Disclaimer: Digimon y sus personajes no me pertenecen, yo sólo los tomo prestados para mis historias sin fines de lucro.


Tras las Cortinas.

Yamato escuchó el movimiento de las cortinas; temeroso, abrazó con fuerza al pequeño Takeru, su hermano. Cerró con fuerza los ojos, buscando escapar de las sombras que se arremolinaban a su alrededor. Las cortinas se removieron, provocando sonidos quedos y perturbadores.

Yamato podía sentir cómo lo observaban fijamente, sin parpadear si quiera. Era consciente de la respiración pesada y entrecortada de quien se ocultaba tras la tela azul.

No siempre fue así. Él recordaba la tranquilidad y felicidad de la que gozaba; las tardes de juegos, y el sonido de su armónica que buscaba calmar el llanto de Takeru.

Una noche, cuando su padre llegó tarde de trabajar, Natsuko (su madre) le reprochó la tardanza. Antes de que Yamato pudiera conciliar el sueño, los gritos comenzaron a inundar el apartamento. Takeru se agitó un poco entre las sábanas, y él, como buen hermano mayor, corrió a su lado, subiendo rápidamente a la cama de cobijas verdes. Se afianzó al pequeño cuerpo de Takeru, intentando deshacerse de sus propias preocupaciones.

Esa fue la primera vez que él apareció. Yamato no supo cómo ni de dónde había llegado, sólo observó con horror la silueta detrás de las cortinas. El silbido bajo y entrecortado, como si aquel ser tratara de decirle algo, pero él jamás olvidaría esos ojos, rojos como la sangre, con las cuencas oscuras y la mirada enloquecida. Yamato siempre recordaría el miedo que sintió cuando sus miradas se encontraron.

No volvió a verle el rostro demacrado y cenizo, pues permanecía oculto; siempre lo observaba tras las cortinas, Yamato lo sabía. Aparecía en las noches de gritos y discusiones, alimentándose de sus miedos y tristezas.

Yamato se esforzó en ser un buen niño, en cumplir con su deber de hermano mayor y cuidar de Takeru. No mencionó a sus padres sobre el extraño ser que lo rondaba. Se esforzó en ser valiente y aparentar entereza durante las noches.

Entró en pánico el día que su mamá se llevó a Takeru, cuando él se quedó con su padre. Esa noche no durmió solo, su padre lo recostó con él, encarando juntos la soledad. La sombra no hizo acto de presencia.

Hiroaki llamó una tarde, excusándose con su pequeño hijo, le anunció que llegaría tarde. A Yamato las paredes del edificio se le antojaron más altas, el suelo bajo sus pies se alargó. Cuando el sol comenzó a descender lo supo, él estaría tras las cortinas de nuevo.

Yamato se ocultaba bajo los cobertores, reuniendo valor para no llorar, intentando ignorar la respiración irregular que flotaba en su habitación. Podría jurar que una noche le escuchó reír, de inmediato supuso que se burlaba de él.

Las apariciones fueron inconstantes después de que viajó al Digimundo. Incluso duró años sin que la sombra volviera a visitarlo, pero había instantes en que Yamato escuchaba silbidos entrecortados a su al rededor. En sueños, la respiración pesada se colaba en un tono bajo y constante. Yamato despertaba agitado y sudoroso. Nadie lo observaba, estaba solo en la habitación. No había nadie tras las cortinas.

Un sabor amargo se instaló en él. El tiempo y las experiencias le otorgaron la claridad y perspectiva necesaria. Los monstruos existían, estaban en todos lados. Los monstruos eran ellos, la sombra era él. Yamato, el monstruo.


Entonces… ¿qué les pareció?
Espero que les haya gustado, y sino… pues ojalá me digan por qué.

Cualquier error o falla que encuentren no duden e hacérmela saber.

Muchas gracias por leer.

Saludos.