Nota de la autora: Me gustaría agradecer a Ramonium, AlexMakoto, MisSmaLyan y Leozx95 que se hayan tomado el tiempo de escribirme una review. Este tipo de cosas siempre animan.

Por cierto, a pesar de que este fic está en español, algunos de los nombres de personajes que voy a utilizar van a estar en inglés. Es una decisión personal basada en la estética, especialmente. Espero que no os disguste.


CAPÍTULO 2

Negación y evidencia


No había forma: era imposible. Por más que se esforzase, por mucho que cerrase los ojos y se concentrase en los recuerdos de su visión, Shulk no era capaz de identificar a la extraña silueta que se había llevado al pato del dúo Duck Hunt.

Suspirando, se llevó las manos a la frente y se masajeó las sienes con los dedos. Las notaba palpitar debajo de la piel, amenazando con un terrible dolor de cabeza al que sucumbiría si no se tomaba un descanso. Habían pasado cuatro horas desde el combate de Marth con la pareja de animales y no sólo no habían conseguido encontrar al pato, sino que el estado del perro había empeorado de forma llamativa. Ahora estaba en la enfermería, víctima de un coma del que no sabían si despertaría.

Y nadie había podido hacer nada para evitarlo.

— Maldición… — Murmuró por vigésima vez. Apretó el puño con tanta fuerza que se clavó las uñas, pero no reaccionó ante el dolor. Sin embargo, sí que se sobresaltó cuando notó una presión en su hombro: era la mano de Robin, que le miró fijamente a los ojos.

— No te culpes, Shulk, por favor. No haces bien a nadie con eso…

La estratega estaba en lo cierto. El ambiente de la sala era verdaderamente lamentable, lleno de caras largas. La noticia sobre lo sucedido con el dúo había corrido con la pólvora, y aunque algunos de los luchadores no creían que el pato hubiese sido secuestrado, el precario estado de salud del perro era innegable. La enfermedad, fuese cual fuese, había sido demoledora e increíblemente rápida.

— No quiero sonar fría — La voz de Samus, tan firme como siempre, hizo que todos levantasen a cabeza de inmediato — pero estamos perdiendo el tiempo.

— ¡Samus! — Gritó Robin, indignada. A su lado, Shulk se limitó a bajar la cabeza — ¿¡Cómo puedes decir eso!?

— Es la verdad. ¿Va a mejorar el perro si nos quedamos aquí? ¿Va a aparecer el pato?

La estratega abrió la boca para contestar, pero inmediatamente se detuvo y apartó la mirada, incapaz de responder. La cazarrecompensas estaba en lo cierto.

— ¡Ja! ¡Ya iba siendo hora de que alguien pensase con la cabeza! — El tono extrañamente alegre de Ganondorf hizo que todos los ojos de la sala se clavasen en él. Algunos, como los de Bowser, parecían estar de acuerdo con él, pero la mayoría mostraban enfado. Por supuesto, el Rey del Mal no reaccionó ante esto último —. Los débiles como vosotros tenéis demasiada empatía. La gente enferma y se muere: asumidlo de una vez. Esto es ridículo.

Tras decir esto, el gerudo se levantó de la silla y se dirigió a la puerta sólo para ser detenido por Link, que le cogió del brazo.

— Uno de nuestros compañeros ha desaparecido, por eso nos hemos reunido. Shulk ha dicho que…

— ¿Sabes lo que me importa lo que haya dicho el niñato de la Monado? ¿Lo sabes? — Ganondorf prácticamente escupió las palabras, empujando a Link con fuerza para librarse de su agarre —. Es un maldito pato. Si creéis que me voy a quedar toda la noche sin dormir por él, es que sois mucho más ingenuos de lo que pensaba.

— ¡Pero…! — Link intentó volverse a acercar a él, pero el gerudo se marchó sin mirar atrás. Samus, sacudiendo la cabeza, le siguió.

— No es que no te crea, Shulk —. Dijo suavemente antes de atravesar la puerta — Pero es que la visión que nos has descrito es muy vaga. No podemos hacer nada.

Poco a poco, más luchadores siguieron en ejemplo de los dos guerreros. Para cuando el reloj marcó las doce de la noche, tan sólo media hora después de que hubiese comenzado esa reunión improvisada, en la sala sólo quedaban los que la habían convocado, más Robin.

— ¡No os preocupéis, chicos! Esto se solucionará, os lo aseguro —. Intentó animar la estratega. Sin embargo, ni Marth, ni Link, ni Shulk reaccionaron a sus palabras. Incómoda, la chica comenzó a juguetear con una de sus coletas. Su mente intentaba dar con una salida, pero los hechos eran demasiado claros.

Tras unos minutos de silencio, Shulk se levantó de la silla.

— … Creo que Samus tiene razón. No hay nada que podamos hacer ahora…

Sus tres compañeros se miraron entre ellos pero, una vez más, ninguno fue capaz de contestar a lo que parecía ser lo más lógico.

Lentamente, todos se dirigieron a la puerta, sus cabezas llenas de pensamientos negativos y, sobre todo, de frustración. Pero tenían que dormir. Ya se había hecho tarde y mañana tendrían que pelear de nuevo, porque por eso estaban allí, en esa mansión. La princesa Zelda y Mario se estaban encargando de cuidar a su compañero canino, así que existía la posibilidad de que su curase; tenían que aferrarse a esa idea.

La puerta se cerró a sus espaldas con un ruido sordo.


— ¿No vas a decir nada? — Pit jugueteó con su corona de laurel, sentado con las piernas cruzadas sobre la capa. Su contraparte oscura le miró unos segundos antes de suspirar.

— ¿Y qué quieres que diga exactamente?

— No sé, es que desde que Shulk y Marth nos han contado lo que ha pasado estás muy callado.

Dark Pit se pasó una mano la mano por el pelo, molesto. Hacía falta muy poco para hacerle perder la paciencia, y Pit lo estaba consiguiendo con creces.

— Mira, aquí el hablador eres tú. Vete a dormir y déjame tranquilo.

— ¡Qué amargado! Si no te he dicho nada… — Pit frunció el ceño, dando por imposible a su compañero, y se tumbó sobre el colchón sin deshacer la cama. Dark Pit, en cambio, se acercó al armario que compartían y empezó a rebuscar en él —. ¡Eh! ¿Cómo quieres que duerma con este escándalo?

— Que me dejes en paz. Tómate un somnífero —. Esa fue toda la respuesta de su compañero. El ángel, mascullando los insultos más graves de conocía (que, todo sea dicho, no eran ni la mitad de ofensivos que los que decía su gemelo oscuro a todas horas), finalmente se escurrió entre las sábanas y se colocó el brazo encima de los ojos, pero Dark Pit ni siquiera se había molestado en apagar la luz.

— Dioses, siempre igual… — Se volvió a quejar el ángel, aunque por supuesto fue en vano.

En la cama de la izquierda, Dark Pit se había sentado con el Brazal Eléctrico encima de las piernas. En los combates de por la mañana lo había notado poco afinado, como si los tornillos estuvieran flojos. Era una reparación rápida, pero se le había olvidado hacerla a lo largo del día por culpa de su hábito de dejar el arma en el armario. Si quería pelear decentemente mañana, tenía que arreglarlo cuanto antes. Así pues, destornillador en mano, Dark Pit se dispuso a ajustar el artefacto.

La explosión se oyó en toda la mansión.

— ¡DARK! — Pit estaba aterrado. Hacía unos segundos estaba en su cama, quejándose de la mala educación de su compañero, y ahora… ¿dónde estaba? ¿Qué le pasaba? El mundo estaba borroso a su alrededor, gris. El dolor invadía su cuerpo, clavándose como pequeñas agujas, y ni siquiera era capaz de oír nada: un pitido constante llenaba sus oídos.

Dark Pit… Esa explosión, esa luz tan fuerte… ¿había salido de su brazal…?

El ángel notó que alguien, o algo, le agarraba por los hombros, pero no fue capaz de distinguir quién. No le importaba: lo único que quería era saber qué había sido de su amigo.

— ¡Dark! — Gritó con todas sus fuerzas — ¡Dark Pit!

No podía hacer otra cosa que repetir el mismo nombre una y otra vez. Las manos se multiplicaron y le levantaron del suelo. No tenía voluntad de pelear, no podía hacer nada. Sólo extender el brazo hacia delante en un intento de alcanzar a su gemelo.

— …ría. ¡No…! — Pequeños sonidos lograban abrirse paso por encima del pitido. Eran voces que gritaban con fuerza, pero el ángel no lograba distinguir lo que decían.

— ¡Son…!

— …ble. Sacad…

Los sonidos se acumulaban, resonaban unos encima de otros en una maraña indescifrable. En la densa niebla que parecía haber invadido el mundo de Pit, unas cuantas luces de colores brillaron con fuerza. Una de ellas, de color azul, se acercó a él peligrosamente. Las cuatro manos que parecían sostenerle desaparecieron, y en su lugar, notó el vacío. A los pocos segundos, una sensación cálida lo invadió por completo, y poco a poco, los párpados empezaron a pesarle más de la cuenta.

— Dark Pit… — Continuó susurrando — Dark Pit…

— No pier… Tratar… Quema…

El mundo empezó a temblar. ¿Es que acaso iba a haber otra explosión? Pit apretó los dientes con fuerza. Cada vibración le producía un dolor inaguantable. Le costaba mantener los ojos abiertos…

— ¡Aguan…!

Una gota de agua cayó sobre su mejilla.

— ¿Llueve…? — La palabra se escapó con dificultad de entre sus labios. La voz del ángel era pesada y prácticamente sin vida — Dark… Pit… ¿dónde estás…?

Y con esas últimas palabras, Pit se sumió en un pozo oscuro. Unas cuantas gotas de lo que creía que era agua acompañaron a la primera, pero el ángel ya no podía sentir nada. Su cuerpo estaba completamente rígido.

— ¡No, Pit! ¡Aguanta! ¡Aguanta!

Las piernas de Shulk ardían, envueltas en la luz azul de la Monado. A su lado, Sonic y Palutena corrían a toda velocidad, con la diferencia de que ellos no gritaban, no decían nada. Hacerlo era absurdo. El cuerpo quemado que sostenían entre los dos llevaba largo rato inconsciente. Plumas negras prácticamente calcinadas volaban por todas partes, y Shulk no pudo evitar apretar a Pit contra su pecho, aliviado de que, por lo menos, él si respirase, aunque fuera levemente.

El caos en la mansión era evidente. Ya no se trataba de un perro enfermo o de un pato desaparecido: un guerrero había sido herido de muerte, y algunos empezaron a temerse lo peor.

En el exterior, justo debajo de la ventana de los dos ángeles, una figura vestida de negro sonrió.

Todo estaba saliendo según lo previsto.