Nota: En este capítulo hay un poco de violencia más fuerte que en los demás, pero dentro de límites aceptables.
CAPÍTULO 6
Sangre inocente
Shulk apoyó la frente en la fría madera de la puerta. Su corazón latía con rapidez y tenía la piel de gallina, pero hizo un gran esfuerzo para intentar mantener la calma.
La primera idea que le había venido a la cabeza cuando pensó en buscar su espada había sido investigar las habitaciones de los luchadores y así lo había hecho, metiéndose en una de ellas al azar: la del Capitán Falcon. Pero no tardó en oír gritos procedentes del pasillo y, agazapado contra la puerta, el huma había podido escuchar el plan que habían propuesto Bowser y Meta Knight, además de sus intenciones de buscarle por toda la mansión para encerrarlo junto al resto de sus compañeros.
Los pesados pasos de Charizard resonaron en el pasillo, confirmándole que estaban a punto de llegar a su posición. Tenía que hacer algo, lo que fuera, para escapar de ellos sin que se diesen cuenta. Si se resistía, podían pensar que él mismo era el culpable, y eso le pondría en una situación desventajosa, pero… ¿acaso debía rendirse, entregarse, y dejar que le arrojasen sin más a una sala en la que a lo mejor había un asesino? ¡No, no podía hacer eso!
Greninja intercambió una serie de gruñidos con sus compañeros. Uno de ellos, para desgracia de Shulk, respondió en un idioma que conocía demasiado bien:
— No os preocupéis. Me concentraré: sentiré su aura.
Lucario. Daba igual cuánto se ocultase ante los ojos de sus perseguidores: los poderes del Pokémon Aura le permitirían localizarle con extrema facilidad, incluso a través de las paredes. Shulk se mordió el labio con tanta fuerza que estuvo a punto de hacerse sangre, y empezó a mirar hacia los lados, desesperado.
La habitación de Falcon estaba desordenada, llena de trofeos, trajes tirados por el suelo, réplicas de su casco y unos cuantos pares de guantes chamuscados. Ni rastro de la Monado y ni mucho menos de algo sospechoso relacionado con el crimen. La única salida, además de la puerta principal, era el balcón, al igual que ocurría en su habitación. Hasta donde el huma sabía, todos los dormitorios de la mansión, incluso los dobles, estaban construidos siguiendo la misma disposición.
Pero si saltaba por la ventana, sería como admitir que era culpable. Fuera llovía, así que era ridículo pensar que Falcon se la hubiera dejado abierta de forma natural, y los tres Pokémon sabrían que habría salido fuera para escapar de ellos. Él mismo sospecharía si se encontrase ante esa situación…
Fuera de la habitación, Lucario cerró los ojos y extendió los brazos, tratando de reunir la concentración necesaria como para poder visualizar el aura de los seres vivos que le rodeaban. Un halo azul envolvió su cuerpo, y poco a poco, solo ante sus sentidos, el mundo se llenó de una gran corriente de energía vibrante que manaba de cada uno de los seres vivos que le rodeaban.
Charizard, Greninja… Ambos tenían auras tan poderosas que impedían que notase con claridad todas las demás. La acumulación de personas en la parte de atrás del pasillo tampoco ayudaba.
Pero tenía que esforzarse al máximo. Lo sabía, era consciente de ello. Los músculos de sus brazos, que aún mantenía en alto, se tensaron. Visualizó hilos de colores que se entremezclaban en su mente, como cuerdas que le guiaban hacia todo aquello que poseyera una vida. Lo único que tenía que hacer era buscar una de ellas, dejar que destacase entre las demás. No era fácil, pero un Pokémon de su nivel tenía que ser capaz de hacerlo.
Un hilo rojo, ardiente. El de Charizard. Otro de un tono azul pálido casi imperceptible. Greninja. ¿Qué más había su alrededor? Podía notarlo, tenía que hacerlo…
Un hilo morado. Y uno verde. Y otro gris. Pero del primero, apenas quedaba nada… Un aura agonizante de alguien que luchaba por seguir manteniéndose con vida a cada segundo.
Lucario arremetió hacia delante con violencia, haciendo uso de su Velocidad Extrema. Su destino: la habitación de Fox McCloud, que se alzaba a unos pocos metros de distancia.
— Traed a Mario. Meta Knight lo entenderá.
Pero en el fondo de su corazón, Lucario sabía que se estaba engañando a sí mismo. Los rápidos pasos de sus dos compañeros resonaron a su espalda, mostrando su voluntad de actuar con la mayor rapidez posible. Ellos no podían ver lo mismo que el Pokémon Aura, pero conocían a su amigo lo suficiente como para saber que su criterio era de fiar.
Sin perder ni un segundo, Lucario abrió la puerta. Su expresión, siempre fría como el hielo, no se alteró ni un ápice, en parte porque ya intuía lo que se iba a encontrar en el interior. Y, con todo, un pinchazo de desesperación inundó su cuerpo.
Porque ante sus ojos, sobre el suelo encharcado en sangre de la habitación, ese pequeñísimo hilo morado que representaba la vida… desapareció. El pato no llegó a emitir ninguna clase de sonido, y probablemente ni siquiera había sido capaz de entender que Lucario había entrado en la habitación a tiempo de ver sus últimos segundos. Su corazón ya no latía.
Cuando Meta Knight y Mario llegaron, acompañados de Greninja y Charizard, no pudieron evitar querer apartar la mirada del terrible estado del cuerpo.
Lucario se limitó a sacudir la cabeza.
— Heridas de desgarro… — Musitó Meta Knight cuando, tras unos momentos, finalmente decidió acercarse al cadáver — Esto es…
Charizard dejó escapar un quejido. Sus ojos estaban inundados en lágrimas. Lucario le miró fijamente y luego clavó la vista en el suelo, incapaz de responder a la pregunta que su compañero de tipo Fuego le había hecho y que sólo él y Greninja podían entender.
"¿Ha sufrido mucho?".
El cuerpo del pato estaba destrozado, como si le hubieran clavado cinco punzones afilados. La respuesta era bastante obvia, y aún así, Charizard esperaba ingenuamente que alguien le sacase de esa idea… Era inútil y una forma de engañarse a sí mismo. Por eso, Lucario se mantuvo en silencio. Nunca le había gustado mentir y no empezaría en ese momento.
Mario, por su parte, observaba el cuerpo en silencio. Todo el júbilo que había demostrado al lograr salvar a Palutena se había marchitado.
— Greninja — Llamó Meta Knight — Llévate a Mario con los demás.
El fontanero no hizo ningún esfuerzo por resistirse, pero el Pokémon le agarró con fuerza y lo condujo fuera de la habitación a empujones, probablemente por precaución. Pronto, los tres luchadores se quedaron completamente solos.
A los pies de la cama yacía el cadáver sobre un charco de su propia sangre. Sin embargo, lejos de lo que cabría esperar en una verdadera escena del crimen, el resto del cuarto estaba perfectamente ordenado, sin nada fuera de su lugar. El único detalle que llamó la atención de Meta Knight fue puerta del balcón. La cortina que lo cubría estaba desplazada ligeramente hacia delante, como si hubiera algo pequeño oculto detrás. El guerrero abandonó su sitio al lado del pato y avanzó, Galaxia en mano, dispuesto a descubrir otra sorpresa desagradable detrás de la tela.
No la había. La cortina tenía ese aspecto porque alguien había cerrado mal la puerta del balcón, enganchando una de sus esquinas.
— Hmm…
Daba la impresión de que habían cerrado la puerta rápidamente, pero aparte del problema con la cortina, no había ninguna marca sospechosa.
— Estaba vivo cuando llegué, pero… — Comenzó Lucario, aunque se detuvo en seco antes de terminar la frase, sacudiendo con fuerza la cabeza, enfadado consigo mismo por no haber podido ser más útil — ¿Sospechas de Shulk?
— Sospecho de todos, Lucario. Pero yo me encargaré de encontrarle.
Mientras hablaba, Meta Knight accionó el picaporte, abriendo la puerta de cristal. Pero su destino no era el balcón, sino el tejado.
La puerta entreabierta era una pista fundamental, casi parecía decir a gritos que el asesino había escapado por allí… Y desde la segunda planta de la mansión era muy fácil subir al tejado con un poco de agilidad. Absolutamente todos los luchadores podían hacer algo como aquello sin muchos problemas.
— Quedaos al cargo de la habitación. No os mováis de aquí.
Meta Knight extendió sus alas ante el Pokémon Aura, que se limitó a asentir, obediente. No le llevó más de unos segundos elevarse hasta las tejas, convertidas en una cascada resbaladiza por culpa de la lluvia. El frío era atroz y el jardín estaba cubierto de una espesa niebla que casi parecía de otro mundo, pero Meta Knight no se dejó amedrentar. Mantuvo la espada en alto, preparándose para cualquier tipo de ataque sorpresa, y comenzó a caminar por el tejado.
Un crujido resonó bajo sus pies, y cuando bajó la mirada para descubrir la fuente, encontró una ristra de tejas rotas que se extendía a lo largo del techo de la mansión. Era la prueba inequívoca de que no se equivocaba: alguien había utilizado el tejado para caminar recientemente. El patrón lo indicaba.
El normalmente impasible guerrero sintió cierta emoción. Estaba un paso más cerca de encontrar al asesino, de terminar con aquel mal sueño que se había cobrado la vida de dos compañeros. Apretó la empuñadura con fuerza entre sus dedos.
Esa noche se haría justicia. Lo juraba por su propio honor de guerrero.
Meta Knight siguió el rastro de tejas rotas. En algunos momentos desaparecía y en otros se hacía más acusado, como si el asesino se hubiese visto obligado a hincar las rodillas o a pararse completamente a mitad de camino.
El tejado había sido un punto clave para llevar todo el plan a cabo. Era una manera tan fácil de moverse de un lado a otro de la mansión sin ser descubierto… El guerrero enmascarado sintió cierta vergüenza por no haber pensado en ello antes.
El tacto era frío, pero inconfundible. A fin de cuentas, en su mundo también había armas de fuego.
Shulk levantó las manos despacio por encima de la cabeza, intentando parecer lo más cooperativo posible. El cañón del arma empujó su nuca bruscamente, haciéndole daño en el cuello, y aún así, no se movió. No quería darle motivos a aquel extraño para disparar.
No aún, que no tenía ninguna forma de defenderse.
— Métete en el armario — Susurró aquella voz grave. Le sonaba, Shulk estaba convencido de que la había oído en alguna parte, pero no lograba ubicarla… — Una sola tontería y te vuelo la cabeza.
El huma quería gritar. Sabía que Charizard, Lucario y Meta Knight estaban en una habitación cercana. ¡Les había oído, lo sabía! Pero incluso un guerrero como él, un verdadero héroe, no podía hacer nada con un arma apuntándole directamente a la base del cráneo. Si hablaba, moriría. Si hacía un movimiento en falso, también.
Era jaque mate. No podía hacer más que obedecer.
Lentamente, abrió la puerta de madera. El armario del Capitán Falcon estaba lleno de ropa, pero aún así había espacio de sobra para una persona de tamaño medio, hasta el punto de poder colocarse cómodamente.
Shulk hizo lo que le habían ordenado y entró dentro del cubículo. Su sorpresa fue mayúscula cuando el extraño le instó a moverse hacia un lado empujándole con el arma. Prácticamente le estampó la cabeza contra la esquina, apretándole contra ella de tal manera que le crujió la nariz.
Su captor había entrado con él dentro del armario.
— Ahora, calladito —. El huma sintió cómo se le revolvía el estómago al notar el aliento de su agresor tan cerca de su oreja. Estaba prácticamente encima de su espalda, sin aflojar ni por un mísero momento la presión del arma — Y no intentes moverte.
Patético. Era todo tan absurdo y patético… Había pasado por tanto a lo largo de su vida, y ahora sentía miedo. En un espacio cerrado, oscuro y claustrofóbico como en el que se encontraba, la única realidad era la frialdad del arma que amenazaba su vida en todo momento. Y lo peor, lo que más le dolía a Shulk, era comprender que si no le había matado aún era porque le resultaba desventajoso, pero no por otro motivo.
Había perdido. Sus ansias de investigar, y después, su cobardía ante la idea de tener que explicar por qué había decidido actuar en solitario, le habían llevado a la situación en la que se encontraba.
Pero no se lo mostraría a ese sucio asesino. Antes, muerto.
Había tantas tejas rotas que elegir el camino adecuado resultaba complicado. Meta Knight, siguiendo su instinto, decidió tomar el más alejado de la habitación de Fox, pensando que era la opción más lógica para el asesino. Esto le alejaba por completo de los dormitorios y le permitía acercarse a un ala completamente diferente de la mansión, cerca de la biblioteca.
Finalmente, el guerrero acabó justo encima de la ventana de uno de los pasillos. Utilizando sus alas con algo de dificultad a causa de la lluvia, intentó arrastrar hacia un lado una de las láminas de la ventana, abriéndola. Nunca le ponían el seguro, y ahora empezaba a lamentar las consecuencias de una acción tan despreocupada.
El pasillo que tan apacible le había parecido durante todos esos años ahora se le antojaba amenazador, como si en cada esquina acechase un peligro. Pero no le importaba, porque estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones.
Meta Knight cerró la ventana con rapidez y se acercó a la primera puerta que vio. La abrió con violencia, manteniendo la hoja de su espada por delante de cuerpo anticipándose a cualquier atacante que pudiera estar escondido en la habitación. Nada.
Encendió la luz y se encontró ante un ordenador de tamaño considerable, muy parecido al de la sala de control. Este, sin embargo, estaba destinado a almacenar datos sobre los luchadores de todos los torneos que habían tenido lugar hasta la fecha.
A decir verdad, poca gente entraba en la habitación, por no decir nadie. Pelear era una forma mucho más adecuada de conseguir datos de un rival, y a nadie le interesaba la vida privada de los demás hasta el punto de tomarse la molestia de buscar su ficha.
Y precisamente porque Meta Knight sabía esto, se extrañó al ver un pequeño detalle. El ordenador estaba encendido, a pesar de que alguien había desconectado la pantalla. Master Hand les había pedido hace poco, viendo el poco éxito del archivo, que lo apagasen después de utilizarlo para no gastar energía innecesariamente…
Movido por el instinto, Meta Knight pulsó el botón del monitor. Rápidamente, una ventana de colores dándole la bienvenida se mostró ante sus ojos, y después, un registro de las últimas fichas que se habían visitado en los últimos días.
El corazón le dio un vuelco.
Absolutamente todas las fichas de los recién llegados habían sido visitadas no una, sino cientos de veces en las últimas semanas.
Duck Hunt. Dark Pit. Little Mac. Palutena. Ahora lo veía claro.
— Shulk…
Sin molestarse en apagar la pantalla, Meta Knight sobrevoló la habitación hacia la salida.
Alguien quería librarse de los nuevos a cualquier precio, y el huma podía ser su próxima víctima.
Por supuesto, lo que no sabía Meta Knight es que el asesino había conseguido dar con su objetivo…
Nota de la autora: Me gustaría darle las gracias a todos los que han comentado hasta ahora, además de a Annimo Vago y a malfo, a los que no he podido responder por mensaje privado por ser anónimos.
Annimo Vago: Caray, es agradable leer esa clase de halagos, así que muchísimas gracias. Respecto a lo que has sugerido, lo cierto es que hay un motivo de peso para que no salgan personajes que ahora mismo no están en el plantel de Smash Bros., pero es mejor esperar a que se desarrollen los acontecimientos para ver qué ocurre.
malfo: Me alegro de que te guste.
Siento el retraso que he tenido al publicar este capítulo, pero sigo ocupada. Ya estamos a punto de acabar, así que a ver qué tal. ¡Nos leemos!
