N.A: Gracias por todo el apoyo.

N.A2: Me tengo que poner con la de navidad que ha este paso va a llegar Febrero y todavía sigo en el primer capítulo.

N.A3: No soy dueña de Dude thats my ghost


Capítulo 8: Un objetivo por cumplir

Billy está en frente de la puerta de la casa de Ruberto dudando di llamar o no, por fin se decide y toca en la puerta con los nudillos.

Ruberto le abre:

-¿Y Spencer?- es lo primero que le pregunta.

-En su casa… supongo… si a ese lugar se le puede llamar así… he venido porque necesito ayuda… necesito un consejo…

-Habla- dice Ruberto.

Ruberto da dos palmadas, se da la vuelta y aparecen dos sillas. Ruberto se sienta en una y Billy en la otra.

Billy mira hacia al techo y luego hacia el suelo hasta que por fin pronuncia esas palabras que se han quedado atrapadas tanto en su garganta como en su cabeza.

-Creo que estoy enamorado.- mira hacia Ruberto, este solo parpadea.

Después de un rato en silencio Ruberto pregunta:

-¿De quién?

-De Spencer,- susurra Billy- pero no sé si es amor, supongo que solo extraño a alguien que me haga compañía, que me escuche…

-¿Qué te escuche? Si la mayoría del tiempo te las pasas hablando de humanos e incomprendidos no se mezclan… y eso que vives entre humanos- señala Ruberto.

-Lo mío es diferente- susurra Billy con odio.

Ruberto se encoge de hombros.

-¿Qué es lo que sientes exactamente?- le pregunta.

Billy analiza la pregunta y cuando cree que tiene la respuesta contesta:

-Siento como un ardor en el estómago, el tiempo se me pasa rápido con él y me he pasado horas observándolo, -Ruberto lo mira con una sonrisa.- pero bueno él es humano, yo incomprendido, ambos somos chicos…

-¡Para! ¡Deja de buscar excusas!

-Pero… ¡es la verdad! Humanos…

-Billy, que tu hayas pasado por esa mala situación de que asesinasen a tus padres por eso… no significa exactamente eso ocurra…. Además la única verdad que hay aquí es que tienes miedo a enamorarte… Me supongo que como es humano será mucho más complicado, pero acéptalo el amor es amor y no entiende de razas, sexo o religiones.

Billy mira hacia el techo preguntándose si será cierto.

-Sabes me recuerdas a mí.

-¡Eh!...

Ruberto sonríe:

-Hace muchos, pero muchos años atrás yo también me enamoré, pero está historia no importa ahora, lo que importa es la moraleja, no hagas lo mismo que yo, dejarlo ir por miedo y creeme cuando te diga que no hay un solo día en que haya dejado de pensar en él, ni en lo tonto que fui.

-¿Él?

La sonrisa de Ruberto desaparece.- Asiente lentamente.

-Tenía el pelo marrón, la piel pálida, un gran corazón, le apasionaba la magia, la mecánica y la tecnología, su sonrisa brillaba como si en lugar de tener dientes tuviera estrellas, lo que más me gustaba de él eran sus ojos: eran los más grandes que he visto, estaban llenos de curiosidad y de asombro, tenían un color verde que al verlos siempre me recordaban a una planta que se esfuerza por crecer cada día más…

-Basta ya, cursilerías las justas, además no sé si él siente lo mismo que yo por él.

-Eso es fácil de saber- dice Ruberto rebuscando en las mangas de su camisa.

Saca una esfera, la agita fuertemente y se la entrega a Billy, está brilla y le muestra a Billy un castillo en ruinas del cual solo la torre más alta quedaba intacta, la bola le guio al interior por un pasillo, se escuchan voces, de repente algo se mueve. Billy ve en ese momento a Spencer que está siendo llevado por dos hombres más… Billy aprieta los dientes con fuerza al verlo, era aquel hombre que conocía a Spencer.

Spencer ahora está siendo obligado a subir por unas escaleras. La bola parpadeo y cambio de lugar, mostraba una puerta que alguien abrió, empujaron dentro a Spencer que cayó al suelo estaba llorando.

Los ojos de Billy apuntaron con odio a aquel hombre que se había llevado a Spencer ahora estaba en frente de la puerta.

-Ya sabes, te pasarás el resto de tu vida encerrado en esta torre, considérate afortunado cualquiera acusado con lo tuyo estaría ahora siendo comido por los gusanos.- ríe exageradamente y vuelve la mirada hacia Spencer- ¡Ah! Y no te molestes en gritar pidiendo ayuda o cualquier otra cosa parecida, al guardián no le gustan esas cosas y te podría levantar la mano lo digo porque "te quiero"- señala el tono irónico y se vuelve a reír, una lágrima de felicidad cae por sus mejillas.

"¿Cómo se atreve?"- piensa Billy.

-Tampoco esperes que tus amiguitos vengan a rescatarte, este es un lugar súper secreto al cual solo unos pocos tienen acceso.

Cierra la puerta, Spencer grita con todas sus fuerzas:

-¡Billy vendrá! ¡Vendrá y me rescatará!- luego susurra- Yo se que vendrá.

Desde el eco de la escalera se puede oír una carcajada sonora y unas palabras escupidas con burla:
-¡El mismo que te dejo tirado! ¡Sobretodo él vendrá! Ya, ya, antes el dinero crece en los árboles.

Después de eso la esfera se vuelve negra.

-¿Y bien?- pregunta Ruberto.

Billy está dividido en dos: por un lado está su corazón que le dice que vaya y lo ayude y por otro parte está su cabeza que le dice que meterá a todos los incomprendidos en la guerra contra a los humanos, pero aunque Billy lo niegue en una lucha entre la cabeza y el corazón, la cabeza siempre pierde aunque haya por medio una posible guerra.

Billy se levanta de la silla, mira hacia Ruberto, coge la esfera con dos manos la esfera y grita:

-¡Iré!, ¡Iré y lo rescataré! ¡Aunque eso me suponga dejar mi "Humanos e incomprendidos no se mezclan"!

Billy mira hacia Ruberto esperando que le diga algo, este solo le quita la esfera de las manos y vuela hacia una de las estanterías.

-¿Y ahora que haces?

-¿Acaso tienes idea de dónde está situado este castillo?

Billy niega, todavía no había pensado en ello.

-Observa- dice cogiendo un frasco de la estantería y vertiendo una gota del fluido que contiene dentro sobre la esfera.

Empieza a salir humo blanco de la esfera que poco a poco toma forma de mapa. Ruberto observa el mapa con una sonrisa.

-Alguien ha tenido suerte.- dice mostrándole el mapa.

Billy observa perplejo el mapa… el castillo está justo debajo del bosque que está al lado de su caso. Sonríe.

-Puede que después de todo sí que sea el destino.