Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Rumiko Takahashi. Esta historia está escrita con el único fin de entretener.

Nota: fanfic escrito en conjunto con Morgaine la Chistera.

Advertencias: lenguaje vulgar, referencia a temas adultos y sexuales.


Bankotsu y Kagura

Kagura sonrió con malicia mientras agitaba la hoja de papel frente a ella, mirándola como si se tratase de alguna especie de manjar exquisito, y en cierta forma, lo era. Ese papel aún en blanco, próximamente plagado de sus palabras, propuestas y promesas, la llevaría a más de un manjar que le hacía agua la boca y despertaba ese oscuro bichito de ambiciosa lujuria dentro de ella.

Le echó un vistazo al abismal y oscuro agujero que se hundía en el centro del Monte de las Ánimas y frunció el ceño. Ahí abajo, en las profundidades de aquella montaña purificada hasta el hartazgo, se gestaban lo que en ese momento era lo más cercano a la entrada del mismo infierno.

Naraku estaba ahí desde hace varios días, haciendo quién sabe qué cosas, mientras ella se veía forzada a quedarse atrapada en esa serie de balcones cilíndricos para vigilar y ser vigilada, pero sobre todo para evitar morir en la atmosfera penetrante y pura que impregnaba toda aquella estructura rocosa que protegía al mismo demonio en persona.

Toda una aventura, podrían decir algunos, pero Kagura estaba por suicidarse del aburrimiento y eso era poco, así que se había visto forzada a dar pequeños paseos sin gracia, aunque relativamente peligrosos, fuera de la guarida que en ese momento compartía con su amo. Sólo pudo salir apenas fuera de las entradas de las cuevas, que a cada paso formaban rebuscados e intrincados pasillos por la piedra húmeda y pálida. Fue en una de sus salidas donde lo conoció, al nuevo matón de Naraku y líder de la banda de mercenarios más siniestra y demencial que había pisado la región: Bankotsu.

Si bien, lo primero que hicieron fue enfrascarse en una lucha de habilidades hipócritamente mortales y afilados comentarios disfrazados de coquetería, Kagura no era tonta. Se había dado cuenta de la atracción que despertó al instante en aquel humano resucitado, sobre todo luego de saber que el pobre diablo había pasado quince años sin ligar* por estar, bueno, lógicamente muerto.

No es como si estando muerto le sirviera mucho su cosita para ciertos tipos de acción, o los muertos fueran la cosa más animada del mundo, sólo había que ver a Kikyō. Sin contar que Kagura estaba consciente de que algunos humanos tenían cierto fetiche por la fantasía de tener intimidad con una mujer demonio.

Kagura tampoco pudo negárselo a sí misma. El tal Bankotsu era atractivo con esa piel morena que tenía, el largo cabello trenzado que le daba ese curioso contraste con su masculino rostro, sus cejas pobladas y los hombros anchos, adornándolo todo con esa sonrisa de poder comerse al mundo de un mordisco.

Oh, bueno, ¿qué podía decir para defenderse? Le daba un no sé qué, qué sé yo por los hombres que mostraban tal confianza en sí mismos y que se la daban de muy malotes… exceptuando a Naraku. Aunque tampoco era ciega, Naraku era guapo, pero su personalidad la repelía, sin contar que era su secuestrador y no era el amo más amable y gentil del mundo. Sin embargo, Bankotsu era otra cosa. Le había agradado su sonrisa de patán demente y esa coquetería descarada con la cual la había abordado sin pudor, cosa por la cual se había ganado unas cuantas cuchillas que él rechazó con su enorme alabarda y una agilidad casi inhumana para manejar semejante artefacto.

Enorme alabarda. ¡Otro hombre con complejo de inferioridad tratando de compensarlo con largas espadas y armas! Ahí tenía a Inuyasha con eso de hacer más grande y poderosa su espadota, a Naraku con sus jodidos tentáculos y hasta Sesshōmaru con robarle la espada a Inuyasha y, al parecer, con una extraña afición por coleccionarlas. Y ahora el tal Bankotsu con su alabarda marca llorarás.

Nomas Miroku se salvaba de esos complejos (con todo y sus mañas). ¡Hasta el lobo pulgoso ese que casi mató en dos ocasiones! Al menos el rabioso de Kōga le tenía confianza a sus propias garras y fuerza bruta, aunque en sí fuera un verdadero bruto (aunque, bueno, eso de los fragmentos y la rapidez no le daba muy buena fama a ojos femeninos…)

—Bueno, Bankotsu es hombre, algún defecto debía de tener, ¿no? —susurró Kagura, insidiosa, mientras se recostaba boca abajo con el papel extendido frente a ella en el suelo y el pincel embardunado en tinta negra, disponiéndose a escribir.

Kanna, a unos pocos metros de distancia y sentada contra la pared, con su espejo en el regazo, observaba impasible a su hermana posicionándose como toda una adolescente enamoradiza a punto de escribir en su diario íntimo. Y la idea no era nada errada.

Si alguien a quien debía agradecerle esa idea tan descabellada, era a Naraku. Con eso de la estúpida carta de amor que le envió hace un tiempo, le había dado la idea de que posiblemente, esa clase de cosas pudieran funcionar con ciertas personas y en circunstancias especiales (especialmente desesperadas, por supuesto). Puede que no con ella, pero Kagura era una chica, y una chica consigue más fácilmente las cosas si sabe utilizar sus cartas y sabe lo que los hombres buscan y manipularlos, sobre todo tratándose de hombres descarados como Bankotsu con un serio problema de adicción a la adrenalina, porque eso de ligarse a la hija del jefazo era todo una clásico y una inyección de energía pura.

Por no decir que el asunto se volvía más turbio porque Bankotsu, cuando se lo encontró un par de veces más por ahí y no intentaron matarse mutuamente (no tanto), le dio a entender que, sospechaba, ella era la amante de Naraku.

Eso de follarse a la supuesta hija y amante del jefe era bastante enfermo desde el principio, si lo analizaba con la cabeza fría, pero la opinión de los demás no era algo que le quitara el sueño a Kagura. Sabía que con Bankotsu tenía el viento a su favor.

Le escribiría la carta de amor confesándole sus intenciones con él, y las cosas que esperaba que hiciera por ella a cambio de un buen precio que estaba más que dispuesta a pagar.

Kagura sabía lo que Bankotsu buscaba de ella: follársela, básicamente. Si era sincera consigo misma, el espécimen de macho ese no estaba tan mal. De hecho no estaba nada mal. Si bien nunca había tenido oportunidad de intimar con un hombre y su vida era precaria (ni por mucho que Naraku la dejara tener citas), ¿por qué no probar con el humano ese antes de morir, o de que al pobre idiota lo mataran? Ambos se gustaban, simple y sin dramas.

Y eso era lo más básico y sencillo de aquello que había, vagamente aún, entre ellos, pero que era tan intenso y penetrante como sólo es la atracción más primitiva. Además del sexo, había intereses propios en cada uno mucho más complejos que eso.

Kagura necesitaba desesperadamente un aliado que la ayudase a ser libre y matar a Naraku. Hace tiempo que había aceptado que sola no podría, era imposible y un suicidio, y aunque la esporádica "ayuda" de Sesshōmaru o los avances de Inuyasha y su grupo, o las tretas y conflictos que causaba Kikyō, también ayudaban indirectamente a liberarla de las cadenas de su opresor, necesitaba un aliado más cercano, alguien que estuviera dentro del mismo bando.

Traidores en la misma casa, típico. Bankotsu era un buen prospecto para eso. Ideal, incluso.

Se supone que era el matón de Naraku, pero por lo que había entendido las veces que había charlado (y coqueteado con él), parecía que el mercenario estaba bien consciente de que aunque ganara, Naraku ni de cerca lo dejaría quedarse con los fragmentos que lo mantenían con vida. Si Bankotsu quería vivir, tenía que matar a quien lo resucitó. Si Kagura quería ser libre, también debía matar a Naraku. Ambos estaban montados en el mismo barco, y la tempestuosa marea los acercaba cada vez más para luchar juntos contra aquello que amenazaba sus vidas.

¡Era todo el maldito paquete completo! La estrategia era simple e incluso poco original, pero siempre daba resultado. Con Bankotsu irremediablemente atraído hacia ella, era más fácil convencerlo de ayudarla como su amante. Si tenía que ser su linda mujer amada por una temporada para que le cortara la cabeza a Naraku, lo haría gustosa y con una sonrisa malévola en los labios. No es como si le molestara del todo. Bankotsu era apuesto, le gustaba y se lo quería tirar; era fuerte, un buen aliado y de paso se podía sacar la virginidad de encima que tan poco iba con esa sensualidad que desbordaba a cada paso y contoneo de caderas.

Con Sesshōmaru tampoco hubiera estado mal, pero el maldito hombre era tan estirado que Kagura a veces no sabía qué pensar, y por ahora lo más cercano y efectivo que tenía, era a Bankotsu.

Oh, vaya, ¿quién lo diría? ¡Bankotsu era el mejor hombre que había conocido hasta ahora! Al menos el tipo la deseaba y no la trataba como basura, y estaba segura de que era capaz de cortarle la cabeza a Naraku para quedarse con la que él creía era su mujer, y de paso la vida, ¡e incluso había logrado hacerla reír con sus estúpidas bromas de galán de quinta categoría!

—Kanna, muéstrame a Bankotsu —Aún mantenía la sonrisilla ladina en sus labios, y ante la órden de su hermana, la niña obedeció sin mucha demora, enfocando de inmediato la imagen del guerrero en la superficie de su espejo.

Para sorpresa de la hechicera de los vientos, se encontró la imagen de Bankotsu dándose un buen baño en un lago, seguramente para quitarse toda la sangre, sudor y tierra de encima, mientras se desataba el cabello con algo de brusquedad.

Vio atenta la imagen y abrió los ojos de par en par al tiempo que se ruborizaba violentamente, súbitamente mareada por un pudor sin sentido. Esperaba ver a Bankotsu en plena lucha, haciendo gala de sus habilidades y fuerza, pero la imagen que tenía ahora mismo de él no le era nada desagradable.

O sea, el tipo estaba en pelotas, y Kagura sabía apreciar unos buenos músculos trabajados cuando los veía.

Mejor, le servía para inspirarse. Y debía aprovechar la inspiración, así que sin perder el tiempo comenzó a escribir su propia carta de amor, segura de que surtiría el efecto deseado.

"Querido Bankotsu,

Sabes que soy directa para hablar, sin rodeos, así que te diré las cosas que he pensado con respecto a lo nuestro, y sobre todo con las cosas en las cuales ambos nos podemos ayudar mutuamente. Estoy segura de que te gustarán.

No creas que no me he dado cuenta de cómo me ves y lo que piensas cuando lo haces. Dudo mucho que te sientas avergonzado por eso, de hecho, creo que era lo que pretendías que yo entendiera, ¿o me equivoco?

Como sea, debo decirte que no estás nada errado, querido.

Quiero proponerte algo: quiero que le cortes la cabeza a Naraku por mí. Quiero que traigas su cabeza cercenada ante mí; si quieres ponla de trofeo en la sala de tu casa, pero quiero la maldita cabeza de Naraku.

Dirás que qué tipa más atrevida, ¿por qué harías eso por mí, por una mujer a la que apenas conoces? Fácil, sé muy bien, y sé que sabes, que Naraku ni en un millón de años tiene pensado dejarte esos fragmentos con los que te mantienes con vida, tú y tus compañeros. Serías muy idiota si crees que piensa cumplir su parte del trato aunque acabes con los enemigos de él. Tienes que matarlo o él te matará a ti, y sinceramente no quiero que mueras. Me sirves más estando vivo que muerto. Mucho más de lo que crees.

Y es que no le voy a la necrofilia, si sabes a lo que me refiero… (aunque técnicamente sí estás muerto, pero en fin. Supongo que no se puede tener todo en esta vida).

De igual forma, en mi situación también necesito a Naraku muerto. Sé que eres lo suficientemente fuerte (joder, eso espero) como para matar a ese malnacido. Hazlo por mí, ¿sí? Te recompensaré.

Sí, sí, te pienso recompensar con sexo rudo, salvaje y desenfrenado, maldito degenerado. Para qué hacerle al cuento.

Sé muy bien que quieres follarme desde el primer momento en que me viste. A que es toda una aventura eso de tirarse a la hija del jefe, y no te diré si soy o no la amante de Naraku, piensa lo que quieras. Pero te aviso de una vez que no estoy dispuesta a que me compartas con Naraku en un trío. ¡Sé que te pasó por la cabeza!

En fin. Como te decía, sé que buscas intimidad conmigo. Es lógico, te gusto, es lo que tiene ser tan guapa, modestia aparte, y sé que estuviste muerto quince años, es decir, quince años sin ligar.

Debes estar que explotas y con las pelotas azules. Pero yo puedo arreglar eso. Te lo aseguro, Bankotsu, haré lo que quieras gustosa, cumpliré tus fantasías más perversas, todo con una sonrisa en los labios. No es como que me moleste, eres un buen espécimen. Medio idiota y sinceramente te falta algo de cerebro, pero bueno. Eres hombre y algún defecto debías de tener.

Por ejemplo, ser hombre, para empezar, ¿pero qué se le va a hacer?

Eso sí, nada de encadenarme mientras follamos. Naraku ya me tiene podrida con eso de las cadenas y los tentáculos.

No estoy insinuando que él y yo… ¡bah, piensa lo que quieras, imbécil!

Y también, nada de querer que me quede contigo por siempre ni acompañarte en tus viajes de cacería y matanza con los estúpidos de tus amigotes. Que no se te olvide que lo que busco, principalmente, es mi libertad, el sexo es sólo un bono para ambos. Yo no pienso hacer de sirvienta con ellos, ni mucho menos hacerles de comer o lavarles la ropa. Ya bastante tengo que aguantar con el psicópata que tengo en casa y sus estúpidas órdenes.

¡Y mucho menos se te ocurra compartirme con ellos! (aunque Suikotsu no está nada mal… incluso Renkotsu…)

No hagas caso a eso último. Juro que eres el único y el primer hombre en mi vida.

¡En serio, no miento, aunque me veas toda sensual!

En fin, espero tu respuesta. Tráeme la cabeza de Naraku, quédate con tu vida, y yo te daré eso que tanto deseas de mí.

PD: puede que sí acceda a hacer un trío contigo y Suikotsu, si quieres incluye también a Renkotsu. Total, qué más da.

PD: ni se te ocurra pedirme tener sexo antes de que mates a Naraku. Músico pagado por adelantado, toca mal son.

PD: espero pienses en mí mientras te bañas.

Siempre tuy…

(¿Por qué todas las cartas tienen que terminar así?)

Kagura"

La hechicera de los viento vio la carta finalizada frente a ella y sonrió, satisfecha con el resultado. Estaba segura que serviría más de lo que podría imaginar. Su carta y el tono de la misma pondrían como loco a Bankotsu y más que nunca animado para matar a Naraku. Así es como lo necesitaba, animado en todos los sentidos. Porque vamos, era sincera, eso de pagarle con sexo no le molestaba nada. Lo que sí sabía es que si le daba cacao a Bankotsu antes de matar a Naraku, lo más probable es que perdiera el interés en ella, o en gran parte, o puede que no. Con los hombres no se puede saber y todo podía pasar, y Kagura no se podía confiar de los "buenos sentimientos" que pudiera tener un sádico asesino que mataba por dinero como Bankotsu.

En fin, debía ponerle precio a su propia perla sagrada.

Llámenla zorra, le daba igual, ¿qué tenía de malo querer buscar libertad y un orgasmo en un dos por uno? Ella sólo tomaba sus precauciones, que los hombres fueran unos primitivos que se volvían locos por hundir sus pequeños y patéticos amiguitos en cuanta mujer vieran, era otra cosa. Si era necesario, tendría que usarlo a su favor y no andaría con remilgos ni arrepentimientos luego.

Eso la llevó a pensar en la posibilidad, puede que no tan remota o imposible, de si sería capaz de revolcarse con Naraku a cambio de su libertad… lo pensó una, dos y tres veces, y al final se dijo que no, ¡definitivamente no! Ahí sí estaba segura de una cosa: Naraku la mataría tarde o temprano, así se la follara cuántas veces quisiera. Era un trato con maña. Convertirse en amante de Naraku, ahora sí, sería únicamente por amor al arte.

Kagura se volvió hacia Kanna y enfocó la vista en la imagen que aún se mostraba de Bankotsu, pero los colores se le subieron al rostro y la dejaron roja hasta las orejas cuando, esta vez, luego de estar tan concentrada en su carta, se encontró al mercenario haciendo cierta cosa con su amiguito y la mano derecha, muy concentrado en su propia tarea de ocio; diversión solitaria y privada.

Se quedó observando la imagen tan intensamente, que creyó que la fuerza de su mirada traspasaba el cristal demoniaco del espejo. Casi se podía imaginar al mercenario abriendo los ojos y mirando a través del reflejo mientras decía: "eh, nena, ¿gustas echarme una mano?" y se sonrojó aún más de lo que ya estaba.

Nunca había visto una cosa de esas en persona, pero de algo sí podía estar segura ahora: eso de la enorme alabarda no compensaba ningún complejo de inferioridad en Bankotsu (puede que la falta de cerebro, pero no de la cabecita de abajo).

Ahora que lo pensaba, la última posdata de la carta iba perfecta con la escena que presenciaba en esos instantes. ¡Qué coincidencia! Hasta eso le dio ciertas esperanzas de que las circunstancias se confabularían a su favor y que ahora más que nunca el viento soplaba sólo y únicamente por y para ella, aunque fuera sencillamente una tontería.

Lo único que necesitaba es que el idiota de Bankotsu se mantuviera con vida. ¡Eso sería lo difícil, sobre todo con lo cabezota que podía ser!

Kagura desvió la vista antes de ver cómo Bankotsu terminaba su trabajito, y quiso creer que pensaba en ella mientras hacía eso. ¡Aish, qué loco, qué romántico!

Aunque, ciertamente, si llegaba el momento en que Bankotsu efectivamente matara a Naraku y ella tuviera que "pagarle", no tenía mucha idea de qué hacer, y probablemente lo primero que le podría pasar sería ruborizarse, y que encima le diera algo de risa la cosa peluda y animada de Bankotsu entre sus piernas apuntando hacia ella, pidiendo cariñitos y atención, pero bueno, siempre podía aprender. Además, era una chica de ideas perversas, que ni creyera el muy idiota que la tendría en el papel relativamente pasivo que le dio a entender en la carta, que en parte era mentira y en parte verdad.

Eso de ser creación de Naraku tenía su tema, ciertamente.

Para darle un toque de coquetería irresistible a la carta, inspirada también por la imagen que recién había presenciado, remató dándose un rápido retoque de tintura roja en los labios y estampó un beso sobre el papel doblado, como una sugerente invitación enmarcada por la forma perfectamente delineada e intensamente granate de su boca. Luego le extendió la carta a Kanna y le dijo que, en cuanto se encontrara con Bankotsu, se la hiciera llegar.

Ah, la hermanita alcahueta… nunca fallaba.

Ahora más que nunca se sentía como una adolescente tonta a la cual no dejan tener novio.


Bankotsu alzó ambas cejas en exacerbada muestra de sorpresa. Aquello era realmente inesperado, así que su boca poco a poco fue formando una "O" mientras Renkotsu le leía la carta en voz alta y clara. Cuando vio a Kanna llegar con una carta de parte de Kagura, junto a un coqueto beso de ella estampado sobre el papel, enseguida supo por dónde iba la cosa, pero sin saber leer ni escribir, no podía ni de cerca entender lo que decía, así que se vio forzado a pedirle a Renkotsu que se la leyera por él.

El mercenario leía con parsimonia cada palabra plasmada por Kagura sobre la hoja sin mostrar mayor sorpresa, intentando mostrarse impasible ante la clara propuesta de la descarada mujer, aunque de vez en cuando alzaba una ceja, y no pudo evitar alzar ambas cuando vio su nombre mencionado, dos veces, casi al final de la misiva.

No es que se volviera loco por las chicas, a diferencia de sus hermanos, pero debía admitir que Kagura no estaba nada mal. Y bueno, ya había traicionado a Bankotsu un par de veces, qué más daba si también le quitaba a la chica. Además, Kagura le caía bien. La consideraba una traidora como él. No es que fuera exactamente la mejor de las virtudes o algo de que presumir, pero sin duda esa mujer tenía un temple de acero para aguantar a Naraku, sin contar que entre villanos es bien sabido que no hay santos.

Bankotsu, con el ego elevado hasta los cielos, se recargaba cómodamente contra un árbol, en su pose idiota de macho alfa y una sonrisa sardónica en los labios, pensando ya en todas las maldades que le haría a Kagura y pensando, sobre todo, en cómo carajos matar a Naraku para conseguir a la chica, y por supuesto, la garantía de su vida. De vez en cuando, luego de escuchar alguna frase sugerente o descarada propuesta, los demás chicos alzaban vítores o sonreían perversamente, sobre todo Suikotsu, aunque Jakotsu tenía una cara de asco que no podía con ella y escuchaba la carta muy a fuerzas, nomas porque también incluía el complot de asesinar a aquel que los había resucitado y, aunque no le gustara y la carta estuviera dirigida a su hermano Bankotsu, todo ese asunto también le concernía. Sin contar que le daba grima eso de matar a Naraku, a quien Jakotsu consideraba un excelente partido, ¡encima por una mujer! Pero en fin… era Bankotsu quien mandaba.

Una vez que Renkotsu terminó de leer la carta, Bankotsu se sonrió aún más y todos los ojos de sus compañeros se posaron, casi acosadores, sobre él.

—Y bien, hermano, ¿piensas aceptar la propuesta de esa mujer? —preguntó Jakotsu con recelo, arrugando un poco la nariz y apretando más los brazos cruzados sobre su pecho.

—¡Pero por supuesto que sí, joder! Kagura me ofrece un muy buen trato —exclamó despegándose un poco del árbol, claramente animado—. Vamos, chicos. Todos sabemos que Naraku no nos dejará quedarnos con nuestros fragmentos aunque exterminemos a Inuyasha y todo su maldito grupo. Eso sólo nos deja una opción: cumplimos con nuestro trabajo, fidelidad a aquel que nos revivió, pero luego lo matamos, nos quedamos con nuestras vidas y fragmentos, y de paso yo me quedo con la chica.

—¿Eso es fidelidad? —inquirió Renkotsu, alzando una ceja mientras le entregaba la carta a Bankotsu.

—Bueno, pues sí. Situaciones desesperadas merecen medidas desesperadas.

—Querrás decir que tú estás desesperado por tirarte a Kagura —bromeó Suikotsu cruzando los brazos, al tiempo que Bankotsu se encogía de hombros haciéndose el tonto.

—Quince años sin ligar, eso es mucho tiempo, chicos. Se aparece esta mujer fatal, ¿y en qué quieren que piense? ¡A la mierda Naraku! —Le dirigió una traviesa mirada a Suikotsu y sonrió—. Además, ni empieces a pelear, Suikotsu. Ella también te mencionó.

—También me mencionó a mí —se apresuró a decir Renkotsu.

¡Oh, ahí estaba! La clásica pelea instintiva por ver quién era más macho y más capaz de conquistar a la hembra. La biología le quitaba el encanto a todo, eso sí, pero Bankotsu se dio cuenta de inmediato (no era la primera vez que esa clase de rivalidades surgían en su grupo), y se apresuró a acercarse a sus dos compañeros, pasándoles los brazos por encima de los hombros amigablemente.

—Eh, no se peleen. Nos ha mencionado a los tres. Somos los más guapos del grupo —comentó entre risas, acompañando sus palabras con una sonrisa perversa—. Sé muy bien cómo le haríamos para darle. Todos lo pasaríamos de puta madre, pero yo la tendré primero, ¡y también la vi primero! Mientras tanto, ni se les ocurra tocarla, siquiera verla.

—¿Y yo qué? —exclamó Mukotsu levantándose de golpe.

—¡Tú estás muy feo para ella! —sentenció Suikotsu haciendo que los demás estallaran en carcajadas, ganándose una rencorosa mirada del hombre de los venenos.

—¡Eh, pero tengo habilidades envidiables! —se defendió el pequeño guerrero, ligeramente rojo del coraje, aunque mucho caso no le hicieron.

—Bueno, pero ya cállense, bola de animales —ordenó Bankotsu echándole una mirada a Kanna, quien había llevado la carta hasta ellos y seguía parada en su mismo sitio, a pocos metros del grupo—. Ya no hablen de Kagura, que está la hermana aquí presente y encima es una niña. Ya hasta me entró culpa de hablar guarradas frente a ella.

Bankotsu, ya muy seguro de qué responder, sacó de entre sus ropas un trozo de papel, uno de los tantos que le habían quedado de aquella vez en que envió la amenaza de muerte al terrateniente que mandó el asesinato de sus compañeros y de él, quince años atrás, y aunque intentó escribirla por sí mismo, se dio por vencido y, nuevamente, le pidió a Renkotsu que escribiera mientras él dictaba.

"Querida Kagura,

He leído la carta que me enviaste y debo decir que me sorprendes un poco, pero ni de cerca me molesta. No, de hecho, encuentro tu propuesta y tus palabras muy interesantes y tentadoras, casi imposibles de rechazar.

Sí, ciertamente me gustas, y sí, quiero acostarme contigo. Sé que soy irresistible, nena. Y sé muy bien que te gustará acostarte conmigo.

¡Luego no te vas a poder ni sentar!

Con respecto a lo de Naraku, ah, ¿qué lástima, cierto? Uno es resucitado de su descanso eterno en el infierno (lo encontré de lo más acogedor, déjame decirte), y el tipo que te revive y contrata pretende traicionarte, no cumplir su trato y matarte. Vaya mierda. Pero así es este negocio, sucio como la mierda.

Ya había tenido la sospecha de que Naraku no nos dejaría quedarnos, ni a mis compañeros ni a mí, con los fragmentos que nos mantienen con vida, pero viniendo de ti, quien eres la que más convive con él, ahora mis sospechas están confirmadas por completo.

Claro que estoy dispuesto a cortarle la cabeza a Naraku por ti. Pero ya sabes el precio, linda: me pagarás con un buen polvo. Prometo que no te arrepentirás. Es el mejor trato que harás en tu vida. Es decir, ¿ya viste el tamaño de mis pies?

Yo juraba que tenías algo con Naraku, aún lo pienso, como que tengo esa espinita clavada, pero bueno, te creeré. Bah, sinceramente me da igual si te estás tirando a Naraku, yo también quiero hacerlo, y por lo visto tú también. ¡Así que qué más da! Todos contentos y felices (exceptuando a Naraku).

Y por supuesto que soy fuerte, eso ni lo dudes. No por nada me convertí en el líder de los Siete Guerreros. Mataré a Naraku sin problemas cuando llegue el momento. Sólo déjame demostrártelo, chica.

Y sí, sé que tienes ese tema con la libertad. Sé muy bien que ese es tu principal objetivo, si por ti fuera le cortarías las pelotas a Naraku y de paso también a mí y a todo hombre que se te cruce por el camino, pero como te dije, sé que soy irresistible para las chicas, por eso lo del "pago".

¡Sí, querida, lo sé muy bien, caíste ante mí! No soy tonto. Aunque tú te la pases diciendo lo contrario.

Con respecto al sexo, no te preocupes. No pienso encadenarte… a menos que me lo pidas. Sé que a la mera hora me rogarás por darte más. Y tampoco pienso obligarte a hacer de sirvienta con nosotros. Como te dije, no soy tonto. Sé que de buenas a primeras nos harías trocitos a todos con esas cuchillas que te cargas.

Sinceramente, estás algo loca, pero así me gustan las chicas. Me gustan las mujeres que pueden patearme el trasero. Me ponen a mil. ¡Oh, sí!

En resumen, acepto tu propuesta, Kagura.

Iré a verte pronto, nena. Sólo espérame y no te vuelvas muy loca esperando sola mi llegada. O si quieres hazlo y luego me cuentas los detalles, si sabes a lo que me refiero.

PD: Suikotsu y Renkotsu están muy emocionados con la idea grupal. Pero estoy seguro de que no será problema para ti. Después de todo Naraku tiene tentáculos, ¿no?

PD: espero no te moleste que tu carta y la mía la hayan escuchado todos los chicos. Es que no sé leer ni escribir y le tuve que pedir a Renkotsu que la escribiera por mí. Te juro que no soy de los cuentan sus líos amorosos a sus amigos, ¡en serio, soy todo un caballero!

PD: está bien eso de no follar antes de tener frente a ti la cabeza cercenada de Naraku, pero antes de hacerlo, necesito un adelanto; por lo menos tendrás que hacer cierto trabajito con esa linda boca tuya sobre mí. Sólo no me la arranques de un mordisco, no seas maldita.

Todo tuyo, chiquitita,

Bankotsu"

Al final, la idiotez fue más fuerte para Bankotsu que, justo después de mandar a Kanna con la carta, tomó su gran alabarda (no vaya a ser cosa que su equipo pasara desapercibido) y se apuró a reunirse con la hechicera de los vientos. Ubicarla, finalmente, no fue nada difícil.

Lo cierto es que, con su peligroso estilo de vida, no podía permitirse el lujo de esperar tanto para concretar la primera parte del plan (ya saben, adelanto – degollamiento - sexo rudo, particularmente sólo le interesaba el adelanto y el sexo rudo, sin mentir); llegar a tercera base nunca estaba de más, como sabrán.

Kagura no lo recibió tan bien como él esperaba (desnuda y lista), pero, de todos modos, luego de arreglar medianamente las diferencias iniciales («¡puerco, maldito! ¿Cómo que todos esos babosos lo leyeron, idiota?!», «habrías venido en persona, mujer»), pudieron hablar como gente civilizada y llegar a determinar las reglas del adelanto.

Nomás Kagura se encargó de dejarle claro que si de pronto la perdía del mordisco, se fuera a quejar por los caminos. Bankotsu rezongó un rato, pero al final accedió (sobre todo porque Kagura no se retractaba de lo dicho, y había aunque sea un pequeño margen de riesgo). Y quien no arriesga, no gana. Aunque arriesgara a su amigo, era por un fin noble.


* Quince años sin ligar: referencia al fic Quince años sin ligar, de Morgaine la Chistera, un Bankotsu/Kagura/Naraku buenísimo. Si están leyendo este capítulo, deberían leer ese fic, herejes o.ó

Otro capítulo que estaba listo y tuve que dejar pasar por tareas, encima ayer pensaba publicar y que se cae la jodida pagina u.ú pero en fin, ¡aquí está!

No tengo mucho que aclarar. Como siempre, este capítulo no sería lo mismo sin Morgaine. Y los capítulos cada vez quedan más largos y siento que yo cada vez me tardo más en actualizar o.ó pero bueno, ya ando trabajando con el siguiente, que será de Sesshōmaru y Kagura, y el ultimo de Naraku y Yura, y fin a este fic (?)

Espero les haya gustado este capítulo y se hayan reído un rato. ¡Nos vemos!

[A favor de la Campaña "Con voz y voto", porque agregar a favoritos y no dejar un comentario, es como manosearme la teta y salir corriendo]

Me despido

Agatha Romaniev