Nota de la autora: Este capítulo me ha quedado mucho más largo que los dos anteriores. De ahora en adelante planeo que todos los capítulos sean así, pero me gustaría saber vuestra opinión. Una vez más, os agradezco todas las reviews que habéis escrito. NOTA IMPORTANTE: En este capítulo hay un pequeño spoiler de los cinco primeros minutos de juego de Xenoblade: Chronicles.
CAPÍTULO 3
El detective enmascarado
— ERROR EN LA LLAMADA. DESTINATARIO NO DISPONIBLE. PROCEDIENDO A ENVIAR UN MENSAJE DE TEXTO. BIP.
— Vamos, Master Hand, por favor…
— MENSAJE ENVIADO. BIP. ÚLTIMA CONEXIÓN DEL SUJETO: HACE CIENTO CUARENTA Y CUATRO HORAS, SEIS MINUTOS Y TREINTA Y TRES SEGUNDOS. BIP.
— … Gracias, R.O.B. Puedes… eh… retirarte.
— AFIRMATIVO. PASEN UN BUEN DÍA.
Por supuesto, nadie respondió al robot, que de todos modos no hacía más que repetir las frases que estaban programas en su sistema. Marth, Link y Shulk habían intentado contactar con Master Hand utilizando el sistema de comunicación a larga distancia de la máquina, pero todos sus esfuerzos habían sido en vano: tras marcharse hacía una semana a atender unos negocios importantes relacionados con los combates, el ser apenas hacía caso a su comunicador. Parecía que todo estaba en contra de los luchadores.
Un suave toque de nudillos en la puerta hizo que los tres amigos se sobresaltasen. Era Zelda. Su palidez natural hacía destacar los oscuros cercos que ahora tenía bajo los ojos. Link se levantó con rapidez de la silla y se acercó a ella, preocupado.
— Zelda, tienes muy mal aspecto…
La princesa de Hyrule sacudió la cabeza. El pelo, que normalmente llevaba recogido en una elegante trenza, ahora le caía pesadamente sobre los hombros, mustio, descuidado. Tal y como Link había dicho, el cansancio había hecho mella en ella de una forma alarmante.
— No pasa nada, Link… Es mi deber. Ahora mismo, los únicos que podemos ayudar a Dark Pit somos nosotros. No podemos fallarle, no en este momento.
Había pasado un día desde la terrible explosión en la habitación de los ángeles, y desde entonces Zelda, Palutena y Mario habían tenido que turnarse para utilizar sus habilidades curativas para salvarlos. Las heridas de Pit eran profundas, especialmente en la cabeza, pero afortunadamente estaba fuera de peligro. Por el contrario, Dark Pit llevaba desde el momento del incidente peleando contra la muerte, con el cuerpo prácticamente calcinado y presa de un dolor inaguantable. Ni una sola pluma negra adornaba sus alas, que ahora parecían las de un monstruo de pesadilla, y su consciencia iba y venía, debatiéndose entre el sueño y la realidad.
Si lograban salvarle, ¿en qué estado quedaría su cuerpo? ¿Sería siquiera reconocible? ¿Podría volver a caminar, a reírse, a ser él? Nadie estaba seguro, pero ninguno quería rendirse.
Link comprendía esto, pero no podía evitar sentir cierta impotencia al ver el estado de su amiga. Si al menos hubieran podido contactar con Master Hand para explicarle lo ocurrido, al menos hubieran cumplido su deber, pero ni siquiera habían sido capaces de lograr eso. El Héroe se sentía absolutamente inútil.
— ¿Cómo se encuentra? — Preguntó Marth, acercándose a los dos hylianos. Shulk se colocó a su lado con los brazos cruzados.
— Estable, dentro de la gravedad de su situación. Ahora mismo Palutena está haciendo todo lo posible por curar sus heridas…
— ¿Y Pit?
La princesa sacudió una vez más la cabeza.
— Está destrozado. No entiende bien qué ha pasado. Le hemos preguntado por lo sucedido en el momento de la explosión, pero nos ha dicho que lo último que recuerda es a Dark Pit arreglando su Brazal Eléctrico. Nada más.
Shulk resopló y se pasó la mano por la cara, irritado.
— Voy a ir a ver la habitación otra vez. Tiene que haber alguna pista.
Sin embargo, Marth le agarró del hombro antes de que empezase a moverse.
— Shulk, ya hemos ido tres veces. No te tortures más, allí dentro no hay nada útil.
El huma apretó con fuerza los puños, pero no deshizo el contacto con el príncipe.
— Tiene que haberlo, Marth. Primero el dúo Duck Hunt, ahora Pit y Dark Pit… Está claro que alguien ha preparado todo esto. Mi visión de ayer lo demuestra.
— Lo sé, y te creo, pero rebuscar entre las cenizas y la sangre de esa habitación no nos va a dar la respuesta. Tenemos que encontrarla en otra parte —. Continuó el príncipe, hablando con el tono de un verdadero líder — Esta vez, más gente nos creerá.
— Además — añadió Link — ¿Y si a alguien más le pasa algo? — Miró fijamente a Zelda mientras hablaba —. No podemos permitir que esto siga así. ¿No se supone que somos héroes en nuestros mundos?
Los dos guerreros asintieron a la vez.
— Respecto a eso… — Empezó Zelda, captando de nuevo toda la atención de la habitación — Meta Knight ha empezado a investigar por su cuenta. Palutena me lo ha contado cuando ha venido a relevarme. Por lo visto, está haciendo preguntas a todos los luchadores.
Los tres se miraron entre ellos, sorprendidos por la noticia. No se esperaban que alguien más hubiese empezado a seguir su línea de razonamiento sin pararse a hablar con ellos primero. Aunque, conociendo al solitario Meta Knight, esa parecía su forma de actuar.
— Muy bien, vamos a hablar con él, entonces —. Dijo el Héroe del Tiempo — De todos modos, R.O.B. no ha sido capaz de contactar con Master Hand, así que no tiene sentido que nos quedemos aquí.
— Me pregunto por qué estará incomunicado… — Masculló Zelda al escuchar a su amigo — Es raro, ¿no os parece?
Marth se encogió de hombros.
— ¿Qué hemos de hacer? Por ahora, hemos ordenado a R.O.B. que le escriba un mensaje explicando la situación actual. Si lo lee, se pondrá en contacto con nosotros enseguida y nos dará instrucciones, así que debemos confiar en que suceda pronto.
— De momento, hagamos lo que ha dicho Link —. La voz de Shulk sonaba decidida — R.O.B. nos avisará si Master Hand dice algo. Venga, vamos.
Todos, a excepción del robot, abandonaron la sala de control. Si Meta Knight se encontraba, tal y como había dicho Palutena, interrogando a los luchadores, entonces no les quedaba más remedio que buscarle por toda la mansión. Si lograban descubrir algo nuevo, estarían un paso más cerca de encontrar una respuesta a lo que había pasado.
Lucina dejó el lirio sobre la mesita de noche. Detrás de ella, Ike miraba fijamente al ángel, que se encontraba durmiendo en la cama. Sus mejillas estaban húmedas y, a juzgar por la forma en la que se movía, el sueño que estaba teniendo no era en absoluto tranquilo.
— ¿Sabes? — Dijo la espadachina de repente. El mercenario se giró inmediatamente hacia ella —. En mi mundo, he visto a mucha gente caer en plena batalla. He visto heridas de espada más grandes que estas quemaduras, a monstruos arañando la carne de inocentes… — Su voz se quebró antes de terminar la frase. Se detuvo un momento —. Mas, desde que estoy aquí, he podido dejar esa realidad atrás. Aquí no hay sangre en los combates, no hay mutilados, no hay muertes.
Ike cruzó los brazos sobre el pecho sin apartar la mirada de Lucina.
— Lo que quiero decir — continuó la mujer — es que no entiendo por qué ha tenido que pasar esto. Creía que aquí esta clase de sufrimiento no existía…
El mercenario palmeó con suavidad la espalda de su amiga. No era muy bueno haciendo sentir mejor a los demás, pero sabía que tenía que decir algo, lo que fuera.
— Lucina, ellos son guerreros. Has conocido las flechas de Pit, los picotazos y explosiones del dúo Duck Hunt y las estocadas de Dark Pit. Ellos… — Un pequeño gemido del ángel le interrumpió. Temblaba con violencia y tenía la frente completamente cubierta de sudor. Lucina se apresuró a secarlo con un pañuelo que tenía en el bolsillo —. Ellos sobrevivirán. Estoy seguro.
La mujer suspiró, algo arrepentida de haberse mostrado así delante de su amigo. Ella sabía perfectamente que la vida y la muerte eran constantes en la vida de un guerrero, pero el tiempo pasado en la mansión junto al resto de sus compañeros le había hecho acostumbrarse a la buena vida. Tenía que volver a ser la misma persona estoica de siempre para que este tipo de sucesos no la hiciesen daño.
— Vámonos, Ike —. Dijo con firmeza. El mercenario la siguió de inmediato.
— Eres molesto. Muy molesto —. Diciendo eso, Ganondorf intentó salir de la habitación, pero un pequeño pinchazo en el muslo le detuvo. Arqueó una ceja, divertido, y se giró hacia su contrincante —. Oh, ya veo. Te gusta arriesgar la vida, ¿eh?
Meta Knight no bajó ni un centímetro la espada. Hacía falta mucho más que una simple amenaza del Rey del Mal para hacer que el guerrero perdiera la confianza en sí mismo. Ganondorf soltó una risotada.
— ¿Crees que con eso…? — Señaló la espada Galaxia con un dedo — ¿…vas a poder hacerme daño? ¡Ja!
— Si me contestas, no tendrás que comprobarlo.
— Tsk…
Meta Knight era un adversario más que digno, y Ganondorf lo sabía. Al contrario que sus compañeros de mundo, el guerrero enmascarado no emitía ese aura de ternura típica de los habitantes de Dream Land y que incluso el egoísta Dedede poseía. Las malas lenguas decían que debajo de su máscara, Meta Knight era un ser como Kirby, pero la forma de comportarse de los dos era radicalmente diferente. Cada vez que esgrimía su fiel espada o volaba con su capa, el guerrero mostraba una dignidad y una fiereza que hasta los más malvados respetaban. Por mucho orgullo que tuviese, Ganondorf era lo suficientemente inteligente como para comprender que no podía ignorar esto.
— Estaba en la biblioteca —. Su voz tenía un timbre desafiante y peligroso — ¿Tienes algún problema con eso, detective de pacotilla?
Meta Knight no se molestó en contestar al insulto, encontrando el intento de provocación de Ganondorf demasiado infantil para su gusto. Bajó la espada y comenzó a ordenar los datos en su cabeza, pensando en todos los testimonios que había obtenido hasta el momento.
— Así que, cuando ocurrió la explosión de anoche, estabas allí… — Repitió en voz baja, más para recordarlo que para confirmarlo con el gerudo. El Rey del Mal dejó escapar un "sí" entre dientes y se quedó en silencio —. Muy bien, eso es todo. Puedes retirarte.
— Ya, claro. Algún día te partiré la cara y sabrás a quién no debes darle órdenes, basura.
Con estas palabras, Ganondorf salió de la habitación… y se chocó con Shulk, que estuvo a punto de perder el equilibrio y caer de bruces.
— ¡Oh, lo siento! — Se disculpó el chico — Hemos abierto la puerta a la vez y…
— Cállate, imbécil.
El gerudo propinó a Shulk una patada en el estómago, cogiéndole completamente desprevenido. Después, sin molestarse en mirar durante más de medio segundo al chico mientras se retorcía en el suelo, continuó su camino a través del pasillo. El encontronazo con Meta Knight le había hecho enfadar de verdad y había encontrado en Shulk la víctima perfecta para desfogar su rabia.
Meta Knight se acercó con tranquilidad al elegido de la Monado mientras este trataba de recuperar el aliento. Le ayudó a incorporarse a pesar de su corta estatura.
— Me he chocado con la persona equivocada, ¿eh? — Logró decir el chico entre jadeos. Aún notaba una punzada de dolor en el estómago, pero ya se encontraba lo suficientemente bien como para mantenerse en pie — Gracias, Meta Knight.
El guerrero no dijo nada, pero observó al chico con una mirada inquisitiva.
— He venido a hablar contigo sobre la investigación que estás haciendo… — Continuó Shulk, viendo que su compañero no respondía. Entró en la sala, que no era más que un pequeño cuarto en el que se apilaban algunas revistas antiguas que casi nadie miraba, y se sentó una de las tres sillas que había disponibles —. Verás, llevo desde el principio creyendo que hay alguien detrás de estos incidentes. Me gustaría que me contases qué información has conseguido para… intentar encontrar al culpable.
Meta Knight se mantuvo a cierta distancia de él sin dejar de mirarle en ningún momento. Shulk sintió cierta incomodidad al notar esos ojos amarillos clavados en los suyos, pero se esforzó en no dejarse vencer por la sensación. Tenía que mostrarse fuerte: la ocasión lo requería.
— ¿Crees que el culpable es uno de nosotros? — La voz de Meta Knight era grave, pero no mostraba ningún tipo de enfado. Shulk se revolvió en la silla, algo incómodo por el comportamiento tan calmado del ser.
— Me gustaría que no, pero… eh… la posibilidad existe…
— Ya. ¿Entonces?
El chico se rascó la nuca, incapaz de entender a dónde quería llegar Meta Knight con esa frase. ¿No estaba claro lo que pretendían hacer Link, Marth y él?
— No entiendo qué…
— Si uno de nosotros puede ser el culpable, entonces yo también soy sospechoso. ¿Para qué quieres mi información?
Eso había dolido. Shulk estaba tan convencido de los bandos de todos sus compañeros que ni siquiera se había planteado sospechar de aquellos que eran héroes en sus mundos. ¿No era eso lo más lógico? ¿Qué sentido tenía pensar que Peach iba a hacer daño a tres luchadores, por ejemplo? Era tan absurdo que la sola idea le hacía gracia.
— Meta Knight, creo que está claro de quiénes tenemos que sospechar. Escucha —Shulk se levantó de la silla y se acercó a él a paso lento, manteniendo las manos a los costados de su cuerpo — puede que yo sea un recién llegado, pero creo que está claro qué personas son de fiar y cuáles no. Ponerte a ti entre los culpables sería como dudar de mis propios amigos.
Esa última frase le hizo sentir una punzada de dolor. Recuerdos lejanos de su vida en Bionis afloraron en su mente, algunos de ellos relacionados con traiciones. Tal vez no hacía bien dando ciertos temas por hechos…
No pudo reprimir un pequeño grito de sorpresa cuando notó un impacto en el pecho, pero a pesar de que estaba distraído sus reflejos siguieron funcionando igual, permitiéndole coger el objeto que había golpeado su jersey antes de que se cayese al suelo. Era una pequeña libreta de color negro. Levantó la cabeza y miró a Meta Knight con extrañeza.
— Querías mi información, y ahí la tienes. Si decides creer en ella o no… es cosa tuya.
— Meta Knight…
El enmascarado hizo un gesto con la mano, como intentando evitar que Shulk continuase hablando.
— En realidad, no he conseguido nada útil. Según lo que pone ahí, nadie se acercó a la habitación de los dos Pit en todo el día, al igual que nadie rondó por la sala de entrenamiento cuando desapareció el pato. Aunque, por supuesto, me faltan testimonios.
— Ya, pero eso es… lógico, ¿no crees? Nadie va a decir abiertamente que estuvo en un lugar sospechoso a la hora de los hechos: sería ridículo.
— Ridículo o no, tenía que intentarlo.
Shulk asintió mientras abría la agenda para comprobar su contenido. Nombres familiares para él aparecían a lo largo de todas las páginas, acompañados de frases sueltas que condensaban la información:
Samus Aran. 20:00 -21:00: Sala de estar. 21:00-21:30: Baño.
Falco Lombardi. 19:20-20:00: Salón recreativo. 20:10-21:30: Habitación. (Con Olimar. Preguntar después).
(…)
El problema de todo aquello era que, en realidad, mentir sobre lo que había estado haciendo cualquiera de los luchadores era extremadamente fácil, y más si se tenía en cuenta que los principales sospechosos: Ganondorf, Bowser, Dedede y Wario no solían relacionarse demasiado con los demás.
Justo cuando el chico iba a decir que tenían que trabajar duro para encontrar más pistas, un estruendo resonó en un pasillo cercano, seguido de unos cuantos gritos. A ambos guerreros no les faltó ni un segundo antes de salir a toda prisa por la puerta y correr hacia la fuente del escándalo, donde se encontraron a nada más y a nada menos que tres personas chillando.
— ¿¡Pero qué mierda es esto, tío!? — Little Mac sostenía con dos dedos sus guantes de boxeo y miraba fijamente su interior. Tenía la cara desencajada de pura rabia.
— No lo sé… ¡No lo sé! ¡Por todos los dioses! — Ike no paraba de repetir lo mismo una y otra vez mientras buscaba algo en los bolsillos de sus pantalones — ¡Deja de gritar y haz algo útil, que Lucina está sangrando!
— Esto no es nada, Ike —. Respondió la espadachina en silencio sin apartar la mirada de sus dedos. Varias líneas rojas surcaban las yemas, formando unas cuantas heridas muy aparatosas pero poco profundas —. No le des más importancia de la que tiene.
— Joder, joder, joder…
Shulk y Meta Knight se acercaron de inmediato y preguntaron qué había ocurrido. Fue Little Mac el primero que respondió, interrumpiendo a Lucina.
— Pues nada, que he ido a coger los guantes de la lavandería y vamos… Me he chocado con estos dos cuando pasaba por aquí, se me han caído, Lucina ha cogido uno para dármelo y de repente…
— ¿"De repente", qué, Mac? — Pidió Shulk, intentando no perder los nervios — ¿Qué ha pasado?
— ¡Que se ha rajado toda la mano! ¡Algún capullo ha metido cuchillas en mis guantes!
Shulk y Meta Knight intercambiaron miradas de horror, y luego se acercaron a Lucina, que mantenía la mano herida en alto.
— Sólo los cogí por los bordes, metiendo un poco los dedos en el interior. He visto espadas menos afiladas que las cuchillas de esta trampa, os lo aseguro. ¿Por qué querría alguien hacer esto…?
Ike dio un puñetazo a la pared, haciendo que todos se sobresaltasen.
— ¡Eso da igual! Ve ahora mismo a la enfermería a que te curen. Mac, ven con nosotros.
El boxeador asintió rápidamente, sujetando los guantes entre los brazos sin atreverse a tocarlos demasiado fuerte. Shulk y Meta Knight, por supuesto, les siguieron, además de por amabilidad hacia Lucina, también por la gran pista que ese par de guantes suponía para el caso.
— ¿Estás pensando lo mismo que yo, Meta Knight? — Murmuró Shulk — Esto se parece a lo que comentó Pit del Brazal Eléctrico…
— Si Lucina no hubiera descubierto la trampa, Little Mac podría haberse desangrado al ponerse los guantes —. Señaló el enmascarado. Shulk tragó saliva, horrorizado ante la crueldad del mecanismo.
Tenía que avisar a Link y a Marth cuanto antes de lo que había ocurrido. Por una vez, una víctima se había salvado.
