Capítulo 3: ¡Por fin!

Así como había empezado el curso, llegó el primer partido que jugaba Gryffindor. Las serpientes ya habían vencido a Ravenclaw, y por muy poco respeto que se les tuviera a los tejones... no era igual con Lucy Weasley. Esa chica tan distinta a su hermana, quien no llamó la atención en su paso por el colegio, era una incógnita aquel año. Ya era famosa por su personalidad tan explosiva, pero su reciente relación con el ex-capitán del equipo de Slytherin la hizo ser contemplada de otra forma. Muchos ya no la respetaban como antes por su "debilidad" recientemente descubierta, pero como ella no consideraba de esa forma a Mark, les demostraría que seguía siendo ella misma, a pesar de ese cambio tan repentino en su vida.

Y sus primos Gryffindor lo sabían, por eso temían el siguiente partido. La capitana querría demostrar todo su potencial, a costa de hacer perder el partido a la mayoría de sus primos.

Antes de salir al campo, Fred miró a James tragando duro; James, seguidamente, intercambió sendas miradas de angustia con Rose, quien a su vez miró a Lily. Ésta última parecía la más serena; sería, pensó James, porque nunca antes había jugado contra su prima. No tuvieron tiempo para más, pues el llamado a su equipo les hizo plantarse rectos y avanzar hacia el centro del campo de combate.


Como había sido de esperar, Gryffindor ganó, lo que enfureció muchísimo a los tejones. O eso era lo que intuían los que estaban dentro de los vestuarios, cambiándose después del partido. Los leones todavía permanecían bajo el agua de las duchas, cantando una canción inventada por Logan, donde un león se comía un águila que a su vez se comía un tejón y mientras el mismo león estrangulaba con una pata a una serpiente. Como los gritos de los Hufflepuff que estaban fuera inundaban el vestuario, ellos alzaban aún más la voz.

Pero dos de ellos, James y Fred, buscador y capitán, salieron a comprobar que todo anduviera bien, por si acaso. Y fue al salir a los terrenos del colegio cuando vieron de dónde provenían tantos gritos enfurecidos: los tejones estaban discutiendo entre ellos. Se encontraban cerca de las gradas y el bosque, pero lejos de las miradas de los profesores que estuvieran cerca.

—Te lo advertí, Weasley, te dije que no quería perder por tu culpa —decía una voz grabe.

En cuanto escucharon eso, los dos chicos aceleraron el paso.

—Primera, no es mi culpa que hayamos perdido y segunda —Lucy se estiró delante de él, chuleando—, ¿qué pensabas hacerme, Andy? ¿eh? ¿Pegarme? ¿Pedir a mis espaldas un cambio de capitán? —James y Fred ya habían llegado al grupo, pero se quedaron esperando a ver cómo actuaba su prima. Lucy había achicado los ojos y se había acercado al tal Andy, un chico alto y grande. Ante lo último dicho, el chico miró hacia otro lado, dando a entender que así era. —Si lo que pretendías era eso, que sepas que lo siento como una traición. Y que yo sepa, nuestra casa tiene entre sus virtudes la del compañerismo, la solidaridad, la amistad —dijo esto último con tono dolido y mirando al chico de la misma forma. Andy parecía también afectado por sus palabras—. No me esperaba esto de ti.

—Si no estuvieras tan obsesionada por la serpiente esa, te habrías dado cuenta de muchas cosas —le contestó muy serio.

Hubo silencio tras ese comentario y miradas disimuladas hacia el suelo y los árboles y el castillo y el cielo... Estaba claro que aquello era más bien una cuestión personal.

Pero los Gryffindor que llegaban de las duchas, cantando y riendo todavía, no lo sabían, como tampoco el estado de ánimo del resto del equipo de los tejones; o a lo mejor sí.

Era un coro de berreos, todos cantando esa canción tan horrible, a parecer de James, que cayó cuando se detuvieron detrás de su capitán.

—Pero el caso es que hemos perdido y por algo será —dijo Lorcan con la mandíbula apretada en el silencio y mirando a su capitana.

—¿Tú también? —preguntó cansinamente ella.

—Pues sí. Y si no va él a la profesora Zeller, iré yo —añadió muy serio y dando un paso hacia delante.

—Ten cuidado con lo que le dices a mi prima —lo avisó James, a quien nunca le había caído bien el hermano de Lysander.

—Esto es problema nuestro y de nuestra casa. —Se acercó Lorcan a James, sin mostrar temor.

—Pero por mucho que le eches la culpa a Lucy, no vas a solucionar nada, porque el problema aquí no es ella, sois todos —le contestó Scorpius acercándose al chico y quedando al lado de James.

Su comentario provocó la reacción del resto del equipo de los tejones, quienes dieron un paso al frente, amenazadores, aunque sin dar indicios de querer pelear cuerpo a cuerpo.

—Vamos, Lorcan, déjales en paz —sugirió Louis Weasley acercándose a su amigo y deteniéndolo con una mano sobre el hombro.

Scamander se relajó un poco y se alejó unos pasos de James y Scorpius, decidido a irse ya hacia el castillo. Pero alguien todavía no había hablado, una persona que siempre que podía meter baza, lo hacía. Logan.

—Pero que tengas presente que vuestro equipo es malo —dijo socarrón y buscando apoyo en la mirada de Scorpius, quien sonrió también.

Lorcan apartó rápidamente de su camino a Louis y a James para enfrentarse a Logan, pero el chico Malfoy siempre andaba cerca de él. Se miraron a los ojos, el rubio unos palmos más por encima del otro, y estuvieron así unos segundos, porque después Scorpius lo empujó levemente, lo que provocó que Lorcan alzara un puño en dirección al chico. Pero no lo golpeó, porque Malfoy era muy rápido y lo había esquivado. En su lugar, fue Logan quien lo recibió. A partir de ahí, poco a poco fueron inmiscuyéndose más personas en la pelea, hasta el punto de no saber sí le habían dado a algún primo de la otra casa.


Unas horas después, Rose llegaba a la enfermería para informar a los heridos del castigo implantado por el director. Al entrar, se encontró con un Scorpius con el labio partido sentado en la cama que ocupaba Logan, quien sí estaba más grave. Él tenía moretones por toda la cara, un brazo con unos cuantos rasguños y la camisa rota. En otra cama, estaba Lorcan más o menos con los mismos problemas que el anterior, pero la diferencia era que éste tenía la frente arrugada por la rabia. Louis le hacía compañía.

—¿Por qué no os han curado las heridas con magia? —preguntó la chica a los tres heridos.

Y ellos la fulminaron con la mirada.

—A Madam Pomfrey le ha parecido oportuno que como ha sido una pelea al estilo muggle, también reciban atención al estilo muggle —le contestó su primo escondiendo una sonrisa.

—Mmm... Pues bien, os lo merecéis. —Luego se acercó a la cama de Logan y añadió: —Por cierto, vosotros tres —miró a los heridos— estáis castigados hasta Navidad ayudando al profesor Pucey por las tardes.

A continuación se escuchó un lamento conjunto; a nadie le gustaba estar limpiando calderos después de clase durante dos meses.

—Genial, ahora tendremos que verle todos los días —murmuró Scorpius al darle la espalda a los Hufflepuff.

—Scor, no seas así. Sabes que es el hermano de Lys y que a él no le gusta que os llevéis tan mal —dijo Rose, la voz de la conciencia.

El rubio resopló y la chica sonrió relajada, porque ya pensaba que iban a empezar a discutir de nuevo, como pasaba desde hacía un año.

—Ah, y Fred está bastante enfadado con vosotros —añadió Rose.

Y se marchó antes de que las aguas volvieran a levantarse contra ella.

—Menos mal, estaba a punto de decirle cuatro cosas a esa repipi —dijo Logan recostándose más en la camilla.

—Logan... —lo avisó su amigo.

—Pero es verdad, Scorpius, no sé cómo todavía eres su amigo. No hay quien la aguante.

—Si vais a hablar de mi prima delante de mí, os sugiero que escojáis vuestras palabras con cuidado —escucharon que decía Louis desde su silla.

Ambos chicos se giraron para verlo con una ceja alzada. Logan incluso se incorporó para sentarse en su camilla.

—Pero, ¿qué...?

La puerta se abrió de par en par, interrumpiendo la segura retahíla de insultos que Logan iba a decirle, y aparecieron Lysander Scamander y Samantha Mole cogidos de la mano. Estos dos siempre conseguían relajar el ambiente, aunque estuviera inundado de tensión.

Llegaron hasta la camilla de Lorcan y Louis se apartó para dejar que se acercaran. Pero se mantuvo a una prudente distancia de los dos Gryffindor.

—Louis, Paul me ha dicho que te espera en las escaleras de las mazmorras en diez minutos —le dijo Lysander al chico.

El Weasley asintió y se marchó después de mirar de reojo a los leones.


Unas semanas después, entrando en el último mes del año, la nieve empezó a caer y a cubrir los terrenos de Hogwarts. Habían pasado repentinamente del calor al frío en tan solo una semana. Y eso lo notaron sobretodo los alumnos que habían cogido un resfriado, como Rose, Lysander, Helen y Albus. Éste último les decía a sus amigos que había sido culpa de Rose, que se lo había pegado, pero en realidad, con quien pasaba más tiempo era con Helen.

En ocasiones se podía ver a Sam arropando a Lys y dándole sopas calientes en el Gran Comedor. Como le sucedía a muchas parejas, o a amigos. Y Alan ya lo había intentado con Rose, pero ésta siempre le decía lo mismo:

—No quiero pegarte el resfriado a ti también. —Y antes de que replicara, añadía: —Mira a Al, el pobre no sale de la habitación. Y eso que las pociones de Madame Pomfrey son buenas.

Y luego se marchaba de nuevo hacia su habitación, dejando a Alan en medio de la sala común de Gryffindor y obligándolo a quedarse junto a Scorpius y a Logan. Y escuchar sus conversaciones.

—¿Sabes quien es Darla Sawyer de Hufflepuff? ¿La amiga de Samantha? —le preguntaba Logan a Scorpius.

—¿La que juega a quidditch?

El castaño asintió con una sonrisa en la cara y alzando las cejas.

—¿Cómo lo haces? Pero si hasta hacía un par de días te odiaba. —Scorpius estaba sorprendido, como sucedía cada vez que el castaño le contaba sus hazañas de soltero.

—Sí, pero me estoy cansando de estas chicas tan fáciles —comentó recostándose en el sillón que ocupaba.

—¿Lo has intentado con una Slytherin? Dicen que son las más duras —sugirió Scorpius sonriendo socarrón.

—¿Quieres que vaya a por tu hermana?

El rubio se volvió serio de un momento a otro. Seguía sin gustarle que bromearan sobre su hermana, se fijó Alan. Eso era bueno, significaba que todavía existía algo del antiguo Scorpius en el nuevo.

Logan tragó saliva y sonrió levemente.

—Era broma.

Pero siguieron en silencio un rato. Entraron alumnos de otros cursos y poco a poco la sala fue llenándose. Alan incluso estaba buscando un tema de conversación, cuando el castaño volvió a hablar.

—Lo que quería decir antes... —hizo una pausa para comprobar si podía continuar o no— era que voy a conseguir a una que de verdad es difícil.

Ambos chicos le prestaron atención, aunque temiéndose lo peor.

—Lily —dijo simplemente.

Scorpius y Alan se miraron, los dos pensando lo mismo: Albus. O lo que era peor: James. Estaban convencidos de que no lo conseguiría, lo que afirmaba que la pequeña de los Potter era muy difícil. Pero no sólo porque nunca había tenido novio, sino porque tenía muy mala leche y los tíos la rehuían o le tenían miedo.

—Pero —empezó Scorpius mirando de nuevo a Logan—, sabes lo que pasaría si James se enterara, ¿no?

—Tranquilos —contestó mirando a ambos chicos—, ni se dará cuenta —dijo muy convencido—. Nunca nadie se entera.


Era viernes, un día antes de la salida trimestral a Hogsmeade y dos semanas antes de las vacaciones de Navidad, y los Gryffindor de tercero salían de su última clase: Historia de la magia. Los alumnos iban saliendo, a pesar de que la profesora Tywcross todavía les estaba mandando deberes para el fin de semana.

Lily, Phoebe, Helen y Jennifer eran de las primeras en salir, y se dieron prisa, aunque tuvieran que chocar con dos personas que pretendían entrar. Poco después, la clase se vació porque la profesora los había mandado fuera.

Y es que su marido y su hijastra habían ido a visitarla. El señor Finnigan la abrazó y le dio un largo beso en los labios, ignorando la presencia incómoda de su hija.

—Papá... —lo llamó la chica, pero éste seguía mirando a su mujer—. Papá... —Nada—. ¡Seamus!

—¿Qué pasa, Clarissa? Saluda a tu madre.

Clary rodó los ojos ante su nombre completo y suspiró. No es mi madre. Pero la abrazó un segundo y miró de nuevo a su padre.

—Me voy a buscar a mis amigos.

—Por cierto —la detuvo Elizabeth—, dile a Fred que no piense tanto en ti que se distrae mucho en clase.

La morena asintió perpleja y se fue corriendo al Gran Comedor, donde seguramente estarían. Se cruzó con varias personas que la saludaban y con otras que conocía pero que sólo se hacían a un lado para dejarla pasar. Vio entre ellas a Lily, la hermana de James, pero no se detuvo a saludarla.

Llegó a las puertas abarrotadas del Gran Comedor y se puso de puntillas para localizarlos, pero al parecer todavía no habían llegado, porque no se encontraban entre los pocos Gryffindor que estaban sentados. Así que se dio la vuelta para buscarlos por el vestíbulo del castillo o por las escaleras.

Pasados unos segundos, los vio aparecer desde las escaleras que cambian y sonrió. Acto seguido, corrió hacia Fred, que bajaba hablando con James y con las manos en los bolsillos, ignorante de quién iba hacia él. Hasta que el Potter, que miraba hacia delante, pronunció su nombre.

Se abrazaron y se besaron en medio de las escaleras, interrumpiendo el paso de los demás alumnos, pero sin importarles. James los observaba con una sonrisa enorme y paseaba también la mirada por entre los que se quedaban mirándolos. Hasta que le tocó a él.

Clary se le abrazó, aunque sin besos, y estuvieron largo rato así. Hasta que Fred se cansó de esperar y la reclamó.

—Han sido muchos meses, así que no acapares —les soltó mientras la cogía de nuevo, la pegaba a su cuerpo y empezaba a mirarla fijamente con una sonrisa tonta en la cara.

—¿Por qué no entramos y comemos algo? —sugirió James.

Y entraron.


Lily observaba a su hermano y a su primo en la mesa con Clary, radiantes ambos de felicidad. Parecían niños. A la chica la había visto dirigirse a todo correr hacia aquí y supo entonces que los chicos se llevarían una grata sorpresa.

—Lils —la llamó Phoebe, que se sentaba a su lado.

—Phoebe, ¿cuántas veces tengo que decirte que no me llames así? ¿No es mi nombre lo bastante corto ya? —la regañó la pelirroja exasperada.

—Mmm... llevas una nota en la mochila.

Ante ese comentario, la Potter se puso la mochila en el regazo y extrajo el trozo de papel del bolsillo pequeño de su mochila. Olvidó su mochila y abrió la notita. La leyó, con su amiga pegada a su hombro.

Hola, Luna:

Tú, que manejas los mares de la Tierra, debes saber que también los míos controlas. Que sin tu dulce mirada, no tendría razón para levantarme todas las mañanas. Que sin el brillo de tu pelo, mi camino no estaría iluminado. Que sin tus andares, mi mundo no se movería.

Eres el aire que respiro, y te necesito cerca para poder vivir.

De tu silenciosa sombra, que siempre estará a tu merced,

Lobo.

—¿Lobo? —preguntaron a la vez las dos chicas.

—¿Quién será? —dijo ahora Phoebe, muy ilusionada.

—Querrás decir, ¿quién será? —la corrigió Lily haciendo la pregunta con tono de asco—. Es lo más empalagoso que he leído nunca.

—Pero si es precioso —insistía su amiga.

La pelirroja bufó mientras negaba con la cabeza.

Unos metros más alejados, un rubio y un moreno se giraban para mirar a Logan, quien fruncía los labios; había podido diferenciar la mueca de asco que Lily le había dedicado a la carta.

—¿Lobo? —le preguntó sosteniendo una carcajada, al igual que Alan—. ¿En serio? ¿De donde te has sacado eso?

—Quería jugar con mis iniciales, LB, y me ha salido eso —respondió sin interés—. Pero lo relevante es que no le ha gustado. ¿Pero qué le pasa a esta chica?

Los otros dos aguantaron las ganas de reírse y lo dejaron seguir recapacitando sobre el rechazo que acababa de recibir.

—Aunque, en realidad, ella no tiene la culpa. —Eso captó la atención de los otros dos, que dejaron sus platos de lado para mirarlo—. Porque, si lo pensáis bien, no es la única de su familia que es... rara.

Alan alzó una ceja ante el adjetivo, porque obviamente Logan la había calificado de esa forma por el simple hecho de haberle rechazado. Y continuó.

—Fijaos en Lucy Weasley y su hermana. Ambas odiaban a McLaggen y ambas han acabado saliendo con él.

Los otros dos se miraron sorprendidos por la información, porque no tenían ni idea de esa relación entre Molly Weasley y el Slytherin. Pero Logan continuó, ajeno a sus reacciones.

—O Victoire, la belleza de la familia, que de entre todos los tíos que iban tras ella, va y elije a Ted Lupin, el chico raro que no sabes en realidad cómo es físicamente. —Hizo una pausa, buscando más ejemplos—. Y también está Dominique, su hermana, que, vale, no es tan guapa, pero que siempre va sola, a todas partes. Una marginada, vamos.

Miró hacia la puerta y vio que entraban Rose y Albus, y que iban hacia ellos.

—Y Rose, ya ni te digo... —dijo antes de que llegaran.

—Hola, chicos —saludó ella ajena a la conversación anterior—. Estoy agotada, menos mal que ya queda poco para volver a casa —dijo suspirando.

—Venimos de la biblioteca; Rose quería reservar "algunos" libros para llevarse a casa —les explicó Albus rodando los ojos.

—Sí y vosotros deberíais hacer lo mismo —les regañó ella.

—A mí no me hace falta; puedo comprar los libros que quiera —dijo Logan con una sonrisa inclinada en la boca.

—Sí, lo que te falta es voluntad para hacerlo —contraatacó ella.

Pero a diferencia de otras veces, el chico le sonrió a modo de rendición y recibió otra sonrisa como respuesta.

—Yo seguramente me quede aquí, así que puedo ir a la biblioteca cuando quiera —comentó Scorpius antes de bajar la mirada a la mesa y coger distraídamente un trozo de pan.

—No eres el único que se queda —añadió Alan con una media sonrisa mirando al rubio.

Éste alzó la cabeza y ante el gesto también sonrió.

No sabían si era por las fechas en las que estaban o porque ya no veían motivo para pelearse, pero ésta era una de las pocas veces en las que estaban en un ambiente relajado y en paz. Y ante eso, Albus sonrió.


Ese mismo sábado, Lily y muchos alumnos de tercero caminaban muy ilusionados hacia el pueblo mágico vecino, pues era su primera vez. Ella ya sabía donde tenían que ir porque sus hermanos ya le habían hablado del lugar, así que fueron directas a El Cuervo.

—¿Puede que tenga relación ese bar con la profesora Crowe? —preguntó Helen al relacionar el significado del apellido de la profesora con el del lugar.

Las demás alzaron los hombros.

—Lils, ¿te ha respondido tu madre? —le preguntó Phoebe haciendo referencia a la carta que la pelirroja le había enviado a su madre respondiendo a las preguntas personales que ésta le había hecho.

—Sí y sigo sin saber cómo puede enterarse de esas cosas —respondió exasperada la Potter.

—¿Qué te dice? —siguió preguntando su amiga. Pero al ver que las Slytherin no se enteraban de nada, les explicó—. Es que su madre sabe que le gusta un chico y le ha preguntado quién es, aunque Lily no se lo ha dicho. Pero le ha pedido consejo. —Terminó y miró a Lily impaciente. Ésta bufó.

—Pues me ha dicho que salga con otros chicos para que se dé cuenta de que existo, que a ella le pasó lo mismo con mi padre y que al final él se fijó en ella —dijo cansinamente.

—Ah, pues genial. Elije a uno —la animó su amiga muy ilusionada.

Lily la miró asustada y negó con la cabeza. Helen se rió al observar la situación, pero fue quedándose más seria a medida que se acercaban a un grupo de alumnos de quinto. Lily fue quien los llamó.

—¡Al! Hola —saludó a su hermano muy emocionada cuando se detuvieron tras ellos.

—Hola —respondió el chico. Acto seguido miró a la rubia y le sonrió.

—Hola —las saludó también Scorpius al ver a su hermana.

—Hola, chicas. —Rose las saludó, pero luego miró a su amigo de ojos negros—. Alan, vamos a Tiros Largos; tengo que comprar unas cosas. Nos vemos en El Cuervo —añadió mirando a los demás.

Los dos desaparecieron dentro del local que estaba frente a ellos.

—Lily, ¿puedo pedirte un consejo para un regalo? —le preguntó Scorpius a la chica mientras daba unos pasos hacia la tienda de Zonko, la cual estaba abarrotada de gente, fuera y dentro de ella.

La chica asintió y lo siguió bajo la atenta mirada de los allí presentes. Caminaron unos pasos hasta que estuvieron a una distancia prudente y entonces Scorpius le habló.

—Sólo quería agradecerte que me mantengas al día sobre lo que le ocurre a mi hermana —le dijo poniéndole una mano en el hombro—. No podía decírtelo delante de ella porque si se entera me mata —añadió con una sonrisa divertida.

La chica asintió con otra sonrisa y después desvió la mirada.

—Por cierto —dudó un momento—, ten cuidado con los licántropos.

Aquello la dejó traspuesta; no sabía a qué venía el comentario y por eso miró al chico un tanto extrañada. Él la medio ignoró, porque escondió una sonrisa.

—Ah, una cosa más —dijo antes de darse la vuelta—. Ahora sí, dime qué regalarle a Helen.

Mientras volvían hasta donde se suponía debían estar los demás, vieron que no estaban, así que entraron al bar con el cartel de un gran cuervo negro. Allí los encontraron, sentados cerca de la barra y tomando cerveza de mantequilla.

—Helen, eres demasiado pequeña para beber eso —la regañó el rubio parándose tras la silla de Albus.

—No seas tan sobreprotector —le regañó ahora Lily a él en un susurro estando a sus espaldas.

Acto seguido el chico sonrió y se sentó entre su hermana y Albus. Lily lo imitó sentándose entre Jennifer, la amiga de Helen, y Phoebe.

A unas cuantas mesas de distancia, se encontraba una pareja bastante acurrucada, incluso demasiado melosa, para gusto del chico que acababa de entrar por la puerta del bar y se dirigía hacia ellos.

—Vale, chicos, por hoy está bien —dijo alzando la voz mientras se sentaba frente a ellos. Cuando le prestaron atención, continuó: —A ver, he pensado en hacer algo así como vengarnos de los memos que buscan ponerse bajo el muérdago para recibir un beso. Sería hechizar el muérdago para que... —fue bajando la voz conforme vio a cierta chica sentada en una de las mesas de la parte de arriba. Estaba pegada a la baranda que daba al espacio central entre ambos pisos y la veía a la perfección desde donde estaba.

—¿James? —lo llamó Fred extrañado por su silencio repentino.

—Luego nos vemos —dijo él simplemente. Y se levantó.

James pasó por delante de la barra y subió las escaleras. Caminó tranquilamente hasta llegar a la mesa deseada, se plantó entre las dos chicas que había y se inclinó sobre una de ellas.

—Hola, encanto, ¿te importaría cederme tu sitio? —le pidió galantemente a la chica rubia.

Ésta miró primero a su amiga y luego se levantó. Fue hasta una mesa cercana y se sentó de manera que pudiera observarlos. James no le prestó atención y se acomodó cerca de la Slytherin.

"¿A qué has venido?" escuchó James en su cabeza que le preguntaba con altanería.

La miró unos segundos más sin responder, incomodando un poco a Sally, hasta que se recostó en su silla y dijo simplemente:

—A conseguir un beso.

La Slytherin alzó una ceja y lo miró extrañada.

—Sí, como lo oyes —insistió él—. He pensado que ya que es Navidad y ambos estamos solteros —hizo una pausa para poder sonreírle—, no hace falta esperar a que estemos bajo el muérdago.

Sally seguía mirándolo de esa misma forma; extrañada. Sabía que James Potter siempre era muy directo, sincero, decía lo primero que se le ocurría, pero no estaba acostumbrada a que se comportara así con ella. Normalmente, sólo se miraban, o se decían cuatro cosas, todo con indirectas o sarcasmo, pero no sucedían cosas como ésta.

"¿Qué te hace pensar que nos volveremos a encontrar, y bajo el muérdago? Porque, sinceramente, yo no te voy a buscar" —le preguntó tras unos segundos inspeccionándolo.

—Mentirosa —casi murmuró el chico con una sonrisa torcida en la cara.

Sally apretó los labios y alzó la cabeza, todavía apoyando sus palabras. Aunque sabía que no era cierto.

—Pero aunque eso pasase, que no va a pasar, yo sí te buscaría —le rebatió él, todavía con esa sonrisa en la boca—. Así que, sólo queda decir que te prepares para cuando llegue el momento.

Acto seguido se levantó y se inclinó sobre la mesa, apoyando sus manos en ésta. Se acercó a Sally para darle dos besos en las mejillas -o esa era su primera intención- y como vio que no se movía, ni para apartarlo ni para despedirse también, decidió no desviarse e ir directo a sus labios. En el último momento, ella giró levemente la cara y recibió el beso en la comisura de los labios.

James se fue muy satisfecho de sí mismo y dejó tras de sí a una Sally que todavía sentía un cosquilleo allí donde James Potter la había tocado, con sus labios.

Justo debajo de esa mesa, en el piso de abajo, cuando las cuatro chicas de tercero se quedaron solas, apareció el camarero del bar con una bandeja y una sola bebida. Se detuvo en le mesa de las chicas y se inclinó para dejar la cerveza de mantequilla frente a ellas.

—Para Lily, de parte de un tal Lobo —dijo el camarero antes de mirarlas divertido y marcharse.

La Potter se quedó mirando la bebida, sin intención de tomársela, y poco a poco fue apareciendo una mueca de rabia en su cara.

—¿Quién es ese Lobo? —quiso saber Jennifer, la amiga de Helen.

—Un idiota que cree que con cartitas y flores puede ligar conmigo —casi gritó la pelirroja dando un golpe en la mesa con las manos.

—¿Quién quiere ligar contigo? —escucharon que preguntaba un chico que se acababa de acercar.

Lily miró tras de sí y vio a su hermano mayor. A lo mejor él podía ocuparse de ese tal "Lobo".

—Un tío muy cursi que me ha invitado a una cerveza de mantequilla —le dijo poniéndole mucho énfasis a sus palabras.

Su hermano la miró un momento y después cogió la bebida.


Unas mesas más alejados, Scorpius y Logan contemplaban desde la oscuridad la mesa de Helen y compañía, esperando una reacción por parte de Lily. Pero apareció James.

—Joder, lo va a complicar todo —se quejó Logan al ver al chico.

El rubio asintió, pero no dijo nada, ahora a la espera de una reacción por parte de James. Y no tardó mucho en suceder.

El buscador de Gryffindor había cogido la jarra de cerveza y la había levantado hacia el resto del bar, dándole la espalda a su hermana.

—¡Escuchadme todos! —llamó la atención de todos aquellos presentes en el lugar—. Ésta es mi hermana Lily —dijo señalando a la chica, que inmediatamente apoyó la cabeza en sus manos, con los codos sobre la mesa— y el próximo que intente algo con ella sin pedírmelo antes se las verá conmigo. —Dejó un silencio en medio, esperando a que las palabras calaran—. Y eso va por tí, "Lobo" —añadió entrecomillando con una mano el nombre del admirador secreto de Lily.

Se escucharon risas de fondo, pero no se oyó comentario alguno. Después, James se bebió la jarra de un trago y volvió a la mesa de Fred y Clary. Y se reanimaron las conversaciones.

—¿Qué chica en el mundo entero le habla de su vida sentimental a su hermano mayor? —preguntó retóricamente Logan acercándose a Scorpius parar que Albus no se enterara.

—Eh, que yo sé todo lo que le pasa a Helen —se quejó el rubio alzando un poco la voz.

—¿Tú crees? Lily puede saber muchas cosas de tu hermana, pero sólo lo que hace delante de ella.

Scorpius se lo quedó mirando, no queriendo aceptar sus palabras, pero sin poder rebatirle. Genial, ahora se estaría mareando la cabeza por no saber qué hace su hermana a escondidas. Le tocaría espiarla, pensó con un suspiro.


Y la semana tan esperada llegó. Esa semana en la que apenas había clase, en la que podían estar charlando frente a la chimenea de las salas comunes el tiempo que quisieran, en la que podían disfrutar de los amigos, en la que tenían más tiempo para preparar una broma.

Pero también fue la semana en la que llegaron malas noticias por medio de El Profeta y El Quisquilloso. Fue la mañana del martes, mientras muchos alumnos desayunaban tranquilamente, cuando un puñado de lechuzas llegaron como todas las mañanas a entregar el correo.

Entre los alumnos que recibían el periódico diario se encontraban Rose y Scorpius, cada uno con uno diferente, pero en ambos aparecía la noticia.

—Escuchad —dijo Rose dejando de lado su desayuno—: Por tercera vez en dos años se encuentra vacía la tumba de otro fundador del colegio Hogwarts de magia y hechicería. Ya nos impactó descubrir que el 19 de febrero de 2018 fue exhumado el cadáver de Rowena Ravenclaw y que hace exactamente un año, el 24 de diciembre del mismo año, sucedió lo mismo con el cadáver de Helga Hufflepuff. A pesar de la alta seguridad impuesta por el Ministerio en las restantes tumbas, ayer los aurores no pudieron impedir el saqueo de ambas.

La chica miró a sus amigos con la boca abierta y esperó sus reacciones.

—¡Papá no me ha dicho nada! —se quejó Albus—. ¿Quién ha podido robar los restos de los fundadores? ¿Es que no le tienen respeto al colegio?

—Pues espera, que en El Profeta hay una declaración de tu padre —lo interrumpió Scorpius—. Corresponsal: "¿Señor Potter, tienen alguna pista del o de los causantes de esta atrocidad?", Sr. Potter: "Lamentablemente no, pero todo el cuerpo de aurores ya está en su busca. Yo mismo me pondré a trabajar codo con codo con el ministro para encontrar cuanto antes al culpable", Corresponsal: "¿Debe estar la sociedad mágica en alerta, o sólo es una gamberrada de algún loco?", Sr. Potter: "En principio no hay motivos para alarmarse, puesto que no hay muertos. De todas maneras, los aurores estamos pendientes de cualquier acción anormal. Así que calma."

—En realidad no hay por qué alarmarse; sólo son unos cadáveres —apoyó Logan al padre de Albus.

—Sí, pero es muy extraño. Nunca antes se había hecho algo así —añadió Rose.

—Vale, eso está muy bien —dijo ahora Scorpius—. Pero lo que no me explico es que si los aurores estaban presente cuando los robaron, ¿cómo no pudieron hacer nada? Una de dos, o todos son una panda de incompetentes o los ladrones son más poderosos de lo que nos dicen.

Sus amigos no supieron qué contestar a su lógica y sólo asintieron. Pero eso, para Albus, significaba que o su padre no era buen auror o que estaba mintiendo a la sociedad mágica. Si en realidad eran peligrosos, deberían alertar a la gente, no hacerles creer que eran unos simples ladrones. En todo caso, hablaría con su padre en volver a casa, porque ninguna de las dos opciones le gustaba.


Y llegó el viernes, el día en el que casi todos los alumnos volverían a casa por Navidad. La noche anterior habían celebrado la cena especial que siempre se hacía por esas fechas.

El castillo llevaba una semana adornado, gracias a todos aquellos alumnos castigados bajo el mando de la profesora Zeller, y no podía faltar el muérdago, por supuesto. James y Fred muy bien que lo sabían, puesto que su broma de final de año iba dirigida hacia esa plantita que siempre aparecía en los lugares y momentos oportunos.

Y llevaban toda la semana riéndose a costa de todos aquellos que por culpa de recibir un beso bajo el muérdago habían pagado con su broma. De vez en cuando se veía a un alumno correr con las mejillas coloradas hacia un lugar donde refugiarse. Otros, en cambio, lucían la consecuencia del beso por todo el castillo, sin miedo a ser el blanco de los cotilleos.

Pero a pesar de todo eso, James seguía dándole vueltas a lo mismo: Sally. Ni aunque hiciera la mejor broma de la historia, podría sacársela de la cabeza. Por eso deambulaba por los pasillos del castillo, para alejarse de aquellas parejas que no tenían pudor en mostrarse en público con ese aspecto.

Y al parecer Sally también.

Se detuvieron cada uno en una punta del pasillo, mirándose, buscándose con la mirada, mostrando por ambas partes el deseo de acercarse. Y comenzaron a andar a la vez, para encontrarse en mitad del pasillo.

—Hola —la saludó James.

"Hola" respondió simplemente ella.

Y se sonrieron, como nunca antes habían hecho.

—Siento si alguna vez te ha molestado algo de lo que he dicho —se sinceró él. Ahora mismo no veía motivos para ser irónico ni orgulloso.

"Si no me hubieras molestado, ahora no estaría aquí" le respondió ella con una sonrisa que fue correspondida.

Y James, entonces, se fue inclinando lentamente hacia ella, sin dejar de mirarla. Pero se detuvo cuando ella miró hacia arriba y la imitó.

—Muérdago —dijo divertido, pensando en su broma. Pero quiso continuar su camino hacia los labios de Sally.

"¿No te importa que también nos pase a nosotros?" preguntó echándose hacia atrás.

James se sintió tan bien al oír en su cabeza ese "nosotros" que simplemente sonrió y negó con la cabeza. Después, continuó avanzando hacia ella hasta que pudo tocar sus labios.

Poco a poco fue cerrando los ojos y rodeando su cuerpo con sus brazos, delicadamente, porque por fin la tenía entre ellos. Y sonrió mientras la seguía besando.

No sabían cuándo sucedió pero, al terminar el beso y contemplarse, no pudieron evitar reírse uno del otro. Ambos llevaban un espantoso gorro de Papá Noel decorado con colores y formas estrambóticas y un pequeño letrero donde se podía leer el nombre de la persona besada.


Alan y Scorpius llevaban sentados en los sillones de la sala común un buen rato, contemplando el ir y venir de todos aquellos que volvían a casa esas fiestas. De vez en cuando entraban alumnos con los gorros de James y Fred, cubriéndose con la túnica, lo que provocaba un ataque de risa entre ambos amigos. O se veían maletas volando de aquí para allá, o prendas de ropa desperdigadas, o algunos libros locos que volvían a su sitio en las estanterías.

—Mi primo Al quiere que salgas al pasillo.

Era Hugo que se había inclinado por detrás y se lo había susurrado, para que nadie se enterara. Alan asintió extrañado y se levantó sin que, ni siquiera Scorpius, se enterara. Y salió por la puerta de la Señora Gorda, buscándolo.

—¿Al? —lo llamó en un susurro el chico.

—Alan, ven aquí —escuchó que decía su amigo desde un pasillo cercano.

El chico se acercó a él y abrió la boca sorprendido al verlo. Después pasó a sonreír y luego a esconder una carcajada.

—Oh, para —se quejó el Potter aun sin apartar la mano del nombre que había en el gorro.

—¿A quién has besado? —le preguntó al borde de la risa— ¿a Helen?

Albus apretó los labios y miró hacia otro lado. Alan entonces dejó de reír para mirarlo con los ojos abiertos.

—No me di cuenta del muérdago —quiso justificarse el chico—. Además de que tenía en mente otras cosas —añadió ruborizándose.

—Sabes que Scor no te puede ver, ¿verdad?

—¡Ya lo sé! ¿Por qué crees que te he llamado a ti? —exclamó un poco furioso.

En esos momentos deseaba matar a su hermano y a su primo, porque cuando por fin había conseguido gustarle a Helen, va y les pasa esto en el primer beso. Sabía muy bien que si quería volver a casa de una pieza debía esconderse de Scorpius; al igual que Helen. Por suerte, el Malfoy no volvía a su casa en vacaciones y así su hermana podía irse más o menos tranquila. Porque otra cuestión eran sus padres.

—¿Y cómo lo has sabido? —le preguntó de pronto Albus.

—Tú ve al Gran Comedor y procura pasar desapercibido —ignoró Alan su pregunta—. Yo te bajo la maleta y me encargaré de que Scor no te vea.

Albus asintió y, todavía tapando el nombre del gorro, salió del escondite dirección a la entrada del castillo. El moreno lo observó correr y antes de entrar de nuevo a la torre de Gryffindor tuvo que calmar sus ganas de reír para no ser descubierto.

Unos minutos después, en el momento de las despedidas en la entrada al castillo, se encontraban Alan y Scorpius apoyados en la pared junto a las puertas del Gran Comedor, observando a los que se iban. Entre ellos vieron a Logan (quien ya se había despedido), a Rose Davis y a Sally Zabini, ésta última con un gorro muy hortera que rezaba el nombre de James Potter, y al susodicho corriendo hacia ellas. El chico la cogió desprevenida y le dio un beso, muy profundo, antes de pasarle el brazo por los hombros y acompañarla a los carruajes.

Ante esto, los dos chicos se quedaron pasmados. A Alan le vino a la cabeza Albus y Helen, y miró de reojo a Scorpius.

—¿Y mi hermana? No se ha despedido de mi —preguntó el chico.

El moreno alzó los hombros y miró al frente, a los alumnos que todavía quedaban.

—Hey, Malfoy, ¿has visto el gorro de tu hermana? Seguro que algún Slytherin lo lleva igual —escucharon la voz de Fray Sullivan a lo lejos.

Ambos lo encontraron junto a sus amigos, bastante lejos ya como para ir a pelear con él, pensó Scorpius.

—Será... ¿Cómo mi hermana va a besar a alguien? —se preguntó a si mismo—. No creo que sea capaz —se insistía—. Aunque ya está en tercero —empezó a dudar. Y de pronto miró a su amigo—. ¡Por eso no se ha despedido de mi, para que no vea su gorro!

Entonces empezó a chillar una retahíla de insultos y maldiciones dirigidas al "pobre imbécil que se había atrevido siquiera a tocarla". Alan tragó fuerte, pensando en el pobre Albus, suplicando porque el rubio no se enterara de su identidad.

Y así empiezan las vacaciones, pensó Alan con una sonrisa mirando a su amigo seguir despotricando contra Albus, aunque en realidad no lo supiera.