N/A: Woaw, gracias por vuestros follows, favorites y reviews. Si encontráis algún error os pido me lo comuniquéis. También si me voy Out of Character o cosas por el estilo. Este capítulo, va con el corazón. Literal, parezco un zombie (me siento así) y aún así he escrito. Y, ¡pregunta!: ¿queréis final triste o feliz? De todos modos, subiré ambos finales, pero el que prefiráis será oficial y el otro un One Shot.
Capítulo uno.
Amy humedeció perezosamente sus dedos para pasar la página del periódico que ya había terminado de leer. Le dio un sorbo a su café doble y prosiguió a leer la siguiente página. Sólo leía para hacer algo mientras esperaba. Las noticias estaban llenas de cosas como el último amante de la artista de moda y cómo se esperaba que el siguiente año la economía de Esmerald City aumentara su valor.
Revisó se reloj por no-sabía-qué vez en esa hora. Su cita definitivamente llegaría tarde, si es que llegaba. No es que Amy deseara que el hombre llegase. Una licenciatura en matemáticas y una en ciencias médicas no eran para andar saliendo de la comodidad de su casa a entrevistar a futuros internos.
Inicialmente hasta ella se había sorprendido de lo que iba a estudiar, pero había decidido que poner a trabajar su ingenio no la llevaría a nada que no quisiera. Además, la sola idea de pasar el resto de su vida viviendo de lo que sus padres le habían dejado le provocaba un sentimiento de no estar satisfecha que llegó a odiar. Eventualmente, se había sorprendido, también, de lo bien que lo sobrellevaba, eso de vivir estudiando; incluso se había graduado con el segundo mejor promedio cuando estudiaba las ciencias exactas (el primer lugar se lo había llevado una arpía que, Amy juraba, se había revolcado con el maestro de Biología Avanzada) y el primero en medicina. No tenía un "empleo", actualmente. Simplemente ayudaba en algunas escuelas y universidades e intentaba descubrir más y más basándose en lo que ya sabía.
Sonrió y le dio otro sorbo al café. Antes saber cosas era asunto de Tails. Aún mantenía contacto con el zorrito. Algunas veces él le colaboraba en un proyecto o ella a él. No era lo mismo que cuando eran críos, pero no se puede tener todo. Aveces se imaginaba cómo habrían sido las cosas si hubieran permanecido todos juntos. Tal vez, Mails habría terminado con Cream, y, tal vez, ella con Sonic, el héroe azul de su infancia. El viejo Vector había encontrado el amor en la encantadora Vanilla y, hasta donde sabía Rouge y Knuckles lo habían intentado hacía ya unos años, aunque no había escuchado nada sobre si seguían juntos, esperaba que así fuera. Habría sido bueno ellos estuvieran juntos. Aunque fuera como pareja. A esos dos siempre les había notado una chispa en la mirada cuando se miraban la una al otro.
Iba a revisar su reloj de muñeca cuando alguien carraspeó frente a ella. Era un león menudo, con pelaje amarillo y vestido con unos pantalones vaqueros y un jersey de rayas azules y grises.
—Iván, si no me equivoco—ofreció Amy parándose, con una pequeña sonrisa.
—Un gusto, señorita Rose—dijo saludando a la eriza con un beso en la mejilla (1).
—¿Nos sentamos?—invitó Amy extendiendo los brazos hacia la mesita de madera con dos sillas.
Ambos se ubicaron en las sillas de metal.
—Lamento la hora. Me surgió un rollo—dijo el chico, cauteloso y frunciendo la nariz.
—No hay problema. Pasemos al grano, ¿quieres? Leí en tu curriculum que has estudiado física.
—Sí, señori-
—Llámame Amy— interrumpió un poco hastiada—. Si vamos a trabajar juntos, es mentira que mantendremos una relación formal.
Amelia tomó su bolso del suelo. Sacó un sobre, lo abrió y desdobló la página que estaba dentro. No leyó más que "especializado en-" cuando una figura muy familiar, en traje, se paró a un lado de la mesa.
—¿Interrumpo algo?—preguntó Sonic un poco arrogante y sonriendo lascivamente.
Ésa, de verdad que fue una sorpresa. A Amy, los ojos se le abrieron de par en par, el pulso se le aceleró y las emociones, que en unos segundos sintió, fueron incongruentes.
—¿Sonic?— preguntó, levantando las cejas, aturdida. No podía ser una broma, una de las personas con las cuales había vivido su infancia, estaba ahí parada.
—¿Quién si no? La Reina no soy— bromeó intentado aligerar la situación. La mirada de escrutiño de Amy le estaba incomodando un poco.
La eriza le siguió penetrando con la mirada. Parecía analítica y de verdad cambiada. Vestía un vestido negro de corte, con un jersey rojo y un par de zapatos con el mismo tono escarlata, de esos bajos que Sam, su hija, también usaba (2).
Amy pareció notar su incomodidad y, de un salto, estaba de pie.
—¡Chaos, pero qué gusto!—exclamó con una sonrisa abriendo las palmas y poniéndolas en los antebrazos de Sonic.
—Pensé que nunca responderías—admitió el erizo en un tono conciliador, imitando el gesto de la chica— «no, mujer», se corrigió mentalmente.
Amy ensanchó su sonrisa, en respuesta, haciendo que los hoyuelos se le marcasen.
Se separaron y ella se giró levemente hacia la silla de Iván, donde éste continuaba sentado, con las mejillas sonrojadas, pasando los dedos por las hendiduras de la mesa, como si temiera interrumpir con sólo su presencia.
Sonic le volvió a ver, también, y, cuando el chico sintió la intensa mirada que el erizo aún conservaba, se puso de pie torpemente y se dieron las manos.
—E-es un gusto, señor. Usted fue el héroe del planeta cuando yo era un crió, marcó parte de mi infancia— dijo el león luego de que intercambiaron formalidades.
«Como las de muchos otros» pensó Amy.
—Eso fue hace mucho—respondió Sonic con aire ausente, y aflojandose la corbata. Dio un paso atrás—Bien. Sólo pasaba a saludar—dijo haciendo un gesto de despedida a lo militar. Luego, le guiño un ojo a Amy y dijo—: Te trata bien la vida.
Amy rió un poco y se despidió de igual forma, mientras decía—: Deberíamos quedar un día, ya sabes, para actualizarnos.
—¿Desde cuando usas un lenguaje tan general?— preguntó Sonic. Amy se encogió de hombros risueña— ¿Conoces la entrada sur del Parque Central?
—¡Oh, vamos, sabes que sí!— bufó pretenciosa.
—Je. ¿Te parece el martes?
—¿Mañana o tarde?
—Tarde. Tengo una reunión en la mañana. ¿Como a las tres?
—Perfecto.
—Nos vemos.
—Adiós—dijo Amy cuando Sonic ya se había ido corriendo, dejando tras sí una estela azul.
Sonic llegó a su departamento y dio un suspiro. ¿Qué había esperado, que Amy se le arrojara en brazos, como cuando eran chicos, y le dijese promesas de amor eterno. Las personas cambiaban, y Amy no era la excepción, su amiga de años había experimentado la Metamorfosis de la vida, sin dejar rastro visible de aquella chica risueña a la que él había enamorado sin querer. Las infinitas horas esperando respuestas, que nunca llegarían, a las cartas que hacía unos años le enviaba a Alice, rogando que cancelara la solicitud de divorcio, al menos, deberían haberle sido un recordatorio. Pero habían quedado. De manera apresurada, pero ahí estaba. Hacía más tiempo del que le habría gustado admitir que no quedaba con nadie ni siquiera para un café, sin contar a Harry, Sam y Tom.
Éste último estaba tomando té de jengibre en la cocina. El olor se regaba por toda la estancia y se mezclaba con los perfumes que las especias desprendían eternamente. El sol entraba por las ventanas de hechura francesa y se le colaba por las orejas al joven gato. Su pelaje negro se veía brillante con la luz natural y los ojos le resplandecían, uno verde, uno miel, cualidad heredada de su madre.
Observó al chico desde la puerta, un poco divertido al ver cómo las mangas del jersey que llevaba—y que seguro había visto días mejores—, eran muy largas para sus brazos y eran usadas como guantes para no quemarse con la taza. La imagen le recordó vagamente a Amy y volvió a pensar en ella sin remordimiento. Era muy atractiva, pensó, congratulandose el hecho de que había madurado lo suficiente como para incluso no reprimir la idea. Al principio, al verla ahí sentada, luciendo sumamente profesional, simplemente no había sabido ni qué pensar. No era la edad pasando factura—aún no, no era tan viejo. El impacto no tenía descripción. El Sonic Team se había separado en buenos términos, tras la muerte de Eggman y el surgimiento de gente nueva, queriendo combatir el crimen y a sus malhechores, en menor medida, pero más jóvenes y con más vida por delante; pero los integrantes del que seguramente había sido el mejor grupo de héroes que el mundo hubo conocido, se desenredaron de los hilos del destino que los juntó, para irse cada uno por su lado. Al menos varios. Poco o nada era lo que sabía de los otros. No faltaban las tarjetas navideñas ni de cumpleaños, para los que sabía el lugar de residencia, pero eso no recompensaba su falta de conocimiento sobre el estado moral, físico y sentimental en el que se encontraban sus viejos amigos. A lo mejor Amelia sabía, y se lo contaría el martes.
—¡Papá!—exclamó Tom. Sonic usó su gastada sonrisa de lado y se acercó al Speed menor —no por mucho, la esposa de Manic estaba a punto de traer a otro mocosillo al mundo.
Se acercó al moreno y se sumergieron en una platica casual el la que la mayor parte del tiempo intentó no pensar más en amigos y viejas promesas de amor, ambos perdidos.
1. No es que el chico se vaya a involucrar mucho (solo un poco, lo necesario).
2. Sonic habla de las Bailarinas. *Suspira* hombres
Saludos, feliz finde y nos leemos.
