Perdón por tardarme tanto, no tengo excusa, de verdad.
Dedicado a Mimic Tatori, mi diosa, tu reina te saluda. Mashu-senpai, me motivaste, te lo agradezco.
Disclaimer: Nada de esto es mío, menos la historia que fue creada por mi rara mente, todo es de Jin (Shizen no teki-P), alábenlo.
Editado por: Runo Cartwright.
Capítulo 9:
"Familia"
Cuando regresamos del salón principal después del descanso no esperábamos encontrarnos todo como estaba ahora: cinco mesas para dos personas puestas en un par de filas. Todas vacías, limpias, resplandecientes frente a una el doble más grande que de las anteriores. Tras de ella se hallaba el maestro Kozakura con una sonrisa que era igual a las de cuando uno esconde algo.
Pasamos a sentarnos, yo lo hice con Tsubomi en la primera mesa del lado contrario a la puerta de entrada al recinto. Las ventanas se encontraban cubiertas, la brisa entro bruscamente haciendo que la coleta de mi compañera me golpeara. Solté un quejido que vino seguido de una disculpa por parte de la peliverde.
El maestro dio un par de golpes contra su mesa indicando que ya era hora de comenzar.
—Buenas, alumnos. Para su primera clase de Anatomía y Sexualidad les traigo una sorpresa —un murmullo de exclamaciones sonó entre nosotros, el maestro Kozakura avanzó hasta la puerta del edificio—, este año tendrán de profesora aprendiz a la señorita, recién graduada de científica en el ramo, ¡Kido Hinagi!
— "La hermana de Kido" —pensé con asombro, tenía un extraño presentimiento acerca de su llegada.
La mencionada caminó con determinación por la entrada recientemente abierta por el mayor. Su cabello escarlata estaba atado y la hacía verse mayor a lo que debiese ser, sus ojos tenían un aire severo. Con una postura formal se dirigió a nosotros para presentarse junto a una sonrisa.
—Soy Kido Hinagi, como ya les había dicho Kozakura-san. Un gusto conocerlos a todos, espero que tengamos un buen año juntos —finalizó con una reverencia tenía un aura de elegancia y poder que no se lo quitaba nadie.
La chica a mi lado agarró fuertemente mi manga provocando que me sobresaltara, por suerte nadie lo había notado. La miré reprochándole en silencio, ella me contestó con otra de sus miradas asesinas que me heló hasta los huesos así que decidí dejarla en paz por un rato.
—Ya que aún no es una profesora oficial deberían llamarla sin tanta formalidad. Yo tengo que retirarme, le he dejado todas las informaciones a Kido-san ¡Nos vemos el lunes!
Retirado el maestro Kido-san no perdió el tiempo. Sus rasgos la hacían ver decidida, cosa que tenía en común con su hermana menor la que se encontraba ahora tirada encima de la mesa sin dejar de murmurar cosas como "¿Por qué a mí?" o "Hinagi, voy a matarte".
Ignorando los malvados planes que creaba Tsubomi, Kido-san empezó la clase:
—Como dijo Kozakura-san, hoy les daré las explicaciones sobre lo que pasaremos este año y repasar lo que debieron haber aprendido en los anteriores —Kido-san sacó de su bolso unas hojas y las repartió para todos. Era un diagrama de la silueta de un cuerpo donde venían rotuladas algunas partes—. Lo principal para la retroalimentación sería volver a estudiar los puntos de Poder que hay en nuestro cuerpo y necesito un voluntario.
Después de pasar la vista por todo el salón la pelirroja sonrió con un poco de malicia. Ella tomó unos cuantos libros que traía y los dejo caer en mi mesa. Tsubomi se levantó un tanto asustada y antes de que pudiera alegar Kido-san se le adelantó:
—Tsubomi, tienes el honor de pasar al frente —la peliverde la observaba como si no supiese de que le hablaba—, serás una espléndida modelo.
Luego de hacer un berrinche mi compañera de puesto se paró en medio de la sala. Un leve rubor cubría sus mejillas. La mayor prosiguió.
—Para la actividad en la que Tsubomi se ofreció voluntariamente —Unas risas recorrieron el cuarto. El sonrojo de la cara de la peliverde se hizo más notorio—, yo iré explicando a través de las palabras mientras etiquetaré el cuerpo de la alumna.
En mi opinión, Kido-san era prácticamente una más de nosotros. El ambiente en estos momentos era relajado y casi todos estábamos riendo, Kano-san estaba ya que se caía. Después de un largo rato la pelirroja inició la actividad.
—Como ya todos deberían saber el cuerpo tiene 5 puntos en donde se concentra el PI. El primero y más importante es el corazón —remarcó Kido-san seguido de un quejido de parte de su hermana a la que le había puesto el primer letrero que estaba escrito en una linda manuscrita el órgano dado—, éste distribuye el PI hacía los demás puntos como también lo hace con la sangre a través de las arterias. Los otros lugares son ambos brazos y piernas en donde se guarda algo de poder para después usarse en distintos tipos de hechizos. Aun así los seres como nosotros no podemos guardarlo todo y por eso es que gradualmente sacamos lo que no se usó y lo que sobró. Somos capaces de cambiar de vestimenta gracias a lo que expulsamos porque se nos esparce por el cuerpo.
Terminada la actividad Tsubomi se fue a sentar, ella estaba aliviada de acabar con todo ese espectáculo pero para su mala suerte Kido-san le dijo que debía pasar el resto de la clase con los letreritos.
El tiempo se pasó volando y rápidamente llegó la hora de irse. La pelirroja nos había dicho que este viernes no tendríamos clase en la tarde, de hecho solo tendríamos una vez al mes. Antes de que pudiera pasar por la puerta Tsubomi había sido llamada por su hermana.
—Tsubomi querida, ¿qué tal si hablamos un poco? —más que pregunta parecía como si la estuviese obligando a ir. La peliverde fue hacia ella cabizbaja y cerró la puerta.
Estaba sola caminando hasta el ascensor, todos los demás se habían adelantado. O eso creía. Al entrar me encontré a Kano-kun apoyado en un rincón y al verlo pude notar una sonrisa algo siniestra. Recordé como todo se distorsionó en el campo de batalla, a mi madre, a Hiyori y mi padre…
Sentí como el rubio daba tres toques en mi nariz, sacudí la cabeza borrando esos pensamientos de mi mente para observar al chico en el cual no habían rastros de haber existido nunca esa expresión tan oscura. Seguro que fue mi imaginación.
—Ayano-chan ¿te pasa algo? Te noté un poco distraída —preguntó Kano-kun con el mismo tono de siempre. Sin lograr contestar el rubio retrocedió un poco hacía el panel de control del ascensor justo cuando se cerraron las puertas y esta vez realmente pude ver la extraña risa en rostro de mi compañero—. Te podría pasar algo muy malo si sigues así.
Casi se me corta la respiración cuando él presionó el botón utilizado para parar el andar del elevador. Lentamente se acercó a mí y tuve que retroceder. Cuando de verdad empecé a sentir miedo fue cuando toqué la pared. Cada vez estaba más cerca, no sabía que pensar, no sabía que iba hacer y cuando por fin me acorraló cerré los ojos esperando lo peor.
De un momento a otro vi a Kano-kun aferrándose de una pared para no caerse de la risa y mis mejillas se tiñeron de un rojo más intenso que antes.
— ¡No es gracioso! Me asustaste mucho —exclamé tapándome la cara de la vergüenza. Estuvo una rato más riendo hasta que se pudo estabilizar.
—No me arrepiento de nada ¡deberías haberte visto! —inflé mis mejillas y me rehusé a mirarlo mientras se burlará de mí—. Perdóname, no lo volveré a hacer.
—¿Lo juras?
—Lo juro por mi vida y por mi amor a Tsubomi — ¡¿Qué?!
— ¿Q-Qué acabas de decir? —titubeé, su confesión me había sorprendido. Debería acomodar algunas cosas después de esto.
—Lo que escuchaste. Yo quiero a Tsubomi y ella también a mí —era increíble como no sentía nada de vergüenza al decir algo como eso. No podría imaginarme diciendo me gusta… que a mí me gusta…
Rápidamente la sangre volvió a mis mejillas, me sentía arder. Kano-kun me tocó la cara con más confianza de la que me imaginé que tendría y la retiró momentos después.
—¿Estás bien? —preguntó mientras presionaba el botón para iniciar el descenso hasta la primera planta. Asentí como pude—. Bueno, mi propósito ha sido, desde el principio, hablarte sobre Tsubomi. He visto que son muy amigas y quisiera que me ayudaras…
—¿Paso algo malo?
—Te lo diré porque siento que Tsubomi confía en ti. No abuses su confianza ni de la mía —dijo mientras me miraba seriamente. Sí, Kano-kun estaba siendo serio, tal vez de verdad quiera a mi amiga—, ella y yo estamos saliendo en secreto desde hace unos meses.
—¿Para qué necesitas mi ayuda? Digo ¿acaso han tenido problemas? —pregunté. De a poco fui tomándole seguridad al rubio.
—Todavía no ha dicho nada que lo indique, pero se ha estado alejando de mí cada vez más. No sé si es su inseguridad o que ya está aburrida de lo nuestro —tragó saliva para continuar—. Puede que suene tonto pero estoy asustado, realmente no quiero que termine conmigo.
—Por supuesto que te ayudaré. Si eso hace feliz a mis amigos… —iba a continuar pero las puertas se abrieron en el segundo piso dejando ver a una Tsubomi para nada alegre.
—Ayano y Kano… ¿qué hacen los dos aquí? —El rubio y yo nos quedamos mudos ante la pregunta—. Te estaba buscando, pensé que estabas arriba —se dirigió a Kano y lo fulminó con la mirada.
—Yo me retiro si quieren un tiempo a solas —Solo debía deslizarme unos centímetros más para salir del lugar. Lo logré justo para ver como las puertas se cerraban dejando a mis compañeros dentro.
Pobre Kano, ahora tendré que hablar con Tsubomi sobre esto.
Vi como Kido era llamada por su hermana, ojalá no sea nada malo. Caminé hasta al ascensor entrando con Mary y Momo. Los chicos bajaron por la escalera o eso pude ver ya que solo noté a Seto y a Shin.
Bajando hasta la primera planta recordé la clase de Magia de hoy y los cofres que ahora estaban en manos de Konoha y Mary. Quería recuperarlo, estaba casi segura de saber qué dice dentro.
—Mary ¿qué pasó con los secretos? —La albina había estado sumergida en sus pensamientos y se sorprendió con mi pregunta.
—Ene-san, Konoha-kun y yo nos hemos repartido los cofres. Lamentablemente yo no tengo el tuyo.
Eso quiere decir que lo tiene Konoha, al salir hablaría con él y aprovecharía para charlar sobre la "cita".
Minutos después estaba buscando a Konoha por todo el primer piso sin llegar a un resultado. Hibiya y Momo estaban en la sala de estar conversando música. Llamé la atención de ambos.
—Oigan ¿no saben dónde está Konoha?
—Debe estar en la cocina buscando comida —dijo Hibiya para seguir conversando con la peli naranja.
Subí rápidamente por las escaleras, el ascensor se hallaba ocupado desde hace bastante rato. Encontré al albino en el mismo lugar que me habían dicho, en la cocina. Él estaba sacando algunas cosas del refrigerador cuando me notó y se quedó mirándome con su expresión de siempre.
—Konoha ¿tienes tú mi cofre? —pregunté y el mayor desvió la vista hacia el piso.
—Eh… —se notaba algo nervioso.
Al ver como no me contestaba intenté de muchas formas sacarle información pero no me reveló absolutamente nada, algo enfadada decidí irme. Konoha empezó a seguirme, tomé la perilla de la puerta, le di la vuelta y la empujé.
Wow. De repente me todo el paisaje comenzó a dar vueltas y tuve que apoyarme de pared. Seguro fue el elevador, seguro que fue eso. Cuando por fin pude estabilizarme me di cuenta que lo mejor sería buscar donde sentarme. Entré al comedor y escuché algunos ruidos provenientes de la cocina, me pregunto quién será el que hace todo ese escándalo.
Agarré la silla más cercana y la arrastré hasta el balcón del lugar. Cerrado el ventanal ya no se oían los molestos sonidos de adentro pero en cambio se percibía el ambiente y la tranquilidad del bello jardín de la Academia.
¿Qué hay que hacer ahora? Honestamente, cuando Kido-san nos dijo que podíamos salir del complejo no me alegré para nada, ver a mi padre arruinaría mi día pero mi madre está en casa, lo mejor será ir a verla. Antes de ir podría preguntarle a Ene-san o a Tsubomi si quisieran salir un rato y luego ir a mi casa. Sí, era la mejor opción.
Volví a entrar y dejé la silla donde antes estaba. Caminé hasta a la puerta de salida cuando ésta me golpeo en la cara. A causa de los mareos anteriores y la contusión no pude distinguir bien a quien abrió la puerta hasta que me ayudó a levantarme. Era Kisaragi-kun.
Todavía podía ver a cuatro versiones de mi compañero, sería mejor no moverme por ahora. Seguía sujetada de él pero no podía soltarme sin llegarme a caer.
De repente escuchamos como la puerta hacia la cocina se abría y ambos giramos a ver quién era, resultó ser que era Ene perseguida de Konoha, los cuatro nos quedamos en silencio unos segundos hasta que la peliazul cambió de una expresión de sorprendida a una de enojada dirigiéndose solamente a mí. Sentí su odio hasta los huesos.
Mientras yo me preguntaba el por qué me había mirado así, presenciamos como Ene casi se desmayaba y caía al suelo. Konoha la levantó con rapidez, con ayuda de Kisaragi-kun nos acercamos a ella justo cuando se incorporaba, rechazando la compañía de cualquiera de nosotros, y se iba a corriendo por la escalera.
oOo
Acababa de salir de la oficina del departamento de la Academia. El profesor Kozakura nos había llamado a mí y Tsubomi para decirnos que nuestros padres querían que nos fuesen a dejar a nuestras casas ya que ellos no estaban ocupados. Honestamente me lo esperaba de él.
Cada una con un bolso subimos a un auto de servicio de la institución conducido por un amable señor que se veía de unos 50 años o más. Los asientos eran tan cómodos que hasta me olvidé del mundo por un segundo.
—¿Supiste algo de Ene? —pregunté de repente a mi compañera. Después del problema, la peliazul había bajado encerrándose en su habitación sin dejar que nadie pasase. Durante mucho tiempo no se escuchó ruido.
—Se fue en un momento en que todos estaban ocupados —contestó la peliverde. Los rumores corrían rápidamente y seguramente ya todos sabían lo que había pasado—. Cuando volví su habitación ya estaba vacía.
—Oh, bueno… —Según lo que he hablado con Ene-san vive en un complejo de departamentos y es vecina de Momo-san y Kisaragi-kun—. ¿Qué ocurrió con tu hermana?
Tsubomi abrió la ventana un momento, tal vez esperaba tomar algo de aire fresco pero justo cuando estiró el cuello entramos a un túnel para salir del sector comercial, hizo una mueca y se apoyó en el respaldo.
—Salí con vida por muy poco, quería hablar sobre unos temas conmigo —Su respuesta no me satisfizo lo suficiente, tal vez sobre esto hablaba el rubio.
—¿Es sobre Kano-kun?
—P-pero ¿p-por qué dices eso? —tartamudeó la Arque-maga al tiempo en que su cara se teñía de rojo. Bingo.
—Así que eso es… —murmuré intentando parecer que no sabía nada, sería lo mejor—. ¿Por qué no puedes decirme?, ¿acaso es algo malo?
—Volviendo a lo de Ene creo que debería… —inútilmente trató de esquivarme.
—Tsubomi, no cambies de tema. Puedes confiar en mí.
Mi compañera se quedó durante unos minutos en silencio, seguramente debatiendo entre contarme o no. Su decisión debió haber sido positiva ya que con firmeza me miró a los ojos.
—Es tan complicado, se supone que estamos saliendo —le costó mucho decir lo último— pero no me ha dicho qué siente, ni siquiera sé porque está con alguien como yo —me abrazó cosa que me sorprendía de parte de Tsubomi, acepté cariñosamente el gesto—. No soy lo suficiente buena para él.
—Yo puedo ayudarte si lo necesitas —Quisiera hacer lo que este a mi alcance—. Se supone que eso hacen las amigas.
Nuevamente la dejé pensar en una respuesta, ella tenía mucho en qué pensar, no podía entender lo complicado que sería estar en una relación. Rato después el chofer nos avisó que llegábamos a la primera parada: la casa de Tsubomi.
Se separó de mí y agarró su bolso para comenzar a traspasar la puerta del vehículo todo esto sin mirarme un solo segundo.
—Si la necesito te pediré ayuda, lo prometo —sentenció para luego irse dejándome sola en el auto. Suspiré. La casa de los Kido era grande, muy grande, no pude describir lo que sentía al verla, pero sé que temblé a causa del sentimiento que me provocó ¿qué sería de la peliverde viviendo allí? Ella al menos tenía a su hermana.
—Quiero a mi madre y a Hiyori, las quiero ahora… —sollocé mientras el automóvil reanudaba su trayecto. Solté algunas lágrimas durante lo que quedaba para llegar a casa, solo por pensar que al llegar debía ver a papá.
El sector alto se caracterizaba por varias cosas y entre ellas se hallaba que si las familias vivían más lejos tenían más dinero y poder, los Tateyama estábamos situados casi al final del camino, por eso mi apellido es tan conocido.
El señor se estacionó frente a las rejas del jardín y me despedí dándole las gracias, minutos después me hallaba sola tocando el timbre.
—Soy Ayano Tateyama —hablé por el micrófono a un lado de una cámara que debía estar mostrándole mi rostro al guardia.
—Señorita Tateyama, pase —Se escucharon unos sonidos y al instante se abrieron el par de rejas—. Que tenga un buen día.
Con bolso en mano atravesé el amplio jardín de entrada. Las flores se veían en un estado encantador lo que me extrañaba ya el Cuidador solo las regaba lo justo para que vivieran, las mujeres son las únicas que han cuidado estas plantas…
Quedé helada al ver la mansión nuevamente y me di cuenta del por qué la casa de Tsubomi había hecho que me sintiera así. No solo esta era más grande e imponente, era por otra razón.
Porque este lugar es frío.
En algún momento amé pasear por los pasillos jugando con Hiyori, quedarme hasta tarde escuchando cuentos con mamá, nada de eso quedaba ahora, sus rastros habían sido borrados y reemplazados por el frío blanco que solo reflejaba la soledad del ambiente. La soledad de los corazones. Las oscuras habitaciones inhabitadas mostraban el vacío sentimental que habían dejado esas dos personas al ser retiradas como piezas de ajedrez.
Inserté la llave en la cerradura y la servidumbre vino como una bala a recibirme. Suzu, mi sirvienta personal y la persona que se ha ganado mi confianza en sus diez años de servicio, cogió mis cosas para seguirme hasta mi cuarto. Nunca ha caminado a mi lado por más que se lo he insistido.
Al llegar a mi dormitorio Suzu dejó mi bolso cerca del escritorio y abrió las cortinas con mucho entusiasmo, como si celebrara mi llegada. Suzu era una chica un poco más alta que yo y tenía 27 años, cabello de un color oscuro y tenía el típico corte recto y largo, descripción también aplicada para su flequillo.
—Señorita Ayano —dice con alegría. Hace mucha ya que ha empezado a llamarme por mi nombre—, en estos días que no estaba se le ha extrañado tanto.
—Volveré cada fin de semana, estoy segura que pueden aguantar cinco días con mi padre.
—Oh, ahora que me recuerda el señor Tateyama dijo que cuando llegases subieras a su alcoba, está esperando por usted —habló como siempre, puede que no sepa nada de lo que ha pasado.
—Gracias, Suzu —Y salí de mi habitación—. ¿Qué querrá hacerme? —murmuré al ya estar segura de que nadie me oía.
Los grandes ventanales le daban luz a la casa, una luz de verdad, prefiero andar por aquí que por los salones. Saludé a otros sirvientes en mi recorrido, estaban felices de verme, les pregunté por mi papá pero todos me respondieron lo mismo que ya sabía. Supongo que tenía que ir ahí desde un comienzo.
—Papá —llamé a la puerta siendo abierta por un entusiasmado Kenjirou Tateyama—, aquí estoy.
—Hija, pasa —entré y después nos encerró—. Supongo que te habrán dicho que te hice llamar.
—Sí ¿para qué me llamaste?
—Te tengo un regalo.
Indicó que me siguiera y salimos al pasillo, caminamos hasta la entrada a la sala de estar familiar ¿será algo importante? Solo veníamos cuando hablábamos de cosas serias.
—Estarás muy feliz, Ayano —me dirigió una mirada manipuladora—. Te taparé los ojos.
Se paró delante de mí y abrió la puerta mientras con su otra mano me impedía ver. Avancé con temor y escuché como unas voces se apagaron cuando nos vieron. Aparté la mano de mi cara y me quedé sin aire por unos momentos.
No puede ser.
—¡Sorpresa! —exclamó acercándose a las dos figuras que ocupaban mi atención. Era una reunión familiar, eran mamá y Hiyori.
Me acerqué corriendo estrellándome contra ellas en manera de abrazo, casi las dejo en el piso por la fuerza que use.
—Las extrañé mucho, mucho, mucho —Las apreté con más fuerza demostrando lo que dije—. No se vuelvan a ir.
—Nosotras también lo hicimos —contestó mamá.
Pasamos un rato en esa posición hasta que decidimos en un acuerdo silencioso separarnos. El mayor tomó con cuidado mi mano.
—¿No merezco también un abrazo? —Esto no estaba bien, él no haría eso. Escuché como reía estrechándome contra su pecho y acercaba su boca a mi oído—. Tendrás que hacer todo lo que yo te diga de ahora en adelante si no quieres que desaparezcan de nuevo —susurró.
Respuestas a Guest:
Oreki-chan: Que curioso (It's Synchronicity) El poder de Ayano... se viene, ten paciencia. No te preocupes de no tener cuenta, solo sigue comentando y te responderé. Seguiré actualizando hasta terminar este Fic. Ojalá lo leas. o/o ¡¿S-sama?! Owww ;D
Que suerte, fue uno xD Desde ahora respondo en privado, mis chicos~
Espero que les haya gustado, espero sus críticas, amenazas de muerte y confesiones abajo donde dice "Reviews". Los quiero.
Dos cosas más que decir:
1. Me he hecho una página por Facebook para los que quieran contactarse conmigo, está en la descripción de mi cuenta, búsquenla (Se llama "Ib Tears"). LES RECOMIENDO que la sigan ya que publicaré adelantos de capítulos, fanarts (Tengo muchos xD) y otras noticias mías.
2. Si alguno rolea por Facebook y quiere alguna trama de pelea e interesante contáctenme y les informaré algunas cosas.
Besos y abrazos.
I*T
