Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi yo sólo los utilizo para divertirme haciendo que hagan tarugadas a mi antojo (?). Esto no tiene fines de lucro y todas esas cosas XD
Summary completo: De repente, el pozo ha dejado de funcionar y Kagome se ha quedado atrapada en la época feudal. Pero de eso ha pasado casi una semana. Las cosas en la aldea son tranquilas y, aunque están preocupados por lo que sucede con el pozo, el grupo de Inuyasha ha mantenido la calma tanto como han podido. En la última batalla, Kagome salió malherida, por lo que ella está recuperándose. Una noche, mientras duermen, Kagome abre sus ojos cuando tiene una extraña sensación acerca del pozo.
"— ¿Qué?" "— ¿Qué sucede, Kagome?" "— Es el pozo, hay algo extraño con él." "— ¿Cómo que algo extraño?" "— ¡No lo sé! Simplemente he sentido como... no lo sé, algo extraño." "— Alguien está cerca del pozo... y no huele como nadie que conozca." "— ¡¿Qué?!"
Y cuando Inuyasha y los demás llegan al pozo para investigar, se encuentran con que el pozo, repentinamente, ha funcionado una vez más trayendo consigo a dos chicos del futuro muy extraños que Kagome no conoce pero que ellos sí parecen conocerla bastante bien. Ambos se presentan como Hikari y Ryuuji, y parecen conocer la historia del pozo y los viajes en el tiempo.
"— Tú tampoco eres de aquí, es más, te me haces familiar. ¿Cómo te llamas? — preguntó suavemente mientras la miraba, expresando toda la curiosidad que sentía desde que la había visto por primera vez." "— Eh… si, no soy de aquí tampoco. Mi nombre es Kagome — confesó Kagome sorprendida. Eso sorprendió a ambos chicos, pero la oji-verde supo disimularlo mejor que el pelinegro que veía con sus ojos muy abiertos a Kagome." "— ¿Por casualidad eres Kagome Higurashi? — preguntó de forma impasible a la Miko mientras ignoraba olímpica y deliberadamente al Hanyou, lo que sólo lo hizo gruñir más, ganándose una mirada divertida por parte de Shippo." "— Hikari, es ella, estoy cien por ciento seguro — le murmuró el chico, moviéndose un poco para poder susurrarle al oído a la chica. Que, ignorando a todo el mundo excepto a Kagome, asintió una vez." "— Es exactamente igual a la de la fotografía. Seria extraño que fuera otra persona — coincidió la chica, de nombre Hikari, mientras miraba con atención a la Miko, que comenzaba a ponerse nerviosa ante el escrutinio.
¿Pero quiénes son en realidad Hikari Taisho y Ryuuji Higurashi? ¿Y que tienen que ver con Kagome, Inuyasha, el pozo y los viajes en el tiempo a través de él?
Una historia diferente
Capitulo dos: Hikari Taisho y Ryuuji Higurashi.
Las llamas anaranjadas del fuego que estaba encendida en la pequeña cabaña de la anciana Kaede iluminaron todo el lugar mientras un numeroso grupo de personas estaba sentados a su alrededor.
Un joven pelinegro con ojos azules estaba sentado frente a la fogata bebiendo algo de té, con una chica de su misma edad, también de cabello negro pero mucho más largo que era dueña de unos impresionantes ojos verdes, junto a él.
— Entonces… déjenme ver si entendí — habló el pelinegro luego de beber algo más de té —. ¿Lo que intentan decirme es que nos encontramos en el Japón feudal y que el pozo al cual fui arrojado por esta nada amable chica es mágico y por eso nos ha traído hasta aquí? — preguntó apuntando a la chica a su lado.
Esta ni se inmutó por sus palabras y bebió algo más de té mientras esperaba una respuesta de aquellos extraños sujetos, luego de oír aquella extraña historia que les habían contado al llegar a la cabaña y acomodarse minutos atrás.
— Así es. Eso es, exactamente — respondió Kagome con una pequeña sonrisa —. Seguro estarán bastantes confundidos ahora mismo.
La chica clavó sus ojos en la Miko con curiosidad y dejó de beber para hablarle directamente a ella, diciendo una palabra por primera vez desde que ella y su muy amable acompañante salieron del pozo.
— Tú tampoco eres de aquí, es más, te me haces familiar. ¿Cómo te llamas? — preguntó suavemente mientras la miraba, expresando toda la curiosidad que sentía desde que la había visto por primera vez.
Todos se impresionaron de que la chica notara eso, pues Kagome estaba vistiendo las mismas ropas que la anciana Kaede le había prestado días atrás, cuando su uniforme quedó inservible, por lo que era bastante difícil percatarse si ella pertenecía o no a ese lugar.
— Eh… si, no soy de aquí tampoco. Mi nombre es Kagome — confesó Kagome sorprendida. Eso sorprendió a ambos chicos, pero la oji-verde supo disimularlo mejor que el pelinegro que veía con sus ojos muy abiertos a Kagome.
Kagome había decidido no dar a conocer su apellido todavía, pues no sabía y no conocía por qué razón el chico (quien se había presentado como Ryuuji) tenía también el apellido Higurashi y no sabía que esperar. Y, a pesar de que los demás se sorprendieron cuando ella no usó su apellido, lo dejaron pasar al ver la expresión estupefacta del muchacho oji-azul.
Mientras tanto, el chico movió automáticamente la cabeza hacia la pelinegra sentada a su lado y ambos intercambiaron una mirada que, claramente, no había sido sólo una simple mirada. Inuyasha, que estaba sentado con su espalda apoyada en él, frente a la pared unos metros detrás de Kagome, notó el intercambio y frunció el ceño hacia ellos mientras se inclinaba hacia delante.
— Hablen — exigió, queriendo saber que había significado ese intercambio.
Sin embargo, los dos chicos seguían mirándose de la misma forma, estando sorprendidos y confundidos, sin poder decir una palabra. Sólo entonces, luego de que Inuyasha gruñera al no recibir una respuesta, la chica se giró a verlos.
— ¿Por casualidad eres Kagome Higurashi? — preguntó de forma impasible a la Miko mientras ignoraba olímpica y deliberadamente al Hanyou, lo que sólo lo hizo gruñir más, ganándose una mirada divertida por parte de Shippo.
— Eh… si, si, soy Kagome Higurashi — respondió la aludida, totalmente confundida —. ¿Cómo sabes mi nombre completo?
Los dos pelinegros volvieron a verse a los ojos de nuevo.
— Hikari, es ella, estoy cien por ciento seguro — le murmuró el chico, moviéndose un poco para poder susurrarle al oído a la chica. Que, ignorando a todo el mundo excepto a Kagome, asintió una vez.
— Es exactamente igual a la de la fotografía. Seria extraño que fuera otra persona — coincidió la chica, de nombre Hikari, mientras miraba con atención a la Miko, que comenzaba a ponerse nerviosa ante el escrutinio.
Por su parte, el resto de los presentes no entendían nada de lo que estaba pasando. Primero, el pozo deja de funcionar días atrás. Entonces, tres días después, vuelve a funcionar de nuevo trayendo consigo a dos chicos más del futuro (porque a juzgar por la forma de vestir que tenían y como hablaban era evidente que no sólo habían caído por accidente al pozo), y por si eso no fuera poco, uno de ellos tenía el mismo apellido que Kagome y ambos parecían conocerla de algún lado.
Por supuesto, eso no le gustaba nada a Inuyasha porque sentía que algo se estaba escapando de sus manos. No entendía nada y no le gustaba no saber las cosas, por lo que él tenía que quitarse la duda de encima.
— ¿Cómo conocen a Kagome? ¿De dónde lo hacen?
A pesar de que todos (la mencionada incluida) se giraron para verlo sorprendidos, el medio demonio los ignoraba por completo y sólo esperaba la respuesta por parte de esos extraños chicos que apenas y habían hablado desde que salieron del maldito pozo.
— Ella es familia — respondió sencillamente el pelinegro mientras se encogía de hombros, no dispuesto a dar más detalles del asunto. Claramente, Hikari le había indicado con la mirada que tuviera cuidado con lo que decía, y era preferible no ganarse más resentimiento por parte de la chica, pues a causa de eso ambos estaban en ese extraño lugar en esos momentos.
Y, además, no estaba tan convencido de qué tan seguro seria soltar todo.
— ¿Lo somos? — preguntó Kagome girándose para verlo con absoluta sorpresa y confusión en sus ojos marrones.
— Lo somos. Llevamos la misma sangre — confirmó el chico, asintiendo con la cabeza un par de veces, dejando en absoluto shock a todos los demás. Excepto a Hikari, por supuesto, porque ella ya conocía la historia.
Inuyasha soltó un gruñido y volvió a apoyar su espalda contra la pared, al menos, ese chico no se intentaría ganar a Kagome como lo hacía el estúpido demonio lobo de Koga. De repente, como si se diera cuenta de lo que estaba pensando, Inuyasha soltó un bufido que pasó inadvertido ante todo el mundo (menos a Hikari) mientras pensaba: "¡Keh, como si me importara esa tonta!".
— ¿Cómo? ¿Cómo es posible?
Ambos pelinegros observaron a la chica y se encogieron de hombros con tranquilidad, indicando que no iban a hablar al respecto.
— Lo siento, pero no podemos decir más. Probablemente no sea buena idea — dijo el chico bajando nuevamente el cuenco donde estaba bebiendo té.
La pelinegra de ojos verdes le echó una mirada de lado.
— Eso lo dices porque ya has hablado de más como siempre, idiota — masculló por lo bajo antes de beber de su té.
— ¡Óyeme, te he dicho que dejes de llamarme idiota, Hikari! — gruñó el chico.
— Y yo te he dicho que no voy a hacerlo, porque es lo que eres. Si no fueras tan idiota, entonces no estaríamos aquí en primer lugar.
— Yo no fui idiota.
— Me robaste mi móvil cuando estaba a punto de usarlo.
— ¿Y para qué? ¿Para conseguir el mail del estúpido chico nuevo?
— Pues si, pero él, a diferencia de ti, no es estúpido.
— ¡Aquí la única estúpida eres tú!
Los dos chicos se pusieron a discutir mientras los demás los observaban con una gotita de sudor en la nuca al notar el gran parecido que tenían al discutir como lo tenían Kagome e Inuyasha cuando discutían. Por otro lado, la Miko y el Hanyou seguían procesando lo que los dos chicos habían dicho. Inuyasha no entendía muy bien por qué esos dos chiquillos (como él los llamaba en su mente) sabían de Kagome y como el chico podría estar relacionado con los Higurashi, siendo que el único chico en esa familia (al menos que él conocía) era Souta. Por otro lado, Kagome no entendía qué tipo de parentesco podrían tener ella y el chico, claramente no estaba mintiendo, ella podría de alguna u otra forma saberlo, ella sabia cuando las personas mentían, y algo dentro de ella le decía que ninguno de ellos estaba mintiendo acerca del chico siendo familiar de sangre de ella.
— ¿No les parece extraño como sus peleas son iguales a las de Kagome e Inuyasha? — murmuró el pequeño demonio zorro, que se encontraba en el hombro derecho del monje Miroku que, a su vez, se encontraba junto a Sango.
La exterminadora y el monje asintieron mostrándose de acuerdo mientras los dos pelinegros seguían discutiendo, ignorando a todos a su alrededor, e Inuyasha y Kagome seguían perdidos en sus pensamientos.
Mientras eso sucedía, no podían evitar recordar el momento en que esos extraños chicos salieron del pozo casi una hora atrás y se presentaron.
Flashback
— ¡¿Qué diablos está pasando aquí?!
— ¡ATREVETE Y VEMOS COMO TE VA, TAISHO!
— ¡OIGAN, USTEDES DOS!
La Miko, el monje y la exterminadora se giraron hacia Inuyasha cuando lo oyeron gritar, sólo para encontrarlo con medio cuerpo dentro del pozo gritándole a quien sea que estuviera ahí adentro.
— ¡Oh, genial, y ahora nos van a regañar por tu culpa! ¡Espero que estés contento, maldito Ryuuji! — gruñó la misma voz femenina desde el interior del pozo luego de oír la voz de Inuyasha.
— Eh… Hikari…
— ¡No me fastidies! Te he dicho que encuentres una salida de aquí antes de que te mate — repitió la chica con voz amenazante, pero el chico no estaba prestándole nada de atención, pues esta la tenia todita una persona que los observaba desde la parte superior del pozo.
— Hikari…
El chico volvió a llamarla, pero la pelinegra estaba tan molesta que ni siquiera le prestó atención y comenzó a examinar (o intentar hacerlo a oscuras) a sus alrededores para ver si había una forma de escalar para salir del pozo.
— ¡Oigan! ¿Qué diablos se supone que están haciendo ahí, niñatos? — gruñó Inuyasha desde la parte superior del pozo, con la mitad de su cuerpo dentro. Fue en ese momento que la chica sí lo oyó y levantó sus ojos verdes para verlo.
Lo miró y lo miró, y lo miró. Inuyasha, que sentía la penetrante mirada sobre él, ni se inmutó y le devolvió la misma mirada por largos y silenciosos minutos (o al menos así le pareció al pelinegro) hasta que la chica soltó un bufido a la vez que arqueaba una de sus cejas.
— ¿Qué me vez, niña estúpida? — preguntó molesto Inuyasha, a lo cual ella siguió observándolo y se cruzó de brazos —. ¡Responde o los mataré!
— Oh, genial, como si no fuera suficiente tener a Hikari encima de mí, amenazándome de muerte cada día y a cada hora, ahora este chico más que extraño también lo hace — pensó el pelinegro desganado.
Lo único que le faltaba era tener más problemas con su padre.
— ¿Quién demonios eres?
Entonces Ryuuji se percató de algo.
— ¿Qué diablos estás haciendo en el templo?
Inuyasha los observó a ambos como si fueran estúpidos (lo cual, para él, si eran) y tuvo ganas de darles unos cuantos golpes como a Shippo, sin embargo, sólo les frunció el ceño y se preguntó de qué maldito templo hablaba el chico.
— No sé a qué te refieres, aquí no hay ningún templo — le respondió al chico, luego se giró hacia la chica y la miró casi de forma despectiva —. Y no voy a decirle mi nombre a una niñita que se cayó estúpidamente al pozo.
— ¿Eso fue burla en su voz? — pensó la chica frunciendo el ceño —. Y yo no pienso responderle a un fenómeno con… ¿esas son orejas de perro?
Sin saber por qué, ya que jamás le había pasado algo así, Inuyasha llevó las manos a sus orejas, aunque las alejó porque eso lo hizo sentirse estúpido. ¿Por qué diablos lo había hecho, de todas formas? Estaban ahí hacia muchísimos años, y mucha gente le había hecho la misma pregunta y él nunca había hecho eso.
— ¡Qué te importa, niña estúpida!
La morena se encogió de hombros y decidió ignorarlo. Si él no respondía a sus preguntas, ella tampoco lo haría. Por otro lado, no entendía qué podía estar haciendo el chico en ese sitio en específico del templo ni mucho menos por qué tenía ese extraño color de cabello ni aún menos esas orejas de perro.
— Ryuuji, hay que encontrar una manera de salir de aquí. Ahora — agregó, al ver que el chico seguía observando a Inuyasha con curiosidad. O quizás, fuera que estaba observando algo más, así que ella miró también y sólo en ese momento se dio cuenta que, como debería, en lo alto del pozo (por donde ese sujeto extraño con orejas de perro se asomaba) se veía un cielo estrellado, no el oscuro techo de la casita que protegía el pozo en el templo.
— La última vez que vi, el pozo no tenia vista al cielo.
— Ni mucho menos era de noche — agregó la chica con el ceño fruncido.
— Y no había nadie más cerca que Takeru y Mitsuki.
Inuyasha los observaba conversar con su ceño frunciéndose más y más. No entendía nada de lo que decían, aunque entendió algo sobre un templo y el cielo, eso le molestaba pues era evidente que esos dos chiquillos lo estaban ignorando con todas las intenciones, y eso lo fastidiaba mucho.
— ¡Oigan, dejen de parlotear y díganme qué demonios están buscando!
Ya estaba harto. Tenia varios minutos observándolos desde que habían llegado, y cuando no estaban discutiendo como dos niñitos, estaban comentando cosas que él no entendía. Además, ¿qué diablos hacían dentro del pozo? Era obvio que ellos no pertenecían a ese tiempo, pues vestían ropas extrañas como las que había en la época de Kagome, pero entonces, no comprendía como habían cruzado, pues los únicos con esa habilidad eran Kagome y el mismo.
Por no mencionar que el pozo había dejado de funcionar días atrás.
A unos cuantos metros del pozo, los demás observaban a Inuyasha (que todavía seguía en la misma posición y parecía que en cualquier momento caería dentro) mientras esperaban que algo pasara, pues no se habían movido nada y lo único que escuchaban era cuando Inuyasha hablaba y cuando las personas en el interior del pozo gritaban y, con algo de suerte, algunas que otras palabras.
Cuando lo oyeron gritar de nuevo, al parecer molesto porque lo ignoraran, Kagome no pudo más que rodar los ojos, conociendo esa faceta suya.
Caminó lentamente hacia el pozo mientras Inuyasha seguía discutiendo con la chica (o al menos una voz femenina) que provenía del interior, a la vez que esta también le respondía un poco molesta por todos los insultos que Inuyasha estaba soltando en contra suya… y un poco de su amigo.
— Inuyasha…— lo llamó Kagome cuando llegó hasta el pozo, pero este lo ignoró por lo que ella frunció el ceño y decidió asomarse dentro del pozo —. Oigan, ¿se encuentran bien?
Sólo entonces, cuando la chica gritó y su voz hizo eco dentro del pozo, todas las voces se extinguieron y todos se giraron para verla. Los dos chicos rápidamente se mostraron sorprendidos de sólo verla, pero también confundidos, mientras que Kagome apenas podía verlos por lo oscuro del lugar.
— Inuyasha, ayúdalos a salir.
El Hanyou se giró hacia la Miko, completamente indignado. ¿Ella estaba ordenándole? No, olviden eso, ¿ella estaba ordenándole ayudar a esos chiquillos maleducados que no habían respondido a sus preguntas? ¡Pues podría seguir soñando porque él no iba a mover un solo cabello por ayudarlos!
— No. No lo haré.
Probablemente, bajo otras circunstancias lo habría hecho, pero esos dos niñitos no le caían nada bien y la chiquilla lo había insultado ya un par de veces en los últimos pocos minutos, así que sí, él no iba a hacer nada por ayudarla a salir de ahí. Incluso si era un pedido de Kagome.
— ¿No?
— Eso he dicho, no lo haré, no quiero.
Kagome lo observó incrédula, con una gotita de sudor en su frente y sintiéndose perpleja ante su infantil (porque así lo creía ella) comportamiento en ese momento. Además, ¿qué sucedía con él que no quería ayudar a esos chicos?
¡Simplemente le estaba pidiendo que los sacara del pozo!
— Hazlo, Inuyasha.
— He dicho que no. Y tú no eres nadie para darme órdenes, niña tonta.
Una venita se hinchó en la frente de la chica, mientras lo observaba con el ceño fruncido y una mueca de molestia. Claramente, no le había gustado esa respuesta y, viendo que el chico aún seguía con la mitad de su cuerpo dentro del pozo, hizo lo que sólo ella puede hacer…
— Inuyasha… ¡osuwari!
El cuerpo de Inuyasha cayó estrepitosamente dentro del pozo cuando la chica dijo la palabra "mágica", haciendo que, nuevamente, el Hanyou mordiera el polvo… literalmente, pues cayó con todo su rostro de lleno en el terroso interior del maldito pozo devora huesos.
— ¡Maldita! — masculló Inuyasha por lo bajo mientras se levantaba lentamente, bajo la atenta mirada de los dos jóvenes que observaban un poco incrédulos lo sucedido —. Voy a…
— Ya que estás ahí abajo, Inuyasha, ayúdalos a salir del pozo — ordenó, nuevamente, la Miko desde el exterior del pozo con voz burlona.
El Hanyou soltó un gruñido molesto y, antes de que nadie pudiera reaccionar, había tomado un brazo de cada uno de los chicos y saltó fuera del pozo, aterrizando sobre el césped sin dificultad alguna y dejando caer bruscamente a los dos chicos en el piso frente a unos incrédulos Kagome, Miroku, Sango y Kirara.
— ¡Maldito idiota! — gruñó la chica de cabello negro mientras se sentaba en piso, luego de ser violentamente (según sus palabras) arrojada contra el piso por Inuyasha, el chico a su lado simplemente soltó un resoplido y frunció el ceño.
— Al menos estamos fuera — fue todo lo que dijo.
— ¡Inuyasha, eso no ha sido nada amable!
El Hanyou sólo ignoró el reproche de la Miko y se encogió de hombros mientras metía las manos dentro de las anchas mangas de su Haori rojo, ganándose una fulminante mirada por parte de las dos morenas y el pelinegro.
— Ni siquiera lo conozco, pero ya me cae mal — gruñó en voz baja la chica poniéndose de pie y sacudiendo sus ropas (muy extrañas a ojos de la exterminadora y el monje).
— Un record, Inuyasha, no conocemos a estos chicos ni hace cinco minutos y ya les caes mal — le dijo Miroku con burla, a lo cual el Hanyou sólo soltó un bufido.
— Disculpen al maleducado de Inuyasha, él no suele tratar mucho con las personas — dijo Kagome, echándole una mirada de reproche a Inuyasha, antes de encarar a los dos chicos —. ¿Podrían decirnos como se llaman y si ambos se encuentran bien?
Aunque en realidad ella quería preguntarles como habían cruzado al Sengoku, pues era obvio que ellos venían del futuro. Sus ropas, aunque algo extrañas incluso para ella, claramente eran del futuro. Y eso era extraño, pues no conocía, no sabia y ciertamente no creía, que alguien más que Inuyasha o ella pudieran cruzar el pozo, ya que era consciente de que Souta alguna vez había intentado cruzar al antiguo Japón.
Inuyasha puso los ojos en blanco y soltó su tan conocido ¡Keh!, mientras, también, esperaba que alguno respondiera, al menos, a las preguntas de la Miko.
— Ya nos hemos dado cuenta — bufó la chica mirando a Inuyasha con indiferencia, luego se giró hacia Kagome y, aunque no lo demostró en ningún momento, seguía sorprendida por verla más de cerca —. Mi nombre es Hikari y este idiota bueno para nada es Ryuuji.
— ¿Bueno para nada? ¿Idiota? ¡¿Quién diablos fue la estúpida culpable de que cayéramos al maldito pozo?! — le gruñó el chico con molestia, pues para nada él tenia la culpa y lo sabia, ya que quien había sido violentamente arrojado en el pozo había sido él, y la chica sólo había bajado para buscar su móvil.
— ¡Si, idiota, tú y sólo tú! Fue tu culpa, tú arrojaste mi móvil al maldito pozo, no te hagas el inocente, Ryuuji.
Los dos chicos se miraron molestos, enviándose rayitos con la mirada mientras los demás los observaban con gotitas de sudor en la parte trasera de sus cabezas, pues ni siquiera habían terminado de discutir hace unos dos minutos y ya estaban en ello nuevamente.
Para Sango y Miroku, esa escena era muy similar a las que se montaban Inuyasha y Kagome cuando comenzaban a pelear por alguna tontería o algo malo que el Hanyou le dijera a la Miko o cuando molestaba a Shippo.
— ¿Bromeas? ¡Tú me arrojaste al pozo!
FinFlashback
— Al parecer, las historias que la abuela contaban no eran nada fantasiosas como yo creía — dijo el chico, repentinamente, mientras dejaba la pelea con la chica a un lado. Ella volvió a acomodarse en su lugar y asintió, dándole la razón.
— Quien lo hubiera creído — coincidió la chica —. Cuando éramos niños, llegué a creerle, pero luego ya dejé de hacerlo porque, vamos, ¿un pozo que te lleva quinientos años al pasado, a la época donde los demonios existían?
— ¡Surrealista! — dijeron los dos al mismo tiempo.
— ¿Qué es surrealista?
Los dos pelinegros se giraron para ver al pequeño demonio zorro, mirándolos con curiosidad desde el hombro del extraño sujeto que decía ser un monje. Aunque tanto Ryuuji como Hikari lo dudaban, habían sido testigos de las perversidades de las que ese monje era capaz, por no hablar de la parte donde el supuesto monje había manoseado el trasero de la chica que se había presentado como Sango.
— Es algo que es poco real, Shippo — le respondió la Miko, saliendo de su ensoñación. El pequeño demonio zorro asintió —. Por cierto, no nos han dicho todavía como es que pudieron cruzar.
— ¿Cómo?
— Eso, ¿cómo han podido cruzar? Hasta hace algunos días, el pozo no había estado funcionando. Yo quise regresar a mi tiempo, a mi casa, pero cuando lo intenté no funcionó — respondió la chica intrigada.
Ambos chicos se volvieron a ver el uno al otro, haciéndose una pregunta muda, de la cual obtuvieron, también, una respuesta muda. Luego, se giraron para ver a la chica que los miraba con curiosidad y, al igual que el resto, esperaba su respuesta.
— Bueno… no lo sabemos…— comenzó a decir el chico —. Como dije, fui arrojado violentamente y en contra de mi voluntad dentro del pozo, luego ella saltó dentro para recuperar eso…— levantó un extraño aparto que había sacado de uno de los bolsillos de su chaqueta —, y luego…
— Te lo merecías…— lo cortó la chica, arrebatándole el pequeño y extraño artefacto de sus manos mientras comenzaba a revisarlo minuciosamente —, luego de estar los dos dentro del pozo, una extraña luz azul nos rodeó y luego aparecimos aquí. Quiero decir, de este lado del pozo.
Todos los miraban un poco sorprendidos por su respuesta, aunque no tuvieron mucho tiempo para pensar en algo que decir, pues la morena volvió a gruñir mientras se giraba para fulminar con la mirada al pelinegro.
— ¡Ryuuji, bastardo, has arruinado mi móvil! — gritó molesta, mientras le daba un gran golpe en la cabeza que, probablemente, se comenzaría a hinchar pronto —. ¡Te haré comprarme uno nuevo y luego te mataré, lenta y dolorosamente!
Él chico la observó mientras se sobaba la parte donde había sido golpeado, estaba molesto pero no quiso abrir la boca para no molestarla más y que volviera a golpearlo, no quería andar lleno de moretones por sus golpes.
— Oye, niña…
Hikari dejó de intentar atravesar con cuchillas a Ryuuji y se giró hacia Inuyasha, que la había llamado un momento atrás, mirándolo con las cejas alzadas.
— ¿Qué quieres? Y deja de llamarme niña, me llamo Hikari.
— ¡Bah, como sea! — dijo indiferente el Hanyou, ganándose una fulminante mirada por parte de las dos morenas presentes. De una molesta por como la había llamado y la otra molesta por sus modales —. Hace un rato, cuando estaban dentro del pozo… ¿el chico te llamó Taisho?
La expresión en la cara de la chica era indiferente al momento que el Hanyou le preguntó, era tan indiferente que por un momento, a algunos de los presentes, esa expresión les recordó al rostro siempre impasible de Sesshomaru que nunca expresaba nada, tal cual la expresión de la chica en esos momentos.
— ¿Y qué si fue así?
— ¿Por qué lo hizo?
— ¿Por qué, qué?
— ¡¿Por qué te llamó Taisho?! ¡Deja de jugar conmigo o te mataré! — gruñó, poniéndose de pie y tomando el mango de Tessaiga, dispuesto a cumplir sus palabras, aunque antes de que pudiera continuar…
— ¡Inuyasha, osuwari!
E Inuyasha, inevitablemente, bajó a visitar a su buen amigo el piso.
— ¡Kagome!
— Cállate y sé más amable con ellos. ¡Deja de ser tan grosero con todo el mundo!
— ¡Keh!
Inuyasha volvió a su antigua posición, aunque su mirada penetrante jamás se apartó de la muchacha, esperando que, en silencio, entendiera que la amenaza era real, y así se decidiera a responderle de una vez a su pregunta.
— Ya que tanto parece interesarte…— dijo la chica, llamando la atención —. Me llamó Taisho, porque ese es mi apellido. Me llamo Hikari Taisho.
Inuyasha se quedó sorprendido al oír su respuesta, pues no entendía, ¿por qué esa chiquilla tenía ese apellido en particular? Además, también, ¿por qué el chico que la acompañaba era un Higurashi, o al menos así lo hizo saber, y parecía conocer a Kagome de algún lado?
Y sobre todo, ¿por qué Kagome jamás lo había mencionado?
— ¡Bah, como si me importara! — pensó alejando esos pensamientos de lado.
Todos se giraron para ver a Shippo cuando este bostezó, y algunos (como Kagome y Sango) se dieron cuenta de que ya era algo tarde, por lo que decidieron que era hora de dejar la interesante (y nada productiva, al parecer) conversación para el siguiente día, pues estaban agotados.
— Será mejor que sigamos con la platica mañana, es algo tarde…— comenzó a decir Kaede llamando la atención. Se puso de pie y miró a los dos muchachos —. Pueden pasar la noche aquí si así lo quieren, son bienvenidos.
Los dos pelinegros asintieron y le agradecieron con una pequeña reverencia, aceptando la invitación, ya que no tenían ningún otro lugar a dónde ir y, obviamente, no podían arriesgarse a andar por el bosque sólo para probar si lanzarse al pozo los devolvía a su tiempo así como los había llevado al Sengoku.
El monje y la exterminadora ayudaron a acomodar a los invitados, mientras que Kagome y Shippo se acomodaban en el futón para dormir e Inuyasha se marchaba fuera de la cabaña para dormir en su acostumbrado árbol, como siempre. La anciana Kaede también volvió a prepararse para dormir y, para cuando todos estaban listos para dormir, el fuego fue extinguido.
Aunque ninguno de ellos lo supiera, a la mañana les esperaba un largo día lleno de sorpresas inesperadas para todos.
