Bueno amigos y amigas, aquí les traigo el último capítulo de este Fanfic. Espero que lo disfruten.
PD: En mi perfil encontraran el link de la canción Last Ride to The Hell, para que la escuchen cuando se los indique (si quieren). Bueno, sin más que decir, Adelante.

Capítulo 05: Redención


- Por favor, tráela de vuelta. – repetía Rouge sin parpadear. Enzo veía con culpa como la mirada de ella parecía distante y sin vida.

- Rouge. – le dijo Enzo a la murciélago, sacándola de su trance.

- Creo que perdí el hilo. – dijo, fingiendo una sonrisa. – Lo que falta para terminar es poco, pero… no sé cómo continuar. Quiero decirte el resto para poder dormir tranquilamente esta noche, pero…– decía ella sollozando, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos.

- ¿Y qué tal si yo te cuento algo sobre mí? – le preguntó la nutria a la murciélago. Ella asintió ante su pregunta. Vio como él daba unos suspiros antes de continuar. – Yo tenía una novia llamada Sheva, era de especie lémur, también perteneciente a G.U.N. Ella trabajaba en operaciones especiales. Ella era excelente en su trabajo y muchos las felicitaban por ello. Yo estaba orgulloso de ella y ella de mí. – Enzo se detuvo, limpiándose los ojos. – Hace un año, ella se fue a un país del continente de África por unos problemas de dictadura. Allí ayudaron a los rebeldes que luchaban por la igualdad de derechos. En la última misión que le tocaba, para volverá acá, fueron emboscados en el poblado de Kijuju. Derivaron el helicóptero en el que se transportaba. Este cayó pero no explotó. Ella fue la única que no quedo inconsciente o herida de movilidad. Me cuentan que salió y, cogiendo las armas, defendió a sus compañeros. Fueron tres horas sin descanso. Cuando al fin llegaba el apoyo para cubrirlos un posible francotirador le dio en el pecho. Todos sobrevivieron menos ella. Cuando me dijeron la noticia no podía creerlo. Según el compañero que la atendió sus últimas palabras fueron: "Demonios, yo esperaba estar mañana en casa y no dejar dormir a Enzo en toda la noche. Dile que lo amo mucho y que… estaré feliz si al día siguiente ya está en la cama con otra chica, ya que conozco como es él. Te amo Enzo. Adiós" – Al terminar de decir esto la nutria empezó a sollozar. – Ella tenía razón. Ella me conocía bien. No he sido capaz de superar su muerte. He tratado de… continuar. Pero no puedo ¡Yo la amaba! – gritó, con dolor al recordar esto, sintiendo como una culpa lo carcomía. Porque si él sufría por eso, no se imagina lo que sufría Rouge.

- Si yo fuera ella, estaría orgullosa de tal devoción. Pero, igualmente, no me gustaría que te estancaras por ello. – Le dijo Rouge, mientras le mostraba una sonrisa. – Creo que lo que ella quería decirte es que continuaras con tú vida, pero sin olvidarla. – Terminó de decir la murciélago, mientras salía del baño. Enzo pensó en sus palabras. Él también había pensado lo mismo. Su parte lógica se lo insinuó pero su parte espiritual lo negaba. Una sonrisa se vislumbraba en su rostro, ya que en cierta manera esperaba a que alguien se lo dijera. Él salió del baño, buscando a su paciente (si se puede decir así). Buscó por todos lados del apartamento pero no la encontró. Salió al pasillo del piso y allí la vio.

- Te demoraste en encontrarme. – le dijo Rouge con una sonrisa.

- Pensé que te habías ido. – dijo Enzo, devolviéndole la sonrisa. – Pasa algo malo. ¿No quieres continuar? – le preguntó.

- Si quiero continuar. Pero para terminar mi historia necesitamos ir a otra parte. Una muy especial. – le respondió Rouge seriamente.

- ¿Queda muy lejos? – le preguntó Enzo.

- Oh sí. Demasiado. – Dijo Rouge mientras daba varios pasos, seguida por Enzo. Al llegar a la puerta del apartamento que yacía al lado izquierdo del de la murciélago, se detiene. – Bueno, ya llegamos. Oh, parece que no era tan lejos. – dijo en modo de burla, soltando unas cuantas risas. De su bolsillo saca una llave y, al abrirla, le pide a Enzo que entre. Él, al entrar, sabe en donde se encuentra.

- Este era tu hogar, ¿verdad? – preguntó retóricamente la nutria al instante.

- Cuando entraste a mi casa, yo te dije que era mi templo. Bueno, este es mi templo espiritual. Aquí es donde vengo cuando me siento mal o no tengo fuerza para continuar con mi trabajo. Cuando entro aquí, siento que vuelvo a ser feliz. – al terminar, mostraba una pequeña sonrisa de felicidad junto con sus ojos llorosos.

- Se siente tan acogedor. – dijo Enzo al sentir en el ambiente una paz que no sentía en muchos lugares.

- Lo es – Refutó ella, mientras comenzaba a caminar. Enzo la siguió a una pequeña habitación y vio cómo, con delicadeza, se acostaba en la cama. – Al acostarme aquí, trato de sentir el aroma de mí madre. Lamentablemente, con el paso de los años, su olor ya ha desaparecido casi por completo. Solo queda el mío. – dijo, mientras unas lágrimas caían de su rostro. – Lo bueno, si se puede decir así, es que aún queda la ropa de mi madre. Debo agradecer al señor Han, ya que el mantuvo el apartamento en sus manos hasta que volví a tenerla en las mías. Pero no podía volver a vivir aquí. – Decía, mientras las lágrimas hacían más acto de presencia. – La persona con la que quería estar había muerto y yo no fui lo suficientemente fuerte para salvarla. – Terminó de decir, cayendo en llanto. Un llanto que fue calmado, ya que sintió un abrazo cálido por la espalda.

- Tú fuiste fuerte. Con todo lo que me contaste, tú has sido la chica más fuerte que he conocido hasta ahora. – Dijo Enzo, dándole confianza Rouge. Ella se para de la cama y, con una sonrisa en su rostro, saca una blusa del closet de su madre.

- Huélela y dime cómo se siente. – le pidió Rouge, alargando la mano para entregarle la blusa a la nutria.

- Es una aroma dulce. Se siente bien. – dijo la nutria luego de olerla.

- Así es. Eres la segunda persona a la que le permito entrar aquí y sentir el aroma de mi madre. – dijo la murciélago, doblando la blusa de su madre y guardándola.

- ¿Y quién fue la primera? – Preguntó la nutria.

- Mi amiga Topaz. – Respondió con orgullo. – Bueno, ya me siento mejor. Vamos al comedor. – dijo Rouge, saliendo de la habitación seguido por Enzo. Ellos se sentaron en el pequeño comedor y se miraron por unos segundos, hasta que Rouge le sonrisa a Enzo. – Bueno, continuemos en donde me quedé…


- Por favor, tráela de vuelta. – Seguía diciendo, mientras mis parpados seguían cerrados y mi alma se encontraba en toda esa soledad. No quería abrirlos y encontrarme que no había pasado nada. Que mi madre no había vuelto y yo seguía sola.

- Abre tus ojos, mi preciosa gema. – Escuché decir, en medio de toda esa soledad, la voz de mi madre. Casi instintivamente, lo hago. Abro mis parpados, notándome en una escena totalmente extraña, ya que me encontraba tirada de frente en el piso. Noté como varios agentes de G.U.N, quienes me veían con un poco de aversión, apuntándome con sus armas. Vi mis manos y otro temor me invadía.

- ¿Dónde está? – Pregunté, aunque traté que gritar pero mi voz sonaba casi sin fuerza. – ¿Dónde está la Caos Esmeralda azul que yacía en mis manos? – Vi como ellos quedaron sorprendidos por esta pregunta. Noté como uno de ellos, acercándose a mí, escaneaba mis manos con una especie de aparato. Escuché como el aparato hacia unos sonidos antes de detenerse.

- Capitán Max, según los datos ella dice la verdad. – Vi como el mayor de todos los reunidos miraba al joven con sorpresa. – Según estos datos, en sus manos hubo una Esmeralda. Hay picos altos de energía, dando a entender que la Esmeralda desapareció por su cuenta. – Le informaba el joven soldado al capitán. Vi como el capitán se sobaba las manos en sobre su cabeza.

- Por eso no confío en las Caos Esmeraldas. Desaparecen cuando menos lo esperas. – Les decía a sus soldados. En ese momento sentí un olor raro. Un olor desagradable, parecido al olor de un baño público. Luego de dar unos suspiros, me doy cuenta que el olor venia de mí. ¿Cómo era posible? pensaba. Pero esa pregunta la dejaría para después.

- ¿Cómo me encontraron? – les pregunté, con una voz poco audible.

- Bueno, eso es simple. – Comenzaba a decir el capitán. – El edificio de enfrente tiene unas cámaras de seguridad en su portón. Esas cámaras grabaron el momento en el que una ardilla murió por un disparo y luego tú llegaste. Ellos, al ver esto, inmediatamente mandaron la cinta a la policía y los rasgos de la imagen fueron suficientes para que te identificaran en la base de datos de G.U.N; y rápidamente vinimos por ti. – dijo rápidamente. – Esta vez no pudiste escaparte de nosotros. – decía con orgullo, como un depredador al capturar su presa.

- Genial. El día que cumplo mí venganza me atrapan. – dije, aun con la voz poco audible. Vi como ellos se miraron un poco confusos.

- De hecho, ellos apenas vieron la cinta hoy. Pero los la fecha dice que fue hace dos días que estas aquí. – dijo el capitán, asustándome. Era imposible. Apenas llevaba no más de una hora y media aquí.

- Imposible. – dije, ya que debía de ser así. Noté como él asintió frente a uno de sus agentes.

- De acuerdo. – dijo, acercándose a mí. De su uniforme sacó una pequeña Tablet, reproduciendo un video. Vi sorprendida lo que me mostraba. Era yo, repitiendo las palabras "Por favor, tráela de vuelta" una y otra y otra vez; con la mirada perdida. El tiempo que decía que duraba la grabación eran de al menos diez minutos. – Parece que entraste en una especie de shock. Cuando llegamos, no dejabas de decir esas palabras. Te tocamos, te movimos, te gritamos y nada. Me sorprende que parpadearas un segundo, recuperando la cordura. – terminó de decir, alejándose de mí.

- Cadete Topaz, levántela y se encargará de ella. – Le ordenó el capitán a una joven, la más joven de todos los presentes. Su cabello era castaño claro como la arena al mojarse, sus ojos eran de un color violeta y la tez de su piel era blanca, con un pequeño toque de bronceado. Ella me miró con un poco de desagrado. El capitán, al ver esto, se acerca a ella y la mira seriamente – Usted es la cadete con las mejores notas de la academia, pero si no quieres seguir las órdenes de sus superiores puede volver por donde vino. Buscaremos a alguien más. – Escuché como les dijo estas palabras con un tono amenazante.

- Sí, señor. – vi como dijo estas palabras entre los dientes, haciéndole un ademan militar. Ella se acercó a mí y me levantó, colocándome unas esposas. El olor que había sentido al comienzo aumentó, casi como si estuviera en una alcantarilla. Si estuve en shock, mi mente creía que solo pasaron segundos pero las necesidades básicas de mi cuerpo continuaron en estos dos días (no quisiera ver la expresión del rostro de una lavandería si hubiera llevado mi ropa en aquel entonces).

- Si tienes algo más que decir… este es el momento. – me dijo el capitán, con una sonrisa sarcástica. Yo lo miré y le devolví la sonrisa.

- Bueno, tengo unas cosas en un motel y quiero que las recuperen. Tendrán que hacerlo, ya que podrían contener más pruebas en mi contra. – dije, sin dejar de mostrarle una sonrisa. Vi como cogía un radio y daba unas órdenes en clave. Se acercó a mí y me preguntó la ubicación del motel. Yo se los doy, ya que no había nada más que pudiera hacer. Al salir del almacén, dos autos blindados de la organización nos esperaban. Me subieron en uno, junto con la cadete Topaz, mientras que los demás se fueron en el otro. El auto aceleró y noté, por la ventana, como el otro tomaba otra dirección. Me llevaron a un cuartel grande, a las afueras de la ciudad de San Fierro. Ya dentro de este, la cadete Topaz me dirigió a unas duchas. Allí me empezó a desvestir, dejando a un lado mi ropa sucia. Abrió la regadera y sentí el agua fría caer en mi cuerpo. Temblé por esto, haciendo que Topaz cambiara la temperatura de esta a cálida. Me sobaba por todo el cuerpo, limpiando la suciedad que yacía en mí. Escuché el sonido que hacia la puerta automática del baño al abrirse y al momento vi como un agente se posaba detrás de la cadete de cabello castaño como la arena. A pesar de que se me quedó viendo por unos segundos, no sentí pena de mi desnudez. Sin embargo, para la cadete esto era malo, ya que alejó al agente, con una rabia en sus ojos, y me colocó una pequeña bata de baño.

- ¡¿Qué te pasa?! ¡Estas son las duchas de las mujeres! ¡No tienes permiso de estar aquí! – Le gritaba al agente, mientras él trataba de disculparse. – Le informaré al capitán de estas acciones. – terminó de decir. Por un momento, aunque no mostré ninguna expresión, me sentí feliz de que alguien me cuidara. Me recordaba un poquito a la protección que me daba mi madre.

- ¡No, por favor! Yo solo venia para informarte que me pusieron a tú disposición para ayudarte en cualquier cosa. No me notifiques por este error. – Suplicó él. Ella lo miró, aun con enojo.

- Bueno. Si vienes a ayudarme, por favor llévate la muda de ropa de la murciélago. Como está muy, pero muy sucia para limpiarla lo mejor es incinerarla. – Al escuchar estas palabras, mi mente vuelve por un momento. Porque si la quemaban, las cosas que yacían dentro de ella se destruirían.

- ¡No! – Grité, llamando la atención de las dos personas, que me veían sorprendidas. – Al menos saquen las fotos que se encuentran en los bolsillos. – les supliqué, ya que eso era lo único que me mantuvo cuerda en los momentos de dolor en mi búsqueda de venganza. Vi como Topaz se acercaba a mi ropa pero, al verla bien, se detiene.

- Ya la oíste. Saca las fotos de su bolsillo. – Le ordenó al agente, quien parecía indeciso con tocar mi ropa. – Si no quieres hacerlo no hay problema. Pero no esperes que no te notifique con tus superiores por el error de hace un momento. – Terminó de decirle. Me gustó la forma de amenaza oculta en sus palabras. Vi como el metió sus manos dentro del bolsillo de mi pantalón y, con un poco de asco, sacaba una pequeña bolsa plástica. Él la abrió con cuidado, mientras Topaz cogía las fotografías y las veía con asombro. Vi como el agente se acercaba a los lavados y se limpiaba la mano. Me acerqué a la cadete y, estirándome, traté de alcanzar las fotos.

- Lo siento. Estas fotografías serán decomisadas, ya que hacen parte de las evidencias en tú contra. – terminó de decir mientras se las entregaba al agente, dándole unas ordenes, y este se iba, sin dejar la ropa que debía incinerar. No sabía si sentirme bien o mal. Bien porque impedí que destruyeran las fotos; o mal por no tenerlas a mi lado. Miraba el suelo con tristeza, ya que no sabía que sería de mí. La cadete me coge con cuidado del brazo y me lleva a una celda de contención, siendo la puerta una pared trasparente. Allí dentro veo una muda de mis mudas de ropa. Ya debían haber recuperado mis cosas y las usarían en mi contra. Vi como la cadete Topaz me traía una bandeja de comida. Tenía un pedazo de pan, carne, salsa rosada, arroz, un vaso de jugo de mora y una pequeña botella de agua. Tan solo con verla siento como mi estómago gruñe, mientras que mi boca empezaba a babear. Sin pensarlo dos veces comencé a devorarlo todo. Era tal mi hambre que no utilicé ningún utensilio, ya que usaba mis manos. Tampoco me importó si hacia ruido con mi boca al masticar la comida. Cuando sentí que me atragantaba, cogí la botella de agua y me la tomé toda. Al terminar todo, lamia la bandeja para saborear hasta la última gota de alimento. Pasé la bandeja por la ranura que yacía en el fondo de la puerta. Vi como la cadete me miraba. – No olvides limpiarte la cara antes de dormir. – me dijo, casi como una orden. Me miré en el espejo y me di cuenta el por qué lo decía. Toda mi cara estaba sucia y engrasada por la comida. En el pequeño lavado limpié, sin ánimo, mi rostro. Pasaron unas cuantas horas (que no conté) antes de volver a ver la cadete. – Ya son las nueve de la noche. Fuera luces. – Ordenó por radio. En eso todas las luces se apagaron, excepto por una. Donde estaba esa luz encendida, que quedaba frente a mi celda, vi como la cadete se sentaba en una pequeña silla y me vigilaba. La luz no era lo suficientemente brillante como para no permitirme dormir. Cerré mis ojos con temor a lo que el día siguiente traería para mí.

- ¿No te parece muy hermosa? – Mis parpados se abrieron, ya que la voz era de alguien que era imposible que estuviera allí.

- Sí. Igual a su madre. – Un temor me invadía, ya que esas voces eran de personas imposibles. Mis ojos me mostraban que mis manos y pies estaban atadas a unas cadenas. Vi, como de entre las sombras, aparecían el chita y el orangután, mostrándome una sonrisa morbosa.

- Y qué hay de mí. Soy su padre, quiera ella o no. – Vi como él salía igualmente de las sombras. Vi como Strauss aparecía con arma en una mano y cámara en otra, mientras se reía desquiciadamente.

- Me pregunto si sabrá como su madre. – dijo el chita, lamiéndose los labios.

- ¿Podemos jefe? – Le preguntó el orangután, sintiendo como me sobaba sus asquerosas manos por mi rostro.

- Es mi hija. Bueno… una de las muchas que tal vez tengo. Así que me da igual lo que le hagan. – dijo, con una sonrisa de complicidad. Un temor me invadía, ya que ellos se comenzaron a reír sádicamente.

- ¿Se lo hacemos igual a como se lo hicimos a su madre Sapphire? – Preguntó el chita al orangután.

- Por supuesto. Igual que a su linda y tierna madre. – terminó de decir el orangután, mientras comenzaba a rasgar mi ropa. Un horror recorría mi cuerpo y mi alma. Me desataron pero mi cuerpo no se movía para nada. Vi como el orangután se acostaba en la cama y me acomodaron encima de él. Mis lágrimas comenzaban a brotar de mis ojos, sintiendo miedo de lo que se aproximaba. Sentí como el chita se ponía detrás de mí, mientras los latidos de mi corazón aumentaban.

- Me pregunto si soportará tanto como su madre. Además, ¿Podrá tener un hijo a tan corta edad? – dijo Strauss con morbosidad en sus palabras, grabándome con la cámara que yacía en sus manos.

- Uno. – comenzó a contar el chita.

- No… No pueden. – Dije temerosa.

- Dos. – continuó diciendo el orangután.

- ¡No lo hagan! ¡Por favor, no lo hagan! – grité, suplicando.

- ¡Treees! – Gritaron todos, como si de una celebración se tratara.

- Nooooooo…– Grite, pensando que mi vida había terminado.

Sentí el duro golpe de mi cara contra el suelo. Me había caído de la cama de la celda en la que me encontraba. Sentí la sangre brotando de mi boca. Con la poca luz que iluminaba la celda pude vislumbrar en mi mano esa sangre. Sentí un miedo absoluto, porque pensaba que esa sangre provenía de otra parte de mí.

- ¡Mami, sálvame de mis pesadillas! ¡Por favor mami, necesito que vuelvas! – Grité lo más fuerte que pude, pero sentía que no servía para nada. Ese dolor seguía en mí. Ese miedo me carcomía por dentro. Cuando alcé la mirada, vi como la cadete Topaz me miraba, con unos ojos llorosos. – ¡Por favor, dame una de las fotos! Solo una. Es todo lo que quiero. – le suplicaba a ella, quien me miraba pensativa. Vi como desaparecía de mi vista y no tenía esperanza de que volviera. Pero a los pocos minutos vi que volvió, con algo maravilloso en sus manos.

- Solo pude sacar una para que no se dieran cuenta. Como no hay cámaras aquí, no me preocupa mucho que me atrapen. Mi turno termina a las cinco y cuando te la pida me la das rápidamente, ¿Entendiste? – me dijo, pasando la foto por la ranura que se encontraba al fondo de la puerta. Yo asentí ante su pregunta e inmediatamente la cogí. La foto que me había traído era la foto que ilumino mi alma en el momento que no sabía cuál era la verdad que me rodeaba. Era la foto del día en que nací. Al tenerla en mis manos la besé varias veces y me acosté en la pequeña cama, con la foto sobre mi pecho. Me sentía feliz y protegida en medio de todo ese temor.

- No eres la misma persona de la que nos advertían en el informe. – Dijo ella, sentándose en la silla, limpiándose unas lágrimas que brotaban de sus ojos. Quería hablarle, preguntarle sobre que pensaban sobre mí. Pero no era bueno. Al final era de G.U.N y ellos podían estar mintiéndome en esos minutos para sacarme cualquier tipo de información. Pero durante los siguientes días fue así, ayudándome a sentir bien. Antes de que apagaran las luces ella me entregaba una de mis fotos, permitiéndome dormir tranquilamente. Dormía pero no soñaba. No había vuelto a soñar desde el día murió mi madre. Aun así, mis pesadillas no volvieron durante toda la semana que me mantuvieron en las celdas de retención. Para el octavo día vi como el capitán de ese día llegaba llevando puesto un uniforme elegante, como de presentación o ascenso. Junto a él, estaban todos los agentes que me "capturaron" ese día. Todos portando el uniforme formal de reuniones. Allí vi a la cadete Topaz, con ese bonito uniforme azul con falda. El capitán Max tecleó unos números en el panel de la puerta y esta se abrió. Me esposaron rápidamente y comencé a caminar por el pasillo.

- ¿A dónde me llevan? – Pregunté sin esperar respuesta. Ya que yo no era nadie.

- Bueno, mi pequeña ladrona y asesina, vamos a Central City para tú juicio. – Dijo el capitán.

- Ya veo. – Fue lo único que le contesto. No podía negarme a esas acusaciones ya que eran verdaderas. Era una ladrona profesional y una asesina igualmente. De la base me llevaron a un pequeño aeropuerto militar. Allí nos subieron a un avión grande y a los pocos minutos despegó. Sentí un poco de temor al ver la altura en la que me encontraba. Había volado alto, pero no tanto.

- Tranquila. Todo estará bien. En un par de horas llegaremos a nuestro destino, trata de dormir mientras tanto. – me dijo la cadete, quien yacía al lado derecho de mi puesto. Yo le mostré una pequeña sonrisa, porque de todas las personas presentes ella era la que más confianza me daba. Hice lo que me dijo y me dormí. Casi al instante me desperté, ya que sentía que llamaban. – Rouge. Ya llegamos. – dijo la cadete Topaz, quien me ayudaba a levantar del asiento. Vi por la ventana y noté que el cielo era más azul de lo normal.

- Pareciera que aún seguimos en el cielo. – le dije, mostrándole una sonrisa. Ella me miró, con una sonrisa un poco forzada. Como si quisiera decirme algo que no podría creer.

- Bueno, no te equivocas del todo. – Escuchar estas palabras me dejaron confusas. Al salir del avión veo la razón por la que lo decía. Estaba en el cielo. Estaba en gigantesco aparato que sobrevolaba la ciudad. – Bienvenida al Carrier. Las mejores naves de este siglo, que protegen los cielos del planeta Tierra. – decía ella con orgullo. Aun así, no podía creer en donde me encontraba. Había leído de ellos pero nunca pensé que estaría subido sobre uno de los cientos que se ubicaban por todo el mundo. También sentía el viento sobar mi cuerpo, sintiéndose bien. Di unos pasos pero tropecé y caí, lastimándome el tobillo derecho. Topaz me levantó del suelo y me cargó, para evitar que sufriera. Escuché unos aplausos en forma de sarcasmo.

- Muy bonito cadete. – decía él capitán sarcásticamente.

- ¿Hice algo malo? – Preguntó ella confusa.

- Bueno, además de sustraer estos días evidencia contra la acusada, la cual pudo dañar, permites que ella te pueda hacer daño. – Dijo estas palabras, denotándose un poco enojado. Noté como el rostro de Topaz palidecía al escuchar como la habían descubierto. – Ella fácilmente puede colocar esas cadenas sobre su cuello y rompérselo en un instante. Espero que haya disfrutado de su instancia en G.U.N, ya que no volverá a ser aceptada en esta sino que en todas las organizaciones gubernamentales. Tendrá suerte si consigue un puesto como celadora. Andando. – Ordenó, mientras los demás agentes se reían entre los dientes por la suerte de la cadete. Ella comenzó a caminar sin ganas, mirando hacia él suelo.

- Lo siento. – Dije, ya que me sentía culpable de sus problemas. Ella me miró con los ojos llorosos, pero en sus ojos no se denotaba tristeza.

- No lo sientas. Yo me uní a la academia de G.U.N para ayudar a los necesitados y proteger a los indefensos. Hace siete días, después de un año de mucho esfuerzo, al fin he hecho una de las dos cosas que le prometí al mundo que me rodeaba. Ayudé a alguien que lo necesitaba mucho y no me arrepiento. – me decía, limpiándose sus lágrimas.

- Muchas gracias, anciana. – le dije, mostrándole una sonrisa. Ella arqueó una ceja.

- Anciana, solo tengo 16 años. – se quejó ella.

- Siempre serás 9 años mayor que yo. Siempre serás una anciana para mí. – le dije en burla. Ella sentía un poco de rabia ante mis palabras.

- Al menos no soy una ladrona. – me dijo, con un tono de voz alto.

- No soy una ladrona. Soy una Cazadora de tesoros. Pero no es mi culpa que esos tesoros estén detrás de cajas fuertes o ya sean de otras personas. – le dije. Ella se me quedó viendo, antes de soltar unas carcajadas. Sin darme cuenta, ya estábamos dentro de la sala de control. Vi cientos de personas moviéndose de un lado a otro, dando órdenes y tecleando cosas.

- Manden toda la fuerza posible a la costa del continente. – Decía uno.

- Manden 30 unidades terrestres a la cuidad de la nación de Spagonia que mencioné. Uno de los Carrier ha caído, destrozado por las fuerzas de Robotnik. Pero no ha habido señales de conquista a la nación por parte del Doctor Robotnik – decía otro, con temor en su voz.

- Cesen el fuego. Las señales indican que el pequeño ejército de Robotnik abandona las montañas de un poblado de Chun-nan. – decía otro, con orgullo. Y así sucesivamente escuchaba lo que decían hasta que abandonamos la sala. Recorrimos por varios pasillos hasta que llegamos a una especie de sala de interrogatorios. Allí entramos todos, siendo vigilados por los soldados que trabajaban en el Carrier. Esperamos varios minutos y, con una sonrisa, veía como el capitán Max se sentía impaciente en el lugar.

- Ni siquiera sé por qué estamos aquí. Fácilmente pudimos haberte hecho un juicio en tierra. – decía, alzando poco a poco la voz. – Me pregunto qué idiota quiso hacerte este juicio. – Terminó de decir, sentándose en una de las sillas.

- Creo que yo soy el idiota del que habla. – Escuché, mientras la puerta se abría de manera automática y un señor de cabello gris con un ojo ámbar y otro azul, creyendo que el color de su piel era moreno hasta que la lámpara ilumino que era de tez bien blanca (el juego de las sombras y las luces, haciéndote creer ver cosas que no son). Noté como el capitán se asustaba, pero le mostraba un saludo militar a ese señor.

- ¡Buenos día Comandante! – Grito el capitán Max. Ese hombre lo miró serio, sin responder al saludo que le daba, sentándose en la silla. Yo no podía creer que él fuera el Comandante de G.U.N. Era muy joven. No parecía alguien mayor de 48 años para un cargo, que según decían, solo eran actos aquellas personas mayores de 60 años. Sentí como la cadete Topaz me ponía en la silla, viendo directamente al señor. Vi como él revisaba unos papeles en la mesa, que tenían mi nombre escrito. Cuando los dejó de mirar, él me miró directamente a los ojos.

- Bueno, es hora que comience tú interrogatorio. – dijo él, juntando sus manos.

- Pero señor. Es una simple criminal. Usted no debería encargarse de estas tareas mundanas. – dijo el capitán Max, interrumpiéndolo.

- Es verdad. Esto es demasiado bajo para el cargo al que estoy. Pero la razón por la que hago esto es porque escuché a varios de mis agentes hablando sobre las persecuciones de esta chica o mejor dicho niña. Cuando los oí hablar, pensé: "Debe ser alguien con muchos años de experiencias" Pero al ver su archivo, no podía creer esto. Una niña, escapando de nuestros mejores agentes y las trampas que les poníamos. Eso llamó mi interés. – Le dijo al capitán Max, con un tono de voz seria. Él comenzó alejarse de nosotros, con un poco de temor.

- ¿Cómo es posible que usted, siendo tan joven, sea el comandante de todo G.U.N? – Le pregunté.

- ¿Creí que yo era quien debía interrogarte?– Dijo seriamente. – Pero es cierto. Alguien tan joven, a sus 47 años, sea el que comanda las fuerzas que protegen a este mundo es raro. La respuesta es simple, yo soy un buen líder. Se tomar las decisiones correctas. Soy muy lógico. He demostrado ser lo suficientemente fuerte como liderarlos hacia la victoria de nuestros enemigos, sean de la Tierra o del espacio exterior. – Aunque sus palabras las decía seriamente, parecían que estaba orgulloso de decir esto en el fondo.

- Mobius. – dije, haciendo que me viera confuso. – Durante estos dos años descubrí, por parte de nativos americanos y diferentes tribus, que al planeta Tierra se le llamaba Mobius. – Terminé de decir, sin miedo a cualquier represalia.

- Bueno, Tierra Mobius. No suena tan mal. Suena mejor, de hecho. – Dijo, sin dejar de estar serio. – Volviendo a donde estábamos, dígame: "Acepta los cargos por el homicidio de 19 personas, de diferentes especies" – Preguntó él.

- No. Fueron 20. El primero que asesiné fue en un hospital de Cottonmouth, Florida. – le contesté, notando una leve sorpresa por parte del Comandante.

- Bien, sigamos. "Acepta los cargos de 128 robos a corporaciones, museos y/o joyerías de diferentes estados del país" – Preguntó.

- Sí. Creo que eran más pero no me acuerdo. – Dije, fingiendo una sonrisa.

- Bueno, con esto se podría cerrar el caso y darte una sentencia de 37 años. Aun así, quiero que me digas una cosa: ¿Por qué? – terminó de decir.

- ¿Por qué? – Repetí la pregunta, pensando que no había oído bien.

- Exacto, ¿Por qué? ¿Por qué hiciste todo esto? – Volvió a preguntar.

- Por venganza. – dije, notando el silencie que yacía en la sala. Sabía que debía continuar hablando para satisfacer su ego de tenerme en sus garras. – Vivía felizmente con mi madre. Pero él que le hizo a daño a mí madre, volvió. Robé la Esmeralda con la intención de salvarla pero no pude, no fui lo suficientemente fuerte. Usé el dolor que me había dejado para destruirlo. Pero, a pesar de haberlo matado, el dolor sigue allí. Me está matando lentamente. – en ese momento empecé a sollozar.

- Según las pruebas de ADN, Strauss era tú…–

- ¡Strauss no es nada mío y yo no soy nada de él! – grité, interrumpiéndolo. No quería que él dijera esa palabra. – ¡Mi padre era y será mi madre! – Volví a gritar, golpeando mis palmas sobre la mesa, haciendo que los soldados apuntaran sus armas contra mí. – Tienen miedo de una niña. Patético. – termine de decir, tirándome sobre la silla, viendo hacia el suelo con rabia. – No sé si usted sepa el dolor que siento. Y si lo sabe, ¿Usted hubiera hecho lo que yo hice? – Pregunté, sin esperar que me contestaran.

- Capitán Max, ¿Usted ha perdido alguna vez a algún agente bajo su mando? – Le preguntó el Comandante.

- Sí señor. – Le contestó.

- Ha querido matar a los culpables de esos crímenes. – dijo otra pregunta.

- Sí, señor. – Le respondió rápidamente

- ¿Lo ha hecho? – Preguntó, alzando un poco la voz.

- No, señor. – Respondió.

- ¿Por qué? – Preguntó el Comandante sin dejar de estar serio.

- Por qué he sido instruido, por muchas personas a lo largo de mi vida, que eso es malo y que debo ser siempre acorde a la justicia. – le contestó el capitán Max.

- Ves. Cuando dejas que las buenas personas te guíen en tú vida no dejas que esos sentimientos te consuman. Supongo que hubo personas que trataron de detenerte, de buena manera, pero tú no los dejaste. – Dijo calmadamente. Lo miré fijamente a los ojos, porque era verdad. El señor Han trató de detenerme, pero yo no lo dejé. Pude haber tenido un destino diferente si me hubiera quedado, dando mi versión de los hechos ante la policía y G.U.N, pero no quería. Solo pensaba en matar al maldito que la mató. – Aun así, si yo hubiera sido tan fuerte como tú en aquel entonces, yo hubiera hecho lo mismo. – Le escuché decir tristemente, mientras yo alzaba la mirada sorprendida. – Vi como crearon a esa criatura pero me mentí a mí mismo. Me dije: "Todo es producto de mí imaginación". Durante las siguientes semanas me pareció agradable, ya que a quien consideraba mi hermana era su mejor amiga. Ella me decía: "Solo porque es serio no lo vuelve malo". Así pasó el tiempo, antes de la tormenta. Yo estaba en un pequeño cuarto de entretenimiento, junto con diez de mis amigos y amigas, cuando escuchamos los disparos. Se escuchaban disparos por un lado y por otro se escuchaban explosiones. Teníamos miedo, por no saber lo que pasaba. De un momento a otro, la puerta de la sala explotó. Allí, al instante, entraron como una decena de soldados de G.U.N, quienes rápidamente nos apuntaron con sus armas. Noté que todos ellos temblaban, como si fueran hacer algo malo que no quisieran. Pensamos que moriríamos en ese instante, hasta que llegó un señor que gritó: "¡Están locos! ¡No ven que no están infectados! ¡Llévenlos rápidamente a las naves de evacuación!" Cuando ya estuvimos a salvo, descubrimos que nosotros éramos los únicos sobrevivientes de la colonia, junto a uno que otro científico. Nos dijeron que los diferentes programas de investigación se salieron de control. Que infestaron a los científicos y por eso tuvieron que ejecutarlos. Sin embargo, mientras evacuábamos la colonia, yo escuché por parte de uno de los soldados la mención del nombre de esa criatura. En eso me di cuenta de la verdad. Todo lo que pasó fue su culpa. Perdí a todos los que quería por esa maldita criatura. Juré averiguar la verdad. Me inscribí en G.U.N, subí escalones rápidamente, fui ejemplarmente correcto y llegué aquí. Pero, esa verdad que busco sigue oculta a plena vista. He descubierto una parte de la verdad, pero siento que falta mucho por descubrir. – Se detuvo por unos segundos, sobándose sus ojos. Escuché unos suspiros de asombro por parte de varios soldados que vigilaban la sala. Como si verlo en esa posición fuera algo nuevo, o poco común. – Sé que soy alguien que trata de pensar lógicamente pero… sé que si volviera a ver a esa criatura, yo dejaría de lado cualquier pisca de cordura para atraparlo y hacer lo necesario para verlo pudrirse en el agujero más hondo de este mundo. – Terminó de decir, viéndome seriamente. Por alguna razón, sentía que sus palabras eran pensamientos parecidos a los que sentí durante estos dos años. Un odio que no te dejar ver más allá de la cordura y la razón. – Técnicamente, debería mandarte a prisión por los siguientes 37 años, pero tengo lago mejor para ti. – dijo, mostrándome una sonrisa.

- ¿Y eso qué seria? – Le pregunto, sin saber si será para bien o para mal.

- Quiero que te nos unas a la organización. Me gustaría tenerte como una agente especial. Tus habilidades de sigilo son avanzadas para tu corta edad pero, con entrenamiento especial, apuesto que aquí mejoraras mucho más. Así que, ¿Qué me dices? – me dijo, ya sin la sonrisa. Pensé en sus palabras. Ya que lo que escogiera decidiría el nuevo rumbo de mí vida.

- Si yo trabajara para G.U.N no sería una simple agente. Yo sería…– en eso me paré de la silla, haciendo que los soldados me apuntaran, de nuevo. Sin importarme esto, hice una pose frente a ellos. –… Rouge the Bat… Súper espía. – Sollocé un poco al terminar. Ya que estas mismas palabras se las había dicho a mi madre.

- Bien dicho. Firmaré los papeles de tu ingreso. Eres una piedra en bruto que quiero vigilar personalmente. – Terminó de decir, parándose de la silla y, quitándome las esposas.

- Hay algo que necesito que me conteste, por favor. – le pedí suplicando.

- ¿Qué sería? – preguntó el Comandante.

- La anciana Topaz tuvo piedad conmigo, ya que desobedeció las órdenes para que me sintiera bien después de lo que hice; y la van a echar por eso. ¿Está bien que un soldado tenga misericordia por el enemigo capturado? – Le dije.

- Sí, está bien. ¿Quién es Topaz? – preguntó él.

- Soy yo, señor. La cadete Topaz – Dijo ella, haciendo un saludo militar.

- Bueno, quiero que usted también inicie un entrenamiento especial. No será coma la de la "Espía" Rouge, pero cuando termine… podrá acceder a las misiones especiales de alto rango. – Dijo el Comandante. Noté como Topaz se sorprendía ante lo dicho. – ¿Hay algo más que quieras preguntarme? – Me dijo.

- ¿Podré volver a Westopolis? – Le pregunté, esperando que el pensamiento que tenía en mente no lo dijera.

- Por ahora no. – Dijo, sintiéndome mal por eso. – Pero tranquila, podrás comunicarte con algún ser querido para informarle parte de tú situación. Cuando cumplas 12 años, la edad legal de las criaturas antropomórficas para acceder a ciertos privilegios de adultos, tendrás más libertad. Solo tienes que esperar. – dijo seriamente.

- Gracias. – Dije, mostrándole una sonrisa.

- No me decepciones. – Dijo, saliendo de la sala. – Capitán, ya puede irse. Esas dos chicas quedaran se aquí. – Vi como el capitán quedaba estupefacto a lo que había pasado.

- Ya lo oyó, puede irse. – Le dije, mostrándole una sonrisa de victoria. Él me miró a mí, y a la cadete Topaz, antes de salir de la sala, junto con los otros agentes que nos acompañaron.

- No lo puedo creer. – Dijo Topaz, sentándose en una de las sillas.

- Pues es verdad, anciana. – le dije, soltando unas risas

- Gracias, ladrona. – Dijo, también soltando unas risas.

- Señorita Rouge, el Comandante dijo que si quiere llamar a alguien que este es el momento apropiado. – me dijo unos de los soldados de la nave.

- De acuerdo. – dije, parándome de la silla. Lo seguí por el pasillo por hasta llegar a una especie de sala de comunicaciones. Allí él, con amabilidad, me entregó el teléfono. Marqué rápidamente al teléfono de la persona con quien quería hablar después de todo este tiempo.

- Joyería y compraventa el dragón de Jade, muy buenas tardes. ¿En qué podemos servirles? – contestó el señor Han con su tono amable y bondadoso.

- Hola señor Han. ¿Me extrañó? – Dije con alegría.

- Rouge, ¿En verdad eres tú? – Preguntó él, con un tono de asombro.

- Sí, soy yo. Me alegra mucho escuchar su voz. – Dije, con lágrimas en mis ojos. Cada día quería dejar mi búsqueda y volver con él. La única otra persona que consideraba como parte de mí familia. Pero pudo más el dolor y el odio.

- Supongo que debo colgar rápido. No quiero que te atra-…– Dijo rápidamente, ya que supongo que sus líneas estaban interceptadas.

- No se preocupe. Estoy en Central City. En la Base central de G.U.N. – Dije, tratando de calmarlo.

- Oh, no puede ser. – Le escuché decir tristemente.

- Solo quiero pedirle que cuide el apartamento de mi mamá y mío. Cuando termine mi entrenamiento como espía de GUN quiero, con el corazón, volver a ver mi hogar. – le pedí con emoción.

- ¡¿Entrenamiento con G.U.N?! – Preguntó confuso y sorprendido.

- Ohh, no se lo dije. Fui tan buena escapando que quieren que trabaje para ellos. Por eso no podré verlo en un par de años más. Pero sé que lo volveré a ver. – Traté de decir con ánimo, secándome las lágrimas de mi rostro.

- Vaya. Tú mamá estaría orgullosa. – dijo felizmente.

- Ella está orgullosa. – Refuté, porque seguía pensando que ella solo estaba perdida y que de alguna manera volvería.

-Sí, está orgullosa. Supongo que este es un adiós. – Dijo tristemente.

- No. Es un hasta luego. – le refuté seriamente.

- En ese caso, hasta luego Rouge the Bat. La Súper espía que quiero como a una nieta. – Dijo, y yo escuchaba sus sollozos de mi lado.

- Yo también lo quiero mucho. Hasta luego. – terminé de decir, mandando un beso por el teléfono, mientras colgaba. Noté como el soldado me veía fijamente, con una tristeza que trataba de ocultar con una sonrisa. Antes de salir de la sala escuché como unos de los agentes ponía en uno de los altavoces Last Ride to Hell (Escuchar/Ver en mí perfil). En cierta manera me gustaba esa canción. Me sentía como las letras que eran cantadas.

- Está lista para su nueva vida. – Dijo él, mientras caminábamos por los pasillos.

- Sobreviví al infierno en el que viví. Siempre estaré lista. – Dije mostrándole una sonrisa, sin dejar de recordar esa canción que se había pegado a mi mente, que se combinaban con mis pensamientos que yacían en ese momento. – Dolor, gritos, llantos, odio, ira, venganza y muerte. Todo eso fue lo que he vivido en tan solo dos años. En cierta manera, estoy feliz de que me atraparan. Ahora espero convertirme en alguien mejor. Por ti, mami. Te quiero.

Fin del Flashback


- El resto… es historia. – terminó de decir Rouge, viendo como Enzo se secaba las lágrimas que brotaban de sus ojos.

- Vaya… – Fue lo único que pudo decir la nutria ante la historia dada por la murciélago. – Pero, ¿Cómo fue que se la contaste a Topaz? –

- Es simple. Un mes, después de iniciado nuestro entrenamiento, pasamos por un pueblo cerca de Westopolis. Yo me escapé para saludar al señor Han. Cuando volví de nuevo al convoy, me querían encerrar por una semana en el calabozo, por desobediencia. Sin embargo, Topaz tomó mí lugar. Al ver ese acto, que no pude creer al comienzo, decidí decirle mi historia. Me escabullí dentro de su celda (fácilmente) todos los días que estuvo presa para acompañarla. Dormíamos acurrucadas en la pequeña cama, sintiendo un calor especial. No como el que sentía con mi madre, pero era agradable. Cuando le conté todo esto, y más, ella no dejó de llorar. Desde entonces, hemos sido muy buenas amigas. A pesar de que no nos tocan muchas misiones juntas. – Le respondió Rouge con orgullo.

- ¿Y qué pasó con el señor Han? – Preguntó de nuevo Enzo.

- Bueno, él aún tiene su joyería y compraventa. Es ayudado por su hijo, quien…–

- ¡¿Él señor Han tiene un hijo?! – Preguntó sorprendido la nutria ante la declaración de la murciélago.

- Sí. Tiene un hijo de 25 años. Lo que pasa es que el señor Han es divorciado, y su ex esposa quedó con la custodia del hijo. El señor Han vino a este país buscando mejores oportunidades de trabajo y escapar de un régimen comunista. Le dijo a su ex esposa que cuando tuviera suficiente ingreso, la traería a ella y a su hijo. Un año después de que me uní a GUN supe que al fin los había logrado traer. Me sentí feliz de eso. – Enzo vi como Rouge sonreía de felicidad. – En cierta manera, mi madre le recordaba al hijo que no podía tener a su lado. Por eso la protegía tanto. Ahora, ¿Hay alguna otra pregunta que quieras hacerme? – Dijo sonriendo, en modo de burla

- De hecho, sí. Tú madre mencionó a un hombre fantástico y que lo verías algún día. ¿Has hablado o te has encontrado con ese hombre? – Preguntó seriamente. Enzo vio como la sonrisa de Rouge desaparecía, viéndolo seriamente.

- No. Me temo que no. Cuando tuve un poco más de libertad en la agencia, pensé: "Solo necesito su nombre para encontrarlo". Le pregunté al señor Han, pero él reacio a contestarme. Lo poco que me dijo fue que no solamente ayudó a mi madre, sino que también lo ayudó a él. Cuando lo conoció su negocio estaba al borde de la quiebra, sin saber qué hacer. Luego, él apareció con una propuesta. En pocos días consiguió el dinero suficiente para pagar las deudas. El señor Han no sabía cómo agradecerle, pero él le dijo: "Quiero que la cuides (a mi madre) muy bien. Eso es todo lo que te pido". El señor Han me dijo que duró como un mes más con ellos, después de mi nacimiento, antes de irse. – La murciélago dio unos suspiros antes de continuar hablando. – Mi madre le pidió que no me dijera nada. Aun así, yo seguía suplicándole. Con todas mis suplicas me terminó de decir parte de la verdad: "Como esperas que te dé su nombre si yo nunca supe cómo se llamaba. Solo le decíamos Doctor o El Doctor". – Termino de decir Rouge, mientras miraba hacia el suelo.

- Doctor Who? – Preguntó Enzo.

- ¿Doctor Qué? Eso mismo me pregunto yo. Trata de buscar en una base de datos a alguien con ese simple rango o alias. – Dijo ella, soltando unas carcajadas. – ¿Cómo puedes vivir más de nueve meses con una persona sin siquiera saber su verdadero nombre? –

- Estoy seguro que lo veras algún día. – dijo Enzo, tratando de darle confianza.

- Gracias. Eso espero. – Dijo ella, mostrándole una pequeña sonrisa. – Tengo muchas cosas que agradecerle. – Terminó de decir, parándose de su asiento. Enzo también hizo lo mismo.

- Te esperaré afuera. – le informó. Rouge comenzó a apagar las luces del apartamento del que fue su hogar. Ese lugar, en donde pasó los mejores momentos de su vida. Ese lugar tan especial, que cambiaría todos los tesoros que están en su disposición solo para volver a esa época en la que era feliz, junto con su madre y el señor Han. Lamentablemente, ella sabía que eso no era posible. Lo hecho, hecho estaba. Sin darse cuenta, ya había abierto la puerta del apartamento para salir de allí. Pero su alma no le permitía irse. Esta vez no tenía la fuerza para salir. Miró hacia el suelo, mientras unas lágrimas brotaban de sus ojos. En medio de ese sentimiento de dolor, sintió un empujón por la espalda. Ya afuera, en el pasillo, giró rápidamente sorprendida de lo que había pasado y la vio. Vio a su madre, quien le sonreía. Ella llevaba su atuendo típico pero en color blanco. Rouge también cambio su tristeza por una sonrisa de felicidad. En medio de un parpadeo, ella desapareció. Aun así, la murciélago sabía que aunque no pudiera verla con sus ojos, la vería con el corazón. Rouge se limpió sus lágrimas y cerró la puerta de su hogar.

- Ahora, ¿Qué hacemos? – le preguntó a la nutria, sin dejar de sonreír.

- Bueno, es hora de que vayamos a G.U.N. Después de todo, debo dar el informe final de tú situación. Aun me quedo sorprendido de que en menos de un mes, después de la invasión de Black Doom, construyeran una base grande en donde antes era el centro. – terminó de decir. Ella asintió.

- Y el Comandante se trasladó a la ciudad para darle confianza a los ciudadanos de que estarán más protegidos. Pero pídeles que arreglen un hospital o una escuela y demoraran meses antes de firmar cualquier cosa. – Dijo y comenzaron a bajar las escaleras. Ya afuera del edificio, Rouge lo detiene.

- ¿Qué vas a decirles? – Le preguntó a Enzo.

- Bueno, diré que la escena te recordó a un trauma emocional de tú infancia. Eso hizo que tú perdieras el control. Aun así, gracias a la sesión que tuvimos, puedo afirmar que hablar de tus emociones te ha calmado. Como recomendación, deben darte tres días de reposo para evitar cualquier problema. – Le contestó la nutria.

- Eso es bueno. Con todo lo que conozco a G.U.N pensé que, con lo sucedido, me meterían por una semana al calabozo. – Dijo Rouge en modo de burla, riéndose.

- Eso es lo que querían hacer en un principio. – Dijo seriamente Enzo. Rouge dejo de reír y lo vio sorprendida. – Tuve que convencerlos para que me permitieran darte esta terapia para ayudarte. – le refutó la nutria.

- O sea, ¿que tú tienes la culpa de todo este dolor que recordé esta tarde? – Dijo Rouge, con ira en su tono de voz.

- Desde mi punto de vista, esto lo necesitabas. – Terminó de decir. Enzo vio como Rouge se acercaba a él, mientras levantaba la mano para darle una cachetada. Él cerró los ojos, esperándola. No tenía derecho a evitarlo. Sin embargo, no sintió ninguna cachetada en el rostro sino todo lo contrario. Sintió un beso de pasión. El abrió los ojos y vio como ella lo besaba. Ella se separó de él, mostrándole una sonrisa.

- Gracias. Realmente lo necesitaba. – Le dijo mostrándole un giño.

- Enzo, con que aquí estabas. Veo que estas bien acompañado. – Escuchó Rouge la voz de un joven.

- Brandon, ¿Qué pasa? – Preguntó Enzo, separándose de un poco de Rouge.

- ¿Que qué pasa? Tú hermana Trish te ha estado llamando todo el día y tú no contestas. Es por una cosa sobre una cuarentena en Empire City. – Terminó de decir el joven, quien era un felino café con ojos café y cabello negro. Su atuendo era una camisa azul sin mangas y unos jeans azules algo rasgados. Sobre su cabeza portaba unos audífonos (Ver Brandon 3.5). El felino saco una Tablet de un pequeño morral que yacía en su espalda. – Mira, aquí te paso a Cole. – Terminó de decir, mientras le pasaba la Tablet, viendo al novio de su hermana (Ver Cole McGrath inFamous).

- Cole, ¿Qué es lo que ha pasado en la ciudad? – Preguntó la nutria, asustado.

- Oh Enzo, hace un momento se escuchaban las voces de los moribundos mientras morían aplastadas por edificios o por incendios. La ciudad se ha venido abajo. Ha aparecido una especie de plaga. Se han presentados revueltas, robos y violaciones. Literalmente, el suicidio de la civilización. En un burdo intento, de contener la amenaza biológica, el gobierno ha cerrado todos los accesos de la ciudad. Ahora estamos encerrados en esta jaula, rodeado de psicópatas. Los policías han sido casi aniquilados o tiene mucho miedo para salir a las calles a enfrentar esto. Espero que o sea tarde para-…– En eso, se ve como la pantalla se mueve de un lado a otro.

- ¡Dame eso! – Gritó una nutria, que llevaba un atuendo parecido a paramédico, enojada.

- Trish, ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿No estas…? – Decía temeroso Enzo.

- Oh, Come on! Dime que no volviste a caer en las bromas de Cole. – Decía seriamente Trish. Enzo apartó la mirada y vio al joven felino, quien silbaba, tratando de aparentar que no sabía nada. – Mira lo que pasa es esto: "Se ha detectado unos casos de Ébola en la ciudad. Por lo que estará en cuarentena durante tres días. Queremos saber si hay otros infectados que puedan esparcir el virus". En sí, eso es todo. –

- Dile a tú novio que si no deja de asustarme le patearé el trasero y…– Decía Enzo, en tono de amenaza.

- Como si pudieras hacerlo. Bueno, nos vemos. Te quiero. – Termino de decir, con una sonrisa.

- Yo también te quiero Trish. – Le dijo Enzo con cariño. La imagen se apagó y la nutria le entregó la Tablet al felino, quien la guardó rápidamente en su morral, mientras este se subía a su bicicleta de color negro.

- Bueno, te dejo Enzo. Tengo unas cosas pendientes. Nos vemos. – El felino vio a la murciélago y le mostró una pequeña sonrisa. – Nos vemos, Rouge the Bat Súper espía de G.U.N. – Terminó de decir, comenzando a paladear y alejándose del lugar; mientras Rouge se sorprendía por esto. Una cosa era que supieran de ella como cazadora de tesoros. Pero otra cosa, totalmente distinta, es que sepan de su afiliación a G.U.N.

- ¿Quién es él? – Le preguntó ella Enzo, quien se sorprendió por esto. – ¿Quién es ese muchacho? Y dímelo todo. Sabe que yo pertenezco a G.U.N y eso no es normal. – Terminó de decir la murciélago seriamente.

- Bueno, se podría decir que son inteligentes. Él y Cole eran del mismo pueblo. Brandon era adoptado, viviendo a las afueras del pueblo y Cole vivía en el centro. Cuando "Robotnik" atacó el pueblo, tenían 4 años. Perdieron a sus familias, pero el destino quiso que se conocieran. Junto con otros niños, que eran como prodigios, formaron una pandilla. Ellos iban de pueblo en pueblo, viviendo una aventura. Lamentablemente, pasó algo que los separó hace casi un año. Cada quien tomó su camino. – dijo, viendo un poco triste a Rouge. – Cada vez que escucho a Cole hablar sobre ese grupo que formaron, siento que habla de su familia. Sintiendo dolor por separarse de ellos. – Terminó de decir Enzo, soltando una carcajada. – Me da algo de risa la historia que se inventó Brandon para soportar la muerte de su familia adoptiva. – Rouge lo vio, arqueando una ceja.

- ¿Y cuál es esa historia? – Preguntó Rouge seria.

- Bueno, él dice que fue humano…– Enzo soltó una pequeña carcajada. – Un humano de otro mundo. Que, con sus palabras, se sentía como un inútil para su familia. Una noche, una especie de grieta apareció en su patio, mostrando un "Vacío", y saltó en ella. Dice que al estar dentro del "Vacío" sintió que no había diferencia de la luz y la oscuridad. Que todo era una "nada "infinita. Dice que pudo estar atrapado unos cuantos segundos o milenios allí. Cuando otra grita se abrió en la "nada", sintió que era absorbida por este. Cuando iba a salir por la grieta, sintió como su cuerpo se destrozaba. – Enzo suelta un suspiro antes de continuar. – Dice que todo esto lo comenzó a recordar a las pocas semanas de haber perdido a sus padres adoptivos. Yo creo que necesitaba una historia para sentirse bien consigo mismo. No sabe quiénes son sus padres y luego pierde a los otros, es algo duro. Pero lo cuenta de tal manera que parece verdad. – Terminó de decir la nutria.

- Bueno, supongo que debemos irnos. – dijo Rouge.

- Sí, vámonos. – Enzo abre la puerta de su coche pero de su pantalón cae la Caos Esmeralda verde.

- Cuidado la pierdes. Puedes decir como excusa que desapareció pero, sin pruebas, no te lo creerán mucho. – Dijo Rouge a Enzo. Ella vio al cielo con una sonrisa. – Desearía volver a sentir, así sea, las plumas de mi madre. – Al terminar de decir esto un brillo, proveniente de la Esmeralda, cegó a la nutria y a la murciélago. Cuando el brillo terminó Rouge alzó de nuevo la mirada al cielo, como si algo le dijera que lo hiciera, y vio algo que le hizo brotar lágrimas de sus ojos. Vio como lentamente caían tres plumas blancas, que emanaban un brillo azul celeste. Ella abrió la palma de su mano para que las plumas aterrizaran suavemente. Las acercó a su nariz y sintió el aroma dulce de su madre. La persona que más quería. Vio a la Esmeralda y le mostró una sonrisa. – Gracias. – Dijo, dándole un pequeño beso. Ella le entregó a Enzo la Esmeralda. – Gracias Enzo, muchas gracias. – le decía mostrándole una sonrisa, secándose las lágrimas y sobándose las plumas por el rostro.

- Pero yo no hice nada. – Decía confundido Enzo al ver lo que pasó.

- ¿Que no hiciste esto? Si no hubiera sido por tus acciones no hubiera tenido este regalo. No hubiera sentido que este dolor se disipara un poco. Me siento mejor. Gracias. No sé cómo agradecerte. – Decía, guardando las plumas con cuidado en su bolsillo.

- No es necesario. Es mi trabajo. – le respondió Enzo. Rouge pensó en algo y le mostró una sonrisa lujuriosa a la nutria, desconcertándolo.

- Creo que tengo que pedirte otro favor. Dicen que algunos problemas emocionales afectan la vida íntima de la persona. Quiero que estos tres días, en los que estaré descansando, estés conmigo para saber si esto me ha afectado a mí. Con los chicos con los que he estado me aclaman como diosa. Pero quiero saber la opinión de un experto. – Le dijo a Enzo, sonrojándolo por la declaración de la murciélago.

- No sé si…– Dudó por un momento la nutria, recordando a su novia.

- Por favor. Sabes que debemos seguir adelante. – Le pidió Rouge.

- De acuerdo. – Dijo, mostrándole una sonrisa. Rouge sacó su billetera y, de esta, le entregó una pequeña tarjeta a la nutria.

- Pide una reservación a mi nombre. No me gusta comenzar con el estómago vacío. – Le dijo con una sonrisa. Enzo vio el lugar que decía la tarjeta y abrió los ojos como plato.

- Este lugar me consumirá el salario de un mes. Eres muy difícil. – le criticó a la murciélago.

- Pero lo valgo. – dijo con un tono coqueto. En eso, se empezó a elevar por los aires. – Te espero en G.U.N. Me iré volando. No tardes. – terminó de decir, mientras se alejaba.

- Sí. Definitivamente lo vale. – Terminó de decir, mientras entraba al coche y veía la silueta de la murciélago alejarse. Mientras tanto, Rouge sentía el viento acariciar su pelaje. Se sentía libre y feliz. Sin aviso, siente como si le sostuvieran la mano. Ella gira la cabeza a su izquierda y ve una silueta traslucida a su madre, quien le sonríe. Rouge le sonríe y al parpadear desaparece. A ella no le molesta ya que (como antes) su madre nunca la abandonaría.


Sus ojos se abrieron y veía el lugar en que se encontraba. A pesar de lo que veía, y de lo que pasó, no lo podía creer. Sentía una pequeña respiración sobre su pecho. Al bajar un poco la vista vio a Rouge aun dormida sobre su pecho. Notó que su cuerpo estaba descubierto y, con delicadeza, cogió la sabana de la cama y la arropó. Al terminar esto, comenzó a acariciarle con cuidado su cabeza.

- Si se los contara a mis amigos lo que pasó aquí no se lo creerían. – dijo en modo de burla Enzo, sin dejar de acariciar la cabeza de Rouge. Notó como ella se movió un poco.

- Mami. – dijo Rouge con ternura, mientras una sonrisa se formaba en su pueblo.

- Me gustaría saber con qué sueñas ahora. – Dijo, sin dejar de acariciarla.


En medio de un bello prado verde, como la Esmeralda, dos siluetas lo recorrían a alta velocidad.

- Te he ganado. Ya no eres tan rápida como antes. – Decía la murciélago con orgullo, mientras aterrizaba con suavidad. Sin que se diera cuenta sintió, con fuerza, como le daban un pellizco en la oreja. – Ouch, ouch. Y ahora, ¿que hice? – se quejó ella con la Pegaso.

- La verdad, nada. Solo me gusta hacerte eso. – Decía Sapphire, mostrándole una sonrisa.

- Es bueno verte de nuevo. – Decía Rouge dándole un gran abrazo a su madre.

- Me has visto muchas veces pero no lo recuerdas. Creo que por esa razón nos permiten venir de vez en cuando. Uno siempre olvida lo que sueña. Siente que soñó algo bueno, pero recordarlo es otra cosa. –

- A un tengo miedo. – Dijo Rouge con lágrimas en sus ojos.

- Lo sé. Desde donde estoy puedo ver eso. Literalmente, puedo ver el pasado y el presente cuando quiera; Pero el futuro es algo que nos pide que no veamos. Puedo ver el momento en el que morí y los años antes de eso. Cuando llegué aquí, hubo una felina que me ayudó. Me guió en lo básico de este nuevo mundo. Lo chistoso es que teóricamente ella murió tres años después de mí. Pero, según ella, caminó hacia atrás y me encontró en el camino. Qué bueno que lo hizo. –

- Cuando supe la verdad, sobre mi procreación, sentí dolor por ti. Todo lo que sufriste. Después de eso me pregunté si en mí rostro lo vei…–

- Yo nunca lo vi a él en ti. Tú eres tú y él es él. Aun cuando te enojabas, por cosas que no te compraba, nunca lo vi a él. – le dijo, mostrándole una sonrisa, mientras las lágrimas brotaban de sus ojos. – Lo único que te puedo decir sobre él es que está pagando por el daño que le hizo a todas las personas que lastimó; aunque te puedo decir que descubrí que hasta el infierno hay compasión. – Dijo Sapphire, mostrándole una sonrisa.

- No lo entiendo. – Dijo Rouge confundida por esto.

- Cuando llegues aquí lo entenderás. – Le respondió.

- No me quiero ir – Le dijo Rouge tristemente.

- Aun no es tú tiempo. Te faltan muchos, muchos años para eso…– Le dijo Sapphire a su hija, mientras la abrazaba. –… O puede que solo te falten meses. Algo está perturbando el tiempo y tú te enfrentaras a algo maligno y no sé si ganaras. – Le dijo seriamente a Rouge, quien la veía con miedo. – Te quiero mi pequeña gema. Adiós y despierta. – Terminó de decir, dándole un beso en la frente a su hija.

- Yo también te quiero. Adiós mami. – termino de decir Rouge a su madre, viendo como todo el lugar empezaba a brillar cegándola.


Rouge abrió lentamente sus parpados y, con una sonrisa, vio a Enzo, quien no dejaba de acariciarle la cabeza.

- ¿Cómo le podemos decir a lo que acabamos de hacer? – Preguntó Rouge, sin dejar de esbozar la sonrisa que yacía en su rostro.

- Bueno, teóricamente hay tres escalones. El primero es el sexo, ya que nos divertimos haciendo ese acto. Pero ese no es nuestro caso. El segundo es el desahogo, que es donde nos encontramos. Nuestros problemas emocionales nos afectan a tal punto de tratar de negar todo lo que sufrimos. Pero, cuando dejamos que personas nos ayuden podemos seguir adelante. Yo te ayudé a ti y tú me ayudaste. En este escalón hacer esto en sí no significa nada y a la vez mucho. – Dijo Enzo con una sonrisa.

- Es verdad. Eres lindo, pero no me veo contigo en mi futuro. – Le dijo la murciélago.

- Yo tampoco me veo contigo, pero lo que acabamos de hacer liberó tensión en nuestras vidas. – dijo, sin dejar de sonreír.

- ¿Y cuál es el tercer escalón? – Preguntó Rouge.

- Hacer el amor. Dos almas se fusionan. Parte de esa persona permanece en ti por siempre. Y, aunque te separes de ella, nunca te abandonará. – Dijo seriamente Enzo.

- Tú has estado ahí, ¿verdad? – Le preguntó Rouge.

- Sí, con Sheva. Cuando ella murió siempre pensé que esa parte de mi había muerto. Pero la verdad es que la parte de ella siempre estará viva en mí y yo viviré en ella. Donde sea que se encuentre. ¿Tú has hecho el amor? – Le preguntó Enzo a la murciélago.

- Creo que solamente he estado en el primer escalón. – Le respondió.

- ¿No hay nadie especial en tú vida? – Le preguntó la nutria.

- No. Sí. Bueno... la verdad es algo complicado. Creo que ninguno de los nosotros tiene el valor de dar el primer paso. – Le respondí tristemente.

- ¿Quién es? – Dijo Enzo

- Knuckles the Echidna. El último Echidna. – Dijo ella con orgullo.

- ¿Último? ¿Cómo?, si hay muchos equidnas en el mundo. – Preguntó confuso.

- Él es el último equidna nativo de Angel Island. Pero cuando le pregunto sobre su familia, es como si le preguntara algo raro para él. Él dice que desde que tiene memoria, siempre ha estado protegiendo a la Master Esmeralda. Yo lo visito de vez en cuando. Le pregunté si alguna vez pensó que fue una creación de la Master Esmeralda para tener un guardián que lo protegiera, no me respondió. Días después, cuando volví, fingí quedarme dormida. En eso, él dijo algo que me hizo sentir miedo. "Que pasa si solo soy un espejismo de lo que fue mi tribu. Una criatura nacida para serle devoto a la Master Esmeralda. Una criatura con la fuerza de los guerreros pero con la bondad de Tikal. Tal vez un día desaparezca y yo lo aceptaré". En cierta manera, me dio miedo. "¿Qué pasa si cuando al fin decida abrirme al amor lo pierda frente a mis ojos?" – Dijo Rouge con tristeza al pensar esto.

- No lo perderás. Por qué si él te ama peleará en contra de ese destino. Si estuvo solo gran parte de su vida, tal vez crea que no hay nada por qué luchar. Pero si lo amas, debes demostrarle lo contrario. – Le dijo Enzo a Rouge, dándole un beso en la cabeza.

- Tal vez lo haga. Tal vez lo haga. – Le respondió con una sonrisa. – Bueno, ya que me desperté, ¿Qué tal si comenzamos con el segundo Round? – Dijo Rouge, mostrándole una sonrisa lujuriosa.

- Vaya, sí que tienes mucha energía. – Le dijo, mientras cogía la sabana y se tapaban con ella.

- Guau. No pierdes el tiempo. – dijo sorprendida Rouge.

- Tú tampoco. – dijo Enzo alegremente, mientras ambos se movían bajo las sabanas.

A pesar de sabían que lo que experimentaban no era amor, les daba igual. Porque, en cierta manera, se sentían mejores consigo mismo y eso era lo único que les importaba en ese momento. Desahogarse de los problemas que carcomían sus almas, así sea por un breve momento, para poder continuar con sus vidas.


Bueno, espero que les haya gustado el capítulo y la historia. No olviden Dejar sus Reviews. Todo comentario será bien recibido. Les tengo dos preguntas a ustedes (el público) para que me contesten (si quieren, no es obligación). La primera: Quitándole algunas partes innecesarias o que no concuerdan al Fanfic, ¿Esta historia y la de Diary of Flames, serían lo suficientemente buenas como para caber dentro del canon de la serie? (opinión personal).

Como favor, les pido que me contesten en un MP la segunda pregunta: "¿Cómo ven a la franquicia de Sonic en el ámbito de los juegos y de su exposición ante el mundo? Y¿ qué aspectos nuevos o mejores les gustaría ver en la franquicia? "

También les informo que en mi perfil encontraran un Link que los llevará a la traducción, hecho por mí, del Comic Ghosts of the Future por EvanStanley. Un excelente Fan comic que puedo decir, ¡GUAU! Está tan bien diseñado que SEGA debería pagarle por hacerlo.

Bueno sin más que decir, Sigan adelante con sus metas y les deseo lo mejor a todo el mundo.

NOS VEMOS PRONTO.