazado de una pareja de una serie según Elsa bastante famosa pero que Emma jamás había escuchado nombrar, y ni hablar de Hook... Y ahora, tenían una película de Disney que ver. ¿Qué clase de retos eran esos y de donde demonios los había sacado su mejor amiga? Pues no tenía idea, pero al menos tenía una excusa para no hablar mucho.

Killian se encontraba igual o más sorprendido que ella, después de todo, jamás había visto una película animada y ambos sabían que el cuento de Rapunzel no es precisamente como se cuenta en los cuentos... Pero ¿qué más da? Elsa estaría dándoles lata todo el día, todos los días, hasta el fin de los tiempos si no sobrevivían a aquella semana, y mejor intentarlo que perder las cabezas, ¿no?

Él fue hacia el horno, sacando las palomitas del mismo y poniéndolas en un bol de plástico que se encontró en la alacena de Emma. Ella se encargó de conectar el DVD como debía y además trajo un par de mantas para pasar la tarde. Dos mantas, para no tener excusa de hacerse arrumacos innecesarios como la tarde anterior... Aunque su cuerpo cosquilleaba de solo pensarlo, y una mirada de fastidio se posó en su expresión al darse cuenta de la dirección en la que estaban viajando sus pensamientos.

—¿De qué se supone que va esto?— Preguntó Hook, sentándose en el mueble y palmeando el espacio a su lado para que Emma se le uniera. Acercó un poco la mesa para apoyar lo que había traído y simplemente se encogió de hombros.

—Tan solo tenemos que sobrevivir a esta semana.— Intentó evitar su mirada, porque a ambos les costaba aceptar que los retos de Elsa estaban funcionando como la mujer quería. Estaban más cerca, simplemente a Emma le costaba bastante aceptar el significado de todo eso.

Tomó el mando a distancia y se dejó caer a su lado, sintiendo la forma en la que sus brazos se tocaban pero sin prestarle mucha atención. Y la película empezó a dibujarse delante de sus ojos.


—¿Me pasas las palomitas?— Fue lo único que Killian le dijo cuando llevaban una media hora de película. Habían descartado la comida pasados los diez minutos porque ninguno de los dos se estaba muriendo de ganas de comer, pero en cuanto se lo pidió, Emma se estiró para alcanzar el bol.

—Aquí tienes.— Añadió con una sonrisa, despegando la mirada de la pantalla únicamente para observarlo por un par de segundos. No sabía porqué, pero Flynn le recordaba bastante a él... O quizá simplemente era su imaginación, y se estaba convirtiendo de nuevo en una adolescente enamorada que todo lo relaciona con el chico que le atrae.

—Gracias.— Respondió él, correspondiendo a su sonrisa.


—Hace frío.— Se quejó Emma a los diez minutos. —Voy por más mantas.

—No, no te preocupes. Te doy la mía.— Sus manos tomaron el borde de la manta que tenía sobre los hombros, y Emma le respondió con una media sonrisa, parcialmente tímida, que no solía utilizar con absolutamente nadie jamás.

—No es necesario.— Respondió ella, inclinándose levemente hacia él, como preguntándole si estaba bien que se apoyara sobre él. Sus brazos se abrieron, haciendo espacio para ella, que recostó su cabeza sobre el pecho de Hook. Jamás se habría imaginado estando de esa forma con él, y sin quererlo, se daba cuenta de que la excusa del frío había sido únicamente eso, una excusa para poder abrazarlo... Cosas estaban ocurriendo allí.


—No puedes decirme que Flynn no es genial.— La sonrisa que Killian estaba portando en ese momento hacía que Emma acabase por sonreír con él.

—No tiene nada de espectacular.— Aunque era curioso la forma en la que se sentía casi identificada con los dos personajes principales... Si, puede que ellos fuesen más parte de un cuento que los dibujos animados que les habían enseñado, y probablemente eso tenía algún tipo de relación, pero aún a pesar de saber eso, no podía dejar de sorprenderse.

—¡Hey!— Emma se volteó de repente, únicamente para encontrar a Killian un poco más cerca de lo esperado. Su cabeza le gritaba que se alejara, pero por el contrario acabó por inclinarse para dejar un casto beso sobre la comisura de sus labios.

—Vale, es un poco genial.