Capítulo 03: Una Búsqueda Implacable

"Hola pequeña Rouge the Bat. ¿Seguro quieres mucho a tu mami? Pues tendrás que hacer algo muy importante para salvarla… de su muerte"

Releía una y otra vez estas palabras (ya que no las creía) y comencé a sollozar. El resto de la nota decía la ubicación en la que tenía que entregar la gema y la hora en dé debía hacerlo, que era entre las 5:15 am; y una advertencia en letras rojas donde no se me ocurriera llamar o informar a la policía o si no, jamás vería a mi madre de nuevo. Miré la hora y eran las 8:45 pm. El museo cerraba a las diez y si quería salvarla tenía que hacer lo que me decían. Me dirigí a mi habitación y de allí cogí un poco de dinero, un atuendo especial y otras cosas, poniéndola en un pequeño moral. Abrí la ventana y salté, volando en dirección hacia el museo. Mi respiración era agitada y estaba tan concentrada en mis pensamientos que no noté los edificios que se encontraban al frente, por poco chocando contra ellos. Pero no importaba, no podía detenerme ahora, tenía que pensar en algún plan. Al llegar al lugar, me dirigí a comprar la entrada a la taquilla.

- Buenas noches, jovencita. ¿No crees que ya es muy tarde para venir? En una hora vamos a cerrar. – me dijo tranquilamente la cajera. Yo la vi, con ganas de gritarle lo que estaba pasando y pedirle ayuda, pero no podía.

- Tengo una tarea que se me había olvidado. – le mentí.

- ¿Y tu madre? – preguntó confusa, al verme sola en el lugar

- Ella no podía acompañarme. Está…– mi mente me suplicaba que le dijera la verdad. –… trabajando. – terminé de decir. Ella me sonrió y me entregó la entrada. Yo la cogí y entre con rapidez. Pasé por los pasillos, donde no había mucha gente por la hora, de las diferentes exhibiciones, pero no las miré. Mi meta estaba clara. Al llegar a la sala, la veo. La Caos Esmeralda, de color verde. Ella reposaba sobre una almohada, encima de un mueble de madera circular, rodeada por un sistema de láseres de sensores de movimiento, y por cámaras de seguridad; y por unos guardias armados. Ya viendo el lugar donde se encontraba, comencé a idear mi plan. Caminé por las salas que yacían alrededor de esta. Noté los diferentes ductos de ventilación que también pasaban alrededor. Por un momento pensé que no había manera de entrar en los ductos sin que me notaran, así que me dirigí al baño. Allí me senté en el escusado, mientras unas lágrimas brotaban de mis ojos por no saber qué hacer. Un frio recorría mi cuerpo pero no era de miedo. Miro hacia arriba y lo veo. Era el ducto que se encontraba en el baño de mujeres. Salí afuera y noté que no había nadie. Rápidamente entro de nuevo al baño y me coloco el atuendo que había traído en el moral, encima de la ropa que usaba. Era un traje de ninja negro de cuerpo completo.

- Pensaba usarte de nuevo en Halloween, pero veo que se adelantó. – me dije a mí misma viéndome en el espejo, tratando de romper el ambiente de tensión que yacía en mí. Si iba actuar, tenía que actuar de una vez. Me elevé y con todas mis fuerzas logré sacar las rejillas. Descanso un segundo y me vuelvo a elevar, metiéndome dentro, pero de tal manera poniendo la rejilla en su lugar. Me quedo quieta durante unos segundos esperando a ver si alguien entra. Los minutos pasan y nada. Esa es la señal que esperaba para continuar adelante. Me arrastro lentamente por los túneles para evitar cualquier ruido. Por cada rejilla, observo si hay alguien cerca que pueda verme. Así paso los siguientes minutos, hasta llegar a la rejilla del ducto que se encontraba encima de la gema. Allí veo a varios civiles y a los guardias que la vigilaban. Aun así, me sigo arrastrando por los ductos, buscando la sala de control, ya que aunque saliera y cogiera la gema las alarmas se dispararían y me atraparían en el acto. Luego de muchos, muchos minutos, al fin llego a donde quería ir. Allí veo a dos vigilantes observando las cámaras atentamente. "Están cumpliendo firmemente con su trabajo. Mala hora para mi" pensé. Mis parpados se empezaban a cerrar. Sabía que no podía quedarme dormida, pero aun ni siquiera eran las diez de la noche. Y de allí, tenía que esperar a ver la rutina que tomaban. No había nada más que hacer así que me dormí, con la preocupación de que me atraparan o de que no pudiera salvar a mi madre.

- Rouge, mi gema. Ven aquí cariño. – escuché decir a mi madre. Estaba en un bello prado, tan verde como la Esmeralda. Allí la vi a ella, en el horizonte. Comencé a volar, tratando de llegar al lugar donde se encontraba. Sin embargo, mientras más rápido volaba, más se alejaba de mí.

- Mami. ¡Espérame! – grité, viendo como su silueta empezaba a desaparecer. De un momento a otro, mis alas se entumecen y caigo abruptamente al suelo. Siento un dolor recorrer todo mi cuerpo. Al abrir mis parpados, mis ojos ven el aspecto deprimente del lugar. El prado había desaparecido, quedando solamente la tierra árida. Vuelvo a ver al horizonte y ya no está. Mi madre ya no estaba. Mis lágrimas resbalaban de mi rostro y caían en el suelo. Sentía que iba a morir en ese lugar sola. Absolutamente sola. Grité al cielo, esperando que algo pasara.

Me desperté abruptamente, pero me tapé la boca para evitar hacer algún ruido. Noté las lágrimas que brotaban en mis ojos y me las sequé. "Solo era una pesadilla" Pensé. Me acerqué a la rejilla y noté que ahora solo había un vigilante. Decidí esperar unos minutos más, para ver si algo pasaba. Noto como se escucha estática en el comunicador del vigilante. Él lo coge, con una expresión algo preocupante.

- John, ¿eres tú? – preguntó él.

- Sí. Roy, ven aquí. Parece que encontré algo sospechoso. – Escuché la respuesta dada por el comunicador del vigilante. Él se levanta de la silla y sale de la sala. A pesar de mi posición, veo en uno de los monitores como él se encuentra con el otro vigilante que había visto, antes de quedarme dormida.

- Es hora. – me dije a mi misma, mientras empezaba a quitar la rejilla cuidadosamente. Al terminar de quitarla, me asusto y me apresuro a volverla a colocar en su lugar al ver cómo, sin aviso, veo como los vigilantes se devolvían a la sala. Rápidamente me oculto, detrás de un escritorio, esperando la llegada de los señores. Ellos llegan y en sus miradas se les veía algo furiosos.

- Odio cuando dejan bolsos. Uno siempre piensa que puede ser algo terrible. –

- Ni que lo digas. Somos solo cinco para cuidar todo esto. – le respondió a su compañero. Una pequeña sonrisa salía de mí, al saber que no eran muchos los que cuidaban del lugar.

- Gracias por ese dato. Ahora será más fácil para mí conseguir lo que quiero. – dije, mientras revelaba mi presencia ante los vigilantes. Ellos quedaron pasmados en sus sillas, viéndome directamente a mis ojos. Antes de que pudieran actuar, los noqueé con el poder de mis patadas. Ellos cayeron inconscientes. Sonreí ante esta escena, pero rápidamente recordé porqué había venido. – Bueno, ¿Cuál de todos estos botones desactiva las cámaras y los sensores de movimiento? – me dije, al no saber qué hacer. Había tantos y comencé a ver uno a uno. No podía presionarlos porque quien sabe lo que pasaría. Había tres botones, que presioné al azar y las cámaras se desactivaron. Pero aun así note que los monitores decían que los láseres de sensor de movimiento estaban activados. Seguí buscando, hasta que mi instinto me guió por buen camino, al presionar otros botones. – Bien, No puedo perder el tiempo. – dije, mientras salía por la puerta y comenzaba a volar rápidamente hacia la sala donde yacía la Caos Esmeralda. Por los diferentes pasillos me encontré con los tres guardias que habían mencionado los vigilantes. A todos tres los noqueé, de un solo golpe a cada uno, sin que se dieran cuenta. Llegué a la sala y, con un rápido movimiento, cogí la gema y... ninguna alarma sonó. Comencé a volar a otras salas, buscando una que tuviera una salida por el techo. Al llegar a una que tuviera un ventanal en el techo, volé rápidamente y lo rompí con facilidad. Vi la luz que emanaba la luna. Un brillo hermoso. Ver esa luna me daba la confianza que de todo terminaría pronto y que volvería a la normalidad. Di varias vueltas por la ciudad para prevenir que no me siguieran, aunque era muy improbable. Los minutos pasaban, uno tras otro.

- Ya no pierdo más tiempo. – me dije, al ver que no había ningún riesgo. Volaba al punto de encuentro, pero me detuve. Recordé que la nota me daba una hora y también me advertía que no los esperara allí. Aterricé sobre uno de los edificios y me senté a esperar.

Sentí que la noche fue eterna. Vi, en mi reloj de pulsera, la hora y ya faltaban cinco minutos para ir al punto de encuentro. Al llegar, los vi esperándome recostados en una furgoneta amarilla. Allí se encontraban el rinoceronte y el chita. Me acerco a ellos, pero por algún motivo el chita se alejaba, mientras llamaba por celular a alguien. El rinoceronte me mira seriamente.

- Tienes lo que te pedimos. – dijo él sin titubear.

- Sí. Lo tengo aquí. – le respondí de la misma manera, mientras sacaba la Esmeralda de mi morral. – ¿Dónde está mi mami? – le pregunté secamente.

- Dame la Esmeralda y te lo diré. – dijo él.

- ¿Cómo sé que no me traicionaras? – le pregunté, ya que no confiaba en sus palabras.

- No lo sabes. Solo te queda confiar. – dijo él. Dudaba en darle la gema, pero no tenía opción. Levanté mi mano y se la entregué. Él la cogió y la observo. Él me mostró una pequeña sonrisa, dejándome algo confusa. "Por algún motivo, a diferencia del chita y el orangután, él no parecía tan ruin" pensé al ver la sonrisa. – Un trato es un trato. Toma. – me entregó, sin dejar de sonreír, una nota con una dirección, que quedaba a 20 km de la ciudad.

- Gracias. – dije, elevándome rápidamente. Noté como ellos entraban a la furgoneta y se marchaban del lugar. Igualmente, yo seguí mi camino. Volé lo más rápido que podía. Sentía como me quedaba sin aire, a mitad de camino, pero no me detuve. No podía darme el lujo de detenerme ahora. Luego de unos minutos vi a lo lejos una gasolinera abandonada. Ese era el lugar que decía la nota. Un sentimiento de alegría crecía dentro de mí. Ya en esto todo volvería a la normalidad. Los rayos de luz ya hacían presencia, sin darme cuenta de ello. Aterricé con suavidad y comencé a correr, entrando en la gasolinera abandonada. Aunque estaba algo oscuro, pude vislumbrar una silueta que se encontraba sentada en una silla. Quité las cortinas que impedían la entrada de la luz. Aun así, todavía estaba algo oscuro pero podía ver que la silueta estaba atada.

- Tranquila mami. Soy yo. Ya en esto volveremos a casa. – Dije mientras la desataba, pero no recibí respuesta alguna. Supuse que debía estar inconsciente por alguna especie de droga o algo así. – Mami, estoy aquí. Ahora estarás bien. Te lo juro. – dije, mientras sobaba mis manos en la silueta de su rostro y cuello. Noté un montón de tablas clavadas en las ventanas, impidiendo la luz. Rápidamente me dirijo a ellas y las rompí. Al romper la última tabla, un terror pasó por todo mi cuerpo al observarme los guantes de mis manos. Estaban manchados… de sangre. Solté un grito, mientras corría donde mi madre. Solté un grito aún más fuerte al ver como estaba su apariencia. Gran parte de su blusa (enfrente) estaba manchada de sangre. Vi un pequeño corte en su cuello, por donde salía un pequeño hilo de sangre. Observé varios moretones en su rostro. - ¡Mami! ¡Mami! ¡Háblame, por favor! – gritaba, mientras con una mano tapaba el pequeño corte en su cuello y con la otra le sobaba el rostro. – ¡Mami! ¡Mami, vas a estar bien! ¡Háblame! – le gritaba esperando alguna respuesta.

- Mi… pequeña… gema. – Escuchar esas palabras me sorprendieron. Vi como mi madre habría los parpados con esfuerzo y me miraba a los ojos, con su sonrisa hermosa.

- Todo estará bien. Ya lo veras. Todo saldrá bien. – le dije, devolviéndole la sonrisa, mientras de mis ojos brotaban unas lágrimas.

- Tú y yo… sabemos que eso es… mentira. Pero, por ahora…– dijo con esfuerzo, pero sin dejar de sonreír. – Solo quiero… decirte que… te quiero. – dijo mientras levantaba con esfuerzo su mano y me sobaba el rostro.

- ¡Yo también te quiero! – dije, sonriéndole mientras mis lágrimas empañaban mi rostro. Durante unos segundos ella seguía sobando mi rostro mostrándome su sonrisa. Pero entonces se detuvo. Vi como su mano caía. Su rostro aun mostraba esa expresión de alegría pero sus ojos,… sus ojos ya no tenían el brillo que los caracterizaba. El brillo que yacía en sus ojos había desaparecido. Empecé a moverla y no sentía reacción alguna. La empecé a tocar y solo sentía un frío que comenzaba a ser acto de presencia. Cuando acepté lo que pasó, grite fuertemente mientras recostaba mi cabeza en el pecho de mi madre. Gritaba y lloraba. Ella había muerto. La persona que más quería había muerto y todo por mi culpa. "La dejaste morir" "Si hubieras sido más rápida, ella no hubiera muerto" "Tú la mataste" eran los pensamientos que pasaban en mi mente mientras gritaba. No sé cuánto tiempo estuve así, gritando y llorando. Pero…


Enzo vio como Rouge empezaba a llorar, escuchando sus sollozos de dolor y agonía. Vio como las lágrimas brotaban de los ojos de la murciélago. Se sintió mal, no solo por lo que le contaba, sino que también por haberla convencido de que le contara todo desde su perspectiva.

- Creo que mejor terminamos otro día. Cuando estés en mejores condiciones. – dijo limpiándose la lágrimas, mientras se levantaba. Sin embargo, vio como Rouge se paraba rápidamente y lo obligaba a sentarse de nuevo. La nutria vio en los ojos de la murciélago un sentimiento de rabia.

- Tú querías que te contara todo, ¿Verdad? – le dijo a Enzo alzando la voz.

- S-sí. –Contesto temeroso la nutria.

- Pues bien, te quedas aquí quieto. Me hiciste abrir una herida, más de lo que estaba, y la escucharas hasta el final. ¿Entendido? – dijo, con un tono amenazante. Enzo asintió ante la amenaza de la murciélago. Ella trato de ocultar su rabia (en vano) detrás de una sonrisa y se volvió a sentar. - ¿En dónde quedé…? Ah, sí…


… ya no podía hacer nada. Salí afuera, acercándome a la carretera. Noté un teléfono público y, sacando monedas de mi bolsillo, comencé a llamar a la única otra persona en quien confiaba. Escuché sonar el teléfono y luego el sonido que hace al ser contestado.

- ¡Señor Han, ayúdeme! – grite, sin darle tiempo a que hablara.

- ¿Rouge? ¿Dónde estás? – me preguntó, denotándose en su voz asustado. Yo le di la dirección del lugar y le conté lo ocurrido. – Bien. Voy para allá de una vez. – me dijo. Escuché como colgó el teléfono. Me dirigí de nuevo dentro de la gasolinera pero me detengo al verme frente a un vidrio reflectante. Vi como gran parte del pelaje blanco de mi cabeza estaba totalmente manchado de sangre. Las lágrimas volvieron a ser presente en mí. Entré de nuevo al lugar y traté, con esfuerzo de acostar a mi madre en el suelo. Cerré sus parpados y la acomodé, de tal forma que pareciera que estuviera durmiendo.

- Solo estas dormida. En cualquier momento te despertarás y me castigaras por las cosas malas que he hecho hoy. – dije, fingiendo una sonrisa, suplicando que lo que decía fuese verdad. Me acosté sobre su pecho, abrazándola, y cerré mis parpados, quedando dormida casi en el acto. – Esto es solo una pesadilla. Ya en eso vamos a despertar. Ya lo veras. – me dije (mentí) a mí misma, quedándome dormida.

- Rouge, cariño. Despierta mi preciosa gema. – Escuchaba decir. Mis parpados se abrieron y me sorprendí al encontrarme en un prado hermoso. Giro un poco mi cabeza y la veo. Era mi madre, usando un atuendo totalmente blanco. No tenía ninguna herida y estaba bellísima.

- Mami. Sabía que solo era una pesadilla. – dije sonriéndole. Sin embargo, ella me miró con tristeza.

- No cariño. Lo que pasó es real. Yo seguiré durmiendo pero tú despertaras. Así que solo vine a despedirme como se debe. – dijo, mientras comenzaba a llorar. Me levantó y me abrazó fuerte. Yo también la abracé y la comencé a besar en el rostro. Ella también hacia lo mismo. Sentí los pasos de alguien detrás de nosotras. Giro un poco mi cuello y veo a una felina lavanda, con un vestido blanco, quien estaba sonriendo. Mi madre le sonríe también.

- ¿Ya es hora? – preguntó temerosa, pero sin dejar de sonreír.

- Me temo que sí. – Dijo ella, con unas pequeñas lágrimas en sus ojos. Mi madre deja de cargarme y me pone de vuelta al suelo.

- ¿Quién es ella? – Le pregunto, porque las dos se veían como si ya se conocieran.

- Es una amiga que hice aquí. Ella, al igual que yo, sufrimos por personas que nos quitaron del lado de nuestros seres que amamos. – dijo, sobándome la cabeza.

- Pero, solo han pasado unos minutos desde…– dije, sintiendo un poco de dolor al recordar esa escena.

- Aquí el tiempo es diferente mi gema. – me dijo.

- ¿Ahora que va a pasar? – Le pregunté con temor.

- Bueno, solo hay dos cosas. Primero: Te quiero mucho mi pequeña y hermosa gema. – al terminar de decir esto me dio un beso en la frente, mientras sus lágrimas caían en mi rostro.

- Yo también te quiero mami, pero… ¿Cuál es la segunda? – le pregunté.

- Adiós mi pequeña Rouge. Despierta. – Me dijo llorando.

- No. No quiero que te vayas. Quiero quedarme contigo. – Le suplicaba, pero ella solo lloraba.

- No puedes cariño. Aun no es tu momento. – dijo, limpiándome las lágrimas de mi rostro. – Tienes que ser fuerte por nosotras, ¿Puedes? – Me mostró una sonrisa.

- Sí. – Le respondí tristemente.

- Gracias. – Me dijo dulcemente. Sentí como mis párpados empezaban a cerrarse. – Adiós mi preciosa gema. – Me besó de nuevo en la frente.

- Adiós mami. – dije tristemente, abrazándola. Ella me cargo y yo sentía que me quedaba dormida en su pecho, escuchando sus latidos.

- Ahora, despierta por favor. – al terminar de decir esto mis parpados se cerraron.

Mis parpados volvían abrirse, encontrándome en los brazos del señor Han. Él me mostraba una sonrisa, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos. Noté que estaba en una especie de patrulla y me levanto rápidamente. Noto como metían una bolsa negra en algo parecido a un carro de ambulancia. Reconocía que tipo de vehículo era ese, pero no quería aceptarlo. Seguía pensando que ella solo estaba dormida y que en cualquier momento volvería. Pero no era así. Ella ya no volvería. Me habían apartado de su lado.

Los minutos pasaron y llegamos a la ciudad. Noté como el señor Han trató de sacarme de la patrulla pero era detenido por el policía.

- Espérame aquí tesoro. – Me dijo él, dirigiéndose al oficial. Vi como él comenzaba a discutir con el policía, hasta que los vi suplicándole de rodillas. Noté como el oficial de policía le negaba con la cabeza. Él se acercó a la puerta y la abrió. Me miró tristemente.

- ¿Pasa algo? – le pregunté confusa por la actitud del oficial, quien parecía muy serio.

- Me temo decirte que aún no puedes venir conmigo. No hasta que firme unos papeles. Así que dormirás en otra parte por unos días. –

- Entiendo. – Le dije, viéndolo seriamente, sin parpadear. Él cerró la puerta y se quedó parado en la acera, viéndome como me alejaba del lugar.

Me llevaron a una especia de orfanato o refugio juvenil. Allí vi a muchos niños y adolescentes, jugando con balones o leyendo libros. Me informaron que tenía que esperar unos días, mientras mi situación se solucionaba. Me guiaron a un gran cuarto, donde se encontraban las camas. Allí me mostraron la que me pertenecía. Me tocó la litera de arriba, mientras que la de abajo le pertenecía a una niña de no más de doce años. Ella tenía varios moretones en los brazos y un parche beis en su ojo derecho. Rápidamente ella hablo conmigo, tratando de ganar mi confianza. Me contó como su madre, quien era alcohólica, la golpeaba con las botellas diariamente. Un día, su madre se pasa de brusca y termina hiriéndole el ojo, causando su perdida. Yo le cuento una parte de mi historia y ella se entristece.

- ¡Vaya! Y yo que creí que mi vida era mala. – me dijo, al escuchar mi historia. Yo reí un poco, sabiendo que tenía a alguien cerca con quien podía charlar. Así pasamos todo el día, charlando. Gracias a ella pude, por un momento, sentir menos dolor por mi pérdida. A los días siguientes, mientras estaba en los dormitorios, la veo entrar, corriendo agitada, mientras me veía con temor.

- ¿Qué pasa? – le pregunté, temerosa por su expresión.

- Escapa. Tienes que escapar de una vez. – respondió jadeando.

- ¿Por qué? – le pregunté confusa.

- Vi a soldados de G.U.N firmando papeles para llevarte presa por algo. – me dijo. Rápidamente salto de mi cama y comienzo a correr. Sin embargo, veo como ella cierra la puerta y se queda parada en esta.

- No vienes conmigo. – Le dije. Ella me negó con la cabeza, mientras me sonreía.

- Alguien tiene que retenerlos. – dijo sin dejar de sonreír. Yo le devolví la sonrisa y salí por uno de los muchos escondites que tenían todos en el lugar. Aun así, me sentía dolida por dejar a mi amiga atrás. "Solo estuve con ella tres días pero su amistad la atesoraré para siempre" pensé mientras me escabullía por la ciudad.

La noche había caído. Las luces de la ciudad se encendían. Planeaba, mientras me orientaba con facilidad. Quería llegar a un lugar específico. Ese lugar en donde sabría que nada malo me podría pasar. Volé por muchos minutos, ya que planeaba por diferentes sitios para no llamar la atención. Miré de un lado a otro, observando que no hubiera nadie sospechoso. Golpeé la puerta vacías veces, de manera descontrolada. Escuché las quejas que provenían detrás de la puerta, mientras se acercaba a esta.

- ¡¿Quién es?! – Gritó él mientras abría la puerta.

- Hola señor Han. – dije, haciendo un ademan de saludo. Noté como él abría los ojos como platos al sorprenderme de verme.

- ¡Entra de una vez! – Me ordenó rápidamente. Yo le obedezco sin rehusarme, ya que también quería entrar sin que me vieran. Adentro de la casa me pide que espere mientras me trae algo para beber. Yo le asiento con la cabeza, haciendo que él me muestre una sonrisa. Veo cómo se va a la cocina, quedando sola en ese momento. Me acerqué al escritorio y noté muchos papeles raros y confusos, pero hubo uno que me llamo la atención. Al verlo, no sabía cómo reaccionar. Veo como llega con una bandeja, trayendo unas galletas y gaseosa.

- ¡¿Qué es esto?! – Le grité al momento en que dejaba la bandeja en el escritorio. Él e miro con pena, como si no quisiera contestarme.

- Son papeles de adopción. – Me contestó.

- Eso lo sé. Lo dice en letras grandes. Lo que quiero saber es: ¿por qué lo tienes? – le indagué con enojo.

- Le prometí a tu madre que te protegería lo más que pudiera. Pensaba adoptarte para ser tu tutor legal. Como si fuera tú padre. – me dijo calmadamente. Yo, sin embargo, sentí un enojo en mi corazón. Como si escuchar la palabra "padre" fuera lo peor.

- ¡Tú no eres mi padre! – le grité. Él miró hacia el suelo con tristeza. Yo me sentí mal en ese mismo instante, por la idiotez que dije. Después de todo lo que nos había ayudado a mi madre y a mí. Todos los cumpleaños en los que me regalaba cosas, las veces que me llevó al hospital cuando enfermé y otras cosas más. Él siempre estuvo allí para nosotras. – Es que… yo te veo como un más como un abuelo. – dije, mostrándole una sonrisa.

- Solo tengo cuarenta. – dijo refunfuñando. Yo, sin embargo, empecé a reír. Él hizo lo mismo, riéndose conmigo. – Es verdad. Soy un abuelo. – dijo sin dejar de reír. Después de varios segundos riendo, yo lo miré seriamente.

- Entiendo lo de los papeles pero, ¿Por qué tienes papeles con el logotipo de G.U.N? – le dije seriamente.

- Otra de las razones por la que te quiero adoptar es que tienes orden de captura, por tus crímenes cometidos. – dijo seriamente sin parpadear.

- ¿No sé de qué hablan? – le mentí, tratando de sonar calmada.

- Sí lo sabes. Robaste la Esmeralda del museo y te quieren llevar presa por eso. – dijo, sin dejar de mostrar esa expresión seria.

- Eso es… ¿Cómo lo supieron? – dije temerosa. Tomé todas las precauciones posibles para evitar que me atraparan.

- Creíste apagar las cámaras, pero no fue así. Resulta que las cámaras seguían encendidas, solo no mostraban la imagen en los monitores. Además, te quitaste la máscara, viéndose perfectamente tu rostro. – Escuchar esto me dejo atónita. Confié en lo que había ello y me dejé llevar de mi falsa victoria. Sentí un abrazo que me sacó de mi trance. Un abrazo cálido. – Quiero adoptarte para evitar que te lleven. Sé que perderé mi negocio y tal vez la casa, pero no importa. Mientras tú estés protegía no me importa lo que pierda. – me dijo, sin dejar de abrazarme. Me sentí mal por él. Sería capaz de perderlo todo solo para mantenerme a salvo. Unas lágrimas brotaban de mí, al sentir tanto cariño por alguien que no fuera mi madre.

- No. – le dije, haciendo que él me mirara confuso. – No puedo permitir eso. Yo cometí ese error y solo yo debo pagar las consecuencias. –

- Pero… –

- ¡No! No permitiré que pierdas todo lo que ganaste con tú esfuerzo. –

- ¿Por qué no quieres? – me pregunto con dolor.

- Tengo que encontrarlo. – le dije, sintiendo dolor.

- ¿A quién? –

- Al que causó la muerte de mi mami. Tengo que buscarlo. – Me limpié las lágrimas y lo vi seriamente. – Debo encontrarlo a cualquier costo. Él debe pagar por lo que hizo. No sé como pero lo encontraré y yo lo… lo voy a… – traté de decir esas palabras. Esas palabras oscuras. El señor Han observo mis expresiones y noto que mi meta estaba fija. Que nada de lo que dijera impediría que yo cumpliera mi objetivo. Apartó su mirada de mis ojos, con tristeza y dolor por lo que quería hacer.

- Si eso es lo que quieres, yo no objetaré nada, así que sígueme. – me dijo. Yo lo seguí y me llevó a una habitación que conocía bien. Allí el guardaba los papeles importantes de las compras y ventas de las joyas y demás artículos. Vi como quitó un cuadro de un barco, de la pared, y abría la caja fuerte que se encontraba detrás de esta. Allí vi vario manojos de billetes, bien organizados. El señor Han comenzó a meter todos esos manojos en un pequeño bolso. – Fuiste muy lista al no venir de una en la tarde acá. Si lo hubieras hecho los agentes de G.U.N te hubieran atrapado. Ellos me pidieron que les llamara apenas te viera. Necesitaras dinero para esa búsqueda implacable que comenzaras. Toma. – dijo, mientras ponía en mis mano el bolso con el dinero. No podía creer lo que veía. – Aquí hay 20.000 dólares. Es todo lo que tengo aquí, pero sé que te servirá bastante.

- No sé qué decir, más que gracias. – dije, sintiendo como mis lágrimas comenzaban a brotar de nuevo de mis ojos.

- De todas maneras tienes que hacer una sola cosa. Tienes que noquearme. Llamaré al teléfono que me dio la G.U.N. Apenes conteste y diga las palabras "está aquí" me noqueas, ¿Entendido? – dijo con una sonrisa. Yo no quería hacerlo pero no había otra opción, así que asentí. Vi como cogió el teléfono y empezó a marcar los números. – Aló. Soy yo. Ella está aquí. – Esa era la señal. De un rápido movimiento, lo golpeé con moderación en su cabeza. Vi como cayo desmayado. Escuché, en el teléfono, como el operador preguntaba que pasaba. Cogí el teléfono y una sonrisa maliciosa salió de mí.

- Vengan por mí, si pueden. – dije, colgando en el acto. Vi por última vez (en aquel entonces) al señor Han y salí corriendo hacia la salida. Al encontrarme afuera, di un salto y me elevé lo más que pude. No sabía a donde ir. No sabía a quién buscar. No sabía nada. Pero no importaba. Sea como sea, lo encontraría y lo… y lo… ¡Mataría!


Enzo vio como Rouge se detenía, sobándose sus manos en los ojos. Ella dio unos suspiros y se paró de su silla. Él notó como ella trataba de servirse un poco de vino en su copa, pero no podía porque su mano temblaba demasiado. La nutria se paró y le sostuvo la mano. Ella lo vio pero no le mostró ninguna expresión. Solo se sirvió un poco de la bebida y la tomó de un trago. Ella se volvió a sentar. Él también hizo lo mismo y la observo por unos segundos.

- Bueno, creo que debo…–

- Antes que continúes, quiero preguntarte algo. ¿Qué pasó con la chica que te ayudó a escapar del orfanato? –

- Unos años después de ese día, descubrí que a la madre le habían vuelto a dar la custodia. Ella volvió a emborracharse, pero esta vez, su hija no aguantó la paliza. Sé que ella está pagando una condena de 60 años. – dijo, mientras se sobaba los dedos por los ojos.

- Lo siento. – dijo él, al escuchar el pobre destino de la niña.

- No importa. – dijo seriamente. – Ahora debería decirte lo que pasó después de ese día, pero no. Te resumiré en pocas palabras lo que pasó durante los dos años siguientes:

"Estuve aprendiendo nuevas técnicas de combate del taekwondo, mejorando mi destreza con mis piernas. Robé de un lado para otro para mantenerme cuando el dinero se me terminó. Seguí posibles pistas por varias ciudades del país. ¡Demonios! Hasta crucé la frontera con Tenochtitlan para encontrar cualquier cosa. Durante ese tiempo, escapaba de G.U.N y, como sabes, de los continuos ataques de "Robotnik", ya que mandaba pequeños ejércitos como mensaje de poder matarnos cuando él quisiera. Yo estuve en varias de esas localidades, para mal mío, y luché para sobrevivir."

- Y así fue mi vida por esos dos años. – terminó de decir.

- Una vida dura para una niña de cinco años. – dijo sorprendido por lo que escuchaba.

- Tuve que crecer rápidamente. Ya no podía esperar que unos rezos y/o peticiones a una fuerza superior hicieran efecto alguno. Yo era la única capaz de cumplir mis deseos. Solo yo. – dijo seriamente. – Bueno, continuemos… –


Los rayos del sol entraban, por una de las pocas aberturas de las persianas, y me despertaban. Mi cabeza daba algo de vueltas. Cogí unas pastillas, sin siquiera ver de que eran, y me las tomé. Escuché unos golpes en la puerta y, con mala gana, me paré y la abrí.

- ¡Ya no aguanto más! Te largas. – dijo el casero, quien era un cerdo antropomórfico. – La policía ha venido varias veces a revisar el lugar. Ya no puedo decirles que esta habitación está desocupada. Ya no me creerán. Te vas ahora mismo. – dijo, sintiendo su mal aliento.

- Mira, idiota. Te pago demasiado bien por esta porquería de cuarto. No tienes nada de que quejarte. Además, si lo haces, les contaré de toda la droga que ocultas en el sótano. – vi como él se sorprendía ante mis palabras.

- Eso es… ¿Cómo lo sabes? –

- Lo importante no es como lo sé, sino que lo sé y punto. Además, tranquilízate. Me voy esta noche. – el casero al escuchar estas palabras se tranquiliza y se larga del lugar. Cerré la puerta y noté el estado de la habitación. "Si era una porquería de habitación" pensé al ver la mugre que había en todo el lugar. Tener que hospedarme en un hotel de mala muerte era el mayor lujo que podía darme. Todos los caseros me aceptaban apenas veían el dinero que les ofrecía por su silencio, al hospedar a una menor de edad. Me acerqué al portátil que había conseguido (robando) y busco en las noticias cualquier pista. Igualmente, prendo el televisor y pongo las noticias de otros estados. Había ido a Carcer City, no por la búsqueda que yacía en mi mente, sino por unas gemas valiosas que estaba en exhibición en la ciudad. Lo bueno es que descubrí que era una trampa de G.U.N para capturarme. Me había convertido en una ladrona y me buscaban con desespero. Al ver que no aparecí por la zona, se fueron. Pero no podía confiarme. Me quito toda la ropa que tenía puesta, ya que apestaba, preparándome para darme una ducha. Veo como hablan de un ataque que sucedió en Cottonmouth, Florida. Un hombre apuñalo a un civil y este yacía en un estado delicado. Escuchar esta noticia me pareció inútil e iba a cambiar el canal del televisor pero entonces mostraron la imagen del herido. Ver quien era me dejo atónita. Luego de tanto tiempo buscándolo, al fin lo encontré. Una sonrisa salía de mi rostro, sabiendo que esta vez no se escaparían de mí. Comencé a caminar hacia la puerta, pensando en ir de una vez a la ciudad donde se encontraba, pero me detengo al notar que aún estaba desnuda.

- Supongo que debo prepararme para la ocasión. La apariencia lo es todo. – dije estas palabras, mientras me dirigía al baño para darme una ducha. Pero aun así, sabía que no perdería su rastro. Luego de tanto tiempo, de lágrimas y dolor, estaba más cerca de cumplir mi meta.


Bueno. Eso es todo por ahora. No olviden dejar sus Reviews y les gusta la historia, compártanla con sus amigos. Sin nada más que decir/escribir, que tengan un buen día a todos y todas.