¡Y aquí está la actualización de hoy!

El reto de hoy es cumpleaños.


Elsa no volvió a aparecer durante toda la tarde anterior, y aparentemente aquél día Emma y Killian podrían tener un poco de paz… Y ella podría sentarse a pensar que era exactamente lo que estaba sintiendo y porqué. Suponía que debería haber tenido esa conversación con sí misma hace un buen tiempo ya, porque la realidad es que debía aceptar que llevaba negándose a muchas cosas durante mucho tiempo sin saber exactamente porqué motivo. Teniendo en cuenta su pasado amoroso, el hecho de haber salido con alguien que acabó por dejarla perdida en la cárcel —para su bien o no— y luego encontrarse con un pirata que destilaba tensión y que había llegado a su vida alimentado únicamente por su sed de venganza, para luego perder los recuerdos de toda la vida que había encontrado y darse la oportunidad de salir con un hombre que había resultado ser un mono con alas. Y ahora volvía al pirata nuevamente, ¿qué decía eso de ella? El tipo de hombres que llamaba no era siempre el mejor prototipo de hombre.

Pero aún así, no podía negar que Killian había cambiado con el tiempo, en el momento exacto en el que se había convertido en su aliado, ella había empezado a ver cosas que no veía antes en él… Como el hecho de que solía comportarse más como un caballero de lo que un pirata lo haría. Había abierto bastante los ojos al regresar de Nunca Jamás, pero realmente la vida no le había dado tiempo de analizar el cómo, o el porqué. Solamente sabía que se encontraba en un punto en el que su mejor amiga tenía que recordarle como sentir porque ella se encontraba con sus sentidos completamente adormecidos a voluntad.

Escuchó un insistente golpe en su puerta que la hizo pegar un salto y estuvo a punto de caerse de la cama. Casi corrió hacia la misma, intentando no tropezar con uno de los tapetes que su madre la había convencido de traer para su casa porque estaba segura de que se pasaba mucho frío en las noches debido al suelo de cerámica. Nada había sido capaz de convencerla con lo contrario y ahora ella estaba a punto de morir gracias al invento de su madre.

—¡Voy!— Dijo, moviendo el tapete a un lado con el pie y abriendo la puerta de golpe. Elsa se encontraba en la puerta y Emma quiso golpearse con fuerza en la frente. —Hola.

—Killian está cumpliendo años hoy. No sabes lo que me ha costado sacarle la información, pero necesitamos hacer algo.— No se estaba esperando aquella noticia, y su mente empezó a hacer planes improvisados que no tenían sentido alguno.


Granny's era la solución a los problemas de todo el mundo.

Había llamado a todos los que había podido, y esas personas habían llamado a todas las personas que habían podido. Afortunadamente para ellos Storybrooke, a pesar de ser el contenedor de todos los personajes de cuento que te puedas imaginar, no es un sitio demasiado amplio y todo el mundo conoce a todo el mundo. ¿Qué si Killian se había enterado de su fiesta sorpresa? Pues nadie tenía idea, porque habían intentado correr el chisme tan rápido como fuese posible en tan cortos términos de tiempo.

Mary Margaret se había encargado de hornear algo, porque cumplía cada estereotipo de madre y esposa perfecta. Emma no habría sido capaz de encargarse de ello, en especial no teniendo en cuenta que Henry siempre tenía que recordarle que estaba batiendo demasiado los huevos.

Lo que sí podía hacer, era comprar un par de detalles y salir a buscar a Killian, que cuando no estaba su departamento se encontraba en el muelle. Dejó a los demás terminando de hacer las preparaciones necesarias y salió a caminar, esperando encontrarlo allí porque aparentemente la moda de los teléfonos móviles aún no había llegado a Storybrooke, porque las personas que tenían uno las podía contar con los dedos de la mano y le quedarían sobrando dedos.

Efectivamente se encontraba ahí, sentado en la silla en la que le había encontrado durmiendo una mañana. Aquella era una de esas experiencias que no necesitaba repetir jamás en su vida, porque realmente la preocupación le bañaba entera de nuevo de solo imaginarlo pasando por una situación similar de nuevo.

—¿Qué haces por aquí?— Le dijo, sin siquiera molestarse por saludarlo.

Él se volteó levemente para observar a su acompañante. —Necesitaba pensar.— No dijo nada más, tan solo se sentó a su lado y dirigió la vista hacia donde él la estaba dirigiendo. Una picada de culpabilidad la recorrió, después de todo, Killian realmente había sacrificado todo lo que tenía por recuperarla. Su barco, que era con y por lo que había trabajado durante no sabía cuántos años… Aquello lo había dejado sin casa, y sin un sitio en el cual ir a reflexionar.

—¿Lo extrañas?— Acabó por preguntar después de unos minutos de cómodo silencio.

—¿El qué?— Preguntó él, la confusión evidente en su tono de voz.

—Al Jolly Roger.— Era algo obvia la pregunta, pero seguramente Killian se encontraba demasiado sumergido en sus pensamientos como para seguir el hilo.

—Claro que lo extraño.— Y eso no hizo que Emma se sintiera menos culpable. —Pero el sacrificio valió la pena, tengo una vida diferente aquí.

Suponía que era cierto, pero en ese momento, empezaba a sentir que no había retribuido nada de lo que ella le daba a él. Se regodeaba de ser una persona perceptiva, pero cuando se trataba de negarse lo que sentía, tenía una capacidad increíble para hacerse la que no es con ella.

—Vamos, voy a invitarte algo de tomar.

—Ron, el ron todo lo arregla.

Ella no tuvo más remedio que sonreírle amplia.


Granny's se encontraba en silencio para cuando Emma y Killian cruzaron la calle. Agradeció que fuesen prudentes, y que además no se hubiesen tomado tanto tiempo en finiquitar con los detalles que hacían falta o seguramente Killian habría terminado por pegar globos al techo para su propia fiesta o algo por el estilo.

Abrió la puerta, la campana que indicaba la entrada de alguien más sonó y de repente un alarido se escuchó por todo el lugar.

—¡Feliz cumpleaños!— Gritaron todos a unísono. La cara de Killian estaba como para morirse de la risa, proque estaba mirando a Emma como si le hubiese salido otra cabeza de repente.

—¿Sorpresa?— Una sonrisa dubitativa apareció en su rostro, y él negó con la cabeza, luchando contra su propia sonrisa.

—¿Elsa?

—Elsa.


Decir que a Killian jamás le habían celebrado un cumpleaños sería subestimar la situación. De acuerdo al pequeño intercambio de palabras que había podido tener con Emma teniendo en cuenta que todo el mundo lo estaba acaparando como si de repente fuese una celebridad, había podido reunir suficiente información como para asumir que no se le celebraba un cumpleaños desde el año anterior al fallecimiento de su hermano… Después de eso, se había encarado de emborracharse hasta perder la cabeza y con licor de lugares de dudosa procedencia sin decirle absolutamente a nadie el motivo.

Aquella era la tradición, y Emma sentía inmensamente interrumpirla, aunque Killian le había dicho en cada ocasión que había podido que realmente se sentía muy agradecido de que se hubiesen tomado la molestia de hacer un pastel para él, decorar un lugar y hacer todo lo que estaban haciendo. Era bastante amigable y familiar para lo que estaba acostumbrado, teniendo en cuenta las reuniones desordenadas que el Jolly Roger había presenciado en medio de tantos piratas.

Para cuando todos empezaron a irse, a eso de las diez de la noche, Emma ayudó a recoger y prometió ir temprano a la mañana siguiente para terminar de limpiar. Killian la esperó pacientemente porque alegaba que lo mínimo que podía hacer sería acompañarla a casa y eso hizo.

El frío de la noche los golpeó a ambos, y caminaban peligrosamente cerca como si de esa forma pudieran sentir el calor del otro. Aunque era más cuestión de sentir la presencia del otro caminando a su lado. Era una sensación extraña, pero Emma no se quejó, e incluso decidió ceder a sus ataques de valentía y tomó su mano en medio de la oscuridad.

Una vez llegaron a su puerta, sacó las llaves que se encontraban en el bolsillo trasero de su pantalón y abrió, dándose la vuelta para enfrentar a su acompañante.

—Entonces...— Dijo él, encogiéndose de hombros y preparándose para la obvia despedida.

—Estoy segura de que te prometí un trago.— Le respondió ella, que no estaba dispuesta a despedirse aún.

—Pensé que lo habías olvidado, Swan.

La respuesta de ella fue negar, y dar un paso atrás para indicarle que pasara. No se molestó por quitarse la chaqueta, no teniendo en cuenta el frío que estaba haciendo a pesar de ser finales de Enero. No se suponía que tuviese que estar haciendo semejante baja temperatura, pero ahí estaba.

Caminó hacia la despensa con Killian siguiendo todos sus pasos. Se puso sobre la punta de los pies para agarrar una de las botellas de Ron que mantenía en una de las repisas más altas, después de todo, estaba intentando ser un buen ejemplo para su hijo y andar por ahí con reservas interminables de alcohol en caso de estrés no solía dar una buena impresión jamás.

Sacó dos vasos de cristal y los puso sobre la mesa, sirviendo el licor sin más, y levantando el suyo para brindar con él.

—Feliz cumpleaños, Killian.— Y la respuesta de él fue una de esas sonrisas ladeadas que hace que sientas la necesidad de agachar la mirada y controlar sus mejillas sonrosadas.


No estaba segura cuántos vasos de aquel licor ambarino habían intercambiado, pero estaba empezando a sentir el efecto del alcohol en su cuerpo, y por la forma en la que Killian estaba sonriendo, era más que obvio que el pirata se estaba dando cuenta de que ya le estaba pegando.

—¿Quieres ir a dormir?— Ella negó con la cabeza y tomó la botella para servirse un poco más, sacándole una sonrisa. Definitivamente aquella mujer era valiente, incluso para beber.

—La botella aún no se ha acabado… Y tengo que decirte algo.

—¿Qué?

—¿Prometes no reírte?— Killian tuvo que obligarse a no mirarla completamente extrañado, porque no estaba acostumbrado a que Emma demostrase mucha preocupación respecto a lo que pensaran de lo que decía. Era brutalmente honesta.

—No voy a reírme de ti.— Dijo sin dudarlo.

—Pues… El plan de Elsa está funcionando.— No sabía porque, lo más seguro es que su amiga rubia supiera que lo único que necesitaba era empezar a pasar tiempo con él por algo más que una simple misión o tarea para darse cuenta de que lo que sentía no era algo que tuviese que ver únicamente con la obvia tensión sexual entre ellos.

—¿Qué? ¿quieres salir a disfrazarte más seguido? Porque para eso tendrás que encontrar un nuevo compañero Emma, lo siento pero la gomina no me va.— Ella negó con la cabeza, porque se le hacía obvio.

—No, no es eso.— Sencillamente no sabía como decirlo sin sentirse como una adolescente enamorada. —Supongo que si te quiero más de lo que me permito decir en voz alta.


¡A eso le llamo progreso...! ¿Y ustedes?